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CAPÍTULO 21:
"Todo Corazón Necesita un Descanso"
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Los minutos pasaban y parecía que el ex artista nunca iba a dejar de llorar. El médico seguía sosteniéndolo y sobándole la espalda suavemente.
- No lo sé. – Susurró repentinamente. – No estoy seguro.
- ¿De qué cosa? – Estaba tan aturdido por todo lo que estaba pasando que no entendía a lo que el chico se refería.
- Me preguntaste si todavía lo amo, y en realidad no sé lo que siento por él. Fue una parte importante de mi vida y tenía planeado todo el futuro a su lado. Supongo que todavía lo quiero. Estoy hecho un lío.
- Entiendo, es normal. Toma tiempo para que el corazón sane e ir dejando atrás el pasado. Aunque las circunstancias no son las mismas, comprendo muy bien lo que estás diciendo porque solía sentirme así.
Blaine empezó a jugar con el filo de la camiseta de algodón del ojiazul. – Estoy muy confundido. Lo único que tengo claro es que me dolió ver ese reportaje.
- ¿Por qué? ¿Porque se va a casar o por la forma en la que lo hará?
- Ambas tal vez. Quizá porque era mi sueño. No sé. Lo lamento.
- Tranquilo, está bien. Si alguien puede entender el lío que hay en tu corazón y en tu mente, soy yo.
El de ojos como la miel iba calmándose poco a poco mientras envolvía la camiseta de Kurt en su dedo haciendo círculos.
El castaño pensaba acerca de lo horrible y detestable de la situación y lo vulnerable que estaba Blaine en ese momento. Meses atrás cuando lo conoció, jamás se hubiese imaginado verlo en tal estado. Aquel hombre era prepotente, grosero, alguien frío y aparentemente sin sentimientos. Él, al igual que muchos en el centro, sólo lo juzgaron por su comportamiento soez sin detenerse a pensar qué lo había llevado a eso.
Ahora lo sabía, conocía toda la historia y podía comprender la actitud osca de aquella persona. Pero quien estaba entre sus brazos sollozando era alguien muy distinto, éste era el verdadero Blaine Anderson que salía a flote después de haber permanecido oculto tras todos esos muros de frivolidad.
Rachel y Nancy habían sido las únicas capaces de ver más allá, y gracias a ellas el de rizos había ido cambiando, lo cual también le permitió a él acercársele y poderlo conocer. Podía entender porque el chico las apreciaba tanto.
- Kurt…
- Dime.
- ¿Me puedes ayudar? Quiero ir a la piscina.
Blaine pidiendo ayuda por un lado era algo bueno porque eso significaba que estaba cada vez bajando más sus muros, pero también era el equivalente a que no se sentía bien, porque sólo así acudía a alguien.
Había sufrido de muchas formas tanto física como emocionalmente y la vida seguía causándole más tristezas. Sentía rabia al recordar al francés ese y su descaro.
Él y Blaine se habían prometido ser el apoyo del otro, y estaba determinado a serlo en todos los sentidos. Se encargaría de darle momentos de alegría siempre.
¿Kurt?
- Disculpa. Me perdí en mis pensamientos.
- Me di cuenta. ¿Entonces?
- Claro, no hay problema. Voy por tu silla y enseguida nos dirigimos a la piscina.
- Gracias.
Una vez ahí, el castaño se lanzó al agua para comprobar la temperatura y alentó al de ojos dorados a entrar. – ¿Quieres que te ayude?
- No, puedo hacerlo, sólo no te alejes.
- Seguro. Aquí estaré.
Blaine sabía que no iba a tener todo el tiempo a alguien que lo estuviese sosteniendo o ayudando a ingresar o salir de cualquier piscina, por lo que había practicado hacerlo solo, claro que se le dificultaba, pero eso no iba a detenerlo, seguiría intentándolo hasta encontrar la mejor forma de lograrlo y perfeccionarla.
Con cuidado y todavía mucho temor se acercó a la orilla y se lanzó al agua.
Kurt lo observaba con orgullo. ¡Realmente lo admiraba!
Luego de batallar por unos segundos, logró salir a la superficie. – Tenías razón. La temperatura del agua está perfecta.
Ambos permanecieron en la piscina flotando alrededor de una hora. Y aunque casi todo el tiempo estuvieron en silencio, fue de esos momentos en los que las palabras no son necesarias.
