¡Hola a todos!
Creo que esta vez no tardé demasiado, ya que ahora si tuve más tiempo para mi fic, sé que debo explicaciones del porqué me tardo tanto, pero siento que cualquier cosa que diga sonará a pretexto, una cosa sí les aseguro, lento pero seguro que estoy escribiendo.
Quiero dar las gracias a todos por sus reviews, en especial a Invaso'rs Queen y a Yukio87, por sus consejos, me han ayudado mucho.
Espero que este capítulo les guste y no los retraso más, que lo disfruten y…que comience el show.
Capítulo 21.
Yo soy el único culpable de todos tus problemas de salud, soy el único culpable.- continuaba disculpándose Splinter tan arrepentido por lo que hizo a sus hijos, en especial con su primogénito que no paraba de llorar en sus brazos.- He sido un tirano contigo y tus hermanos, fui exigente y paranoico, te obligué a cumplir con todas mis absurdas ideas, te llené de un miedo irracional, te convencí de que pasaría un sinfín de catástrofes si no hacías lo que yo quería, fui un monstruo, en verdad que lo lamento.-
Familia y amigos se reunieron alrededor de los dos líderes para ayudarles, los más jóvenes tomaron asiento lo más cerca posible de su hermano mayor, con la clara intención de tranquilizarlo, los humanos por su parte, también dejaron lo que estaban haciendo para mantenerse al pendiente. Splinter por su parte trató de consolar a su muchacho.
Te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por nosotros, por todo lo que tuviste que hacer y sacrificar por el bienestar de toda tu familia.- el joven líder movía la cabeza, negando lo que su padre decía.
No… pude… hacer…- decía entre sollozos.- Como, líder…-
Pero hiciste más de lo que tenías que hacer como líder.- explicaba ahora Rafael, colocando su mano sobre el hombro de su hermano para reconfortarle.
Te encargaste de gran parte de mis obligaciones.- agregó Splinter a lo que su segundo hijo había dicho.- Diste la cara por mí en incontables ocasiones, te robé tu infancia y casi destruyo tu juventud, no puedo permitir que eso siga pasando.- aseguraba al tiempo que reconfortaba a su hijo.
Nadie permitirá que eso pase.- dijo Don con firmeza.- Ahora todos nos encargaremos del clan, sin excepción alguna.- Leo se negó a esto.
Es mi responsabilidad, como, futuro…-
No.- intervino Splinter.- Ya no más.- esto llamó la atención del chico.- No tu solo.- corrigió a tiempo.
Ahora nos cuidaremos unos a otros como familia.- agregó el pequeño quelonio al dialogo.- Como lo hemos estado haciendo hasta ahora.- dijo refiriéndose a la casa de Vaudoux.- Cada uno tiene una responsabilidad, como en la guarida, solo que ahora sí la respetamos.-
Pero yo…- continuaba Leo.- Pero yo debo… encargarme… de la seguridad y...-
Eso lo tienen que hacer entre todos.- aportó también Vaudoux.- Si continuas encargándote tú solo de protegerlos, corres el riesgo de hacerlos vulnerables a cualquier ataque.- el chico lo miró desconcertado.- La sobreprotección no es buena para nadie, conviertes a aquellos que amas en unos inútiles.-
Es verdad.- apoyó Summers a su amigo.- Tus hermanos son excelentes guerreros, pero si siempre te encargas de cuidar sus espaldas, se confiarán y no les importará cometer errores ya que siempre estarás ahí para cuidarlos.-
¿Qué pasará el día que te encuentres muy enfermo? O ¿Qué ellos hayan salido sin decirte nada y se encuentren en peligro?- el chico la pensó un momento.- No puedes estar en todas partes.- opinó Casey.
Pero yo… entreno… mucho para evitar…- insistía Leo, pero Abril interrumpió.
Pero no siempre podrás estar ahí. —
el chico se vio triste ante la cruda realidad.
La única manera de ayudar a tus hermanos.- continuó el profesor con la pequeña terapia.- Es enseñándoles a cuidar de sí mismos.- el chico la pensó un poco.- Sé estricto con ellos en el entrenamiento y ponles sobre aviso en lo que respecta a las calles, nada más puedes hacer por ellos.-
No puedes ser nuestra nana por siempre.- dijo Rafael sonriendo.
Así como no quieres que seamos tus enfermeros.- las palabras de Donny llamaron la atención de Leo.
¿Cómo sabes, qué…?-
Porque te conozco hermano.- dijo con una sonrisa el joven médico.
Además.- intervino Vaudoux.- No es del todo verdad que no puedes cuidarlos a distancia.-
¿Qué?-
Yo te puedo enseñar miles de maneras de proteger a tu familia sin necesidad de estar presente en el mismo lugar.- esto llamó la atención de todos, en especial la del joven líder, que recordó la charla con la abuela y con sus hermanos respecto a su condición paranormal.
¿Eso es… posible?-
¡Claro que lo es!- esto interesó al chico, y puso nerviosos a los demás.- Hay un sinfín de formas con las que puedes ayudar a tus seres queridos y castigar también a tus enemigos.- esto último lo dijo de manera insinuante.- ¿Te interesaría ser mi alumno?- el niño se vio animado y dubitativo a la vez.
Yo, no sé…- miró de reojo a su padre.
No creo que él se oponga.- dijo el hombre de fe, mirando detenidamente al roedor.- Ya que es por tu propio bien, pero igual le preguntaremos su opinión ¿Qué dice?- ahora Splinter era el centro de todas las miradas.- ¿Permitirá que Leonardo aprenda de mí?- el maestro no lo pensó ni un momento y dijo.
Vaudoux-san, si es por el bien de mi hijo, no tengo nada que meditar, le agradezco mucho su oferta, y sería un honor para el clan Hamato, que lo acepté como su estudiante, claro, si él está de acuerdo.- ambos miraron al niño, que tímidamente sonrió.- Creo que dijo que sí.-
¡Perfecto! Así será.- y como caballeros que son, ambos hombres se dieron la mano para cerrar el trato.- Bien, ahora lo más recomendable para todos, en especial para este pequeño.- señalaba obviamente a un joven de ojos color miel, extremadamente cansado.- Es una limpia.-
¡¿Una limpia?!-
¡¿Para todos?!-
¿Para qué?-
Para ayudar con la recuperación de Leonardo.- la mayoría le miraba sin comprender lo que decía.- Su nueva naturaleza lo hace sensible a todo tipo de energía.- de inmediato comprendieron que se refería a la empatía.- Eso incluye también la que ustedes crean, el estar nerviosos, estresados, al sentirse culpables, etc. todo eso afecta directamente a este joven e impide que sus tratamientos trabajen adecuadamente.-
Y ¿Qué debemos hacer exactamente?- pedía saber con interés el padre del chico, sorprendiendo así al propio Leonardo.
Es muy simple, lo que tienen que hacer es...- todos prestaron atención a las indicaciones.- Darse un baño de hierbas.-
¡¿Un baño de hierbas?!-
Así es, un baño de hierbas medicinales, plantas mágicas que representan a los orichas en este mundo, aplicadas de la manera correcta, hacen maravillas.- los presentes se preguntaban en silencio si esto serviría de algo.- Quizás no lo comprendan del todo, pero deben hacerlo si realmente les interesa el bienestar de Leonardo.- no había más que decir.
Solo díganos cuándo y cómo hacerlo.-
Muy bien, ahora mismo iré a preparar los baños de cada uno, pero antes.- dijo mirando al niño de añil.- Primero lo llevaré a su recámara jovencito, ya que necesita descansar.- amigos y familiares observaron con detenimiento al joven sucesor, el chico se veía muy pálido y parecía esforzarse por mantenerse despierto.
No…- decía el chico.—Estoy bien…solo…-
Solo debes pensar en descansar y recuperarte.- ordenaba de manera amable el maestro Splinter a su hijo.- No quiero que te sobre esfuerces.- el chico parecía no poder más.
Yo…lo siento.- dijo con los ojos a punto de cerrarse a causa del cansancio.- No quiero…- al parecer no deseaba retirarse a su habitación por temor a ser visto como alguien débil o inferior a lo que Splinter ansiaba que este fuera para el clan.—Aun… puedo…-
Debes descansar.- y sin decir nada más, Lázaro lo tomó entre sus brazos y se dirigió con el chico rumbo a su recamara, seguido muy de cerca por el resto de la familia.
Ya en su cuarto, Abril y Splinter arreglaron la cama para que el sacerdote recostara al chico en ella, el cual prácticamente ya estaba dormido, Rafael aprovechó que Leo no estaba al tanto, para no alterarlo más con sus dudas y poder preguntar al houngans.
Y eso que quiere que Leo aprenda…- inició con cuidado.- ¿Es lo mismo que usted práctica? Digo… ¿Vudú?-
Así es.- respondió el hombre al chico.- ¿Por qué, te da miedo?-
No es eso…bueno.- trató de verse valiente.- Es solo que…no entiendo el por qué debe hacer esto, el si es necesario o no.-
Créeme, es realmente importante que aprenda a cuidar de sí mismo, porque afuera de estás puertas, los espíritus no serán tan gentiles como lo son mis parientes con él.- tanto el quelonio de rojo como el resto del clan, le miraron en espera de más información.- La energía espiritual de Leonardo es realmente fuerte, contradictorio a su estado físico, ahora mismo está vulnerable a cualquier contacto, entidades de todo tipo trataran de llegar a él sin importarles el cómo lo hagan, podrían lastimarlo en las calles, en su propia recámara, en su nuevo hogar.- esto preocupó a todos.- Lo que sufrieron a causa de la casa embrujada, lo volverán a vivir, una y otra vez a causa de estos seres, sin mencionar lo que estas presencias provoquen en él.—ante esto nuestros amigos se sobresaltaron.- ¿Están dispuestos a que Leonardo los reciba en su habitación como la última vez? ¿Qué perturben de nuevo su sueño? ¿Qué lo agredan físicamente?- la respuesta era obvia.
¡No, no quiero!- dijo Mickey por todos.- No quiero que mi hermano sufra nada de eso de nuevo.- era evidente para todos, que los recuerdos de la posesión aún estaban frescos en la mente del menor del grupo.
No te preocupes hijo.- le aseguró el hombre de fe al verlo tan asustado.- Te aseguro que con lo que aprenda de mí, no solo se podrá cuidar de cualquier entidad que se atreva a ponérsele en frente, si no que las pondrá a trabajar para él.-
¿En serio?- la sonrisa que se dibujó en el pecoso rostro del pequeño quelonio, era enorme y brillante.- ¿Harán lo que Leo quiera?-
Así es.- el ninja de naranja se veía fascinado ante sus propias fantasías de seres transparentes lavando trastes, barriendo alcobas y haciendo trabajar la lavadora, mientras Leo toma una deliciosa limonada y veía la tele en compañía de todos sus hermanos, Mickey estaba encantado con la escena.
¡Genial!- alcanzó a exclamar.
Exacto Klein son (Pequeño sol).- celebró el sacerdote, sin saber del todo lo que este estaba pensando.- Te aseguro que tu hermano será el más poderoso houngans que conozca la historia de la familia Vaudoux ¡Ah! Porque les informo que al ser mi alumno, tanto él como ustedes forman parte de mi familia.- estas palabras impactaron a nuestros amigos.
¿En serio?- el hombre de fe asintió con la cabeza.
Es un gran honor para todos nosotros formar parte de su distinguida familia Vaudoux-san, se lo agradezco mucho.- habló Splinter.
El placer es todo mío, ahora si no les importa, iré a preparar todo para limpiar sus cuerpos.- dicho esto, el hombre de fe se retiró seguido de su amigo Dabir, pues este quería ayudarle en lo que le fuera posible. Aprovechando esto, Casey preguntó.
¿Están seguros de hacer lo correcto?- tocaba el tema que tanto quería tratar con la familia.
¿Acaso tiene una mejor idea de cómo proteger a Leonardo?- le cuestionó el mismo Splinter, sentado a un lado de su hijo, mientras Donatello tomaba la medida de la glucosa.
No es solo eso.- respondió Rafael en apoyo de su compañero.- Él se refiere a la forma que tiene de comportarse Vaudoux hacia mi hermano, de lo que realmente quiere.- nadie comprendía lo que estaba pasando.
¿De qué estás hablando Rafael?- era el momento de hablar claro.
Creo que está interesado en Leo de manera…intima.- por fin se atrevió.
¡ ¿Queeee?!- gritaron los presentes.
¡¿Cómo te atreves a decir eso?!- le reclamó su padre.
Es la verdad.- respondió Casey en ayuda de su mejor amigo.- Al menos esa fue la impresión que nos dio cuando lo conocimos.- la familia estaba boquiabierta.
