Capítulo 21

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Esa genio, extraño comportamiento.

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Cada cierto tiempo de lectura, las letras cambiaban de posición y se revolvían para dar paso a nuevos enunciados, los colores brillantes y neutros se mezclaban de manera que el lector se sentía atraído por lo que observaba.

-Nada mal para una chica… ¿Ehh?- dijo orgullosa mientras se miraba las uñas y sonreía divertida, ya tenía un apuro menos para su gran día de mañana.

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Estaban sentados en el comedor, esa tarde los seres sobrenaturales habían acordado cocinar algo muy ligero y lleno de nutrientes para el ojimiel, el demonio dedujo que la genio tenía un régimen muy estricto para la alimentación del rubio y el niño dentro del adulto ponía de su parte dejando de lado los berrinches.

-Entonces, ¿Quieres unirte al lado oscuro?- preguntó el rubio mientras adquiría valor para comerse el primer bocado de guisantes con condimentos ligeros, pero aún quedaba toda la gama de verduras sabiamente elegidas contando las calorías, vitaminas y minerales. -¡¿Qué tan rudo eres, Michaelis?!- agregó mientras trataba de parecer rudo comiéndose de un bocado sus habas hervidas.

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-Amo, no hable con la boca llena de comida… y no apunte a las personas con tenedores, ni cuchillos- pidió la pelicobre mientras se limpiaba elegantemente la comisura de sus labios con una servilleta, el rubio bajó los cubiertos e hizo un puchero de niño enojado. Sebastián observaba a ambos comer mientras él solo se mantenía al margen de la conversación -Sebastián, como adultos responsables debemos darle el ejemplo a mi Amo de que las verduras son deliciosamente saludables, hágame el favor de cooperar en esta noble causa.- se dirigió a él con una parsimonia que escondía una peligrosidad que le parecía divertida al demonio, aún no creía como era que esa mujer poseía tanto poder que era temida por ese ángel, solo esa explicación podía encontrar para que Miguel no fuera a pelear con ella personalmente.

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-¡Buuu!... eso no es nada rudo, Sebby. Una mujer te doma y sin usar sus prendas… de…- comenzó a callar al observar la leve sonrisa que se formaba en los labios de la ojiazul, no quería que lo convirtiera en algún animal que le desagradara, se metió a la boca otro bocado, ahora de apio y soja -Mmmm… sabe mmm mbien…- murmuró tratando de que sus mejillas no demostraran el asco que su paladar sentía. El demonio también se unió a la cena, se sentía extraño estar sin su Joven Amo y eso lo notó el ojimiel -Sebby, no te preocupes… Cielito esta cenando rico… nyam nyam.- dijo mientras se tocaba el estómago en señal de satisfacción y tratando de hacer sentir mejor al pelinegro.

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-Díganos por favor, ¿cómo se encuentra la señorita PerisDevasht?- preguntó la matriarca de la mansión Middleford, el conde se sentía observado por toda la familia de la ojiverde, la cual trataba de matar con la mirada a su hermano mayor que tenía la mano sobre un tenedor con todas la intensiones de utilizarlo contra el ojiazul.

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-La señorita Darlyn se encuentra bien, les manda sus saludos y felicitaciones por su nueva adquisición Norcoreana.- contestó haciendo a la ojiverde tensarse y al padre de la familia tranquilizarse de que su posible yerno supiera con qué familia se estaba metiendo. El conde ojiazul se dio cuenta que mezclando las respuestas que le comentó el rubio y sus palabras cordiales, el resultado era bueno.

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-Que atento de su parte estar al tanto de nuestros avances en el imperio de las armas… y también al mandar dulces cada mes. Espero envíe nuestros saludos al Joven D´LaRose- comentó el padre de familia mostrando agrado por la compañía de esa tarde, la rubia no pudo evitar sentirse tranquila y plena al estar presente en esa mesa, sentía dudas al inicio cuando miró esos ojos azules profundo, pero ahora ya no más: estaba segura que lo conocía desde hace mucho.

La sonrisa leve de su hermana lo hizo tranquilizarse, nunca la había visto tan contenta con una persona desconocida, no le gustaba que fuera un chico el que causara eso en su hermana, pero debía aceptar que ella ya tenía edad para tener un novio y hacer su vida como él lo haría con su prometida unos meses después. Dejó a un lado el tenedor y ese pequeño gesto fue observado por la rubia ojiverde, la cual le agradeció mostrando una hermosa sonrisa genuina.

La plática fue amena, llena de opiniones acerca de política, comercio y problemas actuales de la sociedad, era sencillo para el conde hablar de esos temas ya que su papel en la nobleza le enseñó a hablar civilizadamente sin perder su punto, también debía dar crédito a las explicaciones "breves" que le dio el ojimiel usando como apoyo unos muñecos hechos de calcetines y botones.

El momento de despedirse llegó, los padres de la ojiverde estaban fascinados con la nueva amistad que había hecho su hija, claro que tenía un permiso más que ganado para salir con el Joven Phantomhive.

-Lamento si mis padres te atosigaron con ese tipo de preguntas… no suelen conocer a muchos jóvenes.- se disculpó mientras caminaban por el jardín, ella lo acompañó hasta su coche y sabía que sus padres estarían observando todo desde las cámaras que tenían instaladas los miembros del escuadrón de la CIA.

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-Tus padres son personas muy interesantes, sin embargo considero que necesito conocer más a tu hermano.- dijo él cuando llegaron a su coche azul, ambos guardaron silencio sin saber qué decir o hacer ahora, ella tenía la incertidumbre ya que nunca había estado tan cerca de un chico y él no sabía cómo hablarle a la que fue su prometida hace siglos.

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-La presentación quedó perfecta, estoy segura que sacaremos una buena nota- comentó ella mirando hacia otro lado, si nadie decía nada sería mejor que ella dijera algo que era acertado y qué mejor que hablar del asunto que los unió ese día.

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-Yo también pienso lo mismo, ya podremos relajarnos mañana…- dijo haciendo a la rubia recordar el evento y no creyendo que un chico que le gustara la política y el buen té, le gustara divertirse en convenciones orgullosamente Otaku -Pasaremos por ti mañana, debo irme… no son horas de que una dama esté fuera de casa. Hasta mañana.- le dijo educadamente haciéndola sonreír levemente, se sentía extraña y tonta, pero era una sensación que le gustaba.

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-Vete con cuidado, y gracias.- dijo evitando mirarlo ya que sabía que estaba sonrojada, él sonrió levemente al arrancar el coche… la Lizzy que él conocía podría salir de nuevo.

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"Quiero que piensen que es la mejor presentación en vivo, quiero que todos te miren mientras bailas y se asombren con tus movimientos… deseo que sea espectacular"

Recordó las palabras del rubio en referencia de su primera presentación en vivo, todos creían que Luka Megurine solo prestaba su voz y no era real ya que nunca se le vio caminando por ahí. Ya habían visto a Miku, razón por la cual tenía que vestir el estilo Punk para poder ir a la escuela todos los días. Con Rin y Len el asunto se arregló con sombreros y lentes oscuros, por más absurdo que se escuche. Kaito no tuvo gran problema ya que no le molestaba cambiar el color de su cabello cada semana, se había hecho habitual comprar pelucas. Meiko fue algo especial, con su gran poder para beber, consiguió amigos verdaderos con los cuales irse de fiesta salvaje. Gakupo estaba muy ocupado en el hospital y su cabello natural era blanquecino, así que no llamaba mucho la atención, eso sumado a que su peinado era diferente. Pero Luka… Luka no podía presentarse en eventos fuera de la ciudad ya que tenía que cuidar a un rubio problemático, dar clases en el instituto, ser ama de casa, enfermera, traductora y heroína en ocasiones especiales.

-Yoru, mientras yo bailo mañana, tu darás vueltas alrededor sobre un láser volador- le dijo al siberiano que la miraba entretenido mientras esos dedos delgados se movían por el teclado de la computadora, esa noche debía terminar el reporte de ventas para que el rubio lo firmara y presentarlo a hacienda, también debía repasar la coreografía por última vez y preparar los cosplays de los tres caballeros de la casa. -Será una noche larga…- suspiró derrotada mientras se levantaba a cerrar la puerta del estudio, pero antes colocó en el picaporte un pequeño pero elegante letrero que decía "No molestar, Genio trabajando".

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-¡Yo digo que hagamos una noche de hombres con juegos de azar y mujerzuelas!- dijo el rubio animadamente ganándose una mirada seria por parte del ojiazul, se encontraban en la cocina los tres ya que a Sebastián le fue encomendada la tarea de hacer la cena a base de verduras y carne con poca grasa para el rubio -¡Buuh! Son unos aburridos los dos… tenemos una noche sin vigilancia de mi Danguito y ustedes quieren ver cómo se cocina la carne lentamente…- dijo bajándose de la silla y buscando que hacer para no aburrirse, era lo malo de tener demonios chapados a la antigua.

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-Acaso, ¿ya olvidó la última vez que hizo algo sin "vigilancia" de su genio?- preguntó el demonio mayor mientras esparcía las especias sobre la carne cocida al vapor a fuego lento, ese comentario inteligente hizo que el ojimiel inflara las mejillas y mirara hacia otro lado, pero esa conversación apenas comenzaba, ya que el de cabellos cenizos pudo observar la leve sonrisa que se asomó por los labios del rubio.

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-Eso fue diferente, mi Danguito tenía le desventaja de estar dentro de su botella… pero me has hecho pensar en una pregunta más interesante- dijo el rubio para después mostrar una sonrisa amplia y curiosa, el demonio guardó silencio en espera de contestar las preguntas del ojimiel, solo para mantenerlo entretenido -Si te encerraran dentro de alguna habitación confinada, te dijeran "Sebastián… es una orden, NUNCA salgas de este lugar"… y después tu contratista estuviera en peligro, ¿podrías salir de ahí?- preguntó el chico hiperactivo haciendo al conde y al ex-mayordomo callar y prestar atención, el rubio miró a los dos caballeros que no sabían cómo responder a esa pregunta -Buena pregunta, ¿verdad?- dijo el rubio ya teniendo la atención de los demonios, el silencio y el vapor de la cazuela se incrementaron mientras los dos demonios pensaban en alguna respuesta "coherente" para solucionar esa incógnita -No se quiebren el coco… solo quería que supieran el gran esfuerzo que tiene que hacer mi genio cuando se tapa su botella, cosa que nunca había pasado…- se quedó pensativo imaginando los peligros que correría si pierde a Darlyn con la botella cerrada.

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-Tengo entendido que la señorita Darlyn fue liberada por ti y por alguna extraña razón se quedó contigo- le comentó el de cabellos cenizos dando por ganada la discusión civilizada, el pelinegro sonrió levemente, parecía que el rubio no recordaba que su Joven Amo era un excelente observador y estratega. El rubio cerró los ojos, esperaba que su amigo demonio contestara la pregunta acertadamente.

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-Exacto, pero cuando se cierra la tapa… es como si volviera a estar encadenada.- comentó haciendo a ambos demonios extrañarse, la genio era reconocida por ellos ya que el cuidado extremo que tenía con las cosas del rubio era algo que también debía tener por sus cosas -Mi Danguito lo único suyo que tiene es esa botellita, que por ahora es mía, y esa tapadera de diamante negro… bueno, Yoru también es de ella. Esas dos pertenencias que deberían ser su más preciado tesoro son su más grande condena si se unen con ella dentro. La última vez, pudo salir porque Yoru estaba dentro con ella…- explicó mientras Sebastián recordaba como la genio pasaba varios minutos del día observando esa piedra y cuando estaba cerca del poseedor de la botella, escondía su mano izquierda o la alejaba lo más normal posible -Si, mi bella genio puede ser extraordinariamente fuerte, sabia y linda, pero también tiene debilidades y cosas que no le gusta decir.- tal vez parecía que el rubio le gustaba hablar solo de la pelicobre, pero lo que en realidad estaba haciendo era preparar a los demonios que los acompañarían de ahora en adelante, no quería que la ojiazul se sintiera poca cosa cuando pasara lo que inevitablemente debía pasar.

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Salió de la habitación del ojimiel dando por terminada su velada de "costura extrema", bostezó y sobó su cuello mientras volvía a su lugar de trabajo esa noche, sus pies pesaban por esos zapatos de tacón alto que el rubio le tenía estrictamente prohibido quitarse en público o durante una pelea, cosa que había desobedecido haciéndola sentir culpable, "Fue por una buena causa" se dijo a si misma mientras caminaba despacio a la sala de prácticas, ahí citó al felino para terminar de montar la coreografía y mostrarle cómo debía volar alrededor de ella.

-¿No piensa cenar hoy?- preguntó una voz a sus espaldas haciéndola voltear y sonreír levemente al demonio que la observaba desde hace minutos atrás, el de orbes rojizos notó algo diferente en ella, parecía distraída y un poco más lenta de lo normal -Saltarse comidas no es un muy buen ejemplo para el Joven Castiel.- añadió reprimiéndola suavemente, ella negó levemente e iba a decirle algo pero su estómago le tomó la palabra haciéndola morderse los labios. El demonio observó atentamente cada uno de sus gestos, la pelicobre parecía menos brillosa que de costumbre y algo cansada sin embargo lo pasó por alto -Venga conmigo… la acompaño a cenar.- dijo tomándola de la muñeca, pudo sentir su pulso cambiar radicalmente y miró ese sonrojo en sus mejillas tratando de permanecer seria, definitivamente algo le ocurría a la ojiazul que caminaba a su lado.

Mientras ella comía tranquilamente sin mirarlo a los ojos, hablaron de temas que parecerían sacados de una película de fantasía y sobrenatural. Llegaron al tema de acontecimientos importantes en sus "vidas" y de sus Amos.

-La inquisición en América- preguntó él sonriendo levemente, ella asintió un poco más animada mientras comía helado con mermelada y cajeta -Es increíble ver como los humanos pueden autodestruirse sin ayuda de los demonios- comentó suspirando mientras ella lo observaba y pensaba en algún otro acontecimiento.

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-Como por ejemplo el holocausto- dijo ella recordando a su antiguo Amo con el que hizo cosas que jamás se sentiría orgullosa de hablar, tocó su labio sintiendo ese leve escozor en la comisura, su mirada se tornó triste y desvió la cara hacia la puerta -Yoru me espera en la sala de prácticas…- se levantó al mismo tiempo que él lo hizo, ella lo miró algo extrañada y él pudo apreciar su nerviosismo al acercarse a ella, era más tímida que lo normal -Y-yo debo…- calló al sentir el dedo enguantado de Sebastián, que a pesar de haber aprendido a esconder su sello, la costumbre no se olvidaba. Ese dedo apaciguó el ardor de su comisura mientras se paseaba delineando esos rosados y ligeramente carnosos labios.

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-¿Por qué huye de mí?- preguntó el demonio mientras colocaba su otra mano en su mejilla, era divertido hacerla enojar, sin embargo era mucho más interesante verla tratando de evitarlo. Ella se encontraba debatiéndose entre mirar la boca que estaba escasos centímetros de la suya o perderse en esos ojos rojizos exquisitos que la observaban acechándola.

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-Yo no huyo, tengo trabajo esta noche y no puedo distraerme…- contestó la ojiazul tranquilamente mientras lo alejaba sutilmente con sus manos blancas con uñas rosáceas. El demonio tenía la inquietud y curiosidad en la mirada al observar como esa mujer parecía comenzar a perder su enfoque de siempre, parecía que su voluntad inquebrantable comenzaba a flaquear y aun así, se negaba a ser tocada. -Espero mi Amo no le haya causado problemas, muchas gracias por atenderlo, buenas noches.- dijo tratando de permanecer tranquila y finalmente se esfumó en una estela de humo violáceo dejando al demonio solo en la cocina.

El pelinegro se dispuso a apagar las luces de la parte baja de la casa, a pesar de que se encendían al percibir movimiento, no tenía mucha confianza y le resultaba mejor revisar que todo estuviera en orden. Las puertas cerradas y con el picaporte en dirección vertical, las ventanas cerradas de manera que no pudiera entrar ninguna ráfaga de aire.

Subió las escaleras mientras pasaba la vista sobre los cortes con filo en el candelabro de la sala, ya lo había notado antes, en otras pertenencias de la familia D´LaRose: con la fuerza y movimiento indicados, todo podía ser usado como un arma.

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-Entonces, tenemos a Lizzy a punto de salir… ¿no tiene una prima de pelo como el de mi Danguito?- preguntó el ojimiel mientras abrazaba una almohada ante la mirada del conde ojiazul, la plática era amena a pesar de que todo comenzó por amenazas del rubio, pero debía admitir que era bueno escuchando y dando consejos, extraños, pero servían de algo.

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-No, no la tiene. Además, no creo que alguna dama quiera compartir su tiempo contigo- le hizo una broma al rubio extrovertido, el conde observó como el ojimiel no reía como él pensó que haría con ese pequeño rudo comentario, pero se relajó al ver esa sonrisa traviesa formarse en los labios del poseedor de la genio.

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-Habla por ti, Cielito… que a mí, ya me "estrenaron"- dijo para después guiñarle un ojo al de cabellos cenizos y salir corriendo riendo a carcajada limpia al ver la cara de extrañeza de su amigo demonio.

"Bien, de eso no tenía que enterarme… rubio idiota" pensó el ojiazul mientras trataba de no imaginar a la noble mujer que hizo esa labor de dormir con el heredero de la fortuna D´LaRose.

Una habitación a la derecha y con puerta cerrada se encontraba el ojimiel, se sentó en su cama y observó los trajes terminados justo como le había ordenado a la pelicobre. Los revisó con la mirada y recordó lo detallista que era la genio en todos los aspectos. Sonrió levemente al recordar su rostro sonrojado en la oscuridad después de que ella le dio su primer beso, cosa que ella no recordaba debido a que él deseó que ese momento solo pasara para él.

-Ahhhh Darlyn, tu piel es tan dulce y suave como un Dango.- suspiró cerrando los ojos para rememorar esa noche, en la cual deseó tener 25 años como ella: "Quiero que seas la primera y la única mujer a la que me entregue de esta manera" le dijo mientras la tenía acostada en su cama, besó su cuello y ella tembló levemente, él dudó en tocar su cuerpo, no sabía qué hacer y al verla tan nerviosa como él, decidió hacerlo lento, disfrutó el momento y cada beso lo dio con dulzura para ella. La miró dormir después de haberla hecho suya esa noche, besó su frente y susurró al aire "Deseo que olvides lo que pasó esta noche, mereces a alguien que se quede contigo siempre… y yo no seré ese alguien". Al día siguiente todo fue normal, ella lo trataba como un niño a pesar de verse de 25 años. "Amo, ¿No cree que está muy grande para hacer eso con el popote?" preguntó ella al verlo soplar burbujas en la malteada, de esa manera fue que decidió volver a su vida de 12 años. -Ahhh Sebastián… tienes una suerte del diablo.- suspiró irónicamente antes de sucumbir al sueño

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Sentía su cuerpo con cansancio, sus ojos azules la observaban a ella misma en el espejo antes de ponerse esa blusa ajustada que hacía que sus pechos no rebotaran con libertad en el show de la tarde. Si, era temprano aún, pero debía acostumbrar a su cuerpo a esa opresión obligada hasta la noche.

El gruñido de su estómago hizo voltear al felino que la acompañó durante la noche y madrugada, salieron ambos de la habitación de prácticas y llegaron a la cocina donde se encontraba el demonio preparando el desayuno de esa mañana.

-Déjeme ayudarlo, será un día largo.- dijo la genio bostezando mientras se tapaba la boca, el profesor de historia observó ese cabello húmedo con un brillo más opaco que el de costumbre, ahora se daba cuenta que la ojiazul parecía más real y palpable en comparación de todos los días. Trató de observar su cuerpo a través de esa bata de baño para saber si estaba enferma -¿es necesario el examen visual?- preguntó ella entrecerrando los ojos y haciéndolo salir del modo escrutador en el que se encontraba.

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-La noto cansada, los humanos necesitan dormir…- comentó haciéndola tensarse, le gustaba ser mitad humana pero sabía que a los demonios les desagradaban los humanos. Él notó como ella evitó mirarlo en toda la faena de elaboración de waffles y licuados, sin embargo él no perdió tiempo y la observó en todo momento mientras el desayuno era preparado. Movimientos de más hacían que la genio se atrasara en comparación con el tiempo que tardaba él en hacer esa labor. Pasó dos veces más el estropajo sobre los platos sucios haciendo notar su empeño exagerado en que las cosas salieran bien.

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-Buenos días, tórtolos y Cielito chiquito.- saludó el ojimiel mientras leía el periódico de la mañana, el demonio más joven observó cómo su mayordomo de tanto tiempo ponía suma atención en lo que hacía la ojiazul, el conde solo por curiosidad posó sus ojos en la genio para darse cuenta de algo evidente pero increíble -¡LOS POCKYS CON RELLENO DE MAZAPÁN SON UN ÉXITO EN JAPÓN!- exclamó con alegría el ojimiel para después correr y alzar en el aire a la pelicobre, el cuchillo que se encontraba lavando se deslizó entre su mano izquierda haciendo un corte limpio en la palma ahora bañada en espuma pintada de escarlata. Ambos demonios pudieron apreciar esa mueca muda de dolor que hizo la de ondas cobrizas, el ojimiel al tenerla cargando solo vio la espuma con sangre y la bajó rápidamente -¡Danguito… lo siento! ¡D-de verdad!- trataba de disculparse el ojimiel mientras la ojiazul respiraba lo más tranquila que podía.

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-¡N-NO SE ACERQUE NADIE!- pidió en voz alta la genio al ver que los caballeros presentes querían ayudarla, ellos pararon en seco mientras ella revisaba que el piso no tuviera manchas de su sangre -T-todo está bien- susurró tratando de calmar al nervioso rubio que esperaba verla ilesa y ante la extrañeza de los demonios que observaban la escena, ella sopló su herida y ésta se cerró lentamente -¿Lo ve?, por eso no lo dejo usar cuchillos- dijo sonriendo ampliamente y haciendo que el color volviera a la cara del rubio.

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-¡Casi me da un infarto!... ¡No vuelvas a hacer ese tipo de bromas!- ordenó tratando de esconder un poco más el secreto de su genio, ella le agradeció con la mirada apenada y mostrando una leve sonrisa, pero ya los demonios estaban haciendo conjeturas por ellos mismos. Sabían que ambos, Castiel y Darlyn, escondían algo y no era algo leve, sino algo muy serio.

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Mientras, en la mansión Middleford, se encontraba una rubia peinando su cabello mientras estiraba las piernas y espalda, su desayuno estaba a medio comer y estaba nerviosa por la idea de tener amigos con quien salir ese día a lo que más le gustaba: las convenciones de anime.

Le causaba suma emoción volver a ponerse ese traje azul ya con mejoras y un cetro mágico casi real que hizo con ayuda de su hermano experto en "efectos especiales".

-Ely… te recuerdo que debes dejarnos cuidarte si ocurre algo, si quieres ir al baño me dices y te acompaño.- repetía la pelirroja vestida de "Black Widow" mientras se quitaba los tubos del cabello, la rubia la miró impresionada ya que sabía que la agente tenía buen cuerpo, pero debía admitir que envidiaba sus pechos tamaño melón bien reportado -Ely… ¿Me estás escuchando?- preguntó la de anteojos enormes, la ojiverde asintió avergonzada al ser descubierta mirando los pechos de la pelirroja, pero para su suerte la agente experta en disparos a largo alcance no dijo nada.

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-Está bien… serás mi chicle posesivo de hoy. Ahhh deja te ayudo con ese pelo.- dijo al verla tratando de acomodar las ondas artificiales que resultaron de dormir con esos tubos.

La mañana pasó rápido y se escuchó el timbre que anunciaba la llegada de alguien a la mansión Middleford. La rubia resplandeciente le indicó a la pelirroja que avisara a los otros miembros del escuadrón que ya estaba listo todo y que era momento de irse y así esperó a que la puerta abriera para poder bajar.

La puerta se abrió dejando ver a una dulce maid de cabello ondulado y ojos avellana, el mayordomo de la mansión creyó que se encontraba con la hermana perdida de la ojiazul ejecutiva de alto rango.

-Mi Amo pregunta si está lista la señorita Middleford.- dijo con una voz dulce y apenada metiéndose en su papel de Mikuru-chan, el rubio estaba sonriendo al ver la lección que les estaba dando la genio de "¿Cómo hacer un buen cosplay?" -¿Aún no está?- preguntó la linda maid colocando su mano sobre su boca en señal de susto.

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-Waaaaooo… ¿Miss PerisDevasht?... Digo… Mikuru-chan, ¿vienes con Haruhi?- preguntó saliendo de por la puerta con la maid pelicobre, imaginaba al ojimiel vestido de esa castaña mandona, ambas caminaban despacio dándoles tiempo a los miembros del escuadrón para salir junto con ellos en la panel.

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-Probablemente haya una esperándome en la convención.- dijo la genio apenada haciendo parecer que de verdad era la sumisa pelicobre de ese anime, la profesora de idiomas sonrió levemente al ver a la ojiverde tan linda enfundada en ese traje y cetro mágico-¿Me va a dejar tomarme una foto con usted?- preguntó murmurando tiernamente y en ese momento sintió que debía parar un momento.

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-Elizabeth… ¿vas a irte con una desconocida?- preguntó la matriarca de la familia, la genio sonrió normalmente antes de voltear a ver a la dama severa que era la madre de la rubia -¿Señorita… PerisDevasht?- dudó en decir el nombre de la dama parecida a la ojiazul, en respuesta la genio simplemente asintió y sonrió ampliamente.

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-Buenas tardes, Señora Middleford, es un verdadero placer volver a verla. Creí que mi cabello me delataría.- saludó cortésmente la dulce maid haciendo una leve reverencia a la dueña de la mansión, la madre de la rubia estaba confundida al ver a la ejecutiva centrada vestida de esa manera, creyó que iría al evento, pero no a ser partícipe de la "diversión" a la que iba su hija.

