Hijas mías, Este capítulo es el más largo que he escrito, pero creo que agradeceréis que no lo haya cortado antes…
Como siempre saludos especiales a: (Vampylolita, Amia Snape, Cani HP. Ysabel Granger, Igna HP, Lobo-moon, Fairly, Extrem, Megumisakura, Chiiocullen, MissLuppi, Melissa Granger, Wirnya, Ayra 16, LylaSnape, Sasamii, Isabella Domi, Liz House, Grake Malfoy, Hannah Abbot GHRS, Alejandra, Ms Psique, Strangelet, G, Dulceysnape, Sirenitus, Mrs V, Areusa, Elentari, Lunnaris, Yue Yuna, Wiiii, Karlivirys, Allelu, Nick-sith y JanSev, Salinesadako, Yila, Mc Snape, Vlakat, Moon Granger, Yuee, Sucubos, LilandraBlack, LithiumGraham, June Magic, Loretitokinomoto, SoloParaTi, Heloisa, Mack Snape, Dextera…)
Espero que os guste:
Desconcierto.
Apenas había tenido fuerzas durante el día anterior para hacer algo más que dormitar. Snape tenía razón se encontraba demasiado debilitada, pero extrañamente feliz y satisfecha. Le resultaba sumamente extraño, ver como el hombre iba y venía pendiente de su comodidad, tratándola con una delicadeza que jamás hubiera imaginado en el condenado bastardo que sabía que era. No podía evitar encontrar divertidas las miradas de odio que le lanzaba a Piggy cuando este reclamaba su parte de la ración de alimentos de la castaña. Pero terminaba cediendo, lanzándole algún pedazo y diciéndole que así estaría más gordo cuando le hincara el diente.
Ella lo miró con un leve gesto de reproche y él solo gruño. – No piense que he olvidado que ese granujilla tiene una pendiente con migo. – Comentó con sarcasmo, alzando una ceja mientras retiraba el improvisado plato con pescado asado, apenas unas hojas grandes, del regazo de la joven.
-Se que no lo dice enserio. – Comentó la joven. – Además tengo una deuda con él… - Le dedicó una dulce mirada. - …y con usted.
Snape carraspeó incomodo, mientras se ponía en pie para sacar los restos de la cena. – No me debe nada… - Espetó. –… Es lo mismo que usted hizo por mí cuando sufrí algún percance. – Recordándole el episodio del hormiguero, y su brazo herido por el pulpo.
-Aun así, gracias. – Susurró bajando la vista. – Usted salvó mi vida.
-No le dé más importancia a algo que no la merece. - Comentó con tono muy neutro. – Trate de seguir descansando. Si me necesita, estaré cerca. – Salió se la cabaña, con su paso, siempre enérgico.
Dando un profundo suspiro, dejó caer la cabeza sobre el colchón de hojas. Frunció el ceño mirando el techo en la penumbra, podía oír como fuera el profesor atizaba la hoguera, y los reflejos rojizos se filtraban por las rendijas provocando curiosos efectos. "…Estaré cerca." Eso le había dicho. ¿Acaso pretendía dormir de nuevo al raso? Como cuando habían discutido. Ella no quería eso. Estaba segura… al igual que había sentido su cuerpo contra el de ella al recuperar plenamente la consciencia, sabía que había estado allí esos días de agonía, meciéndola entre sus brazos, susurrando cálidas palabras en su oído, palabras que la hicieron salir de ese túnel oscuro, luchar por aferrarse a la vida. Por aferrarse a él. Porque en ese momento él era su mundo, lo único que le importaba. Ya no la guerra, o sus padres, o sus amigos, o el resto de la orden. Sino ese hombre gruñón y amargado, al que lamentaba haber herido con sus palabras. Ella nunca pretendió decir lo que dijo, solo se dejó llevar por la ira y el enojo. En cambio… Ahora deseaba decirle que no se fuera, que no la dejara sola nunca más, que deseaba sentirle a su lado, sentirse protegida por su abrazo, era lo único que necesitaba para estar bien. Y lo único que jamás se atrevería a decir… no a él.
