Capítulo 21: ¿Quién es en verdad, Conrad Willis?

Una navidad especial

Se había levantado más temprano de lo que acostumbraba, preguntándose si debía volver al trabajo o comenzar a escapar.

Pero él no era un cobarde. Jamás lo había hecho y no comenzaría, aún después de terminada la guerra por fin.

- ¿El amo piensa ir a trabajar? La fórmula que prepara, aún no está lista. ¿Y si los efectos se terminan y el amo no vuelve a la normalidad?

- Pues entonces asumiremos las consecuencias. Hoy es un día en el que no puedo faltar. Se supone que seré promovido a ayudante en la formulación de las pociones que se venderán en la tienda y resultaría misterioso que desapareciera de repente, tras haberme comprometido.

- El amo no debería olvidar que cada vez los efectos de la poción duran menos y también le están causando problemas serios.

- Ya deja de preocuparte, la nueva fórmula estará lista en muy poco tiempo y prácticamente nadie notará la diferencia.

- Los efectos pueden resultar permanentes, amo. Ya ve lo que sucede.

Decidió ignorar al elfo y terminar de vestirse. Pensarlo demasiado no iba a llevarlo a ninguna parte y no podía llegar tarde a su primer día de trabajo, desde que había sido promovido.

Y apenas y abandonó la casa, no dejaba de escuchar la misma noticia por todos lados. Al parecer, todos habían comprado la prensa ese día y el nombre de Severus Snape, corría de boca en boca mientras las personas se miraban la una a la otra, como si pensaran que sus vecinos más cercanos pudieran estar ocultando algo.

Había largas filas en los quioscos de periódicos, donde no las hubo nunca y los magos pagaban galeones por leer lo mismo que escuchaban de los demás, pero para comprobarlo por sí mismos.

Negó con la cabeza, subiendo aún más el cuello de su túnica por el frío y caminando más aprisa en dirección de la tienda. Mientras más rápido llegara, más rápido podría escapar de esa locura.

- ¡Hola, Conrad! - saludó Angelina, tan amable como siempre. - ¿Qué tal la cita...? - se detuvo por unos minutos. - Disculpa. ¿Qué tal la cena con la ministra de magia?

- Sin novedades. Incluso le gustó mi regalo.

- ¡Lo sabía! Hermione es una mujer muy sencilla. Además, escogió el regalo perfecto. ¡Es casi como magia, que supiera exactamente qué tipo de libro le gusta leer!

- Una simple casualidad. O tal vez no y la ministra y yo, tenemos gustos ligeramente similares. - Angelina arqueó una de sus cejas, así que se apresuró en agregar: - Pero eso no quiere decir que su novio, el señor Weasley, no tenga algo en común con ella.

- Bueno... si le soy sincera... - dijo la mujer, mordiéndose el labio inferior y empujando la puerta de la tienda, tras haber estado derritiendo la nieve acumulada en la entrada con su varita. - A veces me pregunto qué es lo que tienen en común, precisamente.

Se encogió de hombros y al caminar hasta su puesto de siempre, tras la barra, se encontró con una carta a su nombre. Sintió un poco de aprehensión al pensar en los posibles remitentes, pero trató de disimular su nerviosismo.

No podían haberlo encontrado tan pronto, si las investigaciones recién comenzaban. Intentó sentarse como si nada en uno de los taburetes y tomar el sobre, distraídamente, mientras Angelina cerraba la puerta y colgaba su abrigo de nieve en el perchero tras la puerta.

- Ah... sí... - dijo de repente, mientras apuntaba una vieja chimenea con su varita. - George trajo esa carta antes de marcharse y es por ello que me he encargado yo, de abrir la tienda por él. Se ha ido muy temprano, a visitar a su madre y llevó a Fred con él. Dejó dicho que usted era plenamente capaz de atender la tienda por sí mismo y que lo considerara como una especie de prueba para sus habilidades de dirección. También dijo que al volver, entrarían en materia y conversarían acerca de la siguiente muestra que prepararían juntos. - al notar su expresión de total sorpresa ante las novedades, Angelina sonrió ampliamente. - Lo siento. Cuando a George se le mete algo en la cabeza, es difícil que abandone la idea. Pero descuide. Hoy he pedido un día libre en mi trabajo y me quedaré por si necesitara ayuda de alguna índole.

- Lo que menos quisiera es que tuviese inconvenientes con su jefe, por mi culpa. - dijo, sintiéndose avergonzado por un momento.

- No se preocupe. El trabajo no es tan pesado de todos modos y mi jefe sabe que tengo un hijo, así que es consciente de que tengo otras responsabilidades.

Asintió ligeramente nervioso. Jamás había atendido una tienda por su cuenta y a pesar de que llevaba un par de días, mirando a su jefe en acción, no se sentía confiado de sus habilidades.

Pero de a momento, se concentró en la carta que tenía entre manos. Comenzó a rasgar el sobre con mucho cuidado y con dos de sus dedos, deslizó el pergamino en su interior, hasta que éste salió fácilmente y sin ninguna arruga que lamentar.

