XXI

Nunca en su vida Edward había tenido que sonreír tan forzadamente y durante tanto tiempo; sentía la cara entumecida y empezaba a tener el temor en que jamás podría borrarse ese gesto de la cara.

Por su parte, Alfons parecía estar en su elemento, aquella dulce sonrisa y mirada llena de amabilidad no habían abandonado al joven alemán sin importar con quien hablara.

Alfons sin duda alguna sería un éxito esa noche, a diferencia de Edward, que cansado de escuchar discursos pomposos sobre el partido y tratar de fingir extremo interés en todas las conversaciones donde era atrapado, se alejó del público hasta un balcón de aquella enorme mansión donde se llevaba a cabo la elegante fiesta. Con la frescura de la noche y su tranquilidad tenía la oportunidad de ser nuevamente dueño de sus pensamientos y recapitular el cómo habían ido a parar ahí.

Todo había sido de mutuo acuerdo, apenas había recibido la invitación decidieron que su asistencia formaría parte de sus planes contra el partido nazi. Asistir a esa fiesta podría proveerlos de fuertes valiosas de información secreta y privilegiada, sin embargo, ser espía resultaba totalmente complicado para Edward, en especial porque cada vez que escuchaba una idea contraria a lo que creía, deseaba golpear a su interlocutor.

-Te resfriarás...-la gentil voz de su amado llegó a sus oídos.

-Te lo aseguro, Alfons...una conversación más con esos hombres y no voy a contenerme...-apretó los dientes- esos alemanes, no tolero su forma de pensar...

-También soy alemán, Edward -le recordó sin mostrar un ápice de molestia.

Edward tartamudeó e hizo varios intentos de disculparse, Alfons simplemente respondió con una sonrisa.

-No todos los alemanes piensan como ellos, y tu lo sabes...no dejes que el enfado te domine -ahí nadie los veía, así que se arriesgó a un casto beso en las mejillas con el cual iluminó el semblante de Edward- ahí aun hay gente que te necesita, como yo...no pierdas los estribos.

-Alfons, muchas veces creo que yo te necesito mas de lo que tu a mi...