Snape miraba hacia el refugio, dudaba. Una parte de él le decía que fuera a su lado. Esa mañana al despertarse en sus brazos, no le había rechazado. Es más estaba seguro de haber sentido sus caricias en la noche. O tal vez su mente calenturienta le había jugado una mala pasada. ¿Cómo iba ella a tocarle de esa forma? Y más después de las barbaridades que le había dicho, todo lo que la había humillado. Se había portado como un cabrón y de los grandes… todo por mantener esa estúpida fachada suya.
Era curioso. No le había dado la menor importancia a tenerla cerca, cuando llegaron a aquella isla. Durante todo el tiempo que convivieron habían dormido casi juntos, y bajo ese mismo techo.
Sin embargo en ese momento… La idea de tenerla tan cerca, el no poder siquiera rozarla, le resultaba sofocante. Durante los días en que estuvo inconsciente, fue fácil. Al principio, solo una forma de vigilar su estado, los bruscos cambios de temperatura, los temblores, los delirios… de preocuparse por ella, de cuidarla… Pero luego fue algo más… su aroma, la suavidad de su piel joven, el tacto de su cabello entre sus dedos, la placidez que sentía acomodándola contra su cuerpo, le transmitía una paz como nunca había sentido en su vida. Pero no solo era eso, algo le avergonzaba, y le hacía sentir terriblemente culpable. Como aun estando ella en ese estado, su cuerpo traidor hubiera reaccionado de la manera que lo hacía, con deseo, con hambre… de ella.
Dio gracias a Merlín, de que por lo menos, en su debilidad, ella no se hubiera dado cuenta de su estado. ¡Maldita erección matutina! O al menos esperaba que no se hubiera percatado. Hubiera sido demasiado humillante, de lo contrario el peor de los crucios no le hubiera sentado tan mal.
Suspiró de nuevo mirando a la cabaña, luego bajó la mirada hacia el pequeño cerdito que se acurrucaba a su lado, y alzó las cejas en un gasto de incredulidad. La noche era cálida y estupenda, ideal para dormir bajo las estrellas, y sin duda la mejor opción para mantener su salud mental, y alejar cualquier tentación.
Hermione despertó con las primeras luces del alba. Se encontraba mucho mejor, y con muchas energías, salvo por el dolor de su pierna izquierda, recuerdo del aguijón de ese maldito monstruo. Miró a su alrededor, no había ni rastro de Snape. Su gesto se tornó triste. ¿Seguiría enfadado después de todo? ¿Deseaba volver a perderla de vista lo antes posible? Hizo una mueca de hastió. Solo la habría cuidado por obligación. Como ya le dijo una vez, ella era una molestia, pero lo que fuera por no tener que afrontar la ira de McGonagall a su regreso… Si algún día volvían.
Se incorporó de un golpe, mala idea, la vista se le nubló y se mareó levemente, debía haberlo hecho más despacio. Se tapó los ojos por un momento, poco a poco el mareo fue remitiendo, efecto sin duda de todos los días que llevaba convaleciente. Tal vez debería seguir tumbada, pero tenía demasiadas ganas de levantarse, caminar… pero sobre todo… bañarse.
Alzó el brazo y se olió a sí misma, una mueca de asco se dibujó en su rostro. No importaba que sus amigos le dijeran que era excesivamente maniática con los olores, y una obsesa de la ducha y los desodorantes, tanto mágicos como muggles… en aquella ocasión no había discusión. Olía mal y punto. Además era incapaz de pasar más de veinticuatro horas sin ducharse y no sentirse como una cerda. Con el máximo respeto para su Piggy. Miró a su alrededor. Lo primero que necesitaba eran sus pantalones, por mucho que quisiera salir, no podría pasearse por ahí en camiseta y bragas. Salió gateando de debajo de la capa que la cubría en su improvisada cama, sus prendas estaba dobladas en el extremo opuesto de la cabaña, llegó hasta ellas, estaba todo, su chaqueta, los trozos del jersey su pantalón, él habría ido a buscarlas a la cueva. Y de pronto la puerta se abrió…
Era lo que definitivamente le faltaba a Snape, después de una noche en la que apenas pudo pegar ojo. Sin hacer otra cosa que pensar en ella, en su suave y delicado cuerpo… Ir a llevarle el desayuno y encontrarla… así.