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La luz de la mañana iluminaba la habitación y Blaine fue abriendo lentamente los ojos mientras los tallaba con sus manos.
A su mente llegó la imagen de haber despertado en la madrugada y haber visto a Kurt durmiendo a su lado, lo cual seguramente había sido un sueño porque no había ninguna otra explicación.
Con recelo miró hacia un costado y el otro lado de la cama estaba vacío. Deslizó su mano por el lugar, el cual estaba frío y suspiró. Había pasado mucho desde que durmió en una cama tan grande, y despertar solo no era una sensación agradable.
Sacudió su cabeza un poco, como tratando de despejar aquellas ideas y empezó a estirarse. Finalmente se abrazó a una almohada y volvió a cerrar los ojos hasta que el olor a comida lo hizo sentarse.
Minutos después, al entrar a la cocina vio al médico moviéndose al ritmo de alguna canción que seguramente escuchaba en su reproductor de música y sonrió. Se acercó y le tocó la espalda.
- ¡Oh! ¡Blaine! ¡Buenos días! – Se quitó los audífonos.
- ¡Buenos días Kurt!
- ¿Cómo te sientes? ¿Pudiste descansar?
- Sí, lo hice. Y estoy bien. ¿Tú qué tal?
- Todo bien. – Le sonrió.
- Gracias… Por estos días y lo de ayer en particular.
- Seguro, aunque no es necesario que me agradezcas. – Colocó una mano sobre el hombro de éste.
¿Quieres algo? Falta un poco para que esté la comida lista.
- No, está bien. Puedo esperar. Huele muy bien.
- Espero te guste. No soy un experto en la cocina, pero sé preparar una que otra receta.
- No era necesario que cocinaras.
- Quise hacerlo.
Lo vio colocar el reproductor a un lado antes de darle la vuelta a algo que tenía en una olla.
- No te detengas por mí. Sigue escuchando música. ¡Ah! Y tengo que decir que bailas muy bien.
- No, no lo hago, pero a veces sólo me dejo llevar.
- De eso se trata el baile. Tienes que sentirlo en el alma. – Sonrió por unos segundos, pero aquella sonrisa se fue desvaneciendo hasta convertirse en una mueca.
Kurt entendió lo incómodo de la situación, aunque quiso probar algo, y rogaba no equivocarse.
- ¿Bailarías conmigo?
- ¿Te estás burlando de mí acaso?
- ¡No! ¡Nunca! Pero no me vas a decir que no te puedes mover. Además, como tú mismo acabas de decir, es algo que se debe sentir en el alma.
Blaine miró hacia un costado y cerró los ojos por unos segundos.
~ FLASHBACK ~
- Vamos Benoît. Un baile. Quiero intentarlo.
- No es posible Blaine. ¿Cómo vas a bailar?
- Sólo movámonos. – Buscó una canción en la radio.
El actor se acercó a él y se inclinó un poco. – Bien. Hay que tratar. – Se le sentó en las piernas. – Muévete.
- Pe…pero… ¿Qué haces?
- No pensarás que voy a estar frente a ti. Sería absurdo. Además, me puedes golpear con la silla.
- Quítate de encima.
- ¿Cómo más se supone que lo vas a hacer?
- ¡Que te quites te dije! ¡No soy un maldito mueble! – Lo empujó.
- ¡Quién carajo te entiende! Dices una cosa y después sales con esto.
- Eres un idiota.
- No, no, no. ¡No vayas a llorar de nuevo! Estoy cansándome de que llores todo el tiempo.
- ¡Déjame en paz! – Se acercó a la radio y la aventó contra el suelo.
- ¿Por qué mierda hiciste eso? ¿Qué es lo que te pasa Blaine? ¿Estás loco acaso?
- ¡Lárgate y déjame solo Benoît!
- Bien, pero no me vuelvas a decir que quieres hacer algo conmigo o que te ayude con alguna cosa. – Salió de la habitación y aventó la puerta con fuerza.
~ FIN DEL FLASHBACK ~
- ¿Blaine? ¿Blaine? ¿Me escuchas? – Lo removió ligeramente del hombro.
- Sí… Ah… Yo…
- Lo lamento si te incomodé o te hice sentir mal de algún modo.
- Amaba bailar. – Los ojos se le llenaron de lágrimas que limpió de inmediato.
- Entonces baila conmigo. Pero no aquí porque no hay espacio, además que hace calor ya que el horno está encendido.
