Advertencias: Ninguna
Nota de autor: Hola a todos/as! Bueno, pues dado a la buena acogida que tuvo mi propuesta lanzada en el capítulo anterior, trataré de empezar a ponerme con la nueva historia en cuanto finalice de escribir "La Variable", de la que solo me quedan unos cuantos capítulos (por escribir, no por publicar, que conste xD). Bueno, pues no me enrollo más! Como siempre, muchisisisisisisimas gracias a todos los que siguen leyendo capítulo tras capítulo y en especial a Lor-mats, bringyourmittens, demilylover, Zarland-black93 y Cin04 por sus reviews en el capítulo anterior!^^
Capítulo 20: Frío y calor
Gracias a Amy, la noticia del futuro bebé LaFleur se extendió por Dharmaville tan rápido como la pólvora, por lo que las felicitaciones para los futuros padres no tardaron demasiado en llegar. Contrariamente a lo que James y Juliet pensaban, los habitantes de Dharma no parecieron escandalizarse con la idea de que la rubia fuera a convertirse en madre de un bebé bastardo, ya que aunque nunca lo hubiesen demostrado en público y no estuviesen casados, todos habían dado por hecho que LaFleur y Juliet mantenían una relación estable desde hacía varios meses. Aunque no podían estar más equivocados.
Con el paso de los días, los síntomas típicos de las primeras semanas del embarazo fueron desapareciendo, lo que contribuyó a que el humor de Juliet mejorara considerablemente.
Eran numerosas las mañanas en las que la rubia, en la soledad de su dormitorio, se paraba de perfil frente al espejo, levantándose la camiseta del pijama mientras que pasaba la punta de los dedos por la piel de su abdomen plano, pesando en el poco tiempo que faltaba para que dejase de ser así.
Empezaba a ser bastante habitual también, que Juliet llegase a casa del trabajo antes que Sawyer, ya que desde que su embarazo se había hecho público, nadie en el taller quería arriesgarse a que le pasara algo a ella o al bebé y que la furia del temidísimo LaFleur cayese sobre ellos. Y por supuesto, hoy no había sido la excepción.
Para cuando el sureño llegó a casa, ella ya estaba cómodamente tumbada en el sillón con un libro entre sus manos.
—Las botas—dijo ella sin levantar la mirada de lo que estaba haciendo.
—Sí, mi capitán—murmuró James con sarcasmo mientras que se desprendía de sus zapatos, dejándolos junto a la puerta.
Cuando Sawyer volvió a levantar la mirada se encontró con que Juliet había dejado el libro sobre la mesa mientras que se frotaba el vientre suavemente, haciendo una mueca de molestia.
— ¿Ocurre algo?—preguntó él mientras que se acercaba hasta ella, observando sus movimientos cautela.
—Calambres—contestó la rubia con cierta tensión en su voz. Después de unos segundos rehizo la expresión de su rostro y paso al "modo doctor", como James solía llamarla—El útero empieza a expandirse para hacerle sitio al feto, por lo que los calambres son algo normal en esta etapa del embarazo.
Él decidió no hacer ningún comentario al respecto, aunque tampoco es como si hubiera podido decir mucho, porque a pesar de tener una hija, su conocimiento acerca de calambres, úteros y fetos era completamente nulo.
Tras asentir levemente con la cabeza, Sawyer desapareció por el pasillo de la casa, encerrándose en su dormitorio para cambiarse a una indumentaria más cómoda que su traje Dharma. Cuando regresó al salón, apenas cinco minutos después, Juliet había modificado la posición de su cuerpo sobre el sillón, pasando a estar tumbada de lado con las rodillas ligeramente dobladas en dirección al pecho y ambas manos sobre su vientre, frotándolo incansablemente.
— ¿Puedo hacer algo por ti?—preguntó el James, asomando la cabeza desde la cocina con un vaso de agua en la mano.
—No. El calor alivia los calambres, pero lo único que puedo hacer es esperar a que se pasen.
Sawyer apuró su vaso de un solo trago, y tras soltar un pequeño suspiro, salió de la cocina. Aprovechando el hueco que había quedado en el sillón cuando Juliet había encogido las piernas, se sentó a su lado.