Como todo un caballero tenía que haberse dado la vuelta y desaparecido por la puerta. En cambio se quedó petrificado, mirándola como un idiota. La joven estaba a cuatro patas, estirándose para tomar sus prendas de donde estaban plegadas. La había visto con menos ropa, durante los días en que había cuidado de ella, y de su aseo personal. Pero la visión de ella, en ese momento, con apenas esa camiseta ajustada y sus braguitas de algodón blanco, ofreciéndole en esa postura una privilegiada vista de sus redondeadas nalgas… Ella se volvió hacia él bruscamente, sus ojos marrones, muy abiertos, le miraban, con expresión sorprendida, los labios entreabiertos, y ese delicioso rubor en su rostro… sin duda lo más erótico que había visto en su vida. Si, había estado con mujeres… era un hombre de dilatada experiencia, pero ninguna de ellas causaba en él los mismos estragos que esa muchacha de melados ojos.
Él carraspeó incomodo y atinó a apartar la mirada, mientras ella se sentaba de golpe sobre sus piernas y se cubría torpemente con su chaqueta. -Venia a ver si pasó buena noche, y le traía algo de desayuno. - Murmuró el profesor con voz profunda, sus ojos negros miraban hacia otro lado. Ella asintió continuaba mirando al suelo.
-Mucho mejor, gracias. - Susurró, con voz temblorosa. Alzó el rostro y lo miró, él parecía tan incomodo como ella. Deseaba preguntarle por que había dormido de nuevo al raso, pero un nudo en el pecho se lo impedía. -Quería…
El la miró de nuevo, su ceja se alzó interrogante. - ¿Si?
-Nada, solo es... - Susurró devolviéndole la mirada. - Me gustaría poder salir.
Snape la miró con el ceño fruncido. - No sé si será conveniente, aun esta débil, y su pierna… - Señaló su tobillo, estaba amoratado, y el derrame le llagaba hasta la rodilla.
Ella se llevó la mano a la misma, seguía doliendo pero aun así. Debía tratar de recuperarse, lo más rápido posible. Si continuaba resultándole una molestia, se marcharía, lo antes posible, por mucho que le doliera lo más profundo del alma. -Estoy bien de veras… creo que sería bueno.
Él se encogió de hombros. -Como quiera Granger. - Le tendió el coco agujereado. - Pero coma antes algo.
Ella lo tomó, sus manos se rozaron, una descarga eléctrica los recorrió a ambos, por un instante mantuvieron el contacto y sus ojos se encontraron. Ella contuvo la respiración, esos ojos negros que la traspasaban. Su mirada vagó de los ojos melados a sus jugosos labios, esos labios sedosos que había rozado con sus dedos mientras estaba inconsciente, cuando vertía el agua en ellos tratando de mantenerla hidratada, carraspeó de nuevo, apartó la vista y se levantó bruscamente rompiendo el contacto. - Si necesita algo, estaré fuera. - No le dio tiempo a que ella contestase, salió rápidamente. Necesitaba respirar, estar con ella le ahogaba, decididamente había terminado de perder la cabeza. Que Merlín le ayudase.
Salió dejándola pensativa, miraba fijamente el coco. Era tan desconcertante. Un momento era amable, parecía cuidarla, preocuparse, para al siguiente minuto alejarse, huir de ella como si fuera una apestada, haciéndola sentirse terriblemente mal. Sin apenas ganas comenzó a beber el agua de coco.