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-Pero, ¿dónde dejó sus…?, quiero decir, la veo más delgada- se corrigió antes de decir alguna indiscreción por verla sin tanto volumen en su pecho, su hija casi ríe pero se mordió los labios para no hacer esa acción que la dejaría sin ir a la convención -¿Está enferma?- preguntó al verla más detenidamente, estaba diferente.

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-Ohhh, verá… yo voy a divertirme, a mi hermano le gusta bailar en grupales y con todos los que quieran bailar… y no es muy cómodo que todo "rebote"…- comentó murmurando lo último para que solo lo escucharan las mujeres de la conversación, la mujer dueña del imperio de las armas asintió rápidamente evitando entrar en detalles -Cuidaremos de su hija, tiene mi palabra de que regresará tal y como sale de casa.- juró solemnemente mientras hacía una leve reverencia y tenía juntas las palmas de sus manos.

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-Confío en usted, Señorita PerisDevasht, diviértanse mucho.- dijo antes de volver a dentro de la mansión, tenía que leer y firmar contratos, revisar el estado financiero con su esposo e hijo y finalmente dirigir una junta virtual con nuevos accionistas.

La Maid, la Maga oscura y Black Widow, caminaron hacia la camioneta que era conducida por un personaje que casi hizo gritar de la emoción a la ojiverde.

-¡Eins!- se tapó los labios mientras subía al coche sin dejar de mirar al pervertido "tierno" dragón, era un cosplay perfecto el cabello claro largo parecía ser su propio cabello y esos cuernos grandes lo hacían ver mágico. Debía admitir que el rubio tenía buen cuerpo, parecía un modelo de esos oppas que tanto deseaban las chicas de su edad, pero al sentarse y mirar al frente, tuvo que contener la respiración al observar el cosplay del de cabellos cenizos ahora negros y brillantes.

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-Se ve bien, ¿verdad?- preguntó el ojimiel mientras la rubia hacía espacio para que la pelirroja se sentara a su lado, tenía que pensar en otra cosa para que el ojiazul vestido de negro no pensara que era una pervertida -Tranquila, no sabe de dónde salió.- la calmó el rubio guiñándole un ojo, su secreto de jugar otomes yaoi hard estaba a salvo.

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Al llegar al lugar donde se llevaría a cabo la gran celebración del orgullo otaku en estados unidos, todos llevaban cosplay, la rubia observaba maravillada como entraba por un día al mundo anime. Todos estaban felices pidiendo y posando en las fotografías, unos fingían pelear para ser partícipes de los videos que eran tomados por aficionados dueños de canales en youtube.

-Bendito aire acondicionado…- dijo el rubio mientras caminaban los 6 a la entrada, una nekogirl sellaba las muñecas de los recién llegados y una maid tomaba fotos a las personas que pasaban por el gran arco en forma de pulpo versión chibi.

Las chicas emocionadas al ver el traje del conde no esperaron en pedir fotografías, también le hacían preguntas como "¿cómo hiciste esa espada, parece muy real?", "¿dónde compraste tus CL?, parecen reales", "¿A qué gym vas?", "Oh por favor dime que haces Yaoi, déjame encontrar un…" pero al ver la cara de molestia al escuchar ese género que le desagradaba, las chicas dejaron el tema y tomaron fotos de él en diferentes poses.

La ojiverde estaba muy acostumbrada a recibir flashazos en la cara, ya sea por las reuniones obligatorias cada semana o por ir al dentista cada mes o lo que sea, pero ahora estaba feliz posando como la Maga oscura, solo esperaba que las fotos no llegaran a manos de su madre. El conde observaba con atención cada mirada que le lanzaban los chicos a su prometida, ella solo sonreía contenta mientras contestaba las preguntas que le hacían: "¿Son tus ojos?, son hermosos", "¿tienes página de facebook?", "OH POR DIOS, ¿cómo hiciste tu cetro?", "Dime que no tienes novio".

-Caballeros, no la ahoguen con tantas preguntas…- interrumpió un Mago oscuro con una montura muy real, el rubio que acompañaba al conde dijo un "wooow" en voz baja cuando miró el traje del recién llegado -Hermosa Dama, ¿me permite que nos tome una foto mi kameko personal?- preguntó a la rubia mientras ella lo miraba extrañada, se le hacía conocido de algún lugar, la lluvia de flashes comenzó capturando cada movimiento de la "pareja" de magos. -Eres una hermosa Maga, hacemos linda pareja, ¿no crees?- preguntó el joven guiñándole un ojo y dejándola ir, no sin antes observar bien el rostro lindo de la ojiverde.

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-Mmmm, no me gusta como la miró… te estaremos vigilando "Maguito presumido"- dijo para su amigo el conde y para él mientras caminaban cerca de la genio y el demonio de cabello negro, una chica castaña vestida de adorable Maid se acercó tímidamente al rubio dragón y éste la reconoció al instante -Kurumi-san- dijo el nombre del personaje del que venía haciendo que las chicas que habían jugado el otome R+18 suspiraran y encendieran sus cámaras de video. Ambos posaron tiernamente para las fotos, la genio estaba complacida al ver que su Amo no sacaría el lado pervertido del personaje. Como última foto, el rubio besó la frente de la castaña de ojos grandes y la ojiverde sonrió al ver a la chica sonrojarse. Las preguntas para el rubio fueron "¿cómo te llamas?", "Pásame tu face", "¿jugaste el otome?", "¿Puedes decir esta frase?" y el rubio accedió a complacerlas.

Para la única miembro femenina del escuadrón especial de la CIA las cosas fueron extrañas, ya le había dicho su amiga y protegida que debía posar con sus pistolas haciendo poses provocativas, pero la idea no terminaba de convencerla. El traje era muy cómodo, pero la idea de parecer que su piel era el uniforme que llevaba puesto, y que dejaba casi nada a la imaginación de los chicos que le tomaban fotografías, era lo que no le gustaba. Como había acordado la ojiverde, se quedó cerca de la pelirroja hasta que los kamekos tomaron todas las fotografías que quisieron. Sopló un rizo que caía en su frente al escuchar leves insinuaciones de los aficionados, no debía ser grosera así que contestó las dudas y sonrió a los jóvenes que tenía alrededor.

Para el demonio eterno mayordomo no fue sencillo, estaba acostumbrado a que las mujeres, y algunos hombres, lo miraran como un pedazo de carne perfectamente cortado y cocinado con las mejores especias, pero tener a más de 500 pares de ojos mirándolo con deseo era algo que no había enfrentado aún. Le gustaba su ropa, o cosplay como el rubio dueño de la genio le llamaba, estaba cómodo vistiendo esa ropa de nuevo y no esos trajes de "profesor juvenil" que le hacían vestir todos los días. Observaba notablemente nerviosa y en vigilia a la ojiazul vestida de Maid, parecía que algo le molestaba o que esperaba que algo ocurriera para poder salir del lugar. Los ojos color avellana de ella se conectaron con los suyos y ella le sonrió levemente antes de que varias personas lo rodearan con cámaras, sabía lo que venía después y debía cumplir con su papel de cosplayer, si no lo hacía "¿Qué clase de mayordomo sería si no pudiera hacer algo tan simple como eso?". "¡Hijikata-sama!" dijo su actual nombre una chica que estaba en posición para tomarle una fotografía y así la lluvia de flashes comenzó, pose tras pose era capturado cada uno de sus movimientos, las chicas extasiadas eran parecidas a cierto pelirrojo enamorado que lo acosaba tiempo atrás.

Mientras, la Maid de cabellos cobres observaba a esas mujeres con cierto sentimiento que no le gustaba, era algo que no se podía permitir, era una distracción muy peligrosa y decidió mejor alejarse lentamente a comprar algún dulce en los stands cercanos.

-¿Vienes sola, hermosa?- preguntó un caballero mientras ella pagaba por 4 cajas de pockys, chocolates y panecillos rellenos de manzana, dio las gracias a la señorita que la atendió y se alejó a un banco a comer tranquilamente. Abrió la caja de esos palillos de chocolate y galleta, metió uno a su boca y comenzó a comerlo como si fuera un conejo comiendo pasto. Quería salir de ahí, no se sentía como otros días, era como si esa faja segunda piel fuera más pesada que sus zapatos "especiales" -Qué genio…- dijo el hombre de traje con ironía, la genio lo observó bien mientras con fuerza apretaba su puño para activar su anillo, los lentes oscuros y esa pluma le hicieron adivinar su cosplay, pero prefirió pensar que se trataba de un "hombre de negro" y no un recolector. -Eres muy bonita para ser tan enojona- la pelicobre sonrió levemente y relajó su mano, metió otro pocky en su boca.

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-No soy enojona, solo tengo hambre.- explicó ella dándole gracia al misterioso caballero de traje negro, le parecía amigable la Maid que estaba sentada frente a él, ella sentía algo extraño, demasiado cerca y lejano a la vez -¿Gusta?... tome en cuenta que no suelo compartir mis dulces- dijo ella extendiéndole la pequeña caja al rubio mitad pelinegro, él aceptó y ella miró hacia el demonio que la estaba buscando -Espere un…- trató de hablarle de nuevo al joven que la acompañaba, pero había desaparecido, la genio se levantó rápidamente e intentó localizar al misterioso joven, pero el demonio recién llegado se lo impidió.

-Mikuru-san, tengo la impresión de que está huyendo de mi…- la genio cayó en las piernas del demonio de uniforme militar negro, él sintió el leve temblor del delgado cuerpo de la pelicobre, ella lo miró a los ojos con una mezcla de temor, nervios, angustia y tristeza, todo queriéndolo esconder debajo de una más cara de enojo -Está ocultándome algo, no lo niegue, ya lo sé…- ése último par de palabras hizo tensarse a la Maid, sus ojos se ensancharon y una exhalación salió de sus labios temblorosos. El demonio no mentía, ya se había dado cuenta de que algo muy grave pasaba con la genio y no quería recurrir a ciertos métodos que daban excelentes resultados.

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-¡Así! ¡Una foto de la linda pareja!- pidió una chica que se acercó a ambos seres sentados en la banca, la genio relajó su postura sentándose completamente en el regazo de su pareja, observó su rostro y con naturalidad sacó un pañuelo para acariciar el rostro del demonio. Se sentía como si el ambiente fuera de ellos dos no existiera, ella observaba las mejillas suaves y masculinas del pelinegro, evitaba con todas sus fuerzas posar sus ojos en los labios delgados y demoniacamente tentadores del hombre con quien dormía todas las noches. Por su parte, el demonio Michaelis dejaba que la genio pasara ese pañuelo por su cara y cuello, sus ojos se conectaron y pudo apreciar un sonrojo muy notable, la turba alrededor se volvió loca y decía cosas como "¡Awww qué lindos!", "Mikuru-chan, ¡Dale un beso!", "¡Si!... ¡o te pondré el traje de conejita!", reconoció la voz de una Haruhi con la que se había tomado fotografías varios minutos antes. Ante la mirada de los espectadores, la pelicobre colocó su boca en el cuello del caballero de uniforme militar y le susurró algo para después sonreírle y juntar su frente con la de él.

La escena enterneció a los espectadores, en especial a las chicas que tomaban video, pero habían unos ojos verdes brillante claro fosforescente que observaban al demonio con escepticismo y sorpresa genuinas.

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Caminaban por los alrededores en espera de actuar si algo ocurría con la señorita Elizabeth, no habían recibido alguna señal del radio de la pelirroja y las cámaras no captaban a ningún interesado en la rubia, a excepción del Mago oscuro que seguía a cierta distancia a la ojiverde.

También observaban como la Maid genio de cabello cobre miraba los alrededores, su mirada era divagante pero persistente, era como si tratara de observar algo más allá de lo físico. El trio de caballeros, ante este extraño comportamiento, decidió grabar todo el evento.

-Ese "Maguito" mira mucho a Elychu- dijo el rubio de ahora cabello largo mientras observaba al de traje púrpura rondar a la rubia que era acompañada por Black Widow y Mikuru-chan. El conde pelinegro suspiró restándole importancia a los comentarios y murmullos del ahora ojiverde, el cual decía varias formas de "marcar territorio" para que el "enemigo" supiera que la rubia estaba ocupada ya. -Hmp, ya verá ese tonto presumido… nadie juega con mis amigos y sale ileso.- comentó el del cosplay de Dragón mientras observaba como su genio evitaba mirar y hablar con el demonio.

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-¡Esa canción!...- exclamó la ojiverde al estar comenzando a aburrirse de estar caminando, comprando, posando y tomando fotografías, la pelicobre sonrió a la pelirroja, pero tenía muy presente que la experta en armas era muy centrada en su trabajo y no quería perder la visión panorámica metiéndose en cosas que no debía.

-No sé usted, Señorita Ely… pero yo vine a divertirme- dijo la genio colocándose al centro de la convención, comenzó a mover la cadera al son de la pegajosa y divertida canción "caramelldansen". La rubia sonrió como hace mucho tiempo no hacía y se colocó a un lado de la pelicobre mientras varias chicas se unían al baile improvisado. Varias cámaras fueron encendidas por los presentes, en su mayoría jóvenes que les daba pena bailar. La escena era muy cómica y el rubio-pelinegro grababa y sonreía al imaginar la risa que le daría a cierto peligris jubilado del departamento.

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Eran ya las 4 de la tarde, estaban todos los personajes comiendo y la Maid observaba las salidas para poder divisar a los chicos con los que tenía una deuda pendiente. El concurso de cosplay se llevó a cabo y la genio estaba un poco confundida ya que tenía el compromiso con los chicos de hacer un grupal con ellos. Revisó su celular y llamó al número que tenía guardado desde la vez que se encontró con esos buenos fans.

-Buenas tardes… ¿Miku?- habló al escuchar la voz de los chicos apurados, escuchó los pasos sincronizándose con unos pasos apresurados que estaban por entrar al lugar -Qué bueno que llegan… lamento informarles que la competencia de cosplay ya terminó.- dijo llegando hasta la puerta y sorprendiéndolos en el camino, los llevó al vestidor y esperó a que estuvieran solos. Los chicos con sus trajes exactos hicieron sonreír a la genio vestida de Maid. -Se ven muy bien, eso no puede ser dejado de lado… - los chicos estaban callados y tristes supuso la pelicobre, suspiró y los abrazó grupalmente -Chicos, ¿pueden entrar y buscar a un Eins de Ijiwaru My Master y decirle que si puede venir un momento?- pidió metiéndose en el último cubículo del gran vestidor.

Los dobles del grupo Vocaloid hicieron lo que la pelicobre pidió y se adentraron a buscar al joven dragón que mantenía oculta su perversión en el juego y se sorprendieron al ver la viva imagen del rubio de cuernos, estaba sentado con una Maga Oscura, un Shiki, un Hijikata y una Black Widow. Se acercaron tímidamente a los muy reales cosplayers y el rubio recordó sus caras.

-Woooo… ¡Se ven geniales!... ¿Danguito?- el dragón ojiverde buscó con la mirada a la genio, la rubia también pasó su mirada por todas las cabelleras de colores fantásticos. El demonio de uniforme militar observó como la cara del rubio comenzó a mostrar nerviosismo y sus ojos se movían con desespero en busca de la genio.

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-Fue hacia los vestidores…- dijo finalmente el demonio haciendo correr al rubio como alma que lleva el diablo dejando a los presentes algo confundidos con la extraña huida del joven heredero del imperio de dulces.

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-¡Vladimir… trae a los ninjas!... ¡Operación SHELTER!- exclamó al teléfono mientras corría lo más rápido que sus piernas humanas le daban oportunidad. Bloqueó el celular y la llamada dio fin. -¡Danguito!- exclamó entrando violentamente al vestidor donde sentía la fuerza de la botella llamando al diamante negro. La ojiazul gritó con sorpresa tapándose con la blusa negra de Vinilo -Danguito… estás bien.- dijo abrazándola al ver su cabello aún normal sus ojos eran de ese azul brillante y su piel seguía de ese color pálido hermoso, aún parecía irreal.

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-Amo, todo está bien… siempre estaré a su lado.- lo abrazó de vuelta y cuando se separaron ya tenía puesta la blusa, pasó su mano por su brazo izquierdo, justo debajo de su hombro haciendo que un "03" apareciera grabado y anaranjado en su piel. -¿Cómo me veo?- preguntó dando una vuelta, sus curvas eran envueltas por ese traje negro y dorado en vinilo que la hacían ver sensual y como una avispa. Ambos salieron del vestidor y se encontraron con el demonio que había tratado de escuchar la conversación casi nula entre los dos.

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-Emmm Danguito…- interrumpió la lucha de miradas que la ojiazul había comenzado, ya se había dado cuenta de lo que quería el demonio y no le gustaba mucho la idea de verse descubierta, debía ser muy cautelosa de ahora en adelante -Danguito… tu pelo…- la ojiazul dejó de mirar al demonio para después sonreír al rubio, colocó sus dos manos sobre su cabeza y con delicadeza las bajó haciendo que el color cobre se convirtiera en un rosa claro -Perfecto.- dijo el rubio levantando el pulgar y entregándole sus audífonos con micrófono integrado. -Vamos, Sebby, mi Danguito debe deleitar a sus fans.- comentó el rubio haciendo al demonio caminar con él, sabía que la ojiazul era perfeccionista, y no la culpaba ya que ese rasgo era muy apreciado por él, así que solamente se sentaría a ver lo que ella podía hacer en ese lugar lleno de personas con disfraces.

Después de hablar con los chicos del grupal de Vocaloid, hicieron lo que la ojiazul les pidió amablemente: entraron en fila ordenada hacia el interior de la convención, los flashes de las cámaras explotaban levemente en sus rostros, las personas se abrieron como si una fuerza les hiciera moverse hacia los lados dándoles paso y en silencio esperaron a que algo hicieran los "Vocaloid".

"Es Luka-sama…", "No, Luka es una diva, no hablaría con fans…", "¿Qué van a hacer?" decían los que se encontraban alrededor de los Vocaloid y al centro estaba Luka completamente integrada al grupal. Los platillos de una batería sonaron en el aire con un ritmo que todos conocían y los Vocaloid siguieron el ritmo de los platillos alzándose de puntas. El público exclamó con alegría al ver a los artistas virtuales haciéndose reales frente a sus ojos, la sincronía en los pasos los hacía ver tan perfectos como los hologramas que iban a los conciertos.

Varias canciones bailaron junto con la Diva de cabello rosado mientras todo quedaba grabado, la cámara del rubio captaba cada movimiento y las ovaciones de los presentes, pasó la lente de la cámara para tomar una foto panorámica de todo el público, el conde, la rubia, la pelirroja y el mayordomo eterno salieron observando con atención las coreografías.

-Buenas noches a todos y muchas gracias chicos por invitarme a bailar con ustedes.- habló la pelirrosada contenta y respirando con leve dificultad, el demonio observaba cada inhalación y exhalación que trataba de ser cubierta con esa sonrisa sincera a los fanáticos que la observaban -¡Woo! Estos chicos se saben mover…- dijo sacándoles una risa a los presentes, caminó hacia el escenario que abría el telón para ella dejando ver una plataforma futurista con un piso negro de cristal -Bueno, he estado escuchando rumores acerca de mi… - "y de Gakupo" interrumpió una fan alzando un fanart de la pelirrosada besando al pelimorado, los ojos se posaron en la ojiazul que sonrió levemente para después negar suavemente y continuó -Gakupo es un poco torpe, pero lo quiero mucho, bueno… lo que vine a aclarar es que, soy real y si canto- dijo colocándose al centro del escenario.

La primer canción que cantó para los presentes fue "Flowin Ukigumo", después todos coreaban con ella "Beautiful World", la voz fluía por el aire suavemente mientras la masa de gente frente a ella se movía y alzaba los brazos. El rubio estaba embelesado observando su sueño de hace años hecho realidad, tener una diva para él solo, volteó a su derecha y divisó al demonio al que le había cedido el derecho de quedarse con su genio percatándose de la atención que le prestaba a la pelirrosa mientras ella cantaba "Snow", definitivamente la pelicobre le pertenecía al demonio.

Después de sorprender a todos cantando el cover de "Hey Jude" y haciendo llorar a algunos haciendo esas notas tan agudas, siguió la hora de fotos autógrafos y contestación de preguntas. La ojiazul se divirtió abrazando, cantando y posando con sus fans, algunos le pedían que hiciera cara enojada como una tsundere, otros le pedían que les lanzara besos, les guiñara el ojo y hasta uno le pidió que comiera un chocolate lentamente mientras le tomaba foto.

Entonces lo sintió abruptamente, sus uñas y cabello punzaron y su mano tembló al firmar la última fotografía, era momento de un descanso. El rubio hizo uso de los boletos VIP que mágicamente aparecieron en su bolsillo y entró al camerino junto con la ojiverde, la pelirroja, el conde y el demonio profesor de historia. Se encontraba tomando agua mientras estiraba sus músculos, pero en realidad trataba de calmarse y estar alerta de lo que sucedía alrededor, ese olor no lo confundiría con ningún otro.

-Luka-sama… ¿Qué le parece Estados Unidos?- preguntó la ojiverde hablando un japonés fluido y tratando de no tirarse encima de la diva de pelo rosa, la ojiazul respiró profundamente y volteo con una leve sonrisa en los labios.

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-Oh, es diferente a Japón, me gusta mucho su chocolate y atún.- comentó apuntando hacia un gran filete envuelto en plástico y un gran moño, se colocó dentro del cambiador de ropa y salió con un conjunto que parecía un traje de baño completo y un vestido revelador encima -Es costumbre, debemos cambiarnos muy rápido en los conciertos- rio levemente al ver la cara de sorpresa de los presentes, la ojiverde estaba sorprendida por ver ese cambio tan rápido y los demás estaban escépticos al ver la irresponsabilidad de la genio por revelar su poder a la rubia.

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-Como Miku cuando se cambia en el escenario.- dijo el rubio con traje blanco sirviendo como apoyo en su coartada, ella se tomó fotos con los invitados en su camerino, firmó autógrafos y pasó tiempo con ellos -Si pasa algo, solo tienes que esfumarte, los ninjas ya están aquí.- le recomendó cuando estaban cerca y solos, a lo que la ojiazul cerró los ojos y agachó la cabeza al sentirse inútil nuevamente. -Bueno Luka-sama, ya debe cerrar la noche y estamos acaparando toda su atención.- finalizó el chico de la cabellera rubia clara y cuernos en su cabeza, el primero en salir fue él, después le siguió la rubia no sin antes darle un fuerte abrazo a la ojiazul, el conde siguió a los dos chicos, el samurái caminó y sin esfuerzo interceptó un pequeño proyectil lanzado por la genio que ya había desaparecido del lugar.

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El misterioso ojiverde se colocó en un lugar muy apartado de la multitud, sabía que las cosas ahora mismo en el departamento estaban en completo control de seres a los que se rehusaba llamar superiores. Divisó al chico rubio con cuernos saliendo seguido de una chica de armadura azul clara, frunció su frente al ver a un joven que le pareció conocido, "No puede ser, ha pasado demasiado tiempo" y entonces sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver esa cabellera negra y esos ojos afilados color vino, cerró los ojos y los volvió a abrir esperando sus ojos le jugaran una pesada broma.

"¡Dame Dame yo!" seguido de un grito agudo masculino lo hicieron voltear al escenario donde estaba una pelirrosa de curvas generosas moviendo enérgicamente sus brazos y piernas como si la multitud no importara, la música era fuerte a pesar de los estridentes y enérgicos vitoreos; la voz de la ojiazul sonaba entre los "Te amo Luka", "cásate conmigo" y después un grito de sorpresa seguido de un aplauso fuerte, el rubio vestido de dragón corrió entre la multitud gritando "¡UNA ASPIRADORAAA!, ¡UNA ASPIRADORAAAA!"mientras llevaba los brazos alzados y nadie prestaba atención ya que estaban embelesados observando los pasos y cambios de ropa mágicos de la diva de cabellos rosados. "¡Luka Luka Night Fever!" cantaban con ella el pegajoso coro mientras trataban de grabar y aprender sus pasos, el ojiverde de cabellera bicolor iba a terminar de una vez por todas con los mandatos del nuevo Superior, solo tenía que deportar al rubio con cuernos, pero cuando iba a realizar su tarea, la cantante lo señaló lentamente e hizo un ademán de "No" con su mano mientras decía "Dame Dame yo" para después bailar de la manera que el conde y el profesor de historia habían visto en el jardín.

Normalmente no era del tipo de chico que siguiera las normas, pero esa mirada felina y ese cabello rosa lo hicieron parar y quedarse a observar la presentación.

El objetivo regresó con un pequeño tubo, y se acercaba lentamente al escenario mientras la genio y un pulpo estaban bailando y flotando respectivamente sobre él. También divisó al demonio con traje militar pasar sus ojos hacia su lugar detrás de una columna y decidió mejor retirarse, no quería problemas, sinceramente ya no estaba de ánimo.

-Te tengo…- dijo el rubio mientras apuntaba a la genio desde el fondo del escenario, pero era muy tarde: la ojiazul al terminar de bailar, se esfumó en su humo de genio dejando a los presentes anonadados. "Ya… todo…" sudó frio al sentir los segundos de silencio en toda la convención.

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-LUKA-SAMA ES ¡SENSACIONAL!- gritó la ojiverde emocionada y alzando los brazos, todos los presentes aplaudieron y exclamaron junto con ella, hasta varias cuadras se escuchaba un potente "¡Luka Luka Night Fever!". El conde, que se quedó a lado de la rubia y la pelirroja, miró el rostro de la ojiverde estaba feliz, lo miró y simplemente le guiñó para después seguir aplaudiendo.

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-Buenas noches…- saludó el de anteojos mientras estaba sentado en el techo observando como el cabello rosa se ondeaba con el viento nocturno, la de ropas que podían competir con el traje de Lady Gaga en Paparazzi estaba con un semblante tranquilo pero calculador -Excelente presentación, su última canción tiene una melodía muy contagiosa- felicitó el invitado divertido y misterioso.