— ¿Vamos a hablar de ello?—preguntó la rubia al sentir el cambio de peso en el mueble.
— ¿Hablar de qué?
—Estoy de catorce semanas. Creo que ya va siendo hora de que dejemos de evitar el asunto del bebé, ¿no crees?—tenía los ojos cerrados y a pesar de estar hablando no se molestó en abrirlos.
—Bien. Hablemos. Yo dejo de evitar el tema de tu feto si tu dejas de fingir que no sabes como ese feto ha llegado hasta ahí—contestó Sawyer con un tono de voz extrañamente feliz y conciliador, lo que solo se podía traducir en una profunda ironía en sus palabras.
Juliet se incorporó en el sillón hasta adoptar una posición sentada, con las piernas cruzadas al estilo indio en dirección al rubio. James imitó su posición, por lo que sus ojos se encontraron inevitablemente con la mirada azul de la mujer.
—Yo no he estado fingiendo nada—contestó ella, tratando de no caer en las provocaciones del sureño.
— ¿Sí? ¡Qué coincidencia! Yo tampoco—replicó él, volviendo a utilizar el mismo tono irónico de unos segundos atrás.
Ambos se quedaron en silencio durante unos instantes, simplemente mirándose el uno al otro como si estuvieran tratando de leerle la mente a la persona que tenían en frente.
— ¿Qué quieras que diga, James?—habló de nuevo ella con cierta exasperación en su voz, aunque la expresión de su rostro seguía inmutable—Te acostaste conmigo porque estabas drogado. Tú mismo lo dijiste.
—Ya te pedí disculpas por haber dicho eso—habló él con rapidez—Además, esa frase también es aplicable a ti.
— ¿Entonces puedes dejarte de rodeos e ir al grano?—Juliet comenzaba a estar cansada de una discusión que no parecía llevarles a ningún lado.
— ¿Te arrepientes de lo que pasó?
— ¿Te arrepientes tú?
—Yo pregunté primero, rubia—ella se quedó en silencio durante unos segundos, no porque no supiese qué contestar, si no porque no estaba del todo segura de querer exteriorizar sus sentimientos.
—Los amigos no se acuestan entre ellos, James—contestó finalmente, evadiendo la pregunta mientras que de manera inconsciente se seguía pasando la mano de arriba abajo por su vientre plano.
— ¿Te sigue doliendo?—inquirió él, percatándose del gesto. Ella asintió un par de veces con la cabeza.
—Es intermitente—agregó. Ambos volvieron a quedarse en silencio durante unos segundos, sin moverse ni un centímetro de sus posiciones en el sillón.
—No has respondido a mi pregunta.
—No lo se…—murmuró Juliet, después de pensarlo durante unos instantes.
—Yo no—contestó él con tono firme.
Por enésima vez, el silencio volvió a reinar en la habitación. Y por enésima vez, la guerra de miradas volvió a llevarse a cabo entre ellos. Él había sido sincero con ella. No había sido una declaración de amor eterno, ni mucho menos, pero al menos era un seguro de que, por muy drogados que estuviesen esa noche, James no se sentía incómodo con el hecho de haber tenido algo más que palabras y miradas. Y tal vez esa era una buena señal para que Juliet se sincerase también.
Una nueva mueca de molestia se dibujó en la cara de la rubia, que bajó la mirada incómoda al ver que los minutos seguían pasando y el dolor, aunque no era demasiado agudo, se negaba a abandonar su cuerpo.
Sin decir nada, James abrió las piernas y alargó el brazo para atraer a Juliet hacia él, haciendo que la rubia se sentase en su regazo con la espalda apoyada sobre su pecho. Con cuidado, coló sus manos bajo la camiseta de la mujer, haciendo que sus palmas entraran en contacto con la piel de su vientre, y comenzó a moverlas con lentitud, imitando los movimientos del masaje que ella misma se había estado dando minutos atrás.
Juliet no tuvo muy claro si fue por el calor que desprendían sus manos o si simplemente porque era él, pero poco a poco los calambres comenzaron a desaparecer.
