Estamos llegando al final de esta historia, muchas gracias a todos por leerme y comentar.
CAPÍTULO 21
Alex Danvers dio el visto bueno al armamento especial que llevaban los ocho agentes del DEO que irían con ella en busca de su hermana.
—Agente Vásquez, ahora queda a cargo de estas instalaciones —afirmó Alex con seriedad, la chica asintió con la cabeza.
—Detective Sawyer, aquí está su rifle —dijo un agente mostrándole el arma. Maggie le agradeció con un ligero gesto.
—Recuerda que no te permitiré acercarte demasiado —admitió Alex con preocupación.
—Me parece bien, tampoco soy una suicida, te daré cobertura desde un sitio más seguro —aseguró Maggie a su novia, que le dio un apretón en la mano en señal de complicidad.
—Yo también quiero ir —intervino de pronto Lena 40. Ambas se volvieron hacia ella con cara de sorpresa.
—Ni hablar —exclamó Alex—, no voy a consentir que te pongas en peligro tú también.
—Tengo que ir, Alex, soy quien mejor conoce a tu hermana, puedo ayudar a controlarla… —explicaba Lena 40—, además, no puedo quedarme aquí, de brazos cruzados, mientras dos personas de otra Tierra están en peligro por culpa de mi ingenuidad.
—No puedes culparte por lo que hizo tu madre, Lena… —dijo Alex.
—Y tú no puedes obligarme a quedarme, Alex, iré con o sin tu permiso —declaró Lena 40 con decisión.
Maggie soltó una risita al ver la cara de perplejidad de su novia.
—Parece que a tu hermana le van las mujeres con carácter —susurró para que sólo Alex la escuchase.
La agente no encontró argumentos para disuadirla y acabó aceptando su decisión. Después dio instrucciones para el reparto de vehículos y llamó a Winn.
—Lena viene con nosotras, así que tú te quedarás a cargo de Zatanna, ¿de acuerdo?
—Claro, ningún problema —replicó con una sonrisa tonta en el rostro.
—Anda, ten —Maggie le ofreció una pistola de balas de kryptonita—, si las cosas se ponen feas, no bastará para protegerla que la mires con ojitos —añadió con diversión. Alex y Lena sonrieron. Maggie no perdía el sentido del humor ni en los peores momentos..
Kara 40 aterrizó en una zona rocosa y liberó a Lena con desprecio.
—No estamos lejos del DEO —se sorprendió Lena.
—Quiero que tu novia nos encuentre, sólo me interesaba salir de allí —explicó la kryptoniana con una sonrisa peligrosa en el rostro—, sabiendo que te tengo, Supergirl 38 no tardará en dar con nosotras… quiero matarte delante de sus ojos.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lena, no dejaba de causarle impacto que una persona que era exactamente igual a la mujer que amaba le hablase con tanto odio.
—¿Por qué harías algo así?, Kara no te ha hecho nada —increpó la joven Luthor. Kara 40 rio.
—¿Sabes a lo que se ha dedicado durante el tiempo que ha estado en mi Tierra?, se lo ha pasado bien con mi novia.
Lena comprendía demasiado bien los celos de Kara 40, ella misma los había experimentado. Pero después de hablar con su chica, había entendido que, como Alex le dijo, Kara sólo tenía ojos para ella. Pero aquella kryptoniana estaba cegada por la poderosa magia de Zatanna, y nada de lo que pudiera decirle la haría cambiar de opinión. ¿Y si la solución era justo lo contrario?
—No hablas en serio —afirmó Lena de pronto—, mi Kara no puede haberme engañado.
—Oh sí, te aseguro que lo ha hecho, igual que mi novia a mí —aseguró Kara 40—, son unas malditas traidoras, merecen sufrir —añadió.
—Quizá tengas razón… —admitió Lena sin mirarla. La kryptoniana se volvió hacia ella desconcertada.
—¿Qué quieres decir?