¿Quieren explicarse mejor?- exigía la pelirroja a los dos guerreros.
Bueno, pues…-
Poco a poco ambos amigos comenzaron a contar lo que pasó cuando se conocieron y viajaron rumbo a la casa de Abril, como el viejo sacerdote hablaba de los cuatro quelonios, en especial de Leonardo, cada joven dio su impresión de ese día y lo que temían si ambos, Leo y Vaudoux, se quedaban solos. Luego de unos minutos de incómodo silencio, en los cuales apenas nuestros amigos se dirigían la mirada, y se perdían en un sinfín de pensamientos basados en total ignorancia y miedo, Splinter dijo.
Bien.- comenzó a dar su opinión con dificultad.- Si es verdad que Vaudoux-san tiene…ese tipo de…preferencias.- no hacía falta ser específicos.- No significa que sea una persona peligrosa.- las opiniones comenzaron a sonar.
¿No te parece peligroso que se acerqué a Leo?- inició Rafa.- ¿Aun sabiendo sus intenciones?-
¿La manera en que se dirige a él y lo que dice en otro idioma?- le siguió Casey.- ¿No le parece incómodo?- la reacción de la familia estaba dividida.
¿No les parece que están exagerando?- se escuchó la opinión de Abril.
Suenan muy anticuados.- juzgó Mickey para sorpresa de ambos.- ¿Y qué tiene de malo lo que dice? ¿Acaso es malo?- los dos amigos se miraron un momento antes de contestar.
Pues…no, no hemos conseguido traducirlo.- reveló apenado Rafa.- Pero suponemos que es algo atrevido.-
¡Daahhh!- se escuchó de parte del grupo.
Bien, escuchen.- tomó la palabra Splinter, logrando que la mayoría guardara silencio y prestara atención, pues estaban interesados en la opinión del más viejo del grupo.- Hasta dónde yo sé, las miradas y las palabras jamás han lastimado a alguien.-
A menos que sean hechizos.- interrumpió el rebelde quelonio, para luego guardar silencio ante la estricta mirada de su padre.
Como estaba diciendo.- continuó el roedor.- Son de las malas acciones de las que debemos tener cuidado, mientras nadie falte al respeto a nadie, no hay de qué preocuparse.- esto dio pie a varias dudas.
Entonces ¿No harán nada cuando se queden solos? ¿Estudiando sus lecciones de…no sé qué?- inició Casey un tanto alarmado.
¿Creen que nos permitan acompañarlo?- pidió saber Rafael.
Para cuando Leonardo comience a tomar lecciones en lugares apartados de nosotros, ya estará en completo control de su cuerpo y mente para saber qué hacer al respecto.- seguía el viejo maestro firme en ese punto, a pesar de ser un tema muy difícil para él.- Los cuatro ya tuvieron "Esa" charla conmigo ¿Recuerdan, verdad?- los chicos se vieron incómodos al recordar el día en que su padre les habló de sexo, y sus amigos, divertidos por sus reacciones, preguntaron.
¡Sí, ya recuerdo!-
¿Qué pasó?-
¡No siga, por favor!-
¿Pues qué les dijo?- ambos humanos fueron ignorados.
Bien.- continuó satisfecho el maestro.- Dejado en claro esto, cada uno de ustedes está informado, y lo que decidan hacer con su vida sexual será decisión y responsabilidad suya, no mía, pues no pienso volver a imponer mi voluntad por sobre la de nadie.- el grupo guardó silencio el tiempo suficiente para que Splinter, arropara a su hijo y se percatara que descansaba tranquilo.
Eso significa...- preguntó Abril de manera intencional.- ¿Qué permitirá que Leo tenga una relación con el señor Vaudoux o con cualquier otro hombre sin problema?- la curiosidad por su respuesta mantuvo atentos a todos.
Significa, señorita O'neil.- respondía el roedor con calma.- Que respetaré las decisiones de mis hijos, sean las que sean y siempre que no les acarreen problemas.- todos le miraron sorprendidos.- Yo quiero que vengan a mí cuando necesiten un consejo, que me consulten sin miedo sobre cualquier tema, que confíen en mí, que se acabe el odio que yo mismo he sembrado.- esto le llegó directo a Rafael, quien miró a otro lado.- Estuve a punto de perder a uno de mis hijos por mi testarudez e ignorancia.- decía al tiempo que miraba y acariciaba el rostro de Leonardo.- No quiero volver a repetir ese error, no quiero que nada se interponga entre nosotros de nuevo, y eso incluye al sexo.- ya no había nada más que decir, el tema estaba cerrado y al parecer de muchos, de manera correcta. Pero antes de terminar, el más pequeño del grupo dio su opinión.
Yo no le veo nada de malo a eso de que el señor V, nos quiera.- el clan completo le miró atento.- Sí él quiere quererme, que me quiera lo que quiera.- finalizó con una enorme sonrisa ante la inquisidora mirada de sus compañeros.
¡¿Acaso escuchas lo que dices?!- pidió saber Donny, haciendo reír al resto.-
Además.- agregó Abril.- Al que quiere es a Leo, no a ti.- esto no afectó al chico.
No me extraña, yo también lo quiero mucho.- esto dejó perplejos a todos.
Ammm, maestro Splinter.- llamó la atención Casey.- ¿Está seguro que le habló de sexo?-
Claro que sí.- respondió el anciano.- Solo que, no estoy seguro de qué entendió.-
El resto del día fue algo agitado, uno a uno nuestros amigos se fueron bañando según las indicaciones del houngans para eliminar las malas vibras, al final de su baño normal, tenían que remojarse con el agua de hierbas mágicas, algo muy agradable para su sorpresa, pues con eso del vudú y Hollywood, nuestros amigos se imaginaban algo peor.
Luego de varias horas Leonardo fue despertando, se le veía cansado y confundido, no estaba seguro de haber resuelto todo lo que tenía que tratar con su padre, sin levantarse de la cama, el chico trataba de poner orden en su enredada cabeza, cuando Don llegó.
¡Hola!- le saludaba con su comida en la charola.- ¿Cómo te sientes?-
Fatal.- apenas contestó.- ¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí?-
El señor V te trajo en brazos, estabas muy cansado y necesitabas descansar.- el chico se vio triste.
Lo eché todo a perder.- susurró por lo bajo mientras se hundía más en la almohada.
¿A qué te refieres?- pidió saber su hermano genio al tiempo que iba a tomar la medida de su glucosa.
A todo…la reunión familiar, la charla con Splinter, todo ¡Auch!- comenzó a chuparse el dedo que le pincharon, mientras veía a su compañero ir por la medicina.- Se supone que iba a ayudarles a arreglar el árbol y que aclararía algunas cosas con… él.-
Descuida, no te perdiste de nada bueno.- comentaba Donny llegando a su lado con la inyección lista.- Mickey quería decorar el dichoso árbol muy a su estilo…desordenado.- narraba mientras aplicaba el tratamiento.- Luego le llamaron la atención y quitamos todos los adornos, al final, luego de la charla y de traerte a tu recámara, Migue bajó y se encargó de adornarlo a su capricho y voluntad.- finalizó.- ¡Listo! Ahora a comer.- molesto, Leo preguntó al tiempo que sobaba su brazo y tomaba asiento.
¿En serio tengo que ser inyectado a cada rato?-
Sí, por el resto de tu vida.- aclaró sonriendo, colocando la charola sobre sus piernas, pero al verlo cansado de su condición, agregó.- Lo siento… ¿Sabes?- continuó con el tema.- Yo no creo que lo echaras a perder.- esto llamó la atención de Leo.- Creo que fuiste muy valiente al querer aclarar tus problemas con Splinter.-
Pero no logré nada.- comentó a su hermano sentado frente a él.- Solo he fallado en lo que me correspondía, no pude evitar que nos echaran de casa, fui una carga cuando más se me necesitaba, yo… quería asegurarle que iba a remediarlo todo y...- Don hizo a un lado la mesa charola y lo abrazó.- ¿Qué?-
No es necesario que hagas eso.- le aseguró estrechándolo con cariño.- No lo es.- dijo totalmente convencido, para después separarse un momento y hablar cara a cara.- Sé que no lo recuerdas ahora, pero intentaste por todos los medios salvar nuestro hogar.- Leo le miró intrigado.- Nos advertiste sobre el enemigo, investigaste cómo eliminarlo y sé de corazón que lo habrías logrado sacar de la guarida a patadas, si no hubieras tenido tanto en tu contra.- esto alegró un poco al joven líder.- Aún es inexplicable para nosotros el cómo pudiste resistir tanta presión sin volverte completamente loco, o sin escapar de casa, dejándonos solos, lo cual nos habríamos merecido.- esto alarmó al chico de azul.
Yo jamás haría eso.-
Lo sabemos.- dijo el improvisado médico al tiempo que volvía a estrecharlo entre sus brazos.- Todos lo sabemos y por ello tenemos mucho de qué agradecerte.-
¿Por qué?- preguntó el mayor, aún abrazados.
Por estar siempre ahí, para nosotros.- Leo sonrió agradecido por las palabras de su hermano, y Don a la vez, por poder contar con su hermano cada vez que lo ha necesitado. Después de pasar un rato agradable de calor fraternal, Don volvió a entregar la comida.- Bien, ahora a comer.- Leo miró su plato con desagrado.
Pero la verdad, no tengo hambre.-
Lo sé, pero debes comer al menos la mitad del plato.- le rogaba el genio de bandana morada.- ¡Mira!- comenzó a negociar picoteando los platos.- De tres albóndigas que hay, comete dos junto a la mitad del espagueti, de las cuatro rebanadas de pan, tomas dos y te tomas también el vaso completo de agua y con el pastel de fresa, no hay límite ¿Qué dices?-
Que sigue viéndose desagradable.- Don miró el plato un momento.- Además, no entendí nada de lo que dijiste.- el chico de morado no pudo evitar una pequeña sonrisa con esto último.
El plato no se ve tan mal.- luego de un momento en silencio.
Don.- llamó Leo a su hermano.
¿Sí?-
¿Crees que Splinter esté enfadado conmigo?- Donny no lo pensó dos veces.
Por el contrario.- el chico de ojos color miel, le miró intrigado.- No encuentra la manera de cómo resarcir todos sus errores para contigo y con nosotros también.- Leo se vio vacilante ante lo dicho por su hermano.- ¡Es verdad! hace poco tuvimos una plática bastante pesada y la verdad…nos sorprendió a todos por la serenidad con la que la trató. —
curioso, preguntó.
¿En serio? ¿Y de qué hablaron?- Don guardó silencio al recordar el tema de la conversación y al no saber cómo la abordaría para Leonardo.
Pues…- iniciaba dubitativo, hasta que oportunamente llegaron a rescatarlo.
¡Buenas tardes!- llamó la atención de ambos hermanos, el sacerdote desde la puerta.- Te ves más pálido que en la mañana.- señaló para después entrar con una taza de té en las manos y una bolsa de regalo color café claro colgando del brazo.
Señor Vaudoux…buenas tardes.- saludó el joven líder.
¿No te gustó la comida?- preguntó para iniciar la conversación.
Creo que… ya no me gusta comer.- tanto el hermano como el houngans se le quedaron viendo seriamente.- Es solo que…la comida no me atrae.- intentó explicarse mejor.
Entonces no te han traído la comida que más te gusta.- era un buen punto, pensaba Don, cuando.
Nunca he sido exigente ni caprichoso.- señalaba con debilidad.- No tengo una comida favorita.- luego lo pensó un momento.- Y si la tuve, ya no me interesa.- esto no gustó nada a su pequeño e inteligente hermano, Vaudoux por su parte opinó.
Pues yo veo más una oportunidad para descubrir nuevos platillos que un serio problema de inapetencia.- esto llamó la atención de ambos quelonios.- Conozco muchos restaurantes en Nueva York de diferentes nacionalidades, comida china, tailandesa, griega, japonesa, mexicana, venezolana, francesa, española, lo que quieras te lo puedo conseguir.- ofrecía el sacerdote.
Gracias, pero estoy bien.- declinaba la invitación.
Entonces.- habló Donny.- Toma tu plato.- volvió a ofrecer las albóndigas, mismas que fueron vistas de nuevo de mala manera.- ¡Vamos! No están tan mal.-
Es cierto.- le apoyó Lázaro.- Y sí comes medio plato, te daré un regalo.- dijo mostrando la bolsa café, ambos hermanos se vieron intrigados.
No es necesario que...- decía Leo.
¡Claro que lo es! No soy experto en niños, pero…tengo entendido que se les soborna para que hagan lo que tú quieras ¿No?-
¡¿Qué?!- exclamó alarmado Donatello.
