Disclaimer: Muchos de los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling (existen excepciones).
Capítulo 21:
- Diré yo los grupos. Warrington, Longbottom y Lestrange. Greengrass, Evans y Potter. Milton, Bulstrode y Macnair. Black, Lupin y Swan.
Chrystalle, Rosalie, Isabella, Anastasia y Millicent se levantaron de la mesa que compartían con Laura y fueron con gesto de desagrado hacia las mesas de sus respectivas parejas. Sirius se dejó caer en la silla de Chrystalle, al lado de Laura, y soltó sobre la mesa sus ingredientes. Remus se sentó al lado de Sirius.
- Tenéis una hora para elaborar la Amortentia – dijo Slughorn -. Las instrucciones están en la página 57 de vuestros libros. Ya podéis empezar.
Muchos alumnos abrieron sus libros y, después de echar un vistazo a la lista de ingredientes, fueron al armario común de ingredientes para coger lo que necesitaban. Laura pasó las páginas de su libro lentamente.
Sirius se inclinó despacio sobre Laura.
- ¿Cómo sabías lo de Eleanore?
Ignorando a Sirius, Laura sacó su varita y apuntó a la base del caldero hasta que una chispa hizo aparecer un fuego.
- ¿Cómo lo sabías? – repitió Sirius.
- Es una pena que no estuvieras espiándome cuando me enteré – murmuró Laura.
A Laura no le pasó desapercibido por el rabillo del ojo que a Remus le temblaba un poco el pulso mientras cortaba unas colas de rata.
- ¿Quién te lo dijo?
- Ve a por el hígado de armadillo – le dijo Laura a Sirius.
Laura cogió las colas de rata que había estado cortando Remus y, después de comprobar que tenían el tamaño adecuado, las echó lentamente en el caldero, como indicaban las instrucciones.
- ¿Quién te lo dijo? – repitió Sirius, sin moverse de su sitio.
Laura se giró hacia él.
- Ve a por el hígado de armadillo – le dijo con tono firme.
Golpeando bruscamente su silla, Sirius saltó de su asiento y se puso a la cola de los alumnos que cogían lo que necesitaban.
- Sirius no lo sabe, ¿verdad? – le murmuró Laura a Remus.
Remus levantó la mirada, sorprendido.
- ¿El qué?
- Que fue contigo con quien Eleanore intentó liarse… y que la correspondiste. No se lo has dicho, ¿verdad?
Después de unos segundos anonadado, Remus bajó la mirada, sin decir nada.
- Jamás me habría imaginado que podrías hacerle algo así a tu mejor amigo…
Remus volvió a levantar la mirada, con el ceño fruncido.
- Hablas como si me conocieras mucho.
- Pensaba que los Gryffindors no traicionabais a vuestros amigos, y que erais lo suficientemente valientes para dar la cara – dijo Laura rápidamente, volviendo otra vez su atención al caldero.
- Y yo pensaba que los Slytherins erais lo bastante entrometidos para tratar de romper amistades. ¿Por qué no se lo has dicho a Sirius?
Laura no volvió a mirar a Remus. Sirius regresó con el hígado de armadillo y lo dejó sobre la mesa.
- Respóndeme, Swan – dijo Sirius.
- ¿Qué más te da? – murmuró Laura, sacando el jugo del hígado con su navaja de plata -. Me enteré y punto.
Sirius no volvió a abrir la boca en toda la clase. Se limitó a cruzarse de brazos y no ayudar en la elaboración de la poción. Unos minutos antes de que finalizara la clase, salió del caldero una débil neblina rosa. Laura se dio cuenta demasiado tarde de que debía haber empezado a respirar por la boca. Los olores que aspiró, uno en especial, le hicieron recordar algo no muy lejano.
Flashback
Junio – Ministerio de Magia
Una inesperada explosión derribó el techo de la estancia. Laura salió de la sala y corrió por el pasillo, girándose en cada cruce de pasillos con su varita levantada, preparada para luchar. Un sonido de voces que se acercaban llegó hasta ella. Decidida a que no la sorprendieran, se escondió tras una columna al mismo tiempo que una puerta se abría y varios magos entraban corriendo. Laura se asomó un poco a través de la columna y apuntó hacia ellos.
