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Capitulo 19

Secuestro

Sakura

—Buenos días—la enfermera pasa y deja la bandeja sobre la cama.

Le doy una rápida mirada a mi desayuno y una mueca de disgusto se aloja en mi rostro. He comido por más de tres semanas está papilla agridulce y comienzo a querer algo más sustancioso como un filete asado o, de menos, una sopa que pueda llenarme el estómago.

—No me mires así, Sakura—responde Minako, la enfermera—, ya has tenido bastante progreso y quizás mañana te dejen comer algo más que esto.

Suspiro resignada y comienzo a comer lo único que sé que me darán. ¡Maldita sea la hora en que se me ocurrió entrar en ese bosque con Shaoran! Porque, aunque no quiera admitirlo, el castaño tenía razón.

Si le hubiera escuchado, en éste momento no estaría comiendo una papilla que sabe a poco más que limón con azúcar. La noche de la lluvia fue la mejor y peor que pude haber tenido en semanas. Aunque, admito que la infección en la garganta valió la pena.

Ese beso terminó siendo algo más dulce, apasionado, tierno y placentero. Todo a la vez. Shaoran ya se había ocupado de bajarme el vestido hasta la cintura, y yo estaba por arrancarle la molesta playera que traía hasta que escuchamos un carrito acercarse hacia donde dejamos el nuestro. No me dio tiempo de volverme a colocar el sujetador así que Shaoran me pasó su gabardina. ¡No puedo creer que me quedé sin sujetador todo el camino hasta el hospital! ¡Y con el vestido hecho bolas a la altura de mi cintura!

Quizás otro día y con otro destino poco me hubiera importado, pero tengo mantener cierta reputación en la Academia y bueno… ser descubierta en ese tipo de circunstancias con un tipo que es poco más que la "persona con quien engañé a Yue" a ojos de los demás es casi denigrante. Aun así, los dos titulados que nos encontraron no se percataron de mi desnudez y Shaoran casi había logrado controlar a su "amiguito" cuando llegaron. Da igual si hubieran llegado minutos antes, las miradas no se hicieron esperar.

Fue toda una vergüenza para la Agente más joven y capacitada de la historia llegar a pedir permiso para pasar a un baño antes de que mi médico—el Dr. Hino quedó bastante sorprendido cuando notó que podía hablar—pudiera hacerme una chequeo que confirmara el porqué de mi milagro.

La reprimenda por permanecer en la lluvia y atrapar un resfriado sólo me hicieron refunfuñar como una niña, y le dieron una sonrisa de satisfacción a Shaoran (que borre con una amenaza de no besos ni sexo).

De todas formas, es lo más divertido que he hecho desde la misión.

Cada segundo que he pasado en el hospital ha sido poco más que una tortura. Primero, las millones de pruebas y el dolor mortal del pecho fueron las peores cosas que viví por más de dos semanas y media; poco después, el trato de niña y las constantes represarías por no querer llevar una rehabilitación fueron insoportables y, por último, las prohibiciones y la comida eran chocantes.

Aunque ninguna cosa parece ser peor que mi ruptura con Yue.

Verán, resulta que a mi estúpido castaño se le ocurrió venir con algo poco más que culpa y remordimiento cuando recién se había informado de la posible condición de mi voz, una alternativa que debo reconocer a mi también me espantaba; bueno, el punto es que días después entre nuestras estúpidas discusiones de si era o no el culpable, a Shaoran se le ocurre besarme como una disculpa física.

Y Yue entró en ese preciso instante.

Sobra decir que estaba más que asustada de la reacción que pudiera tener porque (lo quisiera o no) era mi novio en ese momento, y no se merecía que lo engañara de aquella forma tan desgarradora.

Shaoran le dedicó a penas una mirada y se despidió con la cordialidad que le da un director a sus alumnos. Si las miradas matasen, estoy segura de que lo que no pudo hacer la IHOO, lo habría hecho Yue, pero no porque su mirada fuera acusadora o molesta.

Era dolor. Un dolor que yo solo había visto en mis propios ojos cuando mi hermano…

Me estremezco como lo hice ese día cuando el mismo pensamiento apareció en mi cabeza.

