Capítulo 20.

En el capítulo anterior…

—… oye bien, tonta, el linaje real de Vegetasei aumentará en esta Tierra porque así lo he decidido, y porque Kakarotto no va a ser el único Saiyajin con dos hijos —le remarcó Vegeta a Bulma dedicándole una de sus sonrisas ladinas más seductoras, mirándola fijamente a los ojos.

Sabemos que los primeros meses del embarazo suelen ser algo difíciles para algunas mujeres y Bulma Briefs no era la excepción a la regla, ya que los síntomas se hicieron más evidentes al cumplirse el primer mes del mismo; pero eso no le hizo cambiar la idea sobre organizar una reunión y así darles la noticia a todos los amigos de la familia, una idea que no era para nada correspondida por Vegeta… o sea, ¿acaso era necesario que todos esos insectos estuvieran al tanto su vida privada? Pero ni hablar, ya había asimilado que, ante cualquier estrafalario capricho de su mujer, lo mejor era darle gusto para así llevar una existencia lo más tranquila posible, al final de cuentas la casa y el dinero son de ella y podía dilapidarlos si quería; total, lo que le sobra a la familia Briefs son billetes. Lo que verdaderamente le molestaba en sí era el hecho de distribuir SU comida y estar perdiendo el tiempo en cosas sin sentido.

Todos en Capsule se sentían dichosos por el gran acontecimiento pero convinieron en mantener el secreto hasta el día de la fiesta, y así no echar a perder la sorpresa antes de tiempo. Cada quien puso de su parte, con Trunks conteniendo las ganas de hablar a casa de los Son y preguntarle a Gohan todo lo necesario para ser un buen hermano mayor, y mejor decidió preparar una entrevista relacionada al tema para abordarle después de difundida la noticia; la señora Briefs, por su parte, estaba más que encantada y ayudó a su hija con todo lo necesario, resistiendo también sus ganas de adquirir artículos para recién nacido que fueran demasiado reveladores; y el doctor Briefs no se quedaba atrás, aunque fue más discreto y sólo se tomó la molestia de elaborar una lista con nombres para el bebé de entre los más famosos eruditos de todos los tiempos.

Al fin llegó el día señalado y todo estaba listo en la mansión para recibir a los invitados. Bulma lucía radiante en un vaporoso y corto vestido azul celeste que hacía juego con su cabellera, la cual ya traía bastante corta… el embarazo aún no era notorio y bien podría disimularlo por un buen tiempo. Vegeta se encontraba recargado en un árbol cercano al área de la alberca, con el semblante torcido en una mueca de fastidio absoluto y los brazos cruzados sobre el pecho, vistiendo una playera polo oscura de manga corta que remarcaba sus trabajados bíceps y pantalón de mezclilla de muy buena marca. Ella se le acercó para increparle por su mal talante.

— Vegeta… ¿podrías por lo menos sonreír un poco? —le señaló en tono de desaprobación, parándose frente a él con las manos en la cintura—. Vamos a anunciar la llegada de nuestro nuevo hijo y deberías mostrarte feliz por ello —remarcó.

— ¡Bah!, sabes que me desagrada en sobremanera el que esos gorrones vengan, y que, no conforme con eso, tengas que darles detalles de lo que no les importa —le espetó el hombre sin cambiar el gesto—. Pero lo peor de todo es que me obligues a estar aquí con ellos malgastando mi valioso tiempo —recalcó indignado.

— Vamos, Vegeta, sólo te pido que me acompañes un momento para comunicarle a todos la buena noticia, y después te dejaré entrenar todo lo que quieras… es por un par de horas, eso no es mucho —la científica se guardó un suspiro bajo, un tanto frustrada de que su pareja no fuera más abierto con los demás a pesar de todo lo que había vivido con ellos, y le tomó del brazo apoyándose un momento en su hombro, dedicándole al segundo una caída de pestañas con la intención de apaciguarlo.

— ¡Mph!... espero que así sea —el Saiyajin se hizo el disimulado al desviar el rostro hacia otro lado, y después se apartó de su mujer hacia el extremo contrario de la alberca, dándole la espalda al recargarse en otro árbol.

En ese momento hizo su entrada la familia Son, acompañados por Ox Satán y por el pequeño Trunks, quien los había recibido en la puerta principal de la vivienda.

— ¡Mamá, mamá, ya llegaron Gohan y Goten! —fue el llamado del niño para captar la atención de su progenitora.

— Bienvenidos, están en su casa… señor Ox Satán, es un gusto verlo —la Briefs recompuso la sonrisa alegre y, como buena anfitriona, recibió a sus invitados con gentileza.

— Muy buenas tardes, Bulma, tú siempre tan atenta —fue el saludo del gran hombre correspondiendo la cortesía.

— Muchas gracias, Bulma, eres muy amable —dijo Milk al mismo tiempo que Gohan, y la morena le dio la mano a su amiga en señal de su amistad.

— ¡Hola, tía Bulma! —y ese fue el saludo del pequeño Goten sonriendo de oreja a oreja.

— Pero pasen, por favor, en seguida les traigo unos bocadillos —señaló Bulma con reiterada cordialidad, indicándoles que la siguieran al área preparada ex profeso para la reunión.

— Oye, mamá, ¿ya me puedo ir a jugar con Goten? —preguntó Trunks con un disimulado deje de impaciencia, ya que quería aprovechar el tiempo al máximo con su amiguito antes de que se diera el anuncio principal de evento.

— Está bien, Trunks, pero también invita a Gohan y así podrás mostrarles a ambos el nuevo modelo para armar que te diseñó tu abuelo —le indicó la científica a su heredero con total complacencia… en esos momentos era preferible que los chicos se mantuvieran entretenidos con un juego.

