Muchas gracias por vuestros reviews a: AdriLopez, Connie1, the princess of the winds, maleja twihard, Duhkha, Renesmee Black Cullen1096, Saha Denali, Allanna Morgan, jolie love.


Capítulo 21, No lo hagas

Me obligué a reír juguetonamente mientras me abalanzaba sobre Alec, quería que nuestros últimos momentos fueran felices para él, que me recordara alegre. Yo sabía que mi muerte iba a ser duro para él y quería compensarlo de alguna forma, así que iba a intentar que este tiempo con él (mientras encontraba a Leah) fueran los mejores que él recordara.

No iba a matar a nadie más. Ni a Greene, ni a mi madre, ni a nadie. Ni siquiera pensaba poner la más mínima resistencia cuando Leah me despedazara.

Me di cuenta que no valía la pena seguir manchándome más las manos de sangre, nadie merecía morir a manos de otra persona. No creía en Dios, ni en Dios ni en Satanás (por mucho que la gente dijera que Satanás era mi padre y tampoco podía creer en un Dios que permitiera que la gente sufriera tanto. Y si existía es que eran tan cruel y retorcido como los mismos Vulturis), pero sí creía en el karma. Y si alguien tenía que ajustar cuentas ya se encargaría la vida misma. Yo no iba a cargar con más muertes, mi lista de muertos ya era demasiado larga.

—¿Estás bien, Bella? Te noto rara... —me dijo Alec arrugando la frente mientras dibujaba con su dedo en mi barriga desnuda.

—Son cosas tuyas, estoy perfectamente —exclamé con una sonrisa y para intentar que olvidara el tema le besé apasionadamente.

º º º

—¿Qué tal vas con lo del reverendo? ¿sabes ya cómo vas a hacerlo? —me preguntó Alec mientras nos levantábamos.

—Aún estoy en ello, no quiero precipitarme y llamar la atención. Tú me entiendes —le dije mientras me vestía.

Alec asintió.

—¿Segura que no quieres venir conmigo a cazar? Cazamos juntos la última vez y debes tener tanta hambre como yo.

Y era cierto, mis ojos ya estaban negros, pero no quería matar a ningún humano más sólo para saciar mi sed.

Si podía aguantar sin beber más sangre hasta que encontrara a Leah perfecto y si no me tocaría alimentarme de animales, por muy sosa e insípida que me resultara su sangre.

Alec se fue a cazar y seguramente no volvería hasta la noche, iba a ir a cazar a un pueblo lejano de Seattle para no llamar la atención. Tenía bastante hambre y seguramente cazaría a bastantes humanos y si la policía empezaba a investigar mejor que centraran su investigación lejos de Seattle. Alec seguía a rajatabla la norma de no llamar la atención.

Una hora después de que Alec se fuera me di cuenta que, aunque quisiera, no podía esperar más para comer.

Por el aire del hotel se filtraba el olor de los humanos y me sentí tentada a dar rienda suelta al monstruo de mi interior. Pero contuve la respiración y salí yo también de Seattle, en dirección a los bosques para saciar mi sed con animales.

º º º

Tiré el pellejo vacío del puma a un lado y puse muecas de asco. No entendía cómo los Cullen podían alimentarse a base de animales insípidos. Su sangre era tan... puaj... es que ni siquiera te llenaba y mucho menos satisfacía. Lo de ellos era verdadera fuerza de voluntad.

Pero tenía que conformarme, no quería matar a nadie más.

Y mientras cazaba a otro animal e intentaba saciar mi sed me sentí observada. Inmediatamente dejé al animal muerto y observé a mi alrededor, no me importó malgastar la sangre de ese animal, mi instinto de supervivencia salió a flote y olfateé el ambiente.

Y un aroma conocido me invadió.

Vampiros. Y por el olor debían ser bastantes, no entendía cómo no los había detectado antes. No parecía un olor conocido, al menos no desde que era vampira, pero sí me era familiar, era extraño.

Pero pronto comprendí porque me era familiar a pesar de nunca haber olido ese aroma antes en el aire.

Porque pertenecía a los Cullen.

La primera que se dejó ver fue Alice, se acercó con cautela a mí y yo entrecerré los ojos, sin fiarme.

¿Qué hacía ella aquí? Mejor dicho ¿qué hacían ellos aquí?

