En este capítulo ya empieza la famosa aventura de Arthur de la que muchos de vosotros ya me habréis oído hablar cuando me preguntabais cuanto tardaría en actualizar. En un principio no sabía si incluirla dentro de la línea temporal del fic o simplemente que Arthur hiciera un breve resumen a la reina Serenity de lo que le había pasado desde que viajó a Júpiter porque sabía que a muchos de vosotros podía no gustaros la inclusión completa de la historia. Al final me decidí por incluirla y que sea lo que dios quiera. Lo que sí es que os recomendaría que os leyerais de nuevo todos los capítulos del fic a partir del capítulo 13 Indicios, que es cuando Arthur recibe la misteriosa carta y decide marcharse a Júpiter en compañía de su amigo Alex. Tened en cuenta que la historia del capitán es una especie de flasback en el que narra a la reina todo lo que le ha pasado desde que se marchó a Júpiter hasta su repentina aparición en la sala del trono y que es en esta historia en donde se explica porque sabe que la princesa Serenity está en la Tierra y también se explican otras cosas como por ejemplo porque Lita no viajó a la Tierra con Rei, Amy y Mina, que es lo que pasaba con Michiru y Haruka…
Solo deseo que el esfuerzo haya merecido la pena y que os guste este capítulo y los que siguen al menos un poquito.
Selene
CAPÍTULO 20 : LA APARICIÓN DE ARTHUR Y EL COMIENZO DE UNA HISTORIA
Palacio de la Luna ( sala del trono )
- La princesa está en la Tierra.- repitió Arthur mientras le dirigía una mirada reprobatoria a Rei y a las demás y avanzaba hacia la reina.- y eso no es lo peor majestad, además ….
- ¿Qué mi hija está en la Tierra?.- inquirió Serenity con el semblante pálido.- ¿Qué… .- se colocó una mano en el pecho temiendo lo peor y sin dudar ni un solo instante la veracidad de las palabras del capitán.- …qué hace allí?
- No lo sé, majestad.- mirando a las chicas con seriedad.- Tal vez sus altezas puedan informarle al respecto.
Las tres princesas permanecieron en silencio pero con tal cara de culpabilidad que a la reina le resultó imposible plantearse siquiera que su capitán pudiera estar equivocado. Serenity le dirigió una breve mirada de angustia a Luna y se levantó del trono dispuesta a conocer toda la verdad, su presentimiento había resultado ser cierto pero necesitaba saber hasta que punto, no soportaría perder a su hija.
Cerró los ojos para darse fuerzas a sí misma y después encaró con decisión a las princesas y al capitán.
- Se suponía que mi hija estaba en Marte, ¿qué hace en la Tierra?.- exigió saber.
Las chicas se miraron entre sí y, finalmente, Rei se adelantó unos pasos y enfrentó a la reina.
- Nunca ha estado con nosotras, reina Serenity.- habló Rei.- Lleva en la Tierra desde la mañana siguiente a su nombramiento de sailor.
- Es casi una semana.- dijo Luna también muy preocupada.- ¿Por qué querría la princesa ir a la Tierra?
- Eso es culpa mía.- se adelantó Minako con una mirada de disculpa.- El día anterior Arthur le había pedido que se casara con él y le había regalado un anillo de compromiso.- la reina y Luna miraron al capitán sorprendidas.- Hice un hechizo que me salió mal y el anillo fue a parar a la Tierra, Serena se empeñó en ir a recuperarlo pero...
- Pero la cosa se complicó.- continuó Amy.- y ahora la reina de la Tierra conoce la verdadera identidad de Serena y la ha apresado.
- ¡¡¡Apresada!!!.- exclamó la reina ya sin poder ocultar su angustia.- ¡¡¡Por qué no se me informó de esto!!!.- recriminó a las princesas muy enojada.- La vida de mi hija corre peligro en la Tierra y las sailors que deben protegerla la respaldan comportándose como.... como... .- se dejó caer en el trono muy afectada.