— De verdad te lo agradezco, Bulma, pero ahora tengo algunos problemas de cálculo superior que vendrán en mi siguiente examen bimestral y necesito que alguien me explique cómo resolverlos —se excusó el jovencito sonriendo con timidez, sintiéndose un tanto apenado por utilizar la celebración en sus cosas de escuela. Nadie podría decir que no estaba cumpliendo con la palabra dada a su madre, y primero los estudios antes que otra cosa.

— No te apures por eso, Gohan, enseguida sale mi papá y podrás preguntarle todas tus dudas —respondió la aludida con total convicción, dedicándole al muchachito una de sus mejores sonrisas sinceras.

— ¡Adiós, Gohan! —pues ante lo dicho los pequeños Saiyajins no esperaron más y se retiraron muy alegres hacia el interior de la mansión, despidiéndose amablemente del mayor.

Milk y Ox Satán atendieron las indicaciones de Bulma y se acomodaron muy a gusto en una mesa bajo una sombrilla, mientras Gohan se fue con el Dr. Briefs a otra mesa cercana. Fue entonces que la morena se percató de la presencia del Príncipe Saiyajin en el jardín, algo que le extrañó en sobremanera.

— Qué raro… —y le señaló a su papá el sitio donde el Saiyajin se encontraba, apoyado como estatua en el tronco de un árbol—… ¿por qué estará Vegeta aquí?

— Bueno, Vegeta es el marido de Bulma, así que lo lógico es que la acom… —comentaba Gyūmaō pero decidió que lo mejor era guardarse sus palabras ante la breve mirada de tristeza de su hija.

— Mi mamá les manda estos bocadillos, y están deliciosos —justo entonces Bulma volvió a presentarse en el jardín llevando en las manos una rebosante bandeja con canapés, los cuales les ofreció gustosa y con total educación. Pero no pudo resistir la tentación de llevarse un par a la boca, masticando con algo de discreción—. Sí, muy sabrosos —dijo alegremente al masticar.

Por una fracción de segundo Milk y su padre la contemplaron con extrañeza, ya que no era usual el que la Briefs descuidara el estilo en una de sus fiestas. Recuperando el aplomo la viuda de Gokú hizo el siguiente comentario:

— Bulma, pensé que Vegeta se había ido a entrenar a un lugar lejano, como la Luna o Marte.

— Bueno, la verdad él no quería estar presente, pero lo que vamos a comunicarles es muy importante y por eso era necesario que estuviera aquí… ahora, si me permiten, tengo que recibir a los demás invitados —se explicó calmadamente la aludida sin dejar de sonreír, retirándose educadamente hacia la entrada de la mansión ya que su mamá la llamaba con la mano.

— No pensé que Bulma comiera de esa forma —expuso Ox Satán en voz baja cuando la científica se perdió de vista.

— Ni yo… —externó Milk sin ocultar su escepticismo.

— ¿Será que se contagió de alguna rara enfermedad Saiyajin de tanto convivir con Vegeta? —el gran hombre intentó encontrarle una lógica al curioso suceso sacándose el comentario de la manga.

— Papá, por favor, yo viví más años con Gokú y nunca sufrí de algo semejante —por lo que la morena le lanzó una mirada de irritación… ¿cómo se le ocurría pensar en eso?

— Bueno, como él residió mucho tiempo en el espacio y Gokú creció en la Tierra, a lo mejor… —se explicó Gyūmaō en tono amable, con la esperanza de apaciguar el carácter de su hija.

En un lapso de media hora arribaron los demás invitados, y, como era lógico, todos se preguntaban cuál era la naturaleza de tal celebración y la razón de que el Príncipe Saiyajin se encontrara en el patio.

— Esto no me gusta nada, que el simio de Vegeta este aquí me molesta —comentó 18 alimentando a su bebé con un biberón, mirando una vez más y con desagrado hacia donde el Saiyajin estaba sentado.

— Pues sí, 18, tienes razón —Krilin le secundó mirando de igual manera al mismo rumbo, con gesto de inquietud—, que yo sepa no es cumpleaños de Bulma ni de Trunks, así que si es muy raro.

— Bueno, véanlo de esta manera, tal vez al fin Vegeta contribuyó con algo para la compañía y ahora Bulma quiere presentarlo como un gran acontecimiento —opinó Yamcha bebiendo su cerveza, decidido a pensar lo mejor. Aun con el tiempo que ha pasado todavía le tenía un gran afecto a la científica, y le costaba bastante el pensar que el Príncipe Saiyajin le llegó a sustituir de buenas a primeras.

— Más bien yo creo que Vegeta está aquí por celoso —opinó el maestro Rōshi bebiendo también su respectivo tarro de cerveza hasta el fondo, echándole por enésima ocasión un vistazo a la anfitriona de la fiesta.

— ¿Y por qué dice eso, maestro? —le cuestionó Oolong tras pasarse apuradamente un bocadillo, y todos sus acompañantes le miraron con curiosidad.

— Fíjense bien, Bulma no ha dejado de ser una mujer bastante bella a pesar de que ya no es tan joven como cuando la conocimos, y todavía conserva muy bien sus atributos… —se explicó el desvergonzado viejecillo en tono picaresco haciendo unos reveladores movimientos con las manos, como si estuviera apretando algo—… Si yo estuviera en el lugar de Vegeta también la cuidaría… —agregó en tanto de su apéndice nasal brotaba un buen hilo de sangre, rememorando el lejano día en el que tuvo la oportunidad de apreciar mejor la anatomía de la dama en cuestión.

— Viejo pelado, mejor cállese —a 18 no le hizo ninguna gracia el comentario y, antes de que alguien dijera algo más, no dudó en lanzar el biberón vacío de su hija en la cara del descarado Kame Sen'nin, dándole en medio de la frente con total puntería.

— ¡Ay, eso me dolió! —se quejó el centenario hombre cayendo de espalda y azotándose contra el piso. Para su buena suerte justo en ese momento Bulma pasaba por ahí llevando más bocadillos, así que quedó literalmente a sus pies.

