Disclaimer: El universo de Crepúsculo no me pertenece, ya que es propiedad de Sthepanie Meyer. La trama es mía. Y el fic es sin ánimo de lucro, sólo para entretener a los lectores.

Cap. 21 VISITAS

Las notas de la música que inundaban mi habitación hicieron que poco a poco me relajara, ya todo estaba hecho. No sabía que más ocurriría, pero ya no me importaba, acabaría el ciclo escolar, y eso suponía mis visitas nocturnas a Edward, lo único que podría hacer de ahora en adelante. Hasta que ya no pudiera más con esto y terminara largándome. ¿Qué beneficio me podía aportar seguir detrás de Edward si él no sentía nada por mí?

Fue en ese preciso momento que escuché como todos salían de la casa. ¡Perfecto! Nadie estaba ahora. Sola para variar y ser más específica.
Y entonces escuché pasos subiendo la escalera. Era imposible, no había sonido alguno más que el de unos pasos. Mis dedos se congelaron en las teclas de mi preciado piano.

Tocaron a la puerta y no pude evitar decir:

—Adelante.—Se abrió poco a poco la puerta, mi rostro que daba al ventanal miró hacia la lejanía y observé por unos segundos a Jasper que me sonrió muy alegre.
Entonces el aroma embriagador de Edward se coló por la habitación inundando mis sentidos. Esto debía ser una broma, pero ¿porqué?

—Hola Bella.—Volteé despacio, dispuesta a desengañar a mi olfato y oído, pero fallé estruendosamente, mis ojos de inmediato localizaron a un Edward algo intimidado, pero dispuesto a continuar ahí. Mi familia me había regalado un poco de intimidad con él.

—Hola Edward—fue lo único que dije. Y él se acercó un poco más a mí. Cuando quedó casi enfrente de mí, alcé mi vista hacia él, era más alto que yo, y me perdí por completo en ese verde esmeralda increíble.

—Tenemos una plática pendiente —yo no podía salir de mi asombro. Él había venido hasta mi casa, donde estaba llena de vampiros ¿para hablar conmigo? Sin embargo no podía quedarme como estatua frente a él, por lo que le señalé el sofá.

Fue hacia él mientras yo me sentaba en otro pequeño sillón casi frente a él. No sabía realmente que quería decirme. Finalmente rompió el silencio.

—Yo… te debo una disculpa, no pretendía irme así, pero yo… —¡ah! Ahora entendía, como todo caballero se disculpaba por lo sucedido. Sonreí con tristeza.

—No tienes nada de qué disculparte Edward, ni tenías porqué venir hasta aquí sólo para…—no me dejó terminar.

—No lo entiendes ¿verdad?— pude ver y oler su sonrojo tan delicioso como siempre, aunque no se le notaba mucho para ser humano, yo podía detectarlo a la perfección. También observé como movía sus manos con nerviosismo. Y ya estaba muy intrigada, entonces ¿qué era lo que deseaba? Definitivamente no lo entendía. Pero muy dentro de mi crecía la intriga y una muy diminuta esperanza.

—No me importa lo que seas Isabella Cullen, no me importa que seas vampira, bruja o banshee, yo… —si hubiera tenido un corazón humano, ya hubiera sufrido un infarto de la angustia. Acaso ahora alucinaba—te amo.

Esas palabras pronunciadas por su aterciopelada y dulce voz, me enviaron al más absoluto cielo de felicidad.

—¿No dirás… nada?— sus palabras me trajeron de regreso a este planeta sumiéndome en la alegría mas contagiosa.

—¿Me amas? ¿De verdad me amas? — Entonces sus preciosos ojos se iluminaron de felicidad, provocando sensaciones indescriptibles en mi. Asintió y puso su mano en su corazón, que latía frenético.

—Sólo late por ti. —Para ese momento ya estaba cerca de mi. Su aroma me saturaba por completo, pero eso sólo enviaba mensajes de felicidad a mi cerebro. ¡Me amaba, era mío!

—No puedo creerlo.—Mi mano se acercó lentamente a su rostro, tan hermoso, tan cálido. Y lo rocé suavemente, él cerró los ojos ante mi caricia y gimió suavemente, haciendo que el sonido de su gemido hiciera vibrar mi cuerpo entero.—También te amo, mucho más de lo que puedas imaginar.

—¿Puedo… tocarte?—Asentí demasiado dichosa para negarle algo.

—Cierra los ojos… por favor.—lo hice de inmediato y pronto sentí el calor de sus suaves manos tocar mi rostro, su corazón latió más aprisa mientras su otra mano se colocaba en mi mejilla.— Tan hermosa, que parece imposible que seas real…—musitó cerca de mi mejilla. Y de pronto el mundo se detuvo o eso pareció para mi. Su cálido aliento bañaba mi rostro. No podía creer que lo haría. Fue tan lento y delicado, como si yo fuera de porcelana y no de dura piedra. Y entonces lo sentí, algo completamente suave y cálido, eran sus labios. Abrí mis ojos en ese momento porque mi sed se disparó y tuve que hacer un enorme esfuerzo para no abalanzarme sobre él y beber su sangre.

