Uno podría pensar que no se podría llegar a vivir sin alguna parte de tu cuerpo. Las manos son necesarias para conocer el mundo a través del tacto, alimentarte, protegerte. Los pies te pueden llevar a donde sea, los ojos son la ventana hacía el mundo, cada una de las partes del cuerpo podrían pensarse necesarias, o al menos eso pensaba cuando era pequeña. Pero conforme fue creciendo supo que eso no era verdad, había visto una mujer con una sola mano, y sobrevivía bien, un hombre con un solo pie y caminaba por los campos ayudado de un bastón, una mujer ciega hacer su trabajo tan bien como si tuviera su vista, y después de lo que acababa de pasar había descubierto que se podía vivir sin la mitad de tu corazón.
Desde la partida de Sesshomaru, una parte de ella se bloqueo, por inercia bloqueo el lazo que le conectaba con él, y esa parte de ella quedó atrapada en ese limbo entre los dos. Durmió por dos días seguidos y solo se levantó para poder comer. Se dejó llevar por la tristeza y el abandono, y de no haber sido por una de las mujeres que vivían en la aldea seguiría en esa cama.
Al tercer día, la puerta de su choza se abrió, dejando entrar la luz del sol. Una mujer, o mejor dicho, demonio, pelirroja entró en la habitación, dejó entrar la luz y dejó una canasta en el piso.
-Bien, me han dicho que eres una miko – dijo la mujer esperando a que Kagome se levantara. – Será mejor que te levantes, traje algo de desayunar, hay una mujer que parece enferma, necesita ver a alguien, pero la partera salió a atender un parto a un día de caballo, así que miko-sama, es tu turno.
Alguien enfermo, eso podía hacerlo, podría ser útil y alejar su mente de malos pensamientos.
Se levantó, se llevó las manos al cabello solo para descubrir una maraña de cabello enredado. Lo jaló hacía atrás y lo ató con la misma cinta en un moño alto, lo desenredaría después. Se lavó la cara y se enjuago los pies y las axilas con un trapo limpio y un poco de agua. Finalmente se cambió el kimono por uno mas limpio, mas presentable.
-Así esta mejor – dijo la mujer satisfecha – Todavía estas un poco pálida, pero eso se arregla con unas cuantas comidas, vamos.
Kagome se sentó en la silla de madera y comenzó a comer lo que parecía carne de cierto animal, aunque no reconoció que era.
-Ese cachorro tuyo es mitad inu – dijo la mujer, desconociendo, o mejor dicho ignorando el dolor que causó el solo escucharlo –Los inus y los lobos tenemos requerimientos parecidos, si no me equivoco tendrás que consumir mucha carne si quieres que ese cachorro tuyo crezca sano y fuerte.
Kagome no podía imaginarse comiendo carne todos los días, se llevó una sorpresa al probar el primer bocado y descubrir que le era apetitoso.
-Soy Ayame- dijo la mujer sonriendo – Ya sé, te preguntarás que hago aquí, en un refugio para madres y sus pequeños hanyous, bueno miko-sama , no solo las mujeres humanas pueden tener hanyous.
Kagome le vio sorprendida. Esa mujer había tenido un romance con un humano, y se había embarazado de un hanyou. Siempre había pensado que eran las mujeres humanas quienes se liaban con demonios, hombres. Pero al parecer también podía ser a la inversa.
-No te contaré mi historia, aún no, solo te puedo decir, que el pequeño Hotaru esta por ahí, brincando, y matando insectos – dijo Ayame sonriendo – Así que, arriba, comerás después, la mujer te necesita.
Kagome tomó un último sorbo de agua y salió de la cabaña. La luz del sol brillaba en el valle, había niños jugando y corriendo por todos lados, las mujeres parecían entradas en su trabajo, algunas en los campos de cultivo, en los jardines, en el arroyo. Parecía una sociedad muy pacifica, un lugar donde podría llegar a sanar.
-La mujer se llama Kaname – dijo Ayame – Creo que tiene fiebre, pero no sabría decirlo.
Kagome asintió y se dejo llevar por Ayame hasta llegar a una choza idéntica a la suya. Enb el interior, una mujer estaba tendida en el futón, estaba sudando y parecía un poco adolorida.
Kagome se acerco, y después de verla su mente comenzó a trabajar y dejó de lado por unos instantes su sufrimiento.