- ¡Majestad!.- corrió en su auxilio Luna.- No os preocupéis, mandaremos a alguien a buscarla y pronto volverá a estar en casa... en cuanto a vosotras.- les dirigió tal mirada de furia a Amy, Rei y Mina que estas retrocedieron temiendo que Luna las mandara encarcelar ahí mismo.- hablaremos de esto cuando la princesa vuelva.
- Tampoco es para tanto.- intentó Mina rebajar la tensión reinante mientras se reía como loca.- Haruka ya ha ido a buscarla y...
- ¡¡¡Urano!!!.- se entrometió Arthur.-¿Sailor Urano?
- Sí.- contestó la princesa de Venus.- ¿Es qué ocurre algo?
- ¡Ocurre que Sailor Urano es una traidora!
- ¡¡¡Qué!!!.- exclamaron al unísono las tres chicas.
- Majestad.- se acercó Arthur a la reina.- Necesito hablar con vos ahora mismo para poder ir a buscar a la princesa enseguida.- colocándose la mano en el corazón.- La amo y no puedo permitir que le ocurra nada malo.
- En ese caso, capitán.- lo miró la reina muy seria.- ¿Por qué no fuisteis a buscarla directamente si sabíais que estaba en la Tierra?
-Porque antes necesitaba informaros de algo muy grave que está ocurriendo en Júpiter, es mi deber como capitán.
- ¿En Júpiter? Pensaba que estabais de baja por enfermedad.- dijo Serenity cada vez más confundida y enojada por todo lo que estaba sucediendo.- Será mejor que os expliquéis vos también, capitán.
- Claro, majestad.- hizo una reverencia.- Todo empezó hace más o menos cuatro días, recibí una carta de un viejo amigo y decidí ir a buscarlo en compañía de un compañero, Alex. Nos hicimos con una nave y partimos rumbo a Júpiter...
En el interior de la nave de carga Odisea, hace cuatro días- ¿Estás seguro de parar antes en Europa?.- preguntó Alex mientras terminaba de ajustar el rumbo.- ¿No sería mejor ir directamente a Júpiter? Es más rápido.
- Pero menos seguro.- respondió Arthur.- Los controles son más rígidos en Júpiter que en cualquiera de sus lunas y por lo general la mercancía procedente de otros planetas se descarga en Europa o Ganímedes.
- Tendremos los mismos problemas para aterrizar en Júpiter tanto si venimos de Europa como de la Luna.- hizo una pausa.- ¿Cuál es el plan?
- Conozco a un mercader allí que me debe un favor y que espero que me devuelva hoy.
- ¿Es de confianza?
- Podría meterse en serios problemas si nos niega su ayuda.
- No me gusta.- negó el pelirrojo.- Si se va de la lengua seremos nosotros quien tengamos problemas... ¿qué tal Calisto? La unidad de defensa de Júpiter está allí.
- Es peor que Júpiter, tendríamos que revelar quienes somos para que nos dejaran entrar y eso es precisamente lo que quiero evitar a toda costa.
- Si no hay más remedio.- se encogió de hombros mientras seguía a Arthur hacia la sala de entretenimiento.- Pero sigo pensando que hubiera sido mejor salir más tarde para llegar al anochecer a la órbita de Júpiter.
- ¿Cuánto falta para llegar?.- preguntó el chico rubio al mismo tiempo que se sentaba y tomaba un refresco.
- Una hora y media.- imitó a su compañero.
- ¿Crees que ella venga a verme cuando le digan que estoy enfermo?.- dijo el capitán tras un momento de silencio.
- ¿Tu princesita?.- se burló.- Seguro que hace la maleta y se muda contigo para cuidarte y mimarte por las noches.
- ¡No hables así de ella!.- le tiró la chapa del refresco.- Aunque en algo tienes razón, cuidaría de mi.- suspiró.- Tiene un corazón de oro.
