Hola, ya estoy aquí de nuevo, otra vez el capítulo es algo corto. Pero como detalle de cumpleaños para Ainara, subo hoy la primera parte. ¡Felicidades retrasadas! La semana que viene subiré la segunda… Bueno, espero que os guste.

*********


CAPÍTULO 21 (Primera parte)

*********

- Sirius, te dije que no era cosa de los mortífagos.

- No te creo, y tú vas ahora mismo a Azkabán.

************

23 Julio 1981

- ¡Corre, maldita sea! - grito mientras avanzo a toda velocidad por los oscuros pasillos de las alcantarillas. Era nuestra única salida, por mucho asco que me de, prefiero soportar el hedor del alcantarillado que pasar el resto de mi vida entre rejas, ya sea custodiada por dementores o por otros monstruos peores, también prefiero correr por las alcantarillas antes que acabar muerta, que dadas las circunstancias es lo más probable. Y está claro que voy a caer yo primero, lo que será una suerte, porque la otra alternativa es verla morir a ella primero, y no estoy por la labor. Ni a ella ni al resto de mis acompañantes.

- ¿Por qué nos siguen con tanto ahínco? - pregunta Régulus.

- Por mí - contesta Remus guiando con su varita un cuerpo inerte.

Yo dejo de escuchar esa conversación y me concentro en imprimir a mis piernas toda la fuerza que puedo. Tenemos que salir de aquí, y tenemos que hacerlo rápido pues los mortífagos nos pisan los talones; y los del ministerio también, por lo visto Remus se ha saltado la prisión preventiva. Además Greyback y los suyos también van tras él, y por lo tanto tras nosotros. Tengo suerte de que me hayan obligado a aceptar su compañía, pues mi plan dejaba mucho que desear, la verdad; me han dado una poción multijugos con un pelo de mi amiga, tanto para protegerme a mí como a ella, que ha adoptado mi imagen, pues de momento si creen que es yo, está a salvo dado que a mi no me han relacionado con su salvamento. Aunque pueda parecer superficial en este momento, me siento bien estando dentro del cuerpo de Beth, es todo tan proporcionado…

- ¿A ti, por qué? - pregunta mi marido. - El que seas mestizo no es motivo suficiente para que te persigan con tanto ansia.

- Soy licántropo.

Silencio, solo se escucha el eco de nuestras pisadas en el suelo, y el chapoteo del agua. De pronto, al chocarme contra alguien me doy cuenta de que no son nuestras pisadas lo que se escucha.

- ¡Régulus, por Merlín, no te detengas ahora! - exclamo al percatarme de que ese alguien contra quien me he chocado es la espalda de mi marido que parece haberse quedado paralizado por la noticia.

- ¡Mierda! - exclama Remus.

- Vaya, chicos, parece que volvemos a encontrarnos. - dice la voz fría de Lucius, mi primo. Reprimo un escalofrío al verle escoltado por Ian y Alec Turner. Me giro, y tras de mí esta Fenir Greyback con otros dos mortífagos. También escucho una risa histérica. Bellatrix Lestrange.

No hay salida. Nos han rodeado.

Estamos atrapados.

************

27 horas antes

**

- Sirius, te dije que no era cosa de los mortífagos.

- No te creo, y tú vas ahora mismo a Azkabán.

*

- ¿Qué? - vale, ahora sí que tengo miedo - Sirius, no puedes hacer eso.

- No me digas lo que puedo y no puedo hacer - dice con una voz tan gélida como el hielo. - No eres más que una asquerosa mortífaga sin escrúpulos. Sólo una mortífaga.

En eso se equivoca, es cierto que soy mortífaga, pero a menudo la gente suele olvidarse (aunque admito que en ocasiones, yo también) de que además soy auror, y como tal he recibido entrenamiento por ambas partes. Evaluando mi situación, observo que si bien el espacio del que dispongo en el interior del deportivo es pequeño, eso juega a mi favor dado que Sirius es dos veces más grande que yo, así que su capacidad de movimiento es mucho más limitada que la mía. Mi varita está en mi bolso que, lamentablemente, está en el asiento trasero, por lo que tengo que arriesgarme a arrebatarle la suya a Sirius.