Sí, ya sabes.- empezó a citar.- Limpia tu alcoba si quieres salir con tus amigos, termina tú tarea y podrás ver televisión, cómete todas tus verduras y te daré un postre.- el chico de bandana morada se vio más relajado después de esto.
Creo que lo que dijo Rafa me afectó.- murmuró para sí mismo.
¿Qué?-
¡Nada!- ignorando al quelonio que estaba fuera de la cama, Lázaro continuó.
Bien, cómo te decía, hoy en la mañana que fuimos a la tienda, me di una vuelta por la sección de videos y encontré uno que sé que te gustará mucho.- tanto Leo como Don le miraron extrañados.- Si terminas medio plato será tuyo.- a pesar de la curiosidad, Leo dijo.
Muchas gracias por su preocupación, pero, no veo televisión.- ambos compañeros le miraron con atención, obligando al chico a explicarse mejor.- No la veo, me… distrae de mis ocupaciones y…no quiero que…- para el final se veía nervioso, igual Don y Láz comprendieron.
¿No quieres que tu padre te regañe por ver televisión? ¿Acaso es capaz de hacer eso?-
Bueno, él prefería…-
Lo hacía.- respondió Don en lugar de su hermano.- Antes, cuando estaba loco de soberbia.- Leo le miró sorprendido.- Ahora si se atreve a regresar a sus malas costumbres, se arriesga a una guerra familiar.-
Me parece correcto que acepte esa sentencia, digo, después de todo lo que…-
No.- tomó la palabra Leo.- Él no hizo nada malo.- ambos le miraron con preocupación, ya que se estaba poniendo nervioso.- Él solo, quería cuidar de la familia, y yo, le estoy ayudando, pero si me distraigo de mis entrenamientos y, pierdo el tiempo en, otras cosas, todos podrían...por eso no quiero…- Don le miró con tristeza, pues por más que lo pensaba, no sabía cómo remediar el daño hecho por su padre.
Hijo.- habló el sacerdote.- ¿Te das cuenta que todo lo que temes, todas esas reglas absurdas y restricciones, fueron creadas a partir del miedo y las inseguridades?- el chico le miró sin comprender.- Todas esas voces que te dicen qué hacer, cómo comportarte y que te obligan a lastimarte.-
¡Yo no me lastimo!- reclamó indignado.
Claro que lo haces.- el niño se vio angustiado ante la posible visión que tenían de él, hasta que Lázaro aclaro.- Cuando te obligabas a trabajar a deshoras, cuando fuiste restándole importancia al descanso, la diversión y a la buena alimentación.- el chico se vio avergonzado ante los hechos.- Necesitas liberarte de todas esas malas energías, purificar tu mente y espíritu.-
¿Pero, cómo?-
Con una limpia.- respondió el hombre al niño.- Ya les había hablado a los demás de esto.- le mostró la taza de té que trajo.- Todo lo que nos rodea absorbe o produce energía, las mismas personas lo hacen al estar molestas o asustadas, para evitar que estas fuerzas nos hagan daño, debemos limpiar nuestros cuerpos, toma.-
¿Qué es?- preguntaba con la taza en las manos.
Es un té, está hecho con Rompe Zaraguey, una planta muy poderosa que representa a Changó, el orisha que gobierna el fuego, la guerra y el trueno entre otras cosas.- comenzaba a aleccionar a su alumno.- Changó no solo gobierna al fuego y a la guerra como los ves en físico, también se encarga de los que llevamos dentro de nosotros mismos, aviva el fuego que te alienta a vivir y ayuda a sosegar la guerra que libramos en nuestro interior.- esto interesó a Donny.- Pide con todas tus fuerzas a este orisha, que te libre de todo mal, tanto físico como mental y espiritual, y te aseguro que te sentirás de maravilla.- Leo se vio un poco inseguro al respecto, pues jamás había hecho algo parecido, no que él recordara.
Está diciendo.- tomó la palabra Don.- Que sí Leo toma este té ¿Le ayudará con sus…demonios?- ambos quelonios le miraron con gran interés.
No solo con beberlo.- se explicó.- También debe bañarse con él.- el houngans sonrió ante la cara que pusieron los chicos.- Todo esto no es un reemplazo del tratamiento que están llevando, es una ayuda, un apoyo, tres días de tratamiento con esta planta y los resultados los asombraran.- Leo vio la taza algo indeciso de lo que debía hacer, al verlo tan inseguro, Don le tomó de las manos y dijo.
¡Vamos Leo, hazlo! Si eso te ayuda a vencer tus inquietudes, si te ayuda a recuperarte más rápido, entonces debes intentarlo.-
Pero… ¿Y si comienzo a fallar en todo porque no me preocupo como antes? ¿Y si todos salen lastimados porque no estuve bien preparado, porque dormí de más o porque me distraje con…?-
Leo…- comenzó Donny.- Eso no va a suceder.-
Hijo.- le siguió Lázaro.- He platicado con tu padre.- ambos chicos le miraron con atención.- Me dijo que desde pequeño has sido un excelente alumno.- una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro del chico al oír esto.- Y fue cuando no estabas tan presionado.- esto avergonzó a Leo.- así que… ¿Por qué basarte en el miedo y no en la autoestima para tener éxito?- el chico de añil la pensó un momento.
Porque yo, no sé cómo…-
¡Claro que lo sabes!- ahora Don era el centro de atención.- ¿Recuerdas cuándo teníamos ocho años?- Leo no parecía comprender.- Cuando nos preparábamos para uno de los exámenes de Splinter, una clase antes, él nos dijo lo que revisaría y que sí creíamos estar preparados, podíamos pasar al frente, demostrarlo y exentar ¿Lo recuerdas?- Leo se vio indeciso.- Tú pasaste al frente y Splinter te preguntó si estabas seguro de poder presentar lo que te pidiera y dijiste que sí sin titubear.-
¿En serio?- se adelantó a preguntar Vaudoux.- ¿Y qué pasó?-
Lo que tenía que pasar.- dijo con una sonrisa, mirando fijamente a Leo.- Mí hermano mayor aquí presente, dio un paso al frente y ejecutó a la perfección todo lo que Splinter le pidió, salvándose de hacer el examen junto a los demás.-
¿Eso pasó?- susurró el chico de azul.- Apenas lo recuerdo.-
¡Te veías tan seguro de ti mismo!- expresaba entusiasmado el científico del grupo.- Incluso nos sacaste la lengua al final de la clase, luego de que Splinter te pusiera de ejemplo, de nuevo.- el primogénito sonrió con timidez.
¿Eso hice?-
¡Así es!- exclamó con una mezcla de alegría y molestia.- Cuando saliste al frente y lo lograste ¡Cielos! Fue impresionante y a la vez quería estrangularte.-
¿Por qué?-
Porque te habías salido con la tuya y yo todavía tenía que hacer el examen.- Vaudoux rió divertido ante la escena planteada, Leo por su parte, solo sonrió con encogimiento.- Tenías libertad de hacer lo que quisieras mientras nosotros nos preparábamos y preocupábamos por salir bien del examen ¡Y todavía nos sacaste la lengua! ¡Ay! De solo recordarlo quiero volver a estrangularte… ¿Sabes? Creo que lo haré.-
¿Eh?- y sin dar aviso, el guerrero de bandana morada atrapó el cuello de su hermano mayor, pero solo para hacerle cosquillas.- ¡Hey, ji, ji, basta!- pidió el primogénito con el cuello encogido y una sonrisa más grande.
Sí, ahórcalo cuando no tenga una taza en las manos.- sugirió el sacerdote.
De acuerdo.- aceptó resignado.- Así que…como te estaba diciendo, ya habías probado la autoconfianza y es algo que te viene muy bien, no tienes que seguir usando el miedo.- el líder se vio aún indeciso.
Pero eso fue cuando éramos niños.- se explicaba con pesar.- No teníamos tantos enemigos y podíamos relajarnos sin problemas, en cambio ahora.-
Estamos mejor preparados.-
Y son más de cuatro.- apoyó Vaudoux, contando con los humanos.- Debes confiar en todos nosotros.- se incluyó.- Además, de todo lo que aprenderás conmigo.- Leo abrió los ojos a todo lo que daba.
Es verdad…- susurró.- Lo había olvidado.- Lázaro le miró con afecto.
Te lo perdono solo porque estás enfermito.- el niño sonrió agradecido.- Pero eso si te advierto.- este le miró.- Para aprender correctamente todo lo que te voy a enseñar, se necesita una mente, un cuerpo y un espíritu fuerte, así que aprovecha todo lo que hacemos por ti y recupérate.- dicho esto, el joven líder observó con otros ojos el tazón en sus manos.
Entonces.- dijo.- ¿Usted me asegura que con lo que aprenda, podré proteger a mi familia?-
Claro que sí, incluso te ayudaré a fortalecer más tu carácter.- esto llamó la atención de ambos hermanos.- Para que puedas imponer tu voluntad, por sobre la de cualquier otro.-
Pero… ¿Para qué?- quiso saber Donny.
Para que no se deje dominar por cualquier entidad.- al parecer no había mucho que pensar al respecto, por lo que Leonardo se dispuso a beber el té.- Recuerda.- se escuchó a Vaudoux.- Debes pedir a Changó con todas tus fuerzas por tu recuperación.- el chico lo pensó un momento para después asentir.
Lo, intentaré.- Vaudoux y Don comprendieron, pues el chico seguía débil tanto física como anímicamente.
No te preocupes, hermano.- le llamó la atención Donny.- Si sientes que no te alcanza a oír, yo le pediré con todas mis fuerzas para que te ayude.- Leo quedó impactado.
Pero Donny…tú no crees en estas cosas, tú eres científico.- Donny le sonrió con ternura.
Lo que necesitas ahora es a tu hermano, no a un científico, y es lo que te daré cuando hagamos la oración.- al final de lo antes dicho, Leo no pudo evitar rodear con sus brazos a su pequeño hermano.
Gracias.- susurró en su oído con voz quebrada.
Sin más dudas el chico de azul bebió toda la infusión y pidió por su salud con la ayuda de Donatello, después debió comer algo del plato de espagueti, bajo promesa de obtener un regalo si alcanza a comer la mitad, era evidente para el joven que le costaba probar alimento, no porque tuviera un impedimento físico, simplemente sentía su cuerpo adormecido, como si su estómago estuviera totalmente apagado. Con dificultad Leo logró comer una albóndiga y una pequeña parte de la pasta, mientras bebía un poco de agua, Vaudoux trató de convencerle de comer otra pieza de carne.
¡Vamos! Una albóndiga más y te ganarás un video.- el chico vio la bola de carne y negó con la cabeza.- ¡Anda!- insistía.-
Sí Leo, vamos.- le pedía también Don.- Solo una pieza de carne, no es muy grande.-
Pero ya no quiero.-
¡Vamos chico! Es una pieza pequeña, y si lo haces, te ganarás.- dijo al tiempo que sacaba de la bolsa de papel.- Un video de Michael Jackson.- los muchachos enmudecieron.- ¿Qué dices…te comes otra albóndiga?- Leo miró con detenimiento el disco en la mano de Vaudoux, no podía entender lo que estaba escrito en la portada, pero sí que reconocía al cantante, y vaya que le interesaba, pero.
¡Claro que se come otra!- respondió el menor por su hermano.- ¿Verdad?- las dudas aún eran muchas, preguntas sobre si su padre le permitiría conservar el disco brotaban como mala hierba en un instante, pero ya no quería hacer mucho caso de esas voces, en verdad quería creer que su maestro y los demás estaban cambiando, por lo que, sin decir palabra alguna, tomó la pieza de carne y en dos mordiscos la terminó.
¡Bien!- celebraron sus compañeros.
¡Aquí tienes!- entregó el sacerdote el video.- Ahora descansa y en un par de horas te traeré el agua para que te limpies.-
Sí…gracias.- apenas si respondió el chico, para luego ver su premio.
¡Felicidades! Te fue muy bien, vamos a verlo.-
¡No!- fue la primera reacción del chico.- Splinter podría…-
Vamos a verlo.- volvió a decir el joven médico tomando el video en sus manos con decisión.- Y no importa si llega, no pasará nada.- y sin esperar a que Leo tratara de disuadirlo, Don puso el disco en el aparato, para que el rey del pop desplegara todo su talento en la pantalla del televisor. Leo no pudo evitar sonreír al verlo.
La hora de la cena la familia la tomó en el comedor, Leo no los acompañó pues después del baño de hierbas había quedado tan agotado que se fue a dormir temprano. Después de la cena, mientras tomaban el postre, Donatello puso al tanto al grupo de lo ocurrido en la tarde.
