Generalmente en mis historias siempre tiendo a manejar 4 perspectivas. Bueno, en este cap veremos la cuarta.

Me disculpo por errores que no haya visto y que disfruten c:


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CAPITULO 21

MUÑECA

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Cierto aire siniestro se tendía a cernir sobre este estudio cada vez que ella se sentaba en el centro, en su amplio escritorio, con la bandera del país a un costado, caída en una falta de gracia propia de tela muerta.

Una única luz iluminaba el centro, entre largos estantes a rebosar de libros, entre un cierto desorden inherente a una mente igual de compleja que el número de la pagina en donde los libros en el suelo se mantenían abiertos; como códigos sin fin, de los designios de alguien que contempla el mundo desde la palma de su mano, o tal vez desde la yema de su dedo.

Y los pasos, aún de ser los de un pequeño niño, resonaban contra la madera estruendosos en el silencio de esta nada que rodeaba a la mansión… y mil miradas se posaban en la nuca del intruso, que con solo empuñar una amenaza, bien podría dejar de respirar con cualquier insulto proferido como último estamento de vida.

Tal presión ejercía esa mujer, una sombra que se extendía hacia las alturas en un silencio asfixiante, pronóstico de nada bueno.

Avance en silencio por el… estudio. Mis instintos apagados, como miembros cercenados, aún sentían estos rastros remanentes de amenaza, como el frío que corre por la herida cauterizada.

Mi respiración al ritmo del pisar de mis suelas contra madera, caía ante el silencio escondiendo el rastro que dejaba atrás. Solo me movía silente desde la puerta principal… sin aroma o expresión, no era más que un fantasma vagando por los dominios de su ejecutora.

Desde hacía un tiempo me había dejado vagar en libertad por los lindes de este lugar, permitiéndome un diario relativamente normal entre la compañía de mi hermana y la vista al sol sin teñir del carmín de la guerra.

Era… desconcertante debía admitir, poniendo mi ser en el vilo.

Sentía que solo fijaba mi vista hacia el horizonte, mientras a mis pies, se encontraba un abismo sin fin. Me hacia caminar hacia él, tentándome con el cielo despejado que se extendía infinito sobre el mismo. Y me empujaría; porque no me necesitaba contemplando la belleza del firmamento, no, me necesitaba cayendo en desesperación.

Lo que mejor se me daba.

Me detuve frente a su escritorio, al tanto de los avances de esa mujer y Kyle en cuanto a… intentar monopolizar el mercado omega, gracias a oportunos reportes de parte del tipo frances.

Monsanto tardó años en monopolizar el mercado de las semillas; no sabía como pretendían ellos hacer algo de tal índole en menos que eso, sin resistencia, sin oposición. Tal vez ahí entraba mi papel, tal vez ahí estarían sus manos listas para tirarme hacia la nada.

Para este punto, prefería solo caminar hacia el borde por voluntad propia, que esperar por las manos en mi espalda.

Guarde silencio, estático en mi lugar, a poco menos de un metro de distancia del escritorio, esperando por su palabra para así dar voz a la mía.

No pasó mucho, tal vez unos minutos en lo que contemplaba distante los instrumentos sobre la mesa, como buscando que arma se asestaría de forma más certera contra su cráneo o…

"¿Necesitas algo?" habló, el tipear sobre su portatil deteniéndose en breve mientras su mirada buscaba la mía como un enganche a la realidad…

"Nada. Pero he de suponer que tu lo haces" parpadeo un par de veces, su mirada divagando por mi rostro buscando leer algo en él; no encontrando nada, como siempre.

"¿Has cambiado de parecer respecto a mi?"

"Sé que quieres algo, todos quieren algo… alfas particularmente" sus labios se redujeron a una delgada línea de desaprobación. Dejó ir un suave suspiro.

"Eres libre…"

"No" asintió.

"Puedes no creerme, también eres libre de ello" esbozó una sonrisa de plástico e ironía. ¿Se burlaba de mí?.

"Dame ordenes" sus cejas se arquearon en repentina sorpresa.

"¿Quieres ordenes?"

"Tienes ordenes. Deja el papel de inocente, así no lograrás nada, no de mí" una leve respiración dejó su ser disonante, pesada, tal vez cansada.

"Me sigues considerando alguna clase de villana o…"

"Eres un alfa, me basta con ello" frunció su ceño casi inmediatamente.

