Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
Disclaimers: La historia no me pertenece, es una adaptación del fanfiction homónimo Vengeance is mine, publicado originalmente por Larissa, en el HBM (Hotel Bella Muerte) siendo la segunda parte/temporada del finfiction homónimo Smile Even If It Hurts, y cuento con la autorización de la autora para hacer la adaptación.
Hola, estoy aquí con un nuevo capítulo, esperando que la historia esté siendo de su agrado, y bueno muchas gracias por sus encantadores reviews y sus lecturas ;)
Pasando a dejar otro capítulo, ¡Feliz día de las Madres! Por cierto.
Cualquier cosa que no deba ir en el capítulo; no duden en decirme y lo corregiré, gracias.
Nos leemos el Viernes.
—¿Has pensando en comer algo? –indagó Carl cuando la vio envuelta en las mantas.
—Sí –contestó –lo he pensado, pero mi estómago se ha puesto en protesta.
—Katie –se sentó junto a ella.
—Pensé que perder a Scorpius había sido lo más doloroso que me pasaría en la vida –sonrió triste –pero no es así, este dolor es comparable al que sentí cuando mi abuelo murió, Carl…
—Lo sé –suspiró –pero tienes que levantarte de ese maldito sofá –gruñó.
—El psiquiátrico esta vez no será la respuesta ¿no? –Carl negó con la cabeza.
—Eres una chica fuerte, Lily –ella sonrió cuando la llamó por su nombre real –por eso sigues aquí, todo mundo veía esa fortaleza en ti, menos tú, demuéstrala en este momento.
—&—
Caminó sin prestar atención, había encontrado reconfortante observar los copos de nieve caer, dos semanas no se hacían tan largas normalmente, no con él, sin duda ahora su vida se había puesto en pausa, y avanzaba lento, y volvía a pausarse.
—&—
—El Señor Lupin está duchándose –indicó Sarah al verla –le avisaré…
—No, no vine a verlo a él –indicó triste –vine por las cosas de Jarvis, cuando volvimos, él se quedó aquí, sus cosas siguen aquí –soltó unas cuantas lágrimas.
—En realidad lo siento –señaló ella.
—Lo sé, así que ¿puedo pasar por sus cosas?
—No creo que el Señor Lupin crea que es conveniente.
—Si está con alguien no interrumpiré Sarah –le guiñó un ojo.
—No, él no ha traído a nadie aparte de usted aquí.
—Eso no me interesa ni me importa, y perdón por meterte en problemas –entró al apartamento.
—¿A qué debo su visita? –investigó Edward con la toalla enrollada en la cintura.
—No tardaré mucho –señaló seria –vine por las cosas de Jarvis.
—Puedo enviarlas con alguien después –indicó con desprecio.
—No, las tomaré ahora –caminó hasta él.
—Dije que las enviaré después –la sujetó de la muñeca.
—Las quiero ahora, y no me importa, puede hablarle a la policía y decirle que una loca mujer en duelo entró al apartamento a tomar las cosas personales de su casi marido –se soltó –no se interponga en mi camino, porque voy a olvidar que era amigo de Jarvis y lo mucho que él lo apreciaba.
—Voy a ponerme en su camino, y no la dejaré tomar nada –la arrastró hasta la puerta y la dejó fuera de su apartamento –vuelva a su casa.
—¡No quiero estar en mi casa! –Le gritó –sólo quiero a Jarvis junto a mí, y lo único que me queda de él está con usted –Edward se tensó cuando le dijo eso —¿es que acaso usted nunca ha perdido a alguien a quien amaba? –Sarah tomó el hombro de Ted.
—Sí, y usted se interpuso en eso –cerró la puerta en su cara.
—¡No voy a irme! –golpeó la puerta fuertemente.
—Como si eso me importara –comentó molesto y no escuchó nada más.
Se recargó en la puerta y no dijo nada, el hecho que no perturbara el pasillo, no significaba que se iba a ir, esta humillación iba a cobrársela pronto a ese maldito bastardo.
—&—
—Pero que Mier… –Edward se detuvo antes de terminar la frase, la había despertado cuando abrió la puerta al hacerla caer –sigue aquí, pensé que se había largado como le dije.
—No voy a irme –se puso de pie y lo encaró –quiero las cosas de Jarvis, tengo más derechos que usted a tener sus cosas.
—¿Por qué tendría más derechos que yo?
—Porque era mi novio, mi prometido, el hombre de mi vida.