Al principio no quería que pusiera el dvd, pero después…creo que lo vio como unas tres veces.- la familia rió contenta con el hecho.
Me da gusto que se haya entretenido.- comentó Vaudoux.- Mañana le conseguiré más.-
Le agradezco su ayuda Vaudoux-san, pero, no es necesario que lo haga.- decía Splinter.- Ese es mi deber.-
Y mío también, pues ya es parte de mi familia, también es asunto mío su salud.- el roedor no dijo nada más al respecto, solo agradeció con una reverencia.
Entonces.- tomó la palabra el ninja de naranja.- ¿Creen que Leo se encuentre mejor para navidad?-
Es posible.- respondió Abril.- Ya que se están cubriendo todas sus necesidades.-
Incluidas las espirituales.- aportó el sacerdote.
¿Por qué?-
Porque no quiero que Leo esté indispuesto para la llegada de Santa.- la familia cercana quedó boquiabierta.
¿Para qué?-
Para Santa ¿Acaso ya lo olvidaron? Navidad, el intercambió, Santa Claus ¡Los regalos!- a diferencia de Vaudoux, la mayoría lo veía con cierta inquietud.
¡Que tierno eres Klein son (Pequeño sol)! Y ¿Qué vas a pedir a Santa Claus?- el pequeño quelonio la pensó un poco.
Pues…quiero un equipo para personalizar patinetas.-
¿En serio?-
¡Sí! Así podría crear mi propia línea y podría venderlas por internet.-
¡Oye! Ya tienes todo planeado.- exclamó el profesor a un sonriente quelonio.
Y ¿Ya hiciste tu carta?-
Sí, desde hace varios meses.- todos aguardaron a que el chico sacara la carta y la mostrara a todos, pero en su lugar solo se puso a comer galletas.
Y bien…-
¿Y bien qué?-
¿Dónde está la carta?- exigió Rafael.
¡Ah! La tiene Leo.-
¿Leo?-
¿Por qué la está cuidando Leo?-
Él siempre las cuida, dice que así no volveré loco a Santa con cambios de último momento.- explicó con total naturalidad.
Bien pensado.- opinó el viejo sacerdote, imaginando el verdadero porqué.- Y ¿Ustedes? ¿Leonardo tiene guardadas sus cartas también?-
Claro que no.- inició Don.
Ya estamos grandes para Santa.- le siguió Rafael.
Pero igual Santa les trae lo que les gusta.- delató el menor a sus hermanos, ganándose una mirada asesina de parte de ambos.
¿Y a Leonardo qué le trajo el viejo barrigón el año pasado?-
Una caja de chocolates.-
¿Y el otro año?-
Lo mismo…cada año le regala una caja de dulces.- luego la pensó un momento el niño de naranja.- Espero que Santa sepa que Leo ya no puede comer muchos dulces.-
No te preocupes Klein son (Pequeño sol) yo creo que Santa ya está enterado.- el niño se vio aliviado.
¡Uf! Menos mal, no me gustaría que este pequeño detalle lo eche todo a perder.- mientras algunos reían divertidos con este comentario, otros querían aclarar algunas cosas.
Amm, Miguel Ángel.- llamó su padre.- Sabes que este año será muy diferente ¿No es así?- el niño le miró sin comprender.- Es posible que este año los regalos no vayan a ser tan…- buscaba la manera de explicarse, cuando el mismo niño intervino.
¡Ah, comprendo!- exclamó despreocupado.- Se refiere a los regalos del intercambio ¿Verdad?-
¿Eh?-
No hay problema, ya sé que los regalos que nos demos entre nosotros serán hechos en casa, pero los que traiga Santa, esos serán diferentes.- se expresaba emocionado el menor de los cuatro hermanos, dejando al resto de la familia, sin nada más que decir. Pronto el pequeño quelonio no tardó en demostrar cansancio, por lo que fue enviado a su cama, y así aprovechar su ausencia para hablar.
Y bien…- inició el sacerdote.- ¿Desde cuándo Leonardo se convirtió en Santa Claus?-
Desde los trece años.- afirmó Splinter sus sospechas.- No fue algo que yo hubiera decidido.- los que ignoraban los hechos esperaron por una mejor explicación.- Mi amigo.- obviamente refiriéndose al profesor.- Me dijo que debía revelar la verdadera identidad de Santa Claus, cuando ellos mismos me preguntaran, pues bien, hasta ahora Miguel Ángel no ha tenido la intención de hacerlo.-
No comprendo.-
Leonardo fue el primero en enterarse, ya que siempre me ha ayudado a conseguir suministros para la familia, luego le siguieron Rafael y Donatello, por lo que decidí hablar seriamente con el pequeño.-
Y obviamente Leonardo se negó.- agregó el houngans.
Así es, él no quería que le dijera aún, me pidió un año más, que él se encargaría de todo y que no habría problema.-
¿Y lo dejó?-
Pensé que al primer año se convencería de decirle la verdad, que sería difícil para él, pero…-
Lo logró.-
Así es.-
Y ¿Ustedes le ayudaron?- ambos hermanos se vieron apenados.
Yo tenía mis rencillas con él en esa época.- confesaba Rafael, pues pocos años atrás, Leo había sido elegido para ser el líder.- En lo único que le ayudaba, era aconsejándole que le dijera la verdad.-
¿Y tú?- tocó el turno de Don.
Yo ayudaba a mi familia de manera diferente.- dijo refiriéndose a todos sus inventos y arreglos de equipo para hacer más fácil la vida de su familia.- Además, yo también opinaba igual que Rafael.- esto sorprendió a más de uno.- ¿Qué? Yo solo quería que madurara un poco, no me vean como si fuera un monstruo, ya está en edad.-
Ya se le pasó.- sugirió Rafael.
Bueno ¿Y qué harán ahora?- pidió saber el profesor.- ¿Le dirán la verdad?-
Claro que no.- respondió decidido Splinter.- Respetaremos los deseos de Leonardo y continuaremos la tradición de Santa, hasta que Miguel Ángel esté listo.- los presentes aplaudieron esta decisión.
¿Y cómo harán para comprar los regalos?- pidió saber el profesor.- Pues, aunque en verdad quiera ayudarlos, yo no puedo…-
No es necesario mi buen amigo.- le agradeció Splinter.- Ya tengo planeado lo que voy a hacer, por lo que necesito preguntarle algo, Vaudoux-san.- el susodicho prestó atención.- ¿Es posible visitar nuestro hogar sin correr algún riesgo?- el sacerdote lo pensó un momento.
Supongo que con las debidas protecciones y con el clima, la hora y los guardianes adecuados, es posible entrar y sacar algunas cosas.- la familia Hamato se veía animada con esto, hasta que.- Lástima que no tengamos todo lo necesario.-
¿Eh?-
¿Por qué?-
Porque el clima actual no nos permitiría llegar muy lejos en las alcantarillas, acaban de anunciar que el termómetro bajará más por la noche, los chicos no lo podrían soportar.- señaló el hombre a Don y Rafael.- ¿Y porque es necesario ir a su casa? ¿Qué es tan importante rescatar, además del equipo médico del joven genio?-
Oh no.- tomó la palabra Don.- El equipo del que les había hablado es un tomógrafo fijado al piso y que pesa varias toneladas, no es posible solo llegar y moverlo a voluntad.- explicaba.- Se necesita de mucho equipo para poder moverlo, ya sea en piezas o entero.-
¿Entonces?- se dirigió a Splinter.
Es una antigua daga, regalo del viejo anciano de Japón.- habló ahora Splinter.- Me la entregó cuando regresábamos a América, además de un par de tazas para el té.- los hijos presentes le miraron con curiosidad.- Me las entregó para que las vendiera en un caso de emergencia.- y el momento llegó.
Y ¿Cuánto planea pedir por la daga?- quiso saber el sacerdote.
Cuando me la entregaron, me dijeron que su valor estaba entre lo mil dólares, quizás pueda consegui comprar los regalos, además de un adelanto de mi propia deuda.-
¿Su deuda?-
Así es, me gustaría comprarle una guitarra a Leonardo.- esto entusiasmó a todos, en especial a sus propios hijos.
¡¿Qué?!-
¡¿Una guitarra?!-
¡Genial!-
¿Será eléctrica, verdad?- pidió saber Casey.
No, será de madera.-
¡¿Qué?!- reclamó Don.
¡¿Por qué?!- le siguió Rafael.
Porque me parece más harmoniosa y elegante.- los más jóvenes se vieron en total desacuerdo.- Además, creo que sería la más adecuada para iniciar sus lecciones.-
Pero…- antes de que se diera una discusión sobre cuál guitarra es mejor y por qué, Lázaro tomó la palabra.
Bien, si esa es la razón por la cual quiere la daga, yo se la compro.-
¿Qué?-
¿Es en serio?-
Así es, ahora mismo le doy los 8 mil que cuesta y mañana mismo iremos de compras a las tiendas.- esto sorprendió a todos.
Pero…- habló Splinter.- No tengo el cuchillo en mis manos, no sé si aún se encuentre en la guarida, por eso quería ir primero a buscarlo ¿Qué tal si ya no se encuentra en buenas condiciones? No quiero deberle tanto dinero.-
Por favor Hamato.- le calmó el houngans.- La daga está en su casa, se lo aseguro, y no me importa en qué condiciones se encuentra, me interesa de dónde viene y el por qué la compré.- esto agradó a los muchachos.- Además, ya falta menos para navidad y las tiendas se llenan de compradores de último momento, debemos ir lo antes posible si queremos encontrar algo bueno.-
¡Es verdad!- se alarmó Abril.- Seguro mañana será una verdadera locura.- no había mucho tiempo que perder, por lo que Splinter dijo.
En ese caso, le agradezco mucho su oferta Vaudoux-san, la acepto.-
Bien, mañana temprano nos iremos de compras.- luego de cerrar el trato, tanto el sacerdote como el viejo roedor miraron a ambos quelonios y preguntó.- y ustedes ¿Qué le pedirán a Santa?-
A la mañana siguiente, como habían quedado la noche anterior, los adultos y los jóvenes humanos, se fueron desde temprano en busca de los regalos de San Nicolás, las tortugas se quedarían en casa a causa del mal clima y obviamente cuidando de su hermano mayor. Mientras Donny y Rafa preparan el desayuno, Migue trabaja en sus presentes navideños en el cuarto de Leo, pendiente del momento en cuanto despierte, o al menos esa era su intención.
Poco a poco Leonardo fue despertando de su relajante sueño, sorprendentemente, el té y el baño habían hecho algo en él, se sentía mucho más descansado, tanto de cuerpo como de mente, con parsimonia fue prestando atención a su entorno, encontrándose con el pequeño Klunk junto a él y a su hermanito, de lo más ocupado con una mochila donde habían guardadas varias cajas de colores, crayolas, tijeras y libros, sin comprender de dónde la había sacado y lo que estaba haciendo, trató de averiguar.
¡Miau, miau!- trataba de avisar a su dueño.
Klunk guarda silencio.- le pedía Mickey concentrado en su trabajo.- Vas a despertar a Leo.-
¡Miau!-
Klunk.-
¿Qué haces Mickey?-
¡Aaayyy, Leo!- se giró el niño a verlo.- ¡No veas!- pidió al tiempo que se giraba de nuevo para ocultar su trabajo.- ¡No veas, no veas!-
¿Qué haces?-
¡No veas!- volvía a pedir con todo adentro de la mochila y corriendo rumbo al pasillo.- ¡Te traeré el desayuno!- se escuchó gritar desde la escalera.
Es un chico muy inquieto.- comentaba la abuela al entrar por la puerta de la recámara.- Casi se cae por ir corriendo.- el chico esbozó una sonrisa al verla.
¡Abuela!- exclamó contento al verla.- ¿Mickey no te vio cuando…?-
No.- respondió colocándose a su lado.
Entonces, es cierto.- murmuró sin poder creerlo.
Así es.- tomó asiento.- ¿Te asusta?- el niño no pudo mentir.
Sí…un poco…- intentaba explicarse.- Es que, no sé, qué pasará ¿Qué pasará conmigo? Si será malo o no.- la anciana acarició la mejilla del joven guerrero, con el fin de tranquilizarle.
No te voy a mentir querido.- inició.- No será sencillo para nadie, en especial para ti.- Leo le miró preocupado.
¿Por qué? El señor Vaudoux me dijo que me enseñaría a controlarlo.-
Así es, pero no será instantáneo, y aun cuando ya puedas manejar tus habilidades a voluntad, las muchas entidades que podrás ver allá afuera, no siempre será fácil tratar con ellas.-
Eso significa.- pidió saber nervioso.- ¿Qué no importa lo que haga, no podré…?-
¡Yo nunca dije eso!- aclaró la anciana.- Cuando dije que sería difícil tratar con ellas, me refería a su aspecto, su presencia o al tipo de energía que despidan, no será instantáneo, pero con el tiempo aprenderás a bloquearlas y con la experiencia, poco a poco te dejaran de impresionar sus formas, Lázaro te enseñará a imponerte por sobre cualquier cosa, así no te molestarán tanto ¿Comprendes?- el chico asintió con la cabeza.