"No todos los alfas son unos despotas sedientos por usar a sus inferiores; así como no todos los omegas son unas perras sumisas" ladeó su cabeza "Porque no lo eres ¿Verdad?"

"Como omegas se tiene opciones; reproducirse, cuidar, seguir órdenes cuya naturaleza puede variar según el deseo del respectivo alfa. ¿Pero a quien sigue el alfa?" imité su sonrisa plástica "No más que instintos vacíos de supremacía, justificados con algún tergiversado plan en su afán por convencer a otros de sus 'puros' fines. No a mí… he conocido los suficientes alfas a lo largo de estos diez años, y he matado a los suficientes como para saber que la sangre de todos ustedes es igual de putrida al caer al suelo" su rostro se endureció ante mis palabras, borrando cualquier expresión diferente de una blanca mirada de autoridad.

"¿Me odias entonces?" negué.

"¿Por que odiaría a una medusa por ser venenosa?" dejé ir aire rendido de esta conversación. No había venido a debatir, mucho menos a discutir "Pero soy conciente de lo que eres, y una santa definitivamente no; pero las intenciones de Kyle son buenas, y estas de su lado de momento. Mientras tus ordenes soplen en la dirección correcta, las seguiré"

"¿Y si miento sobre la dirección de las ordenes?" una sonrisa de repentina soberbia se dibujo leve por mis labios, soberbia de la que creí carecer como omega.

"Sabré si lo haces. Te recomendaría no intentarlo" dejó ir un leve sonido de apreciación.

"¿Seguro?" estreché mi mirada en tedio.

"Pruebame" una suave sonrisa cubrió sus labios.

"Preferiría no hacerlo" asentí entonces mientras sus manos se empezaban a mover entre pequeñas montañas en documentos.

"En un mes habrá una cumbre internacional para discutir la posibilidad de una apertura económica en la industria 'omega'" asentí "Por supuesto hay opositores en el sur y centro de áfrica; algunos países en el este de Europa como Ucrania; y del este de Asia como la India y Bangladesh" nombró escrutando algunos documentos bajo sus blancas manos.

"¿Alguna idea para aminorar esa oposición?" guardó silencio por unos segundos.

"Tomará bastante tiempo" asentí.

"Por supuesto" sonrió elevando su mirada en mi dirección.

"Empecemos en Sudáfrica y las zonas lindantes en el sur de Africa y Africa central" asentí condescendiente.

Ya había tenido que ir a esas zonas, generalmente por cuestiones relacionadas con guerras civiles; algunas veces para asesinar a algún líder social que estaba empezando a tomar demasiado poder y así apaciguar su avance… otras veces simplemente para vigilar.

Eran lugares realmente corruptos y vulnerables a su vez… un paisaje fácil de quebrar con la suficiente fuerza, y lo suficiente lejano como para que cualquier atrocidad por esa zona pasase desapercibida.

Tomé asiento frente a su escritorio.

"He de suponer que tienes bastante experiencia en la zona" asentí mientras desplegaba una serie de fotografías frente a mí "En Sudáfrica entró a gobernar un presidente demócrata; hay una crisis social bastante severa, que bien podría impulsar a una institucional. Los partidos están en conflicto como es de esperarse de un sistema que aún no ha consolidado su sistema político, y…"

"Son proclives a una guerra civil" asintió.

"En cuanto a la posición de los omegas en todo este juego de poder… Debido a prácticas culturales, o meras concepciones arraigadas a sus costumbres, se les controla bajo sistemas en extremo cruentos y salvajes como habrás visto entre tus múltiples viajes" asentí en silencio.

Recordaba haber visto en uno de esos viajes, como entre un grupo amplio de betas abusaban de una omega en un sucio callejón; no solo por medios 'humanos', también usando instrumentos punzantes, cristales rotos, palos…

Debido a que la constitución del estado no protegía siquiera los derechos más mínimos de los omegas como seres humanos, incluyendo al menos una atención médica de primer grado, a nadie ni se le cruzaría por la cabeza la idea de llevarla a un hospital, pues los médicos se rehusarían a atenderla por el simple hecho de su aroma.

"Y sabrás sobre la particularidad de estas zonas, sus altos porcentajes en cuanto a población omega" y una vez más asentí.