—Si hay algo que no tolero es la traición, y más si viene de la persona que ha jurado amarme… se merecen que les hagamos lo mismo —sugirió la joven Luthor clavándole sus hermosos ojos verdes. Kara 40 sonrió de medio lado.
—Vaya, esto no me lo esperaba —dijo con satisfacción.
Dio dos pasos y se detuvo a escasos centímetros de Lena. La contempló unos instantes. Era tan hermosa como su novia, y ella llevaba meses echándola de menos, ¿por qué no? Aunque después la matase para herir aún más a Supergirl 38, antes podía divertirse un poco. Posó sus manos en la cintura de Lena, que se sobresaltó un poco al sentirla.
«Parecen las manos de Kara… —titubeó un instante— ¡no, no son sus manos, son las manos de una perturbada con el aspecto de Kara.»
Kara 40 la atrajo contra su cuerpo sin demasiado cuidado, Lena hizo una mueca de dolor, pero enseguida se recompuso, no podía perder de vista su plan. Llevó sus manos al pecho de la kryptoniana, y fue moviéndolas con cuidado, ascendiendo hacia su cuello, mientras trataba de mirarla con deseo. Kara 40 no esperó más y se lanzó a besarla en un gesto rápido y agresivo. Lena la correspondió como mejor pudo para tenerla distraida mientras sus dedos buscaban el colgante en su cuello, disimulando con algunas caricias. Una mano fuerte e implacable apartó las suyas sin miramiento.
—Ni lo intentes… —amenazó la kryptoniana— Si no quieres que te mate antes de que venga tu novia para verlo —Sus ojos azules se habían oscurecido, Lena sabía que no bromeaba—. ¿Es que todas las Lenas sois unas mentirosas? Haré bien en matarte.
—¿Qué está pasando, James? —cuestionó Cat Grant al verlo alterado mientras recogía sus cosas para marcharse de las oficinas de CatCo.
—Hay ataques en varios puntos de National City —dijo el fotógrafo con prisa.
—¡Eso no es nuevo, cuéntame algo que no sepa! —exclamó la reina de los medios perdiendo la paciencia. Se acercó a él— Vas a ir a ayudar como the Guardian, pero sé que hay algo más.
Cat había descubierto la identidad secreta del héroe llamado "the Guardian" en cuanto lo había tenido delante de sus ojos, y desde entonces, James solía informarla de las misiones que realizaba colaborando con J'onn J'onzz y sus agentes.
—Señorita Grant, nuestra Kara ha escapado del DEO —anunció sin rodeos.
—Dios mío… —susurró Cat con preocupación— ¿y Supergirl 38?, ¿está aquí para enfrentarla?, no creo que nadie más pueda.
—Sí, pero estos ataques por toda la ciudad nos obligan a dispersarnos, así que no podremos ayudarla demasiado.
—Entiendo, debes irte entonces —afirmó Cat. Y James se dio la vuelta para marcharse, pero Eve apareció ante ellos.
—¿A dónde vas, James? —preguntó asustada—, ¿no pensarás acercarte a los ataques de la ciudad?
—Eve… soy fotógrafo de noticias, tengo que cubrir esto… —James miró a Cat, que no tardó en echarle una mano con su novia.
—James es el mejor en su trabajo, y es un profesional comprometido, debe ir, señorita Teschmacher.
Eve no se atrevió a contradecir a su jefa y se despidió de James con un dulce beso y haciéndole jurar que tendría cuidado.
Cat se acercó a uno de los ventanales de su despacho sumida en sus pensamientos. Las dos Karas iban a enfrentarse, era un acontecimiento insólito. La periodista que había en ella sintió el intenso deseo de buscar el lugar del combate y vivirlo en primera persona para poder narrarlo después. ¿Pero cómo iba a contar aquello sin dejar al descubierto el engaño al que habían sometido a toda la ciudad con su propia ayuda? Esta vez, CatCo no podría ofrecer una lucrativa exclusiva, pero no quería quedarse sin saber nada, así que llamó a Lena. Tanto ella como Kara le importaban mucho, eran de sus pocas debilidades.
