Esperanza

Caminó con paso decidido hasta la habitación de su amo. Donde le habían indicado. Con el argumento que tenía algo muy importante que decirle.

-Snape ¿Qué te trae a mi humilde morada?-preguntó Voldemort con su intimidante siseo, se encontraba en sus aposentos, parecía que le había interrumpido el sueño, eso no era bueno.

Snape al estar frente a él hizo una reverencia mientras miraba hacia abajo.

-Señor, tengo una noticia que quizá podría interesarle.-Voldemort alzó una ceja, tomó su varita y caminó hasta Severus rodeándole como un buitre.

-Habla entonces.-dijo sin el menor interés acompañado de un leve bostezo.

-Fui a la cabeza de cerdo-decidió omitir la parte en la que el director le había enviado la carta-me enteré que el director estaba entrevistando a una mujer. Pasé por ahí y escuché que la mujer hablaba muy extraño. Estaba diciendo lo que me pareció una profecía…

-¿Y a mi en que me beneficia o perjudica esta información?-preguntó con cierta peligrosidad en su voz. Severus fue al punto.

-Señor, la profecía cre…creo que hablaba de usted-dijo con voz temblorosa, mientras sentía la mirada penetrante de su amo, por más que intentaba verse seguro el miedo le carcomía, después de todo ahora no le parecía tan buena idea-"El único con el poder para derrotar al Lord Oscuro se acerca... nacido de aquellos que lo han desafiado tres veces, nacido cuando el séptimo mes muere…"

-¿Qué? ¿Eso es todo?-exigió saber Voldemort con una vena saltándole en la frente. Severus temió responder.

-Cre..creo que no amo, un hombre me interrumpió diciendo que no podía estar ahí. Lo lamento.-se disculpa mientras comenzaba a transpirar. Voldemort se paseó de un lado a otro bufando como un toro, claramente esa noticia le había perturbado.

-¡Crucio!-dijo y Severus comenzó a retorcerse hasta caer hecho un ovillo

-Amo ¿Por qué?-logró decir entre quejidos. Voldemort se acercó a él dejando la maldición atrás para tomarlo de sus cabellos y alzarle la cabeza para que lo mirase.

-¡Si vas a traerme una noticia que sea completa!¡Ahora tendré que buscar por mis propios medios el resto! ¡Crucio!-lo soltó y otra maldición cayó sobre su cuerpo-y este fue por que me lo preguntaste. ¡Jamás debes preguntarte el por que de mis acciones!¡Tu no debes pensar!¡ tu único deber aquí es ser mi vasallo y serme fiel hasta que los gusanos carcoman tu pútrida carne!

Severus dejó de retorcerse. Voldemort le miró levantarse mientras seguía bufando como un desquiciado.

-No…no volverá a pasar amo, lo lamento.

-Bien. Retírate. No quiero verte. Ahora tengo muchas cosas en que pensar.-Severus hizo otra reverencia mientras se retiraba con paso menos elegante, mientras se apretaba la boca del estómago. Sentía muchas ganas de vomitar.

-¿y…que tal te fue?-preguntó el mismo vasallo del lord que le había atendido con tono de burla.

Severus no le contestó, ni si quiera le dirigió la mirada. Sólo salió de ahí con un terrible dolor en el cuerpo y en el ego. Las cosas no salieron como el pensaba.

Sólo habían empeorado, ahora parecía que había caído de la gracia total del Lord. Y más que nunca deseó salir de ese mundo.

Odiaba a su abuelo por que le humillaba. Odió a los Gryffindors por que le hacían lo mismo.

Y ahora estaba trabajando para alguien que era peor que todos ellos juntos.

Cada paso que daba era erróneo. Cada paso que daba era doloroso.

Estaba destinado a sentir dolor toda su vida. A cometer una estupidez tras otra.

Y ni siquiera se pudo enterar lo que el director quería hablar con él.

-Bien Severus te felicito, todo lo haces a la perfección.- Tenía que aprender a pensar mejor las cosas antes de hacerlas. Casi siempre era por eso sus problemas.