Así mismo estas zonas tenían problemas con el control de la natalidad, los índices de reproducción eran desorbitantes debido al mismo abuso hacia los omegas por parte de betas y alfas; teniendo como consecuencia, un porcentaje de omegas en la población, lo suficiente alto como para tratarlos como a meros instrumentos desechables.

Todos esos hechos tenían graves implicaciones sociales, que se veían constantemente reflejados en la misma descomposición social de en su mayoría zonas rurales.

Cuestiones como las pastillas inodoras, las controladoras de celos, o instrumentos tan simples como los métodos anticonceptivos, estaban cien por ciento fuera de la ecuación en ciertas áreas.

"Hace poco han estado surgiendo algunos pequeños grupos que intentan luchar contra esta vulnerabilidad hacia los omegas" arqueé mis cejas en curiosidad. Era extraño que una población tan subyugada, tras tantos años de costumbres, decidiera hacer algo; aunque generalmente esos actos eran suscitados por influencias externas, como la presión de otros países, o el acceso a información.

"Y quieres que les apoye" asintió.

"Irás. Pideme lo que necesites para apoyar esta resistencia y hacerla crecer en tan poco tiempo posible"

"Sabes que no es posible, muy probablemente morirán" suspiró entonces, volviendo su mirada en mi dirección.

"No hacemos esto para que un pequeño grupo en el culo del mundo consiga una mejor calidad de vida, lo hacemos para que todos los omegas en el mundo consigan una mejor calidad de vida"

"Pretendes una matanza entonces… de omegas, algún altercado lo suficiente grande como para llamar la atención de entidades internacionales, oportunamente dados en un momento donde se contempla una apertura económica omega" respiró profundo, para luego dejar que su sonrisa rebosara de satisfacción.

"Sabía que lo cogerías rapido"

"Morirán demasi…"

"Ya mueren demasiados, sin motivo o razón alguna, sin apelar a un bien mayor, sin aspirar a nada más que a un descanso del martirio de haber despertado un aroma específico a cierta edad. Te pido que le des un motivo a sus muertes…" fruncí mi ceño casi de inmediato, el veneno destilando de palabras que parecían tener razón, pero que no eran más que mentiras para ocultar su propia corrupción "Pensé que quien jugaba al inocente era yo"

"No soy inocente, pero…"

"¿Pero ahora sin una voz que te ordene hacerlo no sabes como justificar la sangre entre tus manos?" Y se levantó de su asiento entonces, irguiendo su espalda en autoridad, limpiando su rostro de cualquier debilidad "Todo es por un bien mayor"

"¿Un bien mayor para quien?"

"No para mí, a diferencia de lo que crees"

"Solo un altercado en Sudáfrica no bastará para…"

"Como dije, también harás cambios en otras zonas del sur y el centro que bien estan igual o peor que su vecino. Tomará meses… pero es lo que necesitamos para que entidades internacionales tengan el poder de interferir de forma más directa en estos estados"

"¿Entonces buscas excusa para una interferencia directa…"

"¡Busco lo que es necesario Kenneth!" espetó en su voz de alfa, su semblante perturbado en un sesgo pequeño de frustración "¿Crees que obtengo placer de esto? ¿De tener que decidir entre si matar un pequeño grupo de omegas en cierto lugar lejano o negar la posibilidad a empresas como la de Cartman para hacer un uso más humano de ellos? ¿De tener que usar vidas humanas para apelar a los intereses de putos cerdos en mando…?" le contemplé en silencio, sin poder definir donde terminaba el acto y donde empezaba la real frustración. Tal vez ni siquiera ella conocía la linea para este punto.

"Tras terminar en esas zonas supongo que iré a esas áreas de Asia que nombraste… por último a Europa" respiró recuperando su en breve pérdida compostura.

"Aún hay mucho que discutir, no puedes estar en todos los sitios a la vez así que deberás ir a una zona y controlar varias operaciones desde un centro de control" tomó su celular del escritorio para contemplar la hora "Espero no hayas tenido planeado dormir esta noche" sonreí distante.

"No realmente" asintió.

"Bien, ¿Por dónde empezamos?"

Y tomó asiento abriendo cajones del escritorio para empezar a sacar pilas enteras de archivos. Solo observé curioso su mover entre mil datos en físico.

