Capítulo XXI.

De cómo Zelda reconoce que sus sentimientos han cambiado de parte a parte

Los días en el castillo eran más monótonos y comunes desde su ausencia. Pese a que la princesa no detestaba su trabajo, y de hecho no era raro que llegase a disfrutarlo, ahora le parecía bastante más aburrido que de costumbre.

Pero Zelda conocía perfectamente la razón de su recién desinterés por su rutina. No se había dado cuenta de hasta qué punto habría disfrutado de la compañía del guardián, y ahora que no la tenía, la echaba de menos. En cualquier caso, supuso que acostumbrarse sería cuestión de tiempo. Por mucho que no le gustara, tenía que asumir que la posibilidad de que no volviera a ver a Link era real, y en ese caso, deseaba poder ser feliz sin él.

Aun así, no podía dejar de darle vueltas a la conversación que mantuvo con Impa la noche de la partida del muchacho. Zelda tenía la sensación de que su consejera había intentado evitarla durante todo el día, y creía saber por qué era. Así que, después de la cena, decidió sorprenderla en su habitación.

—Impa —dijo, con seriedad—, tenemos que hablar.

—Zelda, ¿qué ocurre?

—Necesito respuestas.

—¿A qué te refieres?

—Sabes perfectamente qué respuestas necesito.

Impa le sostuvo a la princesa la mirada por un momento, y acto seguido, se rindió, consciente de que sería inútil resistirse.

—Muy bien, te contaré lo que quieres saber. Pero no puedes decirle a Link que lo sabes hasta que no te lo haya contado él.

—De acuerdo.

—Pues verás, resulta Link es un noble.

—Claro que es un noble. Es el Guardián.

—No me refiero a eso. Quiero decir que es más… más noble que eso.

—¿Hablas en sentido literal o metafórico?

—Bueno, en realidad cualquiera de los dos…

—¡Impa! —gruñó Zelda.

—Está bien, está bien. Lo que quería decir es que Link sí tiene apellido. Se llama Link Ainsley.

—Ainsley… Me suena…

—Los padres de Link y tus padres eran amigos, Zelda. Vivían en el castillo, y su función era aconsejar al rey. Pero tras la rebelión, fueron asesinados.

—¿Y entonces, cómo acabó Link siendo Guardián?

—Moy se lo llevó al pueblo de Ordon para que no corriera peligro.

—Ya entiendo… ¿Así que esto es lo que querías hablar con Moy anoche?

—Sí. Ya es hora de que Link sepa quién es.

—Y en ese caso, ¿podrá regresar al castillo?

—Tal vez. Eso dependerá de si él lo desea o no.

En aquel momento, Zelda vivía un fuerte debate interno. Por una parte, conocer que Link en realidad era un noble de la Ciudadela le hacía feliz, pues eso facilitaba bastante las cosas. Y sin embargo, la situación no tenía que cambiar necesariamente, pues por muy noble que fuera, el bosque seguía necesitando un Guardián. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de un curioso detalle.

—Pero Impa, entonces… Yo conocí a Link cuando era pequeña, ¿no es cierto?

—Sí. Tendrías cinco o seis años cuando Moy se lo llevó.

—¿No me estarás diciendo que aquel niño tan mono y con el pelo tan rubio es Link?

—Oh, y tanto que lo es.

—Desde luego, las Diosas son caprichosas… —dijo Zelda, divertida.

Pero quién podría imaginar que, tan solo unos días después, el mencionado joven rubio se presentaría en el castillo.

Al igual que en su despedida, Zelda bajó las escaleras tan aprisa como pudo para encontrarse con Link. Esta vez, él también corrió hacia ella, y se abrazaron, sonriendo.

—Link, qué… ¿qué hacéis aquí? —preguntó la princesa, desconcertada, pero terriblemente feliz.

—Tengo muchas cosas que contaros, Zelda. ¿Puedo pasar?

—¿Cómo me preguntáis eso? ¡Claro que podéis pasar!

—¿Pero no os interrumpo? —Zelda negó con la cabeza.

—Para vos tengo tiempo.

Zelda condujo a Link a su despacho, pues era bastante más adecuado para reuniones personales que la fría y elegante sala del trono. Se sentaron, y el chico comenzó a hablar, con rapidez:

—Pues veréis, ayer me enteré de que en realidad, nací en la Ciudadela. Y mis padres sirvieron al rey aquí, y mi apellido es…

—Ainsley, ¿no es así? —Zelda fue incapaz de no intervenir.

—¿Lo sabíais? —preguntó, sorprendido.