Regresó a su casa con un humor negro. Comenzó a tirar todo lo que había a su alrededor. Destrozó todo lo que había a su paso.

Cuando sintió que el azoramiento bajo de su cabeza se dejó caer en su cama. Se volvió a levantar al sentir que se había acostado en algo. Estuvo a punto de aventarlo, pero se detuvo al notar que era el libro que el viejo Li le había obsequiado. Dio un bufido y decidió, una vez más, distraerse con algo.

Ya le había servido una vez para eludir a su conciencia y sus miedos, podría servir de nuevo.

Comenzó a leerlo, y con sorpresa notó que pudo pasar más rápido las páginas que las otras veces. Ya tenía más práctica. Muy rara vez usaba el diccionario.

Después de terminar un capítulo entero vio una imagen que se le hizo muy peculiar.

Un pequeño cofre negro, como el que Samantha le había regalado hacía mucho tiempo.

-"El cofre Yin"-Leyó en el título. El cofre Yin tiene la apariencia de un cofre normal y corriente, muchas de las veces que estuvo perdido los muggles lo usaban como una cajita decorativa para guardar sus trebejos, ignorantes de su uso, al igual que algunos magos.

Un poco de su historia.

Creado, en el año 1300 por un mago oscuro llamado Tsen Yang Su era fue considerada la era del Yin (haciendo ironía del apellido del creador), por las cosas tan terribles que hizo en su época. Su hijo Chaotzu Yang fue quien logró derrotarlo en un enfrentamiento de muerte.

Desde ese momento la familia Yang pudo recobrar este cofre para evitar que alguien más se hiciera daño con él. Perdido entre los años de 1500 y 1600, la familia logró recuperarla, después de que varios maleantes le dieran uso como una caja donde guardaban sus más oscuros secretos.

Severus no pudo evitar pensar que podría ser un tipo de pensadero.

Sus Usos

-El Cofre Yin, aparte de guardar los pensamientos de los magos, también tenía otra oscura intención. El de ayudar a la persona que acudiera a él grabando en su tapa uno de sus sueños. Como precio será compartir el Yan del aspirante con el del cofre, ya que se alimenta de él. Así que con el tiempo la mayor parte de los magos terminan con la mayor parte de su Yan y son consumidos por el Yin.

Se dice que el cofre atrapó el alma de Tsen y que siempre está hambriento de Yan para lograr un día descansar en paz.

Severus por suerte sabía que era el Yin y el Yan. Era el equilibrio que hay en el mundo del bien y el mal. El equilibrio que hay en cada persona. El yin-mal, y el yan-bien. La Noche y el día. Eso quería decir que la persona que escribiera sobre el cofre correría el riesgo de terminar con todo el Bien que tuviera para que el mal le dominara.

-No puede ser el mismo cofre…¿o si?-Se le hizo increíble pensar que entre sus cosas poseyera algo tan poderoso y tan peligroso-¿Por qué Samantha me lo daría?

Sintió un escalofrío al recordar que había algo escrito en la tapa. Al no entender lo que decía en ese tiempo Sam le había dicho que la traducción era "Mantenerse juntos pase lo que pase".

Definitivamente eso no sonaba como un deseo. Más bien como un pensamiento…

A menos que eso no fuera lo que dijera.

Fue en busca del cofre que tenía resguardado en la parte superior de un ropero viejo. Lo sacó con cuidado y le miró con detenimiento. Nunca antes le había observado de esa manera, nunca se había tomado la molestia de verificar las inscripciones. No pensó que hiciera falta.

El confiaba en Sam, y si eso decía eso era.

Pero ahora, no estaba tan seguro.

Se sentó sobre su cama, leyó la inscripción. La piel se le enchinó mientras un sudor frío recorría su frente cuando logró entender lo que decía.