- Es… No… – Quería hacerlo. Tal vez sería frustrante, pero era algo que alguna vez deseó tanto intentar. Había visto en la televisión un concurso de baile entre personas que estaban en silla de ruedas, así que sabía que era posible.
Una vez en la sala, vio al ojiazul buscar una canción en el reproductor y conectarlo a los parlantes.
Empezó a respirar con dificultad porque no quería volver a pasar por lo mismo. Si Kurt intentaba sentarse en sus piernas no podría soportarlo.
El castaño se acercó a él y se inclinó un poco. - No, por favor no. Otra vez no. - Rogaba en su mente y cerró los ojos.
- Blaine…
Cuando los abrió vio que éste tenía extendido el brazo hacia él y sonreía dulcemente.
¿Bailamos?
- Yo… No puedo.
- No hay nada que Blaine Anderson no pueda hacer. – Lo tomó de la mano y empezó a balancearse suavemente. – Eres la persona más extraordinaria que he conocido en toda mi vida, y no me voy a cansar de decirte lo mucho que te admiro.
- Kurt…
- ¿No te gusta la canción? Puedo poner otra. – Se apartó para ir en busca del reproductor.
- No lo hagas. Esa canción me gusta mucho.
- ¡Qué bueno! – Regresó y se ubicó cerca del pelinegro, quien unos segundos después comenzó a moverse un poco de forma incómoda.
Varias canciones más sonaron y finalmente había logrado relajarse y estaba disfrutando de la música. Se deslizaba con más soltura, y aunque sabía que sus movimientos eran torpes, no le importaba.
Kurt giraba por momentos a su alrededor, aunque se mantenía de frente la mayor parte del tiempo.
Ambos se detuvieron debido al olor a quemado. El ojiazul pegó un grito y corrió a la cocina mientras exclamaba por su comida, lo que hizo reír a Blaine.
Afortunadamente se logró salvar la mayoría y veinte minutos después estaban sentados a la mesa disfrutando de su brunch.
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Rachel estaba en el área de descanso del centro de rehabilitación conversando con unos compañeros cuando alguien la llamó a lo lejos.
- Necesitan hablar contigo. – Dijo el chico amablemente.
- Enseguida voy. – Se despidió del grupo y se encaminó intrigada hacia donde estaba el joven. – ¿Quién me busca?
- Lamento molestarte. En realidad están buscando a Anderson, pero como eres una de sus enfermeras y Nancy tiene el día libre, pensé que tal vez podías atender a esta persona.
- ¡Oh! Esto es inusual, pero está bien. Vamos.
Se dirigieron al área de visitas y ahí el joven la llevó hasta donde estaba sentado un hombre elegantemente vestido.
La ojimarrón lo observó detenidamente, ese rostro le resultaba conocido, pero no recordaba de dónde.
- Ella es Rachel Berry. – Dijo el asistente acercándose al visitante. – Una de las enfermeras personales del señor Anderson. Me retiro para que puedan platicar.
- Muchas gracias.
- No hay de qué. – Se alejó a paso veloz dejando a los dos solos.
La castaña extendió la mano. – Mucho gusto. Dígame, ¿en qué puedo ayudarlo?
- El gusto es mío. – Correspondió el saludo. – Mi nombre es Benoît Leblanc y he venido porque necesito hablar con Blaine.
- Él no se encuentra aquí en este momento. Salió por el fin de semana.
- ¿Salió? Él jamás ha abandonado este lugar.
- No se trata de abandono. Los residentes aquí son libres de salir cuando deseen mientras no lo hagan en el horario de sus terapias. Esto no es un hospital.
- Sí, comprendo y conozco las reglas del lugar. A lo que me refiero es a que Blaine ni siquiera salía de su habitación y usted me está diciendo que no está en el centro. ¿Tenía algún chequeo o algo que…? Es que…
- ¿Sucede algo?
- No se ofenda, pero lo que me dice no tiene sentido. Él después del accidente se volvió tan huraño, frío y perverso.
- No le permito que se exprese de esa forma de Blaine. Si bien tenía un carácter un poco difícil, jamás fue perverso. Creo que debería elegir mejor el vocabulario que usa o informarse de lo que significan las palabras antes de pronunciarlas.
Una persona perversa es aquella que hace daño a otros de forma premeditada y disfruta de aquello, y él nunca ha hecho algo así.
