Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer yo soy dueña del resto de la trama y me divierto haciéndolos sufrir como villana de telenovela barata, separándolos, juntándolos, haciendo que se insulten, que se reconcilien…en fin, haciendo que hagan lo que a mi se me de la gana xD

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Para Maya Cullen Masen. ¡Gracias bonita!

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Chapter 21: With or without you

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-Bien… ¿Qué pasa con las distancias Bella? Tú vives aquí, tienes amigos, y empleo y tu vida aquí, y yo en Seattle, con mi familia. Nos separa el océano cariño—sonreí triste.

-Yo… no había pensado en eso—susurró con el semblante triste—Es… un gran conflicto…-yo no soportaba verla así…

-No te preocupes Bella, yo lucharé contra todo por estar contigo, habrá una forma de solucionarlo, te lo juro, o la buscaré. Por algo inventaron los teléfonos, ¿Sabes?—bromeé, pero su semblante no cambió. Tardó unos segundos en responder.

-Si… pero ¿Sabes algo Edward? Es una lástima que yo no crea en los noviazgos a larga distancia… una lástima en verdad…

Edward

¿Qué?

-Bella, ¿Qué es lo que quieres decir?—mi tono fue bastante cauteloso. ¿Ella quería dejarme? ¿Solo por vivir en continentes distintos? (Como si eso no bastara… ¡Cállate! ¡Oye, tranquilo chico! Estoy en tu bando) ¿Sin siquiera haber oído de mi súper plan? ¿Era una maldita broma?

-Lo que entendiste Edward; creo que 2 tipos amándose a larga distancia no es bueno… ni seguro… no es que no confíe en ti—se apresuró a añadir—claro que lo hago pero muchas cosas pueden pasar y si ni siquiera pudiéramos vernos a diario y solo mantener conversaciones vanas por teléfono… creo que no es lo mío.

-Bella, yo…

-¡Bella! Gracias al cielo que estás bien—Alice me interrumpió como siempre…

-Uhm, si, lo estoy…

-Eso es genial. Lamento todo esto linda, de verdad.

-No importa.

-Alice—dije—tengo algo importante que…

-Espera Edward, esto no solo se trata de ti. Rosalie viene para acá. Me dijo que no ha venido tan pronto como se enteró de lo de Emmett porque casi todos los vuelos para Londres están suspendidos, y los pocos que si hay disponibles, son para la gente importante que debe estar aquí. Llamé a mamá y papá para que muevan algunas influencias, supongo que si mis cálculos son correctos, llegará aquí mañana por la mañana.

-Eso está bien—dijo Bella

-Si, pero yo…

-Tenemos que ir a ver a tu hermano justo ahora Bella, se dónde se está quedando y quizá esté más calmado como para hablar contigo sin insultarte. Edward y yo estaremos afuera para no meternos en nada, ¿te parece?

-SI, claro que sí. De hecho, eso iba a hacer cuando llegaste; dirigirme para allá.

-Oigan chicas, si ustedes…

-¡Silencio Edward! Deja que las chicas grandes se encarguen de esto—me dijo mi hermana, pero cielos, si no arreglaba la situación con Bella ahora, no lo iba a hacer jamás. Las cosas siempre tendían a malinterpretarse…

-No Alice, es importante.

-Y esto también Edward—me dijo Bella con sus ojos muy serios—Tengo que hablar con mi hermano y hacer que de un modo u otro se le quite lo baboso y acepte esto.

Ella se terminó de poner su tenis y salió del cuarto con Alice platicando y planeando quien sabe cuantas cosas.

Suspiré mientras me ponía de pie. Estas chicas estaban sumamente locas y sordas.

¿Por qué las amaba tanto?

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-…y entonces Rose dijo que lo encontró todo tirado en su habitación, se sintió mal por nosotros porque nos había fallado y enojada con ella porque no pudo con Emmett. No te culparía si estuvieras enojada con ella, fue lo que me dijo.

-No, no. No estoy molesta en absoluto con ella, digo, Emmett iba a tener que enterarse tarde o temprano, no iba a meter a Edward en el armario cada vez que quisiera visitarme o fingir que apenas nos conocemos en una reunión o sitio en que coincidamos. De todas maneras no era su obligación hacer esto.

-Todos lo hicimos porque te queremos Bells.