—¿En serio? –Sonrió –por qué me encantaría que lo comprobara, nunca se casó, nadie lo vio pedirle matrimonio, hay muchas cosas que no concuerdan, y el ser el amor de su vida no es suficiente derecho para exigir cosas –cerró la puerta de su apartamento dejándolos a los dos afuera.
—¿Y que fuera su amigo si? –preguntó.
—No –se acomodó la corbata –la amistad tampoco da derechos a conservar las cosas de alguien a quien amamos –se inclinó hasta ella –lo da el derecho de propiedad –la sujetó de la mejilla –las cosas de Jarvis están en mi casa, y según la ley, se presume que los accesorios corren la suerte de lo principal ¿adivine de quien es lo principal? –la alejó –así que las cosas de Jarvis me pertenecen.
—¡No es verdad! –chilló.
—A menos que tenga un ticket por cada cosa de Jarvis, puede llevársela.
—¿Por qué lo hace? –investigó.
—No es la única que puede jugar con los sentimientos de las personas O'hara –suspiró –sólo le estoy regresando lo que usted me hizo cuando nos conocimos ¿o ya lo olvido?
—¡Usted mató a Lily Potter! –Le gritó fuerte haciendo que se detuviera –no es lo mismo.
—¿No? –Giró hasta ella –usted lo mató a él –sus palabras le helaron la sangre y todo el calor que recorría su cuerpo se esfumó, sintió que todo a su alrededor se desvanecía con esa simple acusación –el obsequio no era para mí –se encogió de hombros sin darle importancia –estamos en las mismas, señorita O'hara, yo maté a Lily; es cierto, pero usted ha matado a Jarvis.
—Es un maldito bastardo, ojala encuentre el amor de su vida y lo pierda tan despiadadamente…
—Ya lo tuve y lo perdí, no sólo una vez, fue ver como el amor de mi vida se iba alejando día tras día de mí, usted no es la única persona que sufre en el mundo Katie O'hara, pero claro, se cree tan especial que supongo que lo piensa.
—Y usted cree que realmente sabe lo que es amar a alguien, sí, tal vez sufre, pero no por amor, usted es incapaz de sentir amor por alguien, no puede ver que alguien a su alrededor lo encuentre porque se encarga de marchitarlo.
—¿En serio lo crees? –se burló.
—Se acostó con todas las novias de sus amigos ¿no es suficiente? –examinó.
—Y ellos se acostaron con las mías pero no me acosté con Catherine ¿sabe por qué? Porque ella fue una dama que se dio a respetar, no es mi culpa que mis amigos tengan cierta inclinación por salir con… mujerzuelas –la observó de arriba abajo y viceversa, por desgracia Jarvis no podía ver la miseria en usted.
—En eso tiene razón –sonrió y lo observó –Jarvis merecía algo mejor que yo –soltó una risa que se confundió con un lamento y se limpió el rostro –esto sólo es una muestra de lo que le dije el día que volvió, no hay un hombre para mí, ya lo entendí.
—Es bueno que lo tenga presente –se acercó a ella –pero no debió acercarse a Jarvis de nuevo si lo sabía.
—Me imagino que seguirá culpándome.
—Claro que la seguiré culpando ¿es acaso que aún no lo nota? ¿Es tan ciega para no ver la constante? –Lily lo observó –claro, de seguro no fue a la escuela, desde que usted llegó aquí, la muerte ha estado entrando y saliendo de mi vida y la de los Malfoy, James Potter fue el primero, Ashley le siguió y ahora Jarvis, todo gira a nuestro alrededor, es usted la que ocasiona todo esto, termine con toda esta mierda de chica sufrida, tu no amabas a Jarvis, y él lo sabía.
—Es un imbécil –golpeo su pecho.
—Él me lo dijo, la noche que discutieron sobre donde vivirían, él me lo dijo, no sólo a mí, a Roland y a Scorpius, ellos estaban presentes cuando lo repitió, pero él si la amaba y continúo con esa locura del matrimonio a pesar de que le dijimos que no se casara, el destino es sabio ¿no lo cree?
Lily bajó la vista hasta él, ya que mientras le decía eso veía hacia alguna grieta del edificio, apretó los ojos y se alejó corriendo, usando las escaleras en lugar del ascensor, así podría llorar todo lo que quisiera y nadie la vería.
Maldita fue la hora en la que volvió.
—&—
—De nuevo en depresión –indicó Carl.
