Capítulo 21
«¿Qué están haciendo aquí? ¿No deberían estar organizándose con los diez millones que hemos recibido para reflotar la Mills Export?» preguntó Cora, al encontrarse a sus dos hijas en casa
«¡Diez millones que tú has recibido! ¡No nosotras!» exclamó Regina
«Da igual. Ha sido para el bien de la familia y para salvar nuestro patrimonio»
«¿Por qué aceptaste el dinero de aquella mujer, mamá?» indagó Zelena
«Primero…ella era la única persona dispuesta a ayudarnos. Segundo…¡no soportaría vivir en la miseria a estas alturas de la vida!»
«¡Ella mató a nuestro padre!» gritó Zelena
«Eso no es verdad…por más que haya sido dolorosa esa pérdida, un infarto es algo que no se puede prever, principalmente cuando se ignora que se tiene el problema» dijo Cora
«La cuestión ahora es otra…» se pronunció Regina «¿Por qué me hiciste firmar un contrato sin hablarme sobre él? Y lo peor de todo, ¿por qué me pusiste en una clausula como si yo fuese una mercancía, mamá?»
«¿Qué? ¿De qué estás hablando, Regina?» preguntó Zelena, incrédula ante aquella revelación
«Fueron las condiciones de ella»
«¡Y tú aceptaste! ¿Por qué?» gritó
«¿Alguien me puede explicar de qué rayos están hablando?» gritó Zelena
«Una de las clausulas me compromete a casarme con Emma, si me niego o después me separo, la Mills Export tendrá que pagar el doble del préstamo en un plazo de diez días» exclamó Regina
«No-¡eso solo puede ser una broma! ¡Quiero ver ese contrato, mamá!»
«Aquí está…» Cora le entregó el documento sin objeción ninguna
«¡Este papel no vale nada! No veo nada la marca del registro y…»
«Solo es una copia…Emma tiene el contrato original como debe ser. ¿O crees que ella sería lo suficientemente estúpida como para prestarnos diez millones sin tener todas las garantías posibles?» dijo Cora
«¿Cómo has sido capaz de vender a tu hija?»
«No comprendo el motivo de toda esta revuelta. ¿No te morías de amores por ella, Regina? ¡Y aún peor, cuando vivía en aquel inmundo taller! ¿Ahora que finalmente ha asumido los negocios de la familia, la desprecias?» Cora argumentó
«¡Ella no tenía derecho a meterse en nuestros asuntos! No basta con haber provocado la muerte de…»
«¡Basta! Henry no estaba siendo honesto con nosotras, y aunque nos haga falta, fue un terrible accidente. ¡Lo hecho, hecho está! ¡Emma Swan, a pesar de ser una idiota arrogante, te ama de verdad y está dispuesta a todo para ayudarte! ¿O crees que cualquiera sería capaz de prestarte diez millones de dólares sin intereses y sin plazo para para el pago? Todo lo que ella quería era a ti, tu perdón y ¿así se lo agradeces?
«¡Basta! ¡No quiero seguir escuchando nada más! ¡Nada más!» gritó Regina, subiendo las escaleras deprisa para encerrarse en su cuarto.
«Lo que has hecho no tiene perdón…¡y aquella maldita mujer no recibirá a Regina como un premio…no lo permitiré!» dijo Zelena
«Emma Swan solo está intentando ayudar a nuestra familia, a pesar de nuestras desavenencias. Por cierto, si la Mills Export está ahora en estas condiciones es por tu culpa y por tu falta de compromiso con los negocios. ¡Así que no me vengas a dártelas de ofendida y mira a ver si esta vez aprendes a trabajar!» dijo Cora, retirándose después
Encerrada en su cuarto, Regina reflexionaba sobre las palabras de su madre en relación a sus sentimientos por Emma. Estaba claro que aún la amaba, quizás hasta más que antes, sin embargo, los problemas de la familia, la muerte de su padre y ahora ese contrato en el que figuraba su firma sin haber estado ella de acuerdo, volvía la relación de ambas en algo imposible.