—¿Lena? —dijo Cat en cuanto oyó que descolgaban la llamada—, James me ha contado lo que está pasando, ¿dónde están las Karas?, ¿tú estás bien?
—Cat… ahora no puedo hablar mucho, voy con Alex y Maggie en un vehículo del DEO.
—¿Vas a ir donde están ellas? —exclamó preocupada.
—He de hacerlo, creo que puedo ayudar —explicó Lena—, no te preocupes por mí, y ni se te ocurra buscarnos y venir, te lo ruego, ya ha sufrido bastante gente, gracias por llamar, Cat.
La mujer no pudo ni replicar, Lena le había colgado. Miró unos instantes la pantalla negra de su teléfono y después cerró los ojos. En su mente sólo un ruego, que ninguna de sus niñas sufriera daños, ninguna, y eso incluía a Kara 38.
—¡Aléjate de ella! —ordenó Kara levitando en el aire. Al fin las había encontrado, también había comunicado su posición a Alex mediante un transmisor que llevaba en la oreja.
—Sabía que no tardarías en llegar —Kara 40 agarró a Lena por el hombro y la colocó delante de su cuerpo, rodeando su cuello con el brazo—, aunque tampoco te lo he puesto muy difícil, ¿verdad?
—Suéltala, ella no tiene nada que ver en esto —exclamó Kara mientras tomaba tierra. Lena la miró con una mezcla de esperanza y miedo. Sabía que Kara haría todo lo posible por ponerla a salvo, ¿pero sería capaz de vencer a la maligna Kara 40? La kryptoniana le dedicó una ligera sonrisa para tranquilizarla y su doble rompió el momento.
—Dejad ya de miraros así —demandó Kara 40—, está visto que tengo que ponerme seria para que la gente me haga caso —resolvió con maldad y apretó el cuello de Lena, dificultándole la respiración ante la horrorizada mirada de Kara— Voy a hacerte sufrir, Supergirl usurpadora, y lo voy a disfrutar —aseguró de manera perversa.
—¡No, por favor, no le hagas daño, te lo suplico! —rogó Kara a pleno pulmón— ¡Lena es lo mejor de mi vida!
—¡Oh, qué bonito! —se burló Kara 40 mientras aflojaba un poco su brazo—, ¿has visto cuanto te quiere? —dijo a Lena en el oído.
Sus ojos verdes se humedecieron y sus labios empezaron a temblar. Kara apretó los dientes y cerró los puños con fuerza. La impotencia la estaba matando. Y entonces, las dos kryptonianas dirigieron su atención al cielo, un helicóptero del DEO se aproximaba a ellas.
Kara 40 no tuvo contemplaciones, y utilizó sus rayos infrarrojos para derribarlo. Kara no tuvo tiempo de pensar, se lanzó a rescatar a los ocupantes antes de que el vehículo se estrellase a poca distancia de ellas. Puso a salvo a los aturdidos agentes, a cierta distancia. Cuando regresó junto a Lena y a su doble, vio que Kara 40 tampoco había perdido el tiempo. Había recogido varios restos metálicos del helicóptero para construir una especie de jaula donde había encerrado a Lena.
—Me encargaré de ella más tarde, ahora debemos recibirlas como merecen —dijo la kryptoniana haciendo un gesto.
Kara miró en la dirección indicada y vio que Alex, Maggie y Lena 40 bajaban de una especie de camioneta del DEO. La agente Danvers, que lucía su armadura especial con kryptonita, avanzó unos pasos más acompañada de la joven Luthor. Maggie se quedó junto al vehículo, con su rifle entre las manos.
—Ya basta, Kara, deja que te ayudemos —dijo Alex—, podemos liberarte de esa magia.
—¿Has venido a ayudarme con esa armadura? —preguntó con ironía—, ¿quién te ha dicho que necesito liberarme?
