Canción: Mírenla/ Ciro y los Persas

-*Viaje de vuelta*-

La mañana llegó rápidamente. Más rápido que cualquier otra mañana. O, tal vez, así lo parecía allí en el campo. El tiempo se había pasado en un abrir y cerrar de ojos. Tenían que volver, pero habían pasado unos hermosos días allí en la casa de los Uzumaki. Era viernes, Ino y Kiba iban a asistir al concierto al día siguiente así que tenían que regresar; Naruto había conseguido una propuesta de trabajo por medio de Hinata y esperaba que las cosas funcionaran: el lunes tenía una entrevista en Konoha's Rock. Sakura había recibido una llamada telefónica de su madre diciendo que la cafetería ya estaba tan perfecta como siempre, que no había habido ningún problema con las ratas y que, de todas formas, Kizashi y Mebuki se habían dedicado a tirar todas las cajas de café importado. Sakura tendría el fin de semana para descansar en su casa.

Tenten, se había puesto en contacto con Karin para contarle a los gritos que Neji Hyuga la había llevado hasta su casa en auto durante una tarde lluviosa y que su madre no dejaba de mirarla de forma inquisidora desde entonces. Ella sonaba emocionada. Karin se sentía feliz por su amiga y en eso pensaba estando sentada al borde del lago con los pies en el agua.

—Ey, ya están preparando todo ¿Por qué no ayudas, Karin? –La voz de Suigetsu la distrajo del mensaje de texto que estaba escribiendo y miró sobre su hombro al joven de pelos blancuzcos. Él tenía su mirada fija en ella, con el ceño fruncido como era costumbre.

—¿Y tú, por qué no estás ayudando? Métete en tus cosas –Sin ánimo de lidiar con el tonto de su vecino volvió la vista a su teléfono celular y envió el mensaje que le estaba escribiendo a Tenten—. Iré a preparar mis cosas cuando esté lista. De todas formas, saldremos después del mediodía.

Eran alrededor de las ocho y media de la mañana, Hinata había estado preparando el desayuno para todos, le gustaba hacer esa clase de cosas. Kiba la había ayudado.

Suigetsu se sentó a su lado quitándose las zapatillas y entrando sus pies al agua igual que su vecina.

—¿Sabes? No es necesario que me ataques todo el tiempo, miope… Yo sólo decía que todo el mundo ya empacó sus cosas y está ayudando a limpiar, y tú estás aquí de ociosa.

Karin le dedicó una mirada con los ojos entornados.

—¿Qué? –Suigetsu sonrió burlón— ¿Quieres que te tire al agua para espabilarte?

Karin se levantó de golpe y se abrazó el pecho con las manos sin dejar de dedicarle aquella mirada de odio.

—Ni se te ocurra.

Suigetsu profirió una carcajada.

—No me digas que le tienes miedo… ¡Vaya, tú tan salvaje siempre y le temes a algo inofensivo como el agua!

—¡No le tengo miedo, idiota!

Él no dejó de sonreír de forma burlona. Se levantó para hacerle frente.

—Sí, claro… Primero allá en la playa y ahora aquí en el lago. No soy tan tonto como crees, Karin. Me doy cuenta de que le temes al agua.

—¡No seas imbécil, Suigetsu! –Karin se alejó a grandes zancadas directo a la casa de campo mientras él la miraba entre sonrisas divertidas.

Matsuri despertó en casa de su amiga Sari, con su cabello castaño despeinado y marcas debajo de los ojos. No había dormido nada bien, a comparación de cómo lo había hecho en la enorme casa de los Sabaku No. Sin embargo, no quería ser una carga para Gaara ni para nadie más allí. Parecían tener bastantes problemas con su padre como para llevarles problemas con el padre de alguien más. Se había comunicado con Sari después de que Gaara le insistiera en que no era necesario, y ella le había ofrecido un colchón viejo en su habitación por algunos días. Sus padres se habían ido de vacaciones durante una semana y media a la playa, y ella y su hermano mayor se habían quedado en casa. Hasta que sus padres volvieran tenía oportunidad de quedarse allí, pero simplemente no podía dejar las cosas mal en su familia.