"Que tu nuevo dueño se enamore de mí"

-No…no es posible…-hizo a un lado el cofre como si le estuviera quemando las manos. Se levantó y miró la caja con demencia.-No puede ser, cierto. ¡No estoy enamorado de ella!..."pero lo estuviste"-le dijo una vocecilla interna. Recordó que no había pasado mucho desde que había perdido a Florence y comenzó a olvidarla poco a poco mientras Sam se metía en sus pensamientos, sentía arduos deseos de verla, de besarla…pero jamás lo hizo-¿Pero cómo se rompió el hechizo? A estas alturas ya debería hasta estar casado con ella-No era por que no le atrajera en algún momento. Simplemente nunca sintió que tuvieran química para ese tipo de relación, sólo quería ser su amigo y punto. Pero efectivamente después de la muerte de Florence, después de que Sam le regaló el cofre las cosas cambiaron.

-¿Qué hizo la diferencia para romper el hechizo? ¡¿Qué fue lo que hiciste Sam?!-se dejó caer sobre sus rodillas, agarrándose la cabeza como acallando todo lo que se le ocurría en el momento.

-"Ella se suicidó tan solo por tu amor"-decía una de las voces

-"Por tu culpa su vida se arruinó"-decía otra

-¡Ella eligió ese camino!¡Ella sabía las consecuencias!¡Yo no tengo la culpa!-entonces cayó en cuenta.-Quizá si el hechizo no se completo no le debe nada al cofre.-corrió de nuevo al libro y releyó para ver si era posible. Pero sólo comprobó que después de desatar un hechizo, este sólo seguiría su curso.

-El mago que haga uso de este cofre no podrá escapar de su apetito. Sin embargo el deseo puede ser revertido por medio de un contra-hechizo que sólo la familia Yang conoce el cual se dice podría ser un elixir…

Fue lo que encontró casi al terminar la página, lo demás era menos relevante.

-Li Yang lo sabía.-mordió su labio inferior-El té, ya decía yo que tenía un sabor extraño. Tenía una poción… me estaba dando un remedio. Y quizá esas pesadillas…era una advertencia…

Recordó lo que siempre le decía.

-"Lo sabrás a su tiempo"

Ahora que había llegado el tiempo no podía creérselo.

-¿Por qué nunca me lo dijo?, quizá podría hacer algo para ayudarla…"podría ser que ya no había remedio que le salvara, y para limpiar su culpa decidió ayudarle a él"-se respondió.

Recordó la primera vez que vió a Li y la expresión de su rostro en cuanto le observó. En ese tiempo había pensado que había sido por que descubrió que era un mortífago, pero no fue solo eso. Fue por que quizá sintió la magia en él del cofre.

Después de todo era descendiente. Cuando un mago lleva la sangre del creador de algún objeto en el que quizá se uso la sangre para la creación. No es difícil identificar a quien está impregnado de la esencia dicho objeto.

Y para ese tiempo Li ya debía haberse percatado que el cofre no estaba en sus manos.

-¿Por qué nunca me lo pidió entonces?-se preguntó, ya que si ese cofre pertenecía a la familia, por que ellos eran quienes la resguardaban, entonces lo más lógico era que pidiera que se lo regresara.-¿Por qué no lo hizo?, ¿acaso hay algo más que deba saber de él?-o quizá sería que ya no había heredero que pudiera poseerlo. Después de que Li muriera, por consecuencia, en el linaje seguía Sam, aunque fuera adoptiva..

-Me heredó el cofre-ahora entendía por que no se lo pidió. Samantha quizá en un lapsus de conciencia, sabía que después de que hubiera pedido un deseo a la caja estaba perdida. Por ello se lo regaló. Y Li se la dejó por que había confiado en él.

-No puede ser tan simple-sentía que había algo que se le escapaba pero no sabía que.-¿Por qué no la confió a alguien más? ¿Cómo sabía que iba a morir pronto?¡no pudo saberlo!

-"A menos que ya le hubieran marcado su destino"

-No…-una idea horrible cruzó por su cabeza-Sam…¿Acaso tú…?

No pudo terminarse la pregunta, tan sólo pensar en ello se le escamaba la piel.

…….

