Capítulo VI: Catarsis, parte 2
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Tras unos instantes dentro de la oscuridad Miharu había divisado una luz la cual la había guiado a la mitad de un campo sobre una colina repleta de flores.
La sacerdotisa observó su reflejo en el agua del riachuelo que corría silenciosamente a su lado y se percató de que la imagen era la de ella misma, no el rostro de la joven Chiharu Mihara. Su ropa también había cambiado y ahora vestía la túnica azul que había usado en sus años como guardiana del templo.
La luna brillaba enorme y cercana iluminando toda la escena a su alrededor.
Sin embargo la apariencia singularmente pacífica de la visión no engañaba a la joven sacerdotisa y, siguiendo sus instintos, se protegió utilizando la presencia de la Carta Agua justo a tiempo para defenderse de un ataque propinado desde atrás de ella. Las hojas convertidas en dagas que habían sido disparadas con el fin de incrustarse en la espalda de Miharu se desviaron en todas direcciones y cayeron al suelo.
Entonces la figura de un espadachín apareció desde la sombra de un árbol. Era un hombre alto y oscuro, con largo cabello sujeto a la altura de la nuca con una cinta y la piel de un ligero tono canela. La túnica negra que usaba desplegaba la insignia del viento en color purpura oscuro, estaba razgada y manchada con sangre, y su armadura se veía vieja y corroída.
Esbozando una sonrisa diabólica en el rostro al tiempo que empuñaba su espada y se colocaba en posición de ataque el hombre caminó amenazadoramente en dirección de Miharu.
"¡No tan rápido!" se escuchó decir en los alrededores haciendo que el hombre parara en seco.
A unos metros de Miharu una flama quemó a través de la visión, dando paso a Enko, quién emergió en la compañía de la Carta Fuego con una expresión desafiante en la mirada. Su ropa y apariencia eran las propias y no las de Naoko.
"Excelencia. Un placer que se nos una en esta noche" profirió sarcásticamente el espadachín ladeando la cabeza, pero manteniendo la sonrisa y mirándolas intensamente.
"No estamos aquí para jugar, Tomohiro Nanashiro" amenazó Enko. "Hoy desaparecerás junto con tu demonio de una vez por todas".
"¿En serio? Y, ¿cómo piensas obligarme a hacer eso?" preguntó Tomohiro burlonamente.
"Te atacaré con toda mi fuerza hasta que ni siquiera queden tus cenizas" emitió Enko acortando la distancia entre ella y el hombre y propinándole un golpe directo con su puño rodeado de llamas.
Tomohiro no estaba preparado para recibir la agresión y voló varios metros, pero aterrizó de pie y contraatacó inmediatamente saltando por encima de la sacerdotisa al tiempo que lanzaba más hojas en forma de dagas en su dirección.
Para evitarlas, Enko esquivó hacia la izquierda evadiendo parte del ataque y quemando el resto.
Detrás de ella Tomohiro se preparaba para enfrentarla con su espada. El hombre embistió salvajemente pero su ataque fue detenido por una barrera de roca que emergió del suelo interponiéndose entre él y Enko.
Chika se materializó desde atrás junto con la Carta Tierra lanzando una patada justo en el abdomen de Tomohiro con fuerza considerable.
De nuevo el hombre salió expulsado, ésta vez revolcándose en el suelo y colisionando su cuerpo contra un solitario árbol.
Las sacerdotisas se agruparon encarando a Tomohiro, quien se encontraba todavía recostado.
"¡Qué encuentro tan maravilloso!" exclamó oscuramente el hombre rodando hacia un costado y apoyando su cabeza en un su brazo izquierdo. La mano derecha aún sostenía la espada. "¿Cuánto tiempo he esperado por ustedes aquí? ¿Una hora? ¿Una semana? Ya no estoy seguro…" rió mientras las miraba con ojos calculadores.
"Estamos listas para acabar con vos de una vez por todas" amenazó Chika.
"¿En serio? Veo que no las toma por sorpresa ni sus alrededores, ni mis ataques" se mofó Tomohiro poniéndose de pie y apoyando la espada en su hombro. "Pero este es mi espacio, y yo puedo llevarlas a donde me plazca" dijo en tono amenazador.
La luna se tornó roja y los ojos de Tomohiro comenzaron a brillar mientras los alrededores cambiaban a diferentes escenarios. Primero una montaña helada, luego la orilla del mar y finalmente se encontraron flotando en el aire en medio de un pantano.