— ¿Pero qué sucedió? —preguntó la científica con extrañeza deteniéndose muy a tiempo, mirando con extrañeza al anciano caído.

— Nada —le respondió la androide con indiferencia levantando cuidadosamente a su pequeña para sacarle el aire y hacerla dormir. Los otros no dijeron ni una palabra y únicamente se agacharon a observar si el mañoso maestro se encontraba consciente, sospechando tal vez lo peor.

— Desde aquí tengo una gran vista —susurró el vejete con voz de gusto, ya que, por escasos centímetros, podría haberle visto a la Briefs más allá del vestido—. Bulma linda, ¿te acuerdas cuando me enseñaste todo lo que hay debajo de tu ropa interior? —le dijo alegremente sin disimular su agitación al tiempo que le dedicaba una sonrisa amistosa. Genio y figura…

— ¡Ush, viejo sinvergüenza! —y claro, terminó ganándose un golpe más fuerte de la dama en cuestión, la cual le dejó caer la bandeja que llevaba en las manos y acabó de noquearlo metiéndole tremendo zapatazo en la cabeza antes de retirarse con paso firme.

— Maestro… ¿se encuentra bien? —dijo Puar en un susurro agachándose a su lado mientras Yamcha le tomaba los signos vitales.

— El maestro será muy afortunado si Bulma no le cuenta a Vegeta nada de lo sucedido —fue el comentario de Oolong soltando un suspiro de resignación después de comprobar que el decano seguía vivo.

— El anciano se lo tiene bien merecido —bufó 18 con disgusto, tomándose el tiempo para acomodar a su hija dormida en la carriola.

Unos treinta minutos más y los invitados disfrutaron toda la variedad de platillos al tiempo que charlaban alegremente contándose las peripecias vividas en el último año. Dendé se presentó acompañado únicamente por Mr. Popo puesto que a Pikoro no le dieron ganas de ir, ya que tampoco le agradan el bullicio excesivo como a Vegeta; Chaozu volvió a llegar solamente acompañado por Lunch, excusando a Ten Shin Han porque éste tomaba muy en serio el entrenamiento especial al que se había sometido desde tiempo atrás; Yajirobe no dudó en presentarse más que nada por disfrutar de una deliciosa comida gratis, pero, en esta ocasión, tuvo que llevar con él al maestro Karim y el anciano gato no le permitió comer demasiado, dándole en la cabeza con el bastón al llamarle la atención. Al cabo de ese tiempo Bulma consideró adecuado dar el anuncio, así que fue por Vegeta y lo llevó con ella casi a rastras hasta el centro del jardín, en el área donde se desarrollaba la fiesta.

— Queridos amigos, Vegeta y yo tenemos que comunicarles algo importante… —y claro, la más entusiasta era la científica, sonriendo de oreja a oreja mirando a todos los presentes, en tanto el Saiyajin no se dignaba a ver a nadie y tenía en el rostro su mejor gesto de hastío total, pugnando por librarse de todo eso—… anda, Vegeta, compórtate como es debido y saluda a nuestros amigos —le pidió en un leve tono de mando.

—… ¡Argh!, no me jodas con eso, Bulma… —le rezongó el hombre de mal talante intentando dominarse, lanzándole a los convidados una leve mirada de irritación—… y diles de una maldita vez la razón de este argüende —remarcó en tono agrio. Sentía ganas de salir corriendo, pero más que nada porque ya estaba fastidiado de tanto ruido.

—… eres un pesado… —ella le miró con molestia por unos segundos mascullando en voz baja, e inmediatamente recompuso el gesto alegre al colgarse de su brazo en forma entusiasta y cariñosa, volviendo la vista a los asistentes—… Bueno, amigos, Vegeta y yo organizamos esta fiesta para comunicarles la buena noticia de que tendremos un segundo hijo… ¿no les parece maravilloso? —puntualizó con cantarina voz.

Por unos segundos se hizo el silencio ya que todos estaban pasmados por la noticia… ¿habían oído bien? Bunny Briefs fue la que rompió el silencio al aplaudir con entusiasmo.

— ¡Qué alegría, qué alegría, voy a tener otro nietecito! —exclamó emocionadísima, aliviada al fin de expresar su dicha.

— ¡Yupi, qué bien, tendré un hermanito! —Trunks no se quedó atrás interpretando muy bien su papel, volviéndose con prontitud al mayor de los Son—. Gohan, tendrás que explicarme como ser un buen hermano mayor —le solicitó atentamente extendiéndole el cuestionario que había preparado de antemano.

—… —los demás al fin entendieron que el asunto era en serio y prorrumpieron en aplausos sinceros, y la tensión se alivió al instante. El único no muy relajado era el futuro padre, ya que todavía no hallaba la forma de escapar de ahí.

— ¡Muchas felicidades, Bulma, esa es una gran noticia! —le dijo Lunch con cordialidad sin dejar de aplaudir.

— ¡Ciertamente es una buena noticia! —reiteró Milk con una abierta sonrisa, ya que sabía lo que eso significaba para ella y su causa.

— Gracias, son ustedes muy amables —Bulma correspondió las muestras de apoyo sin soltarse del brazo de Vegeta, quien luchaba internamente consigo mismo por no desairar a su mujer… solo un poco más y sería libre.

— ¡Esto merece un brindis! —externó Yamcha levantando su tarro de cerveza en tanto la expresión de su rostro parecía un tanto ida—. Vegeta, a tu salud… y por el nuevo bebé —le dijo con exagerada cortesía al Príncipe Saiyajin, bebiendo rápidamente el contenido de su tarro. Por obvias que éste lo hubiera fulminado con una mirada asesina… o sea, ¿quién se creía esa sabandija para tutearlo de esa forma?

