Capítulo 21
Podía caminar hasta con los ojos cerrados, no por nada había hecho el mismo recorrido cientos de veces. Pero había algo diferente en el aire, era como si me observaran y me siguieran. No quería parecer miedosa, así que me limitaba a ver de vez en cuando a mí alrededor, pero no era suficiente para descubrir a mi acechador.
No tenía ni idea de quien pudiera ser tan sigiloso como para seguirme con tanta exactitud. Y aunque le había dicho a Seth no ir hasta dentro de unos días, más específicamente, cuando se fueran los Vulturi, no pude evitarlo, necesitaba verlo, necesitaba saber si él y la manada estaban bien, si Embry estaba bien. Así que, prácticamente estaba guiando a quien sea que me seguía al lugar de los enemigos.
—¿Por qué te ocultas? —susurré.
Esperé una respuesta, un sonido o algo, pero nada pasó. Algo me decía que no era ninguno de mi familia, ellos no tendrían porque ocultarse.
Tal vez sea uno de los Vulturi, pensé.
Pero no tendría sentido. Marcus, había regresado a Volterra el día de ayer, junto a su hermano Cayo, ya que ambos no soportaban estar aquí después de tres días. Los únicos que seguían aquí, eran Aro, Jane y Alec, por algún motivo extraño.
Giré al escuchar el suave sonido. Eran dos personas, y por el sigilo de sus pasos, ya sabía de quien se trataba.
—Que asqueroso hedor —dijo Jane con cara de asco, saltando del árbol y cayendo con gracia delante de mí.
—Nadie te mando a venir aquí —rebatí. Evité decir que lo que realmente hacían era seguirme. Ella me fulminó con la mirada.
—Tan solo queríamos conocer el lugar —dijo Alec, sonriendo de medio lado y metiendo las manos a su chaqueta negra.
A pesar de sus ojos como el rubí me provocaban un escalofrío ya que me recordaban constantemente a mis primeros meses de vampira y a todos esos neófitos enloquecidos, sus ojos guardaban algo que me gustaba, me miraban de una forma tan distinta que me alegraba y me ponían nerviosa a partes iguales.
—Pues no creo que este sea el mejor momento. Yo iré a visitar a unas personas —dije mirando hacia atrás. Ya casi llegaba a los límites y era seguro que la manada aparecería pronto, y no me interesaba una batalla entre ellos.
—Es repugnante tu cercanía con los malditos perros —dijo con desdén Jane.
—Pues vete, nadie te invitó —dije.
No existía ni una oportunidad de poder mantener una relación cordial con ella.
Ella nuevamente me volvió a fulminar con la mirada y antes de que me diera cuenta, percibí el fuego a mí alrededor. De mi garganta salió un gemido de dolor, pero mordiéndome los labios, ahogué todos los gritos que quería dar; caí al suelo de rodillas, sosteniendo con mis manos mi pecho, era ahí donde más sentía el dolor, donde el fuego parecía quemarme con saña. De repente se detuvo y cuando abrí los ojos, me di cuenta de que una bruma negra envolvía a Jane, y la rubia quedaba paralizada.
Me levanté poco a poco, y aunque las ganas de quitarle el rostro se apoderaban de mí, sabía que no podía hacer nada, eso podría provocar un problema con los Vulturi.
—¿Estás bien? —preguntó Alec, y su mano siguió infundiendo la bruma negra en su hermana.
—Estoy bien, pero llévatela. No quiero verla, y no menciones nada de esto a mis hermanos- —pedí y él asintió.
—Lo siento.
—Tú no tienes que disculparte, y estoy segura de que tu hermana no lo hará, así que no hay problema, claro, si evitas por todos los medios pensar en esto, porque Edward puede leerlo y tal vez provoque un problema.
El cuerpo me seguía ardiendo, aunque tan solo fueron unos segundos que recibí su cruel don, sabía que por nada del mundo quería volver a sentirlo.
—¿Tal vez podamos hablar en otro momento? —preguntó.
—Claro.
Él tomó a su hermana en brazos y se alejó corriendo.
Respiré varias veces, intentando quitar de mí las últimas sensaciones de carbón caliente de mi cuerpo. Llegué completamente a los límites y me senté en la roca esperando a que apareciera la manada. A los pocos minutos de estar ahí, vi a todos salir de entre los árboles.
