Disclaimer: Los personajes pertenecen a Takeshi Konomi.
-.-Kimodameshi-.-
—¡Ah!
—¿Ahora qué pasó?
—E-Escuché un g-grito —tartamudeó, Sakuno.
—¿Y un grito te asusta? —cuestionó, Ryoma, escéptico.
—L-Lo siento.
—Ryuzaki. Me estás cortando la circulación del brazo.
—¡Lo siento!
Ryoma suspiró cansado.
La muchacha se separó de él y dejó, una vez más, su brazo libre. Era la quinta vez que Sakuno se abalanzaba sobre alguna parte de su anatomía, buscando soporte emocional para sus alterados nervios. No estaba seguro que debía hacer en aquellos momentos de acercamiento porque empezaba a perder la paciencia con su compañera, que pescaba cualquier oportunidad para asustarse y clavarle las uñas en el brazo. Él no creía en fantasmas, así que no encontraba la razón de su desesperación.
El Kimodameshi escolar era una tontería.
Como todos los años, la escuela preparaba esa actividad para que los alumnos de los tres primeros años, pudieran participar. El lugar elegido fue un resort abandonado y a medio construir en una zona alejada de la ciudad, y que cumplían con los requerimientos de seguridad básicos. En un principio, este evento de verano estuvo planeado para realizarse de manera tranquila y ordenada como los años anteriores, pero no contaron con que una escuela más se sumaría al evento. A parte de estar presente Seigaku, Fudomine tuvo la idea de realizar el Kimodameshi en el mismo lugar.
Al ser dos escuelas dentro de un gigantesco resort abandonado, los organizadores pactaron crear un grupo más grande de personas a participar, y hacer una mezcla de las dos escuelas. Todos fueron distribuidos en diferentes zonas del resort para que llegaran a cierto punto acordado entre el bosque, y lograran pasar la prueba. La presencia de ambas escuelas, hizo que el evento se volviera un caos; gritos de miedo por doquier. No por nada los profesores de Seigaku y fudomine prepararon un sinfín de escenas de miedo, que haría saltar a cualquier fantasma, claro, si existieran.
Ryoma tuvo que soportar a su elocuente grupo.
Inui que anotaba rarezas en su cuaderno, y mencionaba cada cinco minutos, que los fantasmas eran solo ilusiones del cerebro, con lo cual, estaba de acuerdo. Ryuzaki que no paraba de gritar por cualquier cosa, y había tomado la costumbre de abrazarlo cada vez que el viento soplaba. En esta situación no sabía cómo sentirse, pero se comenzaba a incomodar. Por si fuera poco, un trío inseparable que hace unos minutos salió corriendo uno detrás del otro, porque los muchachos buscaban cualquier excusa para competir; Kamio, la hermana de Tachibana y Momoshiro.
Olvidó el altercado con Sakuno, y se acomodó la gorra para seguir caminando. Se encontraban en uno de los muchos pasillos del resort abandonado. Era un poco complicado salir al bosque desde un dieciseisavo piso.
—Esto no funcionará —comentó Inui; cerró su cuaderno—. Kamio, Tachibana y Momo deben volver, si no, no podremos concluir el circuito.
—Dijeron que buscarían una salida —suspiró, Sakuno—. Las escaleras estaban en mal estado, espero que se encuentren bien.
—Se supone que son mayores que nosotros —señaló, Ryoma—. Volverán cuando choquen contra la pared, por la dirección que tomaron.
—Hum… ¿cómo estás seguro? —cuestionó, Inui.
—Repasé la estructura de un plano antiguo que encontré en la biblioteca —contestó sin mucho ánimo—. Quizás me equivoque.
—Ryoma-kun —llamó, Sakuno—. ¿Eso no es hacer trampa?
—Yo lo llamaría fuentes de información.
—Eso ayudará mucho en armar un plano para salir de aquí. —Inui abrió el cuaderno nuevamente—. Este resort ha estado abandonado por más de 30 años, así que es válida la fuente —comentó, mientras empezaba a anotar varios datos—. El proyecto no pudo terminarse porque los trabajadores comenzaron a desaparecer por razones desconocidas, aunque días posteriores encontraron algunos cuerpos por estos pasillos.
—¡I-Inui-sempai! —exclamó, Sakuno, completamente asustada—. No tiene porque relatarnos los detalles.
—Son tonterías —dijo Ryoma, acomodándose la gorra—. De todas formas, sólo debemos encontrar la salida. Nadie aparecerá.
—E-Eso espero. —Sakuno se sintió más reconfortada por las palabras de Ryoma.
Ryoma repasó la mano por la frente, estuvo a punto de culpar a Inui por hacer asustar a la muchacha. Si dejaba que Sakuno creyera la historia, terminaría por perder el brazo.
Iban a seguir caminando por el pasillo, cuando notó algo extraño en la muchacha de trenzas. La vio temblar a su lado, mientras se cogía los antebrazos para darse calor. Pensaría que se trataba del susto, pero cuando repasó la vista por sus prendas, supo que era el frío. Llevaba sólo unos pantalones cortos, una ligera blusa y sandalias.
Si bien era verano, a las doce de la noche, el viento cortaba la piel.
—¿Tienes frío? —Se animó a preguntar.
—U-Un poco —respondió, sonrojada—. No pensé que en verano corriera tanto viento.
—Estamos en una prefectura ubicada cerca del mar —intervino, Inui—. A estas horas el viento correrá a…
—Lo sabemos, Inui-sempai —le cortó Ryoma, antes que empezara su cátedra de la velocidad del viento.
—Estaré bien. —Sonrió, Sakuno—. Mientras más rápido encontremos la salida, será mejor.
Se quedó callado por unos momentos. Pensó en dejar pasar la situación porque no era de su incumbencia que Sakuno tuviera frío, pero algo dentro de él le dijo que hiciera algo al respecto. No podía dejar que su compañera tuviera que soportar las malas condiciones climáticas.
Sin darle mucha importancia al asunto, cogió el filo de la polera que llevaba puesta, y se la quitó. Tenía una polera de manga corta adicional, así que le sería suficiente. Tomando la prenda, se la pasó a Sakuno que la recibió sorprendida.
—Toma, póntelo —ordenó.
—E-Espera, Ryoma-kun. —Hizo el ademán de devolverle la polera—. Pescarás un resfriado.
—Che', ¿no ves que tengo otra?
—Pero…
—Tómalo —ordenó, por última vez.
—E-Esta bien. G-Gracias.
Repasó como Sakuno se ponía la polera. Le tomó segundos pasar la tela por la cabeza, alzar los brazos para colocarse las mangas, y alisar la parte baja. Notó como la polera le quedó un poco holgada, y llegaba a cubrirle los pantalones cortos. Si no hubiera estado presente al momento que se colocó la prenda, juraría que no tenía nada debajo.
Ocultó un inminente sonrojo con la visera de la gorra.
—Hum… interesante —añadió Inui. Escribió algo en su cuaderno.
Una electricidad viajó por la espalda.
¡Mierda! Olvidó por competo que su sempai estaba a metros de ellos.
Deseó que un fantasma verdadero se apareciera en ese preciso instante. Necesitaba terminar con ese evento de verano, porque sintió que comenzaba a hacer tonterías.
-Fin-
N/A: Siento que faltan más locuras de un Kimodameshi, pero pensé en hacerlo corto nxn
¡Gracias por leer!
