Capítulo 21: Flotando.

Al otro lado del pasillo, Simmons regañaba a Bill por haber dicho eso y éste se disculpaba absurdamente diciendo que había sido sin querer, que llevaba un mal día, pero el payaso apenas y les escuchaba aunque estuvieran hablando cerca de él.

Estaba hecho un lío. Las palabras del rubio volvían a repetirse una y otra vez en su mente y aunque ese individuo no parecía ser de fiar, sabía que lo que había dicho era cierto.

"Ella… ¿está enamorada de mí?"- pensaba impresionado.

Sí. Así era.

Simmons echó un último vistazo a Pennywise, el cual tenía la mirada perdida indicándole que no dejaba de darle vueltas al tema.

Al cerrar el cristal de la celda, el hombrecillo de gafas instó a Bill a que se fueran por donde habían venido y así tener una conversación privada.

Ya en su despacho, Hugo siguió:

- No has debido decir eso, Bill, y me da igual que tengas un mal día porque todos tenemos días nefastos, pero nos controlamos. Hay que ser más adulto.- decía moviendo mucho las manos.

-Lo siento señor, no volverá a ocurrir.

-No quiero volver a escuchar tantas quejas ni berrinches como el de hoy, ni que les dejes a solas de nuevo. Tengo demasiadas cosas que hacer como para que al primer problema salgas corriendo a llamarme.

Bill asentía con la cabeza empezando a cansarse de escuchar la riña. El rubio siempre había sido tranquilo, educado y muy responsable, pero últimamente perdía los estribos con facilidad y actuaba más por impulsos.

-Quiero que te disculpes con Mussa.- Bill iba a protestar pero Simmons se adelantó. –Y no aceptaré una negativa. Esto ha supuesto un shock para el payaso, no sé en qué medida, pero así es. Ahora sé adulto y arréglalo.

Bill volvió a asentir y se marchó de allí resignado.


Cuando bajó de nuevo al lugar, pasó frente a la celda de Pennywise sin si quiera mirarle. Tomó una bocanada de aire antes de tocar a la puerta de la habitación de Mussa.

-¿Sí?- dijo la voz al otro lado de la puerta.

-Soy Bill. ¿Puedes abrir? Tengo que hablar contigo.

Pasaron varios segundos hasta que la puerta se abrió y apareció la pelirroja mirándole de brazos cruzados.

-¿Puedo pasar?

-Por supuesto que no.- Bill frunció el ceño pero luego relajó el rostro pensando en las palabras de Simmons.

-He venido a disculparme. Me he pasado, lo siento. – dijo.

-Ya, seguro que lo sientes.- respondió mordaz. Bill se cruzó de brazos también ahora. –Mira, Bill. Sé que esto no ha salido de ti y que te lo habrá pedido Simmons, pero te voy a decir algo: me da igual lo que hagas con tu vida, no me importa, pero déjame en paz y no vuelvas a interferir en la terapia porque sino vamos a tener problemas bastante serios.

-¿Así que ahora me estás amenazando?

-Amenaza, advertencia… Simplemente no vuelvas a complicar las cosas o yo te complicaré también.

Mussa casi le dio con la puerta en las narices al cerrar y Bill se dio la vuelta encontrándose con que el payaso estaba de pié muy cerca del cristal observándole.

Momentáneamente Bill sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, no se había fijado hasta ese instante en que a pesar de que la altura de ambos era prácticamente la misma, Pennywise imponía muchísimo más que él. Encima ese traje de payaso… un payaso gris tan tétrico… ponía los pelos de punta a cualquiera. No sabía como aquella vestimenta le había servido para atraer niños.

Se recordó a sí mismo que con su lavado cerebral ya no era el de antes, ya no suponía la misma amenaza, por lo que se creció en su ego y se acercó poniéndose justo en frente de él.

-¿Tienes algo que decir, payaso?- Este no respondió y Bill sonrió con malicia. –Da igual lo que ella sienta por ti, jamás podréis estar juntos. Eres un monstruo asqueroso, un asesino caníbal con el cerebro fundido.

