Culpabilidad

Azula estaba sentada en la mecedora de su cuarto, completamente a obscuras. Estaba esperando. Fudo no debía tardar demasiado. O al menos no más. ¡Como odiaba esperar!, cuando fuera señor del fuego, nadie la haría esperar. Se mecía con un ritmo impaciente, tal de su personalidad. Finalmente, escuchó el ruido casi inaudible de la puerta abriéndose y un susurro de "Gracias". Incluso un tintineo de monedas. Después vio de reojo la luz de una vela. Fudo la dejó sobre una mesilla en el camino, y se arrodilló frente a Azula. Ésta le indicó con la mano que se levantase.

- El coronel Montke me dio a entender que ha aceptado la propuesta, alteza – Comenzó, sin mirarla a la cara

- Así es, Fudo, el coronel Montke me escribió acerca de sus intenciones, de sus metas y cómo habían pensado en lograrlas – Fudo sonrió.

- ¿Y está usted de acuerdo? – Confiaba en que diría que sí. Sabía que el coronel Montke era el hombre correcto para persuadirla. Nadie como él, nadie podría seducir tanto con palabras la sed de poder de la princesa.

- Mmm – Azula reposó su mejilla en la mano – A medias. Me parece que su plan es absolutamente obsoleto – Fudo abrió los ojos. Él había sido el autor de ese plan maestro…

- ¿Obsoleto… alteza? – preguntó con cuidado. La actitud altiva de la princesa era irritante. Pero prefería la actitud altiva, que la debilidad de su hermano. Eso era algo que decidió hacía tiempo, no soportar.

- Así es Fudo, tu "plan maestro" realmente es brillante militarmente… pero para ser un político destacado, mi estimado Fudo, esperaba más de ti – Suspiró. Le decepcionaba la falta de dedicación que le había puesto a la elaboración de ese plan. Cualquier persona con visión política y dos dedos de frente lo declararía obsoleto en un dos por tres.

- ¿Qué quiere decir, alteza? – preguntó, de nuevo intentando contener su ira. Tal vez tendría razón. Azula suspiró de nuevo.

- Fudo, querido, olvidas que mi hermano tiene… "amigos" poderosos. ¿No crees que si asesináramos a mi hermano de manera vulgar y tomáramos el poder por la fuerza, el reino de la tierra, las dos tribus del agua y el avatar se irían directamente sobre nosotros? – Fudo asintió – Entonces, hay que planear esto con la cabeza Fudo, no con los puños.

- ¿Qué propone? – dijo, conteniendo el dolor de su fracaso. El fracaso no le traería el poder que esperaba. Y tampoco desagradar a la princesa Azula.

- Primero, tenemos que hacerme políticamente más atractiva que a mi hermano. Necesito un prometido, y casarme con el cuanto antes – Fudo no comprendía – Necesito un prometido Fudo, para que el sea coronado señor del fuego por derecho, mientras que yo – agregó sarcásticamente – sólo seré su adorable esposa jajaja. Imagina, Fudo, si mi hermano misteriosamente desapareciera en medio de una batalla ¿Qué sería del reino? Se necesitaría alguien que gobierne. La competencia ya no es con mi hermano, es contra Mai y su hija. Tener un esposo y la edad necesaria, es suficiente para obtener el poder. Los hijos que tenga después, la manera de conservarlo.

- Necesitará un esposo que pueda manejar a su antojo…

- Así es. Y será tu deber conseguírmelo, en breve. Y no sobra decirte… que mi hermano no debe sospechar nada.

El sol resplandecía por la ventana, anunciando que pronto se ocultaría una vez más. El calor era casi insoportable. Las gotas de sudor, recorrían la espalda de Yuma, mientras este se acercaba sigilosamente al salón de la reina. Ésta le recibió ansiosa. El joven hizo una reverencia pomposa.

- ¿Y bien…? – preguntó Mai, con la voz algo quebrada de inseguridad.

- Majestad, lo que estoy a punto de decirle no es fácil de escuchar – Mai sintió un escalofrío recorrer sus muslos, su espalda y su nuca. No podía ser. Intentó guardar la compostura.

- Dímelo de una vez, Yuma. Sabes que aborrezco el suspenso – Intentó sonar aburrida, como siempre, pero sin lograrlo del todo. De nuevo, una parte suya deseaba no saber absolutamente nada. Seguir en la ignorancia total, como lo había hecho los últimos años. Aunque los últimos años, de vez en cuando, se volvía loca con la idea de que Zuko anduviese por aquí y por allá con alguna jovencita alegre y bailarina, o a la que le gustara salir a pescar y conversar con otras chicas estúpidas a las que les gustaran las caracolas. Tan sólo la perspectiva enloquecía su sombría mente.