¿Será difícil?- la abuela no lo pensó mucho.
Para cualquier otro, sí, pero para ti que desde pequeño has demostrado ser un excelente alumno, será pan comido.- el pequeño quelonio sonrió agradecido.- Bien, ahora vamos a poner de nuevo el video.- le dijo con la caja del concierto en la mano.- Me gusta ver a ese chico bailar como robot.- el joven de ojos color miel, vio cómo sostenía el video en la mano, entre sorprendido y divertido.
¿Cómo es posible que puedas tomar el video, si estás…?-
¿Muerta?- apenado el niño solo pudo decir sí, con un movimiento de cabeza.
Es algo muy fácil de hacer ¿Quieres que te enseñe cómo hacerlo?-
¡Sí!- la anciana se acercó a instruirle, cuando unos pequeños golpes sonaron en el cristal de la ventana, igual a la vez anterior en el primer piso, Leo preguntó a la nana.- ¿Quién es ella?-
Su nombre es Madeleine, no tienes de qué preocuparte, no los lastimará.-
¿Qué significa "Herramienta"?- la abuela le miró.- Abril me dijo que era una herramienta del señor Vaudoux ¿Qué quiere decir eso?-
Significa que es un espíritu al servicio de Lázaro.- el niño la miró interesado.- Le ayuda en diversas cosas.- ahora miró a la ventana.- Si quieres hablar con él, muestra tu mejor cara.- después de la advertencia al otro espíritu, preguntó al niño.- ¿Quieres empezar con la lección?- suponiendo que más adelante conseguiría más información, este aceptó de inmediato.
La lección duró unos cuantos minutos, lo demás era solo practicar, cuando llegaron los hermanos del primogénito con el desayuno, grande fue su sorpresa escuchar desde la mitad de la escalera el concierto de Michael Jackson en la tv, al entrar al cuarto, vieron a Leo de lo más concentrado, con la palma de la mano suspendida a unos centímetros sobre la caja de plástico.
¿Leo?- consiguió llamarle la atención Don.- ¿Qué estás haciendo?-
Ah, pues… un ejercicio.- respondió contento, cosa que a los muchachos les pareció entre extraño y bueno a la vez.
¿Un ejercicio? ¿De qué tipo?- Leo no contestó a Don, pues Rafa preguntó colocándose a su lado con la charola del desayuno en sus manos.
¿Tu pusiste la película?-
No, fue la abuela.- el color en el rostro de los muchachos desapareció.- Quería ver de nuevo al "Chico robot".-
¿Al chico robot?-
Si, dice que baila y se viste como si fuera un robot.- señaló a la pantalla donde se encontraba el rey del pop, bailando con ropas color negro y dorado.- Le gustó.- el silencio continuaba amenazando con gobernar en el cuarto, hasta que.
Y ¿Qué estabas haciendo con la caja?- retomó el tema Mickey.
Amm, yo solo quería, moverlo sin tocarlo, pero todavía no me sale.- la confusión era cada vez más grande.
¿Moverlo…sin tocarlo?- preguntó Rafa, entregándole la comida.- ¿Es en serio?-
Sí, ella lo hace.-
Pero ella está…-
¡Eso suena genial!- interrumpió Mickey a su segundo hermano.- ¿Me enseñarás a hacerlo?-
¡Claro!-
¡Súper! Ten.- entregó la mochila.- Son cosas para tu rehabilitación.- la abrió y vació sobre las piernas de Leo.
¡Mickey!- el pequeño ignoró a sus compañeros y siguió mostrándole las cosas.
Son crayolas, colores de madera, libros de colorear, libretas de dibujo, abecedarios de juguete y números también ¡Mira!- le mostró la caja por dentro.- Son 800 colores diferentes.- le mostró los crayones ya usados en su mayoría.- Algunos tienen efectos especiales, como brillo o este que brilla en la oscuridad ¡Me encanta!-
¡Mickey!- le llamó la atención Donatello.- Abril consiguió esa caja para Leo, se supone que es para sus ejercicios de escritura, no para que juegues con ellos.- el niño se veía apenado por su atrevimiento, cuando.
Vamos Donny, no lo regañes.- intervino Leo, acariciando la cabeza de su hermanito, el cual sonrió al contacto.- No necesito tantos colores, bien podemos compartirlos.- el joven genio se vio exasperado.
¡Ah, Leo!- dijo camino al tocador en busca del glucómetro.- Lo consientes demasiado.-
Sí.- le apoyó Rafa.- Por eso usa las cosas de los demás sin pedir permiso.-
Sabía que Leo no me iba a decir nada malo.- se defendió el pequeño.- Él no es como ustedes.-
¡¿Qué dijiste, enano de cuarta?!-
¡Aarrgg!- mientras Donny media la glucosa en el cuerpo de Leo, este veía divertido la pelea entre sus otros dos compañeros, de alguna manera, el té y el baño habían hecho algo en el cuerpo del muchacho, y sus hermanos, rogaban que siguiera así por mucho tiempo.
Por otra parte, lejos de la comodidad de la casa, internados en el frío y el pesado tráfico, los adultos del grupo llegaban por fin al centro comercial, como lo habían predicho la noche anterior, el lugar estaba lleno, la mayoría de las tiendas en cada uno de sus tres pisos, estaban llenas de compradores de último momento, cargando bolsas y paquetes en vistosos colores, si en verdad querían comprar algo bueno para sus seres queridos, debían hacerlo ¡Ya!
¡Cielos!- expresó con sorpresa la pelirroja.- Creo que tendremos que separarnos.-
Pero ¿Cómo?- pedía saber Splinter muy preocupado, pues era su primera vez en ese tipo de tiendas y no tenía ni idea de por dónde comenzar a buscar lo que quería comprar a sus hijos.
Si gusta, nosotros podemos ir por las cosas de los muchachos.- se ofrecía Casey.
Sí.- le apoyaba Abril.- Nosotros ya sabemos a dónde y qué comprar, será más fácil para nosotros ir a cada tienda.-
Pero ¿Qué hay de la guitarra de Leonardo? ¿Dónde puedo conseguirla?- preguntaba Splinter a dónde dirigirse.
También podemos hacernos cargo de ello.- decía el guerrero de las calles entusiasmado, pues planeaba hacer su voluntad en la compra del instrumento.
Eso no suena mal.- apoyó Vaudoux.- Nosotros podemos entretenernos en la tienda de videos, eligiendo más premios para el chico y después vernos con ellos en alguna de estas cálidas cafeterías.-
Eso no suena nada mal.- le siguió el profesor.- Mis pobres huesos no gustan mucho del frío.- en eso Splinter estaba de acuerdo con su amigo.
De acuerdo.- aceptó resignado el roedor.- Aquí tiene el dinero sr. Jones.- dijo entregando los ocho mil dólares.- Tienen que conseguir los regalos de los muchachos y la guitarra de Leonardo.- ambos jóvenes prestaban atención.- Les pido que no escatimen en gastos al comprar la guitarra, ya que se trata de una deuda de honor.- tanto Casey como Abril.- acataban las indicaciones.- Que sea una guitarra de madera, color natural o negra, con todo lo que esta necesite, estuche, cuerdas, lo que sea necesario, quiero la mejor ¿De acuerdo?-
De acuerdo.- aceptó Casey, guardando el dinero en un lugar seguro.
Bien, entonces vámonos.- llamó Lázaro a sus compañeros.- Antes de que se lleven los mejores videos.-
De acuerdo.- y sin perder más el tiempo, ambos grupos se separaron. Ya retirados de los mayores, Abril preguntó a su compañero.
¿Piensas seguir las indicaciones de Splinter al pie de la letra?-
¡Claro que no! si lo hago, Rafael me mataría.-
¿Entonces?-
Le daré gusto al viejo maestro, en parte claro.- la chica le miró suspicazmente.- Ya que las guitarras eléctricas, también son de madera.- ninguno de los jóvenes pudo evitar reír divertidos al final de este comentario.
Pasaron más de dos horas para que Abril y Casey, por fin llegaran al encuentro con el resto del grupo, ambos venían cargados de cajas y bolsas a la cafetería, donde con envidia y cansancio, vieron como los tres hombres, conversaban de lo lindo tomando un café caliente, con bizcochos y sólo una bolsa que cargar.
A los quince minutos ya todos se encontraban dentro de la camioneta, cada uno presumiendo sobre lo que compraron o lamentándose de lo que no pudieron encontrar, como el nuevo procesador cadmiun de siguiente generación con codificación kuantum que Abril quería regalar a Donny y que se había agotado hacía varios meses atrás. Antes de llegar a casa, fueron a comprar unas pizzas, pues nadie quería cocinar y al mismo tiempo, mantendrían distraído a Miguel Ángel en lo que guardaban los regalos.
¿Cómo está tú hermano?- preguntó Splinter al menor de sus hijos, al tiempo que le daba una palmada en la mano, por estar metiéndola dentro de las cajas de pizza.- ¿Desayunó?-
Sí, pero solo comió un waffle y un vaso de leche.- la continua apatía del chico para con la comida, seguía preocupando al maestro ninja.
¿Ha bajado?- el niño de naranja le miró chupándose los dedos.- ¿Ha salido de su recámara?-
No.- temía escuchar esa respuesta.- Prefirió quedarse en su cuarto…platicando.- Splinter le miró extrañado.- Creo que con la señora Vaudoux y…con la chica de la ventana.- el niño se vio nervioso al decir esto.
¿Por qué dices eso?-
Cuando llegamos con el desayuno, el disco de Michael Jackson estaba puesto, creímos que había sido él, pero nos dijo que fue la abuela quien lo quería ver.- Splinter escuchaba atónito.- Y mientras desayunaba, volvieron a tocar la ventana, dijo que se trataba de una mujer y que solo quería platicar, eso fue…escalofriante.- confesó el joven un tanto apenado de decirlo.
Subiré a preguntarle si quiere acompañarnos.- anunció al tiempo que comenzaba a avanzar rumbo a las escaleras, sin dejar de mirar hacia donde se encontraba la habitación de su hijo.
Mientras tanto en el segundo piso, Leonardo continuaba conversando con seres invisibles a los ojos de sus hermanos y demás familiares, ahora que se encontraba "Solo", la chica de la ventana se animó a hablarle, así, después de un simple "Hola", inició una conversación.
Entonces ¿Eras la líder de una pandilla femenina?- preguntaba Leo, sentado a un lado de la cama, dándole la espalda a la puerta y mirando de frente a donde su nueva amiga se encontraba.
Así es, éramos cinco.- respondía el espíritu con voz susurrante, como si llevara tiempo de no usarla.- Hace más de diez años atrás, puedes llamarme Mad, si quieres, así me conocían en las calles, la loca Mad.- Leo le agradeció sin palabras.
¿Y cómo murieron tú y tus amigas?-
Una nueva pandilla se quería quedar con nuestro territorio, no pudieron contra nosotras y buscaron ayuda con un grupo de delincuentes más agresivo que ellos mismos, llamados los Dragones purpura.- Leo quedó boquiabierto.
¡¿Los Dragones purpura?!-
Así es, una noche llegaron y sin retos ni advertencias, iniciaron una guerra…fue horrible.- la voz de Madeleine sonaba triste.- Un verdadero baño de sangre, los gritos se escucharon a varias cuadras, y nadie quiso ayudarnos, y eso aún me pone furiosa.- Leo pudo sentir su rabia.
¿Y qué pasó?-
Cuando esas bestias terminaron de destrozar nuestros cráneos, se quedaron con nuestras calles y obligaron a los imbéciles que los llamaron, a servirles como esclavos o les pasaría lo mismo.- Leo sintió pena por las chicas.
¿Y aún están los dragones en su calle?-
No, no lo están ya.- se escuchó contenta.- Nosotras nos encargamos de correrlos.- esto extrañó al muchacho.
¿Ustedes? ¿Después de…?- la chica sonrió.
Quizás en vida no fuimos una gran amenaza para ellos, pero como muertas, fuimos peores que demonios.- el chico de añil sonrió cómplice de su nueva amiga.