Un par de meses pasaron de aquel incidente, Severus había renunciado al trabajo con Lucius, estaba en una época donde se sentía más perdido y confundido que nunca.

El pasado no dejaba de perturbarle, el pasado lo perseguía por donde fuera que él iba. Por eso decidió dejar a un lado los negocios con Lucius, estar con él sólo le recordaba en lo que estaba metido.

Desde entonces saltó de trabajo en trabajo apenas ganando unos pocos galeones, suficientes para mantenerse un tiempo para vivir mas o menos bien. Así tenía que ser ahora ya que el dinero que su abuelo le había heredado tuvo que ser usado para dos cosas, una para apoyar el ideal mortífago y dos, para pagar deudas que el viejo había dejado antes de morir, así que básicamente Severus se fue en quiebra.

De todos modos ya no le importaba mucho ese hecho, estaba muy ocupado con sus encargos del tenebroso, se había enterado que era bueno en hacer pociones, así que le había encomendado unos cuantos "trabajitos extras" para experimentarlos en sus víctimas.

No le agradaba mucho, pero a fin de cuentas era mejor que andarse jugando la vida con los aurores que últimamente estaban demasiado perspicaces sin quitarle crédito a la Orden del Fénix que les estaban pisando los talones, de hecho ya habían caído unos cuantos, que por suerte desconocía sus nombres, sólo recordaba a un tal Wilkes y eso por que era el "portero" de la mansión del tenebroso.

Por otra parte, el señor oscuro andaba muy precipitado desde el día que le había informado de la profecía. Se había obsesionado con ello hasta le pareció escuchar que ya sabía quien podría ser el mocoso que intentaría quitarle algún día su poder.

No es que le interesara mucho, pero por alguna razón tenía un mal presentimiento de ello. Fue por eso que ese frío día otoñal de noviembre decidió visitar la tumba de Florence después de varios años de tenerla abandonada.

La extrañaba realmente, siempre con ella se había sentido a gusto, a pesar de que él no siempre estaba de buen humor ella siempre le toleraba.

Las hojas secas que caían de las copas de los árboles habían tapado una parte de su tumba, la limpió con delicadeza apartando unas flores secas que tendrían apenas un par de semanas que le habrían dejado, posiblemente sus padres, reemplazándolas con un ramillete de tulipanes amarillos como los que le gustaban.

Por un largo rato permaneció en posición de firmes frente a la tumba, mirando a la lápida y hablándole como si ella realmente estuviera escuchándole.

-Florence…dame fuerzas por favor, ya no puedo-suplicó en un deje de debilidad-se que no tengo derecho a venir a verte después de todo lo que he hecho…pero necesitaba recurrir a alguien. Ya no se en quien confiar, me siento sólo. Desearía que las cosas hubieran salido diferentes pero…-apretó los ojos reteniendo las lágrimas-me he equivocado demasiado…mis padres deben estarse revolcándose en su tumba-ironizó con una mueca.-¿Por qué tuviste que dejarme Florence?-finalmente dejó que un par de lágrimas se colaran de sus ojos-quizá las cosas hubieran sido diferentes…sólo quizá…no lo sé…estoy muy confundido ¿Qué debo hacer? Ya no puedo escapar, estoy atrapado en este maldito agujero,…lo sé ¡soy un maldito cobarde!-arrugó su cara aflorando todo su rencor hacia sí mismo-pero sobre todo un estúpido…-se dijo esto último tanto por sus decisiones como por lo de Sam que le había dejado muy mal desde entonces.

Hubo un largo silencio, con su palma de su mano cubría toda su cara tallando sus lágrimas con desesperación realmente esperando que alguien le dijera algo, que alguien le indicara su camino…alguien…

Un crujir de las plantas secas le sacó de sus pensamientos, había una persona parada no muy lejos tras él, trató de recuperar su compostura sin si quiera girarse de su lugar, fuera quien fuera no le era de su interés. O al menos eso pensaba.

-¿Severus?-dio un respingo al escuchar esa voz. Hacía años que esa voz no le llamaba por su nombre y la verdad le sorprendía que esa voz le llamara justo a él en ese lugar.

