"Capitulo 21-Returning to the past"
A la mañana siguiente, se levantó agotado como si no hubiera dormido nada en toda la noche, aunque de cierta manera si lo pensaba bien, hace mucho tiempo que no dormía como debía hacerlo. Luego de apartar a Karupin de su lado, caminó al baño esperando darse una ducha que lo ayudara a despertar. Pero antes de desnudarse, tomó su celular para ver qué horas eran y se sorprendió al notar que iban a ser cerca de las siete de la mañana. "¿Qué día es?" Pensó aturdido, ni siquiera podía recordar que día había sido el anterior y lucía confuso con lo extraño que estaba el clima, el sol resplandecía tanto que le parecía extraño que hace apenas unos días llovía.
Una vez que entró a la ducha, se aplicó shampo en su cabello y comenzó a frotarse, recordando el sueño que había tenido la noche anterior con cierta chica que había fallecido supuestamente por su culpa y se preguntó ¿Qué significaba en verdad ese tipo de sueño? Había oído hace un tiempo que en los sueños se almacenaban deseos reprimidos que no podían llevarse a cabo en el día, si lo pensaba bien quizás era eso, había soñado con ella esperando que la diera una solución a sus problemas, esperando que de alguna forma volviera al pasado y cambiara todo, pero eso no era más que una simple ilusión, ya que sabía que era imposible que pudiera retroceder el tiempo.
Cuando salió de la ducha, se sorprendió al ver su reflejo frente al espejo, ya que su rostro no se parecía en nada a como se encontraba los días anteriores, es más, era como si su cabello se hubiera vuelto más sedoso y su rostro, increíblemente parecía haber rejuvenecido. Luego de secarse y cambiarse de ropa, Ryoma salió al pasillo luciendo la unos short negro y una playera de color celeste, le sorprendía que incluso el pasillo de su casa lucía distinto, tal vez era porque no había regresado a su casa el último tiempo. Pero su rostro se sorprendió aún más, cuando notó que su prima lucía un nuevo corte de cabello.
— ¿Cuando te cortaste el cabello?—Le preguntó extrañado
— ¿Eh? ¿No lo habías notado? Lo hice hace un tiempo
—Debe ser por mi ausencia que no lo noté—Reflexionó.
— ¿Qué ausencia? Nos hemos visto todos los días.
— ¿Eh? Pero si no he venido a casa desde lo que sucedió con Sakuno.
— ¿Sakuno? ¿Quién es?—Preguntó emocionada— ¿Estás saliendo con alguien y no me lo dijiste? —Esbozó una amplia sonrisa. —Mmm Sakuno...me suena a la nieta de tu entrenadora ¿Es ella?
—Pero si la habías conocido
— ¿De verdad? Qué extraño, jamás habría olvidado ese detalle. Ni la tía ni el tío deben saberlo, quizás lo soñaste. Por cierto, baja a desayunar o se te hará tarde.
— ¿Qué día es hoy?
—Lunes ¿Por qué?
—No es nada. —Susurró sin entender nada, eso quería decir que no estaban en vacaciones y debía cambiarse de ropa.
Después de cambiarse de ropa nuevamente, regresó a la cocina sin preámbulos, viendo como su prima le llevaba platos a la mesa, la cual incluso parecía distinta, se preguntaba dónde estaba la de vidrio, era mucho mejor que esa de madera. Era todo tan extraño, pero lo que más le sorprendía era que Nanako se hubiera olvidado de su novia ¿Cómo se había olvidado de ella? Sí siempre la mencionaba, además había llorado por su muerte y se había obsesionado con el entrenamiento después de eso ¿Porqué era tan distraída? ¿Se había pegado en la cabeza o algo así? No entendía nada.
Luego de haber tomado su desayuno, miró su celular una vez más para ver qué horas eran, pero entonces se encontró con que el fondo no era el mismo que tenía ni tampoco estaban los últimos mensajes que se había enviado con la castaña, todo parecía haber sido borrado como si nunca hubiera sucedido ¿lo habrían hecho los demás para hacerlo sentirse mejor? Sin embargo, se encontró con más sorpresas que no esperaba escuchar, una de ellas era que su madre se encontraba viviendo en el extranjero hace un año, lo que le impactaba porque creía que no volvería a suceder eso ¿Qué estaba pasando? ¿Cuántas cosas se había perdido desde que había estado entrenando afuera? Ignorando lo sucedido, caminó hacia la puerta, mientras oía como su prima comentaba con su padre lo extraño que actuaba. Si se detenía a pensarlo un momento, todos los acontecimientos que estaba viviendo eran muy similares a los que había vivido tiempo atrás, cuando cursaba Septimo grado, lo que le parecía aún más extraño, era como si hubiera retornado a esa época sin previo aviso.