Las sacerdotisas tuvieron que movilizarse saltando ágilmente hacia las ramas de los gigantescos árboles para evitar caer en el caudaloso río que rugía debajo de ellas.
"¿Qué les parece esto? Me favorece bastante, lo se. Pero de eso se trata, ¿no? De poner al adversario en desventaja y atacar. Tal y como lo hicieron ustedes hace ya tanto tiempo" vociferó Tomohiro, quien había camuflado su presencia con la de los árboles, usando la técnica especial de la Isla de Siete Casas.
Una enredadera se deslizó desde atrás de Miharu y la ató fuertemente levantándola hacia la copa del árbol en el que estaba parada.
"¡Miharu!" gritó Enko.
La planta aprisionó a la joven contra el tronco sujetándola de brazos y piernas y enredándose de su cintura y el cuello, apretando fuertemente igual que hace una boa constrictora a su presa.
"Comenzaré con usted, Sacerdotisa del Agua" acechó Tomohiro, quien estaba colgado de cabeza de una liana frente a Miharu. "Tú eras la que se mostraba mohína, la que pretendía no saber nada, la que nunca hacía nada. Pero realmente estabas enfurecida. Llena de celos y envidia por haber sido hecha a un lado. ¿O me equivoco? Tú estabas celosa de mi" se burló susurrando al oído de la joven mientras le colocaba la espada lentamente al cuello.
"Eso no es cierto" refutó Miharu con una mezcla de desafío y miedo en la mirada.
"¡Aléjate de ella!" gritó Enko.
Pequeñas flamas se encendieron alrededor de él quemando la planta que lo sostenía.
"La humedad te debilita Excelencia… o ¿será que siempre has sido débil?" rió macabramente Tomohiro desapareciendo de nuevo.
Enko se llenó de rabia al reconocer que su poder no era el mismo que hacía unos instantes. Utilizando un dedo encendido quemó las lianas liberando a la otra joven.
"Debemos llevar la lucha a tierra firme" instó Chika alcanzándolas en lo alto y asistiendo a Miharu para que se incorporara.
"Yo lo distraeré" ofreció impulsivamente Enko saltando lejos de las otras dos sacerdotisas y creando una lluvia de llamas que comenzaron a quemar las hojas de varios árboles.
Chika y Miharu bajaron de un brinco para evitar ser atrapadas en el incendio.
"Vaya, vaya. Usted no ha cambiado. Siempre escondiéndose de sus miedos detrás de una cortina de fuego" exclamó Tomohiro. "La Sacerdotisa del Fuego siempre tuvo miedo de que yo ocupara un lugar de importancia en el templo. Por eso conspiró en mi contra. Siempre has sido la más cobarde" se mofó el hombre desde su escondite.
"¡Ahí estás maldito!" anticipó Enko concentrando sus poderes en su brazo derecho y embistiendo contra uno de los troncos frente a ella. "Métete esto en la cabeza: ¡Yo no te tengo miedo!".
Las astillas se convertían en cenizas a su alrededor, pero Tomohiro pudo evitar el ataque segundos antes del impacto dejándose caer hacia las raíces.
En el suelo, Miharu se había recuperado y recibió al espadachín con una poderosa marea de agua que había desviado desde el río.
Al esquivarla el hombre se vio cara a cara con una patada de Chika. La pierna de la sacerdotisa estaba cubierta de tierra en una espesa capa que le agregaba fuerza e impacto al golpe.
Tomohiro levantó su espada deteniendo la patada en el aire y, tras retroceder ligeramente para recuperar el equilibrio, contraatacó a Chika.
Ella se defendió interponiendo su brazo derecho cubierto de roca a manera de escudo para detener los golpes del espadachín.
"Será mejor que os rindáis, Tomohiro Nanashiro. Ésta vez no tenéis ninguna posibilidad de obtener la victoria" afrentó Chika sosteniendo la mirada contra los perversos ojos del hombre.
"Te crees muy lista, ¿no? ¿La líder? La Sacerdotisa de la Tierra y su infinita ineptitud. Tú siempre has sido la más ignorante de todas; la única que se negaba a aceptar mi presencia. Siempre las obligas a hacer lo que tú quieres. De entre todas las Guardianas, tú eres la más terca y estúpida" vejó Tomohiro aplicando todo su peso hacia la espada.
La armadura de roca alrededor del brazo de Chika comenzó a resquebrajarse pero ella no retrocedió ni un solo paso.