-¿Esta embarazada? – preguntó Kagome a Ayame.
-No, pero esta amamantando – dijo Ayame.
-Hola – dijo Kagome gentil al acercarse – Me llamo Kagome, y soy…solía ser una miko, dime donde te duele.
-Aquí – dijo la mujer señalando su estómago.
-¿Comiste algo que parecía no estar bien? – preguntó Kagome mientras palpaba el estómago de la mujer.
-Pan – dijo la mujer – Parecía bueno, pero cuando lo probé no sabía muy bien.
La mujer no estaba tan mal como había pensado, al parecer solo había comido algo en mal estado. Le tocó la frente y a pesar de estar un poco caliente, aún no tenía fiebre. Eso era bueno.
-Necesito unas hierbas – dijo Kagome -¿Tienen hierbas medicinales?
-Por supuesto – dijo Ayame – Te llevo.
Caminaron unos cuantos pasos cuando entraron a una choza un poco mas grande que las demás. En su interior, yacía la cantidad mas grande de hierbas medicinales que Kagome hubiera visto. Volteo a ver a Ayame quien pareció captar su sorpresa.
-Necesitamos estar preparados, ¿sabes la cantidad de niños que se enferman al año? – dijo Ayame – Fuyu-sama a veces no se da abasto.
Fuyu debería de ser la miko de la aldea, o matrona, o lo que fuera que tuvieran. Parecía tener experiencia, había algunas hierbas que solo se encontraban en ciertas partes del valle, y no todos conocían su utilidad.
-Prepararé algo, por favor, encárgate que tome bastante agua – dijo Kagome mientras comenzaba con la preparación de la mezcla.
-De acuerdo.
Resultó fácil hacer algo de prisa con la cantidad de hierbas que tenían almacenadas. En cierta manera le recordaba a su hogar. Su madre se enorgullecía de la cantidad de flores y hierbas medicinales que tenían, se moriría de la envidia si la viera en esos momentos.
Pensar en su madre le hizo sentir nostalgia.
¿Conocerían alguna vez a su nieto?
Había dejado su hogar para formar otro, y aquí estaba, en medio de la nada, como sacerdotisa, de nuevo, embarazada y abandonada.
De alguna manera las cosas se habían torcido un poco.
Le dieron la mezcla a la mujer, y esta se quedó dormida después de unos minutos.
Ayame salió de la cabaña y Kagome le siguió.
-Bien, voy a buscar a los niños…
-Tu debes ser la miko – dijo una anciana que venía caminando a toda prisa – Ayame, ve a buscar a Hotaru, si no me equivoco esta en un árbol, de nuevo.
Ayame se golpeo la frente con la mano. Kagome le vio con curiosidad.
-No sabe bajar de los árboles, sube y después no puede bajar, a veces me pregunto si es hijo mío o de un gato – dijo Ayame mientras avanzaba en busca de su pequeño.
-¿Qué edad tiene su hijo?
-Tres – dijo la anciana mientras camina hacía la gran cabaña – No me mires así, los niños medio demonios son mas resistentes que los humanos, con mas energía y mas latosos, ya lo verás, cuando tengas al tuyo no le verás ni el polvo.
La anciana se sentó en una silla, cansada, y señaló una olla con algo en su interior.
-Es agua, sírveme un vaso – dijo suspirando – Yo soy Fuyu, sacerdotisa, matrona y todo lo demás, tu debes ser Kagome.
-Si – dijo Kagome llevándole el agua – Era una miko.
-¿Eras? - preguntó Fuyu tomando un sorbo de agua – Una nunca deja de ser miko, niña, ¿crees que se puede renunciar así como así?
-Pero el bebe…
-El bebe nacerá y tus poderes regresarán – dijo la mujer bebiendo mas agua – Es bueno que hayas llegado en esta época, siempre tenemos brotes de fiebres, heridas que coser…uno que otro resfriado, y ya sabes, uno se enferma y se enferman todos, si señor, de camino escuché estornudar a uno de los niños de Ayame, tendremos que preparar las hierbas.
Kagome escuchaba con atención a la mujer. Parecía dar por sentado que ella se quedaría, que criaría a su hijo ahí, como todas ellas. Era todo muy reciente, su mente apenas podía lidiar con el dolor lacerante, no estaba lista para una decisión, así que en ese momento lo dejó pasar, quería dormir.