—Yo tampoco me arrepiento—dijo finalmente ella—Pero no estoy muy segura de lo que eso significa…
—Podemos tratar de averiguarlo. Solo depende de nosotros. Tú y yo.
—Pero es que no somos solo tú y yo, James—replicó Juliet, colocando sus manos encima de las del sureño, que seguían acariciando la piel de su abdomen lentamente—Y ahora lo primero para mí, es él.
Sawyer resopló sonoramente, dejando sus manos estáticas sobre el vientre de Juliet, aunque sin llegar a retirarlas.
Él estaba bastante seguro de sentir algo por Juliet. Algo real. Pero de lo que no estaba tan seguro era de que esos sentimientos fueran extensibles a la criatura que empezaba a crecer dentro de ella. Y eso representaba un gran obstáculo entre ellos.
— ¿No te das cuenta de que este bebé es solo un error?—la rubia dio un pequeño respingo, apartándose de él.
—Puede ser un error, pero ya está ahí y no puedo hacer nada por evitarlo—respondió, volviendo a adoptar un tono serio en sus palabras.
—Yo creo que sí puedes. Solo estás de catorce semanas, tú misma lo has dicho.
Juliet se quedó completamente congelada ante las palabras de Sawyer. Se alejó un poco más de él, recluyéndose en la otra esquina del sillón mientras que la palabra "aborto" pasaba por su mente una y otra vez.
—Dime que no me estas pidiendo que haga lo que creo que me estas pidiendo—y ahí estaba otra vez. Esa mirada gélida y fría que Sawyer llevaba bastante tiempo sin ver.
—No sabemos si esa vacuna puede tener algún tipo de efecto secundario. Podría dañarte—trató de hacerla entender las razones que le habían llevado querer adoptar una decisión tan radical—Es demasiado arriesgado que sigas adelante con todo esto. No en estas condiciones. No en la isla.
— ¿Ahora te preocupas por mí?—inquirió ella, elevando levemente su tono de voz, señal de que estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba después de varias semanas de pelea tras pelea.
—Por supuesto que me preocupo—respondió Sawyer, mirándola con fiereza, ofendido por el hecho de que ella dudase de él.
—Si de verdad lo hicieras no me estarías pidiendo que mate a mi bebé. A tú hijo, James—Juliet no pudo evitar terminar gritando al final de la frase. Se pasó las manos por el pelo con cierto nerviosismo, deshaciendo sus rizos dorados en el proceso— ¿No te das cuenta de que yo también estoy asustada? ¿Qué yo también siento que me ahogo según pasan los días y me doy cuenta de que en menos de nueve meses tendré a alguien que dependerá por completo de mí para sobrevivir? ¿Crees que no me doy cuenta de que seguimos atrapados en esta maldita isla en una época que no es la nuestra? Pues sí, James, yo también tengo sentimientos—cuando por fin logró calmarse de nuevo, sacó las manos de entre su pelo, colocándose un par de mechones detrás de la oreja—Y por muy aterrada que esté voy a seguir adelante. Voy a hacerle frente.
— ¿Incluso si eso acaba contigo?
—Sí, así es—respondió sin dudar.
Ambos volvieron a mirarse intensamente durante unos largos e interminables segundos. Sawyer no pudo evitar revolverse en su asiento un tanto incómodo, percatándose de que por unos momentos había vuelto a ser él otra vez. Sawyer había resurgido de sus cenizas.
—La gran pregunta es, ¿qué vas a hacer tú?—murmuró Juliet.
Ahora fue el turno del sureño de pasarse las manos por el pelo y suspirar. Tenía que tomar su decisión, y tenía que hacerlo ya, ya que no podían pasarse otras catorce semanas evadiendo el asunto como si no hubiese pasado nada. ¿Sería capaz de convertirse en el padre que nunca fue para Clementine? ¿En el padre que él mismo nunca tuvo? ¿Sería capaz de afrontar la posibilidad de ver a Juliet morir frente a sus ojos?
—Voy a estar ahí. Contigo—respondió James. Porque sí, ahora el que hablaba era James.
Continuará...