Los ojos del payaso se habían vuelto más claros pero habían pasado inadvertidos para Bill quien seguía soltando veneno por la boca.

-No dices nada, ¿eh? –Pennywise negó un par de veces con la cabeza y eso le enfureció. Era hora de sacar la artillería pesada. -¿Sabes por qué estás así? ¡Porque Mussa y tú os besuqueasteis en el patio y yo fui corriendo a decírselo a Simmons! ¡Soy el responsable de que no sepas ni quién eres, escoria!

Las imágenes llegaban fragmentadas a su memoria dándole el conocido dolor de cabeza, quería contenerlo cerrando los ojos, pero fue inútil. Sus palabras le hicieron recordar un día soleado y luego la lluvia en un patio habitado por un solo árbol en el centro. Eran como diapositivas que comenzaban a tener sentido poco a poco y entonces el árbol adquirió un significado más substancial al verse a sí mismo con Mussa en aquel lugar.

Los ojos dorados se abrieron y Bill golpeó su propia cabeza contra el cristal una y otra vez sin poder detenerse, como si unas manos invisibles lo obligaran a ello. Pronto de su frente comenzó a brotar la sangre y a dejar huellas horribles en el vidrio.

Los gritos hicieron que Mussa corriera a abrir la puerta para ver qué sucedía. Al encontrarse con esa escena, Pennywise la miró y cortó el control que estaba ejerciendo sobre Bill haciéndole caer al suelo.

-¡¿Qué has hecho?!- le dijo arrodillándose al lado del rubio que ahora yacía en el suelo semiinconsciente. –¡Has podido matarle! Bill, ¿me escuchas?

El rubio entornó los ojos brevemente emitiendo un quejido. Se llevó una mano temblorosa a la frente y al apartarla vio sus dedos manchados con el líquido escarlata. Ahora sí que se desmayó.

-No me tengas miedo, Mussa. No sabía lo que hacía pero sé que no te haría daño. -Ella elevó su mirada hacia el payaso y vio que decía la verdad. Se puso en pie y aclaró su voz.

-Puedes hacer muchas más cosas, Pennywise, pero por el momento necesito que intentes controlarlo y que te comportes como un humano normal, sino no podre sacarte de aquí. Voy a avisar a un médico. -Estaba a punto de marcharse pero el payaso habló.

-Espera.- dijo con voz más suave haciéndola detenerse. Una chispa de nerviosismo se encendió en ella al instante, sus temores aumentaron cuando él se acercó al cristal mirándola con mucha intensidad. – ¿Es verdad lo que él dijo esta mañana? ¿Estás enamorada de mí?- preguntó con cuidado.

La pelirroja se mordió el labio y ruborizada desvió su mirada hacia un lado. El payaso acarició el cristal brevemente con los dedos, eso era lo más cerca que estaba de tocarla dadas las circunstancias actuales y realmente necesitaba hacerlo.

-Conozco todo o casi todo de ti y… -dijo con voz atormentada. –hay muchas cosas malas, cosas que has hecho que no... no debiste. -La vio suspirar, tenía un nudo en la garganta y se sintió mal por ello. -Asesinaste niños, destrozaste familias, lugares… Ojalá no vuelvas a hacerlo jamás porque entonces me romperás el corazón…

Las lágrimas rodaron por sus mejillas e interiormente se animó a responder a la pregunta y liberarse de esa carga de tantos meses de silencio.

-Si alguien me hiciera esa misma pregunta le respondería lo mismo que a ti. Sí. Estoy enamorada de ti y no descansaré hasta recuperarte. -Una vez dicho esto, Mussa no perdió más tiempo y fue a buscar ayuda para Bill.

Era irónico pero ahora Pennywise era el que se sentía flotar.


Hola! Cuánto tiempo! Lo siento mucho, según esto me he ausentado 17 días! D: Espero que estéis bien y que hayáis disfrutado del capítulo, creo que ya falta muy poco para que la historia llegue a su fin, por una parte está bien pero por otra me da pena! A ver si puedo expandirla un poco más pero creo que e capítulos acabará. Ya veremos. Un abrazote y feliz Domingo!

MariaLestrange23