"Si hay algo de lo que estoy segura, es que vos debéis ser destruido, pase lo que pase" respondió la sacerdotisa impulsándose con la pierna izquierda y conectando una poderosa patada en el costado de Tomohiro. Acto seguido, Chika se retiró saltando justo a tiempo para evitar el impacto de una segunda ola provocada por Miharu.
Tomohiro se aferró a una protuberante raíz mientras trataba de recuperarse del ataque y desapareció entre la maleza justo antes de que Enko cayera sobre él con su puño de fuego.
Las sacerdotisas se reunieron en un pequeño espacio entre los árboles y el río cubriéndose las espaldas al tiempo que miraban en todas direcciones por indicios de Tomohiro.
Chika usaba los poderes de la tierra para sentir las vibraciones de su atacante y Miharu conjuraba el poder del agua, el cual las rodeaba en espirales ondulantes a manera de protección, mientras que Enko mantenía la guardia con ambos puños inflamados.
Tomohiro rió macabramente haciendo que el estruendo de su voz sobrepasara el rugido del torrente.
"¡Qué visión tan patética!" exclamó el hombre. "Las poderosas Protectoras de los elementos a mi merced. Creo que me he divertido lo suficiente. La verdadera pelea está a punto de comenzar" declaró mientras aparecía encima de una rama blandiendo su espada amenazadoramente.
"Te equivocas" se escuchó decir a una voz. "Esto está a punto de terminar".
Tomoyo emergió junto con Sakura a través de una ruptura en la dimensión en lo alto de uno de los árboles.
"Tomoyo, ¿eres tú verdad?" preguntó Sakura con extrañeza.
Aunque Tomoyo había conservado su mente intacta, al entrar en el espacio controlado por Tomohiro su apariencia había cambiado y se veía como la Sacerdotisa del Viento con una túnica blanca y violeta y el cabello peinado al estilo antiguo.
"Si" contestó Tomoyo. "Aún soy yo. Debemos reunirnos con las otras para asesorar la situación, Sakura querida" urgió la joven con preocupación.
Sakura llamó a la Oscuridad y el Brillo para que se transformaran de nuevo en Cartas y convocó el poder de la Carta Vuelo haciendo crecer en su espalda un par de alas blancas.
"Por fin has llegado" profirió con entusiasmo el espadachín dirigiéndose al par de muchachas y, tras conjurar un ataque de hojas afiladas y lianas serpenteantes en su dirección, aprovechó la confusión para capturar a Tomoyo.
"Mi amada Fūyo. De entre todas eras a quien más deseaba ver" declaró Tomohiro balanceándose entre las ramas con la joven entre sus brazos.
Tomoyo tuvo sentimientos encontrados hacia el hombre. Una mezcla de nostalgia, terror y completa rendición. Como si deseara fervientemente quedarse a su lado, pero al mismo tiempo supiera que ello la conduciría a su perdición.
"Te llevaré a un lugar especial" pronunció él al tiempo que concentraba su energía una vez más haciendo que la escena cambiara. En ésta ocasión a un campo de arroz en un valle iluminado por la luna enrojecida.
El sitio era idéntico a la escena que Sakura había visto en su sueño.
"Qué mejor lugar para eliminarte que el lugar en donde te conocí, ¿no crees?" rió malévolamente mientras colocaba la punta de su espada en el abdomen de la joven.
Tomoyo sintió escalofríos que la recorrían de arriba abajo causados por el contacto con el metal a través de su ropa. Se encontraba paralizada con un terror familiar y quería alejarse de Tomohiro lo antes posible, pero una parte de ella se rehusaba a atacarlo.
"¡No la toques con tus sucias manos!" gritó Enko quien se acercaba rápidamente corriendo a través del arrozal.
Tomoyo reaccionó a las palabras de la sacerdotisa y realizó un hechizo de viento reflector instintivamente, separándose de Tomohiro justo a tiempo para que Enko lo golpeara con una ardiente patada.
El impacto envió al espadachín hasta el otro extremo del campo provocando que agua salpicara en todas direcciones. Tomohiro se reincorporó, empapado pero ileso.
Las cinco muchachas se reunieron dando frente a su enemigo mientras que él las miraba con desdén.
"¿Es lo mejor que pueden hacer?" se burló.
"No importa cuantas veces lo ataquemos, nuestros poderes no hacen efecto en él" se lamentó Miharu asustada.
"Es por ésta maldita dimensión en la que nos tiene encerradas" observó Enko amargamente.
