Aquí presento un nuevo tributo a Rhadamanthys puesto que se acerca el día de su cumpleaños. Sé que es el 30 de Octubre, pero me apetece adelantarme a la fecha ya que no sé qué disponibilidad tendré cuando sea el día :). Y aunque el capítulo sería para el inglés, él siempre me surge acompañado de Kanon, así que el tributo quizás deba ser para los dos ^^.
Puede que encontréis alguna parte "hot" que ni sé ni ya me importa calificar de ninguna manera. La advertencia queda hecha. Aún así espero que os guste :).
¡Saludos a todos y gracias por leer!
#RHADAMANTHYS y KANON#
Unos días después del segundo juicio, en "The Wyvern's Cave"...
- ¿Qué es todo ésto, Wyvern?
- Catálogos de coches. ¿Es que no lo ves?
Kanon apoyó medio trasero sobre uno de los taburetes mientras tomaba uno de los varios catálogos que Rhadamanthys había dejado sobre la barra. Era el primer día que el inglés se había decidido en comenzar a poner orden en el pub para proceder con su re-apertura el siguiente fin de semana. Unos botes de pintura esperaban la llegada del gemelo para que sus manos ayudaran a darle un buen lavado de cara, pero el inglés no había resistido la necesidad - combinada con una buena dosis de tentación - de acudir a algunos concesionarios y pedir información sobre sus productos.
- ¿Que no teníamos que pintar? Ahora no me apetece mirarme coches...- El catálogo regresó sobre la barra sin apenas ser ojeado. La voz de Kanon había sonado muy desalentadora, y la desidia que se leía en su mirada se percibía más forzada que natural.
El Wyvern acabó de tapar la mesa de billar con una gran sábana y se acercó a Kanon con la sana intención de animarle un poco.
- Yo he estado ojeando algunos...- Rhadamanthys tomó un catálogo en concreto, donde había la información de un coche que le había enamorado con sólo posar su vista sobre él.- Mírate éste: el Toyota Rav4...es magnífico.
- ¡Igual que su precio! ¡¿No te jode?! Seguro que te has ido a fijar en el más caro.
- Bueno, no sé si es el más caro...Es el que más me ha gustado a primera vista.- Dijo, leyendo la gran lista de características que gozaba ese carro de cuatro ruedas.- Tiene cinco puertas, una capacidad de maletero brutal...y fíjate en todas las prestaciones que le vienen de serie...
Realmente a Kanon se le iba la vista hacia allí, pero también era cierto que sus cuentas corrientes vivían casi al día, y hacer frente a una suma que presumiblemente superaría los 25.000 euros, ni en cuotas mensuales a diez años se veía capaz de hacerlo.
- ¡Que sí, Rada! ¡Que es un coche de puta madre! Pero no puedo costearlo...- Kanon se alejó de todas esas tentaciones automovilísticas muy lejanas a sus posibilidades económicas, y se dirigió hacia la parte trasera de la barra para conseguirse una Coca-cola en botella, la cuál le producía un placer indescriptible beberla directamente desde la boca del cristal.- ¿Quieres una, Wyvern? Para tomar fuerzas antes de ponernos con la pintura...
Rhadamanthys se lo pensó unos segundos y al fin aceptó la propuesta. Todavía era pronto para dar cuenta de cualquier brebaje alcohólico, y un poco de estímulo a base de cafeína gaseosa no les iba a venir mal. Kanon arrancó las chapas de ambas botellas con el abrebotellas anclado en la barra más próximo a él, y al mismo tiempo que su labios acariciaban la suya tendió la otra al Wyvern, que por inercia imitó su acción.
- Pues no sé...mírate otras marcas o modelos...- Insistió el inglés, tomando otro de los catálogos.
- Lo que tengo que hacer es ir algún día al lugar ese que vende coches de segunda mano, o si mucho me apuras tantear un kilómetro cero...
