CAPÍTULO 20.

La lluvia seguía cayendo sin compasión encima de mí. Mis ojos no se apartaban del fondo del barranco. Por más que quisiera no podía tener esperanza. Dawn andaría al final de ese hoyo sin fondo ¿No conectaría eso con el Mundo Distorsión?

La desesperación empezaba a carcomerme lentamente ¿Qué debía hacer un mero líder de gimnasio como yo? Por más que fuera el más poderoso de todos los líderes de la región, no tenía oportunidad de traer a nadie de la muerte. Entonces ¿Por qué era el más fuerte? No podía salvar a nadie. No podía salvar a quien realmente quería proteger.

— ¿Qué tan patético puedo llegar a ser? —pregunté a las nubes oscuras que cubrían todo el cielo.

Me sentía derrotado por todo. La realidad se había vuelto demasiado cruel. Me arrepentía de todo: de dejarme llevar por esa chica, de dejarle recobrar el Volkner que amaba los combates y ser un líder, el no haberle dicho como me sentía, el no felicitarla cuando fue campeona, el no haber mantenido el contacto con ella a pesar que me moría por escuchar su voz… Simplemente eran tantas cosas.

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Escuché el ruido de unos pasos acercarse. Eran melodiosos y breves ¿Tal vez una chica? A saber, era lo suficientemente vago como para no voltear. De todos modos ¿Dónde estaba el punto? Fuera quien fuera, seguramente no sería nadie.

— Perdona, ¿Eres tú Volkner?

Hice acopio de mis fuerzas y miré por el rabillo del ojo. Ella era… Nadie. Lo que yo decía. Hundí más mis manos en los bolsillos y la ignoré. Ya se cansaría.

— Perdona…

Sí, habla mucho que no te escucho. Traté de buscar alguna cosa en la que fijar mi atención. Así no sería tan difícil ignorarla. Más ahora que se había plantado a mi lado con cara enfadada. Bueno, tampoco es que me aterrara demasiado. Una niña como esa no podía infundirme demasiado temor que digamos.

— Tú eres el líder de gimnasio ¿Verdad?

Vale, ella ganaba. Momento de mirarla.

— ¿Te has perdido?

… ¡¿Cómo mierda salgo con esas?! Su cara se volvió de un extraño color rojo. Sinceramente, no sabría decir si estaba avergonzada o al borde de lanzarme desde lo alto del faro. Sonreí sarcásticamente.

— Quiero una pelea contigo.

— Sigue soñando.

— Eres un líder de gimnasio.

— Oh, chica lista.

Mi sarcasmo la molestaba, lo podía leer en su rostro. No obstante, me parecía hasta gracioso el esfuerzo que hacía por mantener la compostura. Al final resultaría que era una chica lista de verdad.

— Quiero desafiarte.

— Ya, como tantos otros.

— Eres el líder de gimnasio más fuerte de Sinnoh —aquello captó mi atención. Si me halagaba tenía más posibilidades de que aceptara su desafío. Pero a quien pretendo engañar ¿Cómo si una niñita como esa me fuera a derrotar?—. Quiero ver que tan fuerte eres.

— Realmente quieres un combate conmigo ¡Eh! —ella asintió entusiasmada. Malditos críos, que fácil era entenderlos— Mira, te diré que tienes que hacer para luchar contra mí. Busca un Jirachi y escríbele tu deseo en la cabeza ¿Quién sabe? A lo mejor se cumple.

Ella retuvo el aire por unos instantes para soltar un largo suspiro. Hasta me sorprendí que una niña tan pequeña pudiera retener tanto aire. Nada mal.

— Jirachi solo despierta durante 7 días cada 1000 años.

Oh, pues sí que era una chica lista. Solté una risa.

— Pues sí que has hecho los deberes —vi como ella se tensaba ¿Se lo habría tomado como un cumplido?— Déjame ver tu estuche de medallas.

Ni siquiera protestó, me lo entregó sin problemas. Suerte que era una buena persona, sino podría haberle tirado las medallas por la ventana y vete a buscarlas de nuevo. Les eché un vistazo.

— Pues están todas…

— Menos la medalla faro.

La miré. Me quedé prendido de la determinación en sus ojos. Era increíble. Aquella chica tenía más objetivos en la vida que yo. En algún punto, me recordó a cuando Flint y yo buscábamos ser los más fuertes y nos recorríamos el mundo pokemon en busca de aventuras.

Viendo aquellas medallas, mirándola a ella… ¿Cómo había olvidado aquella época?