- Mejor será que te equivoques, no quisiera ver su cara y la de la reina si se enteran de que mentimos para viajar clandestinamente a Júpiter.
- Como se nota que nunca has estado enamorado.- le reprochó.
- ¿Yo?¿Enamorado?.- repitió como si le hubieran gastado una broma pesada.- Creo que antes preferiría que me condenaran a muerte, el amor solo trae complicaciones. Mejor dejamos de perder el tiempo y aprovechas para ponerme al tanto sobre la historia de ese amigo tuyo, ese tal John.
- Como quieras.- sonrió.- Solo trataba de ampliar tus horizontes más allá de tu trabajo y tus juegos de cartas. ¿Qué es lo que quieres saber exactamente?
- Empieza por como os conocisteis.- se acomodó en su asiento.
- Fue hace ocho años, justo después de que yo entrara en la unidad de la Luna. Por aquel entonces él ya era capitán, yo había oído hablar de su esfuerzo y dedicación en el trabajo y lo admiraba por ello. Cuando vino a la Luna en visita oficial me colé en su habitación durante la noche para conocerlo.- hizo una pausa rememorando el momento.- Era un gran hombre... .- volviendo a la narración.- El caso es que después de esa noche vino diez o doce veces más a la Luna y siempre buscaba un hueco para que habláramos. Luego dejó de venir y no volví a saber nada más de él hasta que se le acusó de traición.
Arthur guardó silencio mientras Alex esperaba a que siguiera.
- ¿Y ya está?.-preguntó sorprendido.- ¿Esa es toda la historia?
- Sí.
- ¿Me estás diciendo que vamos a arriesgarnos a que nos condenen por traición y a que pierdas a tu princesa solo para oír la versión de alguien a quien apenas conoces y a quien llevas años sin ver?
- Dicho así suena muy mal.
- Porque lo es.
- Solo trato de averiguar la verdad.- argumentó.- Estoy seguro de que John no es un traidor.
- Debería haberme quedado en casa.- suspiró Alex.- Pero lo hecho, hecho está.- sonriendo a su amigo.- ¿Qué tal si aprovechamos nuestras últimas horas de libertad? ¿Una partida de cartas?
Arthur lo miró y estalló en carcajadas. Rato después, echaban una partida al póquer.
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- Ya estamos aquí.- dijo Alex mientras se estiraba.- ¿Qué hacemos ahora?
Arthur lo meditó durante un momento. Habían conseguido aterrizar gracias a la excusa de traer productos de la Luna para comerciar y eso era justo lo que se esperaba de ellos.
- Primero iremos a la aduana para dar cuenta de la mercancía, preguntaremos por el mercader del que te he hablado antes e iremos a buscarlo. Todo el mundo pensará que tenemos negocios que atender con él y nadie sospechará.
- Parece un buen plan.- asintió Alex.- ¿Cómo se llama?
- Enrique Laf.
La aduana estaba situada a doscientos metros de la zona de aterrizaje y consistía en un cubículo de carpao negro, un metal propio de Júpiter que conserva el calor y es bastante resistente. La construcción debía ser muy antigua pues el color original del carpao era verde oscuro degenerando en negro con el paso de los siglos.
El hombre que atendía la aduana tenía el pelo castaño y una gran musculatura propia de los jupiterianos los cuales gustan de someterse a duras pruebas físicas, de ahí que prefieran vivir en el mismo Júpiter, cuyas constantes tormentas y corrientes atmosféricas hacen más duras las condiciones de vida del planeta pero a la vez suponen una mayor defensa contra los enemigos y una constante prueba de fortaleza.
- ¿Qué traéis?.- preguntó el hombre al ver que se acercaban.
- Fruta y tejidos de la Luna.- respondió Alex.- Tenemos un trato con un comerciante de la zona.
- ¿Dejareis vuestra nave y la mercancía aquí?
- La mercancía no.