Tiene sus ojos grises, oscurecidos por las emociones, clavados en los míos, mirándome con un sinfín de sentimientos, nunca he sido buena en eso de clasificar las emociones de los demás, pero el desprecio y la decepción que trasmiten las suyas no se me pasan desapercibidas. También tengo claro que, pese a todo lo que pueda sentir en este momento hacia mí, no quiere hacerme daño, y que lo de Azkabán ha sido un farol. Podría encerrarme, por supuesto, la marca de mi brazo es el billete para unas vacaciones permanentes en prisión; pero no quiere hacerlo, no quiere que me pase el resto de mi vida rodeada de dementores, y mucho menos quiere ser él quien me condene a ello.

Sigue apuntándome, con su varita en mi cuello, mirándome frente a frente en silencio. Yo le sostengo la mirada, lamentando lo que tengo que hacer a continuación. La mano con la que aferra la varita tiembla ligeramente. No sabe qué hacer.

Sus ojos se abren y sus pupilas se dilatan cuando con mi brazo derecho golpeo su antebrazo izquierdo, con cuya mano sostiene la varita; y mi mano izquierda aprovecha la poca presión que ejerce en ella debido al impacto del golpe para quitársela. Ahora soy yo quien le apunta a él al cuello con su propia varita. Me mira confuso, sacude la cabeza, seguramente pensando cómo ha ocurrido aquello, cómo ha perdido él el control de la situación, además de la varita.

- Una mortífaga sin escrúpulos, ¿recuerdas? - digo leyéndole el pensamiento, forzándome a sonreír de medio lado - Y además auror.

No voy a atacarle con su propia varita, eso sería una estupidez por mi parte, no puedo correr el riesgo de que no me obedezca. Me he hecho con ella por la fuerza, no mediante magia, lo que significa que la varita sigue siendo suya, y las varitas mágicas tienen memoria por lo que es probable que me obedezca contra su dueño. Pero eso él no lo sabe, he aprendido algunas cosas.

- Ni te muevas - le ordeno sin apartar mis ojos de él, sé que aunque no vaya a mostrarlo tiene miedo y, a decir verdad, yo también. Alargo mi brazo derecho hacia el asiento trasero mientras con la izquierda, firme, continúo apuntándole. Cuando mis dedos se cierran entorno a las asas de bolso, me lo pongo sobre las rodillas y cojo mi propia varita - No quiero hacer esto, de veras Sirius, pero me obligas a ello. Lo siento. ¡Desmaius!

Ahora que Sirius está desarmado e inconsciente, me quedo mirándole, su expresión serena, los músculos de su rostro relajados. Suspiro antes de volver a poner el motor en marcha.

*************

23 Julio 1981. Faltan 4 horas

Mientras me termino de vestir, toda de negro, y con ropa muggle; pantalón negro, botas con suela de goma negras, jersey de cuello alto negro; y mi pelo recogido, bien sujeto en una coleta, la puerta de mi cuarto se abre abruptamente.

- Toma - me dice el intruso cuando le miro con los ojos muy abiertos, y más sorprendidos aún - Cógela.

Miro el artefacto que sostiene en su mano enguantada de cuero negro, creo haberlo visto en alguna película muggle. ¿Pretola, se llamaba? No, pistola. Eso es.

Una pistola.

Mis ojos pasan del arma al portador alternativamente, varias veces seguidas.

- Sirius, ¿qué haces aquí? - digo - ¿Y qué haces con eso?

- ¿No pensarás que voy a dejarte ir sola y además únicamente con la varita para defenderte? - pregunta, retóricamente claro - Cógela.

Cuando mis dedos se cierran entorno al frío metal, reprimo un escalofrío. No creo que sea buena idea poner semejante arma en manos de alguien como yo. Pero me siento inquietantemente poderosa, casi más que con la varita. Sacudo la cabeza, retomando pensamientos coherentes.