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-Buenas noches.- le devolvió el saludo mientras trataba de concentrar todo el poder que le quedaba en el anillo en su dedo anular izquierdo, ya sentía las leves punzadas en su cuerpo pero no daría un paso atrás en defender la vida de su Amo -Muchas gracias por quedarse hasta el final, sin embargo… no creo que haya venido solo a estar fuera de su "trabajo" un pequeño momento- dijo la genio sonriendo y apoyándose en una antena parabólica. El de cabello bicolor sonrió y se incorporó para estar en guardia, esa chica le parecía muy linda y misteriosa, un espécimen digno de conocer mejor.

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-Ahhhh… ¿cómo supo…? Bueno, eso ya no importa.- suspiró mientras su corta césped se encendía y él se recargaba en él para mirar la expresión de la "demonio" ante esa máquina poderosa -Es una lástima que esto termine así…- le guiñó y le sonrió de medio lado, de manera coqueta y libertina.

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-Yo… lo sé todo.- dijo segura en un susurro que se fue en el viento hasta llegar a los oídos del shinigami jovial, ahora pensaba que era una demonio muy presuntuosa, orgullosa y hermosamente tortuosa de admirar, para conseguir llevarse al rubio fugitivo debía pasar por encima de la ojiazul, y era obvio que no se lo haría fácil -Ffff… escuche, no estoy de humor para pelear hoy, sin embargo estoy segura de dos cosas: 1) Usted quiere llevarse a mi Amo, para eso debemos luchar y como no estoy de humor, simplemente lo destruiré- suspiró antes de hablar y lo dijo de una manera tétricamente seria, el shinigami estaba incrédulo a lo que escuchaba, ¿cómo puede sonar tan segura si se enfrenta a él, sola y sin usar un arma?, eso sin mencionar que él tenía una potente arma lista para ser usada -Y 2) Está tan harto de la dictadura de ese "Superior" como yo lo estoy de que molesten a mi Amo y no lo dejen vivir tranquilo.- esas palabras adivinatorias de lo que ocurría descolocaron completamente al shinigami fiestero, el viento se llevaba el sonido del motor de su arma cortadora de registros, tragó pesadamente tratando de no dejarse envolver por esa demonio, su superior apegado a las reglas ya le había comentado varias veces que los demonios sabían qué palabras usar para conseguir lo que querían -Podría destruirlo de la manera más dolorosa a pesar de ser un shinigami, pero mejor le propongo algo: regrese con refuerzos y veremos cómo solucionar esto.- dio la opción alterna mientras el shinigami de anteojos de armazón grande pensó rápidamente, ¿cómo aliarse con el enemigo natural de su hermandad?, a su mente vino rápidamente la situación tan deplorable que había los departamentos de todo el mundo. Suspiró derrotadamente pero ese suspiro lo hizo sentir liberado, sonrió a la ojiazul de cabellos rosas y arrastró su arma andante hacia atrás.

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-Señorita, tiene mi palabra que regresaré con refuerzos.- se despidió haciendo una leve reverencia para después impulsarse y saltar del techo sobre su guadaña corta césped.

La ojiazul dejó salir el aire que estaba atrapado en sus pulmones, literalmente había improvisado una tregua con un shinigami muy tranquilo pero que sabía que todo estaba mal. Cerró los ojos para transportarse a su camerino, sin embargo parecía que su cuerpo comenzaba a traicionarla haciéndola lanzar un alarido de frustración.

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-¿Dónde está Darlyn?- preguntó la rubia buscando con la mirada a la ojiazul mientras compraba todo lo que podía antes de que comenzaran a guardar las cosas de los stands, el rubio miró hacia el camerino de la pelirrosa, ya estaba cerrado y Yoru estaba en su mochila, Castiel comenzó a comprar todos los dulces que había disponibles mientras hacía reír a la rubia por la competencia de "¿quién compra más?". El conde estaba a la espera de que ocurriera algo ya que el mensaje dentro de la píldora "Kawaii" era muy claro "Por favor, cuide de mi Amo, todo debe parecer normal",

Sebastián se encontraba vigilando las salidas o algún movimiento misterioso. Siguió al vampiro de ojos azules y traje victoriano hasta llegar a un balcón solitario que tenía vista hacia la parte del estacionamiento, una mujer con traje completo ANBU decirle algo al director inmortal y luego retirarse dando un salto hacia el vacío.

-Genial, ¿no?... en las convenciones puedes traer ninjas reales y nadie se da cuenta.- dijo tranquilamente sin perder ese tono juguetón de siempre, su copa medio llena en su mano derecha era bebida a pequeños sorbos mientras esperaba algo -Darlyn baila bien, ¿verdad?- preguntó curioso haciendo tiempo para que él no sospechara algo.

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-También canta, no está de más decirlo- dijo el ángel asomándose de cabeza por el techo del balcón, el demonio observó la actitud serena de ambos seres, era casi creíble que no pasaba nada, pero un demonio como él no era fácil de engañar.

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-No creo que se deba discutir lo obvio- dijo con esa sonrisa leve y condescendiente de siempre, pero hizo entender que las actuaciones de los amigos de la ojiazul no estaban dando los frutos deseados. Se alejó lentamente dejando un vampiro y un ángel con derrota en la mirada -No es su culpa, ¿qué clase de demonio sería si no pudiera darme cuenta que algo esconden?- dijo haciendo brillar sus orbes ahora rubí encendido y con pupilas gatunas retraídas, el ángel y el vampiro no dijeron nada, solo lo dejaron irse.

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-Es bueno, por algo le gusta a la hermosa.- dijo sinceramente el vampiro mientras el peliblanco desviaba la mirada, ese comentario era crudo pero debía aceptar la realidad -Entonces, ¿No está en el edificio?- preguntó cambiando de tema para no hacer sentir más mal a su amigo de años.

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-No… no está, parece que se fue. Debemos hacer una barrera para que no puedan llegar a Castiel.- dijo para después saltar al estacionamiento e interceptar al ojimiel, no iba a dejar que algo le pasara a lo más preciado que tenía la ojiazul, a pesar de que ella ya estaba con otro ser muy contrario a él.

Ambos a cierta distancia observaron como el demonio y su "Joven Amo", como él le llamaba aún, caminaban cerca del rubio, la ojiverde y la maid, parecía que estaban hablando de lo divertido que fue todo en la convención, la ojiverde platicaba lo genial que sintió bailar con la hermana de Castiel y lo hermosa que se veía Luka Megurine ese día. El heredero de la fortuna hecha de dulces comenzó a palidecer al notar la ausencia de la genio, sabía que al no tenerla dentro de la aspiradora, todo estaba perdido.

-Lamento haberme ido de esa manera, un molesto negociante me llamó y debí cerrar un trato improvisando- dijo la pelicobre mientras llegaba en el coche, el pelo rosa ya había desaparecido y portaba su traje de mujer ejecutiva, todos subieron al auto y la Maid de cabellos rojos divisó el auto de sus compañeros que estaban listos para seguir el regreso a la mansión Middleford, la ojiazul la observó por el retrovisor y al verla asentir, el regreso a casa comenzó.

Cuando llegaron a la mansión ya habían comentado acerca de las fotografías tomadas y de los pasos nuevos de la diva de pelo rosa, se preguntaron acerca de la relación que había entre el pelimorado y la ojiazul, ya terminando de reír era momento de dejar a la ojiverde en la puerta de su casa. El conde bajó para escoltar a la pelirroja y a la rubia hacia la fuente frente de la mansión, la especialista en armas les dijo que tenía que hacer un informe para presentárselo a la Matriarca, se despidió del demonio joven y se retiró dejándolos solos.

-Fue muy divertido.- dijo la ojiverde por enésima vez ese día, ya lo había dicho en el auto, en la convención mientras compraba y al bajar del auto. El conde caminó a su lado hasta que ambos llegaron a la puerta, ella tenía nervios extraños y comenzó a temblar, él al observar ese gesto, le brindó su gabardina negra, la colocó en sus hombros y en ese momento se abrió la puerta de la mansión -Madre… ya llegamos.- dijo torpemente haciendo notorio para su madre que estaba intrigada por el caballeroso chico de cabellos cenizos.

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-Muchas gracias por cuidar de Elizabeth, espero la velada haya sido del agrado de todos- comentó la mujer mostrando un extraña y técnicamente nueva mueca para la ojiverde, su madre estaba sonriendo levemente, el conde también notó la alegría que le daba a su "tía" verlo con su hija -Bien, es muy tarde y mañana debemos atender una cena importante de negocios… buenas noches Joven Phantomhive.- se despidió la madre para después adentrarse en espera de que la rubia entrara después de ella.

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-Bueno, muchas gracias por haber ido, ¿puedo?- preguntó la ojiverde sacando su celular con cámara frontal, el conde asintió colocándose a un lado de ella, ella se acercó más a él quedando casi mejillas juntas, su pose fue una cara inocente y unos ojos expresivos que hacían contaste con esa cara seria e indiferente del conde -Debo irme, nos vemos el lunes.- dijo dándole un beso rápido en la mejilla y metiéndose a la mansión, su corazón palpitaba eufórico y contento, sus mejillas estaban encendidas y su respiración era irregular, se sentía extraña, era como si…

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-Te agrada su compañía…- dijo la voz de su madre haciéndola sobresaltarse y colocar su mano en la boca para no gritar, guardó su celular que lo tenía entre sus manos como si tuviera el secreto mejor guardado de toda una vida -A mí no me engañas, me alegra que haya algo entre ustedes dos- la ojiverde conocía ese tono de su madre, ya lo había escuchado cuando su hermano llegó a presentar a su prometida.

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-Es un conocido con el que no tengo problemas, no hay nada de extraordinario entre los dos.- aclaró la ojiverde mientras veía como la pelirroja se acercaba a la matriarca, la cual no estaba muy concorde con la respuesta de su hija. La mujer leyó rápidamente el informe: nada fuera de lo normal, tenía la notificación de que había videos, mas prefirió no verlos y perder el tiempo.

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-Elizabeth… me gusta tu nueva forma de comportarte, mas me gustaría que añadieras algo a tu vocabulario- dijo caminando escaleras arriba mientras la ojiverde esperaba la conclusión de esa conversación -La palabra "aún" se escucharía mejor antes del "No hay", ¿No lo crees?- preguntó guiñando y sonriendo a su hija para después volver a mostrar esa cara severa y perderse en el piso de arriba.

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Los caballeros de la mansión D´LaRose estaban cenando junto con la genio, la cuál estaba comiendo como posesa toda la verdura que tenía a su alcance, en especial lo que primero desapareció de la mesa fueron las habas y espinacas semicrudas. Después de terminar satisfecha se dirigió al refrigerador para tomar un galón de leche y beber directamente de él, los caballeros estaban callados a la expectativa de que la ojiazul les diera una explicación de su comportamiento. La pelicobre suspiró en señal de haber terminado todo el líquido blanco y finalmente se retiró a darse un baño largo y reparador.

-Biennnn, ¿Qué les pareció la experiencia?- preguntó el ojimiel sonando completamente indiferente a lo que ocurría con la genio, ambos demonios intercambiaron miradas para después mirar al rubio, él lanzó un suspiro derrotado y se dispuso a hablar -De acuerdo, hay algo que deben saber y es importante que no le hagan comentarios a Darlyn.- comentó con seriedad en su voz y esperando alguna señal de que la genio no estaba disponible, la puerta de la habitación de la pareja se cerró y decidió hablar. Abrió la boca pero no pudo decir alguna palabra ya que recordó la cara de pena y desolación de la ojiazul, sus mejillas empapadas en lágrimas y esos labios apretados en una sonrisa fuerte pero falsa: "Amo, lo siento… usted estará bien, se lo prometo por mi vida". -A mi Danguito le da mucha hambre cierto tiempo, es como si el cuidarme y tener que arreglar la fuente de Vladimir le pasara cuenta.- Bueno, no era la verdad completa, pero era algo que quería decir, tenía que preparar el terreno para lo que venía después.

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-Entendemos la situación, Baka. Hasta los demonios nos alimentamos, así que no hay necesidad de explicar nada.- fue condescendiente el ojiazul mientras colocaba la taza de té en sus labios y después bebió un sorbo de la caliente infusión de flores de jazmín, el rubio sonrió levemente aliviado y después ambos comenzaron a hablar de la empresa de dulces dado por terminado el tema del comportamiento de la genio.

Mas el demonio milenario no dejaría que esa situación quedara inconclusa, debía emplear sus métodos de interrogación que antes le habían dado buenos resultados.

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Ambos chicos se encontraban en el baño de la habitación del conde, ya era algo normal y el ojiazul no se sentía incómodo con la presencia y bromas del rubio. Ambos estaban quitándose los restos de maquillaje, el cual a regañadientes fue colocado en la cara del conde.

-Así que Elychu evolucionará a Lizzychu y tú serás su entrenador pokemon.- dijo el rubio mientras se peinaba su cabello largo que aún no se había caído ya que le dijo a la genio que descansara un poco, el conde cerró los ojos para mojarse el rostro y al abrir los ojos ya eran de humano, no de demonio. -No me gusta como la miró ese presumido de super armadura casi real- dijo el ojimiel quitándose los lentes de contacto y comenzando a usar la espuma quita restos de BBcream.

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-Le prestas demasiada atención- contestó en un suspiro leve el conde mientras su cabello volvía a ser cenizo al pasar sus manos como Sebastián le había enseñado un día antes, el ojiazul ignoró por completo los comentarios del rubio tales como "Deberías quitarle lo bonito convirtiéndote en perro y mordiéndole la cara de homosexual que tiene" o "deberías cortejarla victorianamente y marcar territorio a todos los hombres de alrededor, incluido yo".

Jugaron un poco de ajedrez, el joven demonio sabía que era en forma de agradecimiento por dejar de lado el tema de su genio, también hablaron un poco más de los asuntos importantes de la fábrica de dulces del rubio, el conde pensaba que era demasiado tonto para estar frente a una gran empresa con exportaciones a todo el mundo, pero suponía que todo era gracias a la pelicobre.

-OHH POR ALLAH…- dijo mientras miraba la pantalla de su celular, el conde lo miró con reproche al dejarlo de lado en el juego que tenía ya ganado prácticamente -Tienes que ver esto…- mencionó mostrando la sección de noticias de su Facebook, el conde cambió levemente de expresión al ver a tantos muchachos comentando las fotos de la ojiverde, el rubio sonrió divertido al decir -Si yo fuera tú, iría a los comentarios.- y eso hizo el conde, todos eran molestos, pero uno en especial lo era más "Hola señorita Middleford, espero nos divirtamos mañana en la cena de negocios de nuestros padres" y el nombre de quien lo escribió era "Eliot Lancelot". La foto de perfil no era más ni menos que el cosplayer del Mago oscuro junto con la ojiverde -Tiene nombre de caballero, pero cara de princesa- masculló con seriedad el ojimiel mientras se trenzaba el cabello con lentitud.

El ojiazul pensaba rápidamente en las expresiones que hizo la ojiverde en la convención, estaba tranquila y contenta, excepto cuando el chico de armadura le pidió tomarse fotos con ella, parecía forzada y dispuesta a irse de su lado en cualquier momento. Su estómago se sintió extraño al recordar el guiño cómplice que le mostró cuando comenzó con los aplausos para la genio en su presentación. -Iremos a esa fiesta y no dejaremos que se le acerque…- comentó el rubio haciéndolo salir de sus pensamientos, la mirada del ojiazul se enfocó en la sonrisa ladina del ojimiel y vio seguridad en su rostro -Si no lo digo yo, tú no defiendes lo tuyo, ¿verdad?- dijo el rubio moviendo la última pieza del conde para derrotarse a sí mismo.

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Dentro del lujoso baño estaba la ojiazul de ondas cobrizas mojadas, no quería salir de la tina con agua caliente y vapor que le daba misticismo al momento. Una copa de leche estaba en su mano mientras con la otra metía un chocolate blanco en su boca. Sabía que debía de salir de la tina ya que sus dedos estaban dando señales de sucumbir a los calores del agua, pero sus pies querían seguir en esa placentera zona de confort y relajación.

-Templo, debes permanecer fuerte por unos días más- murmuró y salió lentamente de la tina, secó su cuerpo con la toalla que usaba para esas ocasiones especiales, era una tela sumamente suave, como algodón mezclado con plumas exquisitas y suaves de ganso. Perezosamente pasó arrastrando sus pies hasta las pantuflas de gatito y se enredó una toalla en la cabeza para secar su cabello, después de vestirse con una bata delgada y de seda, salió a la habitación donde la esperaba el demonio amante de los gatos. -Todo suyo.- dijo mientras el vapor salía detrás de ella, se sentó en su tocador y comenzó a peinar su cabello muy cuidadosamente, como si las hebras se cayeran por el contacto con el cepillo de cerdas suaves.

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-Hay algo que no me está diciendo.- soltó con su voz tranquila y seductora de siempre mientras acariciaba las suaves patas del felino siberiano miniatura, la ojiazul detuvo el aire de sus pulmones en un intento de permanecer tranquila, terminó de peinar su cabello y apagó la luz para después caminar muy lentamente a la cama. -¿No va a hablar?- preguntó dejando al pequeño felino en el piso completamente relajado por las caricias.

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-Tengo sueño y mañana será un día largo, debo dormir.- dijo tapándose completamente con las sábanas y cerrando los ojos intentado dormir para no responder a nada -¿QUÉ?... ¡N-NO!- el felino observó con ojo abierto como la ojiazul era jalada hacia el interior de la cama, una gran bolsa en movimiento se formaba al estar los dos debajo de la sábana -¡AHH!... ¡BA…BASTA!... ¡NO TOQUE AHÍ!... ¡ERES UN…! ¡AHHH!- gritaba enfurecida y apenada la ojiazul mientras se retorcía debajo de los toques del demonio -¡TODAVÍA NO QUIERO!- el felino abrió los ojos al notar que el forcejeo había cedido, debajo de la sábana estaba una pelicobre con el cabello esparcido sobre la cama y el de ojos vino la observaba por primera vez temerosa de sus ojos gatunos y encendidos -E-escucha… sé lo que intentas y no funcionará, solo puedo decirte que mis pies me están matando y necesito dormir- dijo suplicante y hablándole con confianza, el demonio observaba sus ojos y sus mejillas sonrojadas, su ligero olor debajo de la sábana le hacía saber que estaba excitada y asustada al mismo tiempo, se acercó a sus labios y ella cerró los ojos lentamente.

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-¿Por qué no lo dijiste antes?- susurró haciéndola sentir su aliento cálido sobre sus labios, ella abrió los ojos y ahora estaban sin la sábana sobre ellos, él estaba al borde de la cama mientras ella lo miraba acostada, sintió sus manos tocar sus rodillas y después deslizarse por sus pantorrillas lentamente hasta sus pies -se encuentran inflamados…- "y extrañamente suaves" pensó mientras comenzaba a masajear esos tersos pies, mientras ella suspiraba por el movimiento de sus manos, él tocaba sus dedos y hacía leve presión en ciertos puntos que hacían relajar al cuerpo de la genio.

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-Eso pasa… cuando se usan tacones de plomo…- dijo en un suspiro mientras disfrutaba con ojos cerrados de la sesión de caricias a sus pies, el demonio observaba con cautela esa uñas con incrustaciones de piedras preciosas, admiraba la forma en que estaban distribuidos los colores de manera armónica -Pero tú no sabes de eso… los tacones son un "dulce sufrimiento" de las mujeres…- dijo suspirando con leve molestia al ser obligada a usarlos, el pelinegro sonrió ante ese comentario tan equivocado.

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-Esa "dulce tortura" claro que la conozco, después de todo, es lo único que me agrada de mi verdadera forma- dijo haciéndola abrir los ojos sorprendida, lo miró y sus miradas se volvieron a encontrar, el sentir sus manos hábiles en la piel de sus pies y esa mirada seductora no hacía más que hacerla perder el poco control que le quedaba en esos últimos momentos de una relación estable, "Tócame… por favor, tócame" decía en su mente la genio, quería sentir más de él antes de que todo terminara para "ellos" -Tienes una piel tan tersa, que provoca…- y finalmente, besó sus pies, ella sintió sus cálidos labios, fue un momento tierno y lleno de sensualidad al verlo hacer eso mientras no dejaba de verla a los ojos. La miró sonrojada y percibió cierta vulnerabilidad en ella, su cuerpo sobre la cama con ese cabello ondulado y brillante, era una imagen que no debía dejar pasar por alto -Debo tomar un baño, descansa.- y con esa elegancia digna de un caballero, se levantó de la cama y caminó al baño cerrando la puerta a sus espaldas.

El agua fría funcionaba para amortiguar ese extraño sentimiento de frustración al no tener de ella lo que quería, estaba contrariado por tenerla cerca y a su merced para tocarla y hacerla suya, pero algo molesto y muy dentro de él la deseaba toda. Era como si la genio fuera un alma sin cuerpo que podía ser tocada y lo suficientemente satisfaciente para no pasar hambre el resto de su eternidad. Debía ser eso, si, solo la quería para satisfacerse después de quedarse sin una buena cena hace años. Esa idea lo hizo sonreír levemente, no podía confundirse, tenía un objetivo y lo conseguiría sin importar lo que tendría que hacer. Ya relajado y limpio completamente, se secó el cuerpo y el cabello, se vistió con su habitual ropa de dormir, se miró al espejo antes de salir y verla dormir o escuchar sus murmullos, aún tenía que saber que era lo que ocurría con la ojiazul.

Salió del baño encontrando a la ojiazul acostada dando la espalda al lugar donde él dormía, suspiró silenciosamente y caminó hacia la cama. La ojiazul sintió el hundimiento a sus espaldas, abrió los ojos un poco y sintió la sábana acomodarse sobre su cuerpo, sabía que el tiempo juntos sería poco, probablemente después de que "eso" pasara, él ya no querría nada con ella.

-Sebastián…- dijo su nombre haciéndolo mirarla, se dio cuenta de que había cruzado la línea de dormir con él a necesitarlo cerca, hace mucho que no tenía ese anhelo de ser tocada -¿Puedes abrazarme?- pidió ella sin voltear a verlo, en respuesta sintió esos brazos fuertes y protectores envolviéndola brindándole ese calor tan suyo, ese aliento en su nuca que le hacía cosquillas era la prueba de que estaba más cerca que otras noches y esos labios viajando suavemente sobre su cuello hasta su oído le hicieron estremecer.

-Buenas noches, Darlyn.- susurró en su oído para después sonreír, ese temblor entre sus manos solo le decían una cosa… tenía a la genio donde quería.

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Ya había pasado por los pasillos por varios minutos, estaba seguro de lo que quería y sabía que por su carácter desobligado y fiestero no sería tomado en serio, pero aun así lo intentaría. Entró a la única área de descanso que les había dejado el nuevo régimen, se habían apoderado de todas las oficinas con cámaras para vigilar que su trabajo no tuviera descanso alguno. Cerró la puerta a sus espaldas y observó que hubiera compañeros en quien confiar para poder exponer su idea radical pero necesaria para hacer el cambio, o más bien retorno a su antigua vida.

-Hufufufu, ¿algo interesante en el mundo humano?- preguntó el shinigami risueño de ahora traje negro como todos los demás, su cabello peinado en una coleta baja lo hacían verse serio, a pesar de ese copete que tapaba su frente y ojos.

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-Escóndalo bien- dijo lanzando un celular con fotografías de varios tipos gordos, barbones y mayores vestidos de colegialas o conejitas. El shinigami legendario fue revocado de su retiro y colocado nuevamente al servicio de la comunidad. Knox era el único que era tan valientemente tonto como para salir de las murallas que resguardaban a los shinigamis dentro de sus trabajos hasta que tenían permiso de salir a recolectar almas. -Le sienta bien su peinado, Sempai.- le dijo al pelirrojo que había logrado, a duras penas, conservar su cabello rojo pasión.

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-Hmp, no digas tonterías. Sé que soy hermoso, pero este peinado no hace fácil demostrar mi belleza.- dijo el de coleta alta con un moño rojo con negro que hacía contaste con su traje completamente negro sombrío. Se limaba las uñas rojas para poder verse un poco más femenino, ese traje lo volvía loco y estaba llegando al límite al saber que su amor y "superior" no podía hacer nada. -No entiendo ¿qué le ves a ese riesgo tonto de saltar a la "libertad"?... terminarán matándote- dijo levemente preocupado pero mostrado enojo en sus ojos.

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-Lo encontré…- susurraron sus labios lo más calladamente que pudo, ambos presentes voltearon al mismo tiempo a verlo, sus rostros eran de incredulidad y luego se levantaron a abrazarse ante los ojos del de cabello bicolor.

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-Hay que avisar al "Magnífico Superior"… no puedo creerlo- dijo el pelirrojo mientras abrazaba al peligris de la cicatriz, ambos estaban felices de saber que lo que tanto buscaba el arcángel que tomó el poder ya estaba por ser sellado y recolectado para siempre -¡SEREMOS LIBRES DE NUE…!- su festejo fue acallado por la mano del joven shinigami, el cual se ganó las miradas incrédulas del pelirrojo y el de la cicatriz.

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-¿Quién lo asegura?- dijo sonando frío y serio, el pelirrojo frunció el ceño y lo quitó de su camino, estaba por tocar la perilla de la puerta cuando fue jalado por el saco y regresado a su asiento -Escuche sempai, ¿no cree que nos oculta algo?... piense en Walt, él iba a decirnos algo estando borracho y lo liquidaron frente a nuestros ojos.- los hizo recordar el percance de hace años y que ninguno olvidaba ya que fue el comienzo del final de su libertad.

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-Si el niño es sellado, todo volverá a la normalidad, Will será el superior de nuevo y todos olvidaremos lo que pasó.- dijo convenciéndose de que eso pasaría, solo quería que todo terminara más que nada en el mundo, extrañaba sentirse y verse "mujer", peinar su cabello por horas admirando lo hermosos que eran sus mechones lisos -Si entregamos al niño, todo termina.- dijo decidido a salir de la habitación, por su parte, el de cabellos grises trataba de ponerse del lado del pelirrojo, pero el shinigami fiestero tenía razón, con esa arma tan poderosa podría destruir a toda su "hermandad".