—No pasa nada. Ya lo suponía—fue todo lo que se atrevió a decir antes de que mi sequito entrará y él se fuera.

Los tres restantes se enteraron de lo que pasó. Kero me vio de la forma más acusadora que pudo, pero admitió que ya lo intuía, como todos los demás. Tomoyo fue la más comprensiva y dijo que el amor es el amor, y te llega con quien menos esperes o quieras. Vi como Eriol le dedicaba una mirada llena de ternura y Tomoyo lo miró de soslayo un par de veces mientras daba su discurso del perfecto amor.

Esa noche no dormí bien. El dolor físico y emocional no me lo permitió. Era como si cada vez que cerrará los ojos, los ojos azules pálido de Yue se materializaban frente a mí y veía el dolor reflejado, la decepción y la tristeza. No me dejaron dormir en más de una semana.

Shaoran regresaba cada día a verme junto con mi hermana, pero no decía nada; no tocaba el tema y yo lo agradecía. Después de ver la expresión de Yue, unos días después, que parecía igual de fúnebre que en el primero; yo no tenía la fuerza y menos el animo de permitirme soñar con un lugar donde era feliz con el castaño.

Pasó cerca de un mes antes de que Yue regresara y se decidiera a charlar conmigo sobre lo acontecido, más bien, a monologar y leer mis respuestas.

—No es tu culpa—dijo a penas y entró.

¡Claro que lo es!

—Las cosas son así y no se pueden cambiar. Deja de mortificarte.

Perdóname.

—Puedo vivir con ello, pero… no estás perdonada.

Esas fueron las mismas palabras que yo le dije a Shaoran en su momento, y no pude más. Me echa a llorar como una niña en los brazos de Yue y dejé que me consolara como solo Shiori había podido hacer durante mis años débiles y sensibles, posteriores a la desaparición de Touya y mis padres.

Afortunadamente, pude tomar una siesta pacífica antes de que Shaoran llegara con mi hermana en su visita diaria.

Los días comenzaron a ser mejores después de eso. Había recuperado a mis amigos. Los cinco venía conmigo y yo estaba la mar de feliz de poder tenerlos a mi lado, sobretodo a Yue.

—¡Sakura!—la voz de Tomoyo me saca de mis cavilaciones y, antes de que pueda hace algo, se echa sobre mí en un abrazo asfixiante.

—Hola, Tommy—respondo cuando ella se levanta y toma asiento a mi lado.

—¡No puedo creer que ya puedas hablar! ¡Tenía que verlo con mis ojos para creerle a Minako!—grita con entusiasmo y le sonrió—, ¿y? ¿Cuándo sales?

—El doctor no ha dicho nada, según él debo estar aquí para hacer una revisión detallada.

—¡Tonterías! ¡Tú y yo no iremos de fiesta éste viernes!

Un suspiro sale de mis labios sin mi consentimiento.

—Tomoyo, las fiestas y yo…

— ¡Irás! ¡Por favor, Sakura! ¡Llevo esperando la oportunidad desde que te conocí!

No me gustan las fiestas. Para mi, son tan vánales y sin sentido, algo totalmente aburrido y sin nada que hacer. ¿Qué sentido tiene emborracharte como una cuba? ¿Jugar estúpidos juegos de besos? ¡Es aburrido!

Pero a todo mundo parece gustarle las fiestas, incluso mi hermana me ha dicho que parezco una anciana cuando le menciono lo aburridas y tontas que me parecen. Bueno, pienso, eso lo dice quien se vivió la adolescencia pendiente de una niña y poner pan en la mesa.

¿Será tan malo ser una adolescente, por una vez? Sin responsabilidades, sin conflictos. Ser solo Sakura. No la agente especial Kinomoto, ni la Directora General de Agentes de Campo. Solo Sakura, la adolescente que quiere salir de fiesta con su mejor amiga, la que quiere un novio y amigos con los que pasar un rato.

¿Debería hacerlo?

¡Y un demonio! ¡Por un día seré una adolescente!

—De acuerdo. Iremos pero llevará un plan de escape de por medio, Tommy. No me dejaran salir—digo después de un rato y ella salta en la silla con un estruendoso grito eufórico.

