CAPITULO XXI. AFERRARSE A UN SUEÑO
Si pudiera expresarte
cómo es de inmenso
en el fondo de mi corazón
mi amor por ti
La vida da giros inesperados. Nunca podemos dar por asegurado que tenemos la felicidad comprada. Un inimaginable suceso siempre estará aguardándonos a la vuelta de la esquina.
Terry se aferró a la idea de que Blanca Lynn era la temible culpable del accidente que sufrió Candy. Platicar en pareja fue una terapia reconfortante para mitigar su enojo, aunque eso no fue suficiente para quitarle la idea de la cabeza de que el accidente de Candy, no fue precisamente eso.
Quería indagar más al respecto sin que la pecosa lo supiera, pero recordó que hicieron una promesa: no mentirse, y en eso se incluía el no ocultarse nada. Para que el amor de una pareja se haga más fuerte con el tiempo, necesita alimentarse a diario de confianza.
Y así lo hizo. Siguió confiándole a Candy todas sus inquietudes y ella lo comprendió. Buscaron la ayuda de sus seres cercanos. Entre Terry, Albert y Joshua se encargaron de investigar el caso y poner la denuncia correspondiente ante las autoridades.
La verdad llegó por sí sola unas semanas después. Cierto día, en el que Candy salía del hospital luego de un cansado día de trabajo, Blanca hizo acto de presencia.
Pero gracias a la astucia de los caballeros que protegen a Candy, entiéndase Terry, Albert, Joshua, Stear, Archie y hasta George, la morena no pudo tocarle ni un pelo a la rubia, debido a que antes de atreverse a hacerlo, un par de oficiales la interceptaron y se la llevaron para que declarase.
La mujer no tuvo más remedio que confesar su delito. Un tiempo en la cárcel no le importaba ¿Por qué? Estaba tan ansiosa de fama que creía que eso era beneficioso para la publicidad de su carrera. Por su carácter desatado y liberal, no tardó mucho tiempo en hacer amistades en la cárcel. Para sorpresa de ella misma, no se la pasaba tan mal, sin embargo, poco a poco fue comprendiendo que cometió un grave error y solamente estaba pagando por ello.
Tres meses después…
Este amor delirante
que abraza a mi alma
es pasión que atormenta
a mi corazón
Un valle a lo lejos, una vista sublime, un mar de ilusiones y una pareja de adultos enamorados, era la escena que se presenciaba en un recóndito lugar del mundo, en un paisaje que bien era digno de inmortalizar por un óleo y acompañado de un sentimiento que flotaba románticamente en el aire: el amor.
Una pareja de la mano, caminando por un bello lugar rodeado de rosas y hermosos helechos, se sienten felices de estar nuevamente juntos, a pesar de las circunstancias, a pesar de que el destino jugó de una manera que ellos no pudieron evitar, pero que ahora, con la madurez alcanzada, tratan de recuperar el tiempo, que ninguno de los dos consideraba perdido, pero fue un largo tiempo en que sin darse cuenta, se extrañaron, y añoraron estar nuevamente juntos.
En ese lugar, "La colina de Pony", Terry y Candy permanecían uno al lado del otro, de la mano, después de escaparse un rato como si fuesen unos niños en medio de una travesura.
Y es que ese día, en la capilla del Hogar de Pony, ya aguardaban por ellos todos sus seres queridos, para presenciar su enlace matrimonial.
Ellos, ataviados en la ropa adecuada para la ocasión, ambos de blanco, se demostraban su amor mientras observaban la maravillosa vista que otorgaba el paisaje a un costado del padre árbol y entonces, se abrazaron.
-Terry – dijo sutilmente ella, mientras alzaba su verde mirada sin despegarse del pecho de su futuro esposo - ¿No se nos habrá hecho tarde? Todos nos deben estar esperando
-Pero yo no podía esperar a decirte que te amo, que me haces muy feliz y que soy muy dichoso por tenerte de nuevo a mi lado – y se acercó a hablarle al oído – pero a solas
Ella sonrió llena de alegría y acercó su rostro al de Terry para regalarle un tímido beso, pero que Terry lo transformó de tímido a apasionado, abrazándola de la cintura y apoderándose pasionalmente del interior de su boca, compartiendo su aliento, sus caricias húmedas y sus respiraciones acompasadas por el rítmico latido de sus corazones que ofrecían el mismo amor.
Entre beso y beso se observaban a los ojos, sonriendo con las miradas y jurándose un prometedor futuro, juntos.
Pasados unos minutos más, se encaminaron hacia donde los esperaba el sacerdote que estaba más que listo para comenzar con la ceremonia.
Ninguno de los invitados se preocupó por notar que los novios rompieron con el protocolo obligado, llegando juntos, tomados de la mano, a la ceremonia.
Todos estaban felices, radiantes, ansiosos por presenciar la boda. Archie y Annie fueron sus padrinos, por decisión de ambos novios. Por parte de Terry y Archie ya no existían diferencias, ni rensillas relacionadas con la época del colegio.