—Kara, ¿cómo se encuentra tu Lena? —preguntó Lena 40.
—Está bien, pero la tiene retenida —replicó Kara señalando el montón de restos metálicos por entre los que su novia se asomaba para no perderse lo que estaba ocurriendo.
—Qué asco, ni siquiera delante de vuestras novias sois capaces de disimular —acusó Kara 40 de pronto.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Kara con rabia.
Lena 40 se lo tomó con más calma, pues responder con exaltación era justo lo que su novia quería.
—Kara, por favor, ves cosas donde no las hay —aseguró la joven Luthor de Tierra 40 en el tono más conciliador que pudo.
—Si nos dejases ayudarte… —insistió Alex— también dejarías de tener esos pensamientos equivocados respecto a Lena y Kara 38.
—Por favor… —suplicó Lena 40—, sólo queremos que vuelvas a ser la de siempre.
—¿La de siempre?, ¿la estúpida que siempre hacía lo que le decían?, ¿la que siempre se contenía para no disgustar a los pobrecitos humanos? —exclamó con indignación.
—Kara, no… —musitó Lena 40 con tristeza.
—Desde que llegué a este maldito planeta no he hecho otra cosa que contenerme, reprimirme… con mi familia adoptiva, con mis compañeros de trabajo, con mi hermana… con mi novia —intensificó la palabra novia mirando a Lena 40, refiriéndose claramente a su intimidad—, y por supuesto con mis enemigos, no fuera a ser que Supergirl matase a alguno, que dramático habría sido, incluso aunque muchos de ellos merecieran la muerte. ¿Por qué tengo que adaptarme yo a los frágiles humanos?, estoy harta de sacrificarme. Es hora de que vosotros os adaptéis a mí, de que aceptéis todo mi poder y lo temáis.
—No puedo reconocerte, Kara —sollozó Lena 40, incapaz de esconder su inmensa pena.
—No tienes que reconocerme, cariño, sólo aceptarme tal y como soy en realidad —señaló Kara 40—, de eso se trata el amor, ¿no? —añadió con una sonrisa maliciosa.
—Ese colgante te ha convertido en un monstruo —exclamó Alex.
—No, hermanita, no soy un monstruo, soy una diosa, y ha llegado el momento de que disfrute de serlo —dijo mientras se elevaba en el aire lentamente—. Por primera vez en mi vida, no tengo que pedir permiso ni pedir perdón.
—No hables así... esta no eres tú, Kara, es el maldito colgante de mi madre, que te ha trastornado —exclamó Lena 40 entre sollozos sin dejar de caminar hacia ella, que había bajado hasta el suelo de nuevo.
—¿Esto? —Kara lo sacó de debajo de su camiseta.
La piedra roja refulgía intensamente entre sus dedos, al tiempo que la mirada de su portadora se oscurecía más. Lena se maldijo. Todo el tiempo habían tenido la respuesta delante de sus narices, pero no había sabido verla.
—Esta pequeña piedra me ha hecho ver las cosas con claridad, no pienso renunciar a la verdad. —Volvió a ocultarla bajo su ropa.
—¿A qué verdad? —se atrevió a cuestionar Alex.
—Soy poderosa como un dios, no tengo por qué servir a los patéticos humanos. Debería ser al contrario… Mi voluntad, vuestras órdenes.
—Tú querías ayudar a los humanos —replicó Lena 40
—He estado ciega, pero al fin veo mi verdadero propósito. Llegué a la Tierra para conquistarla y gobernarla.
—Tú no eres así, por favor, lucha contra esto —suplicaba Lena 40 sin detener sus pasos.
—¡Lena, ¿dónde vas?! —gritó Alex. Pero la joven Luthor hizo oídos sordos, toda su atención era para su novia, que también parecía estar pendiente sólo de ella.
—Deja de autoengañarte, soy lo que ves, ¿o es que ya no te gusto y quieres abandonarme?, porque no te lo permitiré, Lena, no puedes dejarme —afirmó sorprendentemente desesperada. Lena 40 entendió que el colgante no había podido eliminar su miedo al abandono.