—Chicos —saludé y sin invitación, salté.
Sam me gruñó con coraje por la acción, pero en vez de asustarme, le acaricié el pelaje, provocando que sostuviera mi muñeca entre sus dientes, enterrándome muy suavemente los colmillos.
—Que sensible, Sam —dije, y él gruñó nuevamente y me soltó.
Todos ellos se alejaron y se ocultaron detrás de los árboles, cuando volvieron a salir, lo hacían en su forma humana.
—Seth —dije cuando el chico corrió a mí para abrazarme.
—¿Trajiste galletas? —preguntó Jared.
—Lo siento, no traje galletas.
Ellos me miraron con reproche y yo reí.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Sam, cruzándose de brazos.
—Quería saber cómo estaban y en especial Embry.
—Él está bien, sigue en cama, pero mejora rápido —respondió Seth.
—Qué bueno, me alegro —dije más tranquila.
—¿Quieres ir a la playa? —preguntó Seth.
Miré a los lobos, y Sam puso cara mucho más amarga, aunque existía un trato, era consciente de que a él no le agradaba la idea de que estuviera tan cerca de la reserva.
—No, aún están aquí, así que no quiero tardar. Nos vemos luego, chicos —me despedí de ellos y salí corriendo.
La verdad era que no me apetecía ir a casa, así que me quedé sentada entre las raíces de un frondoso árbol. Me hubiera encantado ir a la playa, ya habían pasado varios días desde que estuve ahí y quería controlarme, necesitaba estar cerca del mar ya, sentirme tranquila y libre.
Aún no podía comprender porque Jane parecía odiarme tanto, no es como si le hubiera dado motivos.
—Qué asco da tu aroma —la vocecita aniñada de Jane rompió mi tranquilo silencio.
—Disculpa por no perfumarme ante tu presencia.
Ella rodó los ojos fastidiada.
—Y dime, traidora, ¿ya fuiste a ver a tus perros? —preguntó.
Me levanté rápidamente y la empujé contra un árbol. Era obvio que se estaba conteniendo de atacarme, pero yo ya me había cansado de aguantar sus palabras.
—A ti que te importa.
—Que delicada.
Jane me empujó con fuerzas.
—¿Qué es lo que te sucede? ¿Por qué me odias? —pregunté, cansad de sus ataques sin sentido.
Ella caminó a mí alrededor con pasos cortos.
—Porque eres tan idiota que no te das cuenta de lo que provocas —respondió ella cruzándose de brazos.
—¿Y que se supone que he provocado?
Realmente no les encontraba ningún sentido a sus palabras.
—¡Maldita, eres tan idiota o realmente te haces la mosquita muerta pretendiendo que no sabes nada! —gritó ella, y nuevamente volvió a suceder, sus ojos me fulminaban y son los tres segundos más largos de mi existencia, donde volví a sentir su cruel don.
—Basta, no hagas eso —pedí con la voz temblando, tratando de serenarme— No entiendo.
—Me vale si finges no saber, lo único que, si te digo, hazle daño y te la veras conmigo —amenazó.
Me dejó sola, me senté nuevamente tratando de quitar de mi cuerpo la sensación del fuego. Sus palabras se repetían a una velocidad imperiosa en mi cabeza. ¿Hacerle daño? ¿A quién? A quien puedo hacerle daño, y claro, tenía que ser a alguien que a ella le importe mucho.
La única opción sería…
—Alec.
—¿Me llamabas?
Giré espantada, quedando mi rostro muy cerca de la de él. Sus palabras fueron susurradas justamente en mi oído izquierdo y lo empujé un poco.
—Diablos, tienes que dejar de hacer eso —pedí, pues no era la primera vez que me tomaba de sorpresa.
Él sonrió mostrando todos sus dientes.
—Eres tan fácil de asustar, para ser un vampiro tienes los sentidos muy limitados —susurró con sorna.
—Tan solo estoy distraída —dije, sin saber porque, un poco molesta.
—Siempre estás distraída, por eso eres muy vulnerable.
—No soy débil —dije a la defensiva.
—Nunca dije débil, Allison. ¿Pero porque estás así?, parece que te molesta verme.