Jasper fue el segundo en aparecer para ponerse al lado de Alice. Y luego se dejaron ver los demás.

Hacía más de diez años que no les veía y me quedé observándolos, pero obviamente sus rostros eran los mismos, no habían envejecido ni un ápice, al igual que yo.

Eramos los mismos que diez años atrás, al menos físicamente, psicológicamente eramos totalmente diferentes.

Carlisle y Esme siempre sonrientes se veían un poco mayores por sus rasgos tristes. Y a los demás les pasaba igual. Me pregunté qué cambios verían ellos en mi rostro ¿verían a la asesina en la que me había convertido?

—No lo hagas, Bella —Alice fue la primera en romper el silencio que se había establecido.

—¿Que no haga qué? —más que preguntar me salió como si lo gruñera. Había sido casi instintivo, era como si mi interior siguiera guardándoles rencor y en el fondo sabía que era así, pero también sabía que ya no tenía sentido. Pero era superior a mí, me seguía sintiendo traicionada por ellos.

Rápidamente noté cómo Jasper intentaba calmarme con su don y le miré entrecerrando los ojos.

—Lo siento, sólo quería relajar un poco el ambiente —se disculpó rápidamente, como si temiera una mala reacción por mi parte.

Sin duda los rumores de que yo era un demonio sin sentimientos habían llegado a sus oídos, ¿de verdad se pensaba que iba a hacerle algo sólo por intentar calmarme un poco?

Pero las siguientes palabras de Edward hicieron que Jasper pasara a un segundo plano.

—Alice ha visto que estás planeando tu propia muerte y no podemos permitirlo.

Entonces era eso, al decidir matarme Alice había debido tener una visión y por eso estaban aquí.

Esbocé una sonrisa sádica y llena de odio.

—¿Disculpa? ¿qué no podéis permitir que me mate? Ah, ya sé, teméis que los Vulturis se venguen con vosotros si yo me suicido, pero podéis estar tranquilos, parecerá un asesinato, así que ya podéis respirar tranquilos e iros por donde habéis venido, los Vulturis no tendrán cuentas que ajustar con vosotros —exclamé enfadada y me di media vuelta dispuesta a irme.

—Bella, nos conoces mejor que eso, sabes que no lo decimos por nuestro propio bien, sino porque te apreciamos —oír a Carlisle me paralizó, llegué a considerarle como un padre para mí—, nosotros te metimos en esto y vamos a sacarte aunque nos cueste la vida. Te lo debemos. Sólo danos tiempo, pero no hagas ninguna locura, el tiempo te ayudará a olvidar y podrás empezar una vida lejos de los Vulturis, donde...

Me reí del chiste que estaba contando Carlisle.

Me di la vuelta y le miré a los ojos.

—¿Olvidar? ¿Hablas en serio, Carlisle? ¿cómo se olvida que eres una asesina? —escupí con desprecio y un odio tan profundo que me calaba hasta las entrañas más profundas, los ojos de Carlisle se hicieron un poco más pequeños debido a la tristeza que le abrumó por mis palabras, pero no me importó y continué—. Y no me hagas reír, es imposible escapar de los Vulturis, así que, por favor te lo pido, no me vuelvas a llenar la cabeza con fantasías de una vida mejor porque eso nunca sucederá. Ya me llenasteis la cabeza años atrás con ilusiones de una vida feliz y perfecta, pero sólo eran eso, ilusiones. Porque para mí ya es demasiado tarde y lo sabéis, desde el mismo día que nací estaba condenada a llevar una vida de asesina, sólo podré estar en paz el día que me muera y no vais a impedírmelo.

Edward vino rápidamente hasta mí y me sujetó fuertemente, haciéndome mirarle, estuve a punto de utilizar mi don contra él. No por voluntad propia, más bien por instinto, al sentirme agredida, pero por suerte me contuve a tiempo y le miré enfadada.

