~Capítulo 21~

—Oye Cana, ¿Quieres tener una noche de chicas?

—¿Eh? ¿Noche de chicas?—Una amplia media sonrisa emergió en su rostro—¿A que te refieres?

—Pues…—Juvia dudaba. Nunca antes había tenido una noche de chicas. No era esa clase de mujer. Prefería estar en su cuarto o bien, buscando a su amado Gray Sama—Pues no se… podríamos… beber algo.

—Estupendo—Cerró la cita Cana—¿Después de cenar?

—Si…

—Nos vemos en el salón del gremio. Hasta esa hora.

Cana se marchó, dejándola sola en la calle. ¿Adónde tendría que ir? Juvia se encogió de hombros y regresó hacia el gremio. El salón estaba vacío, con excepción de Mirajane que se encontraba en la barra.

—Hola Mira, ¿has visto a Gray Sama?

—Lo siento Juvia, él no ha venido en todo el día. No se que estará haciendo.

Era una lástima. Su amado Gray Sama brillaba por su ausencia. Pero eso tenía algo positivo, ahora podía enfocarse en su salida con Cana.

—Bueno, Juvia te agradece.

Se marchó hacía su habitación. Una vez que cerró la puerta abrazó con tanta fuerza a un peluche con forma de Gray, que le dolieron los brazos. Luego se acostó en la cama.

—Quizás lo mejor sea dormir un poco y estar despejada.

Así que durmió un buen trecho. Se despertó abruptamente, desesperada porque había oscurecido. Buscó su reloj y por fortuna comprobó que era poco después de las ocho de la noche.

—Juvia aun tiene tiempo.

Pero no tanto para derrochar, así que aprovechó y se dio un largo baño relajante. Lo bueno de ser una hechicera elemental, es que ella graduaba a su voluntad la temperatura del agua. Una vez lista, se secó en un instante con un simple hechizo y luego pasó a maquillarse. No era muy buena, siempre le costaba delinearse y aun mas pintarse los labios, ya que siempre le quedaban de un intenso rojo furioso. Una vez que creyó que estaba más linda, se cepilló el largo cabello, desenredando los remolinos que tenia. Finalmente se puso una ropa interior linda y un vestido corto con escote, no era discreto, pero sin dudas que Cana estaría mucho mas… Llamativa.

Descendió hasta el salón, donde casi todos los miembros del gremio estaban de fiesta. No sabía por qué estaban tan alegres, pero Juvia no se les unió, tenía un compromiso. Antes de bajar, miró por encima, pero su amado Gray Sama, aun brillaba por su ausencia.

—¿Qué hermosa estas?—Dijo una sensual voz y Juvia se ruborizó. Al voltear se encontró con Cana—¿Estás lista?

—Si…

Cana vestía de forma discreta, con un pantalón ceñido, sandalias y un top. El cabelló lo llevaba enmarañado como siempre, pero en ese caos, parecía que hubo un cepillo dando un par de vueltas.

—Vamos.

Salieron a la calle y el frío viento de la noche, le hizo creer a Juvia que se había equivocado con su atuendo. Pero al ver a Cana, que llevaba aun menos prendas y que no le molestaba, no le pareció sensato quejarse.

—¿Dónde vamos?—Preguntó Cana.

—No se… no soy de salir de noche.

Cana rió alegre.

—Lo sé. No te preocupes, conozco el lugar perfecto.

Se dirigieron a la estación del tren y lo tomaron. Juvia no podía creer que irían tan lejos para tomar algo. La locomotora aulló furiosa y se movieron a gran velocidad.

—¿A dónde vamos?—Ahora era Juvia quien preguntaba. Cana le mostró una sonrisa argentina y picara.

—Pues, es un secreto.

Juvia tan solo suspiró y se dedicó a mirar el paisaje nocturno. La ciudad quedo pronto atrás y fue reemplazado por el mar, que brillaba intensamente gracias a la luna. Luego vino otra ciudad, en la cual hicieron una parada leve y luego pasó por un extenso bosque frondoso. Cana se incorporó.

—Vamos, nos bajamos en esta estación.

—¿En un bosque?

—No me digas que la gran Juvia tiene miedo a unos árboles—Cana se rió—Vamos, en el bosque está el lugar.

El tren se detuvo de a poco y finalmente descendieron en una estación oscura. Cana la tomó del brazo y caminaron por un estrecho camino que estaba precariamente iluminado. A lo lejos, se veía una extensa construcción de madera, de dos pisos y extensas decoraciones. Cana aporreó la puerta.