Los asustaron hasta que se fueron de sus calles.-
Así es.- rió satisfecha.- Los echamos a todos, pandillero o residente, no dejamos que nadie más se acercara a nuestro territorio…por eso buscaron a un hechicero, para que nos sacaran de ahí.-
¿El señor Vaudoux?-
Sí, él se encargó de limpiar el lugar, pero yo como la líder, me negaba a que nos fuéramos, íbamos a dar batalla, cuando uno de sus perros guardianes encontró un pedazo de mi cráneo, con él pudo controlarme, de esa manera consiguió exorcizar las calles.-
En este momento de la conversación, Splinter fue llegando al segundo piso, desde la escalera alcanzaba a escuchar la voz de su hijo mayor, parecía estar conversando con alguien, un ser totalmente invisible e insonoro para él, cuando por fin llegó a la puerta de su recamara, pudo ver sin hacer notar su presencia, que su hijo miraba atentamente a una ventana completamente vacía.
Y ¿Qué pasó con tus compañeras?- escuchaba el roedor que su hijo preguntaba.
Supongo que el exorcismo las puso a descansar en paz.- No las he vuelto a ver desde hace muchos años.-
¿Las extrañas?- volvía a preguntar su hijo, sin que nadie le contestara o al menos sin que él pudiera escuchar la respuesta.
Por supuesto que las extraño, eran mis hermanas.- Leo comprendía.- Pero estoy segura que las volveré a ver pronto.-
¿Y cómo?-
Con tu ayuda, por supuesto.- aclaró con picardía.
¿A qué te refieres?-
A que un buen día, llegarás a ser un houngans, o un bokor, y necesitarás guardianes.- el joven de añil comenzaba a comprender.- Yo te puedo ayudar a conseguir las mejores guerreras a tu servicio, seríamos más fuertes que unos simples perros como los que tiene Vaudoux.-
¿Por qué quieres estar conmigo si no te gustan los hombres?-
¡Eso no es cierto! No del todo, no me gustan los que son como esos animales que abusan de su fuerza, de su posición para dañar a quien se les ponga en frente, por eso me llamaste mucho la atención, tú y tus hermanos.-
¿Qué?-
Ustedes han vencido a los dragones purpura en muchas ocasiones ¿No es así?- se explicaba interesada.- Han puesto a Hun en su lugar con gran facilidad.- Leo sonrió ante el recuerdo, lo mismo hiso la chica.- Me gustas.-
¿Eh?-
Quiero quedarme contigo.- Leo prestaba atención.- Tú eres el líder del grupo, igual que yo, has llegado a vencer a Hun tú solo, yo también lo hice…pero muerta, quiero quedarme contigo, tenemos mucho en común, por eso quiero ser tu guardián, me gusta tú energía.- el niño lo meditaba un momento.- Te aseguro que te seré de más ayuda que un simple perro.- Leo no sabía que decir.
No creo que el señor Vaudoux esté de acuerdo con eso.- esto llamó la atención de Splinter.
Él lo hará sí tú se lo pides.- le aseguraba.- No me extrañará, por el contrario, él sabrá que te cuidaremos bien, que te protegeremos de cualquier entidad que se atreva a posar sus ojos en ti.-
¿Te, cuidaremos? ¿Te refieres a…?-
Exacto, mis hermanas y yo.- el joven guerrero guardó silencio al ver que la entidad femenina se acercaba más al cristal.- Sí acaso es obligación que tengas que tener perros como tus protectores, yo puedo conseguirte a las perras más salvajes que puedas conocer.- la risa de la joven al final de su ofrecimiento, hizo que Leo se sintiera incómodo.
Yo, no…-
¿Leonardo?- le llamó su padre.
¡Maestro Splinter!- se giró el niño con sorpresa al oírle.- Yo, no sabía que estaba ahí-
Estabas distraído ¿Con quién hablabas?- el niño se vio indeciso, miró a la ventana dónde aún estaba la joven Madeleine y luego a su padre.
Yo…yo hablaba con…Madeleine.- respondió al fin, esperando con inquietud la opinión de su padre, pues no quería que este pensara que estaba jugando o volviéndose loco.
Oh.- exclamó con toda calma.- ¿Y de qué te hablaba?- preguntó tomando asiento en la otra orilla de la cama.- Porque parecía que te estaba ofreciendo algo inadecuado.- el que Splinter continuara la conversación, creyendo en su palabra, fue algo extraño para el chico.
No…ella no, no creo que fuera algo malo, solo…- el chico no sabía si lo habían atrapado haciendo algo malo o no.- Solo…solo estaba bromeando.-
Yo no bromeo.- respondió la mujer desde el cristal, haciendo que el chico mirara de reojo a la ventana, detalle que pudo notar su padre.
¿Te sigue hablando?- Leo se vio intimidado ante el interés de su sensei.
Amm, sí.- respondió apenas.
Y ¿Qué te dice?- el chico tardó un momento en decidir lo que debía exponer.
Dice que quiere, venir conmigo.- optó por decir la verdad.- Quiere ser mi guardián.- Splinter se vio interesado.
¿Tú guardián? ¿Quiere cuidar de ti?- el niño dijo sí con un movimiento tímido de cabeza.- Eso suena bien, supongo, la verdad no sé mucho de este mundo, paranormal.- luego miró a donde estaba el televisor, el cual continuaba proyectando el concierto de Michael Jackson.-
¡Yo no lo puse!- se apresuró a aclarar el primogénito.
Lo sé, Miguel Ángel me lo dijo.- el chico desvió la mirada apenado.- Discúlpame.- pidió el roedor de nuevo.-
¿Por qué?-
Por hacerte creer que hacías mal al divertirte.- comenzó a explicarse al tiempo que se ponía de pie y avanzaba rumbo a su hijo el cual se veía a punto de llorar.- Ahora no puedes siquiera encender un aparato y entretenerte un momento sin pensar que eso me molestará.-
¿Me… odias?- preguntó con voz quebrada y unas cuantas lágrimas corriendo por sus mejillas.
¡Claro que no!- aclaró abrazando a su hijo, el cual nuevamente no se negó al contacto.- Eso nunca, yo te amo demasiado.-
¿Entonces, por… qu…, me trataste… así?-
Porque estaba mal y no me daba cuenta.- intentó explicarse con la voz algo afectada.- No sé qué… me ocurrió, estaba decidido… a levantar y fortalecer al clan de nuevo, quería que tú al ser el futuro líder, también pensaras como yo y que te dedicaras al máximo, pero… abusé de ti, abusé de tus hermanos, lo hice todo mal.- tomó asiento junto a su hijo sin retirarlo de su regazo.- Ya no quiero continuar así, ya no quiero avergonzar más a nuestros ancestros.- dijo refiriéndose al maestro Yoshi y a Kojiro.
Yo, tampoco, quiero… avergon… zarlos.- susurró el niño entre sollozos.
Jamás podrás avergonzar a nadie, eso te lo puedo asegurar.- el niño no creyó en sus palabras.
Antes me decías que… estabas muy… orgulloso de… mi…pero después…después me decías, lo contrario… ¿Cómo creerte, ahora?- Splinter se vio avergonzado.
Comprendo lo que quieres decir, fue imperdonable lo que te hice, como tú padre… debí brindarte todo lo necesario para que crecieras fuerte y lleno de confianza, no para que te sintieras inseguro de cada decisión que tomaras, lo lamento en verdad, y no sé de qué manera puedo demostrarte mi cambio… que no sea simplemente haciendo la diferencia.- el niño aún se veía temeroso.- Sé que no es suficiente, si en algún momento llego a recaer.- el joven prestó atención.- Tú y tus hermanos me llamarán la atención al respecto.-
Pero eres nuestro, padre ¿Cómo podríamos nosotros corregirte?-
Porque no soy perfecto, porque cometo errores como cualquier otro, además, si alguien te puede ayudar a evitar que repitas una mala acción, entonces es muy bienvenida todo tipo de advertencia.- una vez más se abrazaron.
Leo no podía decir que había eliminado todas sus inseguridades con respecto a Splinter, que podía confiar en él abiertamente, no podía, pero debía admitir que la conversación de alguna manera le ayudó a bajar la guardia, más no a eliminarla. Luego de un par de minutos en completo silencio, Splinter preguntó.
Bien, ahora a comer ¿Te gustaría bajar con nosotros a la mesa o prefieres estar aquí y ver tu video?- el niño no respondió de inmediato, dejando en claro lo que en verdad deseaba.- Está bien.- volvió a tomar la palabra su padre, sin siquiera molestarse.- Pediré a uno de tus hermanos que te suba tu comida ¿De acuerdo?- el chico dijo sí, con un movimiento de cabeza.- Está bien, ahora te traen algo.- cuando ya se retiraba, Leo le llamó.
Maestro Splinter.-
¿Sí?-
Gracias.- el viejo roedor también agradeció la nueva oportunidad que le brindaba su hijo con un fuerte abrazo.
No, gracias a ti.- más tarde llegaron los hermanos a comer con su compañero en la habitación, cada uno con su plato para estimular a Leo a que los acompañara con el suyo. Por primera vez en lo que llevaban hospedados en el viejo hotel, los cuatro hermanos miraron la televisión sin que ninguno se quedara dormido o temiera ser regañado, algo que agradecieron los tres menores, pues eso significaba que la recuperación de Leo iba en camino y…que ya no tendrían que escuchar a Michael Jackson por décima vez consecutiva.
Los días faltantes a navidad fueron los más relajados y divertidos para nuestros amigos, en especial para Leonardo, al cual le habían ocultado cualquier tipo de información relacionada con la próxima fiesta, el chico no tenía idea de en qué día vivía, por consiguiente no tenía por qué estresarse con los regalos, además, sus hermanos le entretenían con diversas actividades recreativas, desde perderse por horas viendo películas, series y caricaturas por satélite hasta luchar por el control del video juego que Casey Jones trajo de su casa.
Estas eran por fin unas verdaderas vacaciones para el joven líder, ahora sí tenía tiempo para ver los programas que tanto gustaban a sus hermanos, las competencias de motocicleta, la lucha libre, el box y las series de terror como The Walking dead, de Rafael. Los documentales, las series de ciencia ficción y comedias como The Big bang theory, de Donatello y las competencias de patinetas y bicicletas, películas cómicas y caricaturas como The Simpsons de Miguel Ángel.
Leo podía ahora opinar al respecto, de ser por él no vería televisión, le era frustrante ver un montón de garabatos anunciando programas y horarios, era como estar en un país extraño, bien habría evitado encender el aparato, si no hubiera descubierto en un canal retro, a Star trek la serie original, a su adorado detective Sherlock en la bbc y al doctor House, que está basado en su adorado investigador, ahora tenía algunos programas que podía llamar favoritos, podía seguirlos como cualquier aficionado de su edad, además, bajo pretexto de revisar su coordinación ojo-mano, el niño de añil fue puesto a jugar primero, Plantas vs Zombies, después vinieron Final fantasy, y Resident evil.
Poco a poco con ayuda de los baños de hierbas, las medicinas, la compañía de amigos y familiares, el descanso, las constantes comidas que le hacían ganar premios, y lo antes mencionado, un nuevo y por poco olvidado Leonardo iba surgiendo del abismo al que había sido arrojado.
El 24 de diciembre por fin llegó, la casa era un hervidero de actividades, desde temprano recibieron la comida que habían encargado a buenos restaurantes, los postres y las bebidas, los regalos de intercambio cubrieron los pies del árbol, como Leonardo no había acompañado a nadie a comer en la mesa principal, esa noche no se escaparía, por lo que la decoración y el entretenimiento debía ser el mejor. A las 6 de la tarde, Splinter ordenó a sus hijos que se prepararan para la fiesta.
¡Vamos!- llegó Splinter al cuarto de Leo, donde el primogénito y Miguel Ángel luchaban por el control del video juego.- Miguel Ángel ya es hora de bañarse.-
¡Dámelo Mickey! Es mi turno.-
¡Yo solo quiero ayudarte!-
Chicos.-
¡Quieres quitarme mi turno!-
¡Quiero ayudarte a pasar el nivel!-
¡Eso ya me lo dijiste y jugaste tú solo!-
¡Niños!- volvió a llamarles el roedor, al cual por fin le miraron.- Dejen de jugar, Miguel Ángel, ve a bañarte y tú Leonardo, a dormir.- el chico de naranja se levantó con pereza de la cama.
Pero no tengo sueño.- alegó Leo.
Y Rafa siempre tarda mucho en el baño.- discutió el segundo, luego de ver en la pantalla del televisor el final del juego, rió burlonamente.- ¡Ja, ja, ja! Te comieron el cerebro.- informó a su hermano quien miraba la pantalla decepcionado.- Sensei ¿Puedo bañarme aquí?-
Está bien.-
¿Qué? ¡No!- se negó el mayor.- Siempre hace un desorden y me hizo perder en el juego.- el pecoso de naranja iba divertido y satisfecho rumbo al baño.