—Fui por las cosas de Jarvis al departamento de Edward –le dijo.
—Fue mala idea, le dije a Edward que no te diera nada, que iría por ellas yo después.
—Eso no fue lo que dijo, a pesar de que no me dio nada.
—¿Qué dijo? –la siguió con la mirada.
—La verdad –lo miró sobre su hombro –y estoy aterrada en este momento.
—¿Por qué? –interrogó preocupado.
—No soy buena escuchando verdades, la última vez que alguien me dijo la verdad terminé en un maldito psiquiátrico, y no dudo que perderé la mente otra vez.
—Descansa un poco, no has dormido bien desde el funeral de Jarvis, ni siquiera sé dónde pasaste la noche ayer.
—En la puerta de Edward, suplicándole que me diera las cosas de Jarvis –se dirigió al despacho de su abuelo.
No puedes perderte en ti misma otra vez, Lily, no puedes perder la cabeza otra vez, no, tienes que ser fuerte otra vez.
—&—
—¿Se puede saber qué demonios haces aquí? –investigó Carl molesto.
—Te traje las cosas de Jarvis, en verdad no me hace muy bien tenerlas.
—¿Y crees que a ella sí?
—En realidad no me importa que pase con ella, Carl, se puede morir en este preciso momento y…
—¿Qué ocurre? –curioseó Carl al ver a la chica corriendo hacia él.
—Iba a llevarle comida a la Señorita O'hara, como me lo ordeno.
—¿Lo aventó de nuevo? Tranquila, se calmará, sólo…
—No pude entrar, está encerrada y hay humo saliendo por la puerta.
—Ya puedes largarte –le dijo a Edward.
Carl fue corriendo hasta la puerta.
—Katie –gritó al notar a Ted ir tras él –Katie, por favor, sal, quiero saber que estás bien, Katie –golpeó más fuerte pero no recibió contestación.
—La ventana –indicó Edward y salió corriendo al patio.
Esperó verla de pie, pero el humo era espeso y no veía nada, quebró el vidrio de la ventana y entró.
—Katie –gritó cubriéndose la nariz y boca con un brazo – ¡Katie! –la golpeo suavemente en la mejilla para hacerla reaccionar –mierda –la tomó en brazos y abrió con dificultad la puerta.
—Katie –explicó Carl y lo siguió hasta el vestíbulo, la dejó sobre el suelo —¿qué pasó?
—¿No es obvio? –indagó.
—Ella no lo haría –expuso molesto –ella no…
—Los paramédicos vienen hacia acá –dijo la sirvienta.
—Gracias –apuntó Carl –puedes marcharte Edward –le dijo –porque esto te lo debo a ti.
—¿A mí? –lo observó.
—Sé lo que ocurrió en tu apartamento, sé la razón por la que lo hiciste, pero bien hecho, ella no es la causante de que James, Ashley o Jarvis murieran y lo sabes, fueron las acciones de cada uno de ellos, no las de Katie.
—Carl, yo…
—No, primero Lily y ahora Katie –le sonrió –el único culpable eres tú, que dañas a las personas y no te importa, pero claro ¡En tu maldito juego de orgullo jamás puedes perder! –Lo golpeó en el rostro –si algo le sucede a Katie, te juro que nada me va a detener, NADA.
—Sé que fue tu amante, pero ella…
—¡Ella es mi hija! –Explotó –ahora sé feliz.
—Por aquí –dijo la chica guiando a los paramédicos.
—Iré con ustedes –señaló Carl poniéndose de pie.
—&—
—Sí que tenías ese secreto muy bien guardado –expuso Edward sentándose junto a él.
—No soy el único con hijos regados, nadie más lo sabía, sólo James Potter.
—Ese viejo loco –murmuró.
—Él me ayudó a encontrarle un hogar, él era muy viejo como para decir que era su hija, pero le encontró una buena familia, cuando esa familia murió, poco después de que lo hiciera James, sabía que era tiempo de volver por lo que era mío, e intentar recuperar el tiempo y el cariño.
—¿Katie lo sabe? –curioseó Edward.
—No –negó –sólo James lo sabía, ahora tú.
—Debiste decirme antes.
—Te lo dije cientos de veces, ella te lo dijo, que no era mi amante y aun así la agredías con eso.
—James debió buscarle una mejor familia a su nieta y no a tu hija –apuntó Edward y se puso de pie.
—Tú no sabes nada de James Potter, Edward.