- Primero decidí hablar con la vieja Dalia. Una anciana de un carácter sumamente irritante, Majestad, demasiado grosera para tener tantos clientes y ser tan famosa. – Mai resopló. Pero el joven amaba el suspenso – Al principio, evadió mis preguntas, contestando tan sólo con monosílabos, y diciendo "No sé, no recuerdo". Pero después de escuchar el gracioso sonido del oro, la señora soltó la lengua, aunque no lo suficiente. Refirió, como había planteado antes, que el señor del fuego pagó el vestido, para una función de teatro aquella noche. Pasó una chica a buscar un vestido, que habían dejado pagado por ella, bla, bla, bla. Nada nuevo. No refirió detalles de su aspecto, ni siquiera su nombre.

- ¿Qué más? – Entonces sí había una chica. Tragó saliva. Intentó concentrarse.

- Después, madame, fui al hotel donde había sido pagada la cuenta. Hablé con dos chicas, una camarista llamada Nagadir y otra, la recepcionista, de nombre Lain. Ambas refirieron que la persona que se hospedó, era frecuentemente visitada de manera extraña. El señor del fuego había acudido varias veces, algunas en la carroza real, otras intentando pasar desapercibido. Pagaba varias monedas porque se le entregara un mensaje a la dama en cuestión o que le avisaran que le esperaba afuera. La dama, por otro lado, parecía tener una afición por el té calmante, el vino y berrear toda la noche como un bebé – Mai no pudo evitar dejar salir una pequeña risita, "Berrear toda la noche como un bebé", sonaba bastante gracioso. Luego adoptó un gesto serio, pensando en que posiblemente esta noche ella berrearía como un bebé.

- ¿Alguna vez, Zuko subió a su habitación, escucharon algo… inusual? – preguntó, insegura.

- No lo mencionaron, Majestad, pero creo que hubiera sido un detalle importante, lo hubiesen mencionado. En cuanto a su referencia de "inusual", encontré otras cosas en los gastos del señor del fuego, cosas que no había visto antes. El transporte de algunos sirvientes, comida, botellas de vino, etc. a la vieja casa del señor del fuego. Para una sola noche, la única de la cuál estoy seguro que pasó en la isla – Mai entreabrió los ojos

- ¿Qué insinúas? - preguntó, sospechosa. - ¿Insinúas que… - las palabras se atoraron en su garganta – Zuko y ella…?

- ¿Lo hicieron? – completó, al ver que la reina se ponía roja como una manzana – Es una posibilidad, Majestad, no hay manera de probarlo. Pero eso no es lo mejor, majestad – levantó las cejas, presumiendo sus habilidades.

- Tu concepto de "Mejor" es bastante distante del mío – contestó Mai – Adelante, veo que mueres de ganas de decírmelo

- Averigüé la identidad de la dama, Majestad. – Mai abrió los ojos y casi se atraganta con la saliva de su propia boca – Usé mis…. – sonrió para sí mismo, con esa sonrisa soberbia de un seductor que logró su objetivo – habilidades para convencer a la recepcionista y a la camarista. Y debo reconocer Majestad, que su juicio fue mejor que el mío en esto – observó la reacción de la reina. Parecía desaprobar lo que había hecho, pero debía saber que el fin justifica los medios… - Era, la señorita que ahora conocemos como… - Mai contuvo la respiración por unos segundos – La princesa Katara.

Mai se conmocionó. Se mordió la lengua y apretó los párpados con fuerza para que Yuma no la viese llorar. Pero éste, sabio conocedor del temperamento femenino, sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo ofreció a la reina. Ella lo tomó sin decir nada, tapándose el rostro con él, llena de vergüenza y medio dejándose llorar, medio intentando no hacerlo. "Gracias" susurró, con la voz de nuevo entrecortada y un poco gangosa debido a que tenía la nariz tapada. Después de que se sonó la nariz y recuperó un poco la postura, Yuma se decidió a hablar.

- Mi señora, os avertí que no era algo fácil de escuchar – ella asintió.

- Lo sé – intentaba contenerse de nuevo – pero creo que no estaba lista todavía para escuchar algo así. Pero me duele imaginar que mientras yo estaba ilusionada, aquí, planeando mi boda, él se escabullía para estar con otra.

