Aclaración: Los personajes de Sailor Moon utilizados en este fic son de propiedad de Naoko Takeuchi y yo sólo los utilizo a modo de diversión y sin fines de lucro.


"Castillo de Naipes"

Historia basada en Sailor Moon

Por

Mihll


Capítulo 20


La persona más buena del mundo había caído en las tinieblas en su lugar y no se lo perdonaba. Sin lugar a dudas, pensaba que el momento que vivía, era el instante perfecto para tener una máquina del tiempo que la transportara al pasado con el fin de cambiar el curso de la triste historia que la humanidad estaba viviendo. Pero esa máquina no existía, y el único método disponible sólo podía ser utilizado por Setsuna.

"Qué terrible destino padeció Athos en el pasado" Pensó en algún momento, sintiendo lástima por él en vez de rencor por lo que le hizo a Darien y a los demás. Pero así era Serena Tsukino; una persona que a pesar de sus errores no podía albergar malos sentimientos en su corazón. "Ojalá pudiera convencerle de que aún ahora hay esperanzas…pero…"

De pronto había detenido su andar tras divisar a alguien a muy corta distancia. Si sus ojos no la engañaban, se trataba de mismísima Setsuna, o más bien, la proyección de ésta. Supuso que existía una fuerte razón para que ella utilizara aquél recurso, y quiso saber.

Se acercó sin dudar.

A pesar de que pudieras estar pensando, tengo muy poco tiempo —dijo la figura casi fantasmal de una de sus amigas —.Debes saber algo importante, algo que aún en el sueño eterno me mantenía intranquila. Debo pedirte perdón…

¿Perdón por qué? —No estaba entendiendo. Cuando la vio había esperado un consejo o una advertencia, no esto. — ¿De qué hablas?

No supe protegerte, ni supe proteger la tierra que tanto amamos. Pero su sombra apareció poderosa y en poco tiempo confundió nuestras mentes, logrando que nuestras vidas comenzaran a llenarse de sombras, y como marionetas comenzamos a cumplir las órdenes que nos daba…

Aún no entiendo. —Serena dijo interrumpiendo.

Hablo de Athos.

¿Ya lo conocías? —Serena preguntó. La proyección de Setsuna asintió con la cabeza — .Entonces dime.

Él me hizo hacer cosas en contra de mi voluntad, de la misma forma como lo hizo con Luna, Artemis, y Hotaru…

¿Ellos? —Su voz se oyó impactada.

Así es…teníamos la misión de impedir que tú y Darien se distanciaran; él los necesitaba juntos, necesitaba de sus poderes que alimentarían su cuerpo en formación dentro de tu vientre…

¡Ja! Esa es una historia que ya conozco —dijo un poco hastiada —.Pero continúa.

No hay más que decir; cumplimos con nuestra misión y nos puso a dormir. Aunque puedo decir que ni todo el poder que tenía pudo impedir que me proyectara a través del tiempo para poder estar hablando contigo, porque mi imperiosa necesidad de solicitar tu perdón es más fuerte.

No hay qué perdonar, pues no eres culpable de nada.

Soy culpable.

No insistas, Setsuna.

Lo siento.

Una traicionera lágrima escapó de los ojos de Serena.

¿Sabes? Al precio que sea voy a convencerlo de revertir esta situación…Quiero a Darien de vuelta. Ojalá hubiese tenido tiempo para decirle que mi traición no tuvo frutos, sé que eso le habría alegrado.

Él supo la verdad a través de mis labios.

¿Qué?

Fue lo último que alcancé a decir. Él debía saberlo.

¿Entonces por qué no me lo dijo? —Serena se sentía algo dolida y lo manifestó en su tono de voz.

Habrá tenido sus razones. —se acercó a Serena lo más que pudo—.Mantén siempre firme la esperanza. No desistas por nada del mundo porque muchos dependen de ti, princesa.

Darien sí me perdonó—dijo en voz baja, mientras sus ojos mostraban un brillo de alegría—, por eso sé que soy capaz de cualquier cosa.

Confío en ti, Serena Tsukino…

La voz se perdió en el aire mientras la imagen se desvanecía por completo. Serena se encontró sola una vez más, pero llena de energías.

Evidentemente, había llegado el tiempo de las revelaciones. Ahora podía entender la terquedad de su peluda amiga, su insistencia en ocultarle el gran secreto de su embarazo a su padre, ya que Luna sabía que si él llegaba a enterarse, no habría dudado en separarla de Darien y el desastre se habría desatado.