-Regresa a tu cabaña – dijo Fuyu – Te estas cayendo de sueño.
Kagome asintió, se puso de pie y regreso a su cabaña. El sueño borró todo pensamiento, y dio a paso a un mundo en donde aún estaban juntos, donde no habían perdido su casa y ambos esperaban a su bebe con esperanza.
Físicamente dolía. Era como si su cuerpo estuviera aletargado, envuelto en una bruma que le pesaba, cada uno de sus movimientos eran lentos, y si bien sabía que se debía a la falta de su pareja nunca pensó que pudiera resultar de esta manera. Constantemente revisaba el lazo, pero no había nada, así como el había puesto un muro Kagome había hecho lo mismo, y ahora no podía sentir como estaba ella, o el bebe.
No lo negaba, cada día era un reto. Nunca necesito tanto de su fuerza de voluntad como en ese momento. A pesar que sabía que estaba haciendo lo correcto, estaba luchando contra sus instintos, había días en los que se encontraba caminando de vuelta al santuario y tenía que corregir el rumbo.
Otros días creía sentirla sufrir al otro lado de lazo, su dolor venía en olas tan grandes que creía que moriría en ese instante. Y así como aparecía, la sensación desaparecía, como si nunca hubiera pasado y lo dejaba en un frenesí de sensaciones y emociones.
No cedería, su objetivo estaba claro en su mente. Tenía que recuperar el territorio, vengarse del viejo aliado de su padre, si no lo hacía ¿Qué tenía para ofrecerle a su hijo? Nada, era un príncipe sin reino, un heredero sin tierra, y no permitiría que su hijo viviera lejos de su tierra, de su actual herencia.
Logró llegar a las tierras del norte, hasta donde sabía aún eran aliados de su padre, o de él, en este caso.
Lo recibieron sabiendo de su situación, lo cual era una buena señal, Akiyama siempre había sido un fiel partidario de la alianza entre humanos y demonios, lo cual haría más fácil su trabajo.
Le guiaron a través de los lujosos salones hasta llegar a la sala de trono.
Akiyama apareció, ataviado en una hakama de seda, su cabello azul celeste brillaba en comparación del suyo que parecía haber tenido mejores días.
Al verlo el demonio le extendió los brazos y se acerco amistoso. Le dio dos o tres palmadas en la espalda.
-Sesshomaru, vaya que has crecido, la última vez que te vi tenías unos 200 años, apenas un adolescente – dijo el demonio sonriendo – Aunque supongo que ahora ya no podre tratarte como un cachorro, no al Líder del Oeste.
Sesshomaru sintió la punzada de dolor al reconocer su herencia sin tierra.
-Lamento la razón de tu visita – dijo el demonio – Tu padre peleo hasta el final, y aseguró su clan contigo y tu adorable pareja, por cierto ¿Dónde esta?
-No quiero involucrarla – dijo Sesshiomaru – Esta en un santuario.
El demonio levantó una ceja, parecía tener su propia opinión al respecto, sin duda se la haría saber tarde o temprano. Sin embargo en esa ocasión omitió comentarle algo al respecto y cambio de tema.
-Lo primero es lo primero, ordene que te prepararan una habitación, y un vestuario, las doncellas te indicarán tu habitación, nos reuniremos mas tarde, tenemos muchas cosas que charlar – dijo el hombre.
-Gracias – dijo Sesshomaru.
Mas tarde y con un atuendo en mejores condiciones se reunió con Akiyama en los jardines del palacio. A diferencia del oeste, el norte manejaba un clima cálido con un paisaje selvático, estaban mas cerca del nivel del mar y Akiyama parecía disfrutar de ese clima.
-Bienvenido muchacho – dijo el demonio señalando una silla enfrente de él – He ordenado que nos traigan la cena.
Sesshomaru tomo asiento. Prefirió no decir nada de su falta de apetito, sabía que necesitaría de toda su cordialidad y habilidad para lograr que Akiyama le auxiliara.
-Supongo que vienes a proponer una alianza para vencer al viejo Ryo – dijo el demonio. En un tono que casi podía tomarse como cariño. – En los viejos tiempos éramos Toga, Ryo y yo, no había nadie que pudiera enfrentarnos, conozco al viejo Ryo tanto como el conocía a tu padre, aún así estoy sorprendido que le haya ganado, tu padre era el mejor estratega de los tres.