A media mañana la chica salió cojeando de la cabaña, la intensa luz del sol le hizo cerrar los ojos cegada, le costó unos instantes acostumbrarse de nuevo a la claridad. Observó a su alrededor, parecía que el profesor se había vuelto a marchar. Tomó aire y comenzó a caminar hacia la selva, apenas podía apoyar el pie, lo notaba entumecido, y dolorido, cada paso enviaba un calambrazo que le subía por la pantorrilla.
Caminaba, apoyándose en los troncos de los árboles, el sudor comenzó a empapar de nuevo su cuerpo, el tobillo le ardía. Paró un instante, jadeando, tal vez debía haberse quedado en el refugio. Pero era más cabezona que una mula, se daría ese condenado baño, como que se llamaba Hermione.
-Le dije que me avisara si necesitaba algo. - La grave voz del profesor la hizo volverse bruscamente. El hombre avanzaba a zancadas hacia ella, su rostro era una máscara inescrutable.
Ella vaciló. - Usted no estaba… yo… - Él llegó a su altura, la observaba con la cabeza ladeada y una ceja alzada. - …solo quería ir hasta la fuente.
-Debería haberlo dicho. Yo la hubiera llevado.
-No deseo ser una molestia. - Protestó la chica mientras el tomaba su brazo como si fuera una muñeca de trapo y lo pasaba alrededor de su cuello, mientras con el otro la rodeaba por la cintura.
Él emitió un grave gruñido mientras comenzaba a caminar junto a ella, recargándose todo su peso. - Usted es de por si molesta. - Ella le dedicó una mirada indignada, pero el gesto de él era extrañamente relajado, casi parecía que sonreía. ¿Estaba acaso bromeando? ¿EL?
Ella bufó. - Espero no serlo por mucho tiempo más. Profesor. - Estaba demasiado alterada. Su contacto, la forma en que la tomaba por la cintura, su masculino aroma, no podía evitar que su cuerpo reaccionase de esa forma, con el corazón bombeando con fuerza, casi sentía que se le iba a salir por la boca.
Snape hizo una mueca, amago una carcajada. Ese carácter suyo, ni aun convaleciente podía reprimirse el responder a sus puyas. Eso era sin duda lo que más le atraía, lo que más había extrañado, durante el tiempo que se habían separado.
Llegaron hasta el estanque, delicadamente la ayudo a llegar a la orilla, sentándola en una roca. El se agachó frente a ella y tomó su pie entre sus manos, revisando con detenimiento la herida ya reseca. Ella lo miraba fijamente, sus oscuros ojos que observaban su pie con la misma concentración que usaba mientras elaboraba una poción, sus finos labios fruncidos, la forma en que su largo cabello negro caía sobre su cara al bajar la vista. Alzó bruscamente la cabeza y sus ojos se encontraron con los de ella, su boca permaneció entre abierta, no atinó a comenzar la frase, ella le miraba de una forma que hacia arder una llama en su interior, sintió como sus mejillas se encendieron bruscamente. – Sin duda está mucho mejor. – Atinó a decir apartando la vista. - Ha dejado de supurar y perece seca.
Ella solo asintió. – Le agradezco su preocupación…- El tono de rojo subió un poco más en su cara. - …Pero desearía poder bañarme. Y asear mis ropas…
Snape alzó las cejas en un gesto sorprendido. – Ahh, si… - Dijo con incomodidad poniéndose en pie. – Pero, no sé si será capaz de entrar y salir sola. – Miró la resbaladiza roca del lugar. – Con su torpeza solo esperaría que se abriera la cabeza.
Hermione suspiró asqueada. ¿Siempre tenía que será si? Buscando cualquier ocasión para meterse con ella. – Tampoco creo que le importe mucho… ¿no soy tan molesta?
-Quítese la ropa. – Se giró hacia ella bruscamente, su ceño fruncido.
La chica palideció. - ¿QUEEE? – Instintivamente cruzó los brazos sobre el pecho.