«¡Dios! Si hubiera sabido que ese viaje iba a provocar todo esto, nunca habría dejado Storybrooke…» murmuró al darse cuenta de que todo había comenzado tras estar algunas semanas en Nueva York. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó golpes en la puerta y a Zelena pidiendo permiso para pasar.
«¿Cómo estás, Regina?» preguntó
«Estoy bien, estate tranquila…»
«¿No pretenderás ceder ante ese chantaje, no? No te vas a ir a vivir con aquella imbécil, ni casarte con ella…»
«No tengo elección, Zelena. O hago lo que dice el contrato o tendremos que pagar veinte millones a Emma»
«¿Es eso de verdad o ya la perdonaste y quieres estar con ella?»
«Zelena, por favor…ya tenemos demasiados problemas»
«Cierto…Volveré a la empresa…hablamos más tarde»
Regina decidió que pasaría el resto del día en casa, ya que tenía mucho en lo que pensar y decidirse sobre ese contrato. Por un momento, pensó en marcharse y dejar todo atrás, sin embargo no era lo suyo huir de los problemas, tampoco dejaría todo sobre los hombros de Zelena y de su madre, aunque esta, en ese momento, no mereciera ninguna consideración por haberla metido en un acuerdo que ella jamás hubiera aceptado si se hubiera enterado antes de firmar.
A la mañana siguiente, cuando bajaba para desayunar, Regina se sorprendido al ver a Emma al lado de Cora, ambas conversando en la sala de estar.
«¿Qué estás haciendo aquí, Emma?» preguntó Regina
«He venido a buscarte…te lo dije ayer, ¿recuerdas?» dijo Emma
«¡Mi hermana no se va contigo a ningún lado!» exclamó Zelena, apuntando una pistola plateada en dirección a Emma
«Zelena, para con eso…baja esa arma…» murmuró Regina
«Saca tus sucios pies de esta casa o juro que no respondo de mí»
«No te tengo miedo» dijo Emma «Vamos, Regina…puedo ayudarte a hacer las maletas…» añadió y al hacer amago de acercarse, Zelena disparó, dándole en el lado derecho del abdomen.
«¡Por Dios, Zelena! ¿Qué has hecho?» preguntó Regina, arrodillándose al lado del cuerpo de Emma que estaba tirado en el suelo «Emma, calma…todo va a salir bien…» decía, asustándose con la cantidad de sangre que se estaba derramando por el suelo.
Los empleados asustados iban de un lado a otro, sin saber exactamente qué tenían que hacer. Cora, por su parte, se acercó a Zelena y le quitó la pistola de las manos, al mismo tiempo que pedía que llamaran a una ambulancia. Zelena, por su parte, parecía no creer en lo que ella misma había acabado de hacer, ya que su intención era solo asustar a Emma y hacerla marcharse.
«Emma, habla conmigo…la ambulancia ya está llegando y todo saldrá bien…» decía Regina, mientras le acariciaba los cabellos «No cierres los ojos, no te duermas…por favor, no te duermas…»
Minutos después, llegó la ambulancia. Emma recibió los primeros auxilios y rápidamente fue trasladada al hospital, ya inconsciente. Uno de los empleados condujo el vehículo que seguía a la ambulancia, ya que ni Regina, mucho menos Zelena, estaban en condiciones de conducir.
«Yo no pretendía…solo quería asustarle, solo eso, Regina…»
«¿Y tú crees que ella pretendía provocar la muerte de papá?»
«Es diferente…»
«No, Zelena. Es igual…no era su intención, así como no ha sido la tuya. Solo recemos para que se recupere y principalmente para que no te denuncie» dijo, suspirando «¡Dios mío, apenas salimos de un problema y entramos en otro!»
Al llegar al hospital, Emma ya había sido llevada al quirófano, donde la operarían para extraerle la bala. Minutos después, Ingrid, Anna y David aparecieron en cuanto se enteraron de lo ocurrido.
