Hemos llegado al final de esta serie de historias, quizás unas mejores que otras pero historias que gustaron al fin y al cabo. Una eternidad es un tiempo relativamente enorme, dependiendo de como quieras verlo. Espero que estos relatos hayan sido de su gusto y hallan compartido conmigo una agradable experiencia en compañía de dos personajes muy queridas por todos nosotros. Que el amor y la alegría siempre estén presentes en sus vidas y recuerden, aun que las cosas pasen, siempre dejaran en nosotros el rastro de que estuvieron allí, cómo un Perseide en el cielo.

¡Un saludo y hasta la próxima!

XXI. Canto de Perseidas.

Para ese tiempo, el reino de Plata se encontraba sumergido en un velo de paz tan delicado como la seda. Las representantes de cada planeta del sistema solar se encontraban allí, no se debía a una celebración o algún evento especial. Desde que la paz reinaba en el universo, la Neo Reina Serenity había decretado que las Senshi fueran a vivir con ella al palacio de cristal.

Ese día distaba de ser uno de los tantos. Ella, particularmente había desarrollado un amor por el cálculo y la astronomía impropio en sí misma cuando había reencarnado en la tierra. Seguía amando la velocidad pero ahora prefería sostener largas conversaciones con el viento mientras estudiaba la inmensidad del universo. Sus palabras y escritos sucumbieron a una metamorfosis única que dejó ver la clara transición entre su yo del pasado y el actual. La Neo Reina le había otorgado el título noble de Lord a pesar de que conocía su condición sexual de mujer. Pero a ella eso poco le interesaba, mujer u hombre, ella era ambos y con eso le bastaba.

Su cambio de pasión la llevó al punto más alto. Ese aire de erudita despertó el amor en más de una persona que conocía. Llegó un momento donde su cabello rebelde, ojos grisáceos y sonrisa juguetona eran un aditivo que reforzaba su encanto mayor.

Pocos sabían sin embargo que Lord Uranus se esmeraba en conquistar el corazón de la siempre educada; Lady Neptune. Buscaba en las estrellas inspiración para dirigirle la palabra nuevamente. Desde que la paz empezó a reinar ellas se habían distanciado a niveles casi insoportables para la señora del viento.

Todos los días indagaba en busca de un cálculo, algún indicio que le ayudase a acortar distancias de nueva cuenta con su amada regente del planeta Neptuno. Y estaba claro que la astronomía tampoco le brindaba una respuesta favorable. Le susurraba al viento y su fiel elemento la mecía, arrullando sus sentimientos. Cada hora que pasaba era una tortura y un completo suplicio para la Senshi de Urano. ¿En qué momento se alejaron tanto? ¿Cuándo permitieron que esa distancia se estableciera entre las dos?

Se encontraba mirando al cielo nocturno, en el jardín más lejano del palacio de cristal. Su cuerpo reposaba en el césped y su mirada de tonalidades grises se perdía en la bóveda celeste. Emitió un suspiro, los grillos y pequeñas luciérnagas que revoloteaban por el lugar, creaban una atmosfera de relajación. Pero ella no estaba relajada.

Fue entonces cuando vio un destello fugaz por el rabillo del ojo, se sentó casi de inmediato, cerró los ojos y le pidió un deseo a esa estela de fuego. Pronto recordó la época del año en la que se encontraba y según sus estudios astronómicos dedujo que aquello no era una estrella fugaz. Por un momento divago, quiso que el tiempo se parara. Hizo cálculos y contó el tiempo que le tomaría correr hasta la habitación de Lady Neptune y volver. Mientras, se nublaba el cielo se dio cuenta que contaba con pocos minutos.

Salió disparada del jardín, corrió como nunca antes había corrido, su capa azul y bordada con hilo dorado se enredaba entre sus piernas pero ella jamás dejo de andar. Siguió el empedrado camino, tan rápidamente, que su elemento se hizo uno con ella. Ingresó al palacio de plata, por un momento las personas que la veían en su camino se alarmaron. Nadie pasa desapercibido a una persona que llega a gran velocidad. No le importó los llamados de la gente que dejaba atrás. En su mente su objetivo estaba marcado; llegar a la segunda planta, ir hasta el fondo a través del pasillo y girar a la derecha para correr unas habitaciones más y dar con la puerta que tendría marcado el nombre de Lady Neptune: "Michiru Kaioh"

No tardo mucho pese a que ella creyó que había sido lenta. Se detuvo frente a la puerta con la respiración agitada y mojándose los labios constantemente debido a la sequedad de su garganta. Golpeó la madera con suavidad, dos, tres golpeteos, no pasó más de un minuto cuando la hermosa ninfa sostuvo la perilla para abrir del portón. Sus ojos se ensancharon al ver de quien se trataba pero no tuvo tiempo de gesticular alguna palabra. Lord Uranus, con la respiración acelerada, extendió la diestra que le temblaba. La conocía muy bien y a pesar de que se habían distanciado tanto, ese simple gesto fue suficiente para convencerla de salir con ella. Si era sincera, estaba esperando el momento en que la rubia llamara a su puerta y estaba dispuesta aún a esperar ese momento toda la eternidad.