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-Su arma… alguien más la tiene.- soltó haciéndolo parar en seco, el pelirrojo se dio la vuelta para ver el rostro del shinigami espía, el de cabello bicolor tragó saliva audiblemente -Es la demonio del "objetivo", pude sentirlo cuando hablé con ella.- el pelirrojo colocó su mano femenina en su frente en señal de desaprobación.

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-Sabes que la regla número uno de las reglas no oficiales es "no creer en un demonio"- dijo enfurecido el pelirrojo mientras trataba de encontrar un atisbo de inseguridad en la mirada del de cabello bicolor, pero su mirada era fría y penetrante -Ronald, debemos decirle a Will, él sabrá que hacer.- y en ese preciso momento entró el shinigami que fue destituido de su puesto de manera casi inmediata, los miró seriamente al saber que estaban sin hacer papeleo o reportes de los registros.

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-Buenas e improductivas tardes, compañeros.- saludó usando ese educado acento de siempre, parecía que era el único que no le importaba la situación, hacía sus reportes como si no estuvieran bajo las amenazas de ese régimen tan arraigado a la obediencia perfecta de todos -Me retiro, está prohibido participar en reuniones extraordinarias…- comentó recogiendo sus pertenencias sobre la mesa del centro. El shinigami pelirrojo jaló la manga de su saco evitando que saliera de la habitación -Mataku… no tengo tiempo para…-

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-Will, Ronald encontró el "objetivo"… dile dónde está, Ronald- el shinigami correcto abrió los ojos sorprendido y miró al de cabello bicolor, el silencio reinó por segundos que se volvieron minutos de tensión en el ambiente para después convertirse en desespero para el ojiverde pelirrojo -vamos… ¡Dile!-

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-Lo diré solo si me escuchan con atención- interrumpió antes de que levantara más la voz y todos fueran sancionados, las sanciones eran horas más de encierro en oficinas vigiladas, les pidió que se sentaran y no dijeran nada mientras él hablaba de ese tema crucial para todos, debía convencerlos de la causa a luchar -El objetivo es un chico que encontré en una convención de anime, sé que está mal salir, pero vamos… este encierro nos está volviendo locos- habló intentando tocar puntos sensibles de la situación de todos, los tres shinigamis frente a él solo guardaban silencio, suspiró para después continuar -creo que si entregamos al chico, seremos destruidos por esa arma que el Arcángel siempre tiene en su mano, ¿a quién engañamos? Ése psicópata quiere destruir a todos y reinar él solo… creo que para eso necesita un arma más grande o un ser con mucho poder y eso… también lo encontré- dijo convencido mostrando fotografías de la presentación de la ojiazul, en especial una donde solo se veía un humo violáceo con una bella y amorfa simetría.

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-Knox, su comportamiento está completamente fuera de control, debemos apegarnos al sistema nuevo de reglas inquebrantables…- ese discurso ya lo sabía de memoria, lo decía desde que llegó el día que lo despojaron de su puesto y para calmar a los demás prefirió no enfurecer a los nuevos superiores.

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-Lo que está fuera de control es el mismo control con el que nos quitan la libertad día con día desde que llegaron los de blanco…- dijo apretando los dientes por la ira e impotencia que sentía al escuchar al que debía ver por los demás tan doblegado a ser juguete de los invasores provenientes del firmamento, el shinigami de recto actuar se acomodó sus lentes y suspiró, sabía que esto terminaría mal -Escuchen por favor, de ser dioses de la muerte nos rebajaron a ser sabuesos en busca de un niño que pronto va a morir…- dijo la cruda realidad haciendo a los otros callar sin objeción, el shinigami ex superior maquinó un argumento poco alentador, pero debía funcionar, no perdería hombres solo por las corazonadas de un joven apasionado como era Ronald -Legendario Shinigami…- llamó la atención del de cabellos grises haciéndolo mirarlo, esos ojos escondidos detrás de ese cabello lo observaban en espera de escuchar lo que tenía que decirle -Pasaron por alto su gran carrera y milenios de servicio, solo por el simple hecho de verlo libre. Usted dijo que el mundo sería muy triste si la risa desapareciera… y dígame, ¿qué tan triste es su mundo ahora que le prohibieron reír por considerarlo "acción indecente e improductiva"?- los ojos verdes dejaron de ver al shinigami de cabellera bicolor para pasar al piso y recordar los tiempos en que era respetado por todos y condecorado por su habilidad y valentía -Grell-Sempai…- el pelirrojo siguió la voz del de cabellos bicolor encontrándose con esa mirada profunda y sincera, sedienta de libertad que todos querían -¿Está dispuesto a pasar el resto de su vida sin su amado color rojo, sus cepillos caros para el cabello, viendo su abrigo rojo colgado en su locker y sintiéndose menos que los demás al ser más bajo sin sus tacones?- el shinigami afeminado bajó la mirada para evitar que vieran sus ojos empañados por el dolor de saber que eso era cierto, completamente acertado y dicho a pesar que trataba de no demostrarlo -Willia…-

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-Ya es suficiente… es totalmente absurdo.- dijo implacable levantándose de su lugar, sabía lo que diría, era lo que todos los que fueron sus subordinados decían a sus espaldas mientras caminaba por los pasillos en espera de una nueva orden de salida -Les aconsejo que vuelvan al trabajo y que dejen este tema por la paz.- se acomodó sus gafas y estaba listo para salir en busca de un permiso para portar su guadaña pero una mano fuerte detuvo la puerta y lo hizo encarar al osado shinigami jovial.

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-William-Sempai… aunque usted no lo crea, yo lo admiraba… en el fondo me gustaba hacer horas extra solo por el hecho de poder parecerme un poco a usted y su impecable trabajo. Los comentarios que los demás hacen, me tienen sin cuidado, pero permítame decirle que es sumamente triste saber que goza siendo una marioneta de Arcángeles más podridos que un demonio.- le dijo con dolor sin dejar de mirarlo, esa mirada era la que había logrado convencer al shinigami recto que el jovencito tenía potencial de shinigami, era fiestero y flojo, pero cumplía con lo que decía al pie de la letra, el chico ahora más fuerte que nunca se sentía más libre, había dicho lo que pensaba y había hecho reflexionar a sus compañeros, lo sabía muy en el fondo -Yo no he cambiado y mantengo mi palabra… el objetivo está en Nueva York, está custodiado por tres demonios y más seres que no reconocí, tiene apariencia de un chico de 18 años, es heredero del emporio de dulces "De LaRosa" y estudia en un Instituto de Futuros Empresarios. Me retiro, buenas tardes.- y salió dejando a los shinigamis observando la puerta, ya había dicho todo, ahora solo quedaba que el shinigami apegado a las reglas decidiera el camino al tomar.

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Pasaban 5 minutos de la hora en la que la ojiazul despertaba para levantarse, asearse y preparar el desayuno en pareja con él, aún sentía la respiración pausada y tranquila que denotaba que se encontraba dormida profundamente entre sus brazos. Suspiró levemente al tener que romper con esa tranquilidad y relajación en la que su cuerpo estaba sumergido al sentir esa pausada respiración. De pronto, sitió su delgada mano rozar su brazo despacio y la escuchó murmurar algo en árabe, la ventaja de ser demonio era que podía entender cualquier lengua.

-…¿Qué hora es?... aún no se va el humo…- dijo fluidamente mientras se estiraba y apretaba los dedos de sus pies, sintió esos brazos fuertes apresar su cintura y volteó la cara encontrándose con esos ojos color vino que la observaban con atención -5 minutos más…- pidió volviendo a hablar inglés, el demonio sintió como rápidamente ella volteaba su cuerpo para quedar frente a frente, colocó sus manos en su cuello y acercó sus labios de manera peligrosa a los suyos, solo escasos milímetros los separaban y ella preguntó -¿Si?- mirándolo con extraña inocencia, esa diferente faceta no hizo más que provocarlo a terminar con la distancia que los separaba. El contacto fue sutil, pero los brazos de ella se apoderaron de su espalda de manera posesiva y él en respuesta introdujo su lengua acrecentando el calor corporal de la genio. Quería sentirlo más, que la besara más, que comenzara a tocarla en ese momento que estaba segura que no pasaría nada con su cuerpo y que podía quedarse con un hermoso recuerdo de sus últimos momentos a su lado como pareja.

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-5 minutos…- fueron las palabras del demonio amante de la puntualidad las cuales rompieron el beso y la burbuja de seguridad que mentalmente había construido la pelicobre. ¿Pero qué estaba pensando?, lo estaba provocando a propósito cuando debería estar planeando una velada nocturna para más de 500 invitados -Darlyn, ¿sucede algo?- preguntó observando cuidadosamente el rostro pasmado de la ojiazul. La genio lo miró a los ojos y sonrió para después abrazarlo delicadamente, en efecto había algo que no le decía y ese abrazo era de una despedida.

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-Muchas gracias por cuidar de mi Amo ayer…- suspiró sin dejar de abrazarlo, si era la última vez que lo podía tener, quería disfrutarlo siquiera los segundos que duraba ese abrazo -Debo hacer los preparativos para la velada de esta noche y redactar los contratos de la semana siguiente…- el abrazo terminó por parte de los dos y ella volvía a tener esa cara serena de siempre, se separó de él para después sentarse en el borde de su lado de la cama, estaba a espaldas de él y los ojos envinados solo podían ver esa marea de cabellos cobre -¿Le importaría hacer el desayuno mientras yo hago esos deberes?- preguntó antes de mirarlo y sonreírle como siempre lo hacía cuando todo estaba bien, pero el demonio sabía que estaba mintiendo.

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El rubio esperaba en la sala frente a las escaleras a que bajara el ojiazul, ensayaba las diferentes formas de sonar interesante al entregar el sobre con la invitación que escaso trabajo le había costado adquirir.

-¿Qué haces?- preguntó el joven demonio que llegó sin hacer ningún ruido tal y como el demonio profesor de historia le había estado enseñando, intento no reír al escuchar el grito agudo del ojimiel seguido de ese gran salto que casi lo hace caer.

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-Casi haces que rompa las ventanas y mis cuerdas vocales.- dice colocándose la mano en el cuello y fulminándolo con la mirada, le acercó el sobre dorado y lo agitó en su cara -Mira… ¿quién es el mejor?... Ahhh, eso no sonó tan genial como lo tenía ensayado.- dijo lo último fingiendo pesar, el conde tomó el sobre y lo abrió para ver el contenido, dentro habían dos invitaciones con bordes quemados en papel dorado con el sello de los Middleford al inicio y al centro.

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-Es exclusivo… ¿cómo lo hiciste?- preguntó al ver sus nombres en letras color cobre y hermosamente grabadas, "La familia Middleford le invita cordialmente a la velada que será llevada a cabo el día 8 de julio de 2014, esperamos contar con su presencia" leyó el contenido en su mente mientras el ojimiel peinaba los cabellos que colocó en su hombro, aún los tenía largos y eso le gustaba.

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-Todos los empresarios de la ciudad y sus alrededores están invitados, yo nunca voy porque me aburre ir solo, pero como estás tú y quiero ver cómo eres en acción para defender lo tuyo por derecho, iré.- dijo restándole importancia mientras se sentaba en el sillón a sus espaldas, el ojiazul recordó que esas reuniones eran tan exclusivas que sólo los dueños de las empresas más influyentes estaban invitados -Nahhh, ¿por qué pones esa cara?, no es como si fuera la primera vez a la que vas a una fiesta con gente rica.- dijo interrumpiendo sus pensamientos dando a entender que no había nada que pensar, la situación estaba bajo control y sería una noche divertida.

Mientras, la ojiazul estaba haciendo llamadas y mandando correos electrónicos al mismo tiempo, una llamada a una sucursal reconocida por ella para limpieza y servicio de mantelería, una serie de correos electrónicos a abogados de las tiendas departamentales que querían adquirir productos de la empresa de su Amo. Una videollamada con un amigo mientras hacía varias copias de las tareas de idiomas diferentes para cada día de la semana que no estaría disponible.

-Bien, a las 8:30 pm todos deben estar en el gran salón… literalmente estoy a merced del tiempo y no quiero sorpresas- decía a la pantalla mientras más de 40 documentos eran fotocopiados con rapidez, la ojiazul formaba y leía documentos a gran velocidad mientras el vampiro de la copa eterna la observaba a través de la pantalla -Los del servicio tienen las órdenes de siempre, Laurent sabe el procedimiento.- dijo ella sin mirar la pantalla y concentrándose en sellar varios documentos que tenía sobre el escritorio, varias carpetas abiertas con papeles llenos de letras y símbolos era lo que tapizaba la firme madera que soportaba todo el trabajo.

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-… Genevieve ha entrenado a 10 de los nuestros para actuar en caso de que no logres entrar a tu botella… sé que nunca ha pasado, pero ella quiere verte en esa situación.- explicó tratando de no tocar el tema, pero era necesario que ella supiera que si quedaba fuera, la apoyarían todos y harían lo posible por regresar un poco de lo mucho que ella hizo por ellos durante tantos años, él pensó recibir un rotundo NO con una gran muestra de superioridad y enojo, pero en cambio observó como la comisura de los labios de la ojiazul se elevó.

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-…Dile que gracias y a los demás diles que todo irá bien.- dijo la genio mostrando una gran sonrisa para después verlo sonreír a él, parecía que todo lo que pasó hace tiempo en su oficina quedó atrás y que ella no le guardaba rencor por casi haberla atacado -Nos vemos esta noche… Si, lo llevaré, no te preocupes.- se despidió y aclaró que llevaría a su pareja para que no hiciera la pregunta que esa sonrisa socarrona amenazaba a lanzar.

Cerró sesión y agrupó los documentos para que fuera más sencillo y rápido la entrega de las actividades para sus alumnos, contratiempos era lo que menos quería, sin embargo la idea de que su desempeño como profesora bajara, la hacía sentirse más inútil de lo que ya se sentía. Acomodó todo el desorden que había hecho al sacar todos los folders y documentos para sellarlos, cada suspiro que daba la hacía darse cuenta de que estaba por perder lo que le daba ilusión desde hace un mes, no creyó que eso pasaría pero pasó.

Dio un último vistazo a la oficina, suspiró y la cerró, se recargó de espaldas en la puerta cerrando los ojos y dio un respiro para darse fuerzas. Sonrió como siempre, peinó su cabello y acomodó su ropa, sus necesidades fisiológicas se hacían presentes y le dictaban que debía ir a comer algo, así que bajó a desayunar junto a los caballeros de la casa.

-Espero no quieras llevar un bastón para verte interesante, eso ya no es Cool.- dijo el ojimiel mientras hablaba con el de cabellos cenizos, sabía de la fiesta a la que estaban invitados, ella era la encargada de traducir las invitaciones que eran enviadas a grandes empresarios que no tenían tiempo de hablar el idioma -Si quieres llamar la atención, nos llevamos a Yoru versión fiera y listo.- dijo el rubio acariciando al felino pequeño que estaba sobre la mesa, el conde se levantó con propiedad al ver entrar a la ojiazul y ella sonrió levemente para después hacer una leve reverencia.

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-Esos modales siempre estarán de moda, ¡Oh!, gracias.- dijo lo último con sorpresa al ver a su Amo ayudarla con su silla, de verdad estaba agradecida por tanta caballerosidad por su parte, pero odiaba lo sentimental que se ponía antes de tener que volver a su botella, cada vez faltaba menos tiempo y cada vez el cansancio venía más fuerte a su cuerpo, era como si todo el poder que tenía quisiera explotar por cada poro de su piel -Esta noche llegará Marco por ustedes, los llevará a la fiesta y los cuidará desde fuera… en caso de que ocurra algo, solo haga al llamado y yo llegaré…- explicó la ojiazul en el momento que el demonio entraba con el desayuno magistralmente preparado, extrañamente la pelicobre no lo percibió y continuó hablando -Yo sinceramente espero no haya inconvenientes esta noche, no es seguro en este momento…- suspiró y se sorprendió cuando su plato fue colocado frente a ella, alzó la vista encontrándose con la mirada profunda del demonio frente a ella.

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-Claro que no es un buen momento, ¿sabes lo que le hizo la señora Middleford al que saboteó su velada hace unos meses?- salvó a la genio atrayendo la atención del demonio menor y contrariando al demonio Michaelis, la ojiazul sintió como un frío llegaba a sus dedos comenzando a descender hasta sus caderas y provocando leve escalofrió. -Una demanda de 500 mil dólares fue lo más noble que hizo, el pobre tuvo que enfrentar varios meses de "castigo" entre los grandes de la sociedad, no resistió y tuvo que regresar a Singapur.- añadió el ojimiel viendo como el pelinegro observaba a la pelicobre desviar la mirada con cautela mientras comenzaban a desayunar.

La ojiazul comía lentamente deseando evitar llamar mucho la atención como la noche anterior, sabía que estuvo mal comer tan rápido y en gran cantidad, pero las ansias, los nervios y la misma hambre actuó bajo el influjo de sus instintos más humanos. El demonio comía por costumbre y solamente para acompañarlos, observaba con atención los movimientos de la genio, sin duda estaba comportándose sumamente extraño.

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Sus cabellos blancos se movían con el viento que soplaba en su cara, sus ojos púrpura hacían contraste con esa camisa lila con detalles negros, su corbata negra denotaba elegancia y esa coleta alta no estaba presente esa noche. Cerró la ventana de su auto y se preparó mentalmente para lo que tendría que soportar, salió del coche y caminó hacia la residencia donde vivía el chico caprichoso que poseía a la mujer que le había robado el corazón hace años.

Tocó el timbre y salió el causante de su desgracia en el amor, se hizo a un lado para dejarlo pasar y le dijo que esperara un momento, se retiró a su habitación y él quedó solo en la sala frente a las escaleras. Aún recordaba la primera vez que la miró, sus ojos azules se empañaron con pena y le brindó una sonrisa que lo cautivó por completo, después le dio la mano y lo hizo sentir electricidad al tomarla: era como si el dolor de ver sus alas esparcidas por los suelos ya no importara más.

-Buenas noches, Marco.- su voz lo hizo levantarse y buscarla con la mirada, ahí estaban esos ojos que poco a poco perdían ese brillo fuerte y sobrenatural, pero aún la veía hermosa con esos cabellos adornando su rostro claro y esas mejillas levemente rosadas -Discúlpame de verdad, no quería que pasaras tu noche libre cuidando de los chicos…- continuó ella sonando preocupada, eso le dolía y lo hacía sentir que aún podía intentar algo, podía abrazarla y besarla solo una vez en ese momento que no estaba el demonio posesivo, la leve sonrisa de ella lo hizo prestar atención a esos labios que se veían más carnosos que de costumbre "Maldito demonio, debes ser cuidadoso con ella" -… le dije a Castiel que no te molestara, esta es una carta para la señora Middleford para que puedas entrar y vigilarlo más de cerca, ya hablé con ella…- él tomó su mano izquierda haciéndola sorprenderse y callar abruptamente.

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-Si pudiera quitarlo y librarte para siempre, ¿tendría una oportunidad para llegar a tu corazón?- acarició el nudillo donde estaba postrado el anillo que la ataba a esa maldición que ella tanto odiaba y que estaba acostumbrada, pero en el fondo sabían todos que era lo que más temía -Él nunca va a amarte como yo, los demonios no aman, solo destruyen y provocan dolor, yo no quiero verte…- dijo con una voz suave y tranquila, mas calló al escuchar los pasos se escucharon en la parte de arriba, el demonio joven esperaba al ojimiel que caminaba hacia las escaleras a su encuentro.

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-Wooooa Cielito, el negro te hace ver como si fueras de esos modelos bonitos, así casi como Sebastián, pero no tan guapo- y sacó la lengua en seña de juego, el conde gruñó y bajó las escaleras con un semblante extraño, entonces la ojiazul se dio cuenta de que los había escuchado y esperaba no pensara alguna idea equivocada de ellos -Bien, "MeSalva", tu conducirás, mi Danguito dijo que estaba en tus manos hoy, así que harás el trabajo completo.- dijo el rubio enfundado en un traje igual al del conde a excepción de la corbata y pañuelo dorados y azules en el caso del conde.

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-Se ven muy elegantes, espero su velada no sea tan interesante como la mía.- dijo la ojiazul para después observar el reloj en su muñeca. -Uhhh, ya es hora, por favor Amo, compórtese a la altura, no avergüence al Joven Ciel. Toma Marco, y de verdad gracias.- dijo entregando finalmente la carta para la matriarca de los Middleford.

Él suspiró silenciosamente, la oportunidad no la había aprovechado y allá iba la genio a encontrarse con los seres de la oscuridad para ser llevada a la restauración de la "Fuente".

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Esperaba a la llegada de la ojiazul a la gran mansión en la que se encontraba, el vampiro director había ido por él para que se comenzara a aclimatar con la presencia de la gran familia a la que estaba entrando. Los ojos envinados se paseaban por las más de 500 copas perfectamente pulidas y acomodadas de forma piramidal. El gran y antiguo candelabro que iluminaba la estancia hacía ver una estela de diversos colores. La luz de las velas y antorchas acaloraban la fría atmósfera de esa elegante mansión de grandes columnas y espejos en las paredes. Con su elegancia y carisma natural caminó al lado del director mientras los miembros de la gran familia lo observaban con cautela.

-Y bien, ¿te gusta la casa?- preguntó mostrando una sonrisa con esos colmillos sobresaliendo levemente de sus labios, el demonio sintió cierta atracción hacia los cubiertos que estaban en la gran mesa del festín, los vampiros que se veían más jóvenes eran los encargados de colocar la mesa y lo hacían bajo la escrutadora mirada del demonio perfeccionista -Darlyn me comentó que eras mayordomo, anda, puedes ayudarles a acomodar la mesa.- dijo condescendiente el vampiro mientras bebía un sorbo de su copa, el demonio estaba intranquilo por la manera en la que eran acomodados los platillos y los cubiertos, no había orden y la gran fuente detrás no era visible por los sobremesa y las fuentes de chocolate blanco y oscuro que supuso era para la genio. -Darlyn tiene que prepararse antes de salir, tienes tiempo… todos queremos conocer lo que puedes hacer.- dijo convenciéndolo con una leve sonrisa mientras extendía los brazos para que todos animaran al de ojos vino con una sonrisa y una copa al aire.

Mientras, la ojiazul estaba en la parte de arriba dentro de una habitación lujosa llena de hermosas telas que caían del techo, cojines tirados por todos lados tapizando el piso dorado alrededor de una gran tina de mármol e incrustaciones de oro y plata. Su cuerpo quedó desnudo al deslizarse la bata de fina seda color dorado con vino, respiró profundamente 7 veces y se metió en la tina de agua caliente con aceites y sales de gran poder.

-Hermosa, ¿quieres un poco de dulzor en tu vida?- preguntó un encantador y seductor colmilludo de cabello castaño oscuro, sus ojos observaban el agua color púrpura con oro en polvo, canela y pétalos de varias rosas, ella sintió su presencia tan tranquila y potentemente masculina, casi salvaje.

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-Dame toda la miel que tengas, Ulyses.- dijo cerrando sus ojos y entregándose a ese ardor placentero que le proveía ese líquido espeso y dorado cayendo por su cuello. El vampiro sonrió levemente y vertió todo el contenido de una tetera de oro y plata, el líquido viscoso cayó lentamente hasta llegar al agua haciendo que esta se tornara de un color blanco como la leche -Y dime, ¿cómo te tratan las pasarelas de Paris?- preguntó la genio mientras usaba sus manos como recipiente para tomar un poco de agua y mojar su cabello de manera lenta disfrutando el olor dulce y placentero de ese elixir blanco.

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-Hmmm, me gusta que me traten bien por ser tan bello, pero me gusta más cuando mis diseños hablan por mí.- dijo mientras encendía los inciensos en forma de flor que habían traído especialmente para ella desde arabia -Ahhhh, todos queremos hacerte sentir especial… no entiendo ¿por qué no pides lo que mereces?- dijo el de ojos verde agua para después apagar la llama de los inciensos, el humo rosado y anaranjado lo hizo sorprenderse -Vaya, mis hermanos se esmeraron como siempre.- y después pasó sus ojos sobre los objetos que estaban en la habitación: estatuas de gatos en cobre, plata y oro adornaban la puerta de manera que parecía que resguardaban la entrada de los intrusos, los cojines de las más caras telas tirados en el piso para que sus pies no tocaran el frío oro debajo, las telas con bordados a mano y en oro que caían del techo en forma de cúpula y los muebles ornamentados en metales preciosos hacían ver la habitación como de un sultán.

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-Yo no merezco nada, pero ustedes se empeñan en darme todo.- dijo mirando al vacío mientras relajaba su cuerpo y dejaba que su piel se consintiera de los cuidados de esa tina. El vampiro guardó silencio mientras la genio se masajeaba lentamente su cuerpo, se veía que disfrutaba del roce de sus manos -La miel que me traes siempre, es la más dulce y con mejor color que he probado, muchas gracias.- dijo volteando al techo para mirarlo mejor, sonrió levemente al verlo usando las telas para no tocar el los cojines y "ensuciarlos con su presencia" como todos los que habían ido a visitarla mientras ella estaba sentada sobre su cama circular con sábanas de seda roja y bordados de plata.

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-Te traje algo más…- dijo bajando con gracia por la tela, casi como una araña y quedó a la altura de la tina, una gran caja la hizo sentir curiosidad, el vampiro abrió la caja deteniéndose con sus pies para no caer de la tela y la ojiazul miró su contenido estupefacta -Pareciera que no te gustó- comentó al no escuchar nada de la pelicobre.

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-Uly-Hula, ya terminó tu tiempo con Darlyn-sama.- dijo una voz de mujer detrás de la puerta, la chica abrió y la ojiazul sonrió ampliamente como cada vez que miraba a sus pequeños como ella les decía -¡Darlyn-sama!, ¡No se deje engatusar por este casanova de pacotilla!- exclamó la rubia de ojos azul cielo mientras se movía con sigilo por las cortinas del techo -¡Y tú, vete ya que a mí me toca ayudarla a secarse!- chilló celosamente al ver que ya le había robado 2 minutos de su tiempo a solas con la genio. Darlyn rio levemente y ambos vampiros que se mataban con la mirada sonrieron al verla contenta.