Un cigarrillo no demoró en acudir a los labios del abogado, que lo prendió con su maestría cultivada a lo largo de demasiados años siendo adepto al vicio, y al soltar la primera bocanada de humo y apoyarse con ambas manos sobre la barra, ojeando de refilón las imágenes que se iba mirando Rhadamanthys, fue éste el que robó el pitillo de entre los dedos de Kanon para aspirar una larga calada. Kanon no dijo nada, pero comenzó a cabrearse cuando descubrió que el inglés se olvidaba de devolverle el cigarro, el cual había quedado asentado entre sus labios.
- No, Kanon. Ya basta de conformarte siempre con las sobras de otros...- Masculló el Wyvern con los labios semi-sellados.
- ¡Joder, Rada! ¡Estoy más pelado que una rata! ¡Vivo al día! - El pitillo fue recuperado con prisas, dejando al Wyvern sorprendido ante la naciente brusquedad que estaba macerando el gemelo.- Y si quieres uno de éstos, aquí tienes el paquete.- Concluyó, deslizando el cajetín por encima de la barra.
- Hey...no sufras por ésto...Yo te ayudo con el pago.- Dijo Rhadamanthys, rechazando la oferta de un vicio que ya había satisfecho con una simple calada.
- No puedo permitírtelo.
- He dejado mi piso, de modo que me ahorro el alquiler.
- Pero ahora compartes todos los gastos de alquiler, luz, agua, etc, etc conmigo, Rada.
- Ya, pero cuando reabra el pub los ingresos volverán a su curso normal y si pedimos un crédito puedes comprarte un coche nuevo.
Rhadamanthys ya no sabía qué más decir para alentar un poco a Kanon a dar el paso que le proporcionaría transporte autónomo y de calidad.
- Pedir un crédito es meterse una soga alrededor del cuello.- Siguió resistiéndose el abogado.
- No si se estudian bien las condiciones, y yo tengo práctica en ello. ¿O cómo te crees que puse en marcha "The Wyvern's Cave"? Tú déjame a mí, que en cuestiones de bancos ya tengo experiencia.- Kanon guardó silencio, arrugó el ceño y volvió a avistar de reojo uno de los catálogos que yacían sobre la barra. El humo de otra calada enturbió su vista, pero cuando desapareció, sus ojos brillaban con algo parecido a la ilusión.- Vuelve a mirarte el Toyota Rav...- Le invitó el Wyvern, acercándole la información y acompañándola de otra ilusionada sonrisa.
- Si es cojonudo, pero ¿por qué queremos un coche tan grande?
- ¿Para poder hacer viajes largos por el país? - Planteó el Wyvern como una primera posibilidad que justificara su inaudito encariñamiento con un vehículo de cuatro ruedas.- Por ejemplo, todavía no conozco la famosa Delfos, y luego fíjate en el interior...- Continuó, buscando la página que exponía con todo lujo de detalles la amplitud de espacio de la que gozaba dicho carro.- No me creo que tu calenturienta mente no haya empezado a calibrar otras opciones a parte de los cómodos desplazamientos que te puede ofrecer...
Rhadamanthys lo dejó caer como aquél que no quiere la cosa, pero estaba claro que él mismo ya se había imaginado ahí dentro en ciertas circunstancias más lúdicas y erótico-festivas que prácticas del día a día.
- ¡Hay que joderse! - Kanon rechistó con tono jocoso, aunque también un poco ofendido.- Tú ya estás imaginándote todas las suculentas guarradas que se pueden hacer ahí dentro y luego el que se lleva la mala fama soy yo.- Aclaró después de aplastar el consumido cigarrillo en un cenicero un poco apestoso debido a los residuos que contenía de días anteriores.
- Porque a ti te pierde la boca, Kanon...- Se sonrió el inglés con serena autosuficiencia antes de dar otro sorbo a la botella de Coca-cola.- Yo peco de mente, y de palabra en "petit comité", pero tú no tienes freno a la hora de hablar de sexo.
Kanon también se vio conquistado por esa ladeada sonrisa tan suya a la vez que finalmente tomaba el catálogo sin reparos.- ¿Los asientos son reclinables?
- Totalmente.
- Y parece ancho por dentro...- Prosiguió, concentrándose en leer todas las características.
- No lo parece. Lo es.