—No quiero dejarte, Kara —confesó con sinceridad.
Lena cogió el rostro de Kara entre sus manos y, por un momento, ambas conectaron como antaño. Sin embargo, tras unos instantes, la piedra volvió a ganar. Kara 40 se echó hacia atrás y su gesto cambió.
—Pero me traicionaste, no creas que voy a olvidarlo tan fácilmente —aseguró con rencor. Lena 40 suspiró, abatida por su reacción, ¿es que no había forma de hacerla reaccionar?— Retírate, Lena, después aclararemos lo nuestro, ahora quiero resolver el asunto de mi usurpadora —informó.
La joven Luthor retrocedió, caminando hasta donde se encontraba Alex. Kara permanecía en su posición, pendiente de su Lena y de las demás. Comenzaron a hablar a través de sus transmisores.
—Nuestra única esperanza es debilitarla con alguna bala de kryptonita y arrebatarle el maldito colgante —dijo Alex—. Jamás se lo quitará por voluntad propia, Zatanna tenía razón— añadió desanimada.
—Si consigo quitárselo yo, no hará falta herirla, ¿verdad? —declaró Kara.
—Ésa sería la mejor opción —señaló Maggie.
—No quiero que ninguna salga herida, ten cuidado, por favor —rogó Lena 40. Kara le sonrió desde la distancia y enfocó sus ojos azules en su doble.
—Bien, empecemos —invitó la kryptoniana haciendo un gesto con la mano.
—Parece que tu querida novia acepta su destino —se burló Kara 40.
—Esto es una locura —exclamó Lena asustada.
—¡Sí, nunca debisteis venir a un mundo que no era el vuestro! —sentenció Kara 40 justo antes de lanzarse contra Kara.
Pudo bloquear el primer golpe, y el segundo, pero el tercero le acertó de lleno en el estómago. Kara sintió un fuerte dolor. No solía pelear con seres tan fuertes como ella. Kara 40 sonreía y no dejaba de atacarla. Ascendieron varios metros sobre el suelo y siguieron dedicándose puñetazos y patadas, también Kara 40 encajaba algunos, pero menos que su doble de Tierra 38.
Todos los presentes estaban clavados en sus posiciones, conteniendo el aliento mientras contemplaban el épico combate. Alex no quería intervenir en él, ambas Karas se movían a tal velocidad que no lograba ver hueco para ella, además, quería estar preparada para proteger a las dos Lenas, a Maggie y a sus hombres si se daba el caso. Maggie seguía apostada a cierta distancia, junto al vehículo, con su rifle cargado de balas verdes, esperando las indicaciones de Alex. El resto de agentes del DEO también apuntaba a las kryptonianas, a la espera de la orden de fuego a discreción si las cosas se iban de las manos.
Kara 40 bloqueó los ataques de Kara y le asestó un fuerte cabezazo en la frente, lanzándola contra el suelo, donde se estrelló.
—Nunca podrás vencerme —aseguró Kara 40 riendo.
—¿Por qué estás tan segura? —preguntó Kara poniéndose en pie.
—Porque tú y yo somos distintas —afirmó su doble—, te contienes, no peleas con todo tu poder. Pero yo no lo voy a hacer, porque no me importa si mueres, al contrario, ¡me encantaría!
Lanzó sus rayos infrarrojos contra Kara, que los esquivó por poco, elevándose en el aire para volver a enzarzarse en una sucesión de golpes con Kara 40.
—Vamos a poner las cosas más interesantes, porque me empieza a aburrir pelear contigo —anunció de pronto. Kara frunció el ceño sin comprender.
Pero no tardó en hacerlo. Kara 40 bajó al suelo, se volvió hacia la jaula improvisada y utilizó sus rayos para rozar ligeramente el brazo de Lena, que chilló de dolor. Fue todo tan rápido que Kara no pudo prever el ataque. Pero algo cambió en su interior. De pronto, una furia intensa y descontrolada se apoderó de ella.