Luna, Artemis, Setsuna y Hotaru…—Serena dio un profundo suspiro—ahora entiendo porqué a veces se comportaban de una forma extraña…

Si bien Athos le había advertido, se resistía a creer que Cristal de Plata era un artefacto inútil al que no debía aferrarse. Por el contrario, más que nunca confiaba en su poder.

Miró un instante su joya; luego se transformó.

o0o0o

Mitchiru creía que se habían equivocado rotundamente al apartar a Serena de sus planes. Pero su labor principal era protegerla a toda costa.

¿Lista?

En su fuero interno esperaba una respuesta negativa para poder tener una excusa con que retrasar algo que se veía inevitable; una de las dos iba a morir, y si podía contar con un poco más de tiempo, aunque fueran escasos minutos, aprovecharía para estar con ella, Haruka. Pero la respuesta fue contraria a lo que esperaba.

Sabes que siempre lo estoy.

Lamentablemente sí —como pudo, repelió sus ganas de echar fuera un suspiro y fijó su vista al frente —.Por la señorita Tsukino.

Frente a ellas estaba la imagen viva del mal, con rostro ausente, frío, pero irremediablemente infantil.

¿Hijo de Serena?...No. No podía ser. Ahora que le veían con algo de detenimiento no encontraban ninguna relación de parentesco en el aspecto físico, entonces no podían comprender la situación y Serena no había sido del todo clara. Pero intuían la verdad, en cierta forma.

No dejes que su cara de ángel te distraiga. —Harukadijo, como última advertencia.

Un segundo después, Mitchiru arremetía contra el poder de Athos.

o0o0o

Avanzó a paso veloz, pero al llegar al punto de encuentro se arrepintió profundamente de no haber corrido, porque de eso dependía la vida de una de sus amigas cuyo cuello se encontraba fuertemente aprisionado por la poderosa mano de Athos. Haruka no se veía por ninguna parte.

Ciertamente algo grande había sucedido allí y ella llegaba tarde. Y si darse cuenta de su negligencia dolía, dolía más aún ver los ojos de la mujer que la miró de reojo gracias a que rescataba, quizás, los últimos vestigios de fuerzas de su interior. Sí, Michiru la miraba suplicando algo con sus ojos acuosos y enrojecidos y ella, Serena, no adivinaba sus deseos.

¡Debiste quedarte inmersa en el sueño!—Athos rugió sin lograr intimidar a la rubia que se erguía tiesa en rabia e impotencia. Nunca había sido su intensión lastimarla, pero ella era tan terca, tan irremediable estúpida a su entender, que quizás no le quedaba otra salida — ¡Vete! —Si no se marchaba, iba a actuar.

¿De qué me sirve seguir viviendo si no están los que amo?

Athos concluyó que no se iría y, fastidiado, arrojó lejos el maltrecho cuerpo de Mitchiru.

De verdad no quiero hacerlo, pero me estás obligando.

Si de matarme hablas, hazlo; mátame y acaba de una vez con el tormento de saber que tengo un hijo con el alma maligna.

¡No soy tu hijo!

Lo eres. Te traje al mundo cobijándote en mi vientre, y el que a pesar de todas las cosas yo te quiera, me da el derecho de llamarme tu madre.

Serena Tsukino…siempre pensando en cosas tan ridículas como la amistad, el amor y todas esas tonterías de los débiles.

Débil es aquél carente de sentimientos y gente que lo quiera, porque cuando todo su pequeño imperio solitario se derrumba, nadie, absolutamente nadie llega a socorrerlo para ser la mano amiga que le dé fuerzas para levantarse —Vio duda en la mirada del muchacho —¿Qué será de ti cuando hayas acabado con todas las personas de éste mundo? ¿Podrás contigo mismo sabiendo que tú única compañía es la amargura?

No necesito a nadie. —Athos quiso defenderse, pero su voz no tenía la fuerza de convencimiento, y Serena se dio cuenta que comenzaba a doblegar a su rival.

Lo dices porque aún no comprendes lo que es estar solo, muy a pesar de que te pasaste siglos en ese estado —Dio un paso adelante—.Sabes que no entiendes lo que es estar realmente solo, porque todo ese tiempo mantuviste firme la esperanza, que fue tu compañía, la razón de seguir adelante hasta completar tu sueño de volver.

¡Pero ese sueño no fue sueño sino pesadilla! ¡¿Acaso no lo entiendes? —Athos respondió encolerizado.