- ¡¿Híbrido?! ¡¿Qué cojones significa ésto?!
Rhadamanthys despotricó en inglés al tiempo que agachaba el rostro, se agarraba los rubios cabellos y los revoloteaba con nervio para no lanzarse a propinar una colleja a su amigo.- Significa que funciona con carburante pero que a la par tiene un almacenamiento de energía que le otorga cierta autonomía eléctrica.- Le explicó el Wyvern, sorprendido que Kanon no estuviera nada al día en cuestión de avances tecnológicos.- En resumen, que te gastas menos pasta en gasolina.
- Sería la envidia de Saga...
- ¿Y no te apetece? - Inquirió el Wyvern, sonriéndole con sana picardía.
- ¡Por supuesto! - Exclamó Kanon, dejando de lado el libreto para retomar el contacto con la botella de cola y dejarla con menos contenido.- Pero es muy caro. Y mis arcas no son las de Saga. Aunque...es guapísimo el jodido éste...- Sus ojos se deslizaron de nuevo hacia el panfleto encuadernado, sintiéndose cada vez más tentado.
- ¡Que te digo que te ayudo con el dinero! - Rhadamanthys recogió todos los catálogos y los amontonó para dejarlos quietos en un lado de la barra antes de plantarse frente a Kanon, cruzarse de brazos sobre la barra y mirarle directamente a los ojos.- Ahora nos ponemos a pintar las paredes que acordamos, luego nos vamos al bar de la esquina a por un par de bocadillos y con un golpe de moto esta tarde nos plantamos al concesionario. Te lo miras, dejas que termine de enamorarte y los acuerdos de pago me los dejas a mí.
Kanon le observó largamente, agradeciendo para sus adentros la dicha que le suponía haber recuperado a Rhadamanthys. No obstante, la seriedad fue copando centímetros de sus facciones, y extrañamente, la razón no cesaba de trabajarle con un exceso innecesario.- No tienes por que hacer ésto, Rada...No es justo para ti.
- Lo hago porque me apetece.- Le cortó el inglés, enderezando su posición y tomando la cola para darle un último y largo sorbo que decretó su extinción.- Además, también pienso sacar provecho de él. En invierno a uno se le congelan hasta las ideas yendo en moto.
- ¡Y una mierda! ¡Tú eres un negado conduciendo con el volante a la izquierda!
- ¡Pues tendrás que aguantarte y tener paciencia! ¡Y ahora a pintar! Que en dos días quiero reabrir el pub.
###
Unos días después...
- Dijiste que los asientos eran totalmente reclinables ¿no? - Kanon paró el motór, puso el freno de mano y se desató el cinturón de seguridad para poder moverse con más libertad, aunque al parecer su intención no era bajar todavía del coche recién estrenado.
- Ya lo viste cuando te lo mostraron en el concesionario. ¿Qúe? ¿Bajamos? - Propuso el Wyvern, que ojeaba el agreste paisaje esparcido a su alrededor, anfitrión de unas ruinas veneradas por multitud de turistas que cada día se echaban kilómetros para llevarse a casa parte de su belleza a modo de recuerdo digital.- Qué lástima que no te lo hayan entregado por la mañana...Me hubiera gustado poder ver el atardecer desde aquí. Hemos llegado tarde...
- Mejor, Wyvern...- Decretó Kanon, que con mirada felina controló la marcha del último vehículo estacionado en el angosto párking que ellos acababan de alcanzar.
Ahora solamente quedaban apeados al borde de la carretera los turistas rezagados que dependían del transporte público, y por su fortuna Kanon también identificó unos faros a lo lejos, acercándose hacia su salvación. Ése era el último bus que haíca el trayecto Atenas - Cabo Sunión - Atenas, y en cuestión de minutos allí no quedaría nadie más que alguna lagartija, el espíritu del dios del mar y ellos dos.
- ¿Mejor por qué? - Preguntó Rhadamanthys un tanto decepcionado, consiguiendo que la mirada de Kanon viajara hacia él.
- Odio venir a Cabo Sunión cuando está infestado de visitantes.