- Entonces necesitareis un medio de transporte para lleváosla.- dijo el hombre.- En el edificio de la izquierda os proporcionaran lo que necesitéis.- le acercó un cuaderno.- firma aquí.- Alex firmó bajo un nombre falso y le devolvió el libro.
- Gracias por su ayuda amigo.
- Es mi trabajo.- se encogió de hombros.
En cuanto Arthur y Alex se hubieron alejado en la dirección indicada el aduanero volvió a centrar su atención en la revista que estaba leyendo antes de que lo interrumpieran.
- Supongo que sabrás que no podremos volver a por la nave, ¿no?.- inquirió Arthur.- En cuanto ese hombre se dé cuenta de que no hay mercancía alguna mandará a alguien a buscarnos.
- Para entonces ya no estaremos aquí.- respondió tranquilo.- ¿Hacia donde vamos?
- Seguiremos hacia delante hasta llegar a la ciudad, está situada a cinco metros de aquí. Enrique vive en las afueras.- lo miró.- Siento que hayas perdido tu nave, no sabía que tenías intención de dedicarte al comercio.
- Y no la tengo.
- ¿Entonces por qué tenías esa nave de carga y los permisos de comercio?.- le dirigió una mirada de sospecha.- ¿No los habrás robado?
- ¡Por supuesto que no!- exclamó dolido.- Los gané en una partida de cartas.
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- Ya hemos llegado.- dijo Arthur deteniéndose delante de una casa de madera, bastante inusual en Europa.
- ¡Madre mía!.- silbó Alex.- Este tipo debe tener mucho dinero, la madera es un material muy caro y cotizado.
- Su padre es de Júpiter pero su madre nació en la Luna, fue su familia materna quien se la consiguió.- llamó a la puerta.
Al instante, un hombre entrado en años con una prominente barriga les abrió la puerta. En cuanto vio a Arthur trató de cerrarla pero Alex fue más rápido y se lo impidió.
- No tan deprisa amigo, mi compañero quiere hablar contigo.
El comerciante miró al pelirrojo y luego al capitán mientras se restregaba las manos nervioso.
- ¡Oh vaya! Lo siento mucho capitán Arthur, no os había reconocido, ultimame....
- No tengo tiempo de disculpas.- lo cortó tajante.- Necesito que me devuelvas el favor que te hice hace tres años.
- No, no quiero meterme en más problemas.- titubeó.- Ahora me van bien las cosas y ...
- No voy a aceptar un no por respuesta.- dijo Arthur con expresión dura.- Si no me ayudas no seguiré protegiendo a tu hija, la próxima vez que se meta en problemas tendrá que arreglárselas ella sola.
- ¡No, por favor!.- suplicó Enrique.- No lo hizo adrede, se enamoró y la engañaron, jamás pretendió traicionar a la Luna, solo quería ayudar a su prometido... es una buena chica.
La expresión de Arthur no varió.
- Si os pedí ayuda fue porque me dijeron que erais un hombre justo.- bajó la mirada abatido.- Supongo que se equivocaron.
- No te lo pediría si no fuera importante.- se sintió de repente tremendamente culpable.- No te causaremos problemas... escucha nuestra petición primero y, si luego no quieres ayudarnos, no te forzaré.
El mercader le dirigió una tímida sonrisa de agradecimiento y los invitó a pasar.
- Me estaba preguntando hasta cuando te duraría esa actitud de tipo frío.- sonrió Alex con burla.- Ya veo que no mucho, ¿qué haremos si se niega a colaborar?
- Buscaremos otra salida.
- Me imaginaba que dirías eso.- suspiró.
Enrique los condujo hacia una pequeña habitación amueblada modestamente, les indicó dos sillas en donde poder sentarse y fue a buscar algo para beber. Al rato volvió, les sirvió y se sentó él también.
- Usted dirá capitán.- habló más tranquilo.