Literalmente lo contempló por cinco minutos exactos, antes de decidirse a abrirlo. Sus manos temblaban, a pesar de que reconocía la caligrafía de la ministra de magia y que no se trataba de que lo estuvieran buscando precisamente.

¿O tal vez sí? Ni quería enterarse, la verdad.

Lo desplegó frente a sus ojos y trató de leerlo tan calmadamente como pudo y sin anticiparse y saltar a conclusiones.

"Querido Señor Conrad".

"Espero que ya lo haya pensado lo suficiente, puesto que estoy decidida a invitarlo a nuestra fiesta de navidad que siempre celebramos con la familia de Ronald Weasley. Lo estuve analizando durante algún tiempo y considero que pasar las fiestas, solo, no ha de ser bueno para su salud física y mental, así que estoy decidida a invitarlo y no quiero leer un no como respuesta.

Perdone mi insistencia, pero no concibo que alguien pueda pasar estas fechas solo y ahora que me salvó la vida, pues mucho menos. Sé que con la cena y el regalo, ya no estoy en deuda, pero eso no significa que debamos dejar de tratarnos y no intentar, al menos, ser amigos.

¿No le parece que después de todo lo que nos ha pasado, deberíamos ser amigos? ¡Es como si el destino así lo quisiera desde un principio y es por ello que vive chocando conmigo!

Por favor considérelo y envíeme una respuesta pronto.

Espero que su brazo ya haya sanado completamente y que Fred no le esté dando dolores de cabeza. Felicidades nuevamente por su nuevo cargo dentro de la tienda y espero que le vaya de maravilla. Muy pronto de seguro volveré y probaré alguna de sus maravillosas recetas (o como George jocosamente afirma).

Reciba mi más cordial saludo.

Hermione Granger

Ministra de Magia y Hechicería.

Nuevamente se encontraba en una encrucijada. Si ya Francine Conway había revelado la verdad de si estaba vivo o no; no le apetecía en verdad, ponerse al descubierto. Y mucho menos frente a Harry Potter y compañía.

Pero otra vez se encontraba con el mismo problema, que se había encontrado durante la invitación para cenar. No sería precisamente educado que respondiera que no y mucho menos tendría una buena excusa para negarse, a no ser que fingiera estar enfermo repentinamente.

Y tampoco quería preocupar a Fred. Si mentía diciendo que estaba enfermo, tendría que faltar al trabajo y no quería que el niño se preocupara y comenzara a implorarle a su padre para que lo visitara en casa y tratara de encontrar una forma de sanar su repentino mal.

- De todos modos, ya comenzaste a trabajar en una muestra que debería ser mucho más efectiva y prolongada, antes de la fiesta. Nadie debería notar un solo cambio y pasarás desapercibido sin problemas. Sin importar que ese lugar esté lleno de aurores. Nada malo te pasará.

Ni cuenta se había dado de que Angelina ya se había marchado a la parte superior de la tienda, ni de que Fred y su padre entraban en el establecimiento.

- Hablar solo, casi nunca (o tal vez nunca), es una buena señal. - parpadeó y alzó la mirada de la carta que había estado mirando por largos minutos. George sonreía mientras cargaba un par de cajas, que se apresuró en levantarse y echar una mano, mientras miraba la carta de reojo. - Hmm, ya veo que leíste la carta de Hermione. Estuve tentado a abrirla sin que te enteraras, pero pensé que lo mejor era respetar tu privacidad. - sonrió de manera cómplice y mientras colocaban las cajas tras el mostrador. - Aunque te confieso que tengo un poco de curiosidad. Ella casi nunca escribe tanto, sólo al baboso de mi hermano.

- Me invita a la fiesta de navidad que van a organizar en La Madriguera o algo así... - se rascó la cabeza, como si intentara recordar el nombre exacto. George sonrió ampliamente y se cruzó de brazos.

- Vaya. ¿Y qué piensa Ronald de esto?

- No lo sé y no creo que la ministra se lo consultara precisamente. Después de todo, ella es una mujer lo bastante adulta como para decidir qué quiere o no quiere hacer. Ese joven pelirrojo, ni siquiera debería entrometerse.

- ¡Ah! Creo que mi hermano no te simpatiza mucho. Bueno, es que a veces es un poco inseguro de sí mismo. Creo que piensa que Hermione lo dejará y encontrará un hombre con el que se sienta más identificada. Aunque los dos se complementan, supongo.

- No estoy seguro de lo que debería responder. No quisiera incomodarla y que luego tenga problemas con su novio, por mí culpa.

- Ronald tiene que aprender que el amor no se aprisiona para conservarlo. Debe ser libre y solamente así, sabrá si volverá por él. Si lo ama tanto, como él a ella.

Se rascó la parte posterior del cuello con la pluma y se preguntó si George tenía razón. A pesar de ser un poco cursi, también tenía un efecto poético muy interesante.

Asintió entonces y colocando un poco de tinta en la pluma, comenzó a redactar una respuesta.

¿Comentarios? ¡Por favor y gracias!

Lamento que sea tan cortito, pero me caigo del dolor con una cordal que está empujando. Mañana les subiré el resto, lo prometo.