Había hablado con su madre la noche anterior, ella intentaría serenar a su padre y así, Matsuri, podría hablar con él e intentar hacerlo razonar.

Nunca se había comportado mal, y se le hacía algo infantil eso de no regresar a su casa. Sari la había acusado de tener miedo de enfrentar a su padre, pero no era así, simplemente estaba harta. Harta de tener que ser quien él quisiera. Harta de que se quejara de su depresión, de que le dijera que era débil, de que quisiera que estudiase lo que él deseaba sin importarle su opinión; y estaba frustrada, de un segundo al otro se le había ido la adolescencia como arena entre los dedos. Todavía no tenía dieciocho años pero había llegado el momento de tomar decisiones para las que no estaba preparada. Su madre parecía comprenderla y apoyarla, ella quería darle tiempo de acabar de madurar, pero su padre era un tema distinto. Matsuri no sabía qué hacer de su vida, no sabía qué estudiar o dónde o con quién. En un abrir y cerrar de ojos había terminado la educación secundaria, se había separado de sus amigas, había roto con su novio y toda su vida había desaparecido. ¿Qué le quedaba ahora? ¿Forjar una vida nueva desde cero? Cuando comenzara el ciclo lectivo, Sari y el resto de sus amigas comenzarían la Universidad en diferentes carreras, en diferentes lugares, harían nuevos amigos y ella sería completamente desplazada. Y, para colmo, tendría a su padre intentando dirigirle la vida.

—¿Y qué tal la casa? ¿Crees que alguno de los dos siente algo por ti? Es verdad que dan miedo… Pero, mierda Mats, son multimillonarios –Sari la sacó de su ensoñación. De sus pensamientos.

—Ya basta, Sari. Claro que no le gusto, sólo fue para ayudarme, y para ser sincera no me agradan tus comentarios interesados. No me importa si son millonarios, ricos o pobres.

—Bueno… Tranquila ¿Qué piensas hacer con respecto a tu padre?

—Hablar. No tengo más recursos –Matsuri se desperezó. Eran casi las once de la mañana.

—Espero que todo te vaya bien. Mi hermano empezó a hacer el almuerzo, deberíamos ayudarlo o me echará la bronca después.

—Claro.

Ambas se levantaron y, así en pijama, se dirigieron a la cocina.

—¡Vamos, arriba todo mundo! –Naruto estaba terminando de echar el equipaje a la caja de la camioneta destartalada de Killer— Uchiha ¿tienes la comida?

—Sí, deja de preocuparte, todo está bien Uzumaki –Kiba había llevado su guitarra hasta la minivan de Suigetsu, donde éste ya estaba listo para partir. Las chicas habían subido allí y Sasuke les estaba repartiendo el almuerzo. Constaba sólo de unas ensaladas que habían preparado rápidamente antes de salir. Comprarían algunas hamburguesas en la primera estación de servicio que encontraran y seguirían haciendo la menor cantidad de paradas posibles.

Omoi se subió al asiento de copiloto de la furgoneta y abrió el envase plástico donde tenía su ensalada. No era muy fanático de ésta pero no había nada más.

Naruto se sentó a su lado en un momento. Puso el vehículo en marcha y empezó a acelerar. Suigetsu, detrás lo siguió.

—Fue una buena vacación –Dijo Omoi mirando por la ventanilla mientras engullía una hoja de lechuga condimentada.

—Sí. Y puede que haya conseguido un trabajo nuevo… Sólo tengo que esperar al lunes y dar lo mejor de mí. De sólo pensar en la cara de mis padres si obtengo el trabajo me pongo contento –Omoi asintió ante la respuesta de Naruto.

—Te vendrá bien algo así. Un trabajo legal.

A medida que avanzaban el cielo se volvía más gris y las nubes más grandes. Era obvio que en el centro de Tokio, la que iba a ser una tormenta pasajera, se había quedado. Pararon en la estación de servicio más cercana para ir al baño, abastecerse de combustible y comprar hamburguesas para el viaje. Una para cada uno y, además, bebidas gaseosas.

Volvieron a avanzar en los respectivos vehículos.

