Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.

aviso:

algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.

Esta es una historia ficticia.


DESPEDIDAS

Padre me esperaba levantado y con todas las luces de la casa encendidas. Me quedé con la mente en blanco mientras pensaba en algo para que me dejara marcharme.

Bella aparcó despacio junto al bordillo, a bastante distancia detrás de mi automóvil. Los tres estaban sumamente alertas, sentados muy erguidos en sus asientos; escuchaban cada sonido del bosque, escrutaban cada sombra, captaban cada olor, todo en busca de cualquier cosa que estuviera fuera de lugar.

—No está aquí —anunció Alice—. Vamos.

Emmett se inclinó para ayudarme a salir del arnés.

—No te preocupes, Edward —susurró con jovialidad—. Solucionaremos las cosas lo antes posible.

Apenas le conocía y, sin embargo, me angustiaba el hecho de no saber si lo volvería a ver después de esta noche. Esto, sin duda, era un aperitivo de las despedidas a las que debería sobrevivir durante la próxima hora.

—Alice, Emmett —espetó Bella con autoridad. Ambos se deslizaron en la oscuridad en el más completo silencio y desaparecieron de inmediato. Bella me abrió la puerta y me tomó de la mano. Me acompañó rápidamente hacia la casa sin dejar de escrutar la noche.

—Quince minutos —me advirtió en voz baja.

—Puedo hacerlo —inhalé.

Bella se detuvo delante del porche y tomo mi rostro entre sus manos, mirándome con ferocidad a los ojos.

—Te quiero —Me dijo con voz baja e intensa—, siempre te amaré, no importa lo que pasé ahora.

—No me va a pasar nada, Bella — le respondí con igual ferocidad —A ti tampoco

—Sólo te pido que sigas el plan, ¿vale? Mantén a tu padre a salvo. Sigue el plan—asentí —ahora entra tenemos prisa

—Una cosa más —susurré— necesito el número de tu padre o de Esme—Bella tomo mi celular y lo anoto con rapidez—te espero en mi cuarto

Bella se puso de puntillas para besarme desprevenido para después desaparecer. Entonces rápidamente me di la vuelta y abrí la puerta tranquilamente. Tenía que demostrar que nada pasaba.

— Hola papá. —Entre, él estaba en el sillón con una cerveza. Sentí un nudo en la garganta de solo pensar que esto podría ser la última vez que vería a papá.

— ¿Edward estas bien? —Bien, no lo estaba engañando. Asentí tembloroso—luces, preocupado

Papá se levantó dejando la cerveza en la mesa, para avanzar al lado mío.

— No es nada —asentí tragando saliva—solo quería pedirte permiso, aunque ya acepte…

—Permiso para que—dijo recostado en el mueble.

—Ya sabes que los Cullen suelen hacer excursiones a qui, y me han invitado con ellos, quería saber si estás de acuerdo.

—Por cuantos días—dijo con ceño fruncido—¿se van en la mañana? — suspiré un poco aliviado ya que tenía el permiso al menos.

—Aún no lo sabemos—dije intentando no sonar nervioso— pero …quiero ir, eso significa que los padres de Bella me aprobaron— intenté desviar el tema

—Oh te están probando, —dijo con una mirada traviesa. — ¿A qué hora se van? te puedo ir a dejar, mañana tengo un caso en último momento

—Quieren que duerma hoy a ya. —papá me dio una mirada algo sorprendida—así nos vamos con los primero rayos del sol.

—Bueno ya aceptaste no, —asentí— ¿Te vas ahora?

—Si, los Cullen me invitaron a comer—dije por si me decía que comiera antes de irme.

—Bien entonces no los hagas esperar.

—Gracia Papá

Corrí escaleras arriba hasta mi habitación, cerré la puerta de golpe. Me abalancé hacia la cama y me arrojé al suelo para sacar mi petate. Busqué precipitadamente entre el colchón y el somier para recoger el viejo calcetín anudado en el que escondía mi reserva secreta de dinero.

Me volví hacia el armario, pero Bella ya estaba allí, recogiendo en silencio y sin mirar mis ropas para luego lanzármelos.

Bella me arrojó el contenido de otro cajón, aunque a estas alturas apenas cabía nada más.

—Estaré en tu coche, ¡venga! —me susurró.