- Verás Enrique, mi amigo y yo necesitamos ir a Júpiter sin que nadie se percate de nuestra presencia allí.
- ¿Y para qué? Si puede saberse.
- Si no quieres meterte en problemas cuanto menos sepas mejor.- intervino Alex.
- Entiendo... .- adoptó expresión meditabunda.- ... pero no se me ocurre cómo podría seros de ayuda.
- ¿Cuándo parte a Júpiter la próxima de tus naves de carga?.- preguntó Arthur.
- Al atardecer, ¿por qué?
- Podrías ayudarnos a colarnos en una de ellas, en cuanto aterrizara en Júpiter nos bajaríamos y desapareceríamos antes de que nos viera alguien. Si fracasáramos, nadie podría asociar tu nombre con los nuestros.
- Pero la zona de aterrizaje de Júpiter está repleta de soldados.- protestó el hombre.
- Siempre lo ha estado.- contestó.- Y sé perfectamente como evitarlos.
- No lo entendéis.- negó Enrique.- Algo extraño está pasando en Júpiter.
- ¿Qué quieres decir?
- Corren rumores de que Zeus está tramando algo.- confesó mirando de un lado a otro como si temiera que alguien ajeno a ellos tres los estuviera escuchando.- en realidad, parece que lleva años entretejiéndolo, creo que desde la muerte del rey Helios, pero lo ha ocultado tan bien que han sido pocos los que se han enterado y de los que lo han hecho se dice que han desaparecido.
Arthur y Alex intercambiaron miradas preocupadas.
- ¿Tienes idea de lo que estás diciendo?.- inquirió el chico rubio muy serio.- Hablas de una conspiración.
- No, no lo sé.- tartamudeó nervioso.- Ya os he dicho que solo son rumores que se oyen últimamente. Pero al menos hay algo cierto en todo ello, la vigilancia militar en Júpiter y Calisto se ha triplicado y aquí y en Ganímedes empieza a notarse, no mucho todavía, pero solo es cuestión de tiempo.
- Eso no cambia nada.- respondió el joven capitán tras meditarlo un instante.- independientemente de lo que esté sucediendo necesitamos ir a Júpiter. Además, por mucho que haya aumentado la vigilancia las cosas no cambian en cuanto a lo de pasar desapercibidos se refiere.
- No es que desconfié de vos.- se movió intranquilo.- pero como lo lograréis.
- Magia.- se limitó a responder.
- Algunos jupiterianos también la dominan.
- Pero no como nosotros.-afirmó Alex soberbio.
- ¿Nos ayudarás entonces?.- preguntó Arthur.
El mercader los miró a ambos y asintió.
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- ¿Es que no podría habernos encontrado un lugar más cómodo?.- se quejaba el pelirrojo mientras colocaba una caja que se le había caído encima.- el compartimiento de carga no es precisamente mi idea de un buen viaje.
- No te preocupes.- se burló su compañero.- la situación empeorará en cuanto entremos en la atmósfera de Júpiter.
- ¿Desde cuando te burlas de las desgracias ajenas? Pensaba que ese era mi papel.
- ...
- Al menos... .- la nave empezó a temblar.- ...¿qué es eso?
- Hemos entrado.- advirtió.- ¡Sujétate donde puedas!
La nave comenzó a balancearse de un lado a otro mecida por la corriente atmosférica de Júpiter de modo similar a como un barco se mueve en el mar en plena tormenta. Los tripulantes iban arriba abajo tratando de mitigar la violencia del movimiento con escaso resultado. Arthur y Alex se agarraron de las cajas que estaban sujetas con cuerdas y cadenas a la pared y entre sí tratando de no caer. Además, el continuo balanceo estaba provocando que algunas cajas se soltaran y cayeran.
Finalmente, la nave salió de la tormenta y aterrizó en suelo jupiteriano.
- ¡Es el momento!.- advirtió Arthur.- Ponte la capa.