—Deberíamos organizar algún otro concierto cuando volvamos, hablar con Darui y los chicos –Empezó Naruto después de unos veinte minutos de silencio.

—No sé si sea buena idea…

—¡Vamos, Omoi! No empieces con tus paranoias. La última vez salió todo bien.

—Sí pero eso no quiere decir que todo vaya a salir bien esta… ¡PARA! –Naruto frenó de golpe. Entre algunos matorrales en la orilla de la ruta una figura se había aparecido.

La lluvia había empezado a caer poco a poco, la silueta frente a la furgoneta estaba respirando fuertemente y se estaba empapando. Su cara estaba cubierta con una capucha que salía de su sudadera.

—Está loco… —Susurró Naruto. Suigetsu detrás de él tocó bocina sin comprender, y a los pocos segundos, Naruto lo vio bajar de la minivan por el espejo retrovisor— Espera aquí –Ordenó decididamente a su acompañante mientras abría la puerta para bajarse.

—No, Naruto… Puede estar demente ¿Y si te hace algo?

—Cálmate amigo –Naruto empujó la puerta y bajó del todo. Suigetsu se había acercado y miraba a la persona extrañado. No pasaban más vehículos por la carretera. Ambos se acercaron un poco más y oyeron una puerta cerrándose a sus espaldas. Ninguno volteó, continuaron acercándose lentamente, tomando precauciones, a la figura encapuchada.

—Ey… ¿Estás bien? –Preguntó Naruto intentando ver la cara de la persona que tenía al frente, ésta, llevaba la vista hacia abajo y su rostro quedaba completamente cubierto.

—Oye… ¿Puedo ayudarte en algo? –Fue Suigetsu esa vez. A su lado se posicionó Sasuke con las manos en los bolsillos y el entrecejo fruncido.

—¿Qué pasa?

—Este sujeto se paró en medio, casi lo arrollo. Necesito saber quién eres para poder ayudarte ¿Quieres que llame a alguien por teléfono? ¿Con quién puedo comunicarme? –Le preguntó a la persona al frente. Omoi bajó también y se acercó a ellos, dejando al sujeto completamente rodeado.

—Oigan… Si no quiere hablar mejor seguimos –Propuso con cara asustada.

—¡No seas idiota, Omoi! –Fue Karui. Naruto no supo en qué momento había bajado pero allí estaba, un par de pasos detrás de ellos, a un lado de Kiba y de Sakura. Las demás habían quedado en la minivan.

—Déjenme a mí… —Sakura se acercó un poco, hasta quedar delante de todos los demás. Extendió una mano cuidadosamente, como si en lugar de ser una persona fuera un animal salvaje. Habló claramente, dulce, en voz baja— Ey… ¿Cómo te encuentras? ¿Entiendes lo que digo?

Quien quiera que fuera parecía estar mal de la cabeza. Sus ropas estaban algo maltrechas y llevaba una mochila desgastada en la espalda.

—¿Necesitas ayuda?

—Ne… Necesito… —Su voz era aguda. De hecho, demasiado aguda para ser de hombre. Era una mujer— llegar a Tokio.

—¿Te encuentras bien? ¿Necesitas comunicarte con alguien? –Ella negó con la cabeza y Sakura se atrevió a acercarse más— Ven. Vas a empaparte.

La guio con tranquilidad hasta la minivan de Suigetsu. Karui la siguió de cerca, como si estuviera a la defensiva, lista para atacar si algo ocurría. Kiba las siguió de cerca dando varias miradas sobre su hombro a los otros cuatro que quedaban más atrás.

—Ni siquiera me preguntó si la podía llevar… —Se quejó Suigetsu, aunque su queja sonó más a preocupación que a otra cosa.

—No importa. Hizo bien. Es una buena chica –Le contestó Sasuke mirándolo con las cejas muy juntas.

—Tú la defiendes sólo porque te la quieres tirar.

Suigetsu comenzó a caminar hacia su vehículo y Naruto le dedicó una mirada feroz a Sasuke mientras seguía a su amigo. Omoi los vio meterse a la minivan y discutir un poco dentro del vehículo, antes de hablar.

—Ey, Naruto… Entremos a la furgoneta.

Ambos entraron cerrando la puerta estrepitosamente.