—¡¿Cómo te atreves a hacerle daño?! —bramó Kara enfurecida mientras le asestaba un fuerte puñetazo en la mandíbula, lanzándola a gran velocidad por la violencia del golpe.
Kara 40 logró recuperar el equilibrio clavando una mano en la tierra y frenando finalmente. Cuando alzó la cabeza, sonreía con la boca ensangrentada. Se llevó una mano hasta la cara y se limpió parte de la sangre con el dorso.
—Esto está mucho mejor… —declaró con satisfacción— Así será más divertido matarte.
—¡Lena, ¿estás bien?! —exclamó Kara con desesperación acercándose a ella.
—Sí, Kara, estoy bien, no te preocupes por mí —aseguró la joven Luthor ocultando su herida con la mano—, sólo me rozó.
En realidad le dolía mucho, pero no quiso inquietarla y complicar aún más la situación.
—¡Podría haberte matado!
—¡Kara, cuidado! —chilló Lena al ver que Kara 40 volaba hasta ella y le daba una patada.
—Y la mataré, no lo dudes —aseguró Kara 40—, pero primero te voy a matar a ti, aunque puede que mientras lo haga, vuelva a herir a tu novia —Se rio.
—¡No volverás a tocarla! —gritó Kara, dominada de nuevo por la furia.
El combate se volvió brutal. Ambas golpeaban con más ganas y se daban menos respiro. La sangre empezó a brotar. Todos contemplaban el enfrentamiento horrorizados por la violencia de los golpes y la velocidad que habían cogido, era imposible seguirlas con la mirada. Aquello era especialmente duro para ambas Lenas, que apenas podían contener las lágrimas al ver cómo las mujeres que amaban peleaban a muerte. Porque ya no era un combate cualquiera, sino uno que sólo terminaría con la muerte de una de las dos. Las kryptonianas estaban enardecidas, como si apenas sintieran el dolor, cegadas por la rabia de lo que cada una había sufrido por todo lo que había pasado.
Alex tuvo que proteger a Lena 40 de varios pedazos de roca que salieron disparados hacia ellas debido a los destrozos que el combate estaba ocasionando en aquel paraje. Pero no sólo se rompían las piedras, también se partían labios, cejas, costillas… pero nada parecía bastar para detenerlas. Ante semejante espectáculo dantesco, Lena 40 se sintió miserable por no haber descubierto la trampa que les tendió su propia madre. Lena, por su parte, se sentía culpable por haber viajado a Tierra 40 y ponerse en peligro, convirtiéndose en un punto débil para Kara.
—¡Te voy a mandar a tu mundo, pero muerta! —bramó Kara 40 mientras alcanzaba el rostro de Kara, rompiéndole la nariz. Pero la kryptoniana apenas retrocedió, aunque tenía la cara ensangrentada, y aprovechando que su doble se confió un instante, logró darle una fuerte patada en el brazo izquierdo, quebrándole al menos un hueso.
—¡No estés tan segura! —exclamó Kara ante el aullido de dolor de Kara 40.
Sin embargo, tampoco Kara 40 se replegó demasiado, y atacó a Kara incluso con más ganas, gritando como una fiera.
—¡Se van a matar, Alex, si no hacemos algo, se matarán las dos! —chilló Lena 40 desesperada.
La agente no sabía qué hacer. Conocía lo suficiente de los combates cuerpo a cuerpo como para saber que no había forma de que una se impusiera a la otra, estaban demasiado igualadas. Tampoco había manera de que Maggie lograse disparar a su hermana, se movía demasiado deprisa, y estaba el peligro de herir también a Kara. ¿Qué podía hacer? La angustia se apoderaba de ella.
Lena lloraba, aferrada a los barrotes improvisados, jamás había presenciado una violencia como aquella, y que su novia fuera una de las implicadas le rompía el corazón. Empezó a sopesar la posibilidad de que no saliera viva del combate y su llanto aumentó.