Sujeto su mano, notablemente más grande que la de ella, más fuerte, más segura y también más fría. No pudo ni cerrar la puerta, Lord Uranus parecía tener bastante prisa y prácticamente la arrastró por los pasillos. Corría tan rápido como sus tacones le permitían. El cabello ondulado se meneaba al compás salvaje de la velocidad a la que era sometida.

La Neo Reina había sido informada del revuelo que causó semejante llegada de su guerrera de Urano y se encontraba en la puerta principal del palacio, conversando con uno de los guardias. Vio salir como un rayo a ambas figuras e inmediatamente reconoció de quienes se trataban y el motivo por el cual llevaba tanto afán, pues, aún que parecía estar bastante ocupada con los labores de una soberana, siempre estaba al tanto de qué era lo que hacían sus Senshi; sus amigas, y en especial; su Senshi del viento.

El soldado dirigió una mirada de pánico a su reina.

-¿No va a detenerla, mi reina? –

-No. – Musitó con una sonrisa en los labios. – Son solo unas enamoradas. Y al amor, hay que dejarlo ser. -

Llegaron al jardín con tiempo de sobra. Lady Neptune aún no sabía el por qué se encontraban allí. Sin embargo, había seguido a la joven guerrera de Urano sin oponerse en lo más mínimo. Se percató de que, aun cuando ya no eran compañeras de lucha, podía seguirle el ritmo al viento.

Haruka se encontraba viendo al cielo, parecía distraída. Michiru abrió la boca pero la rubia le interrumpió.

-Mira. – Señaló a la bóveda celeste y al dirigir sus profundos ojos marinos pudo ser testigo de una de las maravillas del universo. Una hermosa lluvia de Perseidas marchaba una tras otra, manchando el cielo nocturno con una estela, frágil y efímera. El brillo se reflejaba en su mirada y todo lo que iba a decir en ese momento se vio mermado y opacado. Nunca había visto un evento de esa magnitud y que Lord Uranus haya recordado eso y fuera a buscarla para que lo presenciara, hizo que su corazón golpeara en su pecho.

El espectáculo terminó tan rápido como comenzó y ella solo mantuvo fija la mirada en el cielo unos minutos más.

-Lady Neptune, no encontraba la manera para volverme a acercar a ti. – Dijo tras un breve silencio. – Desde que el mal nos dejó en paz, nuestros caminos se distanciaron; yo cambie, tú cambiaste, pero en el fondo seguíamos teniendo la sed por estar una cerca a la otra. – Michiru bajó la mirada y la posó sobre los orbes grises de Lord Uranus, escuchando atentamente sus palabras. Aquella mirada platinada reflejaba las llamas fugases que parece ser, quedaron atrapadas en su mirada.- No puedo pasar ni un solo segundo más lejos de tu luz, Milady. – En un gesto de cariño, tomó su mano y la llevo hasta su mejilla, procurando sentir el tacto de la tersa piel. – Tampoco estoy dispuesta a dejarte ir de aquí tan fácilmente. –

-¿Debería oponerme? – Bromeó con su usual tono de coqueteo.

Haruka carcajeó.

-No. – Movió la cabeza de un lado a otro. – No serás como las Perseidas que acabamos de ver. – Lady Neptune ladeó la cabeza levemente. – No vas a escaparte de mi vida. – Guiñó.

Michiru sonrió.

-No pretendo irme. –

-Y aun que quisieras me aferraría a ti hasta el final de mis días. –

-Gracias. – Haruka la miró con extrañeza. – Por traerme a ver algo tan maravilloso. –

-No fue la manera de invitarte a una cita pero cosas así solo se ven una vez cada tanto. – Lord Uranus bajo la mano de Lady Neptune y la sostuvo entre la suya con firmeza.

-Lo sé. –

Guardaron silencio por un rato prolongado. Fue Michiru quien, en un momento de sorpresa para la rubia, tiró de su mano y le plantó un beso en los labios. Haruka parpadeó varias veces.

-De verdad, gracias por negarte a dejarlo ir. –

Tuvo que pasar unos segundos más, los suficientes para que llenara sus pulmones con aire y se armara de valor para decir lo que tenía planeado en su cabeza.

-Creo que nunca ha hecho falta hablar, por el contrario, siempre ha bastado con mirarnos. Me sentía incompleta sin ver esa sonrisa traviesa en tus labios carmín, estaba planeando muchas excusas para poder verte y con esto me acabo de dar cuenta que realmente no somos tan distintas, en el fondo somos tan similares que este tipo de cosas nos alegra la vida. – Sus dedos jugaron con los de Michiru. – Quizá hemos llegado a desafiar la vida haciendo real un amor que era considerado imposible. No me arrepiento de nada de lo que vivimos. – Las mejillas sonrojadas de su amada le dieron fuerza para seguir. – Y si renacemos en otra vida, no dudaría en buscarte y pasar contigo toda la eternidad. Pero por ahora, esto es lo que tenemos y es algo que sucede una vez y nada más. –

-¿Me amarás cuando amanezca? –

-Toda la vida, amada mía. –

Y con un beso sellaron una promesa que se haría cumplir con el pasar de una eterna eternidad.