Se sonrieron y luego se dedicaron a observar las calles de Londres por la noche. Me hubiera encantado empezar a hablar de lo de las distancias con ellas, pero ya lo había intentado 4 veces y ambas me habían callado casi a mordidas… que miedo.

Alice iba conduciendo el Audi y Bella como copiloto, a mí, como buen sometido, me habían empujado a los asientos traseros.

No me quejé mucho, porque luego me puse a pensar en Emmett y Bella solos. Ella era una chica fuerte en cualquier situación, pero hablando de la gente que amaba, y en especial su hermano, me había dado cuenta de que el furioso y valiente león desaparecía para dejar paso a un gatito mojado y asustado. Si Emmett se alocaba y le decía hasta de lo que se iba a morir, no creo que ella lo soportara… lo ama tanto que lo que más le duele es lo que él diga.

Yo no estaría ahí para defenderla, en primera porque Alice ya lo había estipulado así y porque mi presencia podría ocasionar una situación peor.

Ah… si ella salía lastimada… no respondía de mis actos contra Emmett.

-Bueno, es aquí.

Alice estacionó frente a un lujoso hotel y bajó del auto, yo la seguí, moviéndome para poder abrirle la puerta a mi novia.

Pero cuando le tendí mi mano, noté que ella estaba tiesa, petrificada.

-¿Cariño?

-¿Tengo que entrar?

-Pues, si. Eso creo.

Me miró. Sus grandes ojos marrones llenos de angustia.

-Tengo miedo Edward. Yo se que mi hermano me quiere y eso pero…

-Oye, escúchame…-me puse de cuclillas, ella aún estaba en el auto—No va a pasar nada bonita. Te lo prometo. Sabes que yo solo quiero lo mejor para ti aunque esto no me implique. Haz lo que quieras, se feliz. Emmett te ama, y en caso de que algo salga mal, ¿crees que Alice te dejaría sola? ¿Crees que yo te dejaría sola?—negó energéticamente—Bueno, ahí esta. Te amo, ¿de acuerdo? Mucho.

Ella asintió, pero luego hizo una mueca de confusión.

-Ah, ¿Qué me pasa? Puedo entrar ahí y enfrentar todo…

-Esa es mi chica

-…siempre y cuando estés conmigo—me dijo con una tímida sonrisa. Se la devolví y la miré lleno de ternura.

-Siempre que tú me quieras aquí amor. Siempre.

Salió del auto y me rodeó el cuello con sus brazos antes de poner sus labios sobre los míos. Yo hice lo propio colocando mis manos en sus mejillas.

No se si ya había dicho lo especiales que eran los besos con Bella. Eran como una adicción y estaba seguro que uno solo me podía desarmar. Ella era mi perdición, su sola presencia.

Mordí su labio inferior y ella hizo un ruido satisfactorio, sonreí por eso y sentí como ella me imitó, terminamos el beso entre risas y con las frentes recargadas.

Luego oí un suspiro y me giré a ver a mi hermana sonriendo y con expresión soñadora.

-¿Qué pasa Alice? ¿No tienes comentarios?—la provoqué. Ella rió

-Oh, no, esta vez no. El solo verlos juntos hace que no me arrepienta de que Emmett no me quiera volver a dirigir la palabra, de verdad. Se ven preciosos así. ¡Hasta dan envidia!

Bella me abrazó más fuerte y le sonrió.

-Bueno, ahora ves lo que se sentía cuanto te besuqueabas con Jazz en mi cara.

La sonrisa de la duende decayó un poco.

-Alice…-empecé, pero Bella se me soltó y corrió a ella.

-Oh Alice, ¡Lo lamento! De verdad lo hago. No quiero que te pongas triste—le dijo mientras la abrazaba—Yo se que te ama más de lo que Edward me ama a mi, y las cosas se arreglarán, lo se…

Mi hermana era una persona muy fuerte y no mostraba sus sentimientos a todos. Yo era su hermano y aunque le sonrió a Bella y le dijo "yo también" como la persona más recuperada del planeta, sabía que se estaba derrumbando por dentro.

Maldición, si Jasper no hacía algo pronto, la iba a perder para siempre y no yo le ayudaría, es más, patearía sus partes blandas por bastardo…

Borré esos pensamientos asesinos de mi cabeza y me acerqué a ellas.

-Bueno, yo estoy y no con Bella; las cosas se arreglarán, pero difiero en algo.