- Madame, ninguna persona está lista nunca para escuchar algo que le romperá el corazón – Mai asintió.

- Sí… - sollozó – pero me duele, aunque sea algo que haya pasado hace tanto tiempo… me duele. – reprimió el sollozo siguiente - ¿Sabes qué es lo que más me lastima?

- ¿Qué mi señora? – se acercó y secó las lágrimas que se habían escapado, con la manga de su camisa

- Que nunca en mi vida, algo me ha importado tanto como Zuko. En realidad, podría decir que eso es lo único que me había importado de verdad. Pensar que la vida que yo construí alrededor de él, él no la hizo alrededor de mí

- Entonces, Majestad, si me permite… - ella asintió – os habeis conseguido un marido muy, muy estúpido. – Mai río con el tono del joven y el gesto que hizo con la palabra "estúpido" – os ruego que dejéis de llorar.

- Está bien – contestó después de calmarse un poco - ¿Hay algo más que deba saber, Yuma? – preguntó, aún con el nudo en la garganta.

- No, Majestad – mintió. No había necesidad de informar a su Majestad acerca de las aventuras más recientes de su esposo. No estaba seguro si debía sentirse culpable de lo que había dicho o lo que decidió no decir. O de ambos.

- Te llegó algo – le dijo Jet a Katara, que aún estaba en la cama, con las cortinas cerradas. Su tono de voz era indescifrable. Pero Katara podía decir que aún estaba enojado. Abrió las cortinas de un jalón y le aventó un paquete.

- Gracias – contestó ella, también con el tono de voz frío. Comenzó a desatar el paquete. Jet se sentó en la orilla de la cama

- Escucha, me porté como un imbécil, lo siento – Pretendió no escucharlo. – Es que a veces… no sé Katara, a veces no puedo evitar preguntarme qué estamos haciendo aquí – ella continuó abriendo el papel, con toda su atención.

- Ya sabes qué estamos haciendo aquí.

- Sí, lo sé. Pero a veces me cuestiono… - desvió la mirada, hacia el jardín – si realmente valdrá la pena que estemos aquí… - finalmente se deshizo del papel. Era una cajita de terciopelo azul. La abrió. Dentro de la caja, había un dije diminuto, al parecer de cristal, con la forma de una estrella. Junto con una notita enrollada que decía "Si pudiera alcanzar las estrellas, te las regalaría todas. Zuko". Suspiró con una pequeña sonrisa.- si realmente llegaremos al objetivo…

- Claro que lo haremos – contestó segura, cerró la cajita de terciopelo y se levantó. Caminó hacia el tocador y cogió su cepillo. Comenzó a cepillarse el cabello, con aquella mirada de embrutecimiento que tenía cuando pensaba en él.

- ¿Estás segura de eso? – se mordió el labio. Katara le sonrió.

- Por supuesto – señaló la caja de terciopelo sobre la cama. Jet la alcanzó y la abrió. La cerró con un suspiro. Sospechó.

- ¿Qué has hecho para que regalara esto? – Dejó de cepillarse el cabello.

- Nada… - Contestó. Ese nada sonaba a algo.

- Katara… necesito saber qué ha pasado – Ella lo miró sonriente. Tomó aire, con emoción.

- Nos besamos, Jet – bajó la mirada – fue tan… mágico, no te imaginas lo que fue, después de tanto tiempo, es como si no hubiera pasado ni un día… - pero Jet no la escuchaba. No sabía cómo reaccionar.

- Kat… sabes que no debes dejar que las cosas se salgan de control – le advirtió

- No lo harán, Jet, tengo todo bajo control. – intentó tranquilizarse. Miró la cajita de nuevo.

- Kat… que te regale cosas no significa que lo tienes todo bajo control – le dijo. Eso le molestó.

- No… pero… - se recargó en la pared – es una… - intentó pensar en algo que sonara correcto – muestra de su afecto

- El afecto no se demuestra con cosas Katara – bufó. Ella ya lo sabía – Se demuestra con otras cosas. Creo que deberías evaluar si él estaría dispuesto a hacer todo lo que tú haces por estar con él. – Jet se había acercado a ella que seguía recargada en la pared - ¿Crees que el haya cambiado en estos años? – Katara se alarmó. Estaba acercándose demasiado tal vez.

- Sí. Y si no ha cambiado, yo sí – respiró profundamente. Podía sentir cosquillas en los muslos con cada centímetro que Jet se acercaba. Tenía esa expresión relajada y tensa al mismo tiempo. Ese aire misterioso y altanero.