—¡Eso no importa! ¡Por algo eres agente!

Sonrío con suficiencia, de algo me tiene que servir todo el entrenamiento y años gastados en quebrarse las uñas y dejar caer el lado femenino.

Paso las siguientes horas planeándolo todo con Tomoyo. Y cuando Eriol, Kero y Yue llegan, se suman a la fiesta. Se van cerca de medio día y yo, voy con Minako a una revisión de paso con el brillo del anhelo en los ojos.

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Pasan las tres de la tarde cuando me pregunto por Shaoran y mi hermana. Normalmente llegan posterior a medio día, cerca de las dos de la tarde cuando Shiori sale de la escuela y Shaoran termina mis clases (ya que el me está cubriendo como maestro); por eso se me hace increíblemente raro que pase tanto tiempo. Ellos debieron estar aquí hace horas.

Una especie de presentimiento me ronda el pecho, pero decido ignorarlo. Yo misma dejé a mi hermana en la cama ayer por la noche, y Shaoran se fue tarde pero nada pudo haberle pasado, ¿o sí?

—Quizás tarden otro poco, Sakura—dice Minako, quien deja la bandeja con la papilla que debo comer—. Como un poco y duérmete, llegaran antes de que te des cuenta.

Sonrío y decido darle la razón. Son sólo mis alucinaciones.

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Me despierto cuando oigo los gritos. Sé que es Hien Li, sé que es Shaoran, sé que están Yue, Tomoyo, Kero y Eriol en la discusión también. Los gritos resuenan por todo el pasillo y se filtran por mi habitación. Están tan amortiguados que no logro comprender lo que dicen, pero, por los gritos feroces de mi novio, sé que algo malo ha pasado.

Me quito la intravenosa y me pongo de pie. Tomo mi gabardina (que ha estado aquí desde el incidente) y camino hacia la puerta. Conforme me acerco, los gritos comienzan a tomar forma.

—¡Debemos decírselo! ¡Debe tomar cartas en el asunto!—ese es el señor Li.

—¡No, padre! ¡Ya tiene suficientes problemas! ¡Busquemos una vez más! ¡Tiene que estar en algún lado!—la respuesta de Shaoran fue brusca y rayaba la histeria, nunca lo había escuchado tan alterado.

—Ya la buscamos por toda la escuela, Li—murmura Kero con la voz seria, más de lo que jamás le he oído.

—Dale el derecho de saber lo que sucede—agrega Eriol con diplomacia.

—¿Y qué sucede?—pregunto, abriendo la puerta.

Seis rostro lívidos de pánico, sorpresa y miedo palidecen de golpe. Espero a que me respondan pero ninguno lo hace, y todos tienen miradas distintas. Eriol está entre la sorpresa y el miedo absoluto, además de que veo un tinte de análisis en sus ojos; Tomoyo es la más pálida de todos, me mira con tanto dolor que creo comparte lo que sea que este pasando; Yue y Kero están estupefactos y evaden mis ojos con ansiedad; el señor Li me ve con la inexpresividad misma y un análisis a mi persona como si esperara algún tipo de reacción.

El que más me sorprende es Shaoran. Me ve con horror, miedo, dolor, angustia y ansiedad. No evade mis ojos pero tampoco se atreve a verme directamente, aprieta los puños con fuerza además de que endurece la mirada y los dientes le rechinan.

Los ojos ámbar de mi novio miran a su lado derecho como si necesitará ayuda con desesperación, pero solo reflejan la más profunda decepción cuando nota que el espacio está vació. Mi mente viaja a todas las veces en que Shaoran ha hecho lo mismo; en todas cuando se sentía cohibido, avergonzado o molesto y pedía ayuda a la misma persona.

Una niña de cabello castaño y ojos negros, de doce años de edad que siempre se paraba o sentaba a la derecha de Shaoran. Una niña que debería de estar aquí.

Todo encaja cuando capto el mensaje. Cuando veo quien es la única persona que falta y siempre está aquí cuando la necesito; que siempre viene a verme.

—¿Dónde está?—espeto y seis pares de ojos me ven con aprensión antes de pasar a la comprensión.