-¿En qué, Edward?—preguntaron al mismo tiempo.

-Jasper te ama hermanita, más que a la vida misma, pero no más de lo que yo amo a esta señorita—miré a mi novia y enredé sus dedos con los míos. Ella se sonrojó y me sonrió.

-Aigh, por amor de Dios, por favor, júrenme y perjúrenme que la próxima vez que me vean hacer esas cursilerías y bobadas con Jasper, me van a cachetear para que se me quite esa cara de tonta.

Los tres reímos por el comentario de Alice y decidimos entrar al edificio.

-Quédense aquí, yo iré a arreglar el acceso—dijo Alice, que se dirigió a la barra de recepción.

Bella y yo tomamos asiento en un sillón pequeño que me dio oportunidad de tenerla en un apretado abrazo mientras nos mirábamos a los ojos. Siempre me perdía en ellos, pero hoy, un comentario me llamó la atención.

-¡Mamá! ¿Ese chico es un príncipe?—dijo una preciosa niña rubia, peinada de dos coletas y con un vestido blanco con rosa. Ella me estaba mirando a mí.

-Oh, no lo se cariño—le contestó la madre que me sonrió.

Entonces la niña llegó corriendo a mi lado con una sonrisota.

-Hola, ¿Eres un príncipe?

-Uh…-¿qué le decías a un niño? ¿Le rompías sus ilusiones? Pero ciertamente, yo estaba lejos de ser un príncipe.

-Me equivoqué Lizzie, claro que es un príncipe. Es el príncipe…-me miraba esperando que contestara

-…Edward.

-El príncipe Edward, claro que lo es—la señora se veía agradable.

-Awww, es tan bonito conocer a uno, como en los cuentos. Tú eres muy guapo, príncipe Edward.

No estaba seguro, pero pude sentir un poco más de calor en mi rostro, como si me sonrojara.

-Muchas gracias Lizzie, tú también eres linda.

-¿Y ya tienes tu princesa? Porque los príncipes no deben estar sin princesa. Ellos se quieren mucho y viven felices por siempre. ¿No es así, mami?

-Claro Lizzie.

-¡Pero claro! Ella es tu princesa, ¿Verdad?—miró a mi Bella con esa sonrisa y Bella se la respondió. ¿Qué si Bella era mi princesa? Era la princesa más hermosa que yo haya visto jamás y por fortuna, era mía.

-Sí, ella es mi princesa.

-Mucho gusto princesa—dijo Lizzie.

-Hola pequeña.

-¿Cómo te llamas?

-Isabella, pero puedes decirme Bella.

-¿Bella? ¿Cómo la Bella y la Bestia?—todos nos reímos.

-Si, algo así, pero mi príncipe no tiene mucho de bestia, ¿No crees?

La niña se rió de nuevo.

-No creo. Estoy feliz porque conocí a unos príncipes. ¿Cuándo yo sea grande también mi príncipe va a venir por mí en un corcel blanco y me va a llevar a vivir a un castillo muy grande y siempre me va a querer y a estar conmigo?

Ella era una pequeña, no iba a destrozar sus ilusiones diciéndole que ese chico, quizá fuera el playboy de su universidad, que usara una Harley en lugar del caballo blanco, la llevaría a casa de su odiosa suegra que solo les daría una habitación y que probablemente pasaría por muchos problemas antes de que su vida de ensueño se cumpliera. Además de que habría muchos sapos que besar en el camino…

-Si linda, claro que lo tendrás. Así como yo tengo al chico perfecto para mí, se que lo encontrarás como tu mami encontró a tu papi—le contestó Bella en mi lugar.

Los ojos de Lizzie se llenaron de esperanza y le dio un abrazo a Bella.

-Hey, hola a todos por aquí—saludó mi hermana viendo a Lizzie, que ya se separaba de Bella para verla.

-¿Quién eres?—le dijo.

-Yo soy Alice, hermana de Edward—contestó mi hermana con tono alegre.

-Oh…-ella pareció pensativa un rato antes de mirarla con sospecha-¿No eres una de esas hermanastras malvadas, verdad?

Alice soltó una carcajada.

-No, no lo creo. Quiero mucho a este muchacho—la alegría volvió a Lizzie.

-Que bueno, porque eres muy bonita para ser una hermanastra.

Las risas se desataron de nuevo y entonces la madre tomó a la pequeña del brazo.