- ¿Ah sí? – preguntó. Recargó las manos en la pared y la miró, inclinando la cabeza para poder mirarla fijamente. Sus labios se acercaron peligrosamente, pero se desviaron hacia su mejilla – No lo creo – le susurró al oído y le dio un beso en la mejilla. Katara sintió un escalofrío al sentir su respiración acariciar su cuello. Posteriormente, salió sin decir más, cerrando la puerta cuidadosamente, para que no hiciera el más mínimo sonido.
***

Relámpago. Ésa era la palabra: relámpago. Una poderosa sensación, única, indescriptible. Así había sido el beso de Katara, tal vez que haya sido inesperado le había dado ese toque especial, ésa emoción. Y tal como al momento de desviar un relámpago, había llenado su cuerpo de una sensación poderosa, llena de confianza, una sensación que tan sólo podía producirle ella. Pero también había sido aterrador. ¡Cuánto había deseado besarla desde que había regresado! Pero sabía que en el momento que lo hiciera, ya no habría marcha atrás, se rompería la pasividad que hasta ese momento había deseado conservar. Y una vez roto el equilibrio ¿Qué sucedería? ¿Qué haría con los sentimientos que no podía dejar de sentir por más que lo intentase? También tenía miedo de perderla, de volver a hacer las cosas mal. "Aunque tengo un talento natural para hacer las cosas mal" río.

- ¡Silencio! – gritó el canciller Fudo, haciendo salir a Zuko de su letargo. Los demás consejeros dejaron de discutir. Zuko se masajeó las sienes. Estaba exhausto de las discusiones entre sus consejeros. "Se supone que están aquí para ayudarme a dirigir un reino, no para darme dolores de cabeza" Pensó. El calor estaba agotándolo física y mentalmente. Se limpió el sudor de la frente

- Está bien, señores – suspiró – mejor dejamos esa discusión para otro día, revisaremos bien los documentos y consultémoslo con la almohada ¿Les parece? – Asintieron. Aunque con cierto desagrado. Últimamente el señor del fuego estaba "dejando las discusiones para otro día, para consultarlas con la almohada". - ¿Algo más Fudo? – su interior suplicó que no hubiese nada más.

- Sí, Majestad – Zuko suspiró. Por todos los espíritus.

- Adelante – Fudo miró a su cómplice, Kano.

- Majestad, estábamos pensando que sería oportuno, encontrarle un prometido a la princesa Azula – Zuko casi se atraganta, no sabía si por la sorpresa o por la risa

- Jajajaja, Milord Fudo, supongo que todos en esta sala sabemos que mi hermana no está en condiciones de desposar a nadie, al menos que sea un enemigo del que buscáramos deshacernos….

- Comprendo la visión de su majestad, pero he recibido reportes médicos últimamente, informando que la princesa ha recuperado la lucidez y que implora en las noches que vaya a visitarle, desea pedirle perdón. Además la princesa está en edad perfecta para casarse… – Zuko estaba pensativo. Eso no sonaba a Azula, pero tal vez sería prudente revisarlo el mismo.

- Lo pensaré. Tal vez debería visitarla. Bueno señores, eso es todo por hoy, los veré mañana – Se levantó y los demás también, hicieron una reverencia y Zuko salió casi a la velocidad de la luz de la estancia.

Todos los consejeros recogieron sus cosas y tardaron en salir. Fudo y Kano, intentaron tardarse lo más posible, hasta quedarse solos.

- Eres un imbécil – le espetó Kano, con voz baja – Diría que incluso sospechó. Bien hecho Fudo, estamos fritos.

- No seas ridículo, le metimos una duda en la cabeza ¿Estás de acuerdo? Irá a visitarle el mismo, tal como la princesa predijo. Verá que está lúcida y que le es leal y aceptará la propuesta, incluso ella misma podría facilitar el camino

- ¿Has pensado en alguien? – preguntó Kano, casi susurrando

- Podría decir que sí. No puede ser un extranjero, eso arruinaría el plan.

- Es una princesa, si el rey ve una manera de encontrar una alianza mediante el matrimonio de la princesa y decide seguir ese camino estamos arruinados.

- El hijo de Hachiro Miyake, Hiroshi, sería un espléndido partido. Es una familia noble, bastante tradicional y además están bañados en dinero. Si se llegase a necesitar dinero, sería una opción difícil de rechazar – Kano asintió

- ¿Se lo has dicho a la princesa ya?