- Pero ahora ya no podemos acceder a las ruinas. Y es una lástima...- Se quejó el inglés, que se había ilusionado con la idea de estrenar el coche y culminar la experiencia visitando las famosas ruinas del templo dedicado al dios Poseidón.
- ¿Y quién dice que no? - El Wyvern le miró frunciendo sus espesas y rubias cejas, temiendo que el gemelo tuviera metida entre las suyas alguna idea de no muy loable ejecución, y Kanon le sonrió con la cantidad de malicia augurada.- Tú espera que se vaya hasta el último mono y luego confía en mí.
- Cuando exhibes esta sonrisa me das que pensar, Kanon...Y que temer...- Dijo el inglés, comenzando a asumir que esa noche ambos perpetrarían alguna maldad.
- Pues no pienses tanto y mientras hacemos tiempo, tú déjame hacer a mí...
Kanon accionó el calibrado de posición del asiento del co-piloto sin avisar y hasta el máximo, ocasionando que en un santiamén Rhadamanthys se hallara completamente tumbado e indefenso.
- ¡Kanon! ¡¿Pero qué haces?!
- Comprobar la flexibilidad del coche...- Ronroneó el abogado, que poco a poco iba acechando al inglés.
- Hey, no, no, no...Ahora no, Kanon...- El Wyvern se apoyó sobre sus codos y trató de deslizarse hacia arriba para huir de las intenciones del gemelo menor, propiciando muy a su pesar que Kanon se pudiera encaramar con más facilidad sobre él.
- Fuiste tú el que hace unos días plantó esta semilla en mi mente...Ahora no puedes rechazar los frutos que tu momento de calentura mental cosechó...
- No, no, eh, para Kanon...
- ¿Por qué? - La mano que Rhadamanthys había anclado sobre el hombro de Kanon a modo de marcador de distancia fue agarrada con firmeza y conducida hacia la entrepierna del abogado, que había conseguido colocarse encima del cuerpo del inglés, sorteando alguna que otra dificultad que ante el creciente deseo comenzaba a parecer irrisoria.- Comprueba cómo me ha puesto tu idea...- Insistió, aprentando aún más la mano del Wyvern sobre la dureza que ya se palpaba bajo la tela de los jeans.- ¿Acaso lo piensas desaprovechar?
Guiada por una especie de voluntad propia y contraria a toda razón, la mano pareció convertirse en garra, intensificando un contacto que invitó a Kanon morderse los labios y emitir un leve jadeo que terminó por acabar de alentar completamente a Rhadamanthys, el cuál hizo uso de su mano libre para dirigirla hacia la nuca de su amante, afinanzarse a ella y ayudarse con una semi-incorporación que acabó uniendo las bocas de los dos en un urgido beso desbordado de pasión.
- Estás loco,Kanon...- Masculló Rhadamanthys cuando cesó con el beso.
- Y a ti te encanta. No me lo puedes negar...
Las incómodas y limitadas posturas que ostentaban ambos propiciaron que el Wyvern se dejara caer de nuevo sobre el abatido asiento, y cuando Kanon fue en busca de otro profundo y húmedo choque de labios y lenguas, las duchas manos del inglés no demoraron en afianzarse a las caderas que le aplastaban para conseguir un contacto mucho más intenso entre sus respectivas excitaciones.
Sus respiraciones se iban acelerando a cada beso compartido y a cada restriegue de protegidas erecciones concebido, con la misma celeridad que todos los cristales se fueron empañando con el inevitable aumento de calor corporal que ambos cuerpos estaban sufriendo. Kanon se olvidó de los labios del Wyvern solamente para viajar hacia su oreja y succionar la zona que desembocaba hacia un sudado cuello, donde se atrevió a lamer y mordisquear la piel sin mucho decoro. Esta acción aumentó todavía más el fuego que ya quemaba en Rhadamanthys, que sin pensarlo se halló desabrochando los pantalones de Kanon para poder liberar la totalidad de su endurecido pene.