-Es hora de irnos Lizzie, papá y abuela nos esperan.

-¡Adiós!—nos dijo la niña antes de partir de la mano de su madre, quien nos sonrió.

-¡Miren ustedes!—habló Alice—Los dejo 2 segundos y los confunden con una princesa y un príncipe—ella estaba bromeando.

-Quizá no sea un príncipe hermanita, pero estoy segura de que la chica a mi lado es una princesa verdadera, y que tengo suerte de que sea mi novia.

Bella se sonrojó y negó divertida.

-Ya déjense de tonterías—rió Alice—es hora de que terminemos con esto.

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-Todo saldrá bien. Respira. Si necesitas algo, si las cosas se salen de control, llama a Alice o a mi, y en el segundo en que entre la llamada, patearé la puerta de la habitación para entrar.

Bella asintió, yo le acaricié la cara ansiosamente y besé sus labios. Después su frente.

-Saldré en unos cuantos minutos…

-No, tómate tu tiempo—interrumpí.

-Bien.

Ella giró en el pasillo. Decidimos que, al menos al principio, nos íbamos a mantener un poco alejados de la puerta de Emmett para que no nos viera.

-Edward, le aconsejaste a ella que estuviera calmada, pero creo que ese consejo también va para ti—apretó mi brazo y la miré.

-Ah, si. Yo creo que sí.

-Va a estar bien. Van a tener su final feliz… como todos…-¿por qué dudaba al decir esas palabras?

-Si Alice, como todos, como Jasper y tú.

-Ah hermanito. Yo ya no estoy tan segura…

-Escúchame bien Alice Cullen. Jasper te ama, tú a él. Una chica de cabello negro todo alocado, pequeñita como un duendecillo y con la que además tengo lazos sanguíneos, me enseñó que nunca hay que darse por vencido ni nada por sentado. Todo se arreglara.

Ella me sonrió.

-De acuerdo.

-Ahora, quédate aquí mientras yo resuelvo unos asuntos importantes.

-¿Importantes? ¿Ahora? Pero le prometiste a Bella que te quedarías aquí—Bella estaría bien, estaba segura con su hermano y con Alice tras la puerta. Mi hermana necesitaba más mi ayuda.

-Ya se, pero tu puedes ocuparte un rato de esto. Prometo volver súper rápido.

Alice me vió extrañada, pero no me objetó nada.

Caminé unos pasillos más y me detuve cuando pensé que era lo bastante lejos para que la duende no me oyera y lo bastante cerca para poder correr y llegar pronto si algo pasaba. Luego saqué mi celular y le marqué a Jasper.

Respondió casi de inmediato.

-¿Edward?

-¿Quién si no? Necesito hablar contigo.

-Genial, yo también, necesito que me ayudes en algo muy importante y muy especial.

Sonreí. Claro.

-Espero que ambos estemos pensando en la misma persona, porque si no, espero que aproveches las últimas horas con tu cuerpo completo y en buen estado…

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Bella.

Con todo el miedo del mundo, toqué 2 veces la puerta. Esperé unos segundos y luego, un desarreglado Emmett me abrió.

-¿Bella?

-Hola Emmett.

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Uh, yo… quería ver si podemos hablar. Solo tú y yo. Con calma.

Me miró y dudó un momento. Asomó la cabeza para ver por el pasillo y una vez que checó que estaba desierto suspiró.

-Bien, adelante.

Pasé y me indicó que me sentara en un sillón de cuero rojo. La habitación era completamente normal y estaba ordenada, decorada en colores rojo y negro.

Cuando se sentó enfrente de mí, me sentí un poco más tensa.

-De acuerdo, ¿de qué vamos a hablar?

-Antes que nada, debes prometerme que no perderás el control.

-No.

-Pero Emmett…—me quejé

-No prometo nada, todo depende de lo que me digas.

-No me voy a ir por las ramas. Quiero a Edward, es mi novio, no pienso separarme de él solo porque no te agrada.

-Te va a lastimar Isabella—su cara se estaba poniendo como un gran globo rojo.

-No digo que eso no pueda pasar. Digo que estoy consiente y podré enfrentarlo Emmett. No soy una niña pequeña aunque tú si lo veas así. Si decide que yo no soy lo que estaba buscando, no me quedará más que aceptarlo y yo se cuánto te gusta decir "te lo dije" y dejaré que me sermonees todo lo que quieras si eso pasa.