—Así es. Impa me lo contó cuando os fuisteis. Lamento vuestra pérdida. Yo… sé lo que se siente. No conocí a mi madre, y mi padre murió cuando yo tenía doce años. Impa ha sido mi familia desde entonces, y no hay día que pase sin que piense en ellos. Pero yo creo que las personas que nos han dejado siguen cuidándonos desde donde quiera que estén, y me tranquiliza pensar en que, por lo menos, mis padres pueden verme y ver en qué me he convertido. Y solo espero que estén orgullosos de mí. Es… —se detuvo a secarse una lágrima que corría por su mejilla—, bueno, un poco ridículo. Pero a mí me ayuda.

—Vaya, eso es… muy bonito, Zelda —dijo Link, visiblemente conmovido.

—No digáis eso.

—No, sí que lo es. Yo… bueno, no tengo recuerdos de mis padres. Y hasta ayer mismo ni siquiera sabía nada de ellos. Siempre he sentido como si no formara parte de nada. Al menos es reconfortante saber que, aunque fuera durante poco tiempo, tuve a gente que se preocupó por mí, y sí que fui parte de algo. Y, ¿sabéis? No conocí a los reyes, pero estoy seguro de que, si os están viendo ahora mismo, estarán muy orgulloso de su hija.

—Gracias por vuestras palabras. Significan mucho para mí. Y claro que tenéis a gente que se preocupaba por vos. De hecho, aún la tenéis, Link.

—B-bueno, yo no… —balbuceó el guardián.

—Sé lo que queríais decir. Pero no lo olvidéis.

Link asintió con la cabeza.

—¿Sabéis?—prosiguió Zelda—, ahora que sé vuestra historia… creo que recuerdo haberos conocido cuando erais un niño.

—¿D-de verdad?

—Yo no era mucho mayor, pero creo que os recuerdo. Pero no tenéis de que avergonzaros, Link. Erais adorable.

—¿Entonces ya no lo soy?

—Bueno… —dijo Zelda, riendo—. Ahora tenéis otras virtudes.

Ahora, Link sí estaba avergonzado, pero la risa de la princesa era contagiosa, y él rió también.

—Y, ¿tenéis algo más que contarme? —añadió la princesa, tratando de continuar la conversación.

—Así es, Zelda.

—¿Y de qué se trata?

—Quiero quedarme con vos en el castillo.

El corazón de Zelda dio un vuelco al oír aquellas palabras. Se levantó y se dio la vuelta, tratando de buscar la reacción que mejor expresara la felicidad que sentía. Solo pudo girarse y preguntar:

—¿De verdad?

—Sí, de verdad.

—¿Y qué pasará con el bosque?

—Ya está arreglado.

—¿Lo habéis pensado bien?

—Por supuesto.

—¿Pero es porque-?

No pudo terminar la última pregunta, pues el guardián se había acercado lentamente hacia ella y ahora silenciaba sus labios con los suyos. Aquel beso fue, sin quererlo, otra forma para ambos de darse cuenta de cuánto se habían echado de menos. Ninguno de ellos podía ya continuar sin el otro. O, mejor dicho, podían, pero no deseaban hacerlo.

Casi un minuto después, despegaron sus labios y se miraron a los ojos.

—Zelda, no hagáis tantas preguntas. Os amo y quiero estar con vos.

—Y yo os amo a vos.

—Entonces no hay problema, ¿no creéis?

—Supongo que no… —murmuró, con una débil sonrisa—. Pero, Link.

—Decidme.

—No sé si estoy preparada para casarme —confesó.

—Yo tampoco, Zelda —dijo, tratando de tranquilizarla—. Pero hablo en serio cuando os digo que no importa. Si llega el momento, yo creo que lo sabremos. Para mí el matrimonio no es más que una forma de mostrar ante las Diosas que deseas pasar el resto de tu vida junto a la otra persona. No creo que sea correcto pensar que le estás entregando tu vida a alguien, al menos en mi opinión. Es normal que os dé miedo si lo veis de ese modo. Aun así, ya os digo que no me importa.

La princesa abrió los ojos ante aquellas palabras, y reconoció ante sí misma que había estado equivocada. Si bien es cierto que el matrimonio entre nobles había perdido casi todo su significado, aún había parejas que se casaban por amor. Y era lógico que Zelda tratara de rehuir una unión con alguien que solo la deseaba para su propio beneficio, pero si había afecto, las cosas eran bien distintas.

—Gracias, Link. Tenéis razón. No me preocuparé.

—Ah, no hay de qué.