- Te agradezco la intención - digo - Pero tu no vienes.

- Claro que sí - contesta.

- ¿Por qué quieres venir? - le pregunto - La última vez que nos vimos acabaste con tu propia varita y la mía apuntándote a la cabeza. No soy más que una asquerosa mortífaga sin escrúpulos, ¿recuerdas?

- Sí, bueno, ya ajustaremos cuentas en otro momento - dice rascándose la nuca - Ahora vamos a colarnos en casa de los Samuels.

- Yo no voy a colarme en ningún sitio - digo aún sorprendida por su comportamiento - Estoy invitada… Y tú tampoco, porque tu no vienes.

- ¿Y piensas ir así vestida?

Ante esa pregunta, cojo la túnica que está sobre la cama y me la pongo por encima tras hechizar mi ropa muggle para que no se vea.

- Bien, yo me voy - digo dirigiéndome a la puerta, seguida por Sirius. Me giro y le apunto de nuevo con mi varita, que choca contra su pecho - Tú te quedas aquí.

- Yo voy contigo - me contradice. Él sabe, y yo también, que no le voy a hechizar de nuevo. - No es negociable.

- Por supuesto que no - contesto - Te quedas aquí, y punto. No me obligues a …

No puedo terminar la frase porque su mano ha agarrado mi nuca y su boca invade la mía. Debería apartarme, de veras que sí, pero es un placer tan inmenso… La calidez con la que sus brazos me rodean, lo segura y protegida que me siento cuando nuestros cuerpos entran en contacto, la evasión que me invade al acariciar su lengua con la mía… Todo desaparece, nada importa cuando me besa.

- Voy contigo - sentencia. Yo, aturdida, no puedo hacer otra cosa que asentir con la cabeza.

El timbre de la puerta suena, y yo me asomo desde lo alto de la escalera para ver a Régulus acercarse a abrir.

- Natasha - al oír la voz de Walburga me giro inmediatamente, me había olvidado de ella. No puede ver a Sirius - Vamos a llegar tarde.

- ¿Por qué no vas yendo tú? - pregunto - Reg y yo aún tenemos que ocuparnos de algunas cosas, no tardaremos mucho, pero vamos a llegar tarde. Así que te agradeceríamos que te adelantes y presentes nuestras disculpas. No serán más de diez minutos pero…

- Está bien, está bien - dice impaciente - ¿Qué sería de esta familia sin mí?

- Estoy impaciente por descubrirlo - escucho a mi espalda. Yo carraspeo para camuflar el sonido.

- Un desastre, Walburga, un desastre - contesto. Ella se da la vuelta para coger un puñado de polvos flu de un jarrón que está sobre la chimenea del descansillo. Cuando mi suegra ha sido absorbida por las llamas bajo corriendo las escaleras para reunirme con mi marido y nuestra visita, que no tengo la menor idea de quién es.

Entro en la biblioteca, seguida por Sirius, pues he visto a Régulus entrar. Nada más abrir las puertas correderas me arrepiento de haberlo hecho, pues ahora tengo una visión un tanto desagradable, no me esperaba que fuese a serlo. Pero ver a mi esposo besándose con Remus Lupin no es algo excitante, ni agradable a la vista. Al oír las puertas abrirse, los dos chicos se separan inmediatamente.

- Sirius - musita Remus, y yo doy un brinco antes de girarme para ver a mi cuñado estático, mirando con los ojos abiertos como platos a la pareja. - Sirius, yo…, nosotros, queríamos contártelo, solo… sólo esperábamos el momento adecuado y… ¡Por favor, dí algo!

- Tenemos trabajo que hacer - dice con expresión neutra - Ya hablaremos.

Conozco ese tono, Remus y Reg también, así que los tres reaccionamos de la misma forma. Nos erguimos inmediatamente, cuadrando los hombros. Se avecina una tormenta… Yo soy la primera en relajarme.

- Vámonos - digo.

- ¿Cómo que, vámonos? - pregunta Reg - Ellos no pueden entrar, al menos no así.