Un poco de dolor cruzó por su rostro antes de poner una máscara de indiferencia.

-Si te crees muy madura, puedes hacer lo que quieras.

-Emmett…

-Está claro que nada de lo que yo diga te hará cambiar de opinión, así que puedes hacer lo que te venga en gana. Eso si—se inclinó a mí y me señaló severamente— No cuentes con mi consuelo cuando mi predicción se cumpla, y tampoco pretendas que te trate como siempre, y menos a él.

-No quiero que eso pase…-susurré.

-No me dejas otro camino. Muy bien señorita adulta, ¿Necesitas algo más?

Me dolía en el alma la indiferencia y las palabras de Emmett, pero no podía hacer nada. Él estaba equivocado y… esperaba que algún día se diera cuenta y compartiera mi felicidad.

-No.

Me puse de pie y me dirigí a la puerta.

-Espera Isabella.

¿Isabella? ¿Dónde quedó el "Bella"? Supongo que ahora tendría que acostumbrarme a esto…

-¿Si?—no me giré. Ver en su rostro el rechazo era un constante martirio…

-¿Sabes que viven en sitios diferentes, no? ¿Qué pasa con eso?

-No es tu asunto Emmett. Pero solo para saciar tu curiosidad, ya he pensado en ello, Tengo una solución.

Ya no dijo nada y yo salí de la habitación. A lo mucho me había gastado 5 minutos, y ninguno de los Cullen estaba en el pasillo. Tal vez se habían quedado en el mismo lugar.

Cuando llegué, solo Alice estaba recargada junto al extintor.

-Hola, ¿Y Edward?

-¿Bella? ¿Ya? Eso fue rápido. Mucho en realidad.

-Si, solo le reafirmé mi postura y él la suya. No va a apoyarme. Seré una desconocida para él desde ahora, supongo.

-Oh cariño…-me dijo Alice mientras me abrazaba—de verdad lo siento. Es un idiota, pero va a recapacitar.

-No lo creo Alice, pero tampoco lo voy a estar esperando años.

-Bien—se separó de mí y frotó mis brazos. Ambas nos sonreímos resignadas.

-¿Edward?—pregunté de nuevo.

-No lo se. Solo me dijo que tenía algo que arreglar y que volvería pronto…

-… ¿Bella?—Edward llegaba corriendo del pasillo de la derecha, con cara angustiada-¿Estás bien? ¿Y Emmett? ¿Qué haces aquí?

-Nada en especial. Ha terminado Edward. Le he dicho a Emmett lo que pienso.

-¿Qué le dijiste?

-Que no me importaba lo que él pensara, yo te quiero a ti y no pienso dejarte ir—me sonrió.

-También te quiero cariño, pero… no estarás molesta con él, ¿O si?

Le torcí el gesto.

-Quizá… bueno, sí. Estoy molesta, pero creo que más que nada, estoy muy herida. Lo que está haciendo no tiene excusa.

-No, no la tiene—contestó Alice muy firmemente. Edward sonrió.

-Solo espero que la cosa no pase a mayores…

Él colocó su brazo sobre mi hombro y yo acaricié su mano.

-Mientras estés conmigo, todo será sencillo.

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Después de salir del hotel, Alice le rogó a Edward para que nos llevara a comer unas hamburguesas con papas fritas. Dijo que se moría por unas y que si no la llevaba, su hijo saldría con cara de hamburguesa*. Edward casí hace que choquemos con un vehículo distribuidor de cerveza alemana cuando oyó eso. Alice se atacó de la risa y le juró y perjuró que no había ningún bebé.

Edward ya no se veía tan convencido…

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A las 11 de la noche, llegamos a casa entre risas y juegos. Alice traía 4 juguetes de esos de establecimientos de comida rápida. No se cómo le hizo, pero se comió 3 hamburguesas grandes, 4 paquetes de papas, 5 vasos de jugo y 2 malteadas de vainilla con fresa.

Juro que si me lo hubieran contado, no lo habría creído; no puede caber tanta comida en un cuerpo tan pequeñito, pero mis ojos estuvieron a punto de salirse por la sorpresa. Edward se rió en mi cara y me dijo que si hablábamos de comida rápida, esto era completamente normal.

Mientras ellos se quitaban sus abrigos y se dirigían a la sala, yo revisé la correspondencia que el encargado del edificio me había deslizado por debajo de mi puerta.