- Tócame, Rada...necesito que lo hagas, joder...- Gruñó Kanon al darse cuenta que su miembro había escapado de la celda pero automáticamente había quedado desatendido.- Vamos, no quiero hacerlo yo...
Las bocas volvieron a unirse, y cuando la mano del abogado tanteó la del inglés para regresarla al destino deseado, se topó de bruces con los esfuerzos que estaba haciendo la misma para liberar la erección que pertenecía a su propio sabor de piel.
- Creí que...que sería más...cómodo...- Se quejó el Wyvern como pudo, sintiéndose un poco frustrado debido a su posición de pésimo control.
Kanon se apartó de él con anhelos solidarios, sin contar que encima suyo había un techo que gracias a un seco golpe le recordó su existencia, pero el gemelo no se quejó. Otras tareas urgían más, mucho más. Entre ellas, ayudar a su cómplice. De un manotazo apartó la torpe mano de Rhadamanthys, y con brío procedió a la liberación de la otra excitación invitada a la fiesta.
- Joder...te has puesto tonto también...- Masculló Kanon, relamiéndose los labios al ver como el falo del Wyvern también se alzaba duro y dispuesto entre los dos.
- Cállate...¡Y haz algo, joder! - Gruñó, atragantándose con la expectación que se alzaba ante la idea de la inminente intensificación de su propio placer.
- Pensé que sería más fácil...
Kanon intentó acomodarse entre las piernas del expuesto Wyvern, pero ninguno de los dos presidía una posición que facilitara nada. Quizás les sobraban las ropas, las cuáles debieran haber sido eliminadas con premeditación. O simplemente no habían practicado el sexo furtivo lo suficiente. Únicamente había una cosa clara, y era que ambos habían llegado a un nivel de excitación que no admitía ningún tipo de marcha atrás, así que aprovechando que Kanon le liberó un poco de peso al apoyarse con un brazo sobre el asiento conductor para buscar un ángulo adecuado y proceder con el urgente mandato resumido en "hacer algo", Rhadamanthys se escabulló un palmo hacia abajo, se agarró a los pantalones del abogado para arrastrarlos unos centímetros hacia abajo y poder arañar sus glúteos, presionándolos con fuerza para dar a entender qué era lo que deseaba experimentar. En otro fallido intento para acomodarse mejor, el rubio inglés estiró su pierna zurda con tanta mala suerte que el pie dio de lleno sobre el claxon, y Kanon no pudo evitar reírse, perdiendo parte de sus fuerzas y cayendo otra vez sobre el encendido cuerpo de su amante. Sus tensos miembros entraron en contacto, y la primera oleada de placer no se hizo esperar.
- Frótate conmigo...- Las manos que seguían sobre los glúteos del abogado comenzaron a comandar el ritmo de vaivenes a seguir, y el ronco tono de voz con el que fue pronunciado dicho ruego colmó los deseos del Wyvern.
Kanon acató la orden gustosamente. Volvió a buscar los labios de Rhadamanthys, a tantear su lengua y a jugar con ella mientras su cadera se restregaba con ahínco contra la cálida piel presa bajo su peso. Los cristales ya lucían completamente empañados, los cabellos de ambos se habían humedecido de sudor sin remedio y el aroma a nuevo del coche se mezclaba con otro aroma mucho más humano y terrenal. Los jadeos se acompasaban con las fricciones conseguidas, tornándose cada vez más asalvajadas, bruscas y apremiantes de obtener el nivel máximo de placer. El orgasmo del Wyvern llegó primero, pero el ímpetu que empleaba Kanon para conseguir el suyo ocasionó que el saciado pene de Rhadamanthys se doliera al seguir recibiendo mimos y que éste se moviera incómodo para procurarse un mínimo espacio para recuperar, como mínimo, algo de respiración. El pie volvió a dar contra el claxon, y allí se quedó hasta que Kanon también llegó al clímax y finalmente cesó con sus ansias de satisfacción.
- Ka...Kanon...apártate, joder...Necesito respirar...- Balbuceó a duras penas quién al fin pudo apartar el pie de la atronadora bocina, con tan mala suerte que acabó por accionar el limpiaparabrisas.