Alex cogió una de las capas grises con capucha que habían traído consigo. En cuanto se las pusieron cambiaron de textura y color adaptándose al entorno y haciendo que los dos jóvenes parecieran invisibles, al menos, en el caso de Arthur.
- ¿No has podio encontrar una capa más larga?.- preguntó el capitán.- Se te ven los pies.
- Desgraciadamente hay poca gente de mi estatura.- respondió apesadumbrado.- Trataré de ocultarlos moviéndome entre la carga y, si me ven, bueno... .- se encogió de hombros.- ... siempre podremos escapar mientras se recuperan de la impresión.
- Si no tenemos nada mejor.- tuvo que resignarse.
Y aprovechando el ajetreo que reinaba en la nave los dos amigos salieron de ella tratando de no tropezar con nadie. Al bajar se dieron cuenta de que Enrique no había exagerado en absoluto en sus advertencias. Lo que antes era una simple zona de transacción comercial se había convertido en todo un campamento militar.
Cierto que los habitantes de Júpiter siempre habían tenido fama de ser en extremo belicosos, de hecho, el palacio real de Júpiter se encontraba en el centro de la principal cuidad del lugar, rodeado de una muralla de gran altura a cuyas puertas se encontraba una ciudad aún mayor destinada principalmente al entrenamiento militar y a la seguridad del planeta rodeada también de un gran muro. Pero, lo que Alex y Arthur estaban presenciando, ya era demasiado.
Multitud de tiendas se levantaban por toda la explanada y, una gran cantidad de soldados iban y venían vigilando el lugar y realizando un control minucioso de las naves y tripulación que llegaban. La gente, que respondía a cualquier pregunta que se les hiciera con prontitud, parecía muy asustada y con razón. Mientras los dos fugitivos se escurrían entre las tiendas tratando de llegar a la seguridad de las montañas que separaban el lugar de la ciudad vieron como un hombre era arrastrado por dos soldados hacia un lugar oscuro. Al parecer había dejado que un polizón, un marciano sin autorización, pisara suelo jupiteriano. Lo último que se le oyó decir antes de que un disparo acallara su voz fue que tuvieran piedad de sus hombres.
Arthur, que lo había observado todo, apretó los puños impotente.
- Miserables.- masculló dando dos pasos al frente.
- Arthur.- lo sujetó su amigo del hombro.- no hagas ninguna locura, tenemos que averiguar que está pasando aquí.
- Pero... .- protestó mientras en su interior se debatía entre acudir en ayuda de la gente y cumplir con su misión como protector de la Luna.
Finalmente ganó su sentido del deber y, haciendo un gesto a Alex, retomaron su camino. En cuestión de minutos consiguieron llegar a la seguridad de las montañas, se quitaron las capas y se sentaron en el suelo para descansar.
- ¿Cómo es posible que no nos hayamos dado cuenta antes de lo que está pasando aquí?.- rompió Arthur el silencio.
- No creo que lleven mucho tiempo haciéndolo.- comentó Alex.- al menos, tan abiertamente.
- Es lo que yo pienso, mas bien parece que se estén preparando para el asalto final.- se echó hacia delante meditabundo.- ¿Pero qué asalto?... será mejor que nos demos prisa en encontrar a John.
- ¿Hacia donde?.- preguntó Alex mientras echaba un vistazo a su alrededor.
Al norte estaba el campamento del que acababan de huir, al sur, este y oeste solo se divisaba la enorme mole de montañas que los separaba de la ciudad, desiertas y áridas, sin un ápice de vegetación.
- Según la carta de John nos espera en las cuevas de Encore, llegaríamos antes siguiendo el camino principal que atraviesa las montañas pero seguramente que esté vigilado.
- ¿Entonces?
- Daremos un pequeño rodeo, solo nos retrasaremos un par de horas.
- De acuerdo.- asintió Alex.- Cogeré las cap... .- calló de repente adoptando una posición de pelea.