Recorrió los pasillos de su Instituto nostálgico, recordando que antes solía hacerlo con la castaña en los recreos y se sintió triste, en momentos como esos, deseaba volver en el tiempo y evitar que cosas así volvieran a suceder. Suspiró, pero eso no volvería a suceder, porque ella ya no estaba.
—Ryoma-Kun ¿Qué haces aquí?—Le preguntó una voz familiar, cuando volteó hacia dicha voz, vio a Kachiro siendo acompañado por el resto de los novato por el pasillo. — ¿Has venido a ver a los titulares? Porque no se encuentran por ahora, los estábamos buscando y han salido.
—No los buscaba, iba a entrar a nuestro salón.
— ¿Eh? Pero si nuestro salón no está aquí en el cuarto piso, sino abajo en el segundo ¿Acaso lo olvidaste?—Preguntó extrañado Horio.
— No lo olvidé, es imposible que nos toque en el segundo piso, porque en ese pasillo van los de…séptimo grado. —Los miró atónito
—Sí, en ese curso estamos ¿Te sucede algo?—Lo miraron preocupados.
—No es nada, sólo estaba un poco distraído—Susurró confuso ¿De verdad se encontraban en esa época? ¿Acaso lo estaba soñando? Sí eso era verdad...entonces ella aun estaba ahí.
— ¿Estás bien? Ryoma-Kun—Preguntó Kachiro confuso
—S-Sí lo estoy, por cierto ¿Han visto a...Ryuzaki?
— ¿Ryuzaki-San?—Habló Kachiro desconcertado, sabiendo que era extraño que la buscara.
—Sí... ¿Se encuentra aquí?—Preguntó, pensando que quizás no todo había vuelto a la normalidad y en verdad ella no estuviese ahí.
—Sí, la he visto en el patio—Susurró Kachiro confuso
—Está bien, thank you.
Dichas esas palabras, caminó hacia el patio trasero, sintiéndose ansioso de verla, pese a que si se encontraban en esa época, no podría ser capaz de acercarse demasiado, ya que en ese tiempo no eran tan cercanos. Aún así, se conformaba con sólo verla. Por ello, recorrió los pasillos a zancadas, todo el patio lucía de la misma forma que antes, intacto a lo que era el presente, pero había gente que lucía más joven ante sus ojos. Sintió su corazón latir, sintiendo como su mente la llamaba, quería verla. Aunque fuese un sueño, una ilusión o tal vez estuviera fantaseando despierto, quería verla. Entonces identificó el sonido de una pelota a la distancia, sólo había una persona que jugaba así y era en quien mismo estaba pensando en ese momento.
—Ryuzaki...—Pronunció su apellido inconscientemente, viendo como ella se giraba hacia él sonrojada. Anhelaba tanto ver eso, su rostro sonrojado de esa manera.
—R-Ryoma-Kun…—Susurró—No pensé que llegarías tan temprano ¿Te sucede algo? Te noto extraño. —Percibió como la observaba fijamente, logrando cohibirla.
—No es nada, estoy bien—Sentía deseos de abrazarla, pero sabía que no podía, si se encontraban en séptimo grado, en ese entones no hablaban tanto. —Sólo...estoy un poco distraído ¿En qué fecha estamos?
— ¿Eh? Viernes 05 de octubre
— ¿De qué año?—Se acercó más a ella para contemplarla, se veía pequeña, más bien lucía tal cual era en su primera instancia en Japón.
—Del año 2007 por supuesto...
—Es decir que tenemos doce años...Y he llegado a Japón hace unos meses—Pensó en voz alta, logrando que la castaña lo mirara aun más confusa. Había retrocedido dos años atrás.
—S-Sí ¿Porqué...? ¿Acaso te sucedió algo?—Preguntó nerviosa.
