¿Es posible estar tan enamorada de estas dos? No lo sé. Quizás esté obsesionada, o algo. Pero aquí os dejo un nuevo capítulo de esta bonita historia.

Como siempre, podéis dejar vuestra opinión en los reviews.

Gracias por seguir esta historia.


Comenzaba un nuevo día. Su primera mañana como mujer casada. Deseó pasarlo junto con su esposa, pero sabía que tenía que trabajar, así que ella hizo lo mismo.

Se dio una ducha y preparó café, lo iba a necesitar. Tenía pensado seguir con su novela y borrar aquella parte que tantos problemas había dado. La parte en la que Emily se topaba con un chico en una cafetería y se enamoraba de él, aunque sabía que no iba a ser algo muy importante, sino que luego haría que Chloé y Emily se pelearan, pero luego se perdonasen pues estaban hechas la una para la otra y su amor era verdadero.

Abrió el fichero de su novela y leyó por encima lo que llevaba escrito. Era buena. No quería presumir, pero aquella novela era buena. Lo único que le faltaba un poco de drama porque la crítica, acostumbrada a leer sus dramáticas y sentimentales novelas, criticarían esta novela tan romanticona y la pondrían por los suelos.

Se quedó mirando la página de Word mientras pensaba en qué hacer. El cursor parpadeaba mientras su mente volaba hacia miles de historias.

Pero pasó media hora y no se le ocurrió nada. Necesitaba a su musa. Se había dado cuenta de que si ella no estaba cerca, su mente era incapaz de seguir con aquella historia. Como si su presencia la inspirase.

Se tiró en la cama mientras murmuraba "piensa Cosima, piensa". Cerró los ojos para concentrarse mejor. Respiró hondo y notó el olor de Delphine. Su olor a vainilla. Cogió la almohada de su mujer y la abrazó, pretendiendo que fuera ella.

De pronto, se le ocurrió cómo seguir con la historia.


Delphine cogió el autobús y anduvo lo más rápido que sus tacones le permitían.

Llegó con dos minutos de retraso. Se sentó en su mesa. Katja estaba en la suya de enfrente y la miró por el rabillo del ojos, mientras Delphine preparaba todo y empezaba a trabajar.

-¿Muy cansada? –preguntó Kajta sin mirarla.

-Un poco. Cosima es insaciable –se sonrojó al recordar lo que hicieron anoche- aunque fue muy romántico…

Katja soltó una carcajada.

-¡Delphine! No hacía falta que me dieras explicaciones –la rubia se sonrojó aún más. "Maldita, Katja" pensó.

De repente escucharon a todo el mundo corriendo por los pasillos de un lado para otro. Llevando ropa, revistas… y hablando a gritos con alguien por teléfono.

Eso significaba que Rachel estaba a punto de entrar en el edificio.

Se oyeron las puertas del ascensor y la gente empezó a actuar con normalidad, sin prisas, como si le gustase su trabajo.

Rachel Duncan, directora de DYAD, hizo acto de presencia haciendo excesivo ruido al andar con sus tacones. Le gustaba mandar y que la gente le temiera. Conocida como "El Diablo" por muchas personas. Dicen que si logras trabajar con ella durante un año, tienes un puesto asegurado en cualquier revista. Lo difícil es aguantar un año, pero Delphine estaba segura de conseguirlo. Por Cosima y por su futuro. Se sentó lo más recta que pudo mientras escribía