«¿Cómo ha pasado esto? ¿Cómo mi hija se ha llevado un disparo dentro de tu casa, Regina?» preguntó Ingrid, con una mezcla de desesperación y aflicción
«Fue a visitarme y…»
«Y yo estaba limpiando mi pistola cuando ella llegó y me pidió mirar. De repente, el arma se disparó…fue muy rápido, fue un accidente, señora Swan…lo siento mucho» dijo Zelena, interrumpiendo a Regina
«Solo espero que ese accidente no me arrebate a mi hija…» murmuró, sin contener el llanto
En aquel momento, David aprovechó para acercarse a Regina, ofreciéndole sus condolencias por la muerte de Henry, dejando claro que si no la había buscado antes había sido para respetar su dolor, y sobre todo porque Emma estaba envuelta en esa tragedia. Regina no le dio mucha importancia a aquel acercamiento, ya que sus pensamientos estaban puestos solo en Emma, deseando con todas sus fuerzas que se recuperase lo más rápido posible.
Tras largos minutos de espera, el médico que la había atendido, apareció e informó que la bala ya había sido extraída, pero que Emma había perdido mucha sangre y que por ese motivo, solo podría recibir visitas al día siguiente.
«Vete a casa con tu hermana, Regina…yo me quedaré aquí» dijo Ingrid
«Yo también me quedaré» dijo Regina «Zelena, puedes volver a casa…ya te llamaré»
David, Anna y Zelena se marcharon, dejando a solas a Ingrid y Regina. La conversación entre ellas se dio amigablemente, y durante ese momento, olvidaron el hecho que había acabado por separar a las familias. En ningún momento, Ingrid se mostró enfadada cuando supo que el proyectil que alcanzó a su hija había salido de la pistola de Zelena Mills, y cuando la policía llegó, ella contó la misma versión que le habían contado.
A la mañana siguiente, Ingrid y Regina se dirigieron al cuarto donde Emma estaba bajo observación. La sorpresa se plasmó nítidamente en los ojos verdes cuando vio cómo la mujer de la que estaba completamente enamorada se acercó y cariñosamente, le tomó una mano.
«¿Cómo te encuentras, hija?» preguntó Ingrid
«Estoy bien, mamá…» murmuró, mientras su pulgar rozaba los dedos de Regina
«¿Cuándo pretendes dejar de darme estos sustos? ¿Por qué fuiste a tocar un objeto tan peligroso?»
«Fue un accidente, mamá…» dijo ella, direccionando su mirada a Regina, que permanecía callada
«La hermana de Regina me contó, y por favor, nunca más te atrevas…»
«Mamá, ya pasó…estoy bien, así que relájate» dijo, interrumpiéndola en sus palabras «¿Puedes dejarme un minuto a solas con Regina?»
«¡Emma!» Regina la reprendió
«Sí, puedo» dijo Ingrid, sin esconder la sonrisa «Voy a hablar con el médico y ya vuelvo» dijo marchándose enseguida
«Emma…lo que Zelena ha he…»
«Fue un accidente, no te preocupes. No voy a denunciar a tu hermana…solo necesito saber la versión de ella por si la policía decide interrogarme»
«Gracias»
«Regina…todo lo que menos deseaba en esta vida era decepcionarte, herirte…»
«No te esfuerces, por favor. Después hablamos de eso»
«Nunca tuve la intención de provocarle un infarto a tu padre…»
«Lo sé, Emma…y ya te he perdonado por eso»
«¿De verdad? Entonces…»
«¡Pero no significa que te haya perdonado el que me hayas comprado como si fuera un objeto cualquiera!»
