¿Para cuándo una película sobre la interesantísima infancia y juventud de la Viuda Negra? Claro que, en rigor, debería incluir a Winter Soldier, y eso sería un spoiler de la secuela de Capitán América: El primer Vengador. Ups.
Aunque en mi mente Natasha es un personaje muy frío, intento "descongelarla" en mis propios headcanons con drabbles como éste, en el que demuestro que tiene sentimientos a pesar de ser la espía perfecta.
Por cierto, los nombres que menciono aparte del suyo son inventados, no pertenecen al universo Marvel.
¡Gracias por vuestros reviews!
Disclaimer: Los Vengadores no me pertenecen a mí, sino a Marvel y a Disney
21. Retroceso
Hacía años que Natasha no pisaba Rusia. Como espía, había sido entrenada para anular cualquier sentimiento patriótico que pudiera sentir hacia su país, sustituyéndolo por lealtad hacia la agencia para la que trabajaba. El hecho de que dicha agencia hubiese cambiado no significaba gran cosa.
Cuando disparas un arma de fuego, la inercia del disparo y el peso del arma provocan un movimiento hacia atrás llamado retroceso. Algunas acciones también lo tienen.
Sólo alguien que conociera muy bien a Natasha Romanoff, nombre americanizado que sustituía a su nombre ruso, que ningún norteamericano era capaz de recordar, podría haber captado el ligerísimo temblor que se apoderó de ella cuando salió al aeropuerto de San Petersburgo arrastrando su ligera maleta con ruedas. Aunque enfundada en un disfraz de turista francesa, documentación falsa incluida, la espía tenía la sensación de que en cada esquina había alguien capaz de reconocerla, alguien que la señalaría y gritaría: "¡Es ella! ¡La agente Viuda Negra que desertó de su país para unirse al enemigo!".
Sabía que no tenía mucho sentido que la acusaran de algo así tantos años después del fin de la Guerra Fría, pero no lograba evitarlo.
Cogió un taxi e indicó, en un inglés chapucero con un marcado acento francés, la dirección de una vivienda que era la base de operaciones en aquella misión. Los recuerdos acudieron a ella como disparos mientras el cascado vehículo recorría las calles de la antigua capital imperial.
La esquina donde participó en el secuestro de la científica alemana Katharina Kuhn, a la que el KGB retuvo e interrogó durante meses.
El puente sobre el Neva desde el que su compañera Irina y ella arrojaron el cadáver de Nikolai Ovechkin, cuya desaparición fue silenciada por los medios afines al régimen soviético.
La calle de la que partía el sombrío furgón que llevaba a la estación del Transiberiano a los opositores políticos.
Los remordimientos y el temor a ser reconocida eran el justo retroceso por cada una de sus acciones como agente del Cuerpo de Viudas Negras del KGB. Que hubiese hecho todo aquello obedeciendo órdenes no cambiaba nada, de la misma manera que tampoco lo hacía el hecho de que ahora matara para otras personas, para otro régimen en teoría más justo. Ella era una espía, una asesina al servicio del Gobierno. El Cielo no se abriría para ella para ella cuando muriera.
Pero por suerte, todavía faltaba mucho para eso. Y mientras tanto, quizá hallara una manera de solucionarlo.
¿Os ha gustado u os ha parecido basura? .¡No olvidéis opinar! .¡Gracias!