- ¿Con qué derecho me habla de esa forma? Me está faltando el respeto y no voy a…
- ¡El respeto se gana, no se exige! Y como no tengo más nada que tratar con usted, me retiro.
- ¡Esto no se queda así! ¡Voy a poner una queja! – Alzó la voz.
- Por mí puede hacer lo que quiera, me da igual. – Respondió en un tono severo.
- ¿Qué sucede aquí? – Se escuchó a alguien decir mientras se aproximaba.
- Esta señorita que me ha faltado el respeto.
- Voy a reportarte Berry. – Dijo en un tono serio y reprobatorio y luego se giró hacia el hombre que estaba de pie a un costado. – No sabe cuánto lamento esto, voy a… ¿Benoît?
- ¿Kenneth? ¡Qué pequeño es el mundo!
- Ya lo creo. Pero vamos a mi consultorio para que hablemos con tranquilidad.
- Seguro.
- Y tú Rachel, vas a disculparte con… ¿A dónde se fue? ¡Esta mujer me va a volver loco!
- ¿Siempre es así de altanera?
- Rachel Berry puede ser una verdadera pesadilla. – Empezaron a caminar alejándose del lugar. – En fin, yo me encargo de hacer el reporte sobre su conducta.
– ¿Desde cuándo trabajas en el centro?
- Unos pocos meses, pero no es permanente. ¿Y a ti que te trajo por aquí?
- Necesito hablar con Blaine.
- Aquí es mi consultorio, la segunda puerta a la derecha. – Ingresaron y se acomodaron. – Tengo entendido que ustedes terminaron.
- Sí, hace casi un año y medio. Y la verdad estoy algo nervioso porque no sé cómo va a reaccionar ante mi presencia. No nos hemos visto en todo este tiempo.
- Debe ser algo muy importante lo que te trae por aquí entonces.
- Lo es. Y por eso me urge que tengamos esa plática.
- Voy a pedir que lo lleven al área de visitas.
- No está aquí.
- ¿Cómo que no está?
- Eso fue lo que me dijo la enfermera aquella.
- Permíteme confirmarlo. – Marcó un número en el teléfono intercomunicador de color gris que estaba en su escritorio. – Por favor señorita, necesito que me verifique si Blaine Anderson salió del centro. – Esperó varios segundos. – Bien, gracias.
- ¿Qué pasó?
- Efectivamente, salió el viernes.
- ¿El viernes? ¿Cómo es eso posible?
- Él es un completo misterio.
- ¿Y no hay forma de saber cuándo va a regresar?
- No. Los residentes firman un registro cuando van a salir y vuelven a firmar al regresar. Eso es todo. Por lo tanto no tengo idea de cuándo volverá ni a dónde fue.
- ¿Puedo esperarlo aquí? Tal vez regrese pronto.
- Claro que sí. Tengo unos minutos antes de que empiece mi turno. ¿Quieres algo de beber?
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¿Qué se habrá creído el cretino ese? – La ojimarrón iba hablando sola mientras se dirigía hacia su casillero. – Venir a expresarse de esa forma y todavía tener el descaro de exigir respeto.
- Rachel, ¿qué sucede? – Sintió que alguien la sujetó suavemente del brazo.
- Dra. Silver, buenas tardes.
- Buenas tardes. No te pregunto cómo estás porque es obvio que vienes contrariada. ¿Algún problema con alguien?
- De hecho, con un visitante.
- ¿Cómo es eso?
- Honestamente, fui grosera con ese sujeto, pero me molestó que se expresara de esa forma de Blaine. No tenía por qué decir algo tan ruin de él.
- ¿Estás tratando de decirme que alguien vino a visitar a Blaine y habló mal de él?
- ¡Así es! Me emocionó saber que tenía visitas, pero cuando el francés ese prepotente dijo esas cosas, mi sangre hirvió.
- ¿Francés? ¿Acaso su nombre era Benoît?
- Sí, ese mismo. – Respondió con molestia. – ¿Lo conoce?
- Era el prometido de Blaine.
- ¿Se iba a casar con ese sujeto tan nefasto?
- ¿Nefasto? Benoît es una de las personas más dulces que he conocido. No tienes idea de cómo lo cuidaba y estaba pendiente de él en todo momento. Aun cuando Blaine no quería verlo, él seguía viniendo y preguntando por sus progresos y si había algo que pudiese hacer para ayudarlo.