- Por supuesto. Le pareció una buena idea, mientras el chico entienda cuál es su lugar en todo este asunto.

- Bien. Tengo cosas que hacer, te veré después.

Aquella noche, Zuko llegó a dormir tarde. Como siempre, Mai estaba esperándolo. Pero esta noche, diferente a las demás, estaba despierta, esta vez no pretendía dormir. Zuko se sorprendió de verla despierta tan tarde, últimamente, cuando llegaba a dormir, ella ya estaba dormida. Prefirió no mencionar nada. Se sentó en la cama, dándole la espalda, y se quitó las botas.

- ¿Qué tal estuvo tu día? – le preguntó distraídamente. Podía sentir la mirada fija de su esposa.

- Bien – contestó secamente. Él pretendió no notar su tono de voz. Pero era claro que cuando utilizaba ese tono de voz, era por una razón. Porque estaba enojada. Lo que no sabía era por qué.

- Lamento llegar tarde, algunos asuntos están agotando mi tiempo – Ella gruñó. "¿Cuáles asuntos?" Pensó. Pero no dijo nada. Él sintió la tensión del silencio – A Fudo se le ha ocurrido que quiere casar a mi hermana, ¿Lo puedes creer? ¡Imagínate! Le dije que eso era imposible, que casáramos a Azula con alguien, a menos que fuera un enemigo del cual quisiéramos deshacernos, pero al parecer está poniéndose bien y creo que debería visitarla…

- Me parece terrible – contestó sarcásticamente. Él intentó tranquilizarse. Ciertamente, le molestaba esa actitud que ella adoptaba tantas veces. Intentaba parecer indiferente cuando algo le molestaba. O simplemente porque así era. Pero esta vez seguro se trataba de la primera situación. Y no dejaría esa actitud hasta que le dijera qué le molestaba. Y eso acabaría en pelea. No podía determinar qué sería peor, su actitud o la pelea. Eligió la segunda opción.

- Está bien, ya entendí ¿Por qué estás enojada? – Pretendió mirarlo con indiferencia

- Me has estado evitando – abrió la boca para contestar, pero ninguna mentira vino en su ayuda – No lo niegues. Pero quiero saber por qué.

- He estado ocupado – se quitó la camisa y los pantalones – tengo un reino que dirigir, Mai

- Siempre habías encontrado tiempo para mí. Y para tu hija. ¿Cuándo fue la última vez que la visitaste? – Se puso la bata y se ajustó el cinturón

- He estado muy ocupado te he dicho – mintió. Ese era el pretexto favorito de Mai, la pequeña. Era su anzuelo, su manera de manipularlo. Adoraba a su hija, desde luego le gustaría verla más a menudo. Pero había sido idea de Mai, que fuera a vivir con sus padres.

- ¿Con qué Zuko? ¿Alguna niña estúpida de por ahí? No me digas que los asuntos de estado te mantienen ocupado – parecía preguntarle por el clima. Esa era una de las otras cosas irritantes de Mai. Cuando discutía, era como un muerto parlante. Incluso parecía no tener pulso, no ser más que un cadáver muy irritante.

- ¿Por qué siempre que estoy ocupado empiezas a ponerte neurótica? ¡Siempre tienes que acusarme de cosas de las cuales no tienes pruebas! ¿Y tú qué has hecho esta semana para verme? ¿Eh? ¿Quedarte sentada esperándome? ¡Tampoco has hecho ningún esfuerzo! – comenzó a alzar la voz.

- ¿Neurótica? No seas patético Zuko, ¡Si estoy neurótica es por tu culpa! ¡Tampoco lo has negado! ¿Qué no he hecho nada? ¿Quedarme aquí sentada esperándote hasta altas horas de la noche mientras tú estás no sé donde haciendo no sé qué? ¿Eso te parece como nada? Y no me voltees este asunto, estamos hablando de tus estupideces, no de lo que yo hago en mi tiempo libre. – le contestó ella, gritando.

- ¿Mis estupideces? O sea, ¿Ya estás asumiendo? Creo que ese es el problema, querida, tienes demasiado tiempo libre. ¿Y sabes qué? YO NO – enfatizó – Si no te molesta, estoy cansado. Buenas noches – se acostó y jaló las cobijas.

- ¡No! ¡No pienso dormir hasta terminar de hablar contigo! – jaló las cobijas, destapando a Zuko. Éste miró hacia el techo con hartazgo.