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-Me lo pondré esta noche.- le guiñó al castaño y besó su frente, él en respuesta tomó un mechón de sus hebras cobre y lo besó con gratitud para después salir a ayudar a revisar que todos tuvieran sus ropas bien combinadas y cabellos arreglados -Ruth, no hay necesidad de que te pongas así, sabes que el tiempo es relativo y que siempre me tomo un momento con cada uno.- dijo la genio levantándose lentamente de la tina, la joven rubia extendió la toalla extra suave para la dama de piel tersa frente a sus ojos, primero secó con cuidado sus pies y la ayudó a envolverse con la toalla color vino. -¿Cómo te ha ido?, he escuchado tus recitales y me has impresionado mucho.- comentó la ojiazul mientras caminaba con sutileza sobre los cojines y era seguida por la vampiresa de vestido victoriano juvenil.

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-¿Los ha visto? ¡Qué emoción!... debo decir que los hombres son muy malos con la competencia, pero me gusta mucho callarlos tocando el piano.- dijo la lolita con una gran sonrisa que dejaba ver esos colmillos sutiles, la genio se dejó ayudar y le brindó dos minutos más de compañía a la rubia, le gustaba ver que los vampiros habían logrado incorporarse a la sociedad sin ser detectados. -Hmmmm ya se terminó mi tiempo, pero bailará conmigo esta noche ¿verdad?- preguntó ilusionada ya que la genio era una mujer muy ocupada y casi no podía visitarlos, por eso la mayoría envidiaba al líder del clan.

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-Claro que bailaré contigo, si quieres tocaré el piano contigo después de bailar con todos.- dijo sonriendo y haciendo a la rubia gritar de la emoción, bajó de la cortina sin tocar el piso y recibió su beso en la frente, tomó un mechón de cabello de la genio y lo besó para después irse.

Así era la noche de la restauración de la fuente, pasaba tiempo con todos y todos habían decidido ayudarla a bañarse, secarse, peinarse, ponerse crema de pétalos de rosas, vestirse, elegir zapatos, ponerse los zapatos, elegir perfume, ponerse perfume y así hasta que todos habían ayudado en algo, por más mínimo que fuera querían hacerle las cosas más sencillas y pasar tiempo con la genio que los ayudó a ser libres y no volver a beber sangre de humanos inocentes.

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-Y por esto es que odio los "Party Hard" de los ricos.- dijo el rubio mientras los tres bajaban del auto y una melodía de violín llegaba a sus oídos. El conde y el peliblanco suspiraron al unísono ya que para ellos estaba bien que la velada fuera ambientada tan elegantemente.

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-Buenas noches, permítanos guiarlos a la velada.- dijo por enésima vez en esa noche el rubio fumador compulsivo, que por órdenes de la señora de la casa y Tanaka dejó de lado los cigarrillos por esa noche.

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-Joven Amo, ¿cómo ha estado?- preguntó el ojiverde alegre que fue su jardinero, casi lo abraza pero se detuvo para no incomodarlo, el heredero de la compañía de dulces rio levemente ante esa demostración de afecto frustrada. Entraron al jardín escoltados por Bard y Finian, los cuales estaban vestidos de traje negro pero sin opacar su personalidad.

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-Muy bien, gracias por preguntar. ¿Y ustedes?- preguntó el ojiazul mientras buscaba a la rubia con la mirada y la encontró siendo amable con los invitados mientras Maylene la acompañaba.

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-También bien, Joven Amo. Qué bien que llegó, la señorita Lizzy estaba sintiéndose incómoda con tantos adultos.- contestó el ex-jardinero de los Phantomhive, tuvieron que retirarse a seguir con su deber de escoltas de invitados y cuidar de la velada mientras Tanaka los vigilaba y reportaba cambios desde alguna parte de la mansión.

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-¿Ves?... Hasta Ely se aburre.- dijo el rubio del prendedor de rosa en su pecho, pero debió callar al ver que la anfitriona de la velada se acercaba a ellos, tenía un vestido sofisticado pero muy conservador, se veía que era la estrictez en su forma humana -Buenas noches, Madame Middleford.- hizo una leve reverencia y ella sonrió levemente al ver que el joven estaba bien educado, le brindó su mano y Castiel besó su dorso con sutileza.

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-Es todo un acontecimiento el tenerlo entre los presentes de esta noche, Joven D´LaRose- dijo la elegante después de saludar con propiedad al conde, el rubio sonrió levemente y trató de permanecer tranquilo ante esa mujer severa -Tengo entendido que no asiste a reuniones de empresarios, ¿puede decirme por qué ésta es diferente?- preguntó la mujer de cabellera acomodada en un elaborado peinado.

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-Claro que puedo, soy una persona con problemas de salud frecuentes por ello mi hermana no me permite salir sin su compañía, lo cual no me parece muy viable ya que ella merece tiempo libre.- explicó el rubio mientras sonreía levemente y tenía la atención de la preocupada mujer de semblante severo, suspiró y prosiguió -Sin embargo, Ciel y yo pudimos convencerla de que obedecería a mi doctor, Marco Di´Salvo aquí presente.- presentó al peliblanco de traje negro con camisa gris, la dama implacable observó detalladamente al ángel antes de sonreír levemente, tenía casi la misma presencia que la ojiazul, denotaba seguridad y confianza, una extraña perfección le irradiaba.

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-Es un placer al fin conocerla, Madame Middleford.- dijo el de mirada púrpura mientras tomaba la mano que le brindaba la implacable mujer, besó su dorso suavemente y metió la mano dentro de su saco para entregar la carta que había hecho la genio -La señorita PerisDevasht me pidió entregarle esto.- la mujer tomó la carta y la leyó rápidamente frente a ellos, sonrió levemente y asintió al peliblanco.

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-Espero disfrute la velada y que su salud mejore, Joven D´LaRose… deben disculparme, debo saludar a todos los invitados.- dijo para después ir hacia una pareja que había llegado recientemente. El ojiazul y el rubio caminaron hacia el área de bocadillos, parecía que el ojimiel tenía mucha hambre ya que estaba ansioso por probar bocado, pero la realidad era que tenía nervios y la comida ayudaba en eso.

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-Huh… mira quien llegó.- dijo el rubio tomando dos copas para el conde y para él, apuntó ligeramente al recién llegado disimulando con una sonrisa, entregó la copa al de cabellos cenizos y cuando iba a colocar el borde de cristal en sus labios, se lo quitó con delicadeza el peliblanco -¡Oye!... te tomas tu trabajo muy en serio.- replicó el ojimiel mientras cruzaba los brazos al ver como el ángel custodio se tomaba la champaña.

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-Solo cumplo las órdenes de Darlyn, recuerda que ahora no es momento de dejarle todo a ella.- dijo seriamente con un semblante cansado y tomando el contenido de la copa como si de agua se tratase. El rubio tomó un bocadillo y lo comió sonriéndole al ángel en señal de "Tú ganas" -Gracias, es por su bien.- añadió el de anteojos sencillos mientras observaba a los invitados.

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-Bueno, Cielito, ¿vamos a saludar a Ely?- preguntó al conde sin dejarlo contestar ya que se encaminó hacia donde estaba la ojiverde tratando de parecer interesada en la velada reconocida por toda la sociedad -Buenas noches, señorita Middleford, ¿cómo está en esta encantadora velada entre la alta sociedad?- preguntó como si hablara con una princesa haciendo a la ojiverde volear y sonreír maliciosamente.

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-Buenas noches, Joven D´LaRose… si no es indiscreción de mi parte, me gustaría saber ¿A qué le debemos el honor de su visita esta noche en esta humilde velada?- "saludó" la joven rubia haciendo énfasis en la palabra "humilde" y sonriendo levemente al conde, hubo juego de miradas de "enojo" entre ambos rubios para después reír tratando de no hacerlo muy fuerte -Ya de verdad, acaso ¿no tuvieron lo suficiente con aguantarme ayer todo el día?- preguntó mientras caminaban los tres hacia el balcón para tener un poco de aire fresco, el ángel los observaba desde una distancia prudente ya que no quería sofocar al cooperativo rubio esta noche.

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-Querida, ¿cómo nos vamos a enfadar de tu efervescente presencia?... eso déjaselo a las nenas alzadas que no saben ser ellos mismos.- contestó mientras la rubia trataba de no mirar al de cabellos cenizos, ya lo había observado cuando llegó y había visto ese porte de caballero de otra época al caminar, pero no le bastaba. Por su parte, el conde la observaba desde el reflejo de las ventana abiertas del balcón, mantenía su semblante serio mientras ella hablaba sobre lo aburrido que era esa fiesta de adultos con dinero, "Solo vienen a presumir cómo van sus acciones en el extranjero y cuentan malos chistes…" la escuchaba decirle al rubio mientras él la miraba atentamente, ese vestido esmeralda con detalles plateados en forma de rosa iban a la perfección con un broche que peinaba sus doradas hebras en media coleta suelta con caireles.

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-Lo bueno es que llegaron ustedes y serán solidarios para aburrirse conmigo- dijo la ojiverde para después reír contenta por la presencia de ambos chicos con los cuales se sentía extrañamente segura. Hablaron un poco más sobre los malos chistes de los hombres con mucho dinero y la rubia rio de nuevo al escuchar "Si tienen tanto dinero, deberían comprar comediantes para que les digan chistes buenos, ¿no?" por parte del ojimiel.

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Una mesa completamente sofisticada y bien organizada había dejado perplejos a los vampiros en el gran salón. El pelinegro de guantes blancos pulía la plata rápidamente para darle el brillo final a esa mesa de tamaño descomunal mientras un vampiro dibujaba a velocidad sobrehumana la escena sobrenatural.

-¡Vaya!, tienes talento… ni en mis más profundas memorias puedo recordar alguna mesa tan bellamente colocada.- dijo el vampiro líder mientras se acercaba para observar mejor las servilletas en forma de diversas flores en cada plato, los centros de mesa ahora estaban en cada extremo de la mesa, de manera estratégica para que la luz se reflejara mágicamente en brillos multicolores, los platillos estaban ordenados de manera que al probarlos en cualquier secuencia fuera una explosión en las papilas gustativas. Iba a felicitarlo nuevamente al ver la fuente de chocolate con todos los dulces y frutas que le gustaban a la ojiazul, pero una mujer muy conocida por él le cortó la sonrisa, dio un paso para acercarse a decirle que ese hombre estaba ocupado por la genio, pero se detuvo al pensar "Será una manera viable para ver cómo va su relación" y se alejó sigilosa y rápidamente.

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-Lindo… muy lindo todo.- escuchó una voz femenina mientras terminaba de acomodar el último tenedor sobre la mesa magistralmente ordenada, volvió la mirada hacia la fuente de esa voz encontrándose con unos ojos azules tan claros como el lago más limpio que alguna vez había visto, la mujer sonrió dejando ver esos encantadores colmillos de manera seductora y peligrosa, se acercó a él y cerró los ojos para después inhalar profundamente -Hmmm… hueles… diferente.- dijo alejándose y chupando un poco de sirope de cereza que había tomado con sus dedos al acercarse a la mesa -Hmmmm, muy saludable.- sonrió seductora al ver que sus encantos no funcionaban como con todos los hombres con los que había probado antes.

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-Me alaga, señorita…- dijo admirando el que algún vampiro haya venido a presentarse individualmente, ella sonrió coquetamente y desvió la mirada hacia sus hermanas, las cuales la miraban reprochantemente "Todas me envidian, ¡Qué novedad!" se dijo mentalmente mientras regresaba la mirada hacia el suculento hombre que tenía frente a ella, extendió su mano y lo miró a los ojos.

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-Soy Genevieve, un placer conocerlo…- alargó la voz en una tonada profunda y casi ronroneante mientras el de gabardina negra se acercaba a besar el dorso de esa mano pálida y fría, ella sintió los labios cálidos y casi se lamió los labios al querer convertirlo ella misma, podría tener algo para ella sola por toda la eternidad.

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-Sebastián Michaelis, el placer es todo mío.- dijo haciendo los ojos de ella contraerse al tener frente a ella un potencial compañero, un hombre que esperaba si se quedara con ella.

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Su cabello fue peinado por una de las más jóvenes vampiras a pesar de tener más de 1000 años, siempre cuando la peinaban le decían que "Su cabello es hermoso, no necesita mucho" pero les gustaba ver como el cepillo de plata y cobre pasaba suavemente por su melena cobre puro. La crema de rosas fue colocada en sus manos por un niño de más de 100 años mientras éste le decía que ya podía ver en la oscuridad como un gato, la emoción en sus palabras la hizo enternecer mientras el aroma que tanto le agradaba comenzaba a cubrir su piel. Una chica que era especialista en tratamiento de uñas la ayudó a limarlas y darles brillo mientras hablaban de lo importante que había sido aprender idiomas para su carrera, tenía una cartelera de más de 1000 modelos y artistas que la buscaban por todo el mundo. Una niña pequeña la ayudó a escoger el perfume mientras le decía que había un hombre muy apuesto en el gran salón, "Espero algún día crecer y ser tan bonita como tú o Genevieve para casarme con él" dijo la niña soñadoramente mientras presionaba la bomba de plástico de ese perfume caro y antiguo conservado por los años. La ojiazul se sonrojó al verse en el espejo ya vestida y lista para salir a pasar tiempo con su familia por decisión y destino.

Caminó siendo escoltada por los caballeros y damas que hace un año habían sido los que la ayudaron a acicalarse, ya que eran muchos debían turnarse cada año para que todos pudieran ayudarla y pasar más tiempo aparte del baile familiar. Al llegar a las escaleras la esperaba el director del instituto para hacer su entrada de cada ceremonia, todos temían que se lastimara antes de la ceremonia y querían que sintiera el menor dolor y cansancio posible, así que lo que acordaron fue que el líder debía cuidar sus pasos.

-¿Lista, Darlyn-sama?- preguntó el de vestimentas dignas de un príncipe oscuro y ojos de hermoso color azul hipnotizante, la genio en respuesta dejó caer su cuerpo demostrando la confianza ciega que le tenía, él con agilidad la tomó antes de tocar el piso a lo que ella sonrió divertida -¿Tanto me odias como para hacer que me odien mis hermanos?- preguntó mientras bajaba cada escalón con cuidado y sin mirar, esa mansión ya la tenía memorizada y podía caminar por cualquier lado sin mirar.

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-Yo no te odio… te amo de una manera extrema que nadie entiende.- dijo en un susurro para que solamente él pudiera escuchar entre los aplausos y la orquesta de vampiros que ambientaban el lugar. El amplio salón era tan grande que podía ser la cancha de un partido de soccer, estaban todos los miembros de la familia vampírica esperando ver a la ojiazul compartir tiempo con todos. Se hizo un silencio espectral al ver que el líder la bajaba lentamente y con cuidado para que sus zapatillas tocaran el piso, el sonido metálico de la plata de sus tacones hizo al vampiro diseñador de zapatos sonreír complacido -Muchas gracias, Mordecai, son hermosos.- le dijo cuando él se acercó para tomar sus manos.

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-Sus pies hacen que sean espléndidos, hechos a la medida de una diosa como usted.- comentó el de ojos ámbar antes de besar suavemente las manos de la ojiazul, la genio buscó con la mirada al demonio pero sintió una oleada de frío al verlo con la "Devorahombres" coqueteando de manera casi exhibicionista, desvió la mirada y sonrió para no preocuparlos -¿Ocurre algo, Darlyn-sama?- preguntó al notarla mirar hacia otro lado, el vampiro líder sonreía por dentro al ver como la ojiazul sonreía para no mostrar lo molesta que en realidad se encontraba.

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-¿Me concede esta pieza, Sir Mordecai?- preguntó haciendo una leve reverencia y jalando un poco su vestido color vino con piedras de cristal Swarovsky que adornaban su cadera, cintura y formaban un corazón en su busto, la tela era una seda lisa que envolvían su cuerpo y se abría justo en medio de cada pierna dándole un aire sensual a cada paso que daba.

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-¡Ohhh sublime vals que hace irresistible su invitación!- dijo tomando la mano de la ojiazul para después hacer esa reverencia de caballero de época. "El Bello Danubio azul" resonaba mientras ambos reían y hablaban sobre las tendencias nuevas que serían excelentes en un futuro, "Los zapatos de Alexander McQueen son una extravagancia digna de admirar" a lo que ella contestó graciosamente "Si es una tortura caminar con tacones normales, ¿Qué será de mí si calzo esos zapatos que hacen caer a la propia Mama Monster?".

Mientras ella pasaba a los brazos y conversaciones de diferentes vampiros masculinos, había otra conversación mucho más interesante al otro lado de la fiesta nocturna. La dama de vestido dorado miraba interesada al caballero frente a ella y sonreía varias veces mientras él observaba como su pareja estaba bailando con todos esos caballeros.

-¿Vladimir-sama va a convertirle esta noche?... si no lo hace él, lo haré yo misma- advirtió mientras los que ya sabían que ese caballero estaba con la genio se preparaban para intervenir si era necesario, el de ojos color vino observaba como la pelicobre reía y hablaba con los vampiros que parecían estar custodiándola de él.

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-No, bella dama… me temo que nadie puede convertirme.- contestó con esa voz tersa y educada mientras la vampiresa retorcía un tenedor entre sus manos que parecían no moverse ante el duro metal, siguió sonriendo mientras pensaba que la genio siempre acaparaba toda la atención desde que los "rescató", no la odiaba pero odiaba que otra mujer recibiera la atención que fue suya por más de 100 años -Sin embargo, me encantaría saber un poco más sobre el motivo de esta velada.- preguntó posando toda su atención en la seductora rubia con colmillos, ella cambió ligeramente el tono blanco de sus mejillas por uno más vivo y asintió.

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-Verá, esta velada es una ceremonia de final e inicio al mismo tiempo, como el año nuevo vampírico.- comenzó a explicar mientras intentaba servirse una copa de sangre, pero se alagó al ver que el pelinegro la detuvo para él servirle, ella sonrió complacida y prosiguió -Cada año, la fuente se termina y necesita volver a ser llenada, la mujer a la cual todo el mundo está admirando esta noche es la que nos provee del líquido que ahora mismo usted me está sirviendo. Gracias.- dijo antes de beber un poco de la recién servida copa de líquido carmesí, el demonio recordó la cortada de la cual emanaba sangre real y la cara de dolor y miedo de la genio al cortarse, escuchó la risa leve de su acompañante en ese momento -Es gracioso que un ser tan "indestructible" puede ser tan débil cuando…- calló abruptamente al recordar que todos habían hecho un pacto de silencio y jurado que si revelaban el secreto, serían lapidados en el fondo del sótano a un lado de la caldera siempre encendida -Lo siento, hablé de más.- iba a retirarse cuando la mano enguantada del encantador hombre tomó su muñeca para detener su huida, lo miró sorprendida y con ardor en las mejillas mientras la ojiazul siendo cargada en una vuelta observó ese detalle de la vampiresa que siempre le reñía.

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-No se vaya tan pronto, por favor Genevieve.- susurró su nombre de manera casi hipnotizadora, ella sintió la necesidad de morderlo y marcarlo antes de que otra lo reclamara, pero se contuvo para no verse tan necesitada. Por su parte el demonio tenía ya una fuente de información veraz, él no mentía y si la genio lo hacía, quería saber la verdad no importaba el precio.

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El conde observaba el cielo estrellado mientras los rubios hablaban sobre videos divertidos de internet, la rubia había convidado de sus dulces de emergencia que guardaba en su pequeño bolso de maño y el rubio había sacado varios chocolates, pastelillos y gaseosas de entre sus cosas.

-Vamos Ciel, saca las papas…- dijo con un acento extraño mientras acomodaban una charola de modo improvisado, el conde suspiró y metió las manos en su saco para entregar una gran bolsa de varias marcas de botanas que el rubio le había encargado, también sacó algunos Dips que su mayordomo había hecho -Ohh Yeah, BEST PARTY EVAH- y la ojiverde rio levemente mientras abría una bolsa de "Doritos".

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-Buenas noches, mi Bella maga oscura.- saludó un chico alto, con cabellos peinados en una coleta al hombro, la rubia se sobresaltó al escucharlo tan de repente y la charola cayó del balcón, los reflejos del conde hicieron los propio de un demonio: ante la mirada de la rubia, la cara arrogante del recién llegado y la sonrisa orgullosa del rubio, tomó la charola en el aire, la movió de manera casi imperceptible y salvó los bocadillos que hacían reír a la ojiverde. -Vaya, buenos reflejos, Phantomhive.- dijo sonriendo de medio lado haciendo menos creíble su felicitación, la rubia sintió cierta tensión en el aire y el ojimiel sintió un escalofrío al ver ese brillo malévolo en los ojos del recién llegado.

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-Mi madre me dijo que eras bueno memorizando las listas de los invitados, pero sinceramente no creí que tanto.- saludó la ojiverde demostrando que ya había hablado con el joven antes de llegar a la velada, el rubio y el conde permanecieron al margen del intercambio de palabras entre la ojiverde y el de cabellos castaños -Ohhh, lamento ser tan grosera, Castiel Alexandro D´LaRose y Ciel Phantomhive…- presentó a los jóvenes mientras el recién llegado daba la mano en forma de saludo a sus nuevos conocidos.

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-Buenas noches, caballeros. Me intriga saber que Madame Middleford permitió ampliar el círculo de invitados.- dijo mirando al conde haciendo notar que al que miraba desentonaba entre los invitados al no tener alguna empresa reconocida, la rubia sintió incomodidad al escuchar que hablaban de esa manera del ojiazul, pero el ojimiel extrovertido rio levemente y comenzó a aplaudir a la observación del invitado.

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-Buenas noches, Eliot Lancelot, heredero de la industria metalera más próspera de los últimos años, ¿cierto?- preguntó el ojimiel haciendo frente a ese joven de mirada presuntuosa, sabía que ese riquillo quería saber todo de todos los invitados y él también podía jugar al sabelotodo gracias a las investigaciones exhaustivas de la genio por tener todo bajo control alrededor de su Amo. El castaño se sorprendió al ver la seguridad con la que el ojimiel le hablaba, sonrió con autosuficiencia y observó el semblante del rubio -Yo también tengo buena memoria y mi mano derecha, aquí presente, es hábil con el nuevo proyecto que estoy planeando.- dijo sonriendo orgulloso de su amigo demonio, tenía planes de trabajo con él y era una buena oportunidad de mencionarlo con misterio.

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-Interesante, pero me agrada que lo aclares, esta velada es exclusiva…- la rubia ante este comentario del proveedor de material para la empresa Middleford se sintió más incómoda, era cierto que no le gustaba mucho estar entre la alta sociedad, pero también era cierto que ese joven castaño no era muy jovial como sus amigos -Me parece sumamente extraño que la dama políglota no esté tomándolo de la mano esta noche.- comentó soltando una leve risa y haciendo incomodar al ángel que los observaba desde cierta distancia, la rubia frunció levemente el ceño y apretó su puño detrás de su espalda marcando sus uñas en su palma.

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-Lo que me parece sumamente extraño es que usted quiera provocar discrepancias en la velada de Madame Middleford.- el rubio sonrió imitando al castaño presuntuoso al escuchar a su amigo detener esa conversación tan educadamente, se escuchaba como un caballero victoriano y estaba seguro que la ojiverde estaba encantada de ver como su amigo era frío y misterioso hablando. El de ojos negros sonrió de una manera indescriptible y negó en silencio para después beber champaña de su copa.

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-Lamento que mi simple observación haga tal revuelo en sus pensamientos, discúlpenme si fui rudo en mi manera de hablar.- comentó con esa sonrisa aún en su cara, el conde percibió cierto aire de desafío hacia él pero pensó que era mejor dejarlo de lado y no afectar la velada tan distinguida en la que se encontraban esa noche.

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-Bueno, disculpas aceptadas. Ahora, para celebrar disfrutemos de los bocadillos más deliciosos de toda la velada.- fue el comentario alegre del rubio el que aminoró la tensión del ambiente en el balcón, la ojiverde volvió a sonreír y el conde se sintió más tranquilo, sin embargo con la mirada del de ojos negros y cabellos castaños no podía bajar la guardia.

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-Disculpen mi atrevimiento, pero no son de mi agrado esos "bocadillos"… Elizabeth, tampoco deberías comerlos.- dijo Eliot con delicadeza y mirada suave para la ojiverde, Ely no sabía si reír en su cara o si dejar de lado ser señorita de casa para demostrar que no podían dominarla con palabras dulces, respiró hondo y se calmó un poco, tomó un dorito con sus delgados dedos, lo sumergió en el Dip que tenía más crema y condimentos para después meterlo completo en su boca pintada de rosa tenue, cerró los ojos al saborear la crema y queso fundiéndose en sus papilas gustativas mientras los caballeros escuchaban como disfrutaba de ese bocado.

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-Disculpas aceptadas.- sonrió la rubia para después servirse un poco de gaseosa Dr. Pepper y beberla frente a los ojos del presuntuoso caballero dominante, al cual no le quedó más que sonreír levemente por mera cortesía ante la dama mientras el conde y el ojimiel acompañaban a la rubia en su festín de comida chatarra y dulces de media noche.

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Después del Vals y dar vueltas con varios vampiros, la pelicobre ahora estaba bailando Rock´n Roll como si estuviera viajando al tiempo de cada canción, los vampiros se divertían imitando sus pasos y ella trataba de no dar importancia al hecho de que su pareja estuviera coqueteando descaradamente con su némesis cariñosa de siempre.

"¡AMO ESA CANCIÓN!" gritaban los vampiros más alegres mientras corrían a sus posiciones a los lados de la ojiazul, el demonio observó cómo los dinámicos inmortales comenzaban a bailar "Thriler" en una coreografía sincronizada con la ojiazul al centro. Sus ojos vino se posaron en el vampiro director del instituto donde trabajaban, estaba bebiendo alegremente mientras se movía de un lado a otro con el son de la música. Después le siguió una canción que hizo a todos reunirse a la gran masa y bailar con la pelicobre "U Can´t touch this", era en toda la extensión de la palabra una fiesta de magnitud descomunal y de felicidad contagiosa para los vampiros que bailaban y bebían.