—No es nada en verdad...—Susurró cabizbajo, viendo como se había perdido la cercanía que tenía con ella, pero no importaba...incluso si había olvidado todo, estaba a salvo y eso era lo importante, pero ¿Por qué había vuelto a esa fecha y no a otra? Si quería cambiar el destino, debería haber vuelto un minuto antes del accidente...eso habría cambiado las cosas. Recordó las palabras que le había dicho Haruna antes de despertar ¿Acaso el precio que debía pagar era ese...? ¿Que volviera atrás y ella olvidara todo?
—Ryoma-Kun ¿Te sientes bien?—Se preocupó viendo como se perdía en sus ojos, nunca la miraba tanto y menos de tan cerca. Nerviosa lo tomó de su muñeco para conducirlo al interior del Instituto, estaba actuando demasiado extraño. —Vamos a la enfermeria, no puedes ir a clases en ese estado.
La miró sorprendido, ella actuaba con la misma impulsividad que aquella vez en que su ojo había sangrado, se preguntaba si ya había vivido ese momento o no, sin embargo eso no importaba ahora, estaba más concentrado en sentir la cálidez de sus manos, se sentía tan real que no podía creer que se tratara de un sueño.
—No es necesario, Ryuzaki. —Se detuvo, mientras ella lo observaba avergonzada
—P-Pero...no estás bien, puedo sentirlo—Susurró—Puede que no hablemos mucho, pero yo...he aprendido a conocerte y por eso me preocupa que estés así. —Se sonrojó, dejando caer su mano— Lo siento...he hablado de más, creerás que soy tonta. Mejor me voy.
Sakuno volteó para correr como siempre lo hacía, pero no se percató que había una piedra más grande de lo normal en su camino que la hizo tropezar abruptamente, sin embargo el ambarino alcanzó a tomarla en sus brazos para evitar que se cayera. Sus miradas se encontraron en medio de la nada, Sakuno se sonrojó de tal manera que Ryoma comprendió al fin lo distraído que había sido durante tanto tiempo, ella siempre había estado enamorada de él y no se había percatado. Una vez que la ayudó a enderezarse con cautela, Sakuno se apartó de él con el rostro color carmín, su corazón latía a mil y no podía controlarlo.
—G-Gracias, Ryoma-kun.
—No es nada y no creo que seas tonta. —Susurró.
—Pero he hablado demás…porque en verdad me preocupa que actuando extraño, como si no supieras siquiera en qué año estamos y eso no es propio de ti.
—Sé a qué te refieres y no eres la única que me ha hecho ese tipo de comentarios, pero supongo que hoy estoy un poco distraído, porque no dormí bien. —Suspiró—Pero no me siento mal, si es lo que te preocupa.
—Puede que el sueño sea un factor, pero aún así es extraño que no recuerdes cosas así.
—Lo sé, pero créeme.
—Lo haré. —Sonrió apenada por lo sucedido—Bueno creo que es hora de ir al salón.
—Sí, tienes razón. —Conocía esa mirada, quería escapar y no podía evitarlo en esos momentos.
Las clases fueron aburridas como siempre, lo peor de todo es que la materia de séptimo grado se la sabía de memoria, aún si habían pasado años desde que no la veía, podía recordarla perfectamente. Y quizás ese tipo de talento que tenía de poder recordar bien tanto fechas como acontecimientos, era lo que le jugaba en contra en esos instantes en que no había sido capaz siquiera que percatarse si quiera en qué día y año se encontraban. Sin embargo, no volvería a desorientarse en ese tipo de cosas, teniendo en cuenta que ya sabía en la época exacta en que se encontraban, así que podría ahora si podría simular bien que no era de ese tiempo.
El día avanzó con lentitud o al menos esa sensación le había dado al ambarino, teniendo en cuenta que en esa época su relación con la castaña era muy distinta a lo que solía ser en la actualidad, por lo que debía conformarse con sólo mirarla a la distancia en lugar de preguntarle cómo se encontraba o si había experimentado algo extraño en los últimos días, pero no, no podía decirle nada al respecto, porque eso sólo conseguiría preocupar a los demás. Por ello, cuando fue la hora de salida, guardó sus cosas en su mochila y caminó hacia la entrada del Instituto, mientras Sakuno sonreía con su mejor amiga a la distancia, suspiró no le gustaba para nada el pasado.