Eran ya ambos hombres adultos, que ahora se reían de aquellas peleas de adolescentes.
Entre tanto, el sacerdote dio comienzo a la ceremonia, logrando que con su sermón, uno que otro invitado se secara las lágrimas o simplemente suspiraran a la par con los novios.
El mejor momento llegó cuando el sacerdote dijo "Puede besar a la novia" y mientras los ya esposos se daban un beso lleno de amor, el sacerdote dijo "los declaro marido y mujer" y sin embargo, Terry despertó las risas de los presentes debido a que no deseaba despegarse de los labios de Candy…
Una vez finalizada la ceremonia, todos salieron al patio, en donde las madres de Candy, ya habían preparado todo el festejo con un exquisito banquete.
A nadie realmente le importó lo sencillo de la celebración, la alegría en todos los presentes era tan enorme que disfrutaron del momento, grandiosamente.
Pero todos se extrañaron mucho cuando de repente, Albert, Stear y Archie se desaparecieron sin que nadie más se percatara.
-¿Dónde se habrán metido? – preguntaba Annie, preocupada por su marido
-No lo sé – respondió Patricia – yo tampoco me di cuenta cuándo se escabulleron
-No se preocupen – habló despreocupadamente Candy – deben haber ido a…a…
-¡Lo ves! Tú tampoco tienes idea Candy – le respondió Annie
-No deben tardar en volver, tal vez preparen una sorpresa – dijo Paty, animadamente
-¡Sí! ¡Eso! Ahora Annie, deja de estarte preocupando de más y vamos a bailar
-¡Pecosa! – Gritó desde otro extremo Terry – tengo algo para ti
-¡Oye! ¿Siendo tú esposa aún me dices así? – hizo un puchero, ocasionando las risas de los presentes
-Nunca te podría llamar de otra forma… ¿O sí? ¡Ah! Ya recuerdo… ¡Tarzán pecosa!
-¡Terry!
-Dime, tarzán pecosa
-¡Me haces enfadar!
-¿El día de tu boda te enfadas?
-¡Déjame en paz! – se cruzó de brazos, pero duró poco en esa posición – oye ¿decías que tienes algo para mí?
-¡Ah! Lo había olvidado – se rascó la cabeza penosamente y le extendió una nota – alguien lo metió en el bolsillo de mi saco y ni me di cuenta
-¿Qué dice? – la extendió y leyó el contenido
"Estimados Candy y Terry, los esperamos a las 4:00 en punto en lo más alto de la colina"
-¿Quién lo escribió? – cuestionó Terry
-Es la letra de Albert, estoy segura
-Entonces ¿Vamos?
-Sí, faltan cinco minutos
Sonrientes, se abrazaron y se dirigieron hacia aquél lugar, solos. Los demás presentes se percataron de ello, pero no los detuvieron, ni hicieron el intento de seguirlos.
Mientras más se acercaban a la colina, comenzaron a escuchar las notas musicales provenientes de unas gaitas.
Era una melodía muy conocida por Candy, por lo tanto, se emocionó al borde del llanto, soltándose de la cintura de Terry para correr y llegar más rápido.
Allí, encontró a sus caballeros protectores, los tres vestidos con el tradicional kilt escocés, mientras seguían concentrados en tocar su melodía.
Al centro, se encontraba Albert. Fue entonces, cuando Candy tuvo una especie de retrospección.
Su menté voló muchos años atrás, pero en ese mismo sitio en el que ahora se encontraba. Se visualizó siendo aún una niña, tirada el pasto y a llanto tendido.
"Hola. ¿Por qué lloras?"
"¿Y tú quién eres?"
"¿Quién crees que soy?"
"Pareces un astronauta y a pesar de que eres varón ¡usas falda! ¡Y tienes una pipa con un estómago!"
"¿Falda? Esto es un Kilt, la vestimenta típica de Escocia, y esta es una gaita, nuestro instrumento musical"
"¡Se oye como si un montón de caracoles se arrastraran!"
"Jajajajajaja ¡Caracoles! Jajajajajaja"
"Jajajajajajajajajaja"
"Eres mucho más linda cuando ríes, que cuando lloras…"
Volviendo al presente, no tuvo dudas. Albert, su padre adoptivo, su mejor amigo y su confidente… era también su primera inocente ilusión.
Una vez, los tres caballeros terminando de tocar su melodía, Candy se aventó a los brazos de Albert, casi tirándolo al césped.
-¡Mi príncipe! ¡El príncipe de la colina! ¡Ya lo sabías y no me habías dicho nada!