- ¿Hablar? A mí me parece que estás gritando. ¿Pero sabes qué? – la miró, fastidiado - haz lo que quieras – se levantó y se puso las botas – si no quieres dormir, no lo hagas, no me importa, yo voy a dormir – caminó hacia la puerta

- ¿A dónde vas? – le gritó desesperada - ¡No he terminado todavía!

- Pero yo sí. Buenas noches Mai – cerró la puerta detrás de él.

Se encontró con el frío viento del pasillo, pero lo sintió mucho más relajado que el aire enviciado de su dormitorio. Que Mai hiciera todo el berrinche que quisiera, pero con el lejos. Titiritó de frío. "Necesito un lugar donde dormir" pensó "Supongo que iré a buscar a mi tío. Mmm, tal vez no sea tan buena idea. Me obligará a reconciliarme con Mai". Pensó en un par más de cortesanos, pero no quería hacer un gran escándalo de la pelea, en la mañana ya lo sabría toda la corte. Finalmente decidió.

Katara abrió la puerta.

- ¿Zuko? – preguntó confundida - ¿Qué haces aquí?

- ¿Puedo pasar? – ella asintió. Zuko entró a su habitación, y se sentó en una silla. – Gracias.

- Zuko emn… - sonreía, pero todavía no comprendía que hacía Zuko en un atuendo tan ridículo, casi a medianoche en su recámara – Qué linda sorpresa pero… ¿Qué haces aquí?

Zuko no contestaba. No podía decirle que se había peleado con Mai. Posiblemente, tan solo la mencionara y Katara lo correría también. Y no sabía que excusa razonable inventar. Tal vez lo mejor era no decir nada. Pero debía decirle la verdad. No quería más mentiras entre ellos, aunque viviesen rodeados y envueltos en ellas.

- Discutí con ella – seguramente si no mencionaba su nombre, no sería tan grave. – Sentí que no podía seguir un momento más en ese cuarto y me salí así – miró lo ridículo que se veía con botas y bata de dormir y se sintió avergonzado– y lo primero que pensé fue en ti y vine y… lo siento fue estúpido iré… iré a buscar a mi tío, lamento haberte molestado – se levantó aún hablando, mientras ella sólo lo miraba sonriendo.

- Jajajajaja, está bien Zuko, puedes quedarte un rato – río. Le hacía mucha gracia ver a Zuko avergonzado y ridículamente vestido. No pudo evitar sentirse enternecida. Esas era la clase de cosas con las que Zuko era un libro abierto.

Después de un rato, la plática había logrado que se relajasen. Al parecer ya no había esa tensión entre ellos que había caracterizado sus anteriores encuentros.

- Y entonces me dijo que sería bueno encontrarle un prometido a Azula jajajajaja

- ¿QUÉ? – preguntó ella súper sorprendida, tomando un sorbo de su copa de vino - ¿Azula? ¿Casarse? Jajajaja no es posible

- ¡Lo sé! ¡Está demente! Jajajaja pero incluso dijo – imitando a Fudo – "que la princesa ha recuperado la lucidez y que implora en las noches que vaya a visitarle, para pedirle perdón"

- No lo puedo creer jaja ¡Pobre Fudo! Diría que incluso no conoce a nuestra querida Azula, si ella lo supiera, lo carbonizaría.

- Jajajaja eso mismo pensé yo. Si la dejo salir de ese hospital, incluso podría venir a carbonizarme a mí por intentar casarla. Simplemente, es algo que no creo que le interese a mi hermana. Y honestamente, no creo que esté lúcida. ¿Recuerdas ese día? ¿Gritando como una auténtica demente atada a cadenas y echando fuego por la boca?

- ¡Cómo no recordarla jajaja! Ese día fue histórico. Tampoco puedo olvidar su corte de cabello, muy lindo ¿he?

- Jajajaja, para conquistar a cualquier pretendiente… - pensó - ¿Crees que alguna vez hayan besado a Azula? – Katara pensó la pregunta

- ¡No! De ninguna manera, y si sucedió, seguramente no están en condiciones de contártelo jajajaja – suspiró – tendrás un trabajo difícil en encontrarle un prometido.

- Lo sé. No estoy seguro de que sea una mala idea – Katara alzó la ceja – bueno, suena muy extraño… pero me gustaría que ella tuviese… no lo sé, la oportunidad de ser feliz.

- Puede ser, pero no creo que eso es algo que tú puedas darle. Es algo que tiene que encontrar por sí misma – afirmó Katara. "Tu felicidad no está en manos de nadie que no seas tú" le había repetido Humiko hasta el cansancio.