—¿A quién miras con tanta atención? —Apareció Momo a su lado haciendo una sonrisa burlona.
—A nadie. —Gruñó.
— ¿Seguro? Me pareció que veías a Ryuzaki.
—Estás equivocado. —Bufó, negando lo ocurrido.
—¿A dónde vas?
—Al entrenamiento por supuesto.
—No hay.
— ¿Eh?
—El capitán lo mencionó ayer.
—Ah estaba distraído.
—No me sorprende. —Se burló. —De seguro pensabas en Ryuzaki.
— ¡No es así!
—Sí, como digas. —Se encogió de hombros.
Ryoma siguió a su mejor amigo en medio de la ciudad, no tenía idea a dónde dirigían, pero algo en ese camino se le hacía familiar "¿acaso son las canchas de tenis callejero?" pensó en sus adentros. Entonces no fue necesario preguntar nada más, porque en cuanto identificó la entrada, supo que se encontraban ahí. Luego de haberse instalado, ambos se ubicaron en sus respectivos lugares y se prepararon para jugar tenis. Ryoma se sentía inquieto de tomar una raqueta otra vez en sus manos, teniendo en cuenta lo obsesionado que había estado con el tenis los últimos meses.
— ¿Estás listo? Echizen.
—Por supuesto. —Se familiarizó con la raqueta otra vez.
—Bien, aquí voy.
—Esperen. —Habló la voz de una chica que hizo erizar la piel del ambarino— Tú eres Ryoma-Kun ¿Verdad? —Al verlo asentir prosiguió. —He oído hablar mucho de ti.
—No es de sorprender, Echizen es muy popular. —Se burló Momo.
—Así veo ¿es cierto que eres el tenista más joven de Seigaku?
—Es el enano del grupo. —Se burló nuevamente Momo. — ¿Qué te ocurre? Echizen ¿Te comió la lengua el gato?
—Sólo reflexionaba de dónde sacabas chistes tan malos. —Bufó el ambarino, reaccionando finalmente a sus palabras. Conocía muy bien a esa chica, era Haruna Otani y el chico que estaba a su lado…era Kyo Otani, los responsables de lo que le había sucedido a Sakuno, no podía creerlo que se encontraban ahí.
—Ryoma-kun…quería pedirte un favor.
—Sí, dime.
—Pues…me gusta mucho jugar tenis, pero no soy tan buena como tú en algunos tiros, por esa misma razón…quería pedirte si es posible que me tomes como tu discípula.
— ¿Eh? ¿Estás segura, Haru-chan? —Habló alarmado Kyo
—Lo estoy, onii-chan. Necesito que alguien me enseñe y me gustaría aprender por mí misma ¿Puedes ayudarme, Ryoma-kun?
—No me dedico a enseñarle a las personas a menudo. —Susurró sin saber cómo responder a esa pregunta, sin cometer el mismo error otra vez. —Sin embargo, podría hacerlo ésta vez.
— ¿Qué? —Preguntó Momo sorprendido, no podía creer que su amigo aceptara a una pupila tan de repente, considerando que él se acostumbraba a rechazar a otras ¿Porqué esta vez no lo había hecho?
—Pero antes quisiera saber ¿Perteneces a algún club de tenis?
—No, no he podido ingresar a ninguno.
— ¿Porqué?
—Por mi condición, nadie quiere aceptarme.
—Ya veo. —Suspiró, no podía ser frío con ella ésta vez. —Desconozco que tipo de condición tienes, pero debes saber que si quieres entrenar conmigo, no será fácil.
—Lo sé, pero estoy preparada para ello. —Sonrió. —Daré lo mejor, Ryoma-Sempai.
—Bien, entonces comencemos con la primera lección. —Miró a Kyo. —Juguemos dobles para ver cuáles son sus habilidades y luego entrenaremos los puntos débiles de cada uno.
Luego de jugar dobles y organizar las próximas sesiones con su nueva pupila, Ryoma caminó a darse una ducha a unos camarines que habían a un costado de la cancha. Si lo pensaba bien, podía sacar las mismas conclusiones de la otra vez con respecto a su modo de juego, mientras Kyo Otani se destacaba por sus movimientos ágiles, Haruna presentaba ciertas dificultades en el modo en que ejecutaba la raqueta y también en la posición que empleaba, aunque todavía creía que le faltaba mucho por aprender, no podía darse por vencido con ella, ya que debía ayudarla costara lo que costara. Después de despedirse de los hermanos Otani, Ryoma caminó con su mejor amigo de regreso a casa, Momo lo seguía mirando incrédulo ante lo que acababa de hacer.