"Esperen un momento…" trató de intervenir Sakura.
"Hermanas, no desesperéis. Ahora que la Dueña de las Cartas se encuentra entre nosotras será posible pelear usando las habilidades de los elementos al máximo" interrumpió Chika. "Por favor concéntrese en aumentar el poder de las Cartas y no baje la guardia" ordenó Chika a Sakura. "Patrón de ataque del dragón que emerge" indicó finalmente esfumándose bajo tierra.
Miharu y Enko ni siquiera tuvieron que pensarlo antes de reaccionar a la orden de la Sacerdotisa de la Tierra. Ambas unieron sus manos y, evocando las energías del agua y el fuego, crearon una densa niebla.
Tomoyo, por su parte, entró como en un estado de piloto automático y comenzó a correr en círculos alrededor del enemigo invocando el poder del viento para ganar velocidad.
Sakura a la distancia canalizaba sus poderes hacia las cuatro sacerdotisas por medio de las Cartas, ayudándoles a aumentar su nivel de ataque.
Tomohiro se puso en guardia.
De repente sintió el roce de un golpe a su derecha, seguido por un poderoso puñetazo en su costado izquierdo.
La espesa niebla le impedía detectar de donde provenían los ataques.
"Esto es lo que esperaba de las sacerdotisas de Daidōji" anunció el hombre cubriéndose detrás de su espada mientras volteaba en diferentes direcciones tratando de anticipar el siguiente ataque.
Sintiendo las vibraciones en el césped detectó la trayectoria de Tomoyo y blandiendo su espada con fuerza dispersó la neblina frente a él justo a tiempo para verla venir de frente.
"Te tengo en la mira" rió Tomohiro mirándola con ojos amenazadores y preparándose para embestirla.
"Eso es lo que piensas" declaró Tomoyo sosteniéndole la mirada unos instantes antes de desviarse de su camino y perderse en la niebla.
De pronto, debajo del hombre el suelo retumbó colapsándose para después formar una columna con forma de dragón, el cual lo aprisionó entre sus colmillos antes de que él pudiera evadir el ataque.
En unos instantes la niebla se disperso.
Las jóvenes se habían reagrupado frente a la escultura del dragón tratando de cerciorarse de que el enemigo estaba contenido.
Tomohiro rió macabramente mirándolas desde su alta prisión.
"El ataque del dragón que emerge. Nunca pensé que tendría el honor de caer presa de tan avanzada técnica. Debo darles crédito, Excelencias" dijo desdeñoso, como si disfrutara su captura.
"Se mofa de nosotras" masculló Enko indignada.
"No prestéis atención a sus comentarios provocadores, Enko" reprendió Chika.
"¿Y qué me harán ahora?" preguntó entonces Tomohiro. "¿Terminarán conmigo de una vez? O tal vez quieran dejarme aquí de nuevo por otro par de siglos".
"Se comporta como si nada" interpuso Miharu preocupada.
"Mujeres débiles es lo que son. ¿Creen que me pueden detener con un poco de tierra?" continuó Tomohiro un tanto histérico sacudiéndose violentamente pero sin poder librarse de su prisión.
Chika apretó el puño y los colmillos del dragón encerraron aún más el cuerpo del hombre, causando que gimiera y dejara de sacudirse.
"Yo me lo despacho" decidió Enko colocándose en posición de ataque y dispuesta a ser quien diese el golpe de gracia.
"Eso no puedo permitirlo" Tomoyo intervino impulsándose con el viento hacia la cabeza del dragón y sujetándose de las fauces que aprisionaban al hombre.
"¡HA! ¿Quieres ser tú la que me derrote? Ya veo. ¡¿PUES QUÉ ESPERAS?!" gritó él desesperado tratando de intimidar a la joven.
"No dejaré que nada malo te ocurra" pronunció Tomoyo con una sonrisa compasiva acariciando el cabello de Tomohiro con cuidado.
"¿Qué estas haciendo? No me digas que pretendes perdonarlo" dijo Enko enfurecida.
"Bajad inmediatamente, señorita Daidōji. Ese hombre no merece compasión. Recordad cual es vuestra misión" la reprendió Chika.
"Él es malo. Nosotras sólo queremos que esto termine de una vez" imploró Miharu.
"Escúchense por favor. Han manipulado sus mentes y ahora ustedes están dirigiendo sus energías hacia el objetivo equivocado" exhortó la figura de la Guardiana del Viento.