— Entonces… ¿eso quiere decir que también van a tener dos hijos como Gokú? —justo en ese momento Yajirobe pareció recordar dónde se encontraba, ocupado en comer cuando el maestro Karim dejó de prestarle atención, y soltó la pregunta sin medir las consecuencias.

Y el Ki de Vegeta se incrementó intempestivamente durante unos segundos, a punto de perder el control ante la mención de su difunto némesis y la comparación con él. Afortunadamente no pasó a mayores y sólo se soltó de su consorte con relativa rudeza, elevándose rápidamente hasta perderse de vista en el horizonte. En cuanto el Saiyajin se esfumó la Briefs no dudó en dirigirle a Yajirobe una mirada tétrica, tal vez meditando en alguna terrible tortura para castigar esa impertinencia. Pero recuperó el gesto amable al instante y les habló a todos con cordialidad como si nada hubiera ocurrido.

— Oh, espero puedan disculparnos por esto y sigan disfrutando la fiesta que es para ustedes… traeré más bocadillos —dijo con exagerada cortesía dirigiendo sus pasos hacia la cocina, contoneándose despreocupadamente.

— Tenías que ser tú, gordo tragón… y ya te dije que no comas más —el maestro Karim no dudó en darle a su atolondrado discípulo un nuevo bastonazo en el cráneo en cuanto la anfitriona de la casa se perdió de vista, reprochándole por su descuido—. ¿Acaso no te das cuenta que Vegeta pudo habernos matado?

— ¡Auch!... maestro Karim, eso duele… —se quejó el pobre Yajirobe sobándose el gran chichón que le ocasionó tan tremendo golpe—… yo sólo dije la verdad, así que Vegeta no tenía por qué enojarse —respondió a modo de justificarse.

— Aunque sea cierto, lo mejor es no recordarle a Gokú cuando no es necesario —puntualizó el sabio gato echándose a la boca el último bocadillo que quedaba en el plato del joven guerrero, saboreándolo con parsimonia—. La comida que hacen aquí siempre es deliciosa —mencionó al final relamiéndose los bigotes.

Después de esto la fiesta no duró más de una hora, y eso porque el efecto del medicamento que Bulma había tomado muy temprano para controlar las náuseas terminó, y no le quedó más remedio que ir al baño a devolver todo lo que había devorado desde la mañana hasta esa hora abandonando intempestivamente el festejo. Por lo tanto los señores Briefs despidieron amablemente a los convidados no sin antes reiterarles que se haría una nueva fiesta con motivo del "baby shower" y esperaban contar con su presencia.

No vamos a detallar todo lo sucedido durante el embarazo ya que sería alargar de más esta historia, así que nos centraremos en momentos verdaderamente trascendentales para su desarrollo. A mediados del cuarto mes se estabilizó el metabolismo de Bulma haciéndola ver más radiante y feliz al presumir el abultado vientre, motivo por el cual se llevó a Vegeta de compras ya que le era necesario lucir a la moda aun estando embarazada, aparte de ir con el ginecólogo para su revisión mensual. Si el Príncipe accedió a ir con ella fue porque la señora Briefs no paró de comentar durante toda esa mañana sobre lo guapo y atractivo que se veía el doctor Nishigaki, el médico personal de la familia, con su nuevo modelo de gafas y su peinado, aparte de que la buena señora no podía acompañar a su hija precisamente ese día porque tenía otros asuntos que atender. Y obvio, al hombre no le hacía ninguna gracia el que SU mujer estuviera a solas con un tipejo por más que se tratará del médico de confianza que ya la había atendido durante el parto de Trunks… eso fue todo un show que merecería un capítulo aparte. Ya en la tarde recibieron la visita de los Son, así que el pequeño heredero de Capsule se llevó con él a los hermanos para terminar el juego que dejaron pendiente la última vez que se vieron, dejando solas a las dos damas para que platicaran con confianza.

— Y dime, Bulma, ¿cómo está creciendo mi nuera? —le preguntó Milk a Bulma saboreando la taza de humeante té y galletas caseras que la científica había ordenado al servicio automático—. Porque sí estás esperando una niña, ¿verdad? —cuestionándole dudosa, no muy convencida todavía del resultado.

— Pero por supuesto que es una niña, las pruebas genéticas no mienten —respondió la aludida procurando conservar el estilo al comer, llevándose más de diez galletas a la boca en menos de un minuto. Al instante bebió su té con total elegancia—. Aunque debo admitir que me excedí en la dosis hormonal femenina y por ello he engordado mucho más de cuando estuve esperando a Trunks… casi siete kilos en estos cuatro meses —agregó con algo de pesar sin poder evitar el comer más galletas, volviendo a echarse otras diez de un bocado.

— Te entiendo, querida, te entiendo —la morena le habló en tono comprensivo dejando de comer galletas, evitando torcer el gesto en un mohín de repugnancia por esa forma de comer, recordando que también ella había pasado por lo mismo dos veces—. Por cierto, ¿ya Vegeta está enterado de que será niña? —volvió a cuestionar sin ocultar su inquietud, ya que, queriendo o no, el Saiyajin es el padre y tarde o temprano tendrá que enterarse del hecho, y, lo más probable, es que no se lo tomará bien a bien.

— Aun no se lo he dicho directamente, pero lo tendrá que aceptar en cuanto ella nazca —confesó la Briefs después de beber más té para pasarse el bocado, sonriendo despreocupadamente.

Ajenos a la charla los jóvenes Saiyajins se divertían jugando con el ordenador de última generación desarrollado por el doctor Briefs, y Trunks les estaba ganando por mucho a los hermanos Son dándoles una "paliza" aunque peleaba contra los dos al mismo tiempo, haciendo gala de su habilidad con los controles. Inmediatamente de un par de rondas el niño no dudó en mostrar su inquietud sobre afrontar su papel de primogénito en la familia, dirigiéndose con amabilidad al mayor de ellos.