Solo había publicidad, cuentas que pagar y… ¿Qué era eso? ¿Una carta? La hoja era como las de antes, amarillenta y en la parte frontal tenía escrito con perfecta letra manuscrita (aún más perfecta que la de Edward) "Alice". Sonreí. ¿Alice un admirador en Londres? ¡Todo esto era muy romántico! ¡Maldición, si hasta el maldito sobre tenía un sello de épocas anteriores!

Aventé la demás correspondencia a la mesita y corrí hacia la sala, donde ellos estaban.

Me senté como si nada y ellos me vieron como si estuviera loca. Decidí hablar.

-¿Alice Cullen? ¿Tienes algo que no hayas comentado con tu hermano o conmigo?

Me sonrió confundida.

-¿De qué hablas?

-Oh, no lo se… ¿un admirador secreto, tal vez?

Ella abrió mucho los ojos.

-¿Admirador secreto? ¿Qué quieres decir Bella?—Edward, de nuevo, ya no estaba tan sonriente.

-De nada Edward, la verdad—dijo Alice—Yo no tengo ningún admirador secreto.

-¿En serio? Entonces como explicas… esto—le tendí con toda calma la carta y ella se movió rápido, porque Edward estaba a punto de arrancarme la carta de las manos.

Ella miró feo a su hermano antes de examinar la carta por fuera, la abrió y la leyó muy lentamente. Edward estaba perdiendo la paciencia.

-Alice…

-¡Shhh! Silencio Edward, deja a tu hermana con sus asuntos, ella nos dirá si quiere que nos enteremos.

Rodó los ojos y se cruzó de brazos. Niño berrinchudo…

Unos minutos después, nos miró como perpleja y lo único que dijo fue:

-No se quién pudo mandarla…

-¿Puedo verla?—pregunté. Asintió y me la pasó.

Edward se juntó más a mí como buen chismoso para verla.

La letra era la misma de la parte exterior, elegante y bonita, y solo decía unas cuantas líneas.

"A la gente le quita el sueño los problemas, las deudas o los hijos,

A mi me lo quita una chica pelinegra de brillantes ojos verdes.

Ellos utilizan ovejas para encontrar el sueño,

Yo prefiero pensar en el día en el que al fin estés a mi lado".

-Aww Alice, esto es muy lindo—dije mientras Edward me arrebataba la carta. Ella me sonrió y se sonrojó.

-No es nada lindo. Un londinense maldito quiere seducir a mi pequeña hermanita—gruñó Edward.

Me reí.

-Por favor Edward, ella es más grande que tú. ¿Qué no haz aprendido nada de mi caso con Emmett?

Su expresión de furia se suavizó y le tendió la carta a su hermana.

-¿De verdad no sabes de quién es? ¿No reconoces la letra?

Negó suavemente.

-En absoluto.

-Hmm… esto es interesante—susurré-¿No es de… ya sabes… de Jasper?—me dio un poco de temor decirle el nombre y que se derrumbara.

No mostró nada.

-No, él jamás escribiría así. Estos detalles no son muy de… su estilo.

Pensamos sobre ello un buen rato sin llegar a una conclusión.

-Chicos, no hay más. Es un tipo que de seguro me vio o algo y le gusté. Eso es todo.

Edward no estaba muy conforme con eso, porque creía fervientemente que si no era Jasper, entonces era un maniático acosador que nos seguía hasta casa, pero yo estaba muy cansada.

-¿Podemos hablarlo mañana? La verdad es que no se como sigo de pie, no dormí mucho.

Aceptaron de inmediato y nos cambiamos y acostamos con gestos exhaustos.

-¿Bella?—me llamó Edward cuando llevábamos un buen tiempo en la cama, callados y abrazados.

-¿Si?

-Cariño, te amo. Estoy feliz por esto y agradezco que estés conmigo ahora…-sonreí levemente-…bueno, no. No estoy feliz por lo que pasa por tu hermano, solo quiero decir, que estoy feliz de que me escogieras a mí y no a… tu hermano…

Lo miré a la cara y estaba haciendo gestos. Lo besé.

-Edward—susurré—Está bien, ya no te hagas bolas tu solo. Yo también estoy feliz de tenerte aquí conmigo.

-Siempre Bella, siempre.