—Lo siento, tan solo es que tú hermana dijo…
—¿Qué dijo Jane? —preguntó con urgencia.
—Cosas sin sentido.
Le quite importancia. Realmente no les veía sentido a sus palabras, porque hablar de eso.
—¿Qué te dijo? —insistió preocupado.
—Ya te dije, algo sin importancia. ¿Quieres una carrera? —preunté.
Él asintió, viéndome con suspicacia. Corrimos a la casa. Mis hermanos estaban afuera riendo. Como siempre, Jasper y Emmett, daban inicio a unas de sus típicas luchas. Y aunque el oso contaba con la brutalidad de sus músculos, Jasper era ágil y experimentado, siempre le hacía morder el polvo.
La pelea no duró mucho, pues Jasper rápidamente lo tuvo en el suelo.
—Osito, te ganaron —dije con dulzura, provocando que me quedara viendo con enojo.
—Cállate, ricitos —dijo él, utilizando ese apodo que por dentro me gustaba, pero le hacía creer que me molestaba.
—¿Alguien quiere ir al cine? —preguntó de repente Alice.
Yo inmediatamente me apunte, tenía que alejarme un rato de todo esto, de toda la tensión que rodeaba la casa. Ya ni sabía que pensar. Pero de lo que si estaba segura era que Jane estaba completamente loca. Alec era lo más importante para ella, pero no tenía ni idea de cómo podría hacerle daño. Él me había salvado, jamás le dañaría. Además, de donde sacaría Jane toda esa locura.
Todos salimos a Port Angeles, excepto por los Vulturi. Mis hermanos se montaron en sus autos en pareja, sin preguntarme si quería ir con uno de ellos, así que me tocó ir en el auto de Edward. El silencio era tenso y ya me estaba impacientando, a pesar de decirle prácticamente que defendí a Bella por él, aun no podía dejar de lado la pelea que habíamos tenido.
—Silencio… ¿así será todo el camino? —pregunté. La comisura de sus labios se elevó.
—Eres tú la que está molesta —dijo. Me volteó a ver— No me gusta que te enojes conmigo.
—Y a mí no me gusta enojarme, pero no esperes que este feliz por la forma en como actúas.
—No entiendes —lo vi negar con la cabeza.
—No me tomes como tonta, si me explicas entendería —dije molesta.
Realmente quería saber porque estaba pasando todo esto, porque nos alejábamos cada vez más. Edward en verdad no notaba que me dolía, me dolía mucho la distancia, una cosa era verlo con Isabella, otra muy distinta era que peleáramos seguido. Preferiría verlo con Isabella y que me siguiera tratando como una hermana, a como estaban las cosas ahora.
Él estacionó el auto, atrás de los chicos. Estábamos enfrente del cine.
—Por favor, aun no es el momento —dijo.
Aparté mis manos cuando él hizo el intento de tomarlas.
—Pues espero que en tu calendario este cerca ese momento.
Salí del auto molesta. Porque no quería decirme lo que pasaba, ¿tan grave era?
La película inició y terminó. Me tocó sentarme entre él y Rosalie, y en determinado momento, él había tomado mi mano, lo le rechacé el gesto, pero tampoco hice nada por devolverle el apretón. Cuando salimos del cine, estaba más que dispuesta a irme con mis otros hermanos, pero los muy pillos me dejaron ahí con Edward, otra vez. Él me abrió la puerta y cuando estaba punto de entrar sentí como sus brazos me rodeaban y me pegaban a su pecho.
—Te quiero —susurró cerca de mi oído— ¿Tú me quieres, Allison?
Como se atrevía a hacerme esa pregunta, si lo que yo sentía por él, iba más allá de un simple querer.
—¿Lo dudas? —pregunté viendo sus ojos, tan brillantes como la propia luna.
—Lo dudo.
—Te quiero, antes de que fueras a esa montaña te lo dije y no por una simple pelea dejare de hacerlo.
Él sonrió ampliamente. Nos subimos a su auto y viajamos a una velocidad realmente lenta hacia la casa, era como si él no quisiera llegar. Para ser sincera, tampoco quería llegar. No quería estar cerca de Jane y su demencia.
—Frena —pedí y él frenó rápidamente, después de orillarse.
—¿Qué pasa?