- Sí, supongo que es cierto – hizo una pausa - ¿Y tú, ya la encontraste?

- ¿Qué?

- La felicidad – Katara se sorprendió. No tenía una respuesta para esa pregunta, no sabía si la había encontrado o no. Si lo feliz que se sentía ahí mismo a su lado, escuchando su voz y mirando la luz de las velas sobre su rostro, sería efímero o sería eterno. No podía decir que la había encontrado aún había mucho camino que recorrer. Sin embargo, sabía qué camino seguir, sabía a donde quería llegar.

- No diría que sigo en la búsqueda, tal vez me faltan tan solo unos pasos – se sonrojó un poco - ¿Y tú? – esa era una respuesta que quería escuchar, definitivamente.

- No creo que la felicidad sea una meta, si no un camino que recorrer. Y diría que el camino que estoy siguiendo está haciéndome feliz – "¿Qué camino, Zuko?" se preguntó a sí mismo, sin idea de cuál era la respuesta. Ella sonrió, y negó con la cabeza suavemente. Bostezó.

- ¡Que tarde es! – comentó.

- Sí… escucha, yo…

- Si, te puedes quedar. Pero en el sillón – Se acercó y le dio un beso en la mejilla – buenas noches.

- Buenas noches – Zuko sonrió.

Al día siguiente, muy temprano, Zuko se levantó del sillón. Ciertamente, no había sido una de sus mejores noches. Incluso podría decir que se había lastimado el cuello. Pero suponía que el berrinche de Mai, el frío y dormir chueco habían valido la pena por aquella noche que pasó en compañía de Katara. Antes de irse, entreabrió la puerta de su recámara, sólo para mirarla dormir. Ahí estaba, durmiendo pacíficamente abrazada a la almohada, con el ceño fruncido. Se dibujó una sonrisa en los labios de Zuko.

Salió de la habitación con todo cuidado, no quería hacer el más mínimo ruido, y no quería ser descubierto por ninguna persona inoportuna. Cerró la puerta cuidadosamente y caminando de puntitas, se dispuso a ir a su estudio. Tenía seguro algún cambio de ropa ahí. No podía seguir andando por el palacio en bata de dormir y botas. Nadie lo tomaría enserio nunca más si lo veían de esa manera. A penas a unos metros de la puerta escuchó:

- ¡Sobrino!

- Tío emn… buenos días – saludó asustado de que lo hubiese visto saliendo de las habitaciones de Katara

- Buenos días, Zuko – lo miró de pies a cabeza - ¿Qué haces despierto tan temprano?

- Iba para el estudio… tengo emn… asuntos pendientes – Iroh observó las ojeras de su sobrino

- Sí, claro. Bueno, no te detendré más

- Gracias tío, te veré después – Se despidió, pero Iroh no le quitaba la mirada de encima. Volteó, con el ceño fruncido hacia atrás. Estaba seguro de que había algo que no entendía. Continuó caminando, mientras intentaba explicarse lo que acababa de suceder. Un choque con un muchacho altísimo le regresó a la vida real – Lo siento… oh… - abrió los ojos como platos.

- No hay problema – le contestó el chico, pretendiendo no conocerle. Iroh lo observó aún asustado mientras se alejaba, hasta una puerta al final del pasillo, la misma de la que había salido su sobrino. Se acarició la barba nerviosamente. Definitivamente aquí había algo que no entendía. Algo fuera de lugar.

Katara dormía plácidamente, tal como Zuko la había dejado. Fruncía el ceño. Seguramente estaba teniendo un mal sueño. Ella lo negaba, pero sabía que las pesadillas no la dejaban en paz. Se esforzaba en ocultarlo, en despertar y no parecer perturbada, pero a él no podía engañarlo, no a Jet.

Endureció la expresión y luego la relajó. Su respiración se había entrecortado. Se sentó a su lado. Sabía que despertaría en breve. Y sabía que no le diría nada, sólo lo miraría con esa mirada distante, llena de miedo al vacío, y luego, al darse cuenta, intentaría preguntarle cualquier tontería para distraerlo. Le quitó los cabellos del rostro.

Abrió los ojos, al principio un poco, después por completo. Parpadeó un par de veces y bostezó. Ahí estaba la mirada. Él le sonrió y acarició su cabeza. "Buenos días alteza" le susurró. "¿Ya se ha ido?" contestó mirando hacia todos lados.