—No eres una asesina, eres una persona maravillosa que se ha visto obligada a hacer cosas horribles, pero nunca por propia voluntad —ahora era Edward quien hablaba con odio, pero no dirigido a mí, sino como si estuviera pensando en los Vulturis, intentaba hacerme ver a mi como una santa cuando no lo era, porque aunque los Vulturis me lo ordenaban yo lo hacía sin rechistar y eso se llamaba asesinato—. No nos hagas esto, Bella. Ahora ves las cosas muy negras, pero si no lo haces por ti, hazlo por los que te queremos. Mi familia y yo por ejemplo, sé que no tienes le mejor imagen de nosotros por lo que te hicimos, pero lo hicimos por el mismo motivo por el que tú has hecho las cosas que has hecho. Por obligación, no por placer. Cuando intentamos alejarte para que los Vulturis no te encontraran ya fue demasiado tarde, pero queremos arreglar nuestro error, vamos a sacarte de allí, pero para ello tienes que poner también de tu parte. Por favor, dejate ayudar, aún no es demasiado tarde para ti, tienes toda una eternidad para redimirte, al igual que todos nosotros, todos hemos hecho cosas horribles alguna vez, pero hay que seguir adelante y aprender a perdonarse uno mismo para poder compensar así el daño que hayamos hecho.

Me solté de Edward aún enfadada, tanto por sujetarme como por su discurso.

¡A los Cullen siempre se les habían dado muy bien las palabras, otra cosa eran los hechos! Era muy fácil decir que si todo iba a ir a mejor, que si tal y cual, pero para que yo pudiera ser libre hacía falta algo más que palabras. Y eso era imposible, de los Vulturis no se podía escapar.

—Vale —solté malhumorada—. Y según tú ¿cómo escapo de los Vulturis? Porque es muy fácil hablar, pero a la hora de la verdad es imposible enfrentarse a ellos...

—No es imposible —esta vez habló Jasper, todos le miramos—. Y ellos mismos deben de saberlo. De hecho, cuando Alice nos dijo que estabas en Seattle, nos sorprendió que te dejaran irte así como así, porque lo que tú tienes ya no es un don, es un arma mortal incluso para los vampiros más poderosos... como lo son los Vulturis. Ni ellos con todos sus guardias serían capaces de enfrentarse a ti ¿no te das cuenta?

Jasper sólo tenía razón en una cosa, en que mi poder se había convertido en un arma mortal, pero de ahí a poder enfrentarme a los Vulturis y salir victoriosa había un buen trecho.

—Ya, claro, yo sola contra todo un ejercito de los Vulturis ¿se te olvida que no soy la única guardia con poderes? Y los dones de ellos no son como para menospreciarlos, créeme, los he visto muy de cerca —exclamé recordando uno a uno a todos mis compañeros en la guardia Vulturi.

Jasper sonrió.

—Ahí está la clave, Bella. En que conoces a cada uno de esos guardias y estoy convencido que conoces sus puntos débiles, además, sé sincera ¿con sus poderes alguno puede llegar a hacerte daño de verdad? Eres inmune a todos los dones mentales porque tu propio don te protege, ¿cuántos guardias hay que puedan herirte físicamente?

Me quedé callada pensando en la pregunta de Jasper.

Lizz era una de ellos, no porque pudiera herirme físicamente, pero sí podía confundirme si llegaba a haber alguna batalla, podía poner a personas a las que quería delante de mis ojos para que no luchara y esas mismas personas disfrazadas de seres queridos serían quienes acabaran conmigo.

Pero había más.

Freddy, por ejemplo, con sólo un toque suyo te convertía en una figura de piedra matándote al instante. Quedabas convertido en piedra para siempre y esa era tu propia tumba.

Michelle tenía telequinesis, podía mover objetos y le sería muy fácil coger un hacha o cualquier objeto afilado y cortarme la cabeza en un periquete.

Y... ¿quién más había que pudiera herirme con su don físico? Intenté hacer memoria, pero no quedaba nadie más, sólo ellos podían llegar a herirme de verdad.

Pero de todas formas eran demasiados como para enfrentarme a todos ellos yo sola.

Me matarían en un abrir y cerrar de ojos, en cuanto notaran mis intenciones me matarían antes siquiera que pudiera intentar entrar en sus mentes, porque yo conocía sus puntos débiles, pero ellos también conocían los míos.

—No son muchos, pero los hay, lo que me estás pidiendo es prácticamente lo mismo que estáis intentando evitar: un suicidio. ¿De verdad crees que podría enfrentarme a todos ellos yo sola y salir airosa? Es imposible.

Jasper volvió a sonreír y sus ojos brillaron como si ya tuviera un plan en su mente.