Mientras habla saca de un cajón, un recipiente transparente de un aspecto repugnante. No puedo evitar hacer una mueca al verlo. Poción multijugos.

- Richard Selwyn está enfermo, por lo que ni él ni su hermana pueden asistir - anuncia mientras saca un frasco con dos cabellos. Le miro con expresión interrogante - Los cogí por si surgían complicaciones - contesta a mi pregunta muda - Sirius, tú iras como yo. Remus y yo iremos como los hermanos Selwyn.

Mientras habla ha ido vertiendo la poción en unos vasos, se arranca un cabello y lo echa en uno de los vasos, en los otros dos pone un cabellos de Tricia y Rich. Los tres se beben su correspondiente dosis, y yo veo los cambios que se producen en su anatomía. Es algo extraño, la verdad. Y más extraño aún que Sirius no haya puesto ninguna pega.

- Vosotros dos entraréis primero - nos dice a Sirius y a mí - Diez minutos después entraremos Remus y yo, tú no hables - ahora se dirige a Remus, bajo el aspecto de Patricia - No será extraño, dado que Tricia siempre deja hablar a su hermano, nadie sospechará nada. Nos encontraremos a las ocho en la biblioteca, pues ya se empezarán a ir los efectos de la poción. Una vez allí, tú Nat, te tomarás una dosis para convertirte en Elisabeth, ¿entendido?

- Vale - contesto - Vamos, Sirius. Y no me llames Tash, Reg nunca me llama así. O Natasha o Nat, o como mucho Tasha. ¿de acuerdo?

- ¿Me queda otra? - responde resignado. Yo sonrío tendiéndole la mano, pero antes de irnos me giro hacia Régulus, y me acerco a él para besarle en la mejilla. Es algo extraño hacerlo dado que tiene el aspecto de Rich… Pero bueno.

- Ten cuidado - me dice.

- Vosotros también - contesto mirando a Remus.

**********

Faltan 2 horas

Vale, he conseguido distraer a Alec Turner para que relaje la vigilancia de la biblioteca y que Remus, Sirius y Reg pudiesen entrar, pues ya se estaban notando los efectos de la poción multijugos. Ahora tengo que entrar yo, gracias a dios, Rachel Curtis está aquí, y puede servirme de utilidad. Sé que Alec no va a entrar en la biblioteca, sería sospechoso que se encerrase ahí cuando se está dando una fiesta en el salón. Se limitará a vigilar la puerta desde la distancia, así que me acerco a Curtis.

- ¡Rach! - exclamo inclinándome para besar superficialmente su mejilla - ¡Cuánto tiempo sin verte!

- Nat, que alegría - contesta con su típica falsa sonrisa - ¿Dónde te has dejado a Reggie? Te he visto habando mucho con Alec, aunque he de admitir que yo también me arrimaría a él, no tiene desperdicio. Además, alguien tan importante como él, dentro de nuestro círculo, ya me entiendes…

- ¡Oh, sí! - exclamo - Ya lo creo… El caso es que me estaba preguntando por ti.

- ¿Por mí? ¿Alec Turner interesado en mí? - pregunta con expresión sorprendida - Bueno, a decir verdad ya me lo esperaba… A juzgar por la forma en que me mira en ocasiones…

- ¿Por qué no te acercas a hablar con él? - la insto, es muy capaz de distraerle durante horas, y más capaz aún de no dejarse esquivar.

- ¿Tu crees? Siempre he pensado que son ellos los que deberían dar el primer paso… Es como debe ser.

- Pero a Alec le gustan las mujeres con iniciativa, capaces de romper las reglas estereotipadas, con arrojo y coraje suficientes para acercarse a hablar con él, o lo que no es hablar… Ya me entiendes.

Curtis respira hondo, saca pecho, y avanza contoneando las caderas hasta llegar a Alec. Yo me pierdo entre la multitud, rogando porque Rachel consiga desviar la mirada de Turner mientras yo paso por su lado. El momento ideal llega cuando ella, ni corta ni perezosa se abalanza sobre él para estamparle un beso en los morros. Yo suelto una risilla entre dientes mientras me deslizo al interior de la biblioteca.