"Sabías que vendría ¿no?" buscó mi mirada, y cierta sonrisa casi infantil hizo una de sus comisuras elevarse.

"Como en los viejos tiempos" suspiré en repentino desagrado por mi participación en esto.

"Y, como en los viejos tiempos, he de suponer que Kyle no sabrá nada de esto" y tras terminar con su mover respiró profundo.

"No necesita saberlo"

"Claro que no"

Después de todo, no necesitaba contemplar el lado 'real' del sistema.

...


...

Su espalda se alejó por el pasillo en silencio, sus pasos casi inexistentes… como si flotara. Y su aroma… ya perdido entre mil tragedias, no cruzaría por el olfato de nadie que él no quisiera se acercase lo suficiente para sentirlo.

Como un cadáver que vagaba por llana inercia, salió de mi estudio.

Observé la hora en la esquina de la pantalla de mi portatil, entre fotos dispersas a lo largo de la mesa, datos, cifras, lugares… todos descompuestos bajo el roce de un ser inmundo llamado alfa.

Solo observar esta oficina, esa bandera, los libros de historia, politología y economía… revolvía mi estomago en un despliegue de completa repulsión a todo mi contexto.

Dejé ir aire exhausta… exhausta por no haber tocado mis aposentos en al menos una semana, por no haber dormido decentemente en varios días, por no haber podido conciliar el sueño con mi conciencia en años.

Era pesado. Todo pesaba sobre mi espalda cada día, y levantarse costaba más y más con cada muerte añadida a la cuenta de fines superiores. Y así como peso era añadido sobre mis hombros, la cuerda atada a mi cuello presionaba con más fuerza.

Me estaba ahogando.

Abrí uno de los cajones, tomé este paquete de píldoras, y entre temblorosas manos tomé algunas para pasarlas en seco, bajando lento y tosco por mi garganta. Subiendo lento y pronto a mi cabeza.

Tomé un par de respiraciones mientras corría por mi mente la serie de instrucciones recién dadas a Kenneth, la serie de discusiones a lo largo de la noche, tan densas como un estanque de cemento, que bien desarrollarlas probablemente nos tomaría meses.

Volví a mi portatil para, como es de esperarse de alguien en mi mando, dar ordenes; aceptar procesos, definir políticas, aplazar o aceptar reuniones… Tanto por hacer, y lo odiaba todo.

No sé cuánto pasó. Me tendía a perder en procesos, documentos e imagenes, y me preguntaba si el cadáver que se movía por inercia no era yo realmente.

Para cuando volví a contemplar la hora no quedaba menos de un par de minutos para la llegada de Kyle.

Dejé ir un gemido de extenuación que sabría solo yo escucharía, y me permití la libertad de cerrar mis ojos por más de un par de segundos para luego confirmar la fecha de soslayo.

En un esfuerzo casi sobrehumano logré ponerme de pie de mi asiento, para vagar por el lugar antes de ir al pasillo, luego al baño más cercano en busca de un espejo.

Lo encontré, encontrando mi descompuesto rostro en el proceso.

Una respiración, dos respiraciones.

Bañe mi cara como si el agua fuese a remover las ojeras, como si pudiera ahogarme en ella.

Sip, algunos me llamarían idealista.

Sonreí para mí por la broma interna, organizando mi cabello en una improvisada cola de caballo, acomodando en breve el cuello del traje y… en fin, todo lo posible como para parecer que no estaba a punto de desfallecer, física y mentalmente.

Y aleje la mirada en cuanto hice lo necesario… Por alguna razón, con el tiempo, había adquirido esta cierta aberración hacia… hacia mi, o hacía lo que pretendía ser.

No pretendía ser nada malo…

No.

No.

¿Verdad?.

Mi celular vibrando anunciaba la llegada de Kyle.

Respiré profundo una vez más, buscando energía de algún hueco recóndito de mi psiquis para continuar. Me alejé de un empujón del lavamanos, e inicie mi camino hacia la sala principal.

Por alguna razón, al menos desde este lugar, el cielo parecía siempre tornarse nublado, al borde de la lluvia, al borde de las lagrimas. Y la luz atravesaba débil las altas ventanas entre cortinas casi siempre cerradas, en rallos que si apenas tenían la fuerza de dibujar mi sombra contra la pared paralela… una sombra larga a veces, pequeña en la mayoría de ocasiones. Justo como yo.