Entre cada canción que bailaban con la genio, cada ser inmortal le llevaba una frutilla bañada en chocolate ya sea blanco o normal, ella estaba extasiada y con una cara de felicidad mientras comía bailando con mucha energía. Se acercó a la mesa de las frutillas y jarabes dulces para ella, el demonio se acercó a la de vestido color vino y ojos azul profundo, la genio evitó mirarlo al ver como la vampiresa seguía los pasos de su pareja.

-¡Vaya Darlyn!, aún no pierdes el ritmo de todos los tiempos.- comentó el líder evitando una pelea entre las dos mujeres, sabía que la genio estaba molesta por la grosería que estaba viendo desde que bajó a pasar la noche con sus colegas. La vampiresa miró con desdén a la genio, odiaba que siempre tuviera la atención de todos y que fuera más importante para todos.

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-Sebastián, ¿Podría bailar conmigo?- esa voz tan seductora y provocativa que usaba con todos los hombres a los que engatusaba, no podía creer que hiciera eso con Sebastián, un demonio de alta categoría y SU pareja. Cerró su puño y apretó la mandíbula fuertemente para después sentir la mano tranquilizadora de Vladimir en su hombro -¿Sucede algo, Darlyn?- preguntó la vampiresa con una sonrisa amplia al ver que la ojiazul estaba incómoda por no poder tener un hombre como el que ella "Tenía" esa noche.

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-No, no es nada Genevieve… espero disfrutes de esta velada tanto como yo.- dijo la ojiazul antes de meter en su boca dos trozos de plátanos con chocolate, los saboreó y masticó despacio para después encaminarse a la pista con sus vampiros súbditos, se enderezó y los miró sobre su hombro con esa mirada levemente fría -Ahhh, puedes cuidar de mi almohada, pero si la babeas o si pones tus colmillos cerca de ella, créeme cuando te digo que desearás no haber posado tus ojos en él.- después de esa amenaza, la ojiazul quitó su cabello cobre de su hombro haciéndolo ondear y caminó hacia la pista contoneando su cadera como una diva.

El vampiro sonrió complacido ante esa muestra de celos por parte de la genio, sabía que ella había comenzado a sentir algo por el demonio pero era demasiado terca y orgullosa en ese aspecto de su vida, sabía que había sufrido por un amor tormentoso muchos años atrás y esperaba que el profesor de historia de ojos color vino no lo decepsionara. Por su parte, la vampiresa tomó gran cantidad de elixir color carmín mientras se alejaba a pasos fuertes, era cierto que el "Nuevo" era muy atractivo, pero no se atrevería a quitarle algo a la de cabellos cobre, por una parte sabía que todos sus hermanos querrían matarla si hacía algo tan ruin como eso a la genio y por otra parte, tenía dignidad y no la dejaría de lado por un buen mordisco.

-¡Vaya Sebby!... ¡La tienes y a ella le gusta!- dijo el vampiro director al estar a solas con el demonio, Sebastián prestó atención a lo que tenía que decir el director de colmillos escondidos el cual estaba observando como sus congéneres bailaban el "Gagnam Style" con la ojiazul que evitaba mirar a Sebastián con todas sus fuerzas -Debes ser muy paciente, Darlyn es complicada, pero tiene su recompensa.- dijo dándole palmadas en el hombro y dejándolo solo para comenzar el ritual de restauración de la fuente.

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Los chistes de empresarios aburrían a todos los presentes, sin embargo todos reían a carcajadas por cortesía ya que todos querían quedar bien, la rubia, el conde y el ojimiel solo sonreían para no desentonar y arruinar la velada de la implacable dama Middleford.

-Los jóvenes tienen el mundo por delante para transformarlo a su parecer, ¿Qué opinan acerca del mercado actual?- preguntó la anfitriona mientras todos se encontraban cenando platillos extravagantes y diferentes a lo que todos estaban acostumbrados, el ángel cuidó que la comida estuviera bien servida y que no fuera peligrosa para el rubio y el de cabellos cenizos.

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-Interesante cuestionamiento el que nos plantea una dama de brillante carrera en los negocios…- comentó galante el chico de porte misterioso y cabello castaño, los presentes adultos escuchaban sus palabras como si de un orador profesional se tratara, el conde podía percibir algo sumamente familiar en la voz del joven que estaba frente a él -mi juicio basado en la producción de materia prima de primera calidad me avala al decir que una empresa con raíces fuertes y sin cambios que confundan a los clientes son los aspectos fundamentales para una empresa exitosa siempre.- concluyó el de ojos negros brillantes mientras cortaba un trozo de la carne de cocodrilo en su plato, su elegancia al hablar mientras comía hacía que los adultos presentes no notaran que estaba mirando de manera extraña al ojimiel de cabellos rubios -¿No es así, D´LaRose?- preguntó explícitamente al dueño de la empresa dulcera más próspera de los últimos años. El ojimiel sonrió levemente y devolvió la mirada retadora al ojinegro para después masticar lentamente su comida.

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-Lamentablemente debo diferir en su manera de pensar…- respondió el rubio haciendo sorprender a la ojiverde y al conde por su manera de hablar tan educadamente, el ángel pensaba que estaba alcoholizado para escuchar a ese chico que siempre hablaba de manera coloquial hablar de esa manera tan civilizada esa noche, el heredero de la empresa dulcera se limpió los labios de manera suave con una servilleta y prosiguió -En efecto, sé que a su empresa le va excelentemente debido a sus clientes con los cuales tiene contratos de generación en generación, sin embargo, las empresas deben expandirse, innovar y experimentar nuevos terrenos, claro que teniendo los pies firmemente sobre la tierra.- los empresarios observaban sorprendido al rubio que era solamente conocido por todos ellos en fotografías de los periódicos ya que extrañamente el ojimiel no salía solo.

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-Con temor a ser entrometido, ¿podría iluminarnos al decir qué experimento podría tener una empresa de dulces?, sin ofender.- preguntó sonriendo delicadamente retador mientras sostenía su copa para que le sirvieran más vino blanco, la rubia se sentía incómoda en esa charla de empresas y dinero que odiaba tener que ser testigo pero no quería irse de ahí hasta que los jóvenes se fueran seguros a sus casas. El conde podía percibir cierta brisa proveniente del joven empresario de cabellos castaños, sabía que algo no estaba bien con ese porte de caballero.

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-Mi buen amigo, claro que no es entrometido… admiro su curiosidad y su rudeza al preguntar.- contestó el ojimiel sonriendo levemente para después aclararse la garganta y observar el semblante de todos los presentes -Si, mi empresa de dulces solamente es reconocida por eso: Brindar pequeñas dosis de sabores que endulzan el paladar más amargo, exportamos nuestros productos por todo el globo terráqueo e innovamos cada presentación y sabor usando los elementos naturales que nos brindan los lugares más extraordinarios del planeta.- mencionó haciendo uso de las palabras que la genio siempre decía cuando él solo comentaba que solo vendían dulces, "no es nada extraordinario". Los empresarios casi aplaudían el discurso tan alentador del joven que parecía ser nuevo en el mundo de los negocios, pero para su sorpresa parecía tener la mente de empresario, el conde al ver la cara del rubio sabía que no había terminado -Pero… mi socio aquí presente me ha abierto los ojos al decirme que aparte de los dulces, los niños aman los juguetes y ¿Quién mejor que un par de niños para entender las necesidades de los pequeños traviesos?, ¡Salud por eso!- levantó su copa y todos los empresarios se unieron al brindis improvisado mientras el conde no recordaba haber mencionado nada de una sociedad, si habían hablado de los juguetes y de lo creativo que debía ser alguien para hacerlos, pero nunca fue una conversación seria. Al chocar las copas todos, el joven de cabellos castaños observó fijamente al rubio, lo había dejado en ridículo y eso no se quedaría así. "Hnn, mocoso insolente e idiota… solo has logrado molestar al demonio que hay en mí…" pensó con la mirada sonriente mientras todos los empresarios le daban la mano a Castiel, su ira hizo burbujear una copa con agua, detalle que fue captado por los ojos de la rubia haciéndola temblar levemente.

Después de eso, la velada continuó con serenidad excepto para la rubia, tenía leve temor por ese chico que había conocido hace unas semanas, parecía un chico perfecto, muy perfecto a tal grado que daba miedo, lo miraba y le sonreía mientras pensaba en alguna manera de espiarlo sin que se diera cuenta, "Pero ¿cómo?" pensó mientras lo observaba con atención, el de cabellos cenizos estaba hablando con la anfitriona y con su hijo mayor, el ojimiel se encontraba hablando con Marco acerca de la hora de regresar a casa.

-No tenía idea de que tuviera nociones de juguetería, debo decir que tiene amplios conocimientos en diversas áreas.- comentó la mujer de estricta mirada mientras el conde la escuchaba con atención y respeto, el primogénito de los Middleford observaba como el joven educado de ojos negros miraba a su hermana menor, frunció levemente el ceño al notar cierta incomodidad en la rubia.

-Castiel tiende a exagerar ciertas cosas, sé que mis antepasados fueron dueños de una empresa juguetera, considero que debo mejorar aún para que el proyecto funcione.- respondió el ojiazul mientras notaba como el semblante del hermano sobreprotector cambiaba a uno defensivo, la dama comenzó a reír levemente ante la humildad con la que hablaba el joven Phantomhive, pero Edward no pudo más y se dirigió hacia donde estaba su hermana.

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-Ohhh, discúlpelo Joven… mi hijo es un poco celoso con mi pequeña hija, aún no encuentra ningún hombre digno para su hermana.- se disculpó a nombre de su hijo al verlo llegar con la rubia, se paró a su lado y le dio fuerza para seguir la conversación con aquel joven de prominente apellido -Dígame, ¿Sus antepasados no son de América?- preguntó para saber un poco más del joven, podía investigarlo de la manera que todos hacen, pero quería conocerlo ella misma, tenía la noción de que le era familiar.

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-No se disculpe, yo comprendo la situación.- dijo sonriendo levemente al ver lo posesivo que seguía siendo Edward a pesar de ser la reencarnación de aquel joven caballero de Londres, esa sonrisa no pasó desapercibida por la matriarca -Tiene razón, mi familia proviene de Londres, donde los títulos nobiliarios eran muy respetados y servían fielmente a una reina.- recordó con melancolía algunos casos resueltos por él junto a Sebastián, tuvo la oportunidad de volver el tiempo y regresar a esa vida, pero siendo honesto consigo mismo, no era lo que quería hacer.

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-El pasado ya no está, Joven Phantomhive… siempre se avanza para el bienestar de todos.- dijo regalándole una sonrisa leve, le gustaba ese joven para su hija, tenía una confianza extraña pero honesta con ese joven misterioso de cabellos cenizos y ojos azules profundo, destilaba sabiduría y madures a pesar de ser más joven que ella.

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La velada terminó y fue momento de que todos se retiraran a sus hogares, la dama implacable agradeció a todos por haber ido a pasar esa agradable noche juntos, en especial agradeció a los jóvenes por haber aportado tan excelente debate sobre el mercado.

-Pensé que sería comida de buitres al morir de aburrimiento esta noche… pero Ely fue solidaria y se unió a nuestra pequeña velada dulce.- dijo el rubio mientras caminaban hacia su auto que había sido entregado por el rubio fumador compulsivo, el ex-jardinero se despidió alegremente del conde y del rubio excéntrico mientras una sombra los observaba desde cierta distancia.

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-Hn, vaya manera de hablar de la velada más esperada del mundo de los negocios.- dijo la voz serena del joven de ojos negros, su presencia no fue sentida por los ex-sirvientes de los Phantomhive ni por el rubio que estaba siendo resguardado con cautela por el ángel de cabello blanco -Tiene un vocabulario para cada ocasión, supongo.- agregó mientras tronaba los dedos para que le llevaran su coche a la brevedad.

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-Tengo por hermana a la políglota más próspera de todos los tiempos, claro que tengo un idioma para cada ocasión.- contestó el rubio mientras miraba como el coche negro abismal llegaba lujoso al jardín, el joven castaño elevó la cara con presuntuosidad y sonrió burlonamente mientras cerraba los ojos.

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-Es una lástima que su tutora a la que llama hermana no siempre podrá acompañarlo.- dijo mirando directamente al rubio para después mirar al ángel y al conde, se sacudió el abrigo como si el aire lo empolvara y caminó lentamente hacia su auto. El peliblanco sabía que algo estaba mal con ese joven, tenía demasiada información y eso era malo para la seguridad del rubio.

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-Por bendición y maldición tengo a mi lado a Marco Di´Salvo y a Ciel Phantomhive respectivamente.- el joven paró su andar para mirar sobre su hombro al rubio, el brillo carmesí sobrenatural fue apreciable en sus ojos para el de cabellos blancos y el conde, el castaño suspiró levemente intentando calmarse y miró al frente para retirarse a su hogar -Buenas noches Eliot, fue un placer conocerte.- añadió el rubio educadamente burlándose del joven misterioso, el cual simplemente subió a su coche y se retiró de ahí mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro decía mentalmente un "Phantomhive ¿eh?... será divertido".

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Sentía ya su cuerpo completamente cansado, el vampiro hizo una seña al demonio al ver su cuerpo moverse lento entre todos los vampiros, la música se detuvo haciendo un silencio ensordecedor. La genio perdió la fuerza en sus piernas y el de ojos vino la atrapó antes de tocar el piso, tocó su rostro y miró sus ojos ahora de color negro abismal, era como si el alma hubiera escapado de su cuerpo. La cargó con cuidado y caminó entre los vampiros que hacían un sendero para darle acceso a la fuente al centro del recibidor. Los cientos de pares de ojos que los observaban ahora eran de un amarillo espectral, parecían esperar con ansia que la fuente seca comenzara a funcionar. Para Sebastián era una experiencia desconocida, Darlyn no le había informado nada del ritual de esa noche y solo se limitaba a cuidar de su cuerpo notablemente cansado y al límite.

-Con esta daga la Diosa nos da autorización de usurpar su templo- dijo el líder de cabellos dorados y ropaje victoriano, el demonio observó como todos los inmortales alababan a la daga en la mano del líder, era cristalina, de diamante y platino. El vampiro con mirada sedienta lo observó con impaciencia y al verlo cooperar levantando las palmas de la inconsciente ojiazul -¡Que así sea!- exclamó rasgando la suave piel de las palmas de la genio y haciendo brotar un líquido oscuro y denso de ellas. Dos vampiros jóvenes se acercaron a mojar las heridas que sangraban profusamente, el agua cristalina que usaban se volvió de un carmesí hipnótico y al momento que la sangre paró después de minutos, la fuente comenzó a funcionar por si sola haciendo a toda la hermandad aplaudir mientras el líder limpiaba la sangre de la daga de cristal, se veía profundamente extasiado y concentrado en saborear el néctar que él mismo hizo brotar de las palmas de la pelicobre que se encontraba descansando entre los brazos del demonio.

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-No… es… n-nada, van a ce-cerrarse.- dijo tratando de no mostrar debilidad por el dolor punzante de sus palmas, el demonio observó como esa piel rasgada comenzaba a cerrarse gradualmente, con sus piernas temblando se logró poner de pie para después levantar ambos brazos mostrando sus palmas ilesas, en ese instante todos tenían sus copas listas para ser llenadas con la fuente sangrante, el vampiro modista se acercó a la pareja para entregar dos copas, Sebastián miró a la genio en busca de respuestas y ella simplemente sonrió. Los vampiros esperaron a que todos estuvieran con su copa llena y miraron a la genio junto al demonio, se miraron ambos con complicidad y finalmente bebieron de sus copas.

-¡La mejor cosecha de todos los tiempos es la de Darlyn-sama!- gritó la pianista inmortal alzando su copa ahora vacía, todos los seres de la noche hicieron lo mismo para después lanzar con fuerza inhumana las copas haciéndolas añicos, el demonio observó como la genio se veía feliz al hacerlos felices a los vampiros, pero en esa sonrisa había una sombra de preocupación que él podía notar desde hace días atrás -¡Sebastián!- lo llamó la vampiresa de rápidos dedos haciendo a la genio ruborizarse levemente, ya sabía lo que venía ahora -¡Bienvenido a la familia!- y todos alzaron sus copas nuevas para ese año de vino nuevo.

Después de reanudar el ciclo de la fuente, las atenciones a la genio no cesaron por parte de los inmortales, bajaron su trono que ellos mismos consiguieron de una pirámide de alguna civilización antigua, se dieron cuenta de que la ojiazul tenía cierto apego a las cosas de faraones y sultanes. Quisieron tratarla como una reina como cada año lo hacían, pero ella no quiso, ya sentía que sería una carga los próximos días y con eso tenía suficiente.

-Sebastián- se acercó a él la pianista de la hermandad, ella le tenía respeto y admiración al ser que se ganó el honor de ser aceptado como pareja de la genio por el rubio más exigente y celoso de todos, también lo admiraba porque la ojiazul era muy conocida por ser fría al momento de marcar distancia con sus pretendientes -Vladimir me dijo que sabe tocar el violín, ¿Podría hacerme el honor de tocar conmigo una pieza para Darlyn-sama?- preguntó sonriendo levemente mientras un estuche era traído por el líder de la hermandad.

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-El honor será todo mío, Lady Ruth.- concedió mientras la ojiazul lo miraba atentamente, estaba enojada porque se dejó seducir por esa vampiresa, pero no podía dejar de observar esos movimientos elegantes y sutiles que él hacía, observaba su espalda mientras él se acomodaba para tocar el violín. Él le dedicó una mirada que la hizo temblar y suspirar sin importarle que tuviera a 4 pequeñas vampiras trenzando sus hebras cobre, las niñas rieron levemente al ver a la genio que parecía imposible de enamorar ahora completamente vulnerable por un demonio apuesto y de voz encantadora.

Una hermosa melodía resonó en toda la fortaleza vampírica haciendo que la velada terminara tranquilamente, la genio comía chocolate con fresas y plátanos mientras observaba el perfil del demonio: esa suave piel blanca de su rostro, ese cabello negro como la noche y brilloso como la luz de la luna, esos ojos afilados y sensuales que por las noches sentía delinear su figura mientras dormía, esa nariz perfecta y respingada para finalmente llegar a esos labios delgados y masculinos que ya había probado, que habían sido hechos para encajar a la perfección con los suyos. "Demonio… ¿Qué me haz hecho?" se preguntó al escuchar los aplausos de los vampiros que habían sido deleitados por la melodía magistralmente tocada por la joven vampiresa y el demonio que se había llevado el corazón de la genio liberadora.

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Ya era muy entrada la noche y ambos entraban a la mansión del rubio, las luces estaban tenuemente encendidas y un peliblanco los esperaba en la sala. El ángel la observó entrar tan resplandeciente como si su tiempo no estuviera corriendo en su contra, ella sonrió levemente y le entregó una charola de plata cubierta con un bowl que él ya conocía.

-Te lo envían los chicos, dicen que hicieron falta tus trucos con el arco y flechas.- le dijo la ojiazul antes de que las manos pálidas del peliblanco tocaran sus manos al recibir el presente de los vampiros, ella lo miró extrañada, sabía lo que él pensaba y tenía razón, pero primero era el bienestar de su Amo.

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-Por lo menos déjame revisarte…- pidió con ese semblante de preocupación que siempre mostraba cuando se trataba de ella, sabía que no tenía oportunidad ya, pero quería verla bien. La genio desvió la mirada hacia la puerta e inhaló profundamente tratando de permanecer tranquila, el ángel entendió y desistió -Él está bien, ambos lo están. Están en la habitación del Joven Ciel.- la de cabellos cobre asintió y dejó la charola en sus manos para después sonreírle levemente y darle un "gracias" antes de caminar escaleras arriba a ver como estaban los chicos.

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-Me temo que todos están ocultando algo muy importante.- dijo el de ojos envinados al verse a solas con el ángel, el peliblanco suspiró y volvió la mirada al demonio, demostraría que no le temía y que podía proteger a la genio bajo cualquier circunstancia -Si mi Joven Amo está en riesgo por sus mentiras, no dudaré en tomar medidas- advirtió mostrando una sonrisa tranquila y con los ojos cerrados confiadamente, el peliblanco sonrió levemente y se levantó del sillón en el que estaba sentado.

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-Michaelis, me temo que nadie está autorizado para hablar de ese tema… ¿Cree que no sé que trató de preguntar a la familia?- preguntó en tono de burla sin perder la serenidad en su rostro, caminó hacia el jardín sabiendo que el demonio lo seguiría, quería respuestas y él no se las daría -Nadie hablará, Darlyn confía en todos nosotros, confianza que nos tomó años conseguir.- dijo llegando a la piscina, el demonio pudo divisar pequeños puntos amarillos entre la oscuridad que rodeaba la noche más allá de los árboles que adornaban la limitación de la propiedad -Cuando Castiel dijo que "Salen los ninjas", se refiere a los vampiros que están resguardando la mansión.- explicó solo lo esencial, el vaho que salía de su boca anunciaba que el frío era considerable, cerró su abrigo y miró hacia el cielo estrellado.

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-Sin embargo, no siempre estuvieron ahí, ¿me equivoco?- el demonio usó un tono sereno pero acusador, los ojos sobrenaturales del ángel se posaron en él con ira palpable, no podía contestar nada ya que tendría que explicar cosas y eso sería hablar de más, chasqueó la lengua y murmuró una maldición mientras el demonio sonrió complacido -No se preocupe, usted no dijo nada, yo fui el que entendió todo.- dijo cordialmente haciendo una leve reverencia, el ángel a gran velocidad sacó un bisturí y lo empuño contra el de ojos vino y el demonio le hizo frente usando las plumas especiales que le regaló la genio, los vampiros dudaron en intervenir, pero prefirieron no hacer nada que llamara la atención de la ojiazul, sabían que si se alteraba sería peor.

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-¿Sabe por qué los demonios son inferiores?, creen que lo saben todo y al hacerlo se mienten a sí mismos hasta que se hacen a la idea de que tienen la razón.- dijo con coraje al recordar que la genio estaba con él, estaba enamorándose de él, de un demonio que solo la haría sufrir -Solo eso saben hacer ustedes… el dolor los hace regocijarse ¿cierto?- empuñó con más fuerza haciendo sacar chispas entre la unión de los metales, Sebastián lo miró fríamente e hizo brillar sus ojos en un rubí encendido.

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-Yo no miento, no como los humanos.- al escuchar eso salir de los labios del demonio que debía enamorarse de la genio que todos adoraban quedaron con una sensación de frío, como si sus almas se salieran de sus cuerpos, la reacción del peliblanco fue debilitar el ataque haciendo que el demonio lo empujara hacia atrás y lo alejara de él -Le recomiendo que supere sus celos hacia mi relación con Darlyn.- dijo el demonio guardando sus plumas fuente y acomodando su abrigo, los primeros copos de nieve comenzaron a caer del cielo haciendo más triste la escena que presenciaron los inmortales.

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-Y usted, demonio "indestructible"… le recomiendo que tenga más respeto por los humanos.- y con esas palabras el ángel emprendió el vuelo hacia su hogar, una pluma cayó al desplegar sus alas grandes pero con señas de haber sufrido daños considerables hace mucho tiempo, los cuales no sanaron a pesar de todos los intentos que hicieron por restaurarlas.

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La genio observaba sus manos ilesas y tersas como todo el resto de su cuerpo, se miró al espejo para recordarse que era hermosa y que podía perder esa belleza que poseía si ocurría un desastre en esos días. Sintió escalofrío y miró hacia la ventana de su habitación, la nieve caía recordándole lo maravilloso que era vivir en ese plano con los humanos.

Salió de su habitación y caminó lentamente mientras cerraba su bata de dormir para cubrir su piel sensible gracias a la temperatura, tocó la puerta de la habitación del conde y escuchó la voz del ojimiel diciéndole un "Pase" como si él fuera el dueño de la habitación.

-Buenas noches, Amo, Joven Ciel.- saludó la de cabellos cobres aún trenzados sobre su hombro, algunos cabellos caían por su rostro haciéndola ver campestre e inocente -¿Se divirtieron esta noche?- preguntó sacando unas mantas del armario del conde, el rubio sonrió contento al ver a la genio tranquila como cada vez que hacían el ritual de la fuente.

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-Lo normal, ya sabes… guerra de chistes de empresarios, presumir las acciones compradas, presumir el dinero de sus empresas, pelear con un chico presumido que nos vio feo todo el tiempo, comer dulces de contrabando y que todos preguntaran por mi genial hermana poliglota- enumeró el ojimiel mientras buscaba información en la laptop del conde, la genio sonrió al escuchar que literalmente había sido una velada interesante ya que el rubio hubiera podido huir si así lo quería, el conde no podía creer lo maleducado que podía llegar a ser el ojimiel con la dama de cabellos cobre.

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-Buenas noches, Darlyn. ¿Cómo estuvo su velada?- preguntó educadamente el demonio joven mirando a la ojiazul que acomodaba las mantas sobre la cama que había aparecido para que el rubio extrovertido durmiera en su habitación, no entendía el por qué de esa acción sin sentido si el ojimiel terminaría durmiendo con él sin su consentimiento, solo esperaba que no babeara la cama nuevamente.

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-Cielito, a donde fue mi Danguito no fue una velada, fue una fiesta, fue la fiesta del año mundial, ¿entiendes?- preguntó el heredero de la empresa dulcera mientras hacía ademanes con las manos para darle más entusiasmo a su explicación. La políglota rio levemente y los miró peleando como siempre por cosas sin sentido que si Amo decía solo para hacer enojar al ojiazul, ella sabía que su Amo no era un chico con muchos amigos, de hecho el único amigo real que había hecho era el conde y esperaba sinceramente que su condición próxima no arruinara eso.