—Mira, Sakura…

—Nosotros…

—Escucha…

Nadie es capaz de terminar la frase y eso hace que mi angustia crezca. ¿Dónde esta mi hermana? ¿Enferma? ¿Dormida? ¿Castigada?

Paso la mirada por todos y ninguno se atreve a sostenérmela mientras lo hago. Nadie me dice nada.

—¿Dónde está mi hermana, Shaoran?—repito con fuerza, estoy hartándome de sus evasivas y si Shiori no se presenta en éste mismo instante con una buena explicación de su ausencia, alguien moriría lenta y dolorosamente.

—Sakura… yo…

—Dímelo—siseo antes de que pueda evadirme de nuevo.

—Nadie la ha visto en más de doce horas— su respuesta es clara y concreta.

Aprieto puños y dientes, pero no sirve de nada. Todo se ha vuelto rojo.

Me pongo a gritar como loca, tiro y rompo todo a mi paso y les grito a todos y cada uno de ellos en reclamos. Digo cosas horribles y hago que más de un objeto explote, pero no me importa.

Los dejo mientras corro a la salida para buscarla yo misma. Shiori no correrá la suerte de Touya, no dejare que me abandone, también.

Las cosas toman un color rojo cuando paso cerca y tanto Hien como Shaoran se lanzan hacia mí para detenerme, pero estoy tan furiosa que mi propia magia los arroja lejos antes de que puedan tocarme. Bajo los escalones de dos en dos y salgo en plena lluvia; corro y corro todo lo que puedo por el fino mármol blanco y salgo de las Oficinas Centrales sin que nadie me intercepte.

Un fuego comienza a propagarse por mi pecho cuando tomo el sendero que me lleva a la Academia, y mis pies comienzan quemarme por correr descalza y en lodo. Me caigo una, dos, tres, cuarenta veces pero es inútil, no puedo seguir mucho más. Me hago veinte mil rasguños y heridas y sigo avanzando. Los pulmones me queman como si tuviera un hierro al rojo vivo en el pecho.

Logran alcanzarme a mitad de camino, cuando trastabillo más que corro; finalmente entre tres enfermeros, que no conozco, me detienen y me sedan.

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Vuelvo a despertar en mi cama. Con ropa seca y limpia, el cielo está negro y yo estoy conectada a más de un aparato. Mi cabeza me duele y pongo una mano sobre ella para calmar el dolor, pero cuando lo hago una superficie suave toca mi piel.

Veo mi mano y noto una venda que se extiende hasta la muñeca. Una herida que no recuerdo tener cuando Minako me trajo la comida, cuando los gritos…

Los gritos me recuerdan lo que pasó y me incorporo de golpe, arrancándome varias ajugas que estaban a lo largo de mis brazos. El dolor es insoportable, pero no me detengo. Me pongo de pie nuevamente y avanzo a la puerta con pasos torpes, pero antes de que pueda llegar a ella, ésta se abre fuertemente y Shaoran entra por ella.

En un principio le grito cosas horribles y lo amenazo si no me trae a mi hermana, pero poco a poco los gritos comienzan a ahogarme y los gruñidos y gemidos furiosos se vuelve sollozos. Termino aferrándome a él y llorando como si la vida se me fuera en ello.

Él sabe que mi hermana es mi debilidad, que Shiori es lo único por lo que sigo viva y cuerda. Sabe que no puedo soportar que algo le pase a mi rayito de sol, a la única ancla que me guiaba. Por la persona que decidí seguir viva hace más de diez años atrás.

Lloro y lloro hasta que me quedo seca, pero él no me abandona y me acuna en su pecho como si fuera un bebé. Gimo y sollozo como un animal herido y solo cuando sé que ya no puedo desahogarme más, noto que unas gotas caen sobre mi cabello y veo que él también está llorando.

Esa revelación me pone histérica de nuevo. Grito, pataleo y aviento cosas para intentar tranquilizarme, aunque solo puedo pensar que eso me dolerá más tarde, no me detengo. Todo lo que quiero es a mi pequeña hermana entre mis brazos, a la niña que es más adulta que yo y la que supo que estaba enamorada de Sharon antes que yo.