No sentía su aroma, tal vez no había llegado aún o… Se había retrasado, que se yo. Algo, por otro lado, que si rozaba mi sentir, era el aroma de un segundo omega, ninguno que al menos yo conociera; y aún cuando tenía cierto tono familiar, esa familiaridad era tan fugaz como esos recuerdos lejanos de una niñez ya perdida. La sensación se esfumaba con una sola respiración.

Observe la hora en uno de los tantos relojes de pared, y el tic tac acompañaba rítmico mi caminar falsamente decidido mientras adquiría mi postura recta y erguida con cada paso. ¿Que dirían de verme con la mirada baja? ¿Con siquiera una vértebra encorvada?. No… Si adquiría el peso de algo, al menos lo haría con cierta dignidad y respeto hacia el mismo peso.

Pronto llegué a la sala, y ese aroma a nostalgia efímera se mantuvo más de lo normal. Una sensación extraña.

Busqué por él, encontrando cerca de la entrada no más que a una mujer, omega claramente, parada en una postura por naturaleza sumisa. Hombros bajos, cabeza agachada, manos al frente; aún así conservando la rectitud de su espalda, exponiendo una delicada curva entre sus omoplatos y cadera sumamente atractiva.

Así que era una de esas omegas.

Arrugué mi nariz en deliberado desagrado aminorando mi paso en su dirección, contemplando los rizos de oro que se deslizaban por sus hombros, por su frente y espalda como el hilar dorado de alguna pieza de arte muerta; y su tez, de un durazno atenuado por la ausencia de viva iluminación en la estancia, bañaba su cuerpo entre este tono salmón en mejillas, labios… la punta de su nariz, nudillos, la punta de sus dedos…

Y el aroma aún familiar, pero no distinguible, hacía de mi caminar imposible de dirigirse lejos de su figura.

Era una omega de compañía, no vestida tan extravagantemente como se les endosaba a menudo, en joyas y trajes de diseñador; aún así, cargando consigo esta sensualidad y gracia propia de alguien dispuesta para lucir bien. El equivalente humano a un collar de perlas, o a un auto de alta gama.

Me detuve a no más de un metro.

"Dueño y nombre" exigí. Hizo una leve reverencia con su cabeza ya agachada, su mirada nunca encontrando la mía por meras percepciones de inferioridad.

"Mi dueño es Eric T. Cartman, el nombre establecido en el contrato de propiedad es Bebe Stevens" el temblor que cedió en su voz al pronunciar su propio nombre perforó en mí como una daga, al igual lo que las palabras dadas implicaban.

Mi pecho, en un retumbar impropio de alguien cuyo semblante debía ser impavido por naturaleza, se tornó desalineado y torpe por unos cuantos segundos mientras procesaba la presencia, el aroma tan familiar y…

Elevó la mirada en un claro acto de irreverencia, observándome por un segundo con esos enormes ojos azules que parecían estar a punto de quebrarse en cualquier momento ante esta leve capa de humedad recubriendo su iris. Y la bajó de nuevo, largas pestañas en parpados vestidos de sombras bajaron para cubrir ese acto de humanidad que claramente fracturaba su papel como objeto.

Y aquel hecho, como si la daga ya incrustada hubiese cargado consigo una leve dosis de veneno, rompió por completo la compostura que me había tomado tanto reconstruir hoy.

Acorté el metro de distancia y le rodeé con tal fuerza, que bien de ser arena, se hubiese compactado hasta ser cristal contra mi cuerpo; para luego fracturarse, caer y desaparecer como alguna vez lo hizo.

Y la idea me aterró tanto que… que mis manos se enterraron en su espalda en un despliegue impropio, pero a su vez natural en mí. La idea de alguna mirada sobre mí se hizo nada en comparación a la presencia de ella.

Y aún así, no era algo reciproco.

Se mantuvo estática en su lugar, como una estatua… o alguien que ha sido tanto tiempo una, que simplemente no sabe como ser otra cosa.

Sabía que se les entrenaba, para, aún sin un lazo, obedecer incondicionalmente a un único alfa estipulado en un contrato comercial.

Podía usar mi voz, ordenarle el arrodillarse frente a mi, el hablar o incluso el lamer la suela de mis zapatos si así lo deseaba… Pero; desafortunadamente, cuando un omega estaba registrado como propiedad de un alfa especifico, cualquier intento de posesión de un alfa ajeno al contrato, sería considerado al equivalente de robar un auto o irrumpir en propiedad ajena.