No te preocupes, limpiará antes de salir.- advirtió al menor con la mirada, luego se dirigió a Leo.- Y tú debes tomar una siesta, después te despertaré para llevarte a bañar.- informaba el padre al tiempo que lo metía en la cama, pues como esa noche era de fiesta, el chico debía descansar lo suficiente, para no tener complicaciones después. así sería por siempre, si Leo quería ir de noche con el grupo por la ciudad, tendría que dormir por las tardes.
Pero yo puedo bañarme solo.- comentaba ahora el chico ya arropado y al saber que su padre sería quien le ayudaría.
Y lo harás.- aclaró el maestro.- Yo sólo te acompañaré hasta la tina y te ayudaré en lo que necesites, vamos, descansa.- le apresuraba su padre, sin que el chico se pudiera oponer.
Para las 8:30 de la noche, la familia ya estaba lista, Leo que ya se encontraba aseado y sentado al centro de su cama, vestido de pijama de algodón color azul rey y calcetines azul claro, veía con interés tres de los nuevos discos que había ganado por comer un poco más de medio plato, uno era el 25 aniversario de los Miserables, el concierto, el otro era El extraño mundo de Jack y por último, Sweeney Todd el barbero demoniaco de la calle fleet, el niño pensaba seriamente cuál de los tres pondrían esa noche, cuando Rafael llegó por él, este le vio con desconcierto.
¿Y eso?- preguntó al verlo de pijama, una igual a la de él, pero en colores rojizos.- ¿Ya estás listo para dormir?-
No, estoy listo para la cena.- Leo le miró extrañado.
¿Vas a cenar en pijama?-
Así es, todos lo haremos.-
No comprendo ¿Por qué?-
Porque será el traje de gala de esta noche.- el joven de ojos color miel, le miraba confuso.- Y tú nos acompañarás a la mesa.- Leo le miró asombrado.
¡¿Qué?! ¿Por qué?-
Porque es la cena de navidad, por eso.- el rostro del niño, palideció ante la noticia.
¡¿Queee?! ¡¿La cena de navidad?!-
Así es, hoy es 24 de diciembre.- el chico de añil se veía alterado.
¡No, no es posible!- su respiración comenzó a acelerarse.- ¿Por qué?-
Tranquilízate, es día de fiesta.-
¡¿Acaso estás loco?!- preguntó sobresaltado.- ¡No puede ser así!-
¿Qué sucede?- pidió saber Donatello al llegar vestido del mismo modo, pero en sus propios colores.
Acabo de decirle que fecha es hoy.- ya eso lo decía todo, pues era de conocimiento general, el sutil tacto de su temperamental hermano en los temas delicados.
¡Ay Rafa!-
¡¿Cómo puede ser posible?!- continuaba Leo muy excitado.- ¡¿Por qué nadie me dijo nada?!-
¿Para qué?- tomó la palabra el segundo al mando.- Habías estado de lo más relajado estos últimos días, era lo que necesitabas para recuperarte mejor, nos divertimos mucho y…-
¡Pero ahora no tengo nada para la fiesta!- gritaba nervioso.- ¡No tengo nada para la llegada de Santa, ni para el intercambio, nada!- caminaba de un lado a otro de la habitación, pues gracias al descanso, ya se sostenía sin problema alguno.- No quiero bajar así.-
¿Qué?-
¡Sí!- decía el chico de azul.- No quiero bajar a la fiesta, no quiero que nadie me vea ¡¿Por qué no me dijeron nada antes?! ¡ ¿Qué voy a hacer?!- pedía saber, al borde de un colapso nervioso, por lo que Donny intervino.
Leo, cálmate, tranquilízate, no es gran cosa.-
¡ ¿QUÉ NO ES GRAN COSA?! ¡Mickey ha esperado este día con mucho entusiasmo! ¿Cómo le voy a hacer ahora para no decepcionarlo?-
Leo relájate.- le pedía ahora Rafael.- Splinter ya se encargó de todo eso.-
¿Qué?- preguntó con lágrimas en el rostro.
Así es.- decía Donny.- Splinter se encargó de comprar los regalos de navidad, dijo que continuaría con la tradición, hasta que Mickey estuviera listo para aceptar la verdad.-
¿Cuál verdad?-
¡Mickey!- el chico iba entrando a la recamara para ver si todos estaban listos, como ellos, iba vistiendo su pijama naranja y llevaba en brazos al pequeño Klunk, quien tenía al cuello, un bonito listón navideño.
¿Qué sucede?- quiso saber al ver a Leo tan alterado.- ¿Qué le pasa a Leo?-
Nada malo.- lo disfrazó Rafael.- Está triste porque no tiene nada para el intercambio.- el niño de naranja lo miró con ternura.
¡Ah, Leo! No te preocupes, no es necesario, lo importante es que cenaremos juntos, no importa si no tienes regalos.-
Es que… sí, los tengo.- decía aun afligido.- Pero están… en la… guarida, en una mochila azul, en mi closet.-
Entonces tendremos doble navidad, cuando recuperemos nuestras cosas de la guarida.- finalizó el pequeño quelonio, para darle después un fuerte abrazo a su hermano.- Vamos, ya no llores.- el joven líder sonrió ante el contacto de su pequeño hermanito.- o Santa se pondrá triste.- dicho esto, los tres hermanos comenzaron a sacar al primogénito del cuarto.
¿Quién sabe?- tomó la palabra Rafael.- Quizás Santa te traiga doble regalo para que ya no estés triste.-
Si ese es el caso.- le siguió Don.- Entonces nos conviene a todos ponernos tristes.- sólo las lámparas de noche quedaron encendidas en caso de necesitar ir por algo, los cuatro hermanos se retiraron rumbo al primer piso, sin darse cuenta ninguno, que una figura femenina, había sido testigo de su conversación, desde la congelada ventana.
Ya en el primer piso, Leo se pudo percatar con una gran sonrisa, de que toda la familia estaba vestida de pijama, todos, excepto por lo adultos mayores, quienes portaban una bata sobre la ropa de dormir, esto era de lo más divertido y cómodo a la vez, pues no sería él, el único vestido de manera informal en navidad.
¡Leo!- le saludó Abril de manera efusiva al verlo, vestida de pijama rosa de dos piezas y varios Hello Kittie estampados.- Que bueno que bajaste a cenar con nosotros, porque tu cuarto no es tan grande como para recibirnos a todos.- el chico sonrió.
Gracias.- apenas pudo decir.
Te va a gustar la cena.- anunciaba Casey llevando a la mesa algunas cestillas con pan y vestido con un pants gris y una camisa blanca de tirantes.- Hay pasta, pavo relleno, ensalada de manzana, pastel de tres leches, gelatina de leche de chocolate, muchas sodas, cervezas y vino, champagne para el brindis que seguro no podrás beber por tus medicamentos.- todos rieron divertidos.
Yo lo tomaré por ti.- se ofreció Rafael.- Y eso incluye también una o dos cervezas.-
Claro que no.- le ordenaron ambos líderes de casa al mismo tiempo, cosa que hizo reír a muchos.
La fiesta comenzó, la música sonaba por todo lo alto, de principio a fin no se supo que fue lo que se escuchaba, porque había una lucha encarnizada por el control del estéreo, todos querían escuchar algo. Debido a la enorme cantidad de inquilinos, Vaudoux se hizo de otro televisor, el cual estaba colocado en la sala y pronto fue utilizado para ver conciertos navideños y video juegos, el escándalo era enorme, algo de lo que Lázaro estaba muy agradecido, pues sus fiestas nunca habían sido tan ruidosas.
Luego vino la cena y una vez más el soborno, si Leo era capaz de comer de cada uno de los platillos presentados, aunque fuera en pequeñas cantidades, pero constantes, se ganaría no uno, sino cuatro discos, un concierto de André Rieu, la película Chicago y la primera temporada de Glee y la película de Vaselina, por lo que la familia no paró en darle ánimos para que comiera, y si no podía, le ayudaban con un bocado o dos.
La media noche no tardó en llegar, el brindis con champagne y el abrazo de feliz navidad fue afectuoso y abundante, las felicitaciones y buenos deseos, se escuchaban por todos lados. Luego llegó la hora del intercambio, algo de lo que Miguel Ángel ya estaba ansioso por hacer.
¡Vamos, vamos! Ya es hora del intercambio.- anunció el chico alejándose de la mesa, para ir directo al árbol.
Tranquilo Mickey, ya vamos.- le aseguraba Donatello.- Los regalos no se van a ir de ahí.-
Ya esperé mucho tiempo ¡Vamos!- llamaba el niño desde el otro lado del salón, al tiempo que ya se escuchaban el ruido del papel de envoltura.
Miguel Ángel, deja todo en su lugar.- ordenó Splinter mientras se ponía de pie para acompañar al grupo rumbo al árbol.- ¿No quieres acompañarnos?- preguntó a su primogénito, el cual seguía sentado a la mesa, mirando sus nuevos videos.
Ahora voy.- respondió sin ganas.
¿Sucede algo?- el niño se veía triste.
No tengo nada que darles.- decía sin mirar a su padre o al otro salón.- Nadie me dijo que llegaba navidad.- se escuchaba algo molesto. Splinter se sentó a su lado.
No queríamos estresarte.- el chico no se vio agradecido.- Necesitabas mucho descanso.-
Pero ahora soy el único que no dará nada a nadie.-
No estés tan seguro.- el niño no hizo contacto visual con su padre, por lo que este le tomó de la mejilla y le guió hasta poder verle.- A todos nos has hecho muy felices, ya que es la primera vez desde hace mucho tiempo que comes con nosotros.- Leo agradeció a su padre con una pequeña sonrisa sus palabras, pero igual no estaba del todo conforme.
Lamento haberte puesto en esta situación.- dijo refiriéndose al puesto de Santa.- Sé que ya no estabas de acuerdo y…-
Por el contrario.- Leo le miró sin comprender.- Te agradezco yo a ti, por haber evitado que cometiera otro terrible error.- el niño seguía sin entender.- El haber mantenido intacta la ilusión de Miguel Ángel.- el joven líder sonrió contento.- Gracias a ti, no destruí su inocencia.- un fuerte abrazo entre padre e hijo fue el agradable final de la conversación.
¡Oigan!- les apuró el pequeño quelonio.- Ya estamos todos juntos, solo faltan ustedes.- y sin más remedio, Leonardo fue conducido por su padre hasta la sala alrededor del enorme árbol de navidad.
Poco a poco los regalos fueron entregados por los respectivos Santas, este año se suponía que los presentes navideños serían hechos a mano, pero algunos de nuestros amigos se saltaron este detalle bajo pretexto de no tener habilidad en las manualidades, por lo que Abril, Casey y el profesor, fueron los únicos que compraron sus regalos.
La joven pelirroja obsequió a cada uno de sus amigos, una deliciosa caja de bombones con chocolate y crema de caramelo, de inmediato cada uno de los chicos y adultos agradeció y abrió su caja de dulces.
¡Qué rico!- exclamó el menor del grupo.- ¡Gracias Abril!- dijo con dos bombones en la boca.
De nada.- dijo contenta.- Me alegra que les haya gustado.-
Miguel Ángel.- le llamó la atención su padre.- No quiero que comas otro dulce.- ordenó al ver que el niño ya iba por el quinto.- Ya te llenaste de azúcar en la cena.-
¡Pero sensei!-
Ni uno más.- volvió a ordenar.- Y tú.- se dirigió a Leo.- Solo probarás uno si tu glucosa está estable.- aclaró al tiempo que a ambos niños les quitaba sus cajas, lejos de enfadarse como su pequeño hermano, Leo sólo sonrió divertido.
Luego vino el regalo de Casey Jones, este les regaló a todos un MP3 de música metálica, presente que sólo festejó Rafael, los demás sólo dieron las gracias y lo dejaron por un lado, Leo por su parte, le daría quizás, una oportunidad. El profesor, les entregó a cada uno de los presentes, una bufanda color gris de franela que consiguió con sus amigos.
Pronto llegó el turno de los regalos hechos en casa, empezando por los jóvenes y por último los adultos, así que Rafael fue quien inició, regalando a cada uno de sus seres queridos con su trabajo de tejido…una pulsera roja.
¡¿Una pulsera?!- exclamaron nuestros amigos.
¿Qué no ibas a tejer bufandas?- pidió saber Donatello con su pulsera trenzada de un centímetro de ancho entre los dedos.
¡¿Acaso crees que iba a tejer una bufanda para cada uno de ustedes en tan poco tiempo?! Ni que fuera una máquina.- la familia y amigos veían divertidos sus pequeñas pulseras.