—Kara… no puedo perderte ahora que por fin estamos juntas… no puedo… —sollozaba— ¡Kara! —la joven Luthor levantó la voz al repetir el nombre de su novia.
La kryptoniana escuchó su súplica, y le bastó mirarla un momento para recuperar un poco la cordura. No tenía que matar a Kara 40, ése no era su objetivo, ¿qué le había pasado? Afortunadamente, Lena había logrado traerla de vuelta.
De pronto, los movimientos vertiginosos se detuvieron en seco. Kara tenía inmovilizada a su doble, aprovechando la ventaja que le suponía que aquella tuviera un brazo roto. La sujetaba con firmeza desde atrás, bloqueando los movimientos de sus brazos y sus piernas. Kara 40 forcejeaba pero no conseguía liberarse.
—¡Ahora, Maggie, dispara! —exclamó Kara.
—Pero las balas pueden alcanzarte a ti también —replicó Alex contrariada.
—No me importa, Alex, no tendremos más oportunidades así —explicaba Kara mientras sujetaba a su doble con firmeza— ¡vamos, Maggie!
—¡Suéltame, desgraciada! —ordenó Kara 40 inútilmente.
—Oh Dios, Kara… —musitó Lena desde su jaula al comprender lo que su novia estaba sugiriendo.
—No puedo permitir que hagas esto —declaró Lena 40—, no es justo para ti ni para tu Lena.
—Es mi decisión, no hay otra manera —afirmó Kara con seriedad—, confío en la puntería de Maggie —añadió con una sonrisa serena en su rostro teñido de rojo.
La detective debía apuntar a miembros, esquivando las cabezas y los torsos para evitar daños mortales, pues querían debilitar a la kryptoniana para poder quitarle el colgante, no acabar con su vida.
—¡Os mataré a todas! —chillaba Kara 40, pero nadie parecía escucharla.
Alex seguía dubitativa. Maggie esperaba órdenes con el dedo tembloroso apoyado en el gatillo. Las dos Lenas se resignaron ante la determinación de Kara. Y finalmente, Alex dio la orden y Maggie obedeció a su superior disparando varias veces. Pero Kara 40 logró moverse lo suficientemente rápido como para que las balas apenas las rozasen.
—¡Mierda! —masculló Maggie.
Kara 40 asestó a su doble un golpe con la cabeza, dejándola aturdida unos instantes, y se liberó de su agarre.
—No voy a dejar que podáis volver a dispararme —amenazó justo antes de lanzarse contra los agentes del DEO para desarmarlos. Kara reaccionó enseguida y voló detrás de ella para proteger a los hombres.
—Sí que te importa toda esta gente —se burlaba—, dejar que te golpeen a ti, que tienes los poderes de un dios, para salvar a esta chusma. No es el orden natural de las cosas.
—Ya me cansa tu discurso —contestó Kara mientras le devolvía un puñetazo.
—A mí me cansas toda tú —dijo Kara 40 volviéndose contra ella armada con una daga de kryptonita que le había quitado a uno de los agentes.
Kara no lo vio venir y recibió una puñalada en el costado que la hizo gritar. Su doble ni se molestó en sacarle el arma, la dejó allí, arrodillada y muy dolorida, tenía otros planes.
—A ver si así te relajas un poco —rio Kara 40 mientras se elevaba en el aire para contemplar a sus numerosos enemigos y decidir a por quién ir.
Lena 40 aprovechó el momento para correr hasta Kara y ver cómo se encontraba. Su novia no podía hacerlo, y observaba la terrible escena desde su jaula con impotencia.
—¡Kara!
—Por favor… sácame la daga… —pidió con dificultad, pues la kryptonita estaba envenenándola.
Lena 40 no dudó en hacer lo que le pedía y lanzó lejos el arma para que Kara pudiera recuperarse. Mientras tanto, Kara 40 había llegado hasta Maggie en un rápido vuelo que cogió a Alex por sorpresa.