"Estoy de acuerdo con Tomoyo" interpuso Sakura. "Yo también puedo sentirlo".
"No debemos dejar que la imagen frente a nosotras nos distraiga del verdadero enemigo" agregó Tomoyo y, con un movimiento de su brazo, provocó una rápida corriente de aire que hizo que la espada en la mano derecha de Tomohiro danzara en círculos hasta que él, no pudiendo sujetarla más, la dejó caer.
La cuchilla se encajó firmemente en el suelo y comenzó a quemar el césped a su alrededor expidiendo un aura negra que se manifestaba a manera de humo.
"Conviértete en la prisión del mal, Escudo" pronunció Sakura conjurando a dicha Carta y creando una barrera alrededor de la espada.
Entonces el arma desapareció en una nube de oscuridad que llenó todo el espacio dentro de la burbuja del Escudo al tiempo que el cuerpo de Tomohiro languidecía en las fauces del dragón de piedra quedando colgado como un muñeco de trapo.
"¿Qué le ha ocurrido?" exclamó Miharu llevándose las manos al sus mejillas con sorpresa.
"La señorita Fūyo y el joven Tomohiro habían ayudado a capturar la esencia de Ikiryō" explicó Sakura acercándose a la esfera oscura.
"Pero ¿cómo? Si él nos atacó" señaló Enko incrédula.
"Explicad el significado de vuestras palabras" ordenó Chika.
"Fue una prueba, ¿no es cierto?" dijo Sakura.
"Efectivamente. Para comprobar si podríamos distinguir al demonio y hacer a un lado nuestros prejuicios, ya que Ikiryō se alimenta de las emociones negativas, de sentimientos de odio, rencor, indiferencia y tristeza, Tomohiro nos puso a prueba. Nosotras nunca estuvimos en verdadero peligro aquí, tan solo teníamos que romper la última conexión entre el hombre y el demonio" aclaró Tomoyo.
"Pero ¿qué tiene Fūyo que ver con todo esto?" preguntó Miharu confundida.
"El hechizo que ella intentó utilizar para salvar el espíritu de Tomohiro aquel día hace tantos años era una técnica de aislamiento. Usando la mágia del viento la señorita Fūyo intentó absorber todo el poder del demonio y colocarlo dentro de una vasija inerte, la espada, separándolo del hombre de tal manera que, cuando los poderes de los elementos intentaran purificarlos, el cuerpo y espíritu de Tomohiro permanecerían intactos. Sin embargo, Ikiryō era demasiado poderoso para que Fūyo lo combatiese sola. Fue entonces que las energías de los tres se dispersaron dentro de la cueva, confundiéndose con las de tantos otros espíritus que han sido purificados allí" concluyó Tomoyo al tiempo que sostenía la mano inanimada de Tomohiro.
"¿Cómo es que sabes todo eso?" preguntó Enko dudosa.
"Lo he aprendido al fusionarme con el espíritu de la sacerdotisa Fūyo. Sus sentimientos de culpa y arrepentimiento la abrumaron y se había perdido en una dimensión creada por ella misma dentro de la cueva. Sin embargo, me ha pedido que les explicara todo lo ocurrido y que les suplicara por la vida de Tomohiro. Él ya no está bajo el control del demonio. Lo único que necesita es ser purificado para que su espíritu pueda salir de la cueva. Ella desea que él sea libre" imploró Tomoyo flotando lentamente hasta el suelo y postrándose frente a las otras jóvenes.
"Tomoyo" suspiró Sakura cayendo de rodillas al lado de su amiga.
"Poneros de pie, Dueña de las Cartas, Sacerdotisa del Viento" exhortó Chika en un tono frío. "Comprendemos las intenciones de Fūyo y por eso es que…" dijo mirando momentáneamente hacia las dos sacerdotisas a su lado, "… estamos listas para liberar a Tomohiro Nanashiro".
"Muchas gracias" Tomoyo levantó la mirada, se paró y sintió lágrimas que corrían por sus mejillas por la alegría que expresaba el espíritu de Fūyo dentro de ella.
"Y ¿qué pasará con el demonio?" inquirió Miharu.
"No podemos arriesgarnos a que escape" Enko lanzando una mirada envenenada hacia la esfera de energía negra al pie del dragón.
"Es un poco riesgoso, pero debemos llevarlo afuera. No creo que mis poderes sean suficientes; necesitaremos la ayuda de Eriol y Syaoran para eliminarlo" explicó Sakura.