Cuando él abrió los ojos y vio los míos solo dijo:

—Uy—le miré controlando cada músculo de mi cuerpo que pugnaba por atraparlo en mis brazos y deleitarme con su sangre. Retrocedió despacio, un poco. Eso era suficiente para mi.

—Eso es quedarse corto—le musité mientras mi sed se calmaba y mis ojos volvían a su color.

—Lo siento, si eso te hace daño… yo— ¿qué decía? ¿hacerme daño? Cuando era yo quien podía matarlo, tuve que sonreír ante la ironía.

—Jamás podrías hacerme daño físico. Soy yo quien teme hacerte daño, soy yo quien puede arrebatarte la vida en un segundo. Mi naturaleza monstruosa hace que…—sus cálidos dedos se dirigieron a mis labios y el choque de su calor aún antes del contacto me hizo callar. Él me miraba sorprendido y su corazón latía desbocado.

—No digas eso Bella, tú eres increíble, eres … —soltó un suspiro frustrado mientras su rostro mostraba lo concentrado que estaba en sus pensamientos y palabras.

—No tengo palabras para describirlo, no eres justa contigo misma, eres como un sueño hecho realidad…—sólo sonreí con tristeza ante esas palabras. Mi Edward pensaba que yo era un sueño, cuando la única verdad era que era una completa pesadilla. Sin embargo las palabras de él eran un bálsamo para mi. Por fin escuchaba de sus labios que me amaba. ¿Acaso lo merecía? Claro que no, pero como todo ser egoísta, me alegré infinitamente y no quise pensar en el futuro. Quería disfrutar el momento, mi momento.

—Eres todo un caballero Edward. Pero no es así. Tienes que conocerme como lo que soy…—nuevamente no me dejó terminar.

—Eres lo que yo necesito, lo que amo. Eso es suficiente para mi.—Y por primera vez sonreí feliz. ¡Claro que estaba feliz!

—¿Crees que tus padres se molesten si te visito?—Él quería verme, quería venir a una casa llena de vampiros, como si fueran humanos normales. Alcancé a escuchar a mi madre Esme.

"Nos sentiremos profundamente dichosos de que así sea Bella. Dile que ahora esta también es su casa."—Sonreí nuevamente y Edward me miraba ¿fascinado? Si era yo quien no podía creer en la fabulosa suerte que me tocó.

Miré hacia sus preciosas esmeraldas y no podía creerlo, ahí estábamos desafiando lo que el destino me había querido hacer. Ahí estuve con él un rato platicando de muchas cosas sin importancia, pero para mi eran cruciales. Finalmente se despidió my lo vi partir en el trasto viejo que tenía. Al dar la vuelta en el camino y desaparecer, mi familia estaba junto a mí. A excepción de Emmett. Pero no importaba, yo era feliz.

—Al fin. ¿Crees que ahora sí puedo hacerme amigo de mi "cuñado"?—le sonreí feliz y asentí. Mi madre me abrazó al igual que mi padre y pude leer en sus mentes lo inmensamente felices que eran de que finalmente yo hubiera encontrado alguien a quien amar.

—Es un chico adorable…—murmuró mi madre, mientras mi padre la abrazaba y avanzaban hacia el interior de la casa.

"No dejes que nadie te vea Bella"—fue lo ultimo que dijo mi madre mientras yo comenzaba a correr. Pronto alcancé la camioneta de Edward y lo seguía de cerca. Al llegar a su casa, subí al árbol que daba a su ventana. Y desde ahí pude escuchar todo lo que hacía. Ya había oscurecido y no temía que alguien me pudiera ver, no desde la altura en que estaba.

Finalmente cuando todas las luces se apagaron, y los pensamientos consicientes terminaron, trepé a su cuarto y entré.

No podía cansarme de verlo, tan guapo, tan varonil, tan tierno. Miraba sus rasgos grabándolos en mi memoria. Y lo escuché perfectamente cuando murmuró:

—Bella… te amo… no me vayas…—Me acerqué lentamente y después impregnando mis pulmones de su esencia, saturé una vez más todos mis sentidos de mi Edward. Bajé hasta su rostro y tuve el valor de tocar sus labios con los míos. Apenas fue un leve roce, y en eso Edward abrió sus ojos, cuando se despertó bien. Yo ya no estaba ahí, le miraba desde el árbol y él pensó que era un sueño, volvió a acostarse y pronto volvió a quedarse profundamente dormido. Y esa sería una dulce, muy dulce forma de pasar el tiempo con él, acostumbrarme a su olor y a esta nueva experiencia que es la felicidad.


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