- Ya era hora - dice Sirius - ¿Por qué has tardado tanto?

- Lo siento - digo mientras me quito la incómoda túnica.

- Toma, ya está todo preparado - dice Reg dándome el frasquito con la poción - Tenemos que salir de aquí. Beth está inconsciente, así que le haremos tragar por la fuerza la poción con uno de tus cabellos, si la ven, pensarán que eres tú y no la harán nada.

- ¿Cómo vamos a salir de aquí? - pregunta Remus.

- El sótano donde la tenían encerrada tiene una salida secreta, es un pasadizo que construyeron hace muchos años - digo - Lo que pasa es que tenemos que encontrarlo, y no sé adonde nos llevará.

- Vamos - dice Reg - Sirius, tú quédate aquí, con mi aspecto. Sería demasiado sospechoso si desparecemos Natasha y yo.

- ¿Y por qué no te quedas tú? - increpa Sirius a su hermano.

- Porque yo sé lo que hago, y por qué - contesta. - Por una vez en tu vida, confía en mí, Sirius. Por favor.

Sirius se queda en silencio, en un duelo de miradas con su hermano. Tras unos segundos que parecen eternos, el mayor de los Black asiente con la cabeza antes de volverse hacia mí. Coloca ambas manos sobre mis hombros y me mira intensamente a los ojos.

- Hablé con Dumbledore - me dice - Me dijo que le pasabas información, siento lo del otro día.

- No tiene importancia - contesto - Yo también lo siento.

Me besa, y mientras lo hace tengo la sensación de que todo va a salir bien. Una mano rodea mi muñeca y tira de mí.

- Luego os besuqueáis, vámonos - dice Régulus tirando de mi brazo - Sirius, no me dejes en mal lugar.

- No puedes quedar peor que siendo tu mismo.

- Muy gracioso - contesta mi esposo - Y Sirius, ten cuidado.

- Siempre lo tengo.

Segundos después estamos en el sótano, con Remus guiando el cuerpo de mi amiga.

- ¿Cómo vamos a encontrar el pasadizo? - pregunta.

- Tengo una idea - digo - Pero no sé si funcionará.

- No perdemos nada por intentarlo - me anima Régulus. Yo respiro hondo, y apunto con mi varita a un punto cualquiera en la pared.

- ¡Alohomora! - exclamo. Suena un "clic" a mi derecha y una piedra de la pared se desprende lentamente.

- Buen trabajo - dice Reg y yo sonrío complacida mientras él se acerca a empujar la roca.

- ¡Espera! - exclama Remus - Eso es demasiado fácil, podría ser una trampa.

- No seas aguafiestas, Remus - dice Régulus apoyando una mano sobre la pared.

- Dudo siquiera que Blake sepa de este pasadizo, y mucho menos que nadie venga a sacar a Beth. - digo.

- Ya está, abierta - anuncia mi marido. Da un paso adelante para internarse en el túnel, y justo en el momento en que el cuerpo de Régulus traspasa la puerta de piedra, comienza a sonar la alarma. - ¡Mierda!

- Os lo dije - dice Remus. La puerta de la biblioteca se abre, y todos nos metemos corriendo en el túnel, y echamos a correr.

Los pasillos son húmedos y muy oscuros, las luces de nuestras varitas no alumbran más de un metro, y no es suficiente para esquivar todos los obstáculos. Corremos y corremos mientras los que vienen tras nosotros nos gritan que paremos y lanzan rayos contra nosotros, yo voy detrás por tanto me corresponde a mí crear los escudos protectores y esquivar los ataques pues además de ser la última, tengo la apariencia de Elisabeth.

- ¡Cuidado! - grita alguien tras de mí - Natasha está herida. La llevan inconsciente ahí delante.

- Ya está - grita Régulus, y de pronto se hace la luz. Bueno, eso es un decir, ya sabemos que en Inglaterra mucha luz no hay, y menos en un callejón como en el que nos encontramos - Bloquea la puerta, Natasha.