- ¡Desmaius!
Un rayo de luz roja iluminó el pasillo y por poco no rozó a uno de los magos, que apuntaron hacia ella.
- ¡Laura! – exclamó Tonks.
- ¡Tonks! ¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo os habéis enterado?
- No hay tiempo para explicaciones – dijo rápido Moody -. ¿Dónde están los demás?
- No lo sé… Nos separamos.
Echaron a correr por el pasillo. Laura intentó seguirles, pero alguien la agarró de un brazo y la detuvo.
- Tú quédate aquí.
Laura se giró hacia Sirius.
- ¡No me voy a quedar aquí quieta mientras vosotros estáis luchando!
Laura intentó deshacerse de Sirius, pero el mago la abrazó, impidiéndola avanzar. Un increíble perfume le atestó las fosas nasales.
- He dicho que te quedes aquí.
Con todas sus fuerzas, Laura se deshizo del abrazo.
- Y yo he dicho que no me voy a quedar aquí sin hacer nada.
Se mantuvieron la mirada durante unos segundos, que parecieron eternos para Laura.
- Está bien – dijo finalmente el animago.
Laura se dio la vuelta para seguir a los miembros de la Orden. Todo fue muy rápido. Oyó a Sirius pedirle perdón y notó como algo la derribaba y como sus ojos se cerraban.
Un rato después…
- Tiene pulso. Sólo está desmayada.
Laura abrió los ojos y se incorporó de golpe. Ginny y Luna estaban inclinadas sobre ella.
- ¿Qué te pasó? – le preguntó Ginny.
Sin responder a su amiga, Laura se puso de pie.
- ¿Dónde están los demás?
Ginny y Luna se miraron.
- ¿Dónde están? – repitió Laura.
- Tenemos que irnos a San Mungo – dijo Luna -. Nos lo ha ordenado Dumbledore.
Laura echó a correr por el pasillo, dejando atrás a sus amigas, sin saber adónde iba exactamente. Atravesó salas, pasillos, más salas, más pasillos, escaleras y más pasillos, hasta que empezó a oír voces. Abrió una puerta y entró en una especie de anfiteatro. Abajo del todo, en torno a un arco con un velo negro, estaban los miembros de la Orden del Fénix, hablando en voz baja.
- ¡Laura! – exclamó el profesor Lupin -. ¿Qué haces aquí? Tienes que irte con los demás.
Después de recorrer a todos los miembros con la mirada, Laura notó como su corazón se aceleraba con angustia. Bajó los escalones hasta llegar a Lupin. Volvió a recorrer la sala con la mirada. Ahí estaban todos los miembros de la Orden, todos menos uno…
- ¿Qué ocurre? – preguntó Laura, mirando con el ceño fruncido a Tonks, que tenía la mirada, anegada en lágrimas, perdida en el suelo.
Nadie contestó.
- ¿Dónde está Sirius? – preguntó Laura, extrañándose de que no estuviera ahí.
El profesor Lupin le mantuvo la mirada. Laura notó como algo empezaba a romperse en su interior en cuanto una posibilidad cruzó su cerebro.
- ¿Dónde está? – repitió.
Sin decir una palabra, el profesor Lupin se acercó más a ella y la agarró por los brazos, sin dejar de mirarla a los ojos. Laura empezó a negar con la cabeza. Lupin empezó a asentir con gesto de tristeza y la abrazó. A través del hombro de Lupin, Laura vio algo en el suelo. Se deshizo de Lupin y fue hacia allí. Se arrodilló y cogió una chaqueta. Con las manos temblorosas, se la acercó al rostro y aspiró su aroma mientras las lágrimas caían por su rostro.
Entonces notó un tacto frío. Abrió los ojos y agarró algo que sobresalía de un bolsillo interior. Sacó una cadena de plata con el escudo de los Black grabado. Se la guardó disimuladamente y volvió a acercarse la chaqueta al rostro. La sola idea que se le pasó por la cabeza en ese momento se le hacía insoportable: esa sería la última vez que aspiraría el perfume de Sirius.