—¿Porqué lo has hecho? Echizen —Preguntó intrigado. —No puedo entenderlo, no eres de las personas que tienden a aceptar tan fácilmente las solicitudes de los otros, realmente no lo entiendo.
—No hay nada que entender.
—¿O es que te gusta ella?
—Imposible, apenas la conozco.
—Eso es lo más extraño…además es más pequeña que nosotros, debe estar en primaria incluso ¿Crees que será capaz de hacerlo bien?
—No lo sé, pero puede aprender a hacerlo.
— ¿Tú crees? Además ¿Qué condición se supone que tiene?
—No tengo idea.
— ¡¿Eh?! ¿No lo sabes y aceptaste hacerlo? no puedo creerlo.
—Sí. —Se encogió de hombros, no podía decirle la verdad, si lo hacía, creería que había enloquecido.
—Estás actuando muy extraño hoy.
—Me lo han dicho. En fin, es hora de irme. —Le dio la espalda. —Nos vemos, Momo-Sempai. —Sentenció, dejando a su amigo confundido, lamentaba mentirle de ese modo, pero si le decía la verdad sólo conseguiría inquietarlo aun más.
Al día siguiente, tal como lo había acordado se reunió con los hermanos Otani a entrenar, si bien Kyo no necesitaba el entrenamiento, aún así solía acompañar a su hermana en cada lección que tenía, en caso de que tuviera una recaída por su condición. Las primeras lecciones fueron sencillas, Ryoma en lugar de enseñarle las técnicas que Momo creía que le enseñaría, el ambarino se preocupó de dar lecciones sobre cómo aprender a controlar bien la raqueta y también a trabajar su postura, ya que una vez que Haruna hubiera dominado tales tareas, sería capaz de hacer todo lo demás. Además Haruna tenía resistencia pese a la condición que tenía y sabía que podría llegar muy lejos si se esforzaba un poco más. Si bien aún no manejaba perfectamente las técnicas, sabía que en un tiempo más podría lograrlo.
Sin embargo, lo más difícil no era enseñarle, sino era ver a la castaña todos los días a la distancia, y no poder estar junto a ella como deseaba hacerlo. Cada vez que intentaba hablarle más seguido, sólo conseguía que ella se sintiera más confusa, incluso inquietando a quien los veía. Lo que no le extrañaba, porque sabía que en ese tiempo no era cercano tan cercano a ella.
Un día, inesperadamente Haruna no llegó al entrenamiento, lo que le sorprendió al ambarino, considerando que jamás faltaba ni mucho menos llegaba tarde. "¿No vendrán hoy?" le había preguntado Momo y realmente no tenía idea. Intentó no prestar atención a su ausencia, como lo haría su yo de ese entonces, no obstante no pudo hacerlo, por ello en cuanto estuvo solo, decidió llamar a Kyo para saber que sucedía. En cuanto lo hizo, sintió un escalofrío recorrer su piel, "Estamos en el hospital, ha sufrido un ataque" le había dicho Kyo. Sí Haruna moría, sabía que Sakuno a la larga también lo haría y nuevamente su esfuerzo sería en vano. Tenía que hacer algo, pero no sabía qué. Entonces le anunció a Kyo que iría a verlos, lo que sorprendió a su hermano.
Después de correr unas cuadras, Ryoma llegó finalmente al hospital, estaba tan agotad que no se detuvo a pensar siquiera que ese mismo hospital en el que se encontraba, era el mismo en que había perdido a la castaña. Suspiró, ahora sólo debía encontrar la habitación en qué se encontraba Haruna, había sido tan distraído que había olvidado preguntarle eso a Kyo. Sin embargo, no fue necesario preguntarle a nadie, porque en cuanto recorrió el pasillo, se encontró con que Kyo y su madre caminaban por el mismo camino.
—Echizen…no creí que tendrías.
—Tenía que hacerlo ¿Cómo está?
—Por ahora está siendo examinada, así que aún no sabemos nada.