«No, Regina…no era eso lo que…»
«¿Ya estáis discutiendo?» preguntó Ingrid al entrar en el cuarto e interrumpir la conversación
«Emma está insistiendo en que me vaya a descansar…y bueno, como ella ya se siente bien, voy a casa a dormir un poco y vuelvo más tarde» dijo Regina
«Claro, querida…buen descanso» dijo Ingrid, y en seguida, Regina se retiró
Pasaron algunas horas, Anna apareció a hacerle compañía mientras Ingrid se iba a descansar. Emma esperaba ansiosa una visita de Regina, sin embargo, para su disgusto, ella no apareció, y tampoco llamó.
Al día siguiente, en cuando despertó, Emma fue sorprendida por la persona a quien menos esperaba encontrar ahí.
«¿Ruby? ¿Qué haces aquí?»
«¿Realmente necesito responder a una pregunta tan obvia?»
«Tienes razón…»
«¡Muchacha espabilada! Fui a visitarte a tu casa y tu hermano, que está de toma pan y moja, me contó lo sucedido»
«No sabía que mi hermano era un pan, y que hablaba»
«¿Me tengo que reír?»
«Era la intención»
«¡Te aconsejo innovar en los chistes! Ahora déjame que te salude como se debe…» dijo ella, dándole un rápido pico en la boca
«No hagas eso» dijo Emma
«Emma Swan rechazando mis besos…¡eso es novedad!»
«Estoy enamorada de alguien»
«¡No me digas que es aquella amiguita a la que solo le faltó estrangularme con los ojos!»
«Sí, es ella»
«Mira qué tienes buen gusto cuando se trata de mujeres…»
«Regina es la mujer más bonita del universo»
«Está hablando el hambre…menos mal que acaba de llegar tu desayuno» dijo Ruby, y ambas sonrieron
«Puedo comer sola, Ruby…»
«¡No seas aguafiestas! Déjame mimarte un poquito mientras pueda…» dijo, poniéndole la boca en su boca.
Afuera, Regina observaba la escena furiosa. Instintivamente sus puños se cerraron y por unos instantes, pensó en marcharse, sin embargo, los celos hablaron más alto y en su opinión sería una idiotez dejar a Emma sola en manos de aquella hasta el momento desconocida para ella.
«¿Molesto?» preguntó Regina, cruzándose de brazos
«Claro que no, Regina…no molestas nunca» dijo Emma
«Realmente molesta, sí. Ha sido muy difícil convencerla para que comiera…he tenido que prometerle mil y una…cositas…» dijo Ruby, esbozando una sonrisa maliciosa
«¿Ah sí? ¡Me alegro por usted, querida!» exclamó Regina
«La conversación está genial, pero tengo que irme»
«Ya está tardando» murmuró Regina
«Cuando te den el alta, me avisas para hacerte una visita» dijo ella, ignorando el comentario de la morena «Qué te mejores, mi bien» añadió, dándole un beso en la cabeza, y marchándose en el acto.
«Regina…¡qué bien que has venido…!»
«¡Pero no debería haberlo hecho! Tu amiguita ya te ha cuidado muy bien, ¿no?»
«No quiero los cuidados de ella…quiero los tuyos»
«¡Pues te quedarás con las ganas!»
«Regina, ven aquí, por favor»
«¿Qué quieres?»
«Tienes algo en la cara»
«¿En mi cara? ¿El qué?» preguntó, mientras se palpaba su propia piel
«Ven aquí…deja que te lo quiete…» dijo ella, y cuando Regina se inclinó para facilitarle el acceso, Emma la atrajo hacia un beso.
Aparentemente, Regina intentó apartarse, sin embargo, aunque estuviera recién operada, Emma mantuvo sus manos firmes, agarrándole la cara para que no escapara. Su corazón se disparó y su cuerpo entero vibró en el momento en que las dos lenguas se tocaron. Hacía mucho tiempo que deseaba ese contacto que, desgraciadamente, se rompió cuando Ingrid apareció.
«¡Veo que finalmente os habéis reconciliado!» exclamó, sin esconder su entusiasmo
«Mejor que eso, mamá…¡Regina y yo nos vamos a casar!» dijo Emma, recibiendo una mirada de sorpresa de ambas.