Me empujó hacia la puerta y se desvaneció por la ventana. Abrí la puerta, luchando con la pesada carga que llevaba y corrí hacia las escaleras.

— ¿Qué, te vas por un mes? — dijo viendo mi carga que llevaba—

—Ya sabes las cosas de excursión son grandes y a qui ase frio—dije intentando sonar divertido. Papá se rio… sentí una presión en la garganta, y si no lo volvía a ver, si tenía que hurí por siempre para mantenerlo con vida, —cuídate si—dije con un nudo en la garganta. Papá me miro unos segundos antes de avanzar hacia mí para abrazarme.

—Hay niño, estaré bien, solo serán unos días y quieres impresionar a tu chica ¿verdad?. Así que quita esa cara—sonrió. — vamos ve, no hagas esperar a tus suegros.

—Sabes que te quiero no, siento…siento mucho como me he estado comportando, —papá solo negó, pero. Sino volvía, tenía saber que lo sentía, y que me hubiera gustado habernos unido más— gracias, sé que… esto no ha sido fácil para ninguno de los dos. Me hubiera gustado poder entenderte.

—hey chico—dijo papá tomando mi cara—basta suenas como si estuvieras despidiéndote—sonrió tranquilizadoramente—sabes que podemos hacer—dijo sonriendo palmeándome el hombro—cuando vuelvas de tu salida de los Cullen, me tomare unos días y saldremos de excursión—se me revolvió el estómago cuando lo vi tan feliz.

—Claro…me voy…quizás—dije asegurándome— los días que este…en excusión deberías hacer horas adicionales, así cuando pidas los días, tendrás más días para nosotros dos.

—Si suena como una buen idea—me empujo—vamos cuidate, no faltes demasiado a la escuela, te doy hasta el miércoles para volver, no quiero que bajes tus notas—asentí saliendo con el corazón en la boca.

No había nada en el mundo que deseara más que explicarle todo en ese momento, aun sabiéndome incapaz de hacerlo. Encendí el motor y arranqué. Bella me tocó la mano.

—Detente en el bordillo —cuando la casa desapareció a nuestras espaldas.

—Puedo conducir —aseguré mientras las lágrimas inundaban mis mejillas. Incapaz de controlarlas.

De forma inesperada, las delicadas manos de Bella me sujetaron por la cintura, su pie empujó al mío fuera del acelerador, de pronto me encontré en el asiento del copiloto sin que el automóvil hubiera dado el más leve bandazo.

—No vas a encontrar nuestra casa —me explicó.

Unas luces destellaron repentinamente detrás de nosotros. Miré aterrado por la ventanilla trasera.

—Es Alice —me tranquilizó.

La imagen de Papá en la casa seguía ocupando mi mente.

— ¿Y el rastreador?

—Escuchó el final de tu puesta en escena —contestó Bella con desaliento. — Alice dijo que no va a perder el tiempo con tu padre, se dio cuenta que es alguien conocido. No desea llamar la atención. —El rastreador nos ha seguido. Ahora está corriendo detrás de nosotros.

Me quedé helado.

— ¿Podemos dejarle atrás?

—No —replicó, pero aceleró mientras hablaba.

De repente, el plan había dejado de parecerme tan brillante.

Estaba mirando hacia atrás, a las luces delanteras de Alice, cuando el coche sufrió una sacudida y una sombra oscura surgió en mi ventana.

El grito espeluznante que lancé duró sólo la fracción de segundo que Bella tardó en taparme la boca con la mano.

— ¡Es Emmett!

Apartó la mano de mi boca.

—Todo va bien, Edward —me prometió—. Vas a estar a salvo.

Corrimos a través del pueblo tranquilo hacia la autopista del norte.

—Bueno, sabes que cuando vuelvas te vas de excursión—comentó Bella tratando de entablar conversación; supe que intentaba distraerme—.me parece que está feliz, las cosas se solucionaran.

—Quería que supiera que lo amaba, y que sentía haber sido un mal hijo —confesé, haciendo caso omiso de su intento de distraerme, mirando hacia mis rodillas— quería que comprendiera que ha sido un gran padre.

—No te preocupes, volverás—sonrió levemente, aunque esa «alegría» no les llegó a los ojos. —tenemos 4 días para que james muera.

Le miré con desesperación y ella vio un pánico manifiesto en mis ojos.

—Edward, todo va a salir bien.

—No irá bien si no estamos juntos —susurré.