- ¿Ocurre algo?.- preguntó Arthur poniéndose él también en alerta.
- Las capas no están.
- ¡Imposible!.- exclamó el capitán sorprendido.- Hubiéramos visto a cualquiera que hubiera intentado acercarse.
- Lo sé.
Ambos guardaron silencio pendientes de cualquier cosa que pudiera darles una pista respecto a lo que había ocurrido o advertirles de algún ataque sorpresa. Tras un rato de tensión comenzaron a oír un murmullo que procedía de una enorme roca situada a unos metros de ellos.
Arthur tomó la espada que llevaba al cinto y se aproximó por un extremo mientras Alex lo imitaba acercándose por el otro. Se miraron a los ojos y, tras una señal de Arthur, Alex saltó hacia delante y llevó su espada hacia el cuello del intruso ( con la única intención de inmovilizarlo no matarlo ).
- ¡Ahhhhhhh!.- gritó el intruso asustado mientras se agachaba, levantaba la pierna y golpeaba la mano de Alex con fuerza haciendo que se le cayera la espada.
Al instante, Arthur acudió en su ayuda lanzando un hechizo que inmovilizó al intruso. Se acercó a él con expresión seria y le quitó la capa que llevaba puesta. Era una mujer de piel muy blanca, largo cabello violeta y ojos negros. Llevaba puesta una falda larga y un corpiño ajustado, ambos de un lúgubre color negro.
- ¿Quién eres?.- preguntó Arthur amenazándola con su espada mientras Alex recogía la suya y se acercaba a ellos.- ¿Nos has seguido?
- ¡Yo no he seguido a nadie!.- exclamó la joven ofendida al mismo tiempo que se apartaba de ellos y caminaba hacia las montañas.
- ¿No la habías inmovilizado?.- riñó Alex a su amigo.
- Lo hice.- lo miró serio.- Habrá que tener cuidado con ella.
- ¡Eh, tu!.- gritó el pelirrojo interponiéndose en su camino.- ¿A dónde crees que vas? Aún no has respondido a mi amigo.
- ¿Cómo que a donde voy?.- replicó la joven perpleja.- ¿No íbamos a ver al capitán John?
Arthur y Alex intercambiaron una mirada.
- Está bien.- continuó el jugador de cartas.-¿Quién eres?
- Creo que es evidente.- respondió molesta.- Yo, soy yo.
- No intentes jugar conmigo, cariño.- le dirigió una turbia mirada mientras empuñaba su espada.- Podría irte muy mal.
- ¿Es que acaso vas a matarme si lo hago?.- respondió a la amenaza con una amplia sonrisa.
- Si eres nuestra enemiga.- sonrió.- No lo dudes.
- ¡Exacto!.- exclamó triunfante.- Pero como no sabéis si lo soy o no, no me haréis nada.- y siguió su camino tan contenta.
- En eso tiene razón.- reflexionó el chico mientras se giraba hacia su capitán.- ¿Qué hacemos ahora?¿La torturamos para que confiese?
Arthur iba a responder cuando la joven se quedó inmóvil mirándolos con expresión aterrada. Salió corriendo hacia ellos y se arrodilló suplicante mientras los dos chicos la contemplaban con desconcierto y desconfianza.
- ¡No!.- exclamó atemorizada.- ¡Todo menos eso! Matadme, mutiladme, cortadme a pedacitos, ¡lo que queráis! Pero no... no... ¡no me torturéis!
- Me parece que está un poco loca.- susurró el pelirrojo.- Entonces.- se dirigió a la chica demandante.- habla.
- Voy de visita.- se levantó con alegría.- tengo que hablar con mi padre, con el capitán John.
- ¿El capitán es tu padre?.- inquirió Arthur sorprendido.
- ¿Qué?¿Quién?.- dijo desconcertada.- ¿Quién es el capitán?
- El hombre al que acabas de mencionar.- intervino Alex.