Le obedezco y sello la puerta de piedra tras de mí. Respiro aliviada, o algo parecido. Aunque pronto me doy cuenta de que nuestros problemas no han acabado. Pues un hombre se queda parado en la única salida del callejón. Lleva una túnica con el emblema del ministerio.

- ¡Le he encontrado! - grita - ¡Lupin está aquí, con un cuerpo!

- Joder - dice Remus. Mi marido y yo le miramos pidiéndole explicaciones. - Se me olvidó que tenía que entrar hoy en prisión preventiva. Llevo un chip localizador.

- ¡Accio! - exclama Reg apuntando a una alcantarilla, la tapa sale volando hacia nosotros, que nos apresuramos a agacharnos para que no nos vuele la cabeza - Perdón, vamos, todos dentro. Yo primero.

- ¡Quietos! - exclama uno de los del ministerio. Yo le miro antes de entrar tras Remus y el cuerpo de Beth en el agujero; una vez dentro sello la entrada. Y todo se vuelve a sumir en la oscuridad exceptuando los pequeños círculos de luz que emiten nuestras varitas.

Merlín, que mal huele. Me dan arcadas, pero las reprimo. Mi corazón late a toda velocidad. ¿Habrán descubierto a Sirius? Si no, ¿dónde estará? ¿qué estará haciendo? ¿Se ha infiltrado entre ellos? ¿Qué pasará si han identificado a Régulus, que va con nosotros? Si le han visto, y también han visto a Sirius, ¿qué harán al respecto?

Tengo miedo, mucho miedo, y no me avergüenza admitirlo. Ahora no solo nos siguen los mortífagos, sino también los del ministerio. Seguramente nos hagan cómplices de Remus. No recordaba ese nuevo decreto ministerial por el cual los licántropos tiene que pasar la noche previa y posterior a la luna llena en prisión preventiva… Me parece absurdo, la verdad, con que les den la poción matalobos y les tengan vigilados esa noche, ya es suficiente; no veo la necesidad de encerrarles dos días más… En fin.

Miro hacia atrás cuando un estrépito me indica que han conseguido entrar, pero ¿quién? ¿los del ministerio, o los mortífagos? Un gruñido… demasiado débil para ser animal, pero demasiado salvaje para ser humano. También escucho pisadas muy rápidas, demasiado para coincidir con las de un humano, sin embargo puedo afirmar que son dos piernas.

- ¡Es Greyback! - dice Remus, y todos nos ponemos a correr más rápido. Me duelen los pulmones, pero no dejo que eso debilite mi paso. El miedo es un arma poderosa, nos hace fuertes si sabemos dominarlo, y aprovecharlo.

Hablando de armas… Llevo mi mano hacia la cintura trasera de mi pantalón, donde me he guardado la pistola que me ha dado Sirius. ¿Cómo la habrá conseguido? Fuerzo a mi mente a recordar las instrucciones que me ha dado Sirius para utilizarla. Intento quitar el seguro y cargarla sin aminorar el paso, no estoy segura de conseguirlo, pero al menos no me he detenido.

James solía decirme que tenía buena puntería, durante algunos entrenamientos me ponía de cazadora. Espero que sea cierto que tengo buena puntería… Me detengo el tiempo justo para disparar contra el licántropo que viene tras nosotros. Un aullido me confirma que le he dado, pero no me quedo a mirarlo pues echo a correr de nuevo.

- ¿Qué ha sido eso? - me pregunta Remus.

- Sirius me ha dado una pistola - contesto.

No paramos de escuchar más gritos, no solo dirigidos a nosotros, órdenes que se dan entre ellos nuestros perseguidores. Parece que los mortífagos han salido del pasadizo de la mansión Samuels y también han entrado al alcantarillado. Esto se está poniendo feo, muy feo. Nos pisan los talones el ministerio y los mortífagos con sus licántropos. Y no sé nada de Sirius, eso me mata. Por favor, por favor, que no le hayan cogido. Escucho pisadas más cerca de mí así que sin pensármelo dos veces vuelvo a alzar el arma por encima de mi hombro y disparo.