—Nos reuniremos dentro de unos días —me aseguró mientras me rodeaba con el brazo.

Me respondió con una sonrisa triste que desapareció de inmediato.

— ¿Por qué ha ocurrido todo esto? —Pregunté con voz irritada— ¿Por qué a mí?

Contempló fijamente la carretera que se extendía delante de nosotros.

—Es por mi culpa —dirigía contra sí misma la rabia que le alteraba la voz—. He sido una imbécil al exponerte a algo así.

—No me refería a eso —insistí—. Yo estaba allí, vale, mira qué bien, pero eso no perturbó a los otros dos. ¿Por qué el tal James decidió matarme a mí? Si había allí un montón de gente, ¿por qué a mí?

Bella vaciló, pensándoselo antes de contestar.

— No se habría alterado si no olieras de esa forma tan fatídicamente deliciosa. Pero cuando te defendí... bueno, eso lo empeoró bastante. No está acostumbrado a no salirse con la suya, sin importar lo insignificante que pueda ser el asunto. James se concibe a sí mismo como un cazador, sólo eso. Su existencia se reduce al rastreo y todo lo que le pide a la vida es un buen reto. Y de pronto nos presentamos nosotros, un gran clan de fuertes luchadores con un precioso trofeo, todos volcados en proteger al único elemento vulnerable. No te puedes hacer idea de su euforia. Es su juego favorito y lo hemos convertido para él en algo mucho más excitante.

El tono de su voz estaba lleno de disgusto. Hizo una pausa y agregó con desesperanza y frustración:

—Sin embargo, te habría matado allí mismo, ellos no les gusta perder una buena comida.

—Creía que no olía igual para los otros... que como huelo para ti —comenté.

—No, lo cual no quiere decir que no seas una tentación para todos. Se habría producido un enfrentamiento allí mismo si hubieras atraído al rastreador, o a cualquiera de ellos, como a mí.

Me estremecí.

—No creo que tenga otra alternativa que matarle —murmuró—, aunque a Papá no le va a gustar.

Oí el sonido de las ruedas cruzando el puente, aunque no se veía el río en la oscuridad.

Sabía que nos estábamos acercando, de modo que se lo tenía que preguntar en ese momento.

— ¿Cómo se mata a un vampiro?

Me miró con ojos inescrutables y su voz se volvió repentinamente áspera.

—La única manera segura es cortarlo en pedazos, y luego quemarlos.

— ¿Van a luchar a su lado los otros dos?

—La mujer, sí, aunque no estoy seguro respecto a Laurent. El vínculo entre ellos no es muy fuerte y por lo que se siempre han sido James y Victoria. Además, James lo avergonzó en el prado.

—Pero James y la mujer... ¿intentarán matarte? —mi voz también se había vuelto áspera al preguntar.

—Tu único interés debe ser mantenerte a salvo y por favor te lo pido, intenta no ser imprudente, intentare cuidarme te lo prometí.

— ¿Todavía nos sigue?

—Sí, aunque no va a asaltar la casa. No esta noche.

Dobló por un camino invisible, con Alice siguiéndonos.

Condujo directamente hacia la casa. Las luces del interior estaban encendidas, pero servían de poco frente a la oscuridad del bosque circundante. Emmett abrió mi puerta antes de que el vehículo se hubiera detenido del todo; me sacó del asiento, me empotró como un balón de fútbol contra su enorme pecho, y cruzó la puerta a la carrera llevándome con él. En ese momento la verdad ya no me importaba ser cargado.

Irrumpimos en la gran habitación blanca del primer piso, con Bella y Alice flanqueándonos a ambos lados. Todos se hallaban allí y se levantaron al oírnos llegar; Laurent estaba en el centro. Escuché los gruñidos sordos retumbar en lo profundo de la garganta de Emmett cuando me soltó al lado de Bella.

—¿Nos está rastreando? —Preguntó Bella, mirando ceñudo a Laurent.

El rostro de este no parecía satisfecho.

—Me temo que sí.

Alice se deslizó junto a Jasper y le susurró al oído; los labios le temblaron levemente por la velocidad de su silencioso monólogo. Subieron juntos las escaleras. Rosalie los observó y se acercó rápidamente al lado de Emmett. Sus bellos ojos brillaban con intensidad, pero se llenaron de furia cuando, sin querer, recorrieron mi rostro.