— Dime una cosa, Gohan, ¿de verdad tendré que cambiarle los pañales a mi hermanito? —preguntó un tanto compungido antes de reiniciar el juego una vez más.

Y es que entre las respuestas a las preguntas que el pequeño heredero de Capsule le hizo al joven Son el día de la fiesta había algunas que le habían mortificado bastante, y una de ellas estaba relacionada con la limpieza del bebé… Gohan mencionó ese detalle ya que es lo que le había tocado hacer en su papel de hermano mayor de Goten.

— No lo creo, Trunks… aquí en Capsule disponen de muchos sirvientes electrónicos para los quehaceres además de que también están tu mamá y tu abuelita, y de seguro ellas harán la mayor parte del trabajo —respondió el aludido sonriendo abiertamente, comprendiendo las preocupaciones de su pequeño amigo. Ya con quince años es todo un adolescente maduro y responsable en quien se puede confiar.

— Mmm… ya veo… bueno, eso me quita un peso de encima —el niño meditó unos segundos en la respuesta, y luego pareció recobrar el buen ánimo al concentrar su atención en la pantalla del juego, dispuesto a comenzar otra serie de peleas virtuales.

Por cierto que Goten se veía algo triste después de haber perdido estrepitosamente en todas las peleas y aparentaba no querer volver a jugar, pero la pregunta de Trunks trajo a su mente algunas reminiscencias de su no muy lejana época lactante.

— Oye, Gohan, ¿a mí me cambiaste los pañales cuando era un bebé? —preguntó con curiosidad mirando a su hermano muy fijamente.

— Claro que sí, Goten, ya que a veces mamá estaba muy ocupada preparando la comida… bueno, incluso tuve que cambiarle los pañales a Trunks en un par de ocasiones cuando fueron a visitarnos —respondió el muchacho riendo un poco, recordando tan simpáticos sucesos.

— ¿En serio… también me cambiaste los pañales a mí? —el nombrado chiquillo de pelo lavanda no pudo ocultar su turbación cuando su amigo le confirmó con un movimiento de cabeza la respuesta a su pregunta, y enrojeció levemente de los pómulos mostrando su bochorno—… que pena —reconoció en voz muy baja porque lo vieron en esas fachas.

— Vamos, a todos nos pasan ese tipo de accidentes cuando somos bebés porque aun somos muy pequeños para ir solos al baño, no es algo de lo que deban avergonzarse… —Gohan no dejó de sonreírles a ambos niños al tiempo que le hablaba en un tono de voz amable y considerado para hacerles sentir bien—. De hecho yo me hice muchas veces en el pantalón a pesar de que ya tenía cuatro años, cuando el señor Pikoro me llevó a entrenar a las montañas… eso sí que es para dar vergüenza —agregó bajando un poco la voz al tiempo que su sonrisa se volvía tímida, rascándose la nuca para mostrar su pena.

— ¿De verdad? —los dos niños lo miraron con gestos de asombro intentando imaginar esa escena. En su opinión Gohan era más valiente que cualquier otro por haberse enfrentado al malvado Cell siendo todavía un niño, así que era difícil verlo como un pequeñín asustadizo.

— Es una larga historia que les contaré en otra ocasión… —el mancebo retomó la sonrisa alegre y despreocupada hinchándose un poco con orgullo. Se sentía tan bien ser admirado por los más jóvenes de su raza.

— Oye, Gohan, ¿entonces tú me enseñaste a ir al baño solito? —Goten miraba a su hermano con ojos brillantes… no habría en el mundo un mejor hermano que él, su querido Gohan.

— Bueno, entre mamá y yo te hemos enseñado muchas cosas… ahora que estaré de vacaciones le pediré que nos deje entrenar un poco más todos los días, ¿qué te parece? —respondió Gohan con total seguridad sin dejar de sonreír de oreja a oreja.

— Súper… —el pequeño Son se veía más que encantado con la propuesta.

— Pues yo también entrenaré con mi hermanito y le enseñaré todo lo que sé, si señor —Trunks no quiso quedarse atrás y remarcó sus palabras con voz segura, queriendo hacer notar que igualmente será un buen hermano mayor.

— Ya lo creo que sí… el Trunks del futuro era un muchacho bastante maduro, por lo que es seguro que tú seas como él —opinó el joven Son sin dejar de sonreír, dándole a su amiguito unas palmaditas amistosas en la cabeza.

— Trunks, ¿entonces vas a entrenar con tu hermanito en la Cámara de Gravedad? —fue el interrogante de Goten volviendo la vista hacia su amigo, abriendo los ojos como platos… no cualquiera se daba ese tipo de lujos como la familia Briefs y el señor Vegeta.

— Seguro que sí, Goten, y cuando él crezca le pediré a mi papá que nos lleve a conquistar planetas… por supuesto que pienso invitarlos a ti y a Gohan para que nos acompañen —dijo el heredero de Capsule levantando un pulgar más que convencido, sonriéndole a su compañero de juegos y travesuras—. De hecho ya estoy terminando con los planos de mi nave espacial, sólo me faltan algunos detalles y presentaré el prototipo en la feria de ciencias de mi escuela —agregó con entonación de sabihondo.

— Genial… —Goten no pudo ocultar su emoción y admiración de sólo imaginarse en el espacio en compañía de su hermano y de su mejor amigo… toda una experiencia inolvidable.

— Eso suena bien… —fue el comentario de Gohan disimulando el gesto de timidez… ya le parecía que Vegeta aceptaría de buena gana llevarlos de acompañantes.