—Crees que… ¿Crees que es seguro llevar a alguien a quien no conocemos? –Empezó Omoi, inquieto, mirando por el retrovisor cada tanto, para poder enfocar en su campo de visión el vehículo de atrás.

—Omoi… Mira: Estoy de acuerdo contigo en que no la conocemos, y parece estar bastante mal de la cabeza, pero es una sola persona… Y, no es por sonar a machista, pero… Es mujer, parece debilitada, no podría hacerle daño a nadie. Y en la minivan van tres hombres y varias chicas que pueden defenderse muy bien por su cuenta.

—Está bien, sé a qué te refieres… Pero igual me da mala espina.

—Sólo cállate y descansa. En un rato cambiamos y vienes a conducir tú.

—Sí… Sí…

La joven encapuchada estaba sentada a un lado de Sakura, miraba a su alrededor como si tuviera miedo; no era para menos. Parecía desamparada y estaba entre un montón de extraños. Hinata le dedicaba a la mujer joven miradas temerosas. Ino, sentada sobre las piernas de Kiba, no parecía mostrarse cohibida por la presencia de la chica.

—Tal vez tenga hambre… —Susurró alguien de quien nadie hubiera esperado tal comentario. Sakura levantó la vista para encontrarse con los ojos oscuros de Sasuke— Ten, Saku, dale algo… —Le tendió a la pelirrosa un envase plástico con la mitad de una hamburguesa dentro. No había mucho más que eso. Todos ya habían almorzado para ese entonces, y aquel envase contenía las sobras. La chica, sin embargo, se comió esa mitad sin reprochar nada.

Después de comerse todo agradeció con la voz ronca. Como si se estuviera enfermando. Sakura la miró con algo de pena, se preguntaba quién era, hacía cuánto que viajaba sola. Estaba sucia, con ropas roídas, la cara aún bajo la capucha no se le veía. Sólo los labios rosados y carnosos se le asomaban un poco.

—¿Cuál es tu nombre? —Preguntó Ino con una sonrisa. Ella parecía ser la menos afectada de todos con la presencia de la chica. Los demás, de vez en cuando le echaban miradas de extrañeza. La chica se tomó su tiempo para responder.

—Me llamo… Tam… Tamaki. Tamaki Anima —Repitió. Su voz seguía sonando reseca.

—¿Y de qué escapas, Tamaki? —Sakura miro a su rubia amiga con sorna. Hinata tosió estruendosamente como para ocultar la incómoda pregunta. La chica se había puesto pálida. Aunque la cara aún no se le veía del todo.

Sakura volvió a hablar, en voz muy alta, para desviar la conversación.

—Kiba… ¿No traes tu guitarra? ¿Qué te parece una canción?

—Eeeeh… —Al aludido le costó un poco encontrar su instrumento entre el gentío en ese pequeño lugar, pero rápidamente empezó a rasguearla, ingeniándoselas con Ino aún sobre sus piernas:— Mírenla, miren, miren, miren mírenla. Mírenla ella está tan sola… Mírenla, en sus ojos hay placer. Mírenla cuando te enamora…

La chica levantó un poco la cabeza para escuchar con más atención y dos luminosos ojos castaños entre ojeras moradas se asomaron por fin de debajo de la capucha que la había estado protegiendo.

Ella viene desde lejos de jugar con tu ilusión. Buscabas la libertad y ahora ¿Cómo huir de esta prisión? Mírenla, miren, miren, miren, mírenla. Mírenla ella está tan sola… Mírenla en sus ojos hay placer. Mírenla cuando te enamora

Con un ambiente algo más calmado. Con la chica por fin dando la cara a sus acompañantes, el viaje continuó.

Sasuke miró por el espejo retrovisor a Sakura que estaba escudriñando a Tamaki de reojo mientras Inuzuka Kiba seguía con la canción.

Tenten salió de ducharse con el corazón repiqueteándole. No había dejado de darle vueltas en la cabeza su encuentro con Neji Hyuga en aquel mercado. Había estado lloviendo tan estruendosamente que él se había ofrecido a llevarla a su casa. Ahora él sabía dónde vivía ella, y había sido tan caballero que Tenten no cabía en sí misma.