— ¿Cómo ocurrió?
—Fue inesperado, íbamos de camino a la práctica y Haru-chan comenzó a sentirse mal. Creíamos que era un ataque al corazón, pero al parecer no fue eso.
—Ya veo...—Suspiró y sentó a su lado.
—Oh tú eres Ryoma-Kun ¿Verdad?—Sonrió una mujer de cabello gris con algunas arrugas en su rostro—El entrenador de Haru-Chan.
—S-Sí...
—Yo soy su madre...Muchas Gracias por venir.
—No es nada, sólo quería saber cómo estaba—Susurró sin mirarla.
A las pocas horas, un hombre de bata salió de la sala de urgencias con un informe en sus manos, lucía de la misma forma que aquella aterradora noche en que Sakuno había fallecido, esperaba que ésta vez no fuera a darles la misma noticia. Al mencionar el nombre de la paciente, Kyo y su madre se pusieron de pie de un salto, mientras Ryoma analizaba la forma en que el doctor se comportaba, viendo si era capaz de adivinar sus pensamientos.
— ¿Cómo se encuentra? Haru-Chan—Preguntó exaltada su madre
— ¿Qué fue lo que le sucedió?—Le interrogó Kyo
—Creemos que el desmayo que tuvo se ocasionó producto del estrés que llevaba. —Murmuró el doctor, analizando la mirada de todos. —Y pensaba que tenía que ver con la condición que tenía, sin embargo tras examinarla y realizarle todo tipo de exámenes encontramos algo extraño.
— ¿Qué es?—Preguntó Kyo confuso.
—Cuando revisamos sus exámenes, nos percatamos que el carcinoma que afectaba uno de sus pulmones ha desaparecido. No entendemos porque, ni cómo ha sucedido, pero ya no está.
— ¿Qué quiere decir? Doctor ¿Acaso se ha ido a otro lado?—Habló la mujer muy alterada—El cáncer que tenía Haru-Chan era de tipo maligno, se supone que los doctores decían que no iba a sobrevivir.
—No se ha ido a ningún lugar, simplemente ha desaparecido.
— ¿Eh? ¿Cómo? ¿Es decir que mi pequeña ya no tiene cáncer? ¿Puede suceder algo así?
—Así es, Haruna ya no tiene cáncer, lo que quiere decir que podrá tener una vida plena a partir de ahora. —Esbozó una sonrisa. —Casos así suceden 1 en un millón de veces, podría tomarse como un milagro.
—Haru-Chan no morirá, Kyo-Kun...—Cayó de rodillas la mujer, mientras Kyo la abrazaba y lloraba junto a ella. —Todo es gracias a Kami-Sama.
—Es un milagro. —Lloró Kyo.
Ryoma era el más sorprendido de todos, no podía comprender cómo un simple acto había conseguido cambiar el destino tan radicalmente. Se preguntaba si de esa misma manera, podría hacer que Sakuno no falleciera otra vez. Si algo que deseaba más que nada en esos momentos, era poder hacer que ese milagro fuera posible.
Con el pasar de los días, la salud de Haruna fue mejorando cada vez más, lo que impulsó a los médicos a darla de alta dos semanas después del ataque, teniendo en consideración que contaba con los cuidados necesarios para ser tratada en casa. Ryoma solía juntarse con ella de vez en cuando a ayudarla a perfeccionarse, estaba más radiante que nunca, eso no podía negarlo. En cambio él, no podía dejar de pensar en la castaña con la que se encontraba diariamente. Aunque si lo pensaba bien, sí el destino de Ryuzaki en verdad era morir, prefería quedarse en ese época un tiempo más y aprovechar todo el tiempo que no estuvo junto a ella durante todos esos años.
Un día tras salir del Instituto, iba caminando por las calles en silencio, percibiendo como la castaña se alejaba una vez más con sus amigas, cuando de repente Haruna apareció frente a él luciendo su uniforme de Primaria.
—Haru ¿Qué haces aquí?
—Sempai...He venido porque debo hablar contigo.
— Dime.
—Primero que todo, quería agradecerte por todo lo que has hecho por mí, gracias por tenerme paciencia en los entrenamientos y por haber aceptado ayudarme. Nunca creí que lo harías realmente.
—"Yo tampoco" —Pensó el ambarino.