Olvidándose ya del videojuego Trunks sacó los planos de la nave espacial que estaba desarrollando, los cuales tenía guardados en una caja, y se los presumió a Goten explicándole algunos puntos importantes, consiguiendo que el pequeño Son pusiera un gesto de alucinado admirado por su gran intelecto científico. Gohan no dijo nada pero no pudo dejar de admirar también la gran imaginación de Trunks y su inventiva… bueno, nada mal para un pequeño descendiente de genios investigadores. Unos minutos después algo revoloteó en su mente haciéndole recordar una escena de algunos años atrás, meditando en ello. ¿Acaso podría ser que…?

— Por cierto, Trunks, ¿no has pensado en que tu hermanito podría ser hermanita? —le preguntó al chiquillo de lavanda cabellera en tono despreocupado.

— ¿Una hermanita? —el aludido no hizo más que poner gesto de duda… ¿de qué estaba hablando Gohan?

— ¿Eso quiere decir que el hermanito de Trunks puede ser una niña como Marrón? —preguntó a su vez el pequeño Son con voz incrédula.

— Sólo digo que es una posibilidad… —afirmó el muchacho sonriendo levemente, sintiéndose algo intimidado ante la mirada seria del pequeño heredero de Capsule. Esa situación le parecía bastante viable considerando lo acordado entre su madre y Bulma cuando Goten iba a nacer.

— Eso no puede ser, Gohan… sí Goten y tú son chicos es más que seguro que yo tendré un hermanito varón, lo dice la genética Saiyajin —expuso Trunks negando con un movimiento de cabeza—. ¿Sabes?, estás tan mal de la cabeza como mi mamá, pues ella también tiene esa loca idea —añadió un poco burlón.

Flash Back —

Una hermosa mañana de sábado de un mes atrás, cuando ya los malestares del embarazo habían disminuido, aunque el apetito se hizo más voraz, Bulma le servía el desayuno a su marido e hijo al tiempo que tarareaba una alegre canción. Los señores Briefs habían tenido un compromiso fuera de la ciudad y no se encontraban presentes, por lo que la pequeña familia disfrutaba de un buen momento entre ellos.

— Aquí tienes, Vegeta, es la nueva receta que preparé especialmente para ti… espero que te guste —le dijo a su cónyuge al momento de servirle un platón más de guisado, del cual se comió la tercera parte—… ¡mmm!, está muy sabroso, entonces sí te va a gustar —indicó más que sonriente al terminar de saborearlo, sintiéndose complacida por su nuevo éxito culinario.

El hombre sólo atinó a gruñir por lo bajo al ver disminuida su ración, pero resignadamente empezó a comer con voracidad para evitar que le quitaran más comida. A todo esto su pequeño hijo le imitó y devoró una docena de sándwiches sin detenerse, no sea que también su mamá le robara algún bocado. Por varios minutos cada quien se dedicó a comer lo suyo sin decir ni media palabra, aunque ambos varones le lanzaban de cuando en cuando miradas de escepticismo a la científica por verla devorar varios platillos al mismo tiempo, en una pomposa imitación de ellos. Al sentirse observada la dama enrojeció levemente de las mejillas y se tapó momentáneamente la boca para encubrir el breve eructo que salió de ella.

— Lo siento… —dijo apenada sonriendo con timidez, haciendo a un lado el platón en el que se había servido. Después, empleando un tono de voz más normal, añadió soltando un suspiro—. ¡Ah, el día que tenga a este bebé en brazos seré muy feliz!... créeme, Trunks, cuando estuve embarazada de ti no engordé tanto —agregó, dirigiéndose a su hijo con amabilidad.

— Lo imagino… —dijo el niño por decir algo. La verdad se le hacía verdaderamente impactante el ver a su madre comer de esa forma, tan desenfrenada para ser una mujer de mundo.

El Príncipe no dijo nada y retomó la tarea de comer, consciente está vez de que el desarrollo del hijo que venía en camino requería de grandes cantidades de nutrientes, lo que obligaba a su señora a alimentarse bien y no con cualquier desabrida e insulsa ensalada.

—… Ella se verá tan linda sentada en su sillita, nuestra preciosa bebé —en ese momento Bulma tuvo un lapsus y fuera de toda precaución externó en voz alta sus ensoñaciones, casi como si tuviera enfrente al nuevo fruto de su amor.

— ¿Eh? —por lo que Vegeta y Trunks volvieron a mirarla, con la duda reflejada en su rostro… ¿de qué estaba hablando?

— ¿Qué?, ¿acaso tendría algo de malo que el bebé fuera una niña? —preguntó la científica con inocencia… ya era demasiado tarde para retractarse.

— Eso es algo imposible… las mujeres son débiles y poco aptas para la lucha, nada común entre los Saiyajins —observó Vegeta con gravedad al tiempo que su mirada se endurecía.

— No me digas… —la dama pareció irritarse por el detrimento a su género, así que buscó el mejor argumento con el cual contraatacar a su esposo—. ¿Entonces me vas a decir que ustedes los Saiyajins se reproducen como los Namekusejin y que fue un golpe de la fortuna el que Gokú y tú pudieran tener hijos con un par de mujeres terrestres? —le puntualizó con ironía.

Trunks decidió que lo mejor que podía hacer era no intervenir en la discusión y terminar con su desayuno para huir lo antes posible.

— No seas idiota y no hables de lo que no entiendes… —Vegeta contuvo su malestar pero no dejó de lado la entonación áspera que suele emplear cuando algo le molesta—. Hasta donde Nappa me contó los nacimientos de mujeres Saiyajins eran programados cada determinado tiempo, cuando era verdaderamente necesario. Ya que somos una raza guerrera muy resistentes no necesitamos reproducirnos continuamente como otros especímenes débiles —señaló con seriedad sin perder la oportunidad de remarcar sus últimas palabras con un tono burlón.