Era como una película. El chico perfecto fijándose en la chica cualquiera, ordinaria y normal. Claro que él no estaba enamorado de ella, pero al menos había sido un hermoso encuentro. Ahora, se sentía tonta por pensar en él cada instante.

Al comienzo había sido una especie de enamoramiento a primera vista, pero de esos de los que con mirar uno se conforma. Ahora se sentía enamorada de verdad. Habían pasado menos de veinticuatro horas pero en ese tiempo no se lo había podido sacar de la cabeza por más de cinco minutos; sólo dejaba de pensar en él cuando se veía obligada a pensar en otra cosa, y rápidamente el rostro de Neji Hyuga sonriéndole desde dentro de su auto le llenaba la cabeza de nuevo. Como si fuera poco, cada vez que él se aparecía en su mente, el estómago se le encogía, le daba vueltas o le saltaba; y el corazón se le quería escapar del pecho; transpiraba y sentía la imperiosa necesidad de verlo de vuelta, o de nombrarlo, y una sonrisa se asomaba en su rostro. Se sentía tonta. Era absurdo porque apenas lo conocía… Pero él, extrañamente, le hacía bien.

—Hija, me gustaría hablarte de algo… Un segundo —La llamada de la señora Ama tomó por sorpresa a su hija que no estaba acostumbrada a que la mujer hablara en voz baja y mirara como paranoica sobre su hombro cada dos palabras.

—¿Qué pasa mamá?

—No te preocupes —La mujer sonrió tiernamente, pero debajo de su semblante suave había algo de dureza.

Tenten siguió a su madre, sosteniendo entre sus manos un cepillo para el pelo y una toalla húmeda. La mujer la guio hasta la habitación de la joven de la casa y cerró la puerta cuando ambas pasaron. Tenten se sentó en su cama mirando a Meiling Ama.

—Es por el joven de ayer… Por Lee y por tu padre.

—¿Neji? ¿Qué tiene que ver él con Lee y con papá? —La sola mención del chico que le gustaba hizo que Tenten deseara nombrarlo. Apenas su nombre salió de entre sus labios se sintió absurda.

—Algo me hace creer que ése Neji es algo más que un amigo para ti.

—¡Mamá! —La cortó lo más rápido posible, se quería ahorrar conversaciones incómodas— ¿Cómo puedes creer que él es algo más para mí? Apenas lo conozco, estoy aquí hace muy poco tiempo…

—¡Y justamente! En casa… Quiero decir, en China —Se corrigió la mujer al ver que había caído en un error. Puesto que ahora Japón era su casa—, nunca te habías mostrado con ningún muchacho. Y ahora, de repente, te vuelves del súper con este chico. Y muy buen mozo. Además, soy tu madre, Tenten… Y me di cuenta que Lee no te gusta como tu padre quisiera.

Tenten se quedó en silencio. Pero por sólo unos segundos.

—A él tampoco le gusto como papá quisiera. Lee y yo nos llevamos bien, pero nunca vamos a tener esa relación que él cree que podríamos tener. Papá está loco.

—Tu padre tiene ideas raras. El romanticismo no es lo suyo.

—Mamá… ¿A dónde quieres llegar?

—A que si éste chico de pelo largo te gusta… ¡Habla con tu padre! Dile que no quieres seguir sus planes raros, que tienes a alguien más…

Tenten suspiró. Miró al suelo. Como si Neji tuviera algo con ella… Su padre podía tener ideas raras con respecto al romance, pero su madre también las poseía.

—Mamá… Neji y yo no tenemos nada. Apenas lo conozco.

—Qué raro… Porque cada vez que lo mencionas tus ojitos brillan —La mujer le dedicó una sonrisa pícara y luego se marchó de la habitación, dejando a su hija algo anonadada.

Shikamaru estaba parado en el centro de la plaza esperando a su novia de mentira. La rubia venía saltando en un pie de contenta, con sus cuatro colas de caballo rebotando en la cabeza y su sonrisa torcida adornando todo su rostro.

—¿Por qué vienes como psicópata?