Fin del flashback
- ¿No se lo vas a decir a Sirius?
Laura bajó la mirada al volver a la realidad, notando como le picaban los ojos. Al parecer, ya había sonado la campana. Los alumnos estaban recogiendo sus libros y salían de la mazmorra. Sirius debía de haber salido ya. Remus echó un poco de la poción en un frasquito de cristal y lo dejó en la mesa del profesor después de escribir sus nombres en la etiqueta.
- No soy yo quien se lo tiene que decir – murmuró Laura cuando Remus volvió a su lado para recoger su mochila, agarró la suya y salió prácticamente corriendo de la mazmorra con una mano metida en el bolsillo de sus vaqueros, rozando con sus dedos una fría cadena…
- De verdad, no necesito que me lleves nada, Philip. Puedo yo sola.
- Pero, princesa… tiene pinta de pesar mucho. Déjame a mí.
Lily soltó la pila de libros que llevaba entre los brazos sobre una de las mesas de la biblioteca y se giró hacia Philip.
- Por enésima vez, puedo yo sola. Y no me llames princesa.
Ignorándola, Philip intentó coger la pila de libros. Sin embargo, antes de que la rozara con los dedos la pila se desmoronó sobre el chico, que perdió el equilibrio y cayó al suelo.
- ¿Estás bien? – le preguntó Lily, agachándose al lado del chico.
Después de varios segundos mirándose a los ojos, Philip acercó su cabeza a la de Lily y la besó en los labios.
- Ahora sí – respondió el chico, sonriendo ampliamente.
Después de varios segundos totalmente quieta, la sorprendida pelirroja le dio un bofetón, se puso de pie y salió de la biblioteca airadamente, sin darse cuenta de que alguien contemplaba la escena desde detrás de las estanterías con aire triunfal…
- ¡Por fin!
Remus se estiró en la butaca y recogió la pila de deberes que se había pasado haciendo toda la tarde. Se puso la mochila y subió la escalera que llevaba a su dormitorio, pero se detuvo ante la puerta. Después de la última clase, Sirius se había metido en el dormitorio y no había querido salir. Ni siquiera había querido que ni James ni Remus ni Peter le acompañaran, diciendo que necesitaba estar solo para pensar.
Después de varios segundos de indecisión, Remus giró el pomo de la puerta y entró. Sirius estaba sobre su cama, de espalda a la puerta, y no se movió ni un milímetro. Remus dejó la mochila a los pies de su cama y se acercó lentamente a la cama de Sirius.
- ¿Cómo te encuentras, Padfoot?
- No lo sé – murmuró Sirius.
Después de un incómodo silencio de varios segundos, Remus fue hacia su cama y se sentó. ¿Qué más podía decirle a su mejor amigo, o al que él siempre había considerado su mejor amigo? Aunque algo le decía que Laura no le iba a decir nada a Sirius, se sentía terriblemente mal. Sabía que tarde o temprano el asunto le reventaría en la cara, que Sirius se acabaría enterando de una forma u otra. La verdad es que Remus tenía que admitir que Laura tenía razón en algo; no era ella ni nadie quien tenía que decírselo a Sirius, sino él mismo.
- Hoy he descubierto la verdad.
- ¿A qué te refieres? – dijo Remus, estremeciéndose.
Sirius se incorporó, pero para alivio de Remus, el chico se puso a mirar por la ventana. El licántropo no estaba seguro de ser capaz de sostenerle la mirada.
- En clase de Pociones.
Remus notó como se tensaba su cuerpo, y le extrañó no haber empezado ya a temblar.
- Al oler la Amortentia.
Remus frunció el ceño. ¿Qué tenía que ver ahora la Amortentia?
- He descubierto que estoy más enamorado de lo que pensaba de Swan.
Poco faltó para que el suspiro de Remus fuera audible. Sin embargo, el joven licántropo sabía que tendría que contarle la verdad a su amigo… y pronto.
¿Cómo me quedó?
Besos
Laura