—¿Es aquí?

—Sí, tú mira.

Un personaje que nunca quieren volver a ver les abrió la puerta.

—¿Ichiya?—Se horrorizó Juvia.

—Hola chicas, pude saborear un estupendo "parfum" y tuve que imaginarme que serian unas bellas damas.

—¿Bellas damas…?—Habló Juvia en voz alta.

—Que tal Ichiya, pero solo venimos a beber algo, si tan solo…

—Por supuesto, las acompañare, es el deber de un caballero proteger un "parfum" tan perfecto.

—Eh, por supuesto.

Ichiya las guió. El gremio de Blue Pegasus estaba diseñado para ser un salón de excelente confort, muy distinto a al vulgar salón de Fairy Tail, con gritos y escándalo. Aquí, tan solo se oía un leve murmullo y las mesas estaban bastante aisladas, ya que todo el mundo sabía que los miembros se dedicaban al entretenimiento físico. Algo que a Juvia, la escandalizaba.

Por fortuna, el trayecto terminó pronto y se sentaron en la barra. Del otro lado Bob las miraba con una bella sonrisa. El líder del gremio se les acercó. Era una persona imponente, pero hablo con una voz delicada como la seda.

—Buenas noches chicas. ¿Desean beber algo o vienen por otra clase de entretenimiento?

—Tan solo unas bebidas Bob, aunque no se sabe, la noche es joven. ¿Verdad Juvia?

—Eh… si…

—No seas tímida. Bob, sírvele un delicioso daiquiri de frutilla y para mí… whisky en las rocas.

Bob se dedico a preparar las bebidas en silencio. Mientras Juvia y Cana se dedicaban a charlar delicadamente.

—No seas tímida, aquí no ocurre nada.

Juvia volteó y observó como un hombre realizaba un show de strippers para una mesa. El cuerpo musculoso y aceitado de, según recordaba se llamaba Ren o algo así, se le antojo muy erótico, nada que ver al de su amado Gray Sama. Oh Juvia, ¿En que estas pensando?

—Es un lugar… muy sexual.

—Claro que lo es, tú dijiste, noche de chicas.

Juvia se había imaginado otra cosa con esa frase, pero bueno, si esto le gustaba a Cana, tendría que soportarlo e incluso, disfrutarlo.

La bebida que le entregaron era roja, con fragmentos de hielo por todos lados. Parecía una especie de bebida helada, con restos de bloquecitos de hielo, pero claro, esto contenía alcohol. Juvia lo probó y se le antojó delicioso, en ningún momento sintió el desagradable gusto del alcohol.

—¡Es rico!

—Sabría que te gustaría. Es una bebida muy amistosa con las personas que no beben a menudo.

—Oye Cana—La aludida la observó de reojo, girando el whisky en su vaso—¿Aquí vienes a menudo?

—Sí. Me agrada, aquí el ambiente es tan tranquilo y los chicos son tan sexy y atentos. Nada que ver con los de nuestro gremio, son un montón de niñatos llorones, que lo único que hacen es querer pelear todo el tiempo. Muy inmaduros, pero aquí—Cana olfateo con fuerza el aroma del lugar y lo largo casi con placer—Es un excelente lugar.

—¿Por qué no te quedas aquí?

—Eh, solo vengo de visita. Mi familia está en el gremio. Como Gray—Los ojos de Juvia se fueron transformando y Cana supo que tenía que escoger con cuidado sus siguientes palabras—Que es mi mejor amigo desde la infancia. Hace tantos años que nos conocemos que es un hermano para mí. Así que no te preocupes por mí, Gray es un amigo de toda la vida, jamás tendría algo con él, no quisiera perderlo.

—Claro… ¿Entonces te gusta algún chico de aquí?

—Pues si, Hibiki, ese que está allí

—¡¿Cual?!—Juvia alzó la cabeza y miraba para todos lados—¿Ese?

—¡No señales tonta!—Se desesperó Cana—Si, ese, es el único rubio que me gusta. ¿No es un sueño?

Juvia lo miró y si, hermoso era poco. No como su amado Gray, ¿O sí?

—Bueno, veo que tú copa está vacía. ¿Quieres otra?

Sí, otra copa más. *(Ir al capítulo 33)*

No, la pasamos bien, volvamos. *(Ir al capítulo 34)*