—¡MUY BUENAS NOTICIAS, MI AMOR! —La rubia se le prendió como garrapata del brazo y Shikamaru la miró entornando los ojos, extrañado.

—¿Qué te pasa, loca?

—Mi papá no paró de hacerme preguntas sobre ti ¡Eso quiere decir que dentro de poco podremos dar el siguiente paso!... Si estás de acuerdo, Nara.

El joven le sonrió a la chica que se alejaba un poco de él para ganar distancia. Asintió con la cabeza después de pensar brevemente. Su padre también había indagado y cuando su madre, por un afortunado accidente, los escuchó, no dejó ni por un segundo de hablarle de esa «linda rubia» con la que se está viendo. Shikamaru no sabía si Temari era linda, pero sí era su novia. Al menos ficticia.

La miró de reojo. Ahora que le prestaba atención no estaba mal. Sus ojos verde azulados oscuros eran brillantes, similares a la noche estrellada. Sus pechos eran prominentes y su cintura pequeña. A Shikamaru se le amplió la sonrisa. Sin embargo, lo primero que le dijo ella cuando se conocieron, eso de ser «medio ridícula» se veía por todos lados. Llevaba unas medias verde loro, una falda hasta los tobillos de jean azul y una blusa turquesa. Además, su sonrisa maquillada de rosado brillante destacaba más que cualquier otra cosa, y esas colas de caballo en su pelo rubio, tan curiosas, hacían que cualquiera la viera desde cualquier lado.

—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

—Por nada… Oye… Entonces… ¿Estás lista para el siguiente paso?

—Súper lista, niño. —Su sonrisa volvió a aparecer en su cara.

Sai entró a su casa a refunfuñones. Había tenido otra acalorada discusión con su padre esa mañana y se había ido a casa de sus amigos. Ya eran alrededor de las siete de la tarde y el cielo se estaba tornando oscuro cuando regresó y puso la llave en la puerta. Nunca se imaginó que al entrar iba a encontrarse con su hermano sentado a la mesa con aspecto de haber salido de una guerra. Shin era su hermano, no tenían una relación muy estrecha pero se querían como todos los hermanos. Shin solía ser el más guapo de los dos, no porque realmente lo fuera, pero sí lo parecía. Para ser concretos, si comparamos a un chico que no cuida su aspecto físico en absoluto con otro que sí lo hace, el que sí lo hace nos va a parecer más atractivo en casi todos los casos.

Shin tenía el cabello blanco y la piel nívea, aunque no tan pálida como la de Sai, sus rasgos eran finos y delicados como los de su madre y sus ojos siempre mostraban carisma. Sin embargo, ese día era Sai quien resaltaba en belleza, y éste no lo pasó por alto. Se preocupó de inmediato, ya que Shin no sólo estaba despeinado, ojeroso y con la ropa sucia… También estaba golpeado.

Al ver entrar a Sai, Shin se encogió en su asiento como si no quisiera ser notado. Estaba bebiendo té con una calma incomprensible. Sai se acercó curioso.

—¿Qué te pasó? —Era más la curiosidad que la preocupación por dos razones. La primera era que Shin no parecía tener heridas graves, sólo cardenales superficiales en algunas partes de su rostro y magulladuras en la ropa, como si lo hubieran tironeado; la segunda razón era que Shin era una de las personas más pacíficas que Sai conocía. Mientras él se veía envuelto en peleas y embrollos, generalmente por culpa de sus amistades, Shin siempre evitaba las discusiones; y casi nunca levantaba la voz. Sai nunca habría pensado que su hermano se iba a ver envuelto en alguna especie de batalla.

—No es nada…

Sai se sentó a su lado, dispuesto a sonsacarle la información costara lo que le costara.

—Vamos, Shin… ¿Qué demonios te pasó? Cuando papá te vea querrá saberlo, sabes el escándalo que arma cada que yo me peleo con alguien. No creo que haga una excepción contigo que eres su hijo predilecto.

Shin forzó una sonrisa.

—No dirá nada.

—Yo no abusaría de mi suerte.

—No es eso… Fue papá quien me golpeó.