- ¿Qué? – le preguntó Jet, extrañado

- Zuko, ¿Se ha ido? – La miró confundido.

- Sí – le contestó. Tragó saliva - ¿Se quedó aquí?

- Sí, en el sillón – le contestó ella, indiferente.

- Ajá, en el sillón – dijo sarcásticamente. Sentía el calor subir por su cuello.

- ¡De verdad! Te juro que no pasó nada…

- Está bien – se encogió de hombros – supongo que no es asunto mío lo que hayas hecho o no con él – contestó, intentando más convencerse a sí mismo que a ella.

- Jet, ya sabes que no arruinaría las cosas, pero se peleó con Mai y pues no tenía donde dormir y…

- Es SU palacio y no tenía donde dormir, eso tiene mucho sentido Kat – Intentaba contenerse. Pero no había nada que le encendiera más que la insistencia de Katara de excusarle todas y cada una de las tonterías que hacía. ¿Por qué lo hacía?

- Bueno… - pensó – seguro no quería que se supiera, ya sabes los chismes corren como

- Estaba su tío – le interrumpió.

- Ya lo sé, pero su tío le habría dicho que se reconciliase y…

- ¿Y tú que le dijiste? ¿Eh? Si cariño, no importa que estés casado con otra y te hayas peleado con ella, ya sabes que puedes venir aquí …

- ¡Jet! Te juro que no pasó nada - le dijo tranquilamente. No comprendía por qué le molestaba tanto, era cierto que no era su asunto… bueno en cierta manera lo era pero… no había pasado nada, no había estropeado las cosas…

- Está bien, como quieras – le dijo, enojado. Pero su enojo estaba sufriendo una metamorfosis, una que normalmente intentaba evitar. Una metamorfosis que volvía toda su ira en pesar, en ese estado de náuseas y estremecimientos. – tengo trabajo que hacer, te… te veré después.

Hizo una mueca que pretendía seguramente ser una sonrisa, y salió por la puerta. Al cerrarla, miró al suelo. Tan solo quería huir de ahí.

Katara miro un rato la puerta, mientras pensaba en lo que había dicho Jet. Tenía razón. No importaba que tanto quisiera negarlo, pero sabía que si seguía de esa manera no iba a salir nada bueno de ello. La inundó la culpabilidad. Su debilidad había sido aquello que acercaba a Zuko y al mismo tiempo, lo alejaba más y más de ella.

- Perdón – se disculpó Mai. Zuko se encogió de hombros.

- ¿Por gritarme, por acusarme, por ponerte neurótica o por no haberme dejado dormir? – le preguntó, sin mirarla a la cara.

- Por todo – contestó después de un silencio corto – Perdóname. Es sólo que a veces estás tan distante, no te veo en mucho tiempo y… lo siento, no puedo evitar pensar en esas cosas, yo sé que jamás serías capaz…

- Si sabes que yo no lo sería ¿Porqué sigues haciéndolo? – le espetó, aún sin mirarla a la cara. Le dolió la conciencia. Sabía en el fondo, que Mai tenía razón. Pero no era como ella pensaba, era… todavía no encontraba las palabras para describirlo. Pero ella lo acusaba de acostarse con cualquiera… pero no era así. La engañaba pero, ¿La engañaba? ¿Es engaño cuando es amor? Se preguntó mientras esperaba su respuesta.

- Perdón, Zuko, es tan solo que… yo y mi neurosis, perdóname – le pidió. Pero ella sabía que tenía la razón. Si había sucedido una vez, ¿Qué le decía que no volvería a hacerlo, con su ex amante tan cerca? Es más, ¿Qué hacía ella aquí? – es que yo… te amo tanto, que tengo tanto miedo de perderte, miedo de verte amar a otra – Sintió una patada en el estómago. "¿Qué estoy haciendo?" Se preguntó a sí mismo. En realidad no tenía la más remota idea. Una extraña sensación le asaltó.

- Olvídalo, está bien – se levantó de la silla y se acercó a ella y la abrazó.

- ¿De verdad? Zuko enserio lo siento tanto…

- Shh – la calló y la abrazó con más fuerza – no importa – le sonrió.

- Te amo Zuko, por favor nunca me hagas eso – lo miró a los ojos – promételo

- Lo prometo – le contestó, aunque Mai detectó la pizca de indecisión en su voz. Sabía que mentía. Y Zuko sintió en el pecho, con la intensidad del relámpago, un vacío lleno de culpabilidad.

K.S.