— Pero desde el momento en que lo hiciste, algo cambio en mi...sentí grandes deseos de vivir, aún sabiendo que eso sería imposible. Quizás por eso Kami-Sama fue capaz de hacer el milagro, porque sabía de mis deseos de seguir viviendo. — Esbozó una gran sonrisa—Por esa razón, pienso entrar a un club de tenis pronto, para poder ser tan buena como tú...antes no me aceptaban por mi condición, pero ahora que se ha ido, no tendré problemas.
—Tienes razón, deberías intentarlo. Y en lugar de ser como yo, deberías ser como tu hermano, él en verdad es admirable.
— ¿Eh? Nuestra relación no es muy buena que digamos.
—Aún así, se ve que eres importante para él.
— ¿De verdad?—Sonrió—Él también es muy importante para mí, lo quiero mucho...Además éste último tiempo se ha estado acercando más y eso me pone muy feliz.
Ahora que lo pensaba, Kyo Otani no era tan malo como pensaba que era, si bien se mostraba frío y distante en un comienzo, se notaba que se preocupaba mucho por su hermana, incluso siendo capaz de dar todo por ella. De alguna manera se parecía a él.
Luego de despedirse de Haruna, Ryoma caminó rumbo a su casa, al fin había hecho algo bueno de lo que no tendría que lamentarse en el futuro. Iba a doblar en la esquina siguiente, cuando alguien gritó su apellido a la distancia, confuso miró hacia atrás y se sorprendió al encontrarse con nadie menos que Kyo Otani, el chico en el que estaba pensando en ese preciso momento.
—Echizen...—Susurró agotado
— ¿Qué sucede? Otani
—Y-Yo...te vengo a dar las gracias por todo lo que has hecho por mi hermana. Gracias a ti, ella se salvó.
—No lo creo, que ella se haya salvado no fue obra mía.
—Lo sé, pero me refiero que gracias a ti…ella desistió de morir. No quise decirte antes, pero el ataque se ocasionó porque tuvimos una discusión. —Susurró avergonzado. —Yo estaba enfadado porque consideraba que ella entrenaba demasiado y la juzgaba por eso. Sin embargo, Haruna me sorprendió diciendo que quería vivir y no morir sin hacer nada con su vida. Entonces a los pocos minutos sucedió...—Susurró triste, viendo como él lo observaba confuso—Estaba tan asustado, no sabía qué hacer, corrí al hospital con ella y apenas llegué rogué que la atendieran. Creí que sería el fin, pero me alegro que no haya sido así. Pero todo es gracias a ti, Echizen.
—No me agradezcas nada, ya te dije que…
—Lo sé, pero aún así…gracias por todo. Si hubiese algo que pudiera hacer por ti, lo que sea, por favor dímelo.
Kyo lo miraba con total honestidad, esperando que él le dijera que podía hacer por él. Pero sabía que por mucho que controlar ciertas cosas de la vida, ni Otani ni Haruna podrían traerle de vuelta aquello que había perdido o más bien iba a perder tiempo después.
— ¿Has oído hablar de mis habilidades? Puedo manejar ciertas cosas, puedo hacer lo que sea. —Intervino sus pensamientos Kyo.
—Sí tuviera algo que pedir...sé que no podrías cambiarlo.
— ¿Cambiarlo? ¿Te refieres algo en relación con el destino? ¿Qué es?
—No es nada importante. No te preocupes. —Susurró, caminando hacia su casa. — Lo único que debes hacer es cuidar a tu hermana...Sí los milagros existen, no permitas que sea en vano.
— ¿A qué te refieres?
—Qué deberías aprovechar de estar a su lado. Porque si algo he aprendido, es que no sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes.
—Hablas como si...hubieras perdido a alguien.
—Algo así, pero no tiene importancia ahora. —Susurró, viendo a la castaña invadir su mente una vez más—Lo que quiero decir es que debes permanecer a su lado y apoyarla en todo a partir de ahora. —Suspiró—En fin, debo irme.
—Tienes razón...Gracias por los consejos, eso haré...Cuidaré a Haruna, lo prometo.