No sé cuál fue el motivo, pero ellos terminaron hace más de un año y Blaine estuvo muy deprimido. Después de eso se volvió más esquivo con todos. Siempre he supuesto que fue su manera de salir adelante y superar la depresión. Él detestaba que alguien lo viene vulnerable de cualquier forma.
Pero ¿qué quería? No entiendo para qué viene después de todo este tiempo. Y sinceramente no creo que a Blaine le haga ningún bien verlo.
- Cualquiera que sea la razón, está aquí. Y coincido con usted.
¡Ah! Me olvidaba de algo, posiblemente Garret va a venir a notificarle de mi comportamiento.
- ¿Y qué fue exactamente lo que hiciste?
- Le dije al sujeto ese que no le iba a permitir que se expresara de esa forma de Blaine, y que el respeto se ganaba.
- ¿Eso es todo? Yo también le hubiera dicho algo similar.
- Sí. Pero Kenneth es insufrible.
- No te preocupes, yo me encargo. Y gracias por tu sinceridad.
- Gracias a usted.
¿Cómo es posible que las personas cambien tanto? Esos dos deberían quedarse juntos a ver si entre ellos se terminan destrozando el uno al otro. – Dijo para sí misma. Sin embargo su tono de voz no fue bajo ni delicado.
- ¿A qué te refieres? ¿Cuáles dos?
- Lo lamento. No me haga caso. Pensaba en voz alta.
- Bien, aunque eso fue raro. Deberías ir con Blaine, no quiero que…
- No está. Salió por el fin de semana.
- ¿Estás segura? – La chica asintió. – ¡Eso es fantástico! En realidad es un gran progreso para él. Me has alegrado la tarde con esa noticia.
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Hummel y Anderson habían llegado al anochecer al centro y se dirigían hacia la habitación del segundo mientras conversaban cuando una voz los detuvo.
- ¡Blaine! ¡Llegaste!
Kurt notó como el de ojos como la miel detuvo la silla abruptamente y se ponía pálido.
Un hombre desconocido caminó hasta quedar frente a ellos de forma nerviosa.
- ¿Qué haces aquí?
La voz de Blaine sonó tan débil y apagada que el castaño supo de inmediato que no era nada buena la presencia de aquella persona.
- Tenemos que hablar.
- No tengo nada que hablar contigo.
- Es importante que lo hagamos.
- No quiero. Déjame en paz.
- He venido desde lejos sólo para que platiquemos.
- Ya le dijo que no, y no puede forzarlo a que lo reciba.
- Disculpe, ¿usted quién es?
- Kurt Hummel. Soy el fisioterapeuta de Blaine.
- Mucho gusto. – Extendió la mano en forma de saludo. – Mi nombre es Benoît Leblanc.
En ese momento el castaño apeló a todas sus fuerzas para no agarrar al actor de la camisa y propinarle una golpiza, porque a su parecer, era lo menos que se merecía.
¡Ya veo que el personal en este lugar no es nada amable! – Dijo con molestia al quedarse con la mano en el aire.
El pelinegro movió la silla hacia un costado para avanzar, pero el artista colocó sus manos sobre los posa brazos con fuerza para impedirle el paso.
- ¡Quítate de mi camino! – Lo miró con una mezcla entre dolor y rabia.
- Tengo que decirte algo importante.
- No me interesa.
- No me voy a ir hasta que hayamos hablado.
- ¡Maldición! Dilo, pero luego te vas a alejar de mi vida para siempre.
- Vamos a un lugar privado.
- ¡No! Lo que tengas que decir sólo hazlo rápido.
- Me voy a casar… Quería que lo supieras por mí y no por otros medios.
- Llegaste tarde.
- ¡Oh! Lo lamento. Yo debí decírtelo… Aun así, tenemos que hablar.
- Ya escuché suficiente en ese programa. Ahora lárgate.
- Todavía no.
Kurt apretó los puños y no pudo resistir más. – Te voy a pedir de la forma más cortés posible que te alejes de Blaine y no vuelvas a buscarlo. Y si insistes, entonces me veré precisado a tomar acciones drásticas.
- Definitivamente el personal de este centro no tiene idea de cómo tratar con los demás.
Ayudarlo con sus terapias no te da ningún derecho a intervenir ni a decirme lo que puedo o no hacer.
- ¡Tengo todo el derecho del mundo!
- ¿Ah sí? ¿Y se puede saber por qué?
- ¡Porque Blaine es mi novio!
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* brunch: Comida en donde se combina el desayuno y el almuerzo.