Esto traería amonestaciones económicas, o en algunos casos incluso la cárcel, dependiendo de la diferencia de estatus de los alfas. No era lo mismo meterse con el omega de un CEO de alguna compañía nacional, que con el omega de el CFO de una compañía transnacional oligopolica.

Y aún así… aún así me vi tentada.

Pero estábamos en medio de un juego, una carrera… traspasar ciertos límites ya inestables entre supuestos aliados era una cuestión que bien podría poner en riesgo la victoria. Todos ahora mismo colgabamos de una cuerda, esperando a caer al vacío en el momento correcto… No quería caer antes de tiempo.

Me alejé.

Nunca respondió, no levantó sus brazos para rodearme, ni habló, ni… hizo ningún ruido diferente de su algo desestabilizada respiración.

No hablaría, un objeto no tenía voz, o voluntad. No hablaría a menos que Cartman se lo ordenase.

Solo otra víctima del sistema. ¿No?.

"Disculpa mi atrevimiento" murmuré lo suficiente alto, mi voz algo rota por el sobreuso a lo largo de la noche. Negó en cortesía, sonriendo empática en mi dirección, como el perro entrenado que refleja docilidad hacia ajenos; pero obediencia únicamente hacia su maestro.

No me moleste en preguntar, en tratar de sacar algo de ella… No obtendría nada, así como ningún creyente obtenía nada del crucifijo en la iglesia.

Tomé mi celular, marqué el número que ese hijo de puta me había dado en algún punto, y esperé en silencio mientras el timbrar resonaba por la habitación como el tic tac de esos malditos relojes.

"Vaya, la puta políticamente correcta ha marcado mi número; y yo que pensé haberlo visto todo…"

"¿Qué significa esto?" no pude evitar dejar diluir algo de hastío en mi tono.

"No lo sé, dímelo tú… digo, eres la que está llaman…"

"Deja los putos juegos Cartman, frente a mí tengo a Bebe diciendo que es de tu propiedad. ¿Que coño significa esto?"

"¿Qué?" Rabia fluyó por su claro intento de simular inocencia aún cuando claramente solo quería joderme la puta existencia.

"Mira, estoy hasta al cuello de mierda, no necesito que vengas a restregarme tus putos 'juguetes' para añadir más porquería a esta fosa séptica en la que estoy ahora mismo..." escupí sintiendo el despliegue de mis hormonas salirse de control, y amenazas flotaron por el aire, un aroma a fuego que podría quemar a cualquiera lo suficientemente cerca.

Viré hacia ella, encogiéndose en su lugar en clara incomodidad. Chasqueé mi lengua.

"No tengo ni puta idea de sobre que estas hablando. No envié…"

"¿No la mandaste tu? ¡Es una puta omega de compañía, a menos que le ordenes que vaya al puto baño, no lo hará!" Le vi temblar desde mi vista periférica por el repentino espetar. Trate de cobrar mi compostura, pero dios, si que me estaba costando.

"¡¿Puedes calmar tu coño de una puta vez?!" Y el grito trajo algo de razón en mí. Me tomé el tiempo para volver a una respiración decente, alejándome de ella para evitar simplemente apartarla de mi vista de una orden.

No había solución en pedir respuestas, al menos no esas.

"¿Cuanto quieres por ella?" hablé volviendo en mí. Guardó silencio… manteniendo alguna clase de suspenso que sabía adoraba el hijo de puta. Escuché una leve sonrisa a través de la llamada y…

"No está en venta" respiré profundo una vez más, tragándome ese tono de hijo de perra que tendía a poner cuando claramente estaba en ventaja en una situación de esta índole. El muy… desecho humano adoraba encontrarse en este tipo de situaciones.

Jamas había comprado un omega… No para mi uso exclusivo, ni para satisfacer ninguna clase de necesidad animal. No había proferido orden o generado lazo, ni había obligado el actuar de omega en pro a mi sola satisfacción personal.

No era inocente debía admitir… Los había usado, como todos; pero siempre en pos a un fin mayor. No lo justificaba, nunca lo haría; pero como el vegano que decide no consumir productos animales, si bien con el acto no podía detener la producción de carne, al menos podía mantener cierto grado de… falsa paz mental.