Esa misma tarde, una rubia mujer continuaba firmando y hojeando decretos, pero esta vez con una amplia sonrisa en su rostro. Después de todo, en su despacho se encontraba un apuesto joven que le proporcionaba una agradable conversación.

—¿Sabéis, Link? Si vais a ser rey, necesitáis saber algunas cosas básicas.

—Dudo mucho que esté capacitado para ello. ¿No habría alguna forma de que vos reinarais en solitario?

—Vaya, ya veo que solo habéis venido al castillo buscando una vida más cómoda —bromeó la princesa.

—Es que… de verdad, no creo que esté a la altura.

—No digáis eso. Sois más listo e inteligente de lo que pensáis. Resolvisteis los acertijos al fin y al cabo. Y no me vendría mal un poco de ayuda en mis tareas diarias.

—Bueno, si estáis tan segura, lo haré lo mejor que sepa.

—Me alegro. Además, si tengo algún rato libre, puedo enseñaros yo misma.

—Eso estaría bien —apuntó él, sonriendo.

—Pero si no deseáis ser rey, por favor, decídmelo.

—No es eso. En realidad, sí que quiero ayudaros en todo lo que pueda. Lo único que ocurre es que… bueno, vos habéis sido educada para ser reina, y no creo que yo pueda igualar eso.

—Link, muchas veces un monarca tiene que tomar decisiones muy difíciles, y vos lo sabéis. Aunque solo sirváis de apoyo, para mí es suficiente. Y no entiendo por qué creéis lo que creéis cuando ya me habéis ayudado. ¿O tengo que recordaros quién fue el que propuso renovar el Consejo?

—Ah… Tenéis razón.

—¿Veis? —dijo Zelda, sonriendo triunfantemente.

—¿Pero entonces eso quiere decir que voy a ser rey de verdad?

—Pues… por ahora sois el candidato más probable.

—¿Entonces, no os importaría casaros conmigo? —preguntó, sagaz.

—Link, qué cruel sois —apuntó Zelda, fingiendo sentirse ofendida—. Que conste que esto es hablar demasiado, y si repetís estas palabras fuera de aquí, negaré haberlas dicho. Pero… si me obligaran a casarme ahora mismo, lo haría con vos.

Y ambos rieron. Aquel viaje no había hecho más que comenzar, y se morían de ganas por ver qué les depararía. Al fin y al cabo, la vida es un viaje de viajes.


[NdA] Bueno, este capítulo era un poco la conclusión de la historia, no ocurre gran cosa, pero me apetecía darles a estos dos un momento un poco romántico.

Y aquí termina El nombre del guardián. Tengo en mente un epílogo, pero ahora mismo no tengo tiempo para prácticamente nada, así que posiblemente tardará. Pero os aseguro que vendrá. Sobre una segunda parte... pues no lo descarto, pero tampoco he pensado nada. Hay algunas ideas que me rondan por la cabeza, pero no es definitivo. Eso sí, espero seguir escribiendo otras cosas.

Os agradezco muchísimo a todos los que os habéis tomado el tiempo de leer este fic, tanto si habéis comentado como si no. Espero que os haya gustado.

Hasta pronto.

Ultimate Blazer: qué bien que te haya gustado, la verdad es que quedé más o menos contento con la trama pero no pensaba que fuera a gustar tanto

Lord Falcon: he decidido dejar un final más o menos cerrado, de momento. Pero sí es posible que en el futuro haya una segunda parte, yo también creo que podrían pasar más cosas con estos dos, jajaja

Hikari to Hinoken: la verdad es que Link y Zelda son unos lindos, a mí también me hubiera gustado ver sus caras cuando se vuelven a ver

Camilo Navas: espero haberte respondido en la nota anterior, y también espero que te gusten las futuras historias

Nyel2: entre tú y yo, en mi cabeza, Moy e Impa tuvieron un lío de jóvenes (?) Uy no sabía que en el manga de TP explican por qué Link vive en Ordon, porque ni siquiera en el juego dicen nada, así que tendré que leerlo. Me halaga que te haya gustado más mi explicación, aun así. Y gracias a ti por leerla.

escasito: espero que el final no te haya decepcionado, ya digo que me parece un capítulo sin demasiada novedad, jaja

vrave1: uy qué curioso que me digas que tengo un estilo interesante para contar historias, jajaja. Estoy de acuerdo con lo que dices sobre concluir las historias aquí en Fanfiction, muchas veces me ha pasado que he empezado a leer una historia y al final se ha quedado a mitad y me ha dejado con las ganas. Por eso mismo empecé a subirla cuando ya estaba toda escrita. De nuevo, muchas gracias por tus palabras.