—No quiero ir a casa —dije suavemente y él sonriendo me besó la frente.
—¿A dónde quieres ir?
—A la playa que fuimos la otra vez ¿sí?
—Donde tú desees.
Él dio un giro, y tomó el camino que llevaba a la playa. Cuando llegamos rápidamente me quité el abrigo y los zapatos, y me aventé al agua. Nadé lo más que pude, alejándome lo más que podía de la orilla. Si un humano nos viera, pensaría que estábamos locos, dos chicos aventándose al agua helada era una locura. Vi a Edward emerger del agua, y con el cabello todo revuelto se veía más perfecto de lo que era.
Él empezó a nadar hacia mí, pero yo me alejé. Quería jugar.
—¡No me atraparas! —grite, antes de sumergirme entre la oscura agua.
—Siempre lo haré, Allison —lo escuché decir.
Nadé todo lo profundo que podía, era muy difícil de ver entre la oscuridad que me rodeaba, el agua era tinta negra en este momento y la luna brillaba temblorosa sobre el mar, pero no alcanzaba para ver.
Miré a todos lados, pero no existía señal de que Edward estuviera cerca. Levanté la mirada y me di cuenta de que estaba a muchos metros de la superficie. Me quedé quieta, como un trozo de hielo. De repente sentí que alguien me rodeaba la cintura y tiraba de mí para el fondo. No me asusté, total, ya sabía de quien se trataba. Su rostro estaba pegado al mío ¿Cómo era posible que, aun en la oscuridad, pudiera ver sus ojos claramente?
Él sonrió triunfador. Me había atrapado nuevamente.
Quité sus brazos de mi cintura, y empecé a nadar a la superficie y luego a la orilla. A los pocos segundos de que salí, él apareció delante de mí.
—Te atrapé —dijo con alegría.
—Siempre lo haces.
No pude evitar pensar, que así sería siempre. Él me atrapó en aquel claro, me atrapó al hacer que yo lo amara, y me atrapó no queriendo irme de su lado, aun sabiendo que él estaba con otra. Me hizo prisionera de todo esto, pero no me imaginaba dejándolo, jamás lo dejaría.
Me senté en la orilla de la playa, y recosté la cabeza en su hombro. El agua seguía mojándonos los pies suavemente y la luna temblaba más.
—Es increíble que no nos estemos congelando —dije para romper el silencio que nos rodeaba.
—Es porque ya lo estamos —respondió él.
Me abrazó con fuerzas y yo me dejé. Quería tenerlo cerca, todo lo cerca que se me permitía.
—Congelados en el tiempo.
—Así es, congelados en el tiempo. Tú, apenas has iniciado, pero yo ya llevo más de cien años —dijo con pesadumbre.
—Pero ya iniciaste a vivir ¿no? Bella es parte de ello.
No sabía porque lo dije, porque la había mencionado, quizá era mi manera de volver a mi realidad: Edward no era mío y sólo quería confirmar que él era feliz, que vive.
—Empecé a vivir hace poco —susurró abrazándome más fuerte.
Si tan solo él supiera que empecé a vivir el mismo día de mi muerte. Él mismo día que desperté y me encontré con sus ojos. Que fue ahí cuando inicie a vivir de verdad, que todo lo anterior era una burla comparado con él. Todo era inútil, absurdo y tonto compara con él.
Gracias por sus comentarios.
Angiie0103: linda, en verdad lo hago inconscientemente, es algo que se me va de las manos. Pero prometo tratar de no hacerlo. De igual forma, a mí tampoco me gusta hacer sufrir a Edward, pero un poquito se lo merece.
Paz: Edward tiene una personalidad más intensa, por eso es que él actúa mucho más celoso. Y pues Allison es más relajada en ese aspecto, y tenía que fingir que no pasaba nada.
Vaneywanavi: gracias por tu comentario. Realmente no conocía a esa actriz, pero realmente es un buen ejemplo, tan solo que sería con el cabello negro y un poco más rebelde, realmente es bonita Jenny Martínez.
Luz de Luna: te entiendo, yo estoy agotada, la prepa me explota, necesito que alguien le diga al arqui que no soy buena haciendo planos. Edward está sintiendo en carne propia lo que él hizo, está sintiendo el abandono de Allison, yo creo que se lo merece, un poquito.