Después de arroparlos a ambos con mucho cariño, algo extraño para el conde pero le resultó una acción muy amable por parte de la genio, la pelicobre se retiró a paso lento a la alcoba donde dormía con su pareja, esperaba que estuviera bañándose para ella acostarse a dormir y evitar hablarle como había hecho en toda la fiesta. No quería siquiera sentirlo cerca después de haberlo visto tan complaciente con la vampiresa con aires de grandeza.

Abrió y cerró rápidamente la puerta para después respirar profundamente, dio la vuelta para mirar la chimenea ya que esa noche hacía frío y quería encenderla para dormir tranquilamente. Se hincó y tomó la caja de cerillos especiales para encender el fuego, ya no podía depender de sus poderes y debía hacerse a la idea de que solo podría usarlos cuando fuera estrictamente necesario.

-No tenía idea de que le gustara bailar tanto.- su voz tersa la hizo levantarse rápidamente y ver como las llamas se reflejaban en esos ojos vino claro, tragó saliva al verlo con leves signos de humedad en su cuerpo recién salido de la ducha y volteó el rostro para no seguir viéndolo.

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-No es por ser presuntuosa, pero mi especialidad es la danza árabe.- acarició su trenza y se sentó en la cama para acariciar al siberiano miniatura, el demonio la miró pacientemente, colgó la toalla en un perchero del baño para después salir y mirarla seductoramente -Pierdes tu tiempo, soy más difícil que Genevieve- dijo burlonamente al recordarlo con la vampiresa, la rivalidad entre ellas dos se había iniciado por causas que ella no comprendía, pero estaba enojada con él por ser tan cortés con la inmortal.

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-Sé que no estás siendo completamente honesta con mi Joven Amo y conmigo.- la ojiazul se tensó al escuchar lo tan seguro, no lo miró pero supo que estaba acechándola con la mirada demoniaca que poseía, se mordió los labios y el felino la miró a los ojos con complicidad, ella asintió cerrando sus párpados lentamente y el siberiano salió a toda velocidad en busca de algo.

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-Yo no haría algo para perjudicarlos, para mí, el Joven Ciel es como si fuera mi Amo.- dijo ella mirando hacia el espejo del armario, esperaba que el pequeño Yoru llegara con su medio de escape y así no poder ser sujeta a las maneras diferentes de conseguir información del demonio. -Y tú, tú eres mi almohada favorita…- susurró para después volverse de humo color rosáceo, la estela se movió rápidamente ante los ojos de Sebastián y al llegar a la puerta el demonio se movió con gran habilidad abrazando el humo que se volvía tangible entre sus brazos.

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-Últimamente te volviste muy obvia, tus movimientos son lentos y predecibles…- fue lo que dijo con voz tranquila cerca de su oído mientras la jalaba sacando su mano de la botella que el felino cómplice había llevado, la genio se movió frenéticamente intentando escapar y logró hacer un espacio más amplio para esfumarse nuevamente dejando al demonio solo en la habitación. Salió lentamente sin hacer ruido, no quería que su Joven Amo fuera interrumpido en su plática nocturna con el rubio de mente abierta, llegó a la cocina y se dirigió hacia el estante de los cubiertos, las plumas fuente eran muy fiables, pero siendo realistas sabía que la genio había pensado en todo cuando tenía el control, sacó 10 cuchillos y la genio lo miró con terror desde el lugar donde guardaban las ollas y sartenes, él sintió su miedo y el leve olor a incienso le anunció que la ojiazul ya se había esfumado nuevamente -Aquí es un lugar seguro…- susurró debajo del cuerpo de la genio haciéndola estremecer aún pegada a la madera que servía de soporte del colchón, ella en un último intento de escabullirse se esfumó pero fue demasiado predecible para esos ojos afilados y calculadores que la habían observado con atención durante el tiempo que estuvieron juntos, la mano de uñas negras tomó una porción de humo violácea y ésta se transformó en la muñeca de la genio, cuando ella abrió los ojos ya estaba presa de ambas muñecas sobre su cabeza -No puedes huir siempre…- dijo con voz tersa y suavemente dominante, el olor de las flores quemadas entró por las fosas nasales del de ojos vino haciendo cambiar sus ojos a unos gatunos color rubí encendido.

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-Yo no diré nada… - dijo con la voz temblorosa tratando por todos los medios que su mente podían ofrecerle para no ceder ante la tentación de tenerlo tan cerca, sus hormonas estaban disparadas y era muy sensible a su calor -puedes torturarme si quieres… - advirtió antes de jadear al sentir la nariz del demonio recorrer su cuello, cerró los ojos y apretó los labios para no gemir por esa sensación.

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-Tengo métodos que funcionan, siempre funcionan.- susurró contra la piel del lóbulo de su oído, el cálido aliento del de ojos vino la estaba derritiendo y el estar presa de esa manera tan posesiva no ayudaba mucho, Sebastián se sentía extraño, por primera vez no pensaba en preguntas para la genio, solo quería sentir su piel debajo de sus manos, presionó su nariz hasta que sus labios tocaron suavemente la piel de su cuello haciéndola jadear y estremecerse más fuerte debajo de él -Yo no te haría daño- ella al escuchar eso abrió un poco los ojos, estaban nublados por tantas sensaciones juntas, lo miró a los ojos y él al ver esa mirada suplicante apresó ambas manos de ella con una sola, bajó su mano para tocar la bata que la cubría y la pelicobre cerró los ojos para sentir más esas manos. -Así está mejor…- soltó la trenza y ésta se deshizo sobre el colchón, él miraba toda la escena solo para él, sus ojos rubí memorizaban cada jadeo, cada mirada suplicante, cada leve temblor de ella.

-Se… Sebast… tián- gimió antes de sentir los labios del demonio acariciar los de ella, la soltó dándole libertad a sus manos y ella recorrió sus brazos lentamente, sentir las uñas acariciar la piel desnuda de su espalda hizo al demonio gruñir mientras él paseaba su mano sobre su pierna y con la otra abría la bata dejando ver ese camisón delgado color azul como sus ojos. Los besos aumentaron de intensidad haciendo a la genio excitarse, estaba dispuesta a entregarse de esa manera esa noche fría, hizo a un lado su pierna para sentirlo más cerca de ella y lo abrazó sintiendo su dureza justo en su intimidad -N-no p-puedo…- gimió mientras él jadeó con desespero al sentirla tan cerca y a su merced, para él solo, pero había algo que faltaba, ella lo abrazó y él escuchó sus latidos, se dejó envolver por esa extraña calidez que la genio le hacía sentir, le dolía pero le gustaba. Era extraño quería poseerla y la quería completa, quería todo, su cuerpo, su alma y su corazón.

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En el departamento todos los shinigamis se encontraban mirando el piso de la recepción, el líquido carmesí estaba fluyendo aún del cuerpo de aquel desdichado que no había cumplido una orden. Los de blanco miraban las caras de terror escondidas entre gestos inmutables de los recolectores, selladores, archivistas y recepcionistas, los "Superiores" estaban deleitándose por el horror que olían en el aire.

-Esto pasa cuando la desobediencia se presenta.- dijo el arcángel mientras limpiaba su arma celestial con una toalla blanca para después tirarla sobre los restos de los cuerpo desmembrados y quemados con su filo -Solo sigan las reglas y se les perdonará la vida.- dijo enfundando su espada y cambiándose los guantes blancos ensangrentados por unos de un blanco tan claro que casi dolía los ojos, suspiró y sonrió cerrando los ojos -Pueden retirarse, recuerden que la pereza es un pecado capital, buena jornada- y se retiró con sus seguidores mientras silbaba una canción como si no hubiera masacrado a dos elementos del departamento que había invadido.

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-Limpien éste desorden, rápido.- dijo una señorita de la corte celestial, no sabían mucho de ella, pero al shinigami legendario le parecía familiar solo que no recordaba exactamente donde había visto esos ojos verdes.

El silencio reinó mientras los dioses de la muerte miraban a esa pequeña toalla empaparse de rojo intenso, el shinigami de cabellos bicolor comenzó a limpiar primero que todos, era fiestero y por lo tanto conocía y se llevaba bien con todos sus compañeros. Pocos minutos después todos se unieron a limpiar y a recoger los pedazos de lo que fueron alguna vez cuerpos vivos y finalmente suspiró con pesadez. Una vez que el piso volvió a tener su color blanco cristalino todos los compañeros se miraron unos a otros y se retiraron a trabajar.

-Esto tiene que detenerse…- murmuró el dolido shinigami jovial, se sentía hastiado de la situación, se estaba ahogando y no veía salida alguna -Si la hay.- se respondió a sí mismo para después dejar al pelirrojo y al de cabellos grises extrañados al verlo caminar rápidamente hacia su casillero, ellos lo siguieron a una distancia prudente para no levantar sospechas de alguna reunión, lo miraron abrir su casillero, cosa que estaba prohibido hacer en horarios de trabajo, y lo vieron sacar sus pertenencias.

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-Ronald, ¿Qué haces?- preguntó en voz baja el pelirrojo de coleta alta mientras el shinigami legendario revisaba que nadie estuviera observando la situación -Te van a matar…-

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-A todos nos van a matar, Grell-sempai…- dijo entre dientes volviendo la vista hacia el shinigami que trataba de detener su escape, pero debía hacer algo, siquiera tener alguna salida palpable y no solo esperanzas, el pelirrojo lo miró temeroso, era doloroso ver a todos en esa situación, pero no podían hacer más que obedecer -Tal vez no hoy, pero lo harán, puedo jurarlo.- dijo mientras caminaba decidido a terminar todo, si nadie tomaba la iniciativa de salir de ese encierro, él lo haría.

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-Will, detenlo por favor…- el shinigami pelirrojo pidió al shinigami que había estado haciendo papeleo minutos antes en su oficina, trató de no prestar atención a lo que ocurría con sus colegas pero al ver que el joven fiestero no se detenía a escuchar al pelirrojo decidió meter a los tres al cubículo de descanso. -Largo- les dijo alterado a los que estaban descansando en ese momento, el cubículo quedó solo con los 4 shinigamis del problema que cambiaría todo.

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-Knox, Sutcliff, ¿De qué se trata este alboroto?- preguntó con seriedad y tratando de aparentar estar tranquilo como siempre, los dos shinigamis permanecieron en silencio y mirando al de cabellos bicolor hasta que habló e hizo frente a su superior.

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-William-sempai, esto no puede, no debe seguir así… lo que le hicieron a Lafayette fue…- habló rápidamente demostrando su temor y decisión a hacer algo para detener lo que estaba pasando, pero no pudo continuar ya que el legendario shinigami le tapó la boca para evitar que gritara y fueran descubiertos.

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-Knox, evítese el recibir un reporte por desobediencia al código…- pidió el shinigami adicto al trabajo dejando de lado sus reportes múltiples que hacía al mismo tiempo, se acomodó sus lentes lentamente pensando en alguna objeción que hiciera entrar en razón al jovial recolector.

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-Salir a comer no es desobediencia, seamos realistas…- dijo quitándose la mano del peligris, se levantó los encaró a los tres, su mirada era honesta y llena de fuerza para luchar. El que alguna vez fue un superior lo miraba atentamente, la mirada que lo hizo reclutarlo estaba ahí -Si no hacemos algo todos moriremos, ¿No vieron lo que hizo?, ¿la cara con la que lo disfrutó?... es un psicópata con un arma indestructible y está sediento de poder.- el pelirrojo y el shinigami de la cicatriz estaban pensando en todas las posibilidades, era cierto, llegó a invadir, rompió el sistema e impuso otro más esclavizante, una dictadura disfrazada en blanco y sonrisas dulces -Iré por ayuda con o sin ustedes, no planeo ser un héroe solo quiero ser la iniciativa que nos hará libres.- dijo decidido y se levantó preparándose para salir a buscar a la chica de cabellos rosados que le brindó aquella peligrosa opción, pero si era necesario ser un traidor para sus congéneres, valía la pena si los haría libres.

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-¿Traicionará al departamento?, ¿dejará que todos paguemos por sus acciones?- preguntó William ganándose las miradas del peligris y el pelirrojo, Ronald ni siquiera volteó a verlos, pero detuvo su mano justo en el momento en que había girado un poco la perilla, cerró los ojos y suspiró cansadamente.

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-Todos nos traicionamos primero… ya no somos shinigamis, nos convertimos en marionetas de los de psicópatas de blanco- dijo la cruda realidad dejando mudos a los que trataban de detenerlo, el silencio reinó por minutos hasta que la puerta fue abierta por el mismo shinigami que había dejado de reír solo por ser obediente -…Legendario…- lo vio sonreír debajo de ese copete despeinado, hizo una leve reverencia y se retiró a cumplir su misión él solo si era necesario.

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-El chico tiene razón, en todos mis años de servicio y retiro, jamás había visto un desorden como éste.- dijo despeinando más su copete y estirando sus piernas y brazos para entrar en acción, el pelirrojo sentía que tenían razón, todo estaba mal y debían hacer algo -Pero no podrá solo, necesitamos ayudarlo.- dijo mientras escondía una serie de papeles dentro de su gabardina y caminó hacia la puerta por donde salió el jovial fiestero del departamento.

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-¿No vas a decir nada?, ¿No vas a detenerlo?- preguntó el de cabellos rojos recogidos a lo alto de su cabeza, miró detenidamente al shinigami recto y apegado a las reglas, William estaba sin palabras todo estaba ocurriendo tan rápido y no quería perder más elementos a manos de esos dictadores de blanco -Ronald tiene razón, ya no tenemos más que perder… tenemos que hacer algo…- dijo volviendo a sentir sus dientes afilados, las ansias volvían y con ello las ganas de seguir al chico que quería libertad a cualquier costo -Vamos, alcancemos a Ronald.- se dirigió al shinigami de cabellos grises para después salir corriendo por sus guadañas de siempre dejando solo al shinigami que estaba confundido en qué camino seguir ahora.

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Después de una mañana de besos largos y suspiros leves de la genio, el demonio se sentía un poco frustrado, parecía que había perdido la seducción que hizo caer a más de una en sus manos, pero con la genio no podía. Ella simplemente quería besos y caricias suaves, ya había aprendido a tocarla para hacerla suspirar de diferentes maneras, conocía ciertos puntos de sus piernas que la hacían temblar y había memorizado sus ojos al lamer, besar y morder su cuello. Era molesto recordar todo eso mientras volvía a preparar el desayuno y ella estaba haciendo un licuado mientras hablaba con un empresario japonés por teléfono, parecía que ella había olvidado la noche de caricias que él le dio y él ahora estaba pensando en lo molesto que era recordar todo lo que hizo para volver a aspirar ese aroma a flores que había comenzado a gustarle enormemente.

El desayuno fue ameno gracias a la interesante plática que el rubio tuvo con su Joven Amo, el chico decía todo lo que había descubierto del "chico presumido" al que había investigado la noche anterior y la genio lo reprendió suavemente al saber que se había desvelado leyendo expedientes no autorizados sin su cuidado. El ojimiel se defendió diciendo que en la guerra y al amor debían tomarse medidas drásticas para ganar terreno de conquista, "Además, se me hace muy extraño que un cabello tan cuidado y café sea algo natural para un macho que se respeta" a lo que el conde contestó un "Tú aún tienes el cabello largo y cuidado como de Rapuncel, ¿debemos dudar de tu hombría?" y eso le hizo gracia a la genio y al demonio.

-JA JA JA… te recuerdo que yo no soy el que ha usado tacones ni vestidos- dijo burlonamente recordando los detalles que el conde pasó por alto al relatarle el baile en el que fue como una dama, el ojiazul desvió la mirada y suspiró molesto tratando de no írsele encima al rubio -Además, mi genio puede hacer que me salga una cola de sirena si quiero…- añadió pensando en la posibilidad de que el chico de la empresa de metales más próspera tuviera un genio.

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-Bueno chicos, es hora de ir al instituto… yo debo cerrar una serie de contratos con unos accionistas del extranjero…- dijo cerrando levemente los ojos mientras sonreía, "está mintiendo o no dice completamente la verdad" pensó el demonio mientras levantaba los platos y vasos que se necesitaron, la genio lo miró con ese semblante de indiferencia y se preocupó un poco, debía parecer todo normal si quería seguir con esto -Llego en un par de horas, yo recojo la mesa, no hay problema Sebastián.- le sonrió levemente mirándolo a los ojos, el demonio observó esos labios tan hinchados y tentadores, la pelicobre se sonrojó y miró hacia otro lado, "No quiero mentirte, lo siento".

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-¡Hey! Esas miradas de tensión sexual déjenlas para cuando estén solos en su habitación… ¿No ven que Cielito se imagina cositas?- dijo el rubio tomando su mochila caparazón como escudo contra los proyectiles-piezas de ajedrez que usaba el conde para matarlo por sus comentarios impertinentes acerca de él.

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El día fue tranquilo, el vampiro hacía su anuncio motivador del futuro de todo empresario que pisaba sus instalaciones mientras los alumnos comían en la hora de receso, el conde y la rubia hablaban de su presentación frente a los dos grupos del profesor Michaelis, habían acordado que serían en el aula Magna ya que cabían todos los alumnos de ambos cursos.

-¿Dónde está la Señorita Darlyn?, no la vi en su oficina esta mañana.- dijo la rubia mientras releía lo que debía decir en su presentación, en realidad lo que quería era que el de cabellos cenizos hablara con ella ya que estaba muy callado, más de lo normal. La ojiverde escuchó su teléfono sonar y reconoció el número, apenas habían hablado en la mañana y ahí estaba de nuevo -Ely aquí, ¿allá quién?- contestó como siempre ganándose la atención del de cabellos cenizos -Hola Eliot, ¿cómo estás?- saludó mirando con atención hacia todos lados sin mover la cabeza para no causar extrañeza en la pelirroja que siempre estaba con ella -Bien también, gracias… ¿sucede algo?... no, lo digo porque esta mañana me hablaste y solo han pasado unas horas y… no puedo, tengo una presentación en parejas y es calificación del parcial.- explicó mirando hacia cierto punto detrás de un poste a lo lejos, la pelirroja bostezó y apuntó hacia esa dirección para que sus compañeros investigaran en ese punto ya que vestían de personal de mantenimiento podían moverse con facilidad -Ciel, ¿Estás bien?- preguntó aún con el teléfono en el oído y sonaba preocupada al ver que el conde había tapado sus ojos como si algo los lastimara -Eliot, te hablo más tarde.- pero el chico colgó antes que ella colgara y eso la hizo extrañarse un poco.

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-Creo que no debimos desvelarnos con los videojuegos.- comentó el rubio tratando de restarle importancia para que la ojiverde se tranquilizara un poco, lo que en realidad pasaba era que el conde sintió la necesidad de usar sus ojos de demonio y logró captar una presencia que antes había sentido, pero debía practicar más el uso de sus ojos ya que le era difícil regresar a sus ojos humanos.

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-No te preocupes, Elizabeth… todo estará bien.- la reconfortó el ojiazul con una leve sonrisa que hizo a la ojiverde sonreír por inercia, ahora se sentía más segura y completa al estar con él.

La presentación de todos fue a la altura que el demonio profesor esperaba, debía reconocer que la tecnología hacía que las palabras de los humanos fueran más interesantes, pero lo que lo impresionó más fue que la ojiverde y el conde habían usado documentos antiguos en otros idiomas, estaban ambos muy avanzados en las clases de la genio y por ello les dio la calificación más alta y puntos extra. Sin embargo, tuvo que darle una excelente calificación al rubio al presentar él solo una exposición extensa y bien fundamentada contando todas las conspiraciones que habían en cada negocio importante, ahora él y el conde entendían el porque de pasar la mayoría de su tiempo en la computadora.

-Joven Castiel, haga el favor de pasar a la oficina del director.- dijo la voz de la asistente del vampiro de la copa eterna, todos los jóvenes que estaban el en aula Magna comenzaron a murmurar cosas burlonamente mientras el ojimiel pensaba que algo malo había ocurrido ya que la genio no había aparecido en todo el día.

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-Wooow, creo que descubrieron el cadáver… ya perdí la práctica.- dijo apenado haciendo que todos callaran abruptamente ante tal confesión, ambos demonios observaron como el ojimiel sonreía levemente y salía del aula con sus cosas, sus pasos rápidos anunciaban que estaba corriendo por los pasillos a toda velocidad.

Cuando Ciel y Sebastián terminaron la clase con normalidad, se escabulleron entre las sombras hasta llegar a la dirección del vampiro y no estaba solo, el demonio mayor le indicó en silencio al conde que debían callar y permanecer sin ser detectados hasta que supieran de qué trataba esa reunión extraordinaria.

-¿Cuántos son?- preguntó el vampiro líder con una voz muy seria que daba incertidumbre que fuera él el que estaba hablando con sus subordinados, el conde se extrañó de que no les hubieran avisado que algo pasaba.

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-Sentí al menos 5…- dijo una gitana de ojos blanquecinos, suspiró e inhaló violentamente, levantó sus manos temblorosas al techo y cerró los ojos con pesar notable -Son dos grupos… ¡Y vienen hacia acá!- exclamó haciendo que todos los vampiros que estaban en la habitación rodearan al rubio que escuchaba todo con terror de que la genio no estuviera presente.

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-¡RÁPIDO! ¡OPERACIÓN SECUESTRO! ¡MUÉVANSE! ¡YA YA YA!- escucharon al líder y tomaron al rubio haciendo una coraza de vampiros impenetrable, entraron a la chimenea y por el peso ésta se rompió dándoles caída libre hasta algún camino subterráneo, el conde a lo lejos escuchó los gritos desesperados del rubio y salió de su escondite al escuchar un "¡MI DARLYN NO SABE NADA!".

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-Exijo que me den información de lo que está ocurriendo, ¡Ahora mismo!- ordenó con coraje en la voz el conde mientras azotaba las manos en el escritorio de madera, el cual se volvió pedazos de madera inservible ante la fuerza de la ira del demonio joven al estar fuera de los planes de todos, pero lo que más le molestaba era que se llevaran al rubio sin decirle nada.

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-Ayer la pasamos muy bien en la velada, no me obligue a dejarlo de lado y hacerlo hablar- dijo sacando sus cubiertos y sonriendo como lo hacía antes de atacar para defender a su Joven Amo, el vampiro sonrió levemente, de verdad le caía bien el demonio de ojos envinados, le recordaba mucho a la servicial Darlyn cuando se portaba muy dulce a pesar de odiar a su objetivo, pero haría lo que fuera por defender lo suyo.

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-… Sebastián, pierdes tu tiempo queriendo conseguir información, nadie traicionará a Darlyn… ¿no recuerdas el terror en los ojos de Genevieve cuando la sedujiste por información?- dijo para después reír levemente, el conde pasó por alto el hecho de que el demonio volviera a usar esos métodos que le parecían tan bajos, incluso para un demonio, Vladimir sonrió al ver la cara del conde, esa mirada rubí de ira no se iba a pesar de querer reprender a su tutor -Joven Phantomhive, admiro su amistad con el rubio enfadoso y también admiro su valor para exigirle algo a un vampiro milenario con tanta sangre en su sistema como para matar a todo un ejército de hombres él solo.- dijo seriamente y mirando a los ojos de ese par de demonios que no parecían dar marcha atrás en sus amenazas, suspiró y bebió un poco de la copa en su mano -Espero ese coraje lo tenga al llegar a ayudar a mis hermanos y a Darlyn, si quieren respuestas, vayan a la mansión del rubio.- dijo para después verlos volverse una sombra y desaparecer entre los rayos de luz que entraban por la ventana parcialmente cerrada, "Ahhhh, Darlyn va a matarme…" pensó riendo y bebiendo toda la copa que le quedaba en la mano, un poco de líquido rojo escurrió se sus labios al reír y lo lamió lentamente disfrutando del sabor agridulce que siempre bebía, "Hora de morir" dijo para finalmente tomar su arco y lanzarse por el agujero de la chimenea, no debía perder el tiempo ahora.

La genio estaba rodeada de vampiros en el jardín de la mansión donde habitaba con la familia improvisada que había formado con el rubio, se sentía bien tener una familia tan grande como la que ahora estaba a su lado dispuesta a defender su vida dejando la suya si era necesario, miró a todos y cada uno de los inmortales y les sonrió tiernamente, en forma de agradecimiento por estar a su lado en esos momentos que sentía que todo podía terminar de una manera u otra.

-Cuando llegue Castiel, quiero que como mínimo tenga a 10 de ustedes a su alrededor.- se dirigió a todos los presentes y los inmortales hicieron un grupo c de 10 de los vampiros más resistentes a los berrinches del rubio, en ese instante vieron llegar a la maraña de sus hermanos que venían de la oficina del líder de la hermandad -¡Operación escudo!- "¡ACTIVADA!" exclamaron en respuesta y se colocaron alrededor del ojimiel que estaba un poco aturdido por el viaje relámpago que le hicieron pasar en instantes.

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La genio se colocó frente a los cientos de vampiros que estaban ya listos para comenzar a luchar por la genio, no querían que saliera lastimada a pesar que sabían que era un ser muy poderoso, pero sabían perfectamente y con pesar que esa fuerza podía desaparecer en cualquier instante. La genio cerró los ojos y sintió la necesidad de sonreír triunfantemente al saber que ya habían llegado los enemigos y con ellos también llegaron sus aliados demonios.

-Joven Ciel, espero esta sesión intensiva de entrenamiento no lo asuste, la lección de hoy es "El enemigo de mi enemigo es mi amigo"- dijo rompiendo su falda sastre para ganar más movilidad, estiró sus brazos y piernas mientras el conde no sabía que estaba pasando -Esos recuperadores vienen por mi Amo, pero los necesitamos vivos, bueno a la mitad vivos.- explicó mientras lo miraba tranquila y sonriente, parecía que era un entrenamiento cualquiera y el demonio no estaba muy seguro de confiar en las palabras de la ojiazul -Las armas están en usted y también puede quitárselas a ellos, eso lo hace más divertido ¿No lo cree?- dijo guiñando y sin dejar de sonreír.