— Mmm… eso explica porque ese tal Raditz le llevaba muchos años a Gokú… —Bulma pareció meditarlo en voz baja. Sin embargo no dudó en contradecir a su consorte—. Pues tú dirás lo que quieras, Vegeta, pero aquí en la Tierra y por los medios naturales la probabilidad de que nuestro bebé sea una niña es del cincuenta por ciento… técnicamente la mitad —recalcó con desdén y se levantó para servirse una nueva porción de guisado.

— ¿La… qué…? —obviamente que el Príncipe no entendía en muchas ocasiones lo que su compañera quería decirle, así que su gesto cambió rápidamente a uno de perplejidad absoluta.

— Mira, papá, la probabilidad es la rama de las matemáticas que estudia, mide o determina a los experimentos o fenómenos aleatorios, y utiliza un método por el cual se obtiene la frecuencia de un acontecimiento determinado mediante la realización de… —y el pequeño Trunks intentó darle a su padre una sencilla explicación sobre lo que es la probabilidad sin tener mucho éxito.

- Fin de Flash Back -

Bastante alejado de todo eso encontramos a Vegeta entrenando intensamente en su preciada Cámara de Gravedad, dispuesto a recobrar las horas perdidas por haber acompañado a su mujer a ver al dichoso doctor y hacer otras tonterías más que a ella tanto le agradaban. Pero en esos momentos, encontrándose a solas consigo mismo, no pudo dejar de pensar en lo que venía planeando unos meses atrás. Sí, sería magnífico cuando el nuevo crío creciera y pudiera entrenarlo a buen ritmo; así, en unos cuantos años, podría terminar de conquistar el Universo acompañado por Trunks y el pequeño Vegeta… porque claro, su nuevo vástago se llamaría Vegeta igual que él, igual que su padre, igual que el padre de su padre e igual que su planeta natal, faltaba más. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, complacido por el prometedor futuro que veía ante sus ojos: el resurgimiento de su reinado sin que nadie se interpusiera en su camino.

El tiempo continúa su marcha y en los meses siguientes todo transcurrió con normalidad, aunque el aumento de peso de Bulma fue un poco desmesurado en está ocasión a su embarazo anterior, lo que le originó un cansancio poco habitual que motivó la organización de una tranquila fiesta de "baby shower" al comienzo del octavo mes, ya que no se sentía de ánimo para demasiada agitación.

— ¡Muchas felicidades, Bulma! —le saludaron al unísono Yamcha y Puar presentándose con media hora de anticipación a lo especificado en la invitación, entregándole un enorme regalo para el nuevo bebé.

— Con mucho cariño de nuestra parte —dijo el pequeño minino con su aguda y tierna vocecita.

— Gracias, los dos son muy amables —la científica correspondió el gesto levantándose cuidadosamente del asiento donde se había acomodado, dándole a su amiguito unos golpecitos afectuosos en lo alto de la cabeza para tomar el obsequio.

— Emm… por cierto, Bulma, me gustaría platicar contigo en otra ocasión… claro, si eso no representa ninguna molestia para ti —Yamcha, hablando con timidez, se tomó el atrevimiento de hacerle la petición en nombre de la sólida amistad que se tenían, aprovechando también que Vegeta no se encontraba cerca.

— Mmm… espero que no se trate de un asunto de dinero —observó la Briefs mirándolo con algo de recelo, sin querer recordar cuándo fue la última vez que le hizo ese favor para sacarle de un apuro. Si no fuera porque les unía un afecto de años no le tendría tanta confianza.

— No, no, no, no es por eso… es sólo que… bueno, necesito un consejo como amigos —dijo el beisbolista más que avergonzado, soltando una risita nerviosa.

— Seguramente tiene algo que ver con una de tus tantas novias —Bulma no dudó en soltar un suspiro de resignación interpretando correctamente la turbación de su muy antiguo novio, dedicándole una sonrisita comprensiva.

— Estás en lo cierto, Bulma —Puar intervino hablando con su aguda vocecita, lanzándole a su amigo del alma una mirada entre apenada y enfadada—. Yo le dije a Yamcha que esa señorita le iba a traer problemas pero no quiso escucharme.

— Es suficiente con eso, Puar, creo que no es el momento para dar detalles —el aludido se mostró contrariado y le pidió a su compañerito un poco de discreción, volviéndose una vez más hacia la dama utilizando un tono de voz muy bajo y apenado a modo de excusarse por su solicitud—. Lo siento de verdad, Bulma.

— Descuida, somos amigos… déjame ordenar mi agenda y te llamaré para invitarte un té —la científica le sonrió más grandemente para tranquilizarlo, y les invitó a pasar hacia el interior de la mansión.

Y así, una semana después de la fiesta, nos encontramos a Yamcha presentándose ante Bulma en la terraza principal de Capsule. Por cierto que ella devoraba un montón de pastelitos colocados en una bandeja, recostada en una cómoda y amplia poltrona, y el joven moreno decidió pasar por alto la escena saludándola amablemente con cortesía.

— ¡Hola!, de verdad te estoy muy agradecido por darme la oportunidad de venir —fue el cumplido al acercársele, acomodándose en el sillón más pequeño para no perturbarla.

— No hay problema, eres bienvenido cuando quieras… —le respondió la Briefs tomando un buen sorbo de té para pasarse el último pastelillo—… Habrás de disculparme pero este bebé me ha hecho comer mucho más de lo que comí cuando estuve esperando a Trunks —añadió después de limpiarse la comisura de los labios con una servilleta, pretendiendo justificar su voracidad—. Por cierto, ¿te parece que me veo gorda? —y le soltó el cuestionamiento a bocajarro, esperando que le diera una respuesta sincera.

— Este… no, para nada… la verdad te ves… bastante saludable, en serio —conociéndola como la conocía Yamcha no se animó a ser demasiado sincero y únicamente hizo el comentario sonriendo algo forzado, esperando no disgustarla. Con prontitud cambió de tema—. ¿Y dónde está Vegeta?... —preguntó ocultando un suspiro de alivio, sintiéndose afortunado de que el Príncipe no se hallara en casa y así tuvieran la oportunidad de hablar de otra cosa que no fuera el físico de la dama—… pensé que estaría al pendiente para cuando naciera el bebé, lo cual podría ser de un momento a otro —opinó empleando ahora un leve tono de circunspecto.