- Un...un momento, Rada...- Kanon jadeó agotado contra el cuello de su partenaire, pero no pudo abstenerse de lanzar al aire la primera valoración del primer polvo consumado en un coche que muy a su pesar les había quedado pequeño.- Joder...ha sido raro, pero...¡que bien que ha estado!
- Kanon...sal...- Rogó otra vez el Wyvern, sintiéndose asfixiado por el peso muerto del abogado sobre él.- ¡Se me está acalambrando la pierna, joder! - Masticó al tiempo que posaba sus manos como garras sobre los hombros de Kanon para sacárselo de encima, o al menos, invitarle a que lo hiciera él mismo.
A duras penas y todavía con la respiración desacompasada, Kanon se fue apartando hasta conseguir tomar asiento en su lugar de conductor. El Wyvern inspiró hondo, no quiso ni ver qué consecuencias embadurnaban su abdomen, el cuál se limpio con la misma camiseta al no tener nada más a mano, y sintiéndose como un condenado adolescente sin casa donde poder pecar, se cubrió su marchita intimidad con los calzoncillos y se abrochó los jeans antes de devolver el asiento que custodiaba su cuerpo a la posición más natural.
Kanon parecía no tener ninguna prisa para colocarse sus ropas a sitio. Antes se frotó el rostro, también inspiró hondo, se apartó los húmedos cabellos de la frente y a través de la condensación del cristal se fijó en el absurdo ir y venir del limpiaparabrisas. Tuvo que tocar tres botones y activar otras prestaciones más antes de poder dejar el automóvil en descanso, y allí fue cuando bajó la ventanilla de su lado y dejó que penetrara la húmeda brisa del mar.
- Que jodidamente bueno que ha sido, Wyvern...- Dijo, ahora sí, cerrándose la bragueta de sus vaqueros.
- Tenemos treinta y cinco años, Kanon...- Le informó el Wyvern, que se sentía disgustado por tener que lucir una sudadera sucia de pecado hasta que no llegaran a casa.
- ¿Y? - Kanon había cerrado los ojos y dejaba que la brisa que iba entrando y purificando el viciado ambiente también enfriara el calor que se había asentado en su piel.
- ¡Pues que ya no tenemos dieciséis para ir medio follando así!
- ¿Prefieres la rutina?
- No...no, por supuesto que no...
- Además...¡Un coche no se estrena bien si no se folla dentro! - Exclamó con tono divertido, vertiendo su mirada sobre el sudado y exhausto Wyvern.
- O se intenta...como ha sido el caso...
- ¡Pues a la próxima lo haremos mejor! Y ahora, si ya te has recompuesto, sígueme.
Kanon bajó del coche sintiendo aún flojera en sus piernas, pero no le importó. Una vez fuera hinchó sus pulmones todo lo que pudo, llenándose del agradable aroma a mar que les envolvía, y cuando el Wyvern fue capaz de emerger y estirar las piernas para desentumecerlas debidamente, la siguiente maldad de la noche no se hizo esperar.
- Sígueme, Rada.
- Pero Kanon...ya están cerradas las instalaciones...
- Tú querías visitar las ruinas del Templo de Poseidón, ¿cierto? Pues confía en mí. Me se de un camino que nos llevará a ellas sorteando vallas y cercas.
- Santa paciencia...¡de verdad que a veces eres terrible!
- Sí, pero a ti_
- ¡Me encanta, sí! Me encanta que lo seas, pero también me haces sufrir.- Se rió Rhadamanthys al fin.
...
...
Las columnas del templo se alzaban a su alrededor bañadas con una brillante luz dorada que las hacía visibles desde la distancia. Ya no había turistas, ni trabajadores de la cafetería y tiendas de souvenirs que habían dejado atrás. Allí no había nadie más que ellos, el sonido del mar repicando contra las rocas bastantes metros por debajo de sus pies y un par de cigarrillos que se iban consumiendo con el placer que secunda un previo derroche de placer mayor. Las constantes ráfagas de aire iban enfriando el sudor que aún impregnaba sus cabellos y ropas, macerando un par de posibles resfriados de rigor, pero no importaba. La belleza del lugar se presentaba sobrecogedora, más aún sabiéndose dueños absolutos de su nocturna soledad.