"Pero ¿por dónde podemos salir de ésta dimensión?" preguntó Enko.
"Desaparecerá cuando purifiquemos el espíritu del joven Tomohiro. Lo mismo ocurrió con Fūyo. Estoy segura que si realizamos el ritual volveremos a la cueva" explicó Tomoyo.
"Entonces tendremos que enfrentar a Ikiryō" Enko se emocionó con la idea.
"No esperemos más" declaró Chika.
Usando el poder de la tierra desintegró al dragón, depositando el cuerpo inmóvil de Tomohiro en el suelo frente a ellas. Tomoyo se adelantó acomodando las manos del hombre con sus dedos entrelazados sobre su pecho y retirando los bucles castaños de su cara tiesa. Un gesto de tranquilidad dominaba la expresión de Tomohiro y la joven no pudo resistir el impulso de besar su frente con cariño.
"Descansa ahora" susurró Tomoyo acariciando el rostro del hombre por última vez.
Sakura hacía guardia cerca de la esfera negra mientras las cuatro sacerdotisas realizaban su hechizo.
"Una vez que desaparezca la dimensión, todas diríjanse a La Luz; ella nos espera a la entrada de la cueva" indicó Sakura.
"Entendido" contestaron a unísono.
Las sacerdotisas rodearon el cuerpo de Tomohiro, Chika al norte, Enko al sur, Miharu al oeste y Fūyo al este, y comenzaron a cantar repitiendo el verso muchas veces.
Chisuikafuu _(Tierra, agua, fuego, viento)
Waga no chikara de _(Con nuestro poder)
Tsumibukaku _(Al pecador)
Warui otoko wo _(Y malvado hombre)
Jyunka no majinai _(Un hechizo de purificación)
Eventualmente Tomohiro comenzó a brillar, desvaneciéndose hasta que su energía se concentró en un último destello luminoso, el cual se alojó dentro del collar que colgaba del cuello de Tomoyo. En lugar de su cuerpo apareció una rama de flores de glicina.
Entonces la visión también desapareció.
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De nuevo la profunda obscuridad de la Cueva de Azul se ciñó sobre las cinco jóvenes.
"Hacia La Luz todas" gritó Sakura mientras escoltaba la esfera de energía maligna con ayuda de la Carta Flote.
Luz brillaba cerca de la entrada de la cueva, y detrás de ella el portal luminoso titilaba como si estuviera a punto de desaparecer.
"Bienvenidas" exclamó acogedoramente el espíritu de la Luz. "No queda mucho tiempo. El portal se cerrará. Deben darse prisa" urgió al tiempo que regresaba a su forma de Carta y se resguardaba en el bolsillo de Sakura.
Al acercarse a la entrada la esfera que contenía al demonio comenzó a despedir rayos de color rojo, tratando de romper la vasija creada por El Escudo.
"Algo extraño está ocurriendo. Parece que Escudo no podrá detener al demonio por mucho más tiempo" declaró Sakura apresurándose hacia la entrada.
"Debéis estar listas para la batalla contra el demonio cuando salgamos de la cueva" exclamó Chika.
Entonces de un salto las cinco muchachas cruzaron de nuevo la barrera.
NOTAS DE LA AUTORA…
Ah! Algo de accion para las muchachas. Me gusto la idea de crear una dimension en la que, aunque fuera por un rato, las verdaderas sacerdotisas aparecieran. Sobre todo porque me hubiera gustado que estuvieran disfrazados todos. Pero dadas las circunstancias no era muy practico.
En fin. Espero que al igual que yo les emocione el desarrollo de esta batalla, la cual probara a nuestros heroes y sus amigos.
A continuacion se enfrentaran al demonio! Como lo derrotaran?
Stay tuned :D
MUCHAS GRACIAS POR LEER ESTA HISTORIA.
XXOO
Ciao.
† ACERCA DE REFERENCIAS
- Cartas Sakura: canalizan los poderes de Sakura realizando diferentes funciones
En este episodio: Fuego "THE FIREY" (»hi); Tierra "THE EARTHY" (»chi); Agua "THE WATERY" (»mizu); Viento "THE WINDY" (»kaze); Luz "THE LIGHT" (»hikari); Oscuridad "THE DARK" (»yami); Brillo "THE GLOW" (»hi); Vuelo "THE FLY" (»shou); Escudo "THE SHIELD" (»tate); Flote "THE FLOAT" (»uki).