Los enfermeros llegan para sedarme, pero Shaoran los detiene y dejan que siga llorando y rompiendo todo a mi paso hasta que me calmo. Una herida del brazo se ha vuelto a abrir y mis rodillas sangran también, mis pulmones queman y me dejo caer de rodillas frente a le ventana. Pongo mi cabeza entre mis manos e intento pensar con la cabeza fría, pero no puedo.

Shaoran me levanta y me hace recostarme en la cama. Se acuesta a mi lado y mientras pienso en mi hermana, me quedo dormida de nuevo.

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Mis siguientes despertares son iguales. Paso dos días entre sedantes y arranques de rabia y ansiedad. Nadie puede calmarme hasta que yo misma lo hago; rompo todo a mi paso y exploto más de una cosa pero nadie se acerca.

Shaoran es el único al que le permito consolarme, pero la tranquilidad solo dura hasta que me vuelve a dejar dormida y se va. Cuando las primeras cuarenta y ocho horas de frenesí han pasado, hay lapsos de tiempo en que despierto y no siento la necesidad de destruir todo a mi paso para sentirme mejor; solo me dedico a estar en mi cama mientras lágrimas silenciosas bajan por mis mejillas.

En una ocasión de tranquilidad, escucho como mi médico dice que el papeleo para mi traslado al psiquiatra está listo. Eso solo hace que otro arranque me haga destruir toda la habitación y termino sedada otra vez.

Es jueves en la noche cuando me despierto y no hay nadie a mí alrededor.

Tres días, me digo. Tres días sin Shiori. Pienso en el día siguiente, es viernes y es la fiesta a la que Tomoyo quería llevarme. He estado tanto tiempo dormida que mis músculos me duelen y ese día me parece a millones de años luz y no solo tres días como en realidad es.

El plan, pienso, el plan. Puedo salir…

Me obligo a mantener la calma y me incorporo en silencio. Saco los sueros de mis brazos y los dejo de conectados a la almohada. Eso me da una hora para poder llegar al hangar y robar un carro e ir a la Academia. Me visto con mi uniforme de agente que guardaron en el armario cuando llegue y salgo con sigilo.

Recuerdo cada punto de vigilancia y la estrategia que planeamos para que pudiera salir e ir a una fiesta, ¿Quién diría que mi escape es para buscar a mi hermana? Esquivo a los enfermeros con facilidad y abandono el hospital sin que me detecten. Paso de largo la armería y entro en el hangar pero no hay carritos. Únicamente helicópteros y un par de barcos para llegar a Japón.

Pateo frustrada.

—Sabía que estarías aquí—la voz me sorprende y me giro para encontrarme con mi Escuadrón.

Los cinco están uniformados y con pequeñas sonrisas en sus rostros.

—Lárguense—espeto—, iré a buscar a mi hermana…

—Sabemos donde está, Sakura—susurra Kero y me paralizo. Escuchar su ubicación no me vendría mal.

—Fue la IHOO de nuevo. Está en su escuela—agrega Yue.

Todo se vuelve rojo de nuevo. Me fuerzo a permanecer calmada y dejo que me cuenten todo mientras me conducen a un helicóptero.

Al parecer, las veces que Shaoran no estaba conmigo en el hospital, se la vivía en la escena del "crimen". Shiori fue vista por última vez a las 8:32 AM en la Academia Infantil, antes de salir al baño y no regresar; como es la primera vez que mi hermana se escapa de una conferencia sobre la Academia (los cursos introductorios que se dan antes de entrar) nadie le tomó importancia. Shaoran la espero donde siempre para irme a ver al hospital, ella no apareció.

La buscaron y no se encontró. La noticia llegó a manos del Director y éste se decidió a decírmelo, sabiendo que tenía derecho y lo mejor era que yo misma la buscará, claro que no esperaba mis ataques de ira y ansiedad; así que la investigación pasó a un Escuadrón Especial, y al mío.

Shaoran trabajó solo y encontró suficiente evidencia para descubrir que no estaba desaparecida, sino secuestrada. A partir de eso, para mi sequito fue fácil deducir quien y cuando, gracias a los testimonios de Zura y sus particulares métodos de secuestro.