— ¿Qué crees que va a hacer? —le preguntó Carlisle a Laurent en un tono escalofriante.

—Lo siento —contestó—. Ya me temí, cuando su chica lo defendió, que se desencadenaría esta situación.

— ¿Puedes detenerle?

Laurent sacudió la cabeza.

—Una vez que ha comenzado, nada puede detener a James.

—Nosotros lo haremos —prometió Emmett, y no cabía duda de a qué se refería.

—No podrán con él. No he visto nada semejante en los últimos trescientos años. Es absolutamente letal, por eso me uní a su aquelarre.

Su aquelarre, pensé; entonces, estaba claro. La exhibición de liderazgo en el prado había sido solamente una pantomima.

Laurent seguía sacudiendo la cabeza. Me miró, perplejo, y luego nuevamente a Carlisle.

— ¿Estás convencido de que merece la pena?

Carlisle miró a Laurent con gesto grave.

—Me temo que tendrás que escoger.

Laurent lo entendió y meditó durante unos instantes. Sus ojos se detuvieron en cada rostro y finalmente recorrieron la rutilante habitación.

—Me intriga la forma de vida que habéis construido, pero no quiero quedarme atrapado aquí dentro. No siento enemistad hacia ninguno de vosotros, pero no actuaré contra James. Creo que me marcharé al norte, donde está el clan de Denali —dudó un momento—. No subestiméis a James. Tiene una mente brillante y unos sentidos inigualables. Se siente tan cómodo como vosotros en el mundo de los hombres y no os atacará de frente... Lamento lo que se ha desencadenado aquí. Lo siento de veras —inclinó la cabeza, pero me lanzó otra mirada incrédula.

—Ve en paz —fue la respuesta formal de Carlisle.

Laurent echó otra larga mirada alrededor y entonces se apresuró hacia la puerta.

El silencio duró menos de un minuto.

— ¿A qué distancia se encuentra? —Carlisle miró a Alice.

Esme ya estaba en movimiento, tocó con la mano un control invisible que había en la pared y con un chirrido, unos grandes postigos metálicos comenzaron a sellar la pared de cristal.

—Está a unos cinco kilómetros pasando el río, dando vueltas por los alrededores para reunirse con la mujer.

— ¿Cuál es el plan? — Carlisle detuvo su mirada en Bella que, parecía planeando el plan con detalle.

—Lo alejaremos de aquí para que Jasper y Alice se lo puedan llevar al sur.

— ¿Y luego?

El tono de Bella era mortífero.

—Le daremos caza en cuanto Edward esté fuera de aquí.

—Supongo que no hay otra opción —admitió Carlisle con el rostro sombrío.

Bella miro a Carlisle

—Súbelo e intercambiad vuestras ropas, — pidió a su padre, este asintió— necesito que os pongan alguna prenda de Edward—Bella le dirigió una mirada a Rosalie

— ¿Por qué debo hacerlo? —Dijo en voz baja—. ¿Qué es el para mí? Nada, salvo una amenaza, un peligro que tú has buscado y que tenemos que sufrir todos.

Me acobardó el veneno que destilaban sus palabras, muchas veces me había dicho a mí mismo que la opinión de Rosalie no me debía importar, aun así, esas palabra en este momento me dolieron.

—Rosa... —murmuró Emmett, poniéndole una mano en el hombro. Ella se la sacó de encima con una sacudida.

—Por favor—dijo Bella miradola directamente a los ojos—te necesito también en esto.

Sin embargo, a pesar de que pensaba que Rosalie no se ablandaría y me dejaría morir ahí mismo, no paso eso, aunque lo hizo de mala gana tomo unas de mis chaquetas. Le envió una mirada envenenada a Bella

Apartó la mirada de Rosalie como si estuviera acostumbrada a esa mirada

Carlisle estuvo a mi lado en menos de lo que dura un latido, y me alzó en brazos sin esfuerzo. Se lanzó escaleras arriba antes de que yo empezara a jadear del susto.

— ¿Qué vamos a hacer? —pregunté sin aliento cuando me soltó en una habitación oscura en algún lugar del segundo piso.

—Intentaremos confundir el olor —pude oír como caían sus ropas al suelo—. No durará mucho, pero ayudará a que puedas huir.