-¿Ev…es decir…señora Potter?-dijo el apellido con resentimiento para el desagrado de la mujer. Snape aún no se giraba de su lugar, no quería que le mirara en un estado de rendimiento. Su rostro estaba aún más pálido, sólo sus ojos se hallaban enrojecidos como parte de sus mejillas por el esfuerzo de su sollozo.

-Si soy yo-respondió esta con una increíble paciencia-hace tiempo que no te veía…-siguió con la intención de entablar una charla.

-¿Qué te trae por aquí?-preguntó este menos amable. Lily suspiró entendiendo que esto no sería nada fácil.

-Si te soy sincera te seguí hasta aquí-Severus alzó una ceja ¿Qué esa mujer quería enfrentarlo?

-¿A sí? ¿La orden te mandó a seguirme Potter?-preguntó sin más preámbulos.

-Llámame Lily-respondió esta un poco molesta de que dijera su apellido de casada con tanto odio- como en los buenos tiempos-Snape no pudo evitar soltar una carcajada con sarcasmo.

-Claro, los buenos tiempos creo por desgracia no fueron muchos ¿verdad?-se cruzó de brazos mostrándose más hostil-pero si eso te tranquiliza, te llamaré Lily.-siguió aún de espaldas.

-Bueno, supongo que ya nos vamos entendiendo-un pequeño quejido extrañó a Severus, al mirar sobre su hombro notó que Lily llevaba un bulto enrollado en un edredón: un bebé.

-Otro Potter supongo-dijo con indiferencia, pero descartando la posibilidad de que la mujer quisiera alguna trifulca con él, ninguna madre en su sano juicio lucharía con un bebé en brazos ¿cierto?

-Supones bien-replicó esta con cierto tono de resentimiento-Es el niño que tu amo busca.-soltó sin más miramientos, sólo entonces Severus se dignó a darle frente con los ojos bien abiertos y sin habla.

¿Podría ser posible?

Quedó mudo un largo rato como en estado de shock

¿Qué era lo que pretendía esa mujer? ¿Por qué precisamente a él tenía que mostrarle a su hijo en bandeja de plata? Como si no supiera ya de que lado estaba él. ¿Qué se había vuelto loca de remate?

Y aún con estos pensamientos en la cabeza no pudo evitar que su pecho estallara de miedo. ¿Ese bebé había sido condenado por su causa? Después de todo, él había hecho que el tenebroso se enterara de la profecía.

Entonces fue cuando dirigió su mirada a Lily, sólo en ese momento entendió la razón de su presencia. Ella sabía que él había sido el informante, probablemente el director se lo había contado.

-¿Por qué vienes a mí?-se consternó dando un par de pasos hacia atrás-¿Quieres vengarte? ¿eso es lo que quieres?

-No creas que no me lo había planteado Severus-él tragó saliva, no es que tuviera miedo a una batalla o que le temiera a esa mujer, tan sólo le consternaba ese niño, ¡tan sólo un bebé de unos meses! Hijo de Lily y James Potter, ¿tenían que ser precisamente las personas que conocía a las que tenía que condenar? Si, odiaba a James Potter, y le guardó un pequeño resentimiento a Lily…pero jamás les hubiera deseado algo así, no a Lily al menos. Quizá si hubiera sido cualquier otro niño no le habría afectado tanto, pero ahora verlo ahí, dormido en los brazos de su madre, ese pequeño tan indefenso que ahora estaba siendo acosado por el mismo diablo.

Y todo por que él tuvo que abrir su bocota.

-Lo…lo siento…yo no…-Lily hizo un ademán para que no siguiera suavizando su mirada.

-Espera, déjame terminar…lo había pensado hacía mucho tiempo… pero antes tenía que saber las razones por la cual habías condenado a mi hijo ¿Por qué él?, después de todo es mi más grande tesoro y es muy difícil aceptar que…bueno, ya sabes. Si te soy sincera tenía arduos deseos de destruirte, pero el director me calmó y me dijo que no debería guardarte odio alguno…él te defendió.