-A decir verdad, Candy… no me agrada del todo que me llames así – dijo un tanto sonrojado mientras Stear y Archie se carcajeaban divertidamente
-¡Pero así te bauticé! – Dijo traviesamente
-Sin embargo – retomó Albert la palabra – tu príncipe, el verdadero, viene allá – señaló a sus espaldas, refiriéndose a Terry que apenas llegaba
Y entonces la pecosa se despegó del abrazo de Albert para recibir a Terry, su esposo, su verdadero príncipe, tal como Albert sabiamente lo dijo…
-Pues aquí nos tienen – exclamó Terry
-Qué bueno que vinieron, les preparamos una sorpresa – dijo Albert
Y entonces, volvieron a tocar las gaitas. Ahora, una hermosa melodía escocesa que se acostumbraba tocar en las bodas, con dedicación a una pareja de recién casados, para aumentar el sentimiento de amor que debe existir y sea para siempre, para la eternidad.
Abrazados, Terry y Candy disfrutaron de su sorpresa, de la melodía. Significaba mucho para ellos, se sentían realizados.
Fue un gran regalo, un gran momento. Los ahora esposos se abrazaron con fervor, después se besaron a los labios una vez terminada la melodía.
Las notas musicales llamaron la atención de los niños del hogar, quienes no dudaron en correr hacia la colina para ver que estaba sucediendo.
Todos los recibieron muy contentos, los niños se encargaron de repartir abrazos a los recién casados mientras los dirigían nuevamente hacia el enorme comedor.
-¡Candy! Nos llama la señorita Pony – decía un nene mientras la jalaba de la mano
-¡Sí! Apresúrense – decía otra niña que hacía lo mismo con Terry
Todos se apuraron en descender de la colina, para encontrarse con la señorita Pony y la hermana María mientras ya habían preparado las copas para hacer un brindis…
-¡Vengan todos! – exclamaba la señorita Pony
Una vez sentados en sus correspondientes lugares, volvió a tomar la palabra.
-La hermana María y yo somos muy afortunadas por tener este hogar lleno de hijos, a los que amamos con todo el corazón. Cada uno de ellos ocupa un lugar muy especial en nuestras vidas. Hace muchos años, en este hogar recibimos la bendición de tener otras dos niñas, quienes llegaron el mismo día y desde entonces, se han criado como hermanas. Una de ellas, siempre se caracterizó por ser traviesa, pero con un enorme corazón para ayudar a los demás – empezaron a escaparse unas lágrimas de sus ojos – saben que me refiero a Candy… la niña que le hace perfecto honor a su nombre, pues no existe en este mundo alguien más dulce que ella, y por ello, ahora Dios la bendice otorgándole la felicidad eterna. También, hace años, este hogar recibió la inesperada visita de un noble muchacho, quién nos hizo muy felices a la hermana y a mí, además de que nos conmovió. Sr. Grandchester, aquella vez, usted dijo ser un gran amigo de Candy, sin embargo, pudimos notar y asegurar que eran mucho más que eso. El amor tiene ciertas características que se notan a la distancia, y el amor de ustedes es tan fuerte que lo transmiten profundamente. Ahora, agradecemos infinitamente que ese amor se vea por fin realizado y bendecido por Dios – alzó su copa de vino – y por ello, hago un brindis, por que sean siempre muy felices, salud.
Candy estaba emocionada hasta las lágrimas, y no dudo en levantarse y abrazar a su madre.
-Gracias srita. Pony, muchas gracias, no sabe cuánto las quiero…
-Sí lo sabemos Candy, y por todo el cariño que nos das a todos es que mereces ser muy feliz
Terminó la conmovedora escena y entonces, Albert tomó la palabra.
-Yo sólo quiero decirles que, pase lo que pase, luchen por seguir conservando su amor, como lo han hecho hasta ahora. Candy, me siento muy orgulloso de ti. Eres una gran mujer, y como tal, tienes a un gran hombre a tu lado. Los felicito de corazón, salud.
Entre risas, cantos, amenas charlas y un sinfín de felicitaciones, se dio por terminada la reunión, o mejor dicho, la celebración de su boda.
El amor es el sentimiento más complejo que existe en los corazones de los seres humanos, y es que, para mantenerlo vivo, se requiere de mucha fuerza, dedicación, confianza y voluntad.
Pero cuando ese amor es verdadero, sobrevive a pesar de la distancia y las circunstancias, y en lugar de pensarse que "es como si nada hubiese pasado" es todo lo contrario. Los problemas y los tropiezos lo alimentan y lo hacen más fuerte.
Así se aman Candy y Terry, con pasión, con fuerza y con sinceridad. Ellos ya habían forjado ese sentimiento desde que se enamoraron.
Y es que uno, vino a cambiarle la vida al otro, así de sencillo, alimentando más ese amor, ese verdadero amor que durará por toda la eternidad.
***FIN***
Siempre tú estás conmigo
en mi tristeza, estás en mi alegría
y en mi sufrir
Porque en ti se encierra toda mi vida
si no estoy contigo mi bien
no soy feliz
Es pasión, delirio de estar contigo
y yo soy dichoso mi bien
porque me quieres también
Fragmentos de la canción "Delirio" interpretada por Luis Miguel.