-Alguien nos traiciono – dijo Sesshomaru, sabiendo que el que hubieran encontrado el palacio de las montañas no era coincidencia.
-Ah – dijo el viejo demonio – La vieja estrategia de la traición, útil, si, pero se puede revertir en cualquier momento.
Sesshomaru guardó silencio. Si llegaba a descubrir quien había traicionado a su padre el mismo se encargaría de matarle de la forma mas dolorosa posible.
-Estas en una situación difícil – dijo el anciano – Por fortuna para ti, tu padre mantenía correspondencia conmigo, y preveía esta alianza desde hace unos meses, nunca me imagine que la tendría que formalizar contigo.
Su padre le había facilitado el camino. Akiyama era un demonio afable, de buen carácter, sin embargo hacer una alianza con él rozaba a lo imposible, sus alianzas eran viejas y duraderas, hacer una nueva era casi imposible, su ejercito podía rivalizar con el que solía tener su padre, así que el viejo demonio cuidaba mucho sus relaciones y sus posibles alianzas. En cierto modo la alianza se la debía a su padre.
-Pero bien muchacho, no nos ahoguemos en un vaso de agua, ¿sabes cuantas veces tuve que recuperar mi tierra? – preguntó Akiyama sonriendo – Y cada vez que retomó el poder lo hago con mas fuerza, igual va a pasarte a ti, y tu padre pasó por lo mismo infinidad de veces, así que estas en el lugar indicado.
Se sentía como un cachorro. Akiyama le hablaba como si fuera un cachorro, aunque a decir verdad sus 700 años no competían en nada con más de los 1800 años de Akiyama, no podía negar que el demonio lo vería como un cachorro, en cambio él luchaba con sus instintos de declarar que no era un cachorro, que ciertamente sabía lo que hacía, y que no le preocupaba la posibilidad de falló, por que no la había, lo que le preocupaba era no estar para ver nacer a su heredero, y era dolorosamente consciente que mientras mas tiempo tardara en regresar por Kagome, más tiempo tardaría en reconciliarse con ella.
-Mañana haremos una inspección a mis provincias, vendrás conmigo – dijo Akiyama – Veremos el estado de mis tropas, y de ahí partiremos, hay un par de personas que quiero que trabajen con nosotros.
Inspecciones a las provincias, parecía que su vida estaría llena de viajes, no es que le molestara, antes de tomar como esposa a Kagome viajaba seguido, realizaba las patrullas de las tierras de su padre. El problema es que su mente no estaba en ello, tenía una estrategia que seguir, un aliado que ganar, tenía que recuperar sus tierras, pero su mente estaba en el santuario, en Kagome y en su hijo.
Volteo a ver hacía el cielo, en teoría estaban bajo el mismo cielo, pero no era suficiente, y no lo sería hasta que estuviera a su lado.
….
La noche era inesperadamente cálida. Se había acostumbrado al frío clima del castillo de los Taisho, las sábanas las encontró molestas, la almohada no era suficientemente blanda, tenía hambre pero la comida que ofrecía el santuario no era de su elección. Lo que sospechaba es que lo que no estaba en ese lugar era su corazón.
Su corazón, roto como estaba, ansiaba por el contacto de quien la había abandonado, seguramente a su lado la cabaña parecería mas acogedora, o perdería importancia si las sábanas eran o no suficientes, si la almohada era blanda o no, todo perdería sentido si el estaba con ella.
Pero tenía que hacerse a la idea que no era así.
"Volveré" había dicho él. Pero una guerra por un territorio podría durar años, lo había visto. Años en los que el no vería crecer a su hijo, años en los que ella estaría ahí, vagando entre la realidad y el santuario.
No, no podría mantenerse en ese estado de inercia. No era su naturaleza, su espíritu ansiaba por moverse, avanzar, no quedarse estático, solo que su corazón aún no estaba listo, quizás esta vez tendría que obligarse a hacerlo.
Miro hacía el cielo, sabía que el estaba en algún lado, bajo el mismo cielo, y a pesar de todo deseo que estuviera bien, porque el amor que le tenía no desaparecería de la noche a la mañana, y sospechaba que nunca se desvanecería.