- ¡Ah! Ese, pues no, en realidad no lo conozco, solo voy a verlo porque es allí a donde vais vosotros.
- ¡Aja!.- exclamó el chico.- Entonces lo reconoces, nos has seguido, luego eres una enemiga.
- ¡Enemigos!.- se sobresaltó.- ¿Dónde?¿Cuándo?.- miró hacia ambos lados.- Yo no veo a nadie.
- Me refiero a ti.
- ¡Ah! Pues si quieres que seamos amigos por mí no hay problema.- le tendió la mano.- Me llamo Dania, ¿y tu?
Alex miró a Arthur en busca de ayuda. La chica lo imitó y contempló al rubio como si fuera la primera vez que lo veía.
- ¿Te conozco?.- se acercó al capitán.- Tu cara me resulta familiar.
- No estoy seguro.- respondió con precaución.- ¿debería?
- Etlio... no, es más bajito... tal vez este otro, cómo se llamaba... mmmm.... Áyax, el de la rebelión, es rubio, pero no, tu tienes pinta de ser un buen chico, claro que también la tenía Zeus y fíjate toda la que ha organizado... ¿podrías ser Helios?... no, espera, creo que murió... entonces, tal vez... .- murmuraba mientras Alex se acercaba a Arthur y le susurraba algo al oído sin apartar la vista de la chica.- me parece, me parece... ¡ya lo tengo! ¡eres el ex de la princesa Serena! ¿a qué sí?.- inquirió emocionada.
- ¿Qué dices de la princesa?
- ¿Princesa? Yo no he dicho nada de ninguna princesa.
- ¿Cómo que no? Acabas de decir la princesa Serena.- frunció el ceño Alex.- Te hemos oído.
- Oísteis mal.- los riñó con dedo acusador.- No pude decir princesa Serena porque no conozco a ninguna princesa... bueno.- rectificó.- a no ser que estéis hablando de la princesa de la Luna.
- Son la misma persona.- contestó el pelirrojo de mala forma, empezaba a hartarse de la situación.
- ¡Claro que no!.- protestó.- La princesa de la Luna se llama Sara, todo el mundo lo sabe.
- No existe ninguna princesa Sara.- la corrigió molesto.
- ¿A no? Supongo que me equivoque de dimensión.- dijo dudosa.- Da igual, ¡vayamos a Encore!.- exclamó feliz mientras comenzaba a caminar hacia las montañas.
- No me gusta.- se volvió Alex hacia su amigo.- Será mejor que nos deshagamos de ella.
- No nos ha hecho nada.- respondió Arthur pensativo.
- Aún no nos ha hecho nada.- lo corrigió.
- Solo es una loca.- insistió.- Y los locos no son peligrosos.
- También podría ser que lo estuviera fingiendo.- acusó.- o sino como explicas que sepa a donde vamos, que deshiciera tu hechizo o que conozca tu compromiso con la princesa Serena.
- Pudo habernos oído.- se giró en dirección hacia las montañas.
- Eso no explica lo de tu hechizo.
- ¿Y?.- lo miró de reojo.- No pretenderás que acabemos con ella sin tener pruebas que la acusen con firmeza.
- ¡Exacto! Por eso tenemos que sonsacárselo.
- No.- negó tajante.- No hay ninguna diferencia entre el asesinato y la tortura.
- ¡Venga ya, Arthur!.- exclamó intentando convencer a su amigo de lo qué era mejor según su punto de vista.- Ni que fuésemos a ser los primeros en deshacernos de un estorbo.
- La llevaremos con nosotros y la mantendremos vigilada.- ignoró el último comentario aunque sin dejar de dirigirle una mirada de reproche a su compañero.- Y será mejor que recuerdes que nosotros somos los buenos.- replicó por último mientras se apresuraba a alcanzar a la extraña chica.
- En ocasiones como esta.- murmuró ceñudo.- Me gustaría olvidarlo.
Continuará...