—Sabía que adoraba a Lily, pero aun así el viejo la dejó en mis garras –sonrió –sabía lo que yo hacía y aun así la dejó sufriendo con todo, se murió dejándola en mis garras.
—Pero después tú la mataste y la enviaste con su abuelo, y mi hija está en la línea por tu culpa también.
Edward apretó la quijada, eso no había sido su culpa, bueno, tal vez un poco.
—¿Cómo está? –preguntó Carl poniéndose de pie.
—Está bien, por fortuna no fue mucho humo el que inhaló.
—Pero estaba inconsciente –dijo Edward.
—Al parecer se cayó golpeándose la cabeza, no creo que fuera su intención suicidarse de una forma tan espantosa, cortarse las venas hubiese sido suficiente, el problema que está un poco débil por la falta de alimentos, pero se recuperará, es una chica fuerte –dijo el doctor y se alejó.
—De todas formas, las cosas no se quedarán así –le advirtió Carl.
—&—
—¡Feliz cumpleaños! –gritó Becky de la nada haciéndola saltar.
—Por dios –dijo asustada –Becky ¿de dónde saliste?
—Sabemos que no has estado bien, y bueno, que no festejaste tu cumpleaños.
—Fue hace… dos semanas –indicó seria.
—Katie –expresó George rodeando su cuello –lamentamos mucho tu pérdida, honestamente.
—Lo sé –sonrió –pero no estoy segura de esto.
—Son 23 años –le recordó Becky –eres joven aun.
—Por poco –Lily sonrió honestamente –gracias.
—Te tengo una buena noticia –anunció Becky –George y yo, seremos papás.
—¡Muchas felicidades! –la abrazó –así que no han perdido el tiempo ustedes dos ¿he?
—Para nada, tiene un poco de mal tino, pero al fin.
—Me alegro mucho.
—Sí, queremos que seas la madrina, sin duda alguna, fuiste quien abogó por nuestro amor con el Señor Lupin.
—Veo que están ocupados –expuso al observar el lugar, había mucho movimiento.
—Un poco, pero es hora de la comida.
—Bien, entonces no interrumpo.
—Eres la jefa –sonrió George –puedes interrumpir lo que quieras.
—En realidad no soy feliz de que Carl me dejara a cargo, sabe lo mucho que odio trabajar –se burló.
Después de que terminaran, Lily fue con George y Becky a festejar su cumpleaños atrasado, ella no bebía, pero necesitaba olvidar todo lo referente a Jarvis, de alguna manera tenía que olvidarlo y si volverse alcohólica lo solucionaba, lo haría.
—¿Qué haces aquí? –Inquirió sorprendido –y ebria.
—Shhh –se burló –no grites –susurró.
—Katie, oye –la sostuvo.
—Voy a matarme por la mañana –explicó y se rió –Shhh –le dijo frunciendo el ceño –no te rías, así que no importa que haga una locura esta noche, no va a importar mañana.
—No voy a participar en esta tontería, así que mejor hablaré con Carl y le diré que estás aquí –se alejó y se dirigió hasta el teléfono, pero Lily lo sujetó de la muñeca y lo regresó hasta ella, lo tomó por la nuca y lo besó.
—Edward por favor –suplicó a centímetros de sus labios –todo será más sencillo mañana, lo juro, haré que todo termine –abrió los ojos y lo observó.
—Seguramente a Jarvis le gustaría que te metiera a mi cama después de todo ¿no? –Negó molesto –no lo haré, estás ebria y sólo estás aquí porque estás dolida.
—Nunca estuve en tu cama por amor –se burló –así que no hay diferencia.
—Antes no estabas con mi mejor amigo –dijo serio.
—Sólo… dime que nunca quisiste quitarle una chica a tu mejor amigo –se burló –de esas chicas serias y que se dan a respetar ¿alguna de ellas te volvía loco?
—Voy a llevarte a tu casa –caminó hasta sus llaves.
—Olvídalo –dio un paso hacia atrás y terminó en el suelo –traigo mi auto, me iré ahora.
—¿Vas a conducir así de ebria? –la observó aun en el suelo.
—Con suerte mataré a algún hijo de perra así como ese hijo de puta mató a mi Jarvis –gateo hasta la puerta.
—Lo haremos en la ducha, ven –la sujetó de la cintura y la levantó.
—¿Quieres un polvo mojado eh? –se burló.
—Un buen polvo mojado que mañana no recordarás –dijo serio.