- ¡Joder! - escucho - Maldita muggle, casi me da.

Esa voz es humana, es la voz de mi primo.

- ¡Avada Kedavra! - lo veía venir. Gracias a Merlín que conozco a mi primo y me da tiempo a convocar una roca del suelo para que actúe de escudo entre la maldición y yo - ¡Al suelo!

La maldición ha roto la roca y ha hecho rebotar el conjuro.

- ¡Zorra! - grita Lucius, eso le ha cabreado. Soy estúpida, ¿por qué no nos desaparecemos? Así no podrían seguirnos. - Demasiado tarde, sangre sucia.

De pronto Lucius y sus secuaces desaparecen, y lanzan un conjuro antidesapariciones. ¿Por qué lo han hecho? ¿Se han cansado de seguirnos? Eso no es viable… Además el ministerio y los hombres de Greyback, que también están bajo las órdenes de Turner y Lucius continúan tras nuestros pasos.

- ¡Corre, maldita sea! - grito mientras avanzo a toda velocidad por los oscuros pasillos de las alcantarillas. Era nuestra única salida, por mucho asco que me de, prefiero soportar el hedor del alcantarillado que pasar el resto de mi vida entre rejas, ya sea custodiada por dementores o por otros monstruos peores, también prefiero correr por las alcantarillas antes que acabar muerta, que dadas las circunstancias es lo más probable. Y está claro que voy a caer yo primero, lo que será una suerte, porque la otra alternativa es verla morir a ella primero, y no estoy por la labor. Ni a ella ni al resto de mis acompañantes.

- ¿Por qué nos siguen con tanto ahínco? - pregunta Régulus.

- Por mí - contesta Remus guiando con su varita un cuerpo inerte.

Yo dejo de escuchar esa conversación y me concentro en imprimir a mis piernas toda la fuerza que puedo. Tenemos que salir de aquí, y tenemos que hacerlo rápido pues los mortífagos nos pisan los talones; y los del ministerio también, por lo visto Remus se ha saltado la prisión preventiva. Además Greyback y los suyos también van tras él, y por lo tanto tras nosotros. Tengo suerte de que me hayan obligado a aceptar su compañía, pues mi plan dejaba mucho que desear, la verdad; me han dado una poción multijugos con un pelo de mi amiga, tanto para protegerme a mí como a ella, que ha adoptado mi imagen, pues de momento si creen que es yo, está a salvo dado que a mi no me han relacionado con su salvamento. Aunque pueda parecer superficial en este momento, me siento bien estando dentro del cuerpo de Beth, es todo tan proporcionado…

- ¿A ti, por qué? - pregunta mi marido. - El que seas mestizo no es motivo suficiente para que te persigan con tanto ansia.

- Soy licántropo.

Silencio, solo se escucha el eco de nuestras pisadas en el suelo, y el chapoteo del agua. De pronto, al chocarme contra alguien me doy cuenta de que no son nuestras pisadas lo que se escucha.

- ¡Régulus, por Merlín, no te detengas ahora! - exclamo al percatarme de que ese alguien contra quien me he chocado es la espalda de mi marido que parece haberse quedado paralizado por la noticia.

- ¡Mierda! - exclama Remus.

- Vaya, chicos, parece que volvemos a encontrarnos. - dice la voz fría de Lucius, mi primo. Reprimo un escalofrío al verle escoltado por Ian y Alec Turner. Me giro, y tras de mí esta Fenir Greyback con otros dos mortífagos. También escucho una risa histérica. Bellatrix Lestrange.

No hay salida. Nos han rodeado.

Estamos atrapados.

**********


Bueno, hasta aquí por hoy… De momento Tasha no ha ido a Azkabán, pero podría ir a un sitio peor… ¿Dónde estará Sirius? Esperemos que esté bien. ¿Cómo saldrán de este lío?

Ya lo veremos.

Un saludo. Eli.