Severus sintió un extraño golpeteo en el pecho. ¿Por qué él director habría hecho eso?

-No lo entiendo…no le he dado razón alguna para que crea en mi…no soy alguien de quien se pueda confiar-no tenía por que decírselo, mucho menos a ella, pero como ya se había mencionado antes estaba en un estado demasiado susceptible-y aún no entiendo por que te fías que no te haré algo, que no me llevaré a tu hijo sólo para agradarle al tenebroso-dijo tratando de asustarla, de ahuyentarla de su vida para que dejara de atormentarlo.

-Eso pensé en un principio, pero entonces recordé los viejos tiempos…y pensé que quizá ese chiquillo que conocí hace años no es tan diferente del hombre de ahora. Realmente me he arriesgado mucho al igual que he arriesgado la vida de Harry.-Severus dio otro vistazo al niño suponiendo que ese era su nombre-pero algo me decía que tu realmente no querías esto, y ahora lo acabo de comprobar por tu reacción.-Severus desvió su mirada a otra dirección, de nuevo se giró para ver la tumba de Florence-además de eso comprobé la razón por la que el director aún tiene esperanzas en ti-él hizo como que no escuchaba sin embargo agudizó más el oído parpadeando perplejamente-a pesar de todo conservas amor en tu corazón, y esperanza en tu mirada.

Él carraspeó su garganta hablando con voz gallosa.

-No se de que hablas…yo ya no tengo remedio, he elegido mi camino y he lastimado a muchos, ya lo sabes. De hecho deberías aprovechar este momento para vengarte, no me defenderé. Después de todo, yo soy el responsable de lo que ahora tu hijo deberá sufrir.

-Sabes que no lo haré, no seas tonto. Severus, en realidad quiero confiar en que puedes cambiar. Habla con el director, el te guiará.-escuchó que las hojas crujían, Lily se había dado media vuelta para irse, Severus se giró completo para mirarle dar unos pasos más.

-Si hay algo que pueda hacer por ti…-dijo con voz casual, pero Lily le interrumpió.

-Habla con el director, sólo de esa manera me ayudarás-Lily le sonrió tiernamente, a la vez que el pequeño Harry bostezaba moviendo sus manecitas fuera de su edredón.

-Lo consideraré-respondió este apenas haciendo una mueca tratando de corresponder la sonrisa.

-Por cierto-agregó antes de dar la retirada-¿Has visto a Samantha?, el director la busca desesperadamente-Snape frunció el ceño negando con su cabeza.

-No tengo idea ¿sucede algo?-preguntó como al que no le importaba la cosa.

-No lo sé. Sólo se que es posible que ande en malos pasos. Si sabes a lo que me refiero-le envió una mirada significativa y Snape asintió entendiendo lo que le quería decir.

-Estaré al pendiente-Harry comenzó a quejarse antes de explotar en llanto. Severus no pudo evitar que ese llanto perforara su cabeza imaginándose lo similar que se podría escuchar si este llegara a manos del tenebroso.

Ese niño …¿podría realmente ser capáz de salvar a todos?

-Debo irme, ya me he arriesgado demasiado al buscarte. Adiós Severus Snape. Te deseo la mejor de las suertes-se despidió la mujer antes de desaparecer junto con su hijo.

-Adiós Lily Potter, te prometo que haré lo posible por evitar que algo le pase al niño que condené. Tu hijo.

Lo dijo como en un juramento con la tumba de Florence de testigo sin si quiera imaginarse que esa sería la última vez que vería a Lily Potter en vida.

Ennovy, lamento tanto la tardanza, no hay pretexto, no he escrito mucho últimamente, pero si hecho mucha tarea TT, no debería dar tanta descripción XD pero basta decir que llevo varios días durmiendo pocas horas y para colmo lo que había adelantado en vacaciones fue borrado por algun virus , je, creerás que fue lo que más me afectó más que otras dos carpetas de tareas que se borraron?XDXD, en fin, aquí esta la continuación espero sea de tu agrado