Claro que eso lo habían averiguado unas horas atrás y es más que seguro que si se informa, el Consejo Mágico, tanto como IHOO, pondrá pegas porque la evidencia es suficiente para nosotros, pero no para ellos. Ni siquiera con el testimonio de Zura se podría poner en marcha una inspección que nos quitaría tantos problemas de encima; así que mi Escuadrón se decidió a seguir nuestro plan original de fuga para ir a sacarme y que dirigiera la misión de rescate.

Claro que ellos no esperaban que me adelantara y saliera por mi cuenta. Mientras Shaoran, Yue y Eriol me buscaban; Kero y Tomoyo encantaron a medio hospital y recolocaron las agujas en otra almohada para encubrir mi desaparición. Todos me dijeron que descubrieron esto y yo escape a tiempo, puesto que mis médicos pensaban enviarme al psiquiátrico debido a mis arranques de histeria al día siguiente por la mañana.

Finalmente, mientras Yue y Kero preparan el helicóptero más grande que encontraron. Shaoran y Eriol fueron a asaltar la armería mientras que Tomoyo y yo planeamos el viaje de diez horas a China, así como el plan de búsqueda.

Como no sabemos donde está mi hermana. Yue y Kero se infiltraran en el sistema mientras que Shaoran y yo nos preparamos para un asalto, con Eriol y Tomoyo que serán nuestra distracción, lanzaran un ataque falso a la escuela en plena clase.

Una vez con información. Eriol y Tomoyo lanzaran la distracción; cuando la señal sea recibida entraremos por mi hermana. Con el objetivo cumplido, Eriol y Tomoyo regresaran al helicóptero y los demás nos uniremos después. Misión sencilla y sin problemas.

—¿Cuántas personas saben de mi incapacidad?—pregunto cuando estamos listos.

—Según sé—responde Shaoran—, solo tu equipo médico. Estabas lista para ser dada de alta ayer por la mañana, bueno… con los recientes sucesos se te extiendo la estadía y, que yo sepa, con todo el alboroto que se tiene de momento con la desaparición de Shiori, a nadie se le ha dado la noticia de que tu ausencia se prologará.

—Eso es bueno—susurro y tomo el lugar del piloto.

—No es buena…

—Sí lo es—corto a quien sea que haya hablado—. Soy la única de ustedes con el permiso de sacar ésta cosa de la isla, así que siéntense…

Despegamos con normalidad. Una vez que alcanzo el promedio de altura permitido para pruebas y entrenamientos, me lanzan la señal de identificación.

—Agente Especial y Directora General de Agentes de Campo, Kinomoto Sakura, pide permiso para abandonar la isla—murmuro cuando entran por comunicación a radio.

—Misión a ejecutar—demanda la voz que reconozco como Long. Sonrío, es uno de mis compañeros y si no ha preguntado por mi estadía en el hospital, significa que puedo engañarlo.

—Verificación y entrega de recursos para la Sección de Campo—contesto con naturalidad.

—Permiso concedido. Buena suerte, Sakura.

No respondo y avanzo. Pasan veinte minutos antes de que Yue y Eriol tomen el mando del helicóptero, porque comienzo a marearme un poco. Al parecer con tanto llanto y mi huida al bosque de hace unos días, mi cuerpo sufrió una especie de recaída y me duele un poco.

Tomoyo se ocupa de dame algo que comer y cuidarme mientras me mantengo en descanso en los asientos laterales.

Pasadas tres horas de viaje, una señal de radio nos demanda y es el Director en persona. Discute un rato con su hijo por un rato antes de sus gritos me harten, y le quite el radio a Shaoran.

—…no es posible que seas…

—Con todo respeto que le debo, señor—interrumpo—. Es de mi jurisdicción hacer o no esta misión.

Sakura, esto es tonto y arriesgado. Pones en peligro tu cargo y…

—La vida de mi hermana vale más que un estúpido cargo—respondo y cuelgo, furiosa por la comparación y excusa—. No quiero más transmisiones—ordeno y regreso a sentarme para dormir un poco.

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Sin excusa que valga les dejo este capitulo de momento.

Besos.

Xiao Kuroro Yue