Ambos estaban sentados uno al lado del otro, en respetuoso silencio, consumiendo sus respectivos pitillos con calma, y fue entonces cuando Kanon no supo qué le pasó.
Únicamente supo que un instinto nacido en sus mismas entrañas le empujó a pronunciar el nombre de Rhadamanthys, y cuando éste le ofreció toda su atención, un intenso agarre le afianzó de la nuca y un inesperado beso cayó sobre sus labios. Un beso que se fue profundizando sin ansias de llegar más allá de reafirmar la conexión que desde hacía años existía entre sus cuerpos y almas.
Un beso que cuando cesó les dejó con las frentes próximas, las respiraciones mezcladas y las miradas enlazadas.
- Rada...
- Dime...- Kanon calló, tragó saliva y desvió su mirada, aflojando el agarre que aún permanecía sobre la nuca de Rhadamanthys, convirtiéndolo en una sensual caricia antes de abandonar todo tacto.- Dime, Kanon...
- Pues...que te amo, joder...- Le soltó el gemelo, volviendo a cruzar sus miradas.
- Ya lo sé...
- ¡Me la suda que lo sepas! ¡A veces también hay que decirlo, ¿no?! Pues ya está. Ya te lo he dicho. Te amo. Siempre lo he hecho, y supongo que siempre lo haré.
Un encogimiento de hombros secundó esta inesperada confesión, la cuál hizo que Kanon se sintiera absurdo al instante de haberla pronunciado.
- ¿Cómo que "supones"? - Se atrevió a bromear Rhadamanthys, fingiendo con muy malas artes el sentirse ofendido.
- ¡Joder, Rada! ¡Soy un tío imprevisible! ¡No puedes pedir peras al olmo! - Kanon se apresuró a desviar la mirada. Un indeseado rubor se estaba cociendo en sus mejillas, y el momento de sincera y ñoña ternura acababa de perecer.
- ¡Pues yo necesito garantías de éxito! O en su defecto ¡un seguro a todo riesgo!
Kanon le miró con los ojos abiertos como platos a la vez que alzaba sus cejas y las fruncía en un rictus de incomprensión. Y Rhadamanthys se rió. Abiertamente. Con ganas y guardando muy celosamente la gratificante sensación de saberse reconocido de viva voz. Por mucho que las frívolas bromas que siempre robaban protagonismo a la dulzura fueran el escudo tras el que resguardara su emoción.
- ¡Vete a la mierda, Rada! - Le espetó el abogado manteniendo el cigarrillo entre sus dientes a la vez que le golpeaba el hombro en tono juguetón.- Si llego a saber que te lo tomas a guasa no te digo nada.
- Y seguir...a ver...- El Wyvern comenzó a echar cuentas ayudándose de los dedos y del ascendente conteo que murmuraban sus labios.-...¡¿esperando diecinueve años más?! ¡¿Esperar a tener cincuenta y cuatro!? ¡Lo que dije! ¡Si no me das garantías has hecho bien!
El abogado gruñó y negó con la cabeza, tomándose el turno de fingir ofensa, y mirando hacia el infinito, bajo las columnas de las ruinas del Templo de Poseidón, tuvo que soltar el comentario de rigor.
- Y luego me dicen y me acusan que no soy romántico...¿Para qué? ¿Para que me pidan garantías a cambio?
Rhadamanthys se rió hasta que sintió su estómago doler, y más se rió aún cuando Kanon le soltó el definitivo colofón.
- ¿Te paso una hoja de reclamaciones también?
¡Gracias a todos los que hayáis llegado hasta aquí! Y pido disculpas si el lime, o lemon, o como se catalogue lo que aquí se ha desarrollado, ha surgido vulgar y obsceno. No era mi intención.
¡Mysterious Guest! Si llegas hasta aquí, solo decirte que sé que esperabas una escena en concreto. Bueno, al fin se dio la ocasión :). Espero no haberte defraudado ;).