—¿Cómo te atreves a dispararme? —escupió— Esta vez te romperé todos los huesos del cuerpo. —De un manotazo, le quitó el rifle de balas verdes, arrojándolo a cierta distancia.
—¡Maggie! —Alex gritó con horror y emprendió una loca carrera para llegar junto a su novia. Pero Kara 40 la habría matado si Kara no lo hubiese impedido a tiempo, lanzando sus rayos infrarrojos contra su doble, apartándola de Maggie el tiempo suficiente para que Alex llegase a su lado.
—¿Estás bien?, creí que te perdía —dijo Alex afectada mientras la abrazaba.
—Yo también, Kara me ha salvado, y debemos devolverle el favor, ¡es ahora o nunca! —exclamó sacando una pistola de su cinturón y apuntando a Kara 40 que se recobraba del último ataque recibido.
Maggie no dudó un instante y le disparó un tiro en la pierna. La kryptoniana rugió de rabia y se abalanzó contra ella, pero esta vez, Alex pudo interceptarla. Odiaba hacerle daño a su hermana, pero al fin parecía que se debilitaba y tenían una oportunidad de liberarla de la influencia del colgante. Aunque era más lenta que Kara 40, la kryptonita de su armadura y las heridas de su hermana jugaban a su favor, y logró golpearla repetidas veces, impidiendo que incluso se levantase del suelo.
Alex se irguió ante una Kara 40 derrotada que apenas se movía. Respiró con alivio, dejando salir a través de su boca toda la angustia que había experimentado en las últimas horas. Miró a Maggie y le dedicó una sonrisa. Sólo tenía que quitarle el colgante y la pesadilla habría terminado. Sin embargo, nadie pareció darse cuenta de que sólo con alargar el brazo, Kara 40 podía alcanzar el rifle de Maggie que yacía en el suelo detrás de ella.
—¡Me voy a deshacer de todas y cada una de vosotras… y empezaré por ti, maldita ladrona de identidad, por quitarme lo que es mío!
Apuntó hacia Kara, todavía en el suelo, apretó el gatillo una vez, y lo que ocurrió después les heló la sangre a todos.
—¡Lena! —exclamó Zatanna con los ojos muy abiertos y el rostro descompuesto— No he podido advertirles a tiempo… —se lamentaba.
—¡Ey, tranquila! —dijo Winn sobresaltado al verla despertar de esa forma— Estás a salvo, en el DEO.
—Tengo que ayudarlas, tengo que… tengo que ir con ellas —decía Zatanna sin parar mientras se bajaba de la camilla con torpeza.
—No creo que estés en condiciones de ir a ninguna parte —trató de disuadirla Winn.
—No me quedaré aquí esperando —aseguró.
Winn la vio tan decidida que no osó interponerse en su camino. Zatanna salió de las instalaciones del DEO tan rápido como pudo y se elevó en el aire ante la perpleja mirada del joven.
Lena 40 yacía en brazos de Kara con una herida de bala en el estómago. Había parado el proyectil con su propio cuerpo para que no alcanzase a la kryptoniana. Después de todo lo que había hecho por ella, por todas, no podía permitir que Kara muriera.
—¿Por qué lo has hecho, Lena? —preguntó Kara con los ojos húmedos.
—No mereces morir… —pronunció en un esfuerzo.
—Tú tampoco, maldita sea —masculló mientras trataba de detener la abundante hemorragia con una mano.
—Siento que todo haya salido mal… espero que me perdones… que todas lo hagan… —musitó.
—No tenemos nada que perdonarte —aseguró Kara tratando de sonreír—, te vas a poner bien… Lena, ¡Lena! —alzó la voz al comprobar que la joven Luthor no respondía y sus ojos estaban cerrados— ¡Despierta, por favor, no puedes dejarnos!... ¡Lena!
El grito desgarrado de Kara inundó el lugar.
CONTINUARÁ…