Él hizo una mueca de resignación. – No es eso, estúpida, solo lo necesario. La ayudare a bañarse. – Espetó mientras comenzaba a despojarse de la camisa. – Aprovecharé para tomar el mío, y evitaré que se descalabre.
Ella abrió y cerró la boca sin poder articular palabra, como una completa imbécil. –"¿Qué tiene de malo? Al fin y al cabo es como cuando nos bañábamos en la piscina de los Weasley. Y él ya te ha visto antes… "- Tragó saliva, ante la visión del marcado torso de Snape, mientras doblaba cuidadosamente su camisa, como se marcaban los músculos de sus brazos, ese maldito cosquilleó… no… esto no era lo mismo, ninguno de sus amigos le provocaba tales sensaciones. Sacudió la cabeza tratando de alejar pensamientos absurdos y torpemente comenzó a sacarse su eterna camisa azul. Snape ya se había quitado los pantalones y los doblaba junto a la camisa, no pudo evitar sentirse turbada ante lo bien que le quedaban esos bóxers grises, como se ceñían a ese trasero, y a lo demás…Apartó la vista y comenzó a despojarse de los pantalones claros.
Sin darle ninguna importancia él se agachó en la orilla y metió la mano en el agua. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. – Esta perfecta, Granger. – Se volvió a mirarla, torpemente se ponía de pie y trataba de estirar su camiseta hacia abajo con una mano, mientras con la otra la sostenía del escote, para que cubriera lo más posible. Snape hizo una mueca de burla, era tan vergonzosa, tan inocente… Sin mediar palabra la levanto en brazos bruscamente, arrancándole una protesta y haciendo que ella se aferrara instintivamente a su cuello, sin más, se metió con ella en el agua.
Ella contuvo la respiración, era como si la tibieza del agua avivara más las sensaciones que le provocaba el contacto de su piel contra la suya. Lentamente notó como él aflojaba su agarre y le permitía posar los pies en el lecho pedregoso, pero ella no soltaba su cuello. Se miraron un instante, los dos con la misma cara de confusión, casi temblando le soltó y retrocedió un paso. El seguía mirándola con ese gesto tan grave. Esta vez era la gota que colmaba su vaso.- ¿Por qué hace esto? – Consiguió articular con un hilo de voz.
Severus solo frunció el ceño interrogante.
-Sí. – Espetó la chica. – Un día se preocupa por mí y al siguiente me echa como a un perro. Un momento me protege y al instante me insulta. – Su tono de voz comenzaba a subir. – Otro hace sentir que le importo, para de seguido tratarme como una basura. ¡Me odia! – Los ojos de Snape se estrecharon peligrosamente. – Lo hace. Y me desea lo peor, incluso verme muerta, para después, cuando tiene su gran oportunidad de librarse definitivamente de mí… salvarme la vida. – La joven estaba dejando salir toda la frustración acumulada, sus manos golpeaban el agua una y otra vez, él solo permanecía estático, en silencio, sus ojos clavados en ella, con un gesto hermético. – Luego me evita… como si fuera una apestada… y ahora… ¡esto!… - Se apartó los cabellos de la cara en un gesto de desespero, y lo miró, sus mejillas ardiendo, jadeando por la furia. - … ¿Qué quiere? ¡Acabe ya de una vez! Si Para usted no soy más que una maldita Sangre suc…
No pudo terminar la frase, los finos labios de Snape se estrellaron con furia contra los suyos callándola de golpe. Sin saber cómo, con la velocidad de un felino, había cerrado la corta distancia entre los dos, aferrándola por los hombros y estrechando su cuerpo contra el suyo. Sus ojos castaños seguían abiertos, en estado de shock, tratando de reunir algo de cordura, pero sus labios… suaves y ansiosos seguían apretados contra los suyos, haciéndole perder cualquier noción de lo que los rodeaba. Sus ojos castaños se cerraron, dejándose arrastrar por el torbellino de sensaciones, comenzó a responder al beso con timidez…