— ¡Ush!, tú ya sabes cómo es ese Saiyajin cabeza dura… cuando le da por ausentarse se va el día entero después de desayunar y no se aparece hasta la madrugada —Bulma no dudó en externar su irritación mostrándose de acuerdo con la observación, lo que le hizo olvidar la preocupación por su fisonomía actual—. Pero no viniste aquí para hablar de Vegeta, así que vamos al grano y dime lo que te preocupa —agregó con renovada amabilidad, mirándolo con atención.

— Este… bueno, la conocí hace cosa de seis años, pero dejé de verla casi de inmediato —se explicó el joven moreno algo apurado, enrojeciendo avergonzado de revelar que pretendió olvidarla de esa forma, pero eso sí, puntualizando el hecho de que no fue por mucho tiempo—. Hace algunos días volví a verla, por azares del destino, y me dijo que tiene un hijo mío… ¿puedes creerlo? La verdad no sé si sea cierto porque sólo estuvimos juntos por un mes, y nunca intentó comunicarse conmigo después —añadió soltando una risita nerviosa.

— Mmm… tienes razón, puede ser que sólo quiera sacarte dinero aprovechando la buena racha que has tenido en el equipo en estos últimos años —le dijo la científica con seriedad—. ¿Y cuántos años tiene el niño? —y preguntó con curiosidad.

— Este… es un poco más chico que Trunks y algo mayor que Goten —respondió Yamcha más que abochornado consigo mismo… de ningún modo fue la mejor forma de hacer borrón y cuenta nueva en su vida cuando ella le confesó estar embarazada de Vegeta, a poco menos de un año de haber terminado su relación de noviazgo en definitiva.

— Vaya… ya veo… —la mirada que le dirigió Bulma reflejaba algo de conmiseración y pena a la vez. Por un par de minutos ninguno de los dos dijo nada más, meditando en la situación. Si había finalizado su largo e inestable idilio fue más que nada por la inseguridad de ambos al compromiso serio y porque él permitió que otras chicas le coquetearan a pesar de saber que le ocasionaba muchos celos. Sin embargo no pudo apartarlo en definitiva de su lado ya que le tenía un cariño más que especial, y su vida sin Yamcha estaría incompleta.

El beisbolista, por su parte, desvío el rostro avergonzado, ya que sus sentimientos podrían traicionarle. Con el paso del tiempo aspiró a relacionarse con más mujeres, lo que en realidad no le era fácil aunque ya hubiera superado su timidez de adolescente, y más que nada porque no encontró a ninguna que pudiera llenar el vacío dejado por Bulma… aún sentía algo profundo por ella y tenía la esperanza de que, tal vez, en un golpe de buena fortuna, Vegeta se aburriera de vivir en la Tierra y decidiera largarse para siempre, así estaría disponible para confortarla y ser un padre sustituto para Trunks. Una posibilidad que ahora, con la llegada de un nuevo bebé del Saiyajin, se veía más que imposible; nunca nadie hubiera imaginado, y mucho menos el beisbolista, que el Príncipe tuviera en alto el compromiso de su relación con la científica, sobre todo considerando que, en apariencia, no había cambiado su carácter para nada.

— ¿Tú qué me recomiendas? —le preguntó al cabo de ese pequeño lapso, volviendo a mirarla con atención.

— Por lo que veo quieres comprobar tu paternidad para no ser embaucado, ¿o me equivoco? —le respondió la dama cuestionándole en tono neutro y profesional, obteniendo de él una respuesta afirmativa con un movimiento de cabeza—. Bueno, entonces puedes traer al niño aquí si ella está de acuerdo en que se le hagan los análisis… me da tanto gusto ver que te has convertido en un hombre maduro y responsable, Yamcha —agregó con una gran sonrisa de alivio, ofreciéndole una taza de té y sirviéndose también una más para ella.

— Oye, yo siempre he sido un hombre maduro y responsable —comentó el aludido haciéndose el ofendido, bebiendo gustosamente su té pero sin animarse a tomar el último pastelillo que quedaba en la bandeja, dejándole a la dama el privilegio de devorarlo.

— Sí, claro… —ella se rio un momento al tiempo que se echaba el pastelito a la boca, empinándose la taza de té con algo de parsimonia.

Súbitamente Bulma soltó un grito ahogado al tiempo que soltaba la taza para sostenerse el bajo vientre, e intentó incorporarse de su lugar.

— ¿Te sientes mal? —le preguntó Yamcha con algo de preocupación colocando su respectiva taza en la mesita, acercándosele solícito.

— Parece que… el bebé ya va a nacer… y justo ahora que mis padres fueron de compras y… y que el idiota de Vegeta se largó quien sabe a dónde… —dijo ella respirando entrecortadamente y empleando un tono indignado de voz, sintiendo ya las contracciones del alumbramiento.

— Entonces tendré que llevarte al hospital —pues ni hablar, como buen amigo Yamcha la ayudó a ponerse en pie conduciéndola con cuidado hacia su automóvil último modelo. "Espero que no haya mucho tráfico o tendré que hacerle de partero… ¡y precisamente ahora que lo acabo de retapizar!" pensó en sus adentros con algo de pesar.

Nota: les dejaré un momento en suspenso con Bra a punto de nacer. La idea de un hijo de Yamcha la tomé prestada de un fic que leí en Fanfiction, y ese niño tendrá algo que hacer en un tiempo futuro en este fic, no les digo más. Un saludo a todos y nos leemos pronto en el otro fic, el cual lo he retrasado bastante por falta de orden en mi escrito.