Por otro lado, Cartman…

Sabía la mayoría de todos, les había investigado y seguido después de cierto periodo de tiempo. Sabía el trato que daba a sus omegas, el número específico de mujeres en su mayoría que se habían suicidado bajo su posesión…

Era un sádico psicópata, carente de cualquier sentido de empatía, compasión o misericordia; vagando en busca de su mera satisfacción de poder, de lujuria…

No era nada como él, era completamente lo contrario, y por ende, tenía que tomar a Bebe fuera de sus sucias sarpas.

"Pagaré el doble"

"Sabes que me importa una mierda el dinero" bufé.

"¿En serio?. Solo necesitas el precio indicado, vamos, dímelo"

"Nop. ¿Por que, sabes? Pienso que conservarla te enojaría bastante, y no hay precio que pueda comprar el enojo de la grandisima puta de Wendy Testaburger" Su tono, esa sonrisa ladina que se camuflaba en sus palabras, y las palabras en sí hicieron hervir como magia mi puta ira.

Respiré profundo una vez más.

Dios, esto estaba siendo cada vez más difícil.

"No monetario, claro está" guardó silencio por unos segundos.

"¿Tienes algo en mente?"

"Tal vez a alguien" y silencio volvió a perforar la llamada.

"Si estamos pensando en la misma persona, tal vez lo considere" sonreí divertida por su repentino interés. Sabía a quien tenía en mente… a Kenneth McCormick.

Lastima.

"Probablemente no, la que tengo en mente está muerta a fin de cuentas"

"¿Muerta?"

"Liane Cartman" tal vez no funcionaría, el hijo de puta no se tendía a preocupar por nadie más que por sí mismo, y algo me decía que ni siquiera el cadáver de su madre valía la satisfacción que le generaba el joderme la existencia, o la de alguien más.

Silencio corrió por la llamada. Luego este pesado suspiro.

"Llamaré más tarde para confirmar un acuerdo, y hacer algunas preguntas. Estoy demasiado ocupado ahora mismo…" arqueé mis cejas en repentina sorpresa.

"Bien"

"¿Como ella…"

"Ejecución"

Silencio.

"Bien, hablamos después con nuestros abogados de por medio, para estipular los términos del contrato y toda esa mierda" y colgó.

Silencio sucedió a la conversación, incomodo y… raro.

Probablemente Bebe no estaba al tanto de muchas cosas, como el estado de Liane como omega, ni muchas otras cosas.

"He de suponer que ya hablaron" ingresó alguien a la estancia. Kyle.

Le busqué por la mirada abstraída por el comentario.

"¿Hablar?" sonrió en su siempre presente formalidad.

"Si, un reencuentro y todo eso. Digo, ha sido un tiempo ¿No?" mi ceño se frunció en breve.

"Sabes que es un omega de compañía, no puede interactuar con nadie ajeno a su propio alfa a menos que se le ordene; y cualquier violación de sus libertades por medio de mi 'voz' sería un acto ilegal a su vez…" y sus cejas se arquearon en repentina sorpresa. ¿No sabía al respecto?.

"Pero actúa normalmente cuando…"

"Dentro de los lindes de la privacidad que le ofrezca su alfa puede desinhibirse… pero si está representando su estado de 'posesión' en público, no puede ser algo más que un lindo accesorio" era curioso tener que explicar esto a un omega que claramente debía haber estado expuesto a…

Y recordé la torre de cristal de la que en algún momento habló, donde le mantenían recluido, de donde solo salía en ocasiones especiales, meros caprichos del presidente de la empresa o… y aún así, probablemente gozaba de la suficiente libertad como para no tener que actuar como un objeto, porque ese era el atractivo de los anormales a fin de cuentas; su incapacidad para ser domados.

Kenneth tenía razón, no podía enterarse.

Viró hacia Bebe algo abstraído por la información, para luego volver hacia mí.

"Lo siento, no…"

"No te preocupes" sonreí en respuesta, mecánica, fría.

Pero esa cierta inocencia era… aprovechable a su manera.

Tal vez mis fines serían más fáciles de obtener. Tal vez sería lo suficiente maleable como para incluso usarlo.

El único problema entonces, siempre sería Cartman.


Hasta la próxima :D