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-Joven Amo, no tiene por qué hacer esto si no quiere… la señorita Darlyn nos ha ocultado cosas y parece no ser completamente honesta en sus palabras…- dijo antes de que la genio lo mirara dolida, él la miró extrañado al ver ese destello de decepción escondida en una sonrisa triste pero llena de orgullo en el rostro.

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-Si tiene algo en contra mía, lo hubiera dicho en la mañana o ayer por la noche, odio dormir con hipócritas…- sentenció seriamente antes de que una daga fina y casi invisible fuera atrapada por los dedos del conde, la genio sonrió complacida y orgullosa del progreso del entrenamiento de ambos tutores, el demonio de ojos envinados se encontraba extrañado al ver que la genio no divisó esa daga que iba directo a su pecho -Muy bien Joven Ciel, ya tiene un arma… puede ir por otra o dejar que el señor Sebastián lo siga tratando como un bebé toda su vida.- dijo alegremente antes de correr hacia los shinigamis que estaban atacando a distancia, si iba a perder todo, lo iba a hacer con dignidad y demostrando que la peor lucha era la que no se hacía.

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Ya habían pasado horas desde que los tres se fueron en busca de una muerte segura y estaba algo preocupado por sus hombres. En ese tiempo hizo los papeleos de los tres, no quería que si algo salía mal con aquella "libertad" los tres fueran asesinados brutalmente por no tener listo su papeleo. Iba caminando mientras cargaba los tres paquetes de reportes que había hecho para sus compañeros, diría que fueron a buscar más almas que tenían pendientes ya que habían terminado de hacer sus deberes y no querían holgazanear más.

-¿Crees que ya sospechen de la "limpieza"?- preguntó la mujer de mirada verde angelical pero de esencia oscura como un demonio, estaba acostada sobre el escritorio de "Padre" el cual fue enviado hacia otro departamento fuera del alcance de los shinigamis -Digo, no son tan idiotas como parecen… son shinigamis.- añadió la mujer mientras peinaba su cabello castaño con los dedos y miraba al techo en espera de la respuesta del arcángel de poderosa espada.

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-No importa si son idiotas o no, solo deben obedecer como buenos perros sabuesos, buscar lo que quiero, entregármelo y les daré vacaciones eternas, no necesito cabos sueltos…- dijo con la mirada perdida en el horizonte que dejaba ver aquella ventana de gran tamaño, su sonrisa leve se acrecentó al recordar el porqué de su invasión -Cuando tenga el poder supremo, seré invencible y limpiaré el universo de la desobediencia, seré el nuevo dios todopoderoso y nadie podrá hacer nada.- dijo para después reír sonoramente recordando cómo había encerrado al ser que lo desobedeció hace tanto tiempo, sinceramente le dolía que no pudo hacerla su diosa y repoblar el universo con seres de su misma especie para gobernar por toda la eternidad -Hubiera sido perfecto si no desarrollaras sentimientos tan humanos que te debilitaran…- suspiró con pesar genuino haciendo que la mujer se enfadara y saliera volando por la ventana dejándolo solo.

El shinigami de carácter recto y cortés, apegado a las reglas y adicto al trabajo ya no estaba tan seguro de sus convicciones, procesó rápidamente la información que acababa de escuchar del arcángel que llegó a invadirlos, era como Ronald decía, iban a destruirlos a todos y debían detenerlos. Guardó la calma y acomodó sus lentes tranquilamente, relajó su semblante y entró a la habitación.

-Buenas tardes, Miguel-sama. Vengo a entregarle los reportes de mis compañeros…- explicó serenamente dejando los 4 paquetes de los últimos reportes bien hechos de los tres que habían escapado y los de él, el ser frente a él se sentó y colocó sus manos frente a su rostro en pose calculadora.

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-¿Por qué no vinieron a dejarlos como corresponde el protocolo?- preguntó el superior con aires de grandeza mientras miraba al rostro del shinigami en espera de algún cambio en su semblante, pero el ex-superior del departamento no cedería ante esa mirada escrutadora.

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-Lo que sucede es que quisieron ir por un encargo muy importante, pero no quisieron perjudicar a más elementos si la información era errada- contestó honestamente haciendo brillar los ojos del rubio de caireles, el arcángel sonrió complacido al ver que al fin los shinigamis estaban haciendo lo que quería, el trabajo sucio de enfrentarse a la genio solo para saber su localización era lo primordial para poner en marcha su plan.

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-¡Vaya!, eso sí que es una agradable sorpresa… hasta que algo hacen bien, espero regresen con vida.- dijo burlonamente recordando cómo era la genio por defender a ese chico que había adoptado como un hijo, odiaba que fuera tan maternal con un humano, "esas criaturas tan despreciables no merecen un genio en sus vidas" pensó mientras divagaba pensando en lo siguiente que haría si la encontraban.

-En ese caso, solicito permiso para salir en ayuda de mis compañeros- pidió haciendo que el de cabellos dorados lo observara sorprendido, pensó a velocidad impresionante y sonrió levemente al imaginarse menos shinigamis mediocres en su departamento, "Mientras más muertos mejor" pensó.

-Claro, que la divina suerte del ser supremo esté con ustedes.- dijo sarcásticamente para él mismo, pero el de anteojos de armazón recto sabía que era solo hipocresía lo que esa sonrisa representaba en todo su resplandor.

Hizo una leve reverencia agradeciendo sus buenos deseos para después salir y cerrar la puerta. El arcángel se quedó sentado sonriendo e imaginando todas las cosas que podría hacer con una genio completamente enamorada de él, podía manejarla como a una muñeca entre sus dedos, se proclamaría como el dios de todos los tiempos y todo cambiaría para siempre. El de ojos verdes sobrenaturales corrió a toda velocidad por su arma y esperó con todas sus fuerzas que los tres shinigamis no cometieran alguna estupidez.

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El rubio estaba impresionado de ver lo fuerte que se había vuelto el conde, había adquirido una fiereza digna de un depredador acechando a su presa, la genio solo daba golpes de defensa para que no hirieran al ojiazul y el de cabellos cenizos solo se encargaba de no matarlos sangrientamente. Los vampiros se mantenían al margen de la batalla y estaban presentes para ocultar a la genio y al rubio si algo pasaba. Una mueca de dolor por parte de la genio fue lo que miró el demonio mayordomo, pero ella seguía moviéndose golpeando a los shinigamis bien entrenados para matar, parecía cansada y en toda la batalla no se había acercado a él, solo estaba luchando por defender al conde. Faltaban dos shinigamis para terminar con esa pelea, parecían desesperados por llegar al lugar donde estaba el rubio, era como si todo dependiera de eso, pero ellos no lo dejarían pasar. Un enemigo iba a embestir a la genio con su sable y ella estaba distraída pensando en el dolor tan fuerte en su brazo izquierdo. Antes de que el golpe llegara, el demonio lo interceptó con sus cuchillos de mesa haciendo que ella volteara la vista hacia donde escuchó el golpe de los metales, miró esos ojos afilados y rubí encendidos que la defendieron dejando de lado que le estaba ocultando cosas y se sintió culpable.

-Darlyn, debes parar ya.- dijo el ángel médico llegando de la nada y tratando de llevársela detrás de la muralla de vampiros, ella gimió de dolor y se mordió los labios cuando él tocó su brazo lastimado -No estás herida, pero sé que el anillo está reclamando dejar salir todo…- dijo mientras tocaba su dedo y lo masajeaba un poco, el demonio escuchó ese comentario y con fuerza lanzó hacia atrás al shinigami del sable, el conde inteligentemente usó una pieza de ajedrez como proyectil para dejar fuera de combate al shinigami que había bajado la guardia.

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-Si despacho a este mocoso, todo termina…- dijo el shinigami que había pasado desapercibido por todos, la genio miró con terror y desespero que los 10 vampiros yacían en el piso inconscientes gracias al boomerang que el shinigami poseía como arma improvisada -¡Alto!... ¡si se mueven lo mato!- amenazó al ver que los vampiros estaban dispuestos a atacarlo con todo por recuperar al ojimiel, la genio ante el desespero perdió el control de su poder y el rubio se convirtió en un chico de 13 años.

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-¡Protejan a Darlyn!- gritó el ojimiel con su voz de adolescente, todos miraron como el shinigami se llevaba al rubio al centro del gran jardín, a unos 10 metros de donde estaba la genio, ella comenzó a temblar de impotencia al ver que se llevaban lo que le dio felicidad por tantos años después de haber sufrido en el encierro -¡Ya me tocaba, OPERACIÓN MURALLA AHORA!- exclamó desesperado haciendo que el shinigami se pusiera nervioso, sacó una navaja y la clavó en el dorso de la mano izquierda del rubio.

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-¡MÁTALO!- gritó la genio al escuchar el desgarrador grito del rubio, su dolor la hacía querer desgarrar con sus propias manos al que lo hirió y si no podía hacerlo ella, lo haría su pequeño Yoru. Ante los ojos de los recién llegados shinigamis y vampiro, en segundos el felino se convirtió en una bestia del tamaño de un coche y de un zarpazo descuartizó al shinigami que tenía preso al chico.

Todo cambió en cuestión de segundos: el rubio estaba siendo atendido por el ángel médico mientras más de 40 vampiros hacían una formación alrededor de ellos, el conde estaba frente a esa formación para evitar que pasaran más shinigamis mientras sostenía más piezas de ajedrez atento a cualquier movimiento, el vampiro recién llegado estaba al lado del demonio que estaba a espaldas de la genio ahora convertida en la diva de cabello rosa con un gran atún en su mano como arma.

-Si alguno de ustedes se mueve, una flecha en la cabeza será lo más noble que les haremos mis hombres y yo.- dijo seriamente el vampiro apuntando a los tres shinigamis que estaban rodeados por los restantes vampiros, no había posibilidad alguna de poder salir vivos de ahí, la tensión de no saber que decir estaba haciendo el aire irrespirable.

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-¡Sebas-chan!- gritó el pelirrojo haciendo que todos lo miraran extrañados, "No… puede… ser" pensaron todos al imaginar que Sebastián era de ese tipo de hombres -¡Todo ha sido horrible desde que dejamos de vernos!, ¿No me extrañaste?- preguntó coqueto haciendo gracia al shinigami legendario que había dejado de sonreír, el ambiente bajó de tensión al comenzar a reír el rubio y el de cabellos grises.

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-Uhhh Sebby… ya era demasiado perfecto todo en ti, así nunca harás bebés con mi Danguito.- y todos comenzaron a reír excepto el conde que negaba con una mano en la frente, la genio estaba roja de pena y trataba de no tomar importancia de los coqueteos explícitos de ese pelirrojo a su pareja.

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-¿Con quién?, ¿con ella?- preguntó apuntando a la genio ahora de cabello rosa chicle, se paró como una mujer voluptuosa y desató el cordón de su cabello dejando caer su melena roja profunda y hermosa -No te ofendas querida, pero ese color de cabello no opaca a mi rojo pasión de medianoche- dijo guiñándole retadoramente y lanzando un beso al demonio. La genio apretó la mandíbula y sonrió antes de tirar de un poderoso atunazo al presuntuoso shinigami de cabellos rojos y bonita figura haciendo con ello reír al shinigami de cabellos grises.

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-Bitch please, mi Danguito tiene su pelito hecho de cobre puro.- dijo el rubio presumiendo los atributos de su genio mientras ella ondeaba su cabello para que dejara ver su verdadero color cobre brilloso a la luz del sol, los vampiros elogiaron y aplaudieron el estilo de defensa del rubio para su genio. Pero todos callaron al ver que un cuarto shinigami aterrizó sobre el pelirrojo que trataba de levantarse del piso, no sabían si reír o no hacerlo al ver esa cara tan seria del de tijeras de asta larga.

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-Buenas tardes, lamento interrumpir esta reunión tan… agradable, pero ustedes tienen algo que estamos buscando.- dijo mirando en su libro, buscó en las hojas rojas dándose cuenta de que solo había una y tenía la fotografía del chico detrás de los vampiros, la genio lo miró desafiante y lista para atacar con ese enorme atún si era necesario -No sé cómo han logrado detener lo inevitable, pero su tiempo llegó… ese chico no es suyo, no tiene su nombre…-

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-Emmm... señor Shinigami…yujuu- interrumpió el rubio saludando tímidamente y ganándose la atención de todos -lamento darle la buena noticia pero si lo tengo…- dijo alzando su camisa y dejando ver en su espalda un "Darlyn´s property", nuevamente la estruendosa carcajada salió de los labios del shinigami legendario, cayó al suelo de tanto reír y aún le hacía gracia lo que estaba pasando, el conde sonrió levemente ante las jugadas tan inteligentes y absurdas al mismo tiempo -Creí que sería un lindo regalo de cumpleaños y de aniversario número 5, ¿no?- explicó alzando los hombros ingenuamente y haciendo que los vampiros pensaran en hacerse ese tatuaje también, cosa que hizo reír más al peligris.

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-Usted es Luka, ¿verdad?- preguntó el de cabellos bicolor tratando de dar seriedad a la situación en la que se encontraban actualmente, la genio miró al shinigami jovial y asintió levemente recordando la cara de ansias de libertad que tenía el día que hablaron en el techo -Traje refuerzos, ¿ahora qué procede?- preguntó esperando alguna tregua por parte de todos para poder salir de esa situación tan enfermiza en la que se encontraban.

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-No procede nada, Ronald… nosotros no hacemos tratos con demonios despre…- comenzó a decir con superioridad al reconocer al conde y a su mayordomo, pero la ojiazul lo apunto con su gran atún y mirándolo con ojos afilados.

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-Cuidado con lo que dice que no estoy de muy buen humor últimamente- dijo con voz profunda y en ese momento su anillo destelló en un negro envolvente, los 4 shinigamis observaron ese cambio y William recordó el destello blanco de la espada del arcángel cada vez que iba a castigar la desobediencia. -Si no quieren hablar, llévense a sus compañeros… a Miguel le gusta ver este tipo de escenas.- dijo seriamente para después dar vuelta hacia su Amo, estaba preocupada por esa herida tan severa que el shinigami desesperado había infringido al rubio.

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-¿Tú conoces a Miguel?, pero si él odia la desobediencia y más a los demonios- dijo el shinigami pelirrojo mientras se quitaba los restos de tierra que tenían sus cabellos, la ojiazul colocó su mano sobre el dorso de su Amo, estaba inflamado y la sangre ya había parado de emanar de la herida.

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-Desgraciadamente, sí. - dijo la de cabellos cobres mientras besaba la herida del rubio para después ver como se sanaba lentamente, se incorporó y dirigió la mirada hacia los shinigamis -Fui desobediente, pero no soy un demonio, no como los que ustedes conocen…- dijo sonriendo levemente, con la cabeza hizo ademan de invitarlos a su casa y todos los vampiros deshicieron la formación para entrar a la habitación principal.

Todos la siguieron sin dejar de prestar atención a los movimientos de los shinigamis, el pelirrojo trataba de atraer la atención del demonio que desde hace años que no veía, el shinigami legendario observaba con gracia como el rubio se colgaba a la espalda de la de cabellos cobre mientras los vampiros se encargaban de tomar la mano de la genio a cada paso que daba, el shinigami de cabellos bicolor esperaba que dentro de aquella casa grande pudieron llegar a un acuerdo y finalmente el shinigami de guadaña de asta larga observaba con cautela a ambos demonios que habían escapado del infierno para vivir como mortales con privilegios en esa mansión.

Caminaron por minutos en lo que parecía una extensa galería de arte árabe hasta que llegaron a la habitación donde el conde recibía sus lecciones de artes demoniacas, pero había un gran cambio, ahora una alfombra de exquisita tela desconocida tapizaba el piso, era un color guinda que se veía hermoso con las paredes color cobre brillante, el techo ahora era una cúpula que le daba un aire místico y lleno de fantasía.

-Siéntense, por favor.- pidió la ojiazul mientras los vampiros más cercanos la ayudaban a vestirse con una bata grande, cubriría su ropa desgastada por la pelea anterior para después recostarse de lado en un sillón que estaba suspendido en el aire gracias a unas cadenas de oro que caían del techo, arropó al rubio de 13 años con cara de niño dulce entre su bata, lo miró de manera protectora y lo abrazó besando su frente para que durmiera plácidamente, al dejarse vencer por el sueño y perder el conocimiento, la genio pudo comenzar a hacer su acto final: una pipa árabe fue traída por los inmortales que permanecieron a su lado, ella tomó la boquilla y dio una buena bocanada, detuvo dentro de su sistema el humo para después soplarlo a los presentes, el humo de incienso llenó el lugar y después se disipó dejando ver una sala de metales preciosos con bellos cojines de varios colores que los hacían más cómodos. -Donde gusten, espero se sientan como en casa…- dijo condescendiente mientras disfrutaba de sentirse poderosa, eran los momentos más dulces que tenía antes de que todo se fuera por la borda. Los vampiros, shinigamis, ángel y demonios se sentaron tranquilamente pero sin bajar la guardia, William no tenía nada de confianza al ver de nuevo al demonio que hace mucho tiempo le dio problemas, intuía que el conde se había convertido a su semejanza y si eso era verdad, entonces la ojiazul presuntuosa no tenía nada de diferente con ellos.

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-Usted… hace mucho tiempo que no la veía hufufufu.- dijo con esa diversión que volvía a su personalidad de siempre, las miradas se enfocaron en la pelicobre que sonrió ampliamente al shinigami de cabellos grises y cicatriz escondida debajo de ese copete desordenado -Se ve diferente sin ese vestido amplio color violeta con moños…- comentó enfocando la mirada a el rostro atento de la genio, el pequeño gato saltó al regazo del demonio amante de los felinos y se acostó con la panza arriba para ser acariciado, cosa que funcionó a la perfección -aunque algunas cosas no han cambiado para nada hufufufufu.- añadió divertido al ver al gato con el cual conoció de vista a ese ser extraño y sobrenatural.

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-Sí, mucho tiempo ha pasado y afortunadamente ya no debo usar esas ropas tan limitantes.- dijo ella sonriendo levemente, era sincera ya que la ropa que usaban antes y ahora no le gustaba, era demasiada y más con esos zapatos con tacón, ella prefería usar sus ropas de su época de oro, miró al felino extasiado por las caricias del demonio y volvió a fumar de su pipa para tranquilizar su cuerpo que ya no podía más -Yoru cambia de forma cuando quiere y Sebastián… sigue siendo Sebastián.- añadió divertida dejando que el humo saliera de sus labios mientras hablaba.

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-¿Por qué deberíamos confiar en usted?... está aliada con un par de demonios que cometieron desacato a su lugar de origen, tiene un ejército de criaturas dispuestas a matar por usted y un ángel traidor, eso sin contar que ese chico tiene ya un historial de adeudos a la sociedad shinigami internacional- fue al grano el de correcta actitud, sus ojos verdes sobrenaturales se enfocaron con frialdad en el rostro sonriente de la ojiazul, ella volvió a fumar pero esta vez fue una gran bocanada que inundó sus pulmones y la hizo sentir más fuerte, los aliados de la ojiazul iban a colocarse en defensa pero ella los paró levantando la mano izquierda, todos volvieron a sentarse y trataron de no entrometerse en los negocios importantes de ese momento.

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-Interesante su punto de vista, creo que le gusta saber que está bajo el mando de un psicópata sediento de poder, con ansias de barrer toda impureza y desobediencia del universo, saber que todos sus esfuerzos por ser obedientes en todo no servirán de nada al final y que los desecharán como basura inservible ya que todas las almas que puedan recolectar se habrán ido.- dijo la cruda realidad mientras el incienso salía de su boca a cada palabra, sus ojos se volvieron fríos como los de él pero reflejaban una sabiduría cruel y poética, como la vida misma. Los otros tres shinigamis la miraron con incredulidad, debía ser un error o alguna forma de contradecir las palabras del honesto William T. Spears, la genio los miró a los 4 y se sintió un poco malvada -Escuchen, mi intención no es restregarles en la cara lo que pasará, pero es la realidad… y mientras más rápido se den cuenta, mejor pensarán en lo que deben hacer.- dijo tranquilamente y regalándoles una reconfortante sonrisa.

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-¿Cómo sabe que ocurrirá eso?, la veo muy segura de sus palabras.- lanzó las palabras intentando verla enfurecer como cualquier demonio presuntuoso de su clase, los presentes la miraron al mismo tiempo y ella apretó su bata de tela suave y resistente.

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-Yo a usted no lo veo muy seguro de las suyas, ¿Por qué está aquí sí está seguro de que todo terminará bien si siguen las órdenes como perros de circo?- contratacó la pelicobre retadoramente haciendo enorgullecerse a los que la resguardaban de cualquier posible ataque, sintió las punzadas más fuertes y comenzó a respirar un poco agitada, trataba de tranquilizarse y sabía que no podría más. Tomó un mechón de su cabello y lo arrancó de raíz haciendo que los vampiros y ángel se preocuparan, ya no le quedaba tiempo -Tome, dígale que uno de sus elementos logró arrancarlo en la batalla y que me hirieron un poco.- dijo comenzando a ver nublado, se levantó cargando al rubio entre sus brazos y caminó torpemente mientras los vampiros se movilizaban rápidamente para proteger a ambos como lo habían planeado varias veces si pasaba algo, los shinigamis la vieron caer a los brazos de las vampiresas que estaban preocupadas pero dispuestas a todo -C-castiel… que nada…- dijo tratando de alcanzar al rubio adolescente, su mano casi tocaba la mejilla del aludido que se encontraba inconsciente aún pero el ángel y el vampiro líder lo cargaron con cuidado alejándolo de ella.

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-Darlyn, él estará bien… el Joven Ciel y Sebastián lo cuidarán con nosotros.- dijo el de cabellos blancos mientras el líder de la hermandad daba órdenes a sus hermanos de acompañar a los shinigamis a la salida.

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-Deben presentar un reporte ¿cierto?- preguntó Vladimir mientras los encaminaba a la salida, los shinigamis ya no creían que la mujer de cabellos cobre fuera tan fuerte al ver que todos esos inmortales estaban resguardando su cuerpo con sus vidas -Quiero que todo lo que pasó aquí lo sepa, entenderán mejor todo.- dijo seguro mientras los dioses de la muerte no comprendía muy bien lo que estaba pasando.

El conde y el demonio mayordomo estaban mirando hacia todos lados, veían como los vampiros se llevaban a la genio hacia una habitación, todos entraban y algunos se quedaban resguardando la puerta. El rubio despertó y comenzó a gritar desesperadamente "¡La botella, lleven la botella!" pero los vampiros no lo dejaban moverse del lugar donde se encontraba arropado. "¡VLADIMIR, MARCO!, ¡LA BOTELLA AHORA!" gritó desesperado pero era inútil.

-Castiel, debes calmarte… si ella te ve así, será peor para todos.- dijo guardando la calma el peliblanco de alas maltrechas, el rubio mordió sus labios para no llorar y sacó la pequeña botella de hermosos ornamentos de metales y piedras preciosas, fuertemente la lanzó hasta lograr que llegara a la puerta donde tenían escondida a la de cabellos cobre, el recipiente tocó el piso en un sonido sordo y casi en cámara lenta. El conde se acercó al ojimiel y tocó su hombro en señal de apoyo en esos momentos, Sebastián trataba de sacar sus propias conclusiones, los cambios leves en el comportamiento de la ojiazul, su lentitud en los deberes, sus llamadas a varios lugares, su trabajo adelantado, el que la dejara tocarla y las miradas suplicantes por caricias suaves después de sesiones de besos en la media noche… se estaba despidiendo de él.

Posó sus ojos en el vampiro director buscando respuestas pero éste desvió la mirada tratando de no sucumbir y traicionar a la ojiazul. De repente, toda la hermosa sala árabe donde hablaron con los shinigamis desapareció en el humo que exhaló por su boca mientras hablaba, la estela de humo de incienso comenzó a moverse hasta entrar en la habitación donde estaba la genio, el de ojos vino los hizo cambiar a un rubí encendido y pupilas gatunas, miró la esencia de la pelicobre hacer una esfera alrededor de algo para después sentir desaparecer esa presencia mística que ella albergaba.

Se había ido.

La genio había desaparecido…

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Holiii a todas (si es que aún tengo lectoras xD), los exámenes finales estuvieron bárbaros, pero ningún día dejaba de escribir. Fue una jornada muy pesada pero salí bien. Ahora mismo estoy de vacaciones y pude terminar este capítulo, ya dije que no dejaría ninguna historia y yo soy macha que se respeta y cumple su palabra xD.

Espero que haya sido de su agrado y que disfrutara de esta lectura larga, 92 páginas D: D: D: pero vale la pena para llegar a donde quiero llegar de esta historia :D

¿Tienen alguna idea de lo que pasó con la genio?, si es así, díganla en un review n.n

La otra historia ya comencé a escribir el inicio del otro capítulo :3, espero subirlo la próxima semana :D y espero no me linchen xD

Shadechu Nightray

Hola :3 shiiii reviví y también éste fue capítulo largooooo :3 espero te haya gustado jejeje.

Ajajajaja a mi también me gusta ese nombre, se me hace seductor (no tanto como Sebastián :3) y siii, Darlyn fue muy misteriosa, pero por algo es, hay algo que no le gusta de ella y que la hace sentirse inútil.

Awwwww :3 siiii, les conseguiré novia a los dos :3 no se quedarán solitos, pero tomará un poco porque quiero drama, meteré un personaje que todas odiamos y lo haré papilla :3 será poéticamente sangriento :3 okno

Owww no te preocupes :D puedo esperar más tiempo por el One-shot xD, no hay prisa :3

YAAAA LA VIIII :3 ASJDHASJD me gustó mucho, pero esperaba más parecido con los personajes, que me hicieran babear y querer robarlos (debo decir que Rin si quedó perfecta como la Maylene del futuro).

Ajajajaja n.n no había pensado en esa manera lo del seme-uke xD, tienes razón o.o solo cambian a la chica por un chico femenino D:

ewe creo que no soy la única que ve hentai xD.

Muchas gracias por tu review :3 te extrañé mucho y nuevamente espero sea de tu agrado n.n nos leemos en la próxima.

BESOS TRONADOS

MUACK V3V