Besé su pecho y él hizo lo propio con mi cabello, me tarareó una canción y yo me quedé dormida.

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-¡Que no Edward, maldición!

-¡Alice! ¡No seas necia!

-¡No soy necia! ¡Tú eres el aferrado!

-¡Claro que no! Cielos, contigo no se puede, tú eres…

Y así los hermanos Cullen llevaban 30 minutos, sin exagerar. Yo solo los veía con cara de incredulidad y es que…

-¡Reconócelo ya Alice Cullen! ¡El señor cara de papa fue más importante para Buzz Lightyear en el rescate de Woody!

-¡Nunca, Edward Cullen! ¡No cederé mientras esté segura de que Rex fue mil veces más importante!

-Oh, si, ¿Qué dirás la próxima vez? ¿Qué Rex debió ganarse el papel en Monsters Inc.?

-Ha ha, muy gracioso. Pero ya que lo dices, ¿porqué no? ¡Es tan bueno como todos los demás!

Suspiré por enésima vez. ¿En serio estaban hablando de eso?

El timbre sonó, pero ellos no parecieron darse cuenta, así que yo me paré y abrí llevándome una gran sorpresa.

-¡Rosalie!—grité y me le arrojé.

Ella rió y me devolvió el apretado abrazo.

-Oh Bells, es un gusto enorme verte. Lamento lo de Emmett, ¿Sabes?—me separé de ella.

-No tienes nada que lamentar bonita. Todo está bien.

Me sonrió.

-¡Rosalie Hale!—un duende me movió muy rápido y atrapó en sus brazos a la rubia.

-Hola Alice, también me da gusto verte.

-Es genial que estés aquí, te echaba de menos.

-Y yo a ti.

Cuando Alice se calmó, Rosalie saludó amablemente a Edward. Él llevó sus cosas a la sala y todos nos sentamos ahí.

Platicamos de cosas sin importancia, y entonces, cuando nos quedamos callados, Alice soltó una pregunta importante.

-Y… ¿Jasper?—toda la atención se fijó en Rosalie.

-Ah, se quedó en Seattle, en casa. Dijo que no tenía ningún interés en venir—lo dijo tan tranquila que hasta a mí me dolió.

Los ojos de Alice se aguaron pero el resto de su cara se mostró indiferente cuando asintió y se excusó por algo que no entendí para ir a la cocina.

La miré con tristeza. Ella no merecía esto…

-Rose, no debiste ser tan mala

-Ya lo se, creo que sí me pasé.

Miré a los chicos con sospecha

-¿Hay algo que me esté perdiendo?

-No, no cariño, nada—se apresuró a decirme Edward y a cambiar de tema.

Decidí dejarlo pasar, no era de las que rogaban mucho.

Por la tarde, mientras Rose se encerraba en mi habitación con Alice para platicar, porque se había mostrado bastante decaída desde su pregunta y Edward tomaba una ducha, decidí salir a una pequeña terraza.

-¡Bella!—me llamó el señor Walker

-Hola Sr. Walker, buenas tardes. ¿Cómo está?

-Bien gracias querida. Te traigo tu correspondencia. Tengo que ir con la señora del piso 2 para arreglar algo de un plomero, ¿está bien? Ya nos veremos luego.

-Claro, cuídese.

Nunca revisaba mi correspondencia hasta días después, pero esta vez, algo que llamó a hacerlo, y no estaba equivocada.

Una nueva carta sobresalía entre mis sobres de deudas.

Sonreí antes de echar a correr a mi departamento. Quizá esto alegraría un poco a mi mejor amiga.

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*Aquí en mi país, México, se suele decir que si no comes algo que se te antoja, tu hijo saldrá con cara de eso o que te saldrá un granito en la lengua. Es muy común aquí, pero no se si en otros países, por eso lo pongo :)

¡Hola chicas! Hehehe, ¿qué tal? Ahora si les cumplí y aquí estoy con un nuevo capítulo. ¿Quién será el admirador secreto? Todavía no se resuelve eso de la distancia entre Edward y Bella, pero ya verán el prox cap, en el que tendremos la reaparición de Tanya y Jason :D hahahaha, no puedo dejarlos así, ¿verdad?

¡Ains! Millones de gracias por sus reviews! Me hacen muy muy feliz.

Tengo poquito tiempo! Las adoro, gracias por todo, ok?

Por cierto! Pásense por mi nuevo fic (perfil)