Vivo en este mundo y a pesar de todo jamás he pensado que es una pesadilla —Otro paso más—.Si tan solo quisieras darme una oportunidad…

Athos sabía que estaba perdiendo la batalla con aquella parte en él que quería escuchar a Serena; se esforzaba en parecer tan tranquilo como cuando estaba seguro de lo que tenía que hacer.

¿Qué podía hacer para que se callara?...Matarla no era una opción porque no quería, ni podía.

Voy a decirlo por última vez: no te necesito. Y no avances un paso más.

No eres capaz de hacerme daño. Lo veo en tus ojos…—tenía que insistir, aprovechar la preciosa instancia de verle perturbado.

Quizás tengas razón—Athos respondió, e hizo una señal en dirección a Mitchiru—. Ella no es tú, y no sabes las ideas que me provocas a cada paso que das.

El siguiente paso de Serena no se concretó.

Solos tú y yo, ¿acaso no es posible?

¡No te atrevas!

La voz de Haruka se oía quebrada. Serena la miró impactándose de las condiciones en que se mantenía en pie; pero ni siquiera la horrible paliza que su cuerpo soportó iba a detener su espíritu de guerrera.

Debiste aprovechar la oportunidad para huir—Athos asestó viéndola fríamente.

Ya sabes que no soy cobarde.

Lo eres. Lo demuestras al temer de una lucha entre ella y yo, a solas.

A pesar de todo, Haruka aún podía sonreír.

Te hablaba a ti, cabeza de Bombón —aclaró dirigiéndole una mirada—¿Verdad que me harás caso y te marcharás ahora mismo?

Serena negó con la cabeza.

Es irremediablemente testaruda.

Y tú irremediablemente confiado—Michiru dijo al oído de él, mientras le sostenía por detrás en un intento de inmovilizarlo—. Distracción. Tenías que pensar que me tenías acabada.

Pero Athos ni siquiera se movía, y Serena notaba que algo no andaba bien al advertir mucha confianza en él. Iba a abrir la boca, pero una ráfaga de energía la lanzó lejos, aturdiéndola.

¿Y eso? ¿Acaso es para salvarla? —él preguntó.

La única respuesta un ataque que, despiadada y desafortunadamente, dio contra Mitchiru. Haruka no lo creía, pero Athos se había desvanecido ante sus ojos dejando a su compañera expuesta al máximo de su poder.

Eres idiota—Serena decía, incorporándose. Un hilillo de sangre brotaba desde la comisura de sus labios.

¿Dónde se fue? —la inmóvilHaruka simplemente preguntó, incrédula, furiosa, dolida por tumbar a Mitchiru.

¿Dónde estás tú? —La voz de él resonaba en su oído, como si el susurro brotara desde el interior mismo de su cabeza—, o más bien, ¿dónde crees que estás?

Dónde…

Estás pisando la línea que te separa del tormento eterno—Athos respondió—. Sí, ahí exactamente estás…

No lo escuches—la voz de Serena expresaba desesperación.

No quiero, pero no puedo evitarlo…—seguía sin poder moverse, y no sabía por qué si nada parecía retenerla.

Athos dio un paso adelante y la enfrentó. Su sonrisa demostraba la confianza que adquirida gracias a su error.

Elige, Serena Tsukino…—la miró de reojo—ella o la que está tirada a mis espaldas.

Serena estabilizó su equilibrio mientras se limpiaba la sangre de su cara.

Las quiero a ambas, ellas a cambio de mi vida.

Athos se enfureció, empujando a Haruka se plantó delante de Serena.

Sólo dos, Serena Tsukino—aclaró duramente—. Mi bondad no alcanza para más que dos. Tú eliges…

No puedo elegir…

Pues ambas morirán, pero tú vivirás con el cargo de conciencia.

Sálvala a ella…salva a Haruka…—la agonizante Mitchiru balbuceó.

Y Serena viró la vista hacia la mencionada; luego miró a Mitchiru. Viendo los ojos de Athos supo que debía elegir, no con la cual tenía mayor afinidad, sino con quien podría tener esperanza de planear algo y volver a intentar. Haruka resultaba ser más fuerte.

Bajó la mirada y susurró.

Haruka...es a ella a quien elijo.

Mitchiru sonrió, esperando su final…


Fin Capítulo 20


Notas de Autor:

Me ha costado mucho retomar mis historias, pero es mejor avanza lento que estar estancada. Sólo me quedan dos capítulos de similar extensión. Espero nos volvamos a leer pronto.

¡Gracias por leer!