Pero.- tomó la palabra Leo observando su pulsera.- De todo ese estambre… ¿Solo te salió esto?- los demás rieron con ganas ante el atrevimiento del chico.
Sí.- respondió con todo descaro el segundo al mando.- Y es roja para que sepan quién la hizo ¿Te gustó?-
¡Sí!- respondió Leo al quelonio que ya casi tenía encima de manera amenazadora.- ¡Gracias! ¿Me la pones?- con las risas de los demás de fondo, Rafael le ató la pulsera a Leo.
¡Es mi turno!- avisó Donatello.- Aquí les tengo unos programas para computadora que les puede ser de mucha utilidad.- a cada uno fue entregando un disco con un programa de diseño muy fácil de instalar y divertido de usar.- Pueden diseñar lo que quieran, ya sean tarjetas, playeras o calcomanías.- muchos le vieron la utilidad al disco, excepto uno.
No te preocupes.- dijo Don a su hermano mayor.- Tu nueva computadora podrá leerte el programa.-
¿Eh?-
Sí.- le explicaba.- Es muy sencillo tu nueva laptop, bueno, cuando la construya tendrá un programa de lectura especial para quienes no pueden leer o escribir, la misma compu te leerá lo que necesites y si le dictas, lo escribirá.-
¡¿En serio?!- pidió saber Mickey emocionado.- ¿Cómo Jarvis? ¿El de Ironman?-
Sí.-
¡Genial! Me la tienes que prestar.-
Entonces ¿La computadora leerá y escribirá por mí, todo lo que quiera?-
Así es, hasta que puedas hacerlo por ti mismo, incluso cuando entres a internet ¿Qué dices?- quería saber el joven genio.- ¿Te gusta?-
¡Me encanta!- exclamó el joven de añil para agrado de su pequeño hermano.- Te lo agradezco mucho.- Don estaba feliz.
Bueno ¡Ahora es mi turno!- anunció el pecoso ninja a todo volumen.- Aquí tienen, que los disfruten, porque vaya que me costará trabajo.- cada uno de los amigos y familiares, recibió de manos del niño, un talonario de diez tickets, cada uno valido para.
¿Vale por un turno para lavar los platos?- preguntó Abril con su talonario abierto.
Así es.- como el niño no tenía nada más que dar, se le ocurrió regalar su trabajo.
Aquí dice que vale por un turno para lavar la ropa.- leyó ahora Casey.- ¡Hey! Eso me gusta.- todos abrían sus talonarios y comparaban los boletos entre ellos, Leo al abrir el suyo, se encontró con una sorpresa.
¿Y esto?- en lugar de tener letras, habían dibujos de Mickey, una figura de círculos y palitos, lavando platos, barriendo o planchando ropa. Para hacer sus regalos había tomado los crayones de Leo.
Es para que no te de problemas ¿Te gustó?- el primogénito sonrió con ternura ante el regalo de su hermanito.
¡Claro que me gusta! Es muy bonito.-
¡Qué bueno!- sonrió satisfecho el niño.- ¡Ah! Pero eso sí.- advirtió a todos.- No los usen al mismo tiempo.- las risas de los presentes fue la respuesta para el niño.
Ahora tocó el turno de los dos adultos faltantes, Splinter entregó a cada uno, un cartel, un poster con un mensaje positivo en kanjis y algunas ilustraciones hechas con pincel, un trabajo delicado el cual agradecieron todos. Vaudoux por su parte entregó a cada nuevo familiar, una vela muy exclusiva.
Ahora aquí les entrego algo muy especial de mí, para ustedes.- cada uno de nuestros amigos fue recibiendo una caja de 15 x 15, con una vela.-
Vaya.- opinó primero Abril al ver dentro de su caja.- ¿Es una vela aromática?- el sacerdote rió con ganas.
Claro que no, yo no hago esas cosas.- la atención del grupo se posó sobre el houngans.- Esta es una vela de los deseos.- ahora el regalo tenía otro semblante.
¿Vela de los deseos?-
Así es, esta vela, les concederá cualquier deseo que en verdad anhelen, solo hay que prepararla con los ingredientes correctos y encenderla, cuando esta se apague sola, será cuando haya realizado el trabajo.- todos observaban interesados su presente.
¿Podrá cumplir cualquier deseo que quiera?- preguntó primero el más pequeño.
Siempre que sea coherente ¿Sí? Nada de querer volar como Superman o manejar la electricidad como cualquier otro súper héroe.- el grupo reía con la explicación de Vaudoux al tiempo que pensaba seriamente qué pedir.
¿Y cómo las prepararemos?-
Les indicaré que hacer dependiendo del tipo de deseo que tengan, pero eso sí, deben pedir con mucha fe, si no creen en lo que están haciendo, no pasará nada.- los muchachos y los adultos comentaban entre ellos lo que bien podrían hacer con sus respectivos deseos, algunos decían que podrían mejorar las ganancias de sus respectivos negocios o viajar por el mundo, las posibilidades eran muchas.
Bien, ahora quisiera que todos me permitan un momento.- llamó la atención Splinter.- Quiero entregar a Leonardo algo muy importante para mí.- tanto el joven antes mencionado como el resto de la familia le miraron con interés.- Hijo mío.- el niño le miró.- Hace mucho tiempo que tú y yo hicimos un trato.- el joven de azul palideció.- Prometí ayudarte a estudiar música, hacer de ti el mejor en el tema, y no lo hice, algo que jamás me perdonaré a mí mismo esa terrible falta, no solo por el honor familiar, sino por haberte decepcionado.-
Prefiero no volver a hablar de eso.- pidió terminar el tema el niño algo ansioso, pero no fue posible.
No creo que sea correcto seguir ignorándolo.- continuó Splinter.- Quiero comenzar a reparar mi falta para contigo.- de inmediato, Casey fue y trajo el estuche negro de guitarra para ponerlo en las manos de Splinter.
Pero qué…-
Quiero que aceptes esta guitarra.- dijo el roedor colocando frente al niño el estuche.- Como parte del trato que hicimos hace algunos años.-
Pero yo no quiero…no…- balbuceaba el joven guerrero, cuando su padre abrió el embalaje frente a este, sorprendiéndolo no solo a él, también a todos los que vieron en su interior.
¡WOW!- dentro de la funda se encontraba descansando una hermosa guitarra color negro con azul eléctrico, de una famosa y respetable empresa experta en el tema. El instrumento musical era simplemente hermoso.
¿Pero qué?- murmuró Splinter al ver que la guitarra que había presentado a su hijo, no era la que había pedido, por lo que dedicó una mirada asesina al joven Jones.- Después hablamos.- le susurró al oído, cosa que hizo sonreír no solo al guerrero de las calles, también al quelonio que acostumbra acompañarlo.
¡Leo, está preciosa!- exclamó impresionado Donny.
¡Vamos! ¿Qué esperas? ¡Sácala de su caja!- pedía ansioso Mickey, pero Leo se negaba.
No…yo no… creo que… deba…- miraba la guitarra con deseo.
Pero ¿Por qué?- Splinter pedía saber a su hijo, pensando que no le había gustado el instrumento, incluso los otros dos rebeldes prestaron atención, temiendo que en realidad esperaba una guitarra acústica, pero ese no era el caso.
Leonardo no podía dejar de ver la hermosa pieza que era la guitarra, era algo que siempre había deseado poseer y que constantemente vio como algo imposible. Ahora que la tenía de frente, a su disposición, no podía creerlo, mucho menos aceptarlo, pues tenía miedo de que todo fuera una cruel mentira.
Siempre quise una así.- decía muy por lo bajo el chico de añil, con los dedos de su mano derecha en los labios para poder morderlos por la ansiedad y lágrimas amenazando con escapar de sus ojos.- ¿Por qué, tiene que ser igual?-
Hijo mío ¿Qué sucede?-
¿No te gusta?- pidió saber también Rafael, cuando Leo le respondió de manera negativa con un movimiento de cabeza.
No está bien.- decía con pena al tiempo que miraba la guitarra con anhelo.- No es correcto.-
¿Qué no es correcto?—
el niño la pensó un momento, antes de responder a su inteligente hermano.
Que, esto esté aquí.- respondió al fin, con las lágrimas corriendo por su rostro.
¿Pero por qué?-
Porque no, debe ser así.- la familia le miraba desconcertada.- Porque los, ninjas, deben ser invisibles.- ahora comprendían mejor.- Porque no… debemos dejar que nos vean o escuchen, y no es… normal que quiera algo… así.- finalizó mirando la guitarra.- Está mal.-
Claro que no está mal.- inició Rafael.
¡Claro que sí!- le respondió con énfasis Leo.- ¿Qué tal si… algo malo pasa?- le preguntó.- ¿Qué tal si nos descubren por… mi culpa?-
Pero Leo.- exclamó el pequeño al verlo tan nervioso.
¿Qué tal si… algo malo le pasa a la familia por… mi culpa?- continuaba.- Si te pasa algo malo… a tu familia le pasa… algo bueno ¿Verdad?- intentaba explicar su punto de vista.- Y si te pasa algo bueno… ¿A tu familia le irá mal? Yo no quiero que pase eso, yo no quiero…- no pudo más y soltó el llanto.
Al parecer Leonardo había inventado una explicación a lo que estaba ocurriendo desde hacía mucho tiempo, el porqué de lo que estaba viviendo, de alguna manera se imaginó que si a él se le negaban las cosas, era para que alguien más las disfrutara, que su sacrificio ayudaba a alguien que lo necesitara, y como hasta ahora lo que más le importaba era su familia, no quería que todo eso se retorciera, que ocurriera lo contrario a lo que quería.
No quiero que algo malo les pase por mi egoísmo.- alcanzó a decir Leonardo oculto en el regazo de su padre, quien se había apresurado a consolarlo.
Las limpias de Lázaro habían ayudado, pero no habían hecho todo el trabajo, el mismo sacerdote había dicho que su trabajo no iba a suplir el tratamiento que estaba llevando el chico, por lo que era necesario que consultaran al terapeuta, Leonardo lo necesitaba para poder eliminar los muchos miedos que lo mantenían prisionero.
La fiesta de navidad había terminado para el joven de ropas azules, su padre y hermanos le llevaron a su recámara para que se tranquilizara y descansara mejor, la guitarra fue guardada en la habitación del sensei, el chico no la quería ni ver, pues temía que ocurriera algo peor que malo por su culpa, ahora los que le amaban, sabían qué pedir a las velas de Lázaro.
Mientras los Hamato preparaban todo para que Leonardo descansara, este estaba sentado en una de las sillas junto a la ventana, miraba hacia afuera desanimado, con algunas lágrimas aun corriendo por sus pálidas mejillas, triste por lo que había ocurrido en la noche de navidad.
Lo había echado a perder, de una manera u otra siempre ocurría, ahora la fiesta había terminado mal porque él se había puesto mal, le habría gustado reaccionar de diferente manera ante el obsequio de Splinter, pero no podía, no estaba bien, algo malo podría haber pasado ¿En serio habría pasado algo malo? Una vez más las voces, otra vez estaban ahí, creía haberlas ignorado o eliminado, pero estaban ahí.
Tampoco había entregado regalos, él fue el único que no había dado nada, estaba apenado, le habría gustado darles algo, pero ¿Qué? Ni siquiera se le había ocurrido regalar su trabajo como Mickey lo hizo ¿Cómo no se me había ocurrió? Pensaba el muchacho. Su padre y hermano menor ya tenían la cama lista, Donatello buscaba su medidor de glucosa para revisarle antes de acostarse, Splinter ya se dirigía a él, cuando una figura femenina se fue acercando a la ventana.
Leonardo.- susurró la mujer, haciendo que el chico prestara más atención hacia afuera.- Leonardo.- volvía a llamarlo con melodiosa y espectral voz.
Leonardo.- dijo ahora su padre, llamándole la atención.
¿Sí?-
Debes asearte para ir a dormir ¿Qué estás haciendo?-
Ahmm.- balbuceó primero el niño.- Creo que Madeleine está afuera.-
¿Madeleine?-
¿Quién es ella?- preguntaron Mickey y Don.
La joven que golpea las ventanas.- los tres Hamato se vieron sorprendidos.- Me está llamando.- el pequeño se vio nervioso.
¿En serio? ¿Y qué quiere?-
No lo sé.- el chico volvió a buscar a la joven por la ventana, viéndola esta vez con más claridad, parecía contenta de verle. Leo no sabía que sucedía hasta que la joven dijo.
Feliz navidad, Leonardo.- y al terminar de felicitarlo, levantó al nivel de su rostro, una vieja mochila de color azul, la misma que había estado oculta en el closet de la guarida.
No lo puedo creer.- susurró el niño, contento al verla.
Fin del capítulo 21.