—Tú sola contra ellos sí es imposible, pero con aliados no lo es.

Rodé los ojos.

—Ya claro, vosotros y yo ¿no? Dejame decirte que aún así somos demasiados pocos por si no te has dado cuenta, no llegamos ni a una docena entre todos nosotros y ellos son cuatrocientos noventa y siete soldados, y la mayoría de ellos con dones, así que no lo flipes tanto, Jasper.

A pesar de mis palabras la sonrisa de Jasper no desapareció.

—No, Bella, te estoy hablando de algo mucho más grande. No sólo nosotros. Sino de un auténtico ejército —y como si intentara hacer más énfasis empezó a hacer gestos con las manos mientras hablaba—. Tenemos amigos dispuestos a unirse a la causa, están hartos de la dictadura de los Vulturis, incluso se está intentando crear una alianza con los licántropos, si nos uniéramos todos los Vulturis no tendrían nada que hacer. Pero para que este golpe de estado triunfe te necesitamos a ti al frente del ejército, eres lo suficientemente poderosa para dar fin a la dictadura de los Vulturis. ¿Qué me dices, Bella? ¿quieres volver a ser libre?

Me quedé callada mirándole.

Esme, que se había mantenido callada todo el rato, se acercó a mí y me abrazó maternalmente, como hacía antaño. Fue raro, pero agradable, era como volver a sentirme protegida, aunque sólo fuera por unos momentos.

—Tienes toda una eternidad para redimirte, ¿de verdad quieres rendirte y darles la razón a los que te llamaban demonio? Tú y yo sabemos que no lo eres, las circunstancias te han obligado a hacer cosas horribles, pero esa no eras tú. La niña que yo conocí y adopté como una más de mis hijas, que tenía un corazón de oro, sigue estando en tu interior, es hora de que se quite las esposas y vuelva a ser libre, dejala que sea libre, no la mates.

Esme hablaba obviamente metafóricamente, pero me hizo pensar seriamente las cosas. ¿Podría ser que en mi interior, en algún lugar, siguiera existiendo la Bella que era hace diez años?

Y entonces recordé lo que yo había considerado una pizca de humanidad cuando decidí no matar a mi madre y al reverendo, tal vez no era humanidad, sino la verdadera Bella la que me había impedido hacerlo.

¿Cuantas veces siendo humana había deseado ajustar cuentas con los que me habían hecho daño? Muchas. Pero no lo hice por un motivo. Porque yo no era así.

Y entonces me di cuenta que la Bella humana que tenía sentimientos seguía estando en mi interior, encadenada a alguna parte esperando la oportunidad de volver a ser libre.

Y si conseguía liberarla ellos tenían razón. Tenía toda una eternidad para compensar todo el mal que había hecho. ¿Iba a tirar la toalla y darles la razón a todos los que me llamaban la hija del diablo? ¿O iba a luchar para demostrarles que siempre habían estado equivocados? Tal vez ellos tenían razón y aún podía compensar todo lo malo que había hecho. Pero antes que nada había que acabar con los Vulturis.

La pregunta era: ¿estaba dispuesta a hacerlo?

Y pensar que habían sido ellos los que habían esclavizado a la verdadera Bella y en su lugar habían puesto a una máquina de matar me hizo tomar la decisión.
Les odiaba por lo que me habían hecho e iba a acabar con ellos para poder ser libre de nuevo.

Y si para eso tenía que unirme al golpe de estado que planeaban los Cullen lo haría. Luego de eso consagraría mi vida a compensar todo el mal que había hecho.

Era hora no de buscar mi felicidad, sino de intentar arreglar mis errores, porque sólo así conseguiría ser feliz. Ahora me daba cuenta, la felicidad nunca la conseguiría con nada, porque yo nunca sería feliz si no conseguía perdonarme. Y la única forma en la que tal vez alguna vez consiguiera mi propio perdón era haciendo cosas buenas por la humanidad.

Y acabar con los Vulturis era el primer paso. Si ellos desaparecían esa sería mi primera buena obra a favor de la humanidad, ningún humano más sería transformado para ser esclavo de los Vulturis nunca más.

Así que, sin soltar a Esme, miré a Jasper a los ojos mientras asentía.

—Me uno a vosotros, acabemos con los Vulturis.