El estómago de Sai saltó para luego formársele un agujero. Danzö era un tipo duro, recto, de los que siguen las normas todo el tiempo y no toleran ni una falla. Pero ni siquiera a Sai, a quien parecía repugnar cada vez que estaba cerca, lo había golpeado de esa manera nunca. Sai no pensó que su hermano podría hacer algo tan terrible como para sacar a su padre de esa manera.

—¿Qué pasó?

—No es nada…

—Algo debe ser.

—Me vio con un compañero de clases. Y no le agradó.

Sai no entendió nada. De hecho, se tomó casi un minuto entero para asimilar las palabras y entenderlas correctamente y poder, así, contestar algo que le fuera a levantar el ánimo a su hermano, pero siguió sin entender. Con el entrecejo fruncido lo miró a la cara y le dijo:

—¿Eh?

Shin sonrió. No era una sonrisa de gracia, sino una de nervios. Pero así y todo con la sonrisa su rostro magullado se iluminó un poco más.

—Estábamos caminando tomados de la mano… —Sus mejillas se ruborizaron y se apresuró a beber un sorbo de su taza, para no tener que encontrarse con los ojos de su hermano.

Sai se quedó de piedra. Shin se caracterizaba por ser muy popular entre las mujeres, y había salido con muchas chicas a lo largo de toda su vida. De repente, resultaba que estaba saliendo con un hombre. Era desconcertante.

—Creí que te gustaban las mujeres —Le dijo en voz alta.

—Las mujeres me gustan. Y, supongo, que también lo hacen los hombres. En tan raro para mí como para ti… Aún me es difícil asimilarlo. Toda mi vida me sentí atraído por mujeres y me creía heterosexual, pero entonces empecé a juntarme mucho más con Katsu, un buen amigo de la Universidad… Y algo cambió en mí. Terminé con Tammy la semana pasada por eso… A papá le molestó mucho. Me gritó que no soy normal y me entró de los pelos a casa… —Volvió a encogerse de hombros como si no le importara. Aún sin hacer contacto visual— Mamá intentó calmarlo, y al final se lo llevó a dar una vuelta. Pero no creo que papá se olvide así no más. No me va a querer hablar… No sé cómo afrontar estas cosas… No sé cómo lo haces tú.

Sai se levantó de la silla sin decir nada. Con la cólera apoderándose de su cuerpo. La situación no daba para más. Entró a la habitación de su hermano y metió dentro de un bolso diversas prendas de ropa y los libros que Shin usaba para la Universidad. Después se fue a su habitación e hizo lo mismo con lo suyo.

Regresó a la sala y lanzó los dos bolsos sobre la mesa. Shin, por fin, lo miró a la cara. Asombrado.

—¿Qué crees que haces?

—Él no puede tratarte así, ni a mí tampoco. Ya se pasó del límite. Nos vamos.

—¡¿Estás loco?! ¡Sai, no podemos irnos así como así! ¿A dónde iremos a parar?

—Eso es lo de menos. Nos vamos a arreglar —No había terminado de decir aquello que la puerta se abrió detrás de su espalda y su madre ingresó con rostro cansado. Su padre entraba tras ella con cara de enfado. Mirando hacia el suelo. Sin querer observar a sus hijos.

La mujer divisó los bolsos sobre la mesa y su gesto cambió a uno de preocupación y tristeza. Shin la miró apenado, pero tomó el bolso que tenía frente a él y se lo colgó del hombro. Sai, tomando el gesto como una invitación a salir de la casa en ese preciso instante, hizo lo mismo con el otro bolso.

Comenzó a caminar hacia la puerta y su padre, frente a él, por fin lo miró.

—¿A dónde se creen que van ustedes dos? ¡¿Qué tengo que hacer en esta casa para que me respeten?! —Sai no quería discutir. No le iba a pedir que se apartara porque sabía que Danzö no lo iba a hacer, cargó toda su ira en un puñetazo y se lo acertó en la nariz. Cuando el hombre, desplazado por el impulso, se corrió de enfrente de la puerta Sai salió caminando de la casa sin más; sin decir ni una palabra, sintiendo la cólera arder en su interior. Sintió los pasos de Shin siguiéndolo y, de a poco, ambos se fueron alejando de una vez por todas de ese lugar.