—No creo que me las pueda poner... —dudé, pero el empezó a quitarme la camiseta con brusquedad. Rápidamente, me quité yo solo los vaqueros. Me tendió lo que parecía ser una camiseta y luché por meter los brazos en los huecos correctos.

me llevó hacia las escaleras donde aguardaba Jasper con un pequeño bolso de piel en la mano. Me tomaron cada una de un codo y me llevaron en volandas hasta el tramo de las escaleras.

Parecía como si todo se hubiera resuelto en el salón en nuestra ausencia. Bella y Emmett estaban preparados para irse, este último llevaba una mochila de aspecto pesado sobre el hombro. Carlisle le tendió un objeto pequeño a Esme, luego se volvió y le dio otro igual a Alice; era un pequeño móvil plateado.

—Esme y Rosalie se llevarán tu coche, Edward —me dijo al pasar a mi lado. Asentí, mirando con recelo a Rosalie, que contemplaba a Bella con expresión resentida.

—Alice, Jasper, llevaos el Mercedes. En el sur vais a necesitar ventanillas con cristales tintados.

Ellos asintieron también.

—Nosotros nos llevaremos el Jeep.

Me sorprendió verificar que Carlisle pretendía acompañar a Bella. Me di cuenta de pronto, con una punzada de miedo, que estaban reuniendo la partida de caza.

—Alice —preguntó Carlisle—, ¿morderán el cebo?

Todos miramos a Alice, que cerró los ojos y permaneció increíblemente inmóvil.

Finalmente, los abrió y dijo con voz segura:

—Él te perseguirá y la mujer seguirá al monovolumen. Debemos salir justo detrás.

—Vámonos —ordenó Carlisle, y empezó a andar hacia la cocina.

Me acerque enseguida. La envolví en mis brazos, brazos que no serían capaces de protegerla nunca siendo humano. Era consciente que su familia nos esperaba. Acerque mis labios a los suyos. Sabía que esto era egoísta, que a ella se le dificultaría, aun así, quería sentir sus labios, demasiado pronto para mí la solté, ella tenía los ojos negros. Pero no dijo nada, solo se dio media vuelta… se marchó.

Entonces, se marcharon.

Los demás nos quedamos allí de pie, los cuatro desviaron la mirada mientras intentaba controlar las lágrimas.

El silencio parecía no acabarse nunca hasta que el teléfono de Esme vibró en su mano; lo puso sobre su oreja con la velocidad de un rayo.

—Ahora —dijo. Rosalie acechaba la puerta frontal sin dirigir ni una sola mirada en mi dirección, pero Esme me acarició la mejilla al pasar a mi lado.

—Cuídate.

El susurro de Esme quedó flotando en la habitación mientras ellas se deslizaban al exterior. Oí el ensordecedor arranque del monovolumen y luego cómo el ruido del motor se desvanecía en la noche.

Jasper y Alice esperaron. Alice pareció llevarse el móvil al oído antes de que sonara.

—Bella dice que la mujer está siguiendo a Esme. Voy por el coche.

Se desvaneció en las sombras por el mismo lugar que se había ido Edward. Jasper y yo nos miramos el uno al otro. Anduvo a mi lado a lo largo de todo vestíbulo... vigilante.

—Te equivocas, ya lo sabes —dijo con calma.

— ¿Qué? —tragué saliva. Era la primera vez que se dirigía a mi

—Sé lo que sientes en estos momentos, y tú sí la mereces.

—No —murmuré entre dientes—. Si les pasa algo, será por nada.

—Te equivocas —repitió él, sonriéndome con amabilidad.

No oí nada, pero en ese momento Alice apareció por la puerta frontal y me tendió los brazos.

— ¿Puedo? —me preguntó, sonrió con travesura— o sientes que tu masculinidad estará dañada. —me reí

—Eres la primera que me pide permiso —sonreí irónicamente. — creo eso ya no importa.


NOTAS:

Y bien me merezco su perdón, por no publicado en febrero como dije. son 3 capitulos en un solo dia.

Notaron que cambien el nombre de fanfic, y también la portada. tiene su significado claro.

bien no estoy segura, la verda espero poder publicar el próximo domingo, ya que, ya dije entro a trabajar lunes, retomando mis dos trabajos así espero al menos terminar con crepusculo este mes de marzo espesar a publicar luna nueva.

bueno eso seria todo. espero que les haya gustado el capitulo, cualquier pregunta haganmela, la responderá encantada.

besos y abrazos.