Una vez que entró a su casa, ignoró a todos los que se encontraban en la cocina, incluyendo a su madre que ya había llegado a Japón. Estaba cansado, no tenía deseos de hacer nada, sólo pensaba en la castaña y sentía como su pecho comenzaba a estremecerse. Por ello, luego de llegar a su habitación, se acostó en su cama y cerró los ojos de una vez. Entonces comenzó a recordar el sueño que había tenido hace un tiempo con Haruna en que le deseaba suerte con cambiar el destino y ahora que lo había hecho, se preguntaba si el destino de Sakuno habría cambiado con tales acciones.
Se encontraba en un parque con la castaña a su lado, no sabía qué día, hora ni en qué fecha se encontraban, pero estaba feliz porque Sakuno estaba a su lado, con eso era suficiente. Era un día tan radiante que sentía que sus ojos comenzaban a arder.
— ¡Hay mucho sol! —Se quejó la castaña.
—Si quieres puedes usar mi gorra. —Habló el ambarino, entregándole su gorra.
—Gracias, Ryoma-Kun.
"Sakuno…" Susurró, viendo su rostro con cuidado, no podía creer que estaba a su lado otra vez. Entonces sus brazos se acercaron a ella, intentando alcanzarla, estaba tan cerca, pero a la vez tan lejos. No obstante, antes de lograr conseguirlo, la escena cambió radicalmente y Sakuno desapareció en medio de la oscuridad. Escuchó el sonido de una bocina de fondo, luego el grito de la castaña y los recuerdos del hospital comenzaron a invadirlo nuevamente.
— ¡Ya basta!—Gritó, haciendo que todo desapareciera y se encontrara en un lugar oscuro. —No quiero seguir recordando cómo sucedió todo...no lo soporto.
—Lo sé...yo tampoco—Susurró la castaña apareciendo frente a él. —No quiero recordar como nuestras vidas se separaron. Dicen que por algo pasan las cosas, quizás nosotros no estábamos destinados, después de todo. —Fingió una sonrisa.
—No digas eso, no es verdad...Porque si hubiera sido así, entonces nuestras vidas ni siquiera se habrían entrelazado. —Tomó su mano—No le temo ni al destino ni a la muerte, porque a pesar de todo lo que hagan para separarnos, no lograrán hacerlo de todo.
— ¿Qué quieres decir? Ryoma-Kun.
—Te hice un juramento y lo voy a cumplir, voy a seguir luchando contra el destino. —Suspiró—A veces pienso que prefiero verte tal como te he visto estos meses, a la distancia...Qué verte morir frente a mis ojos.
—Pero…eso implicaría que jamás hubiésemos hablado. —Susurró triste.
—Es verdad, pero sí eres feliz de esa manera, lo toleraré.
Al despertar, sintió como los primeros rayos de sol se encontraban en su rostro y lo obligaban a levantarse. Aturdido caminó hacia el baño para darse una ducha, se sentía extraño, como si hubiera dormido más de la cuenta. Iban a ser las diez de la mañana, si no se apresuraba pronto, Nanako iría a regañarlo. Por ello, luego de darse una ducha y vestirse, caminó rumbo a la cocina para tomar su desayuno.
—Ryoma ¿Qué haces vestido así? —Preguntó Nanako sorprendida.
— ¿Eh? ¿Qué clase de pregunta es esa? —Bufó el ambarino. —Debo ir a clases, por supuesto.
— ¿Clases? Pero si estás de vacaciones.
— ¿Vacaciones?
—Así es, las clases han finalizado hace unas semanas. Entrarás al tercer trimestre el 15 de noviembre. —Se burló Nanako. —Quizás estas confundido porque dormiste demasiado hoy. —Suspiró—Pensar que el otro año entrarás a Preparatoria y sigues siendo un distraído.
— ¿Preparatoria?
—Oh no puedo creerlo ¿También olvidaste tu edad? Dentro de dos meses más cumplirás quince años.
—15 años...—Susurró recordando que esa edad cumpliría cuando estaba junto a ella, eso decir que había vuelto al presente. Pero lo extraño era que ella se había ido en diciembre, si se encontraban a fines de octubre, quería decir que aun no sucedía nada tal vez.
Su conversación fue interrumpida con el sonido del timbre, lo que obligó al ambarino a caminar hacia la puerta como si estuviera hipnotizado, sus manos sudaban y su corazón latía a mil. Esperaba con todas sus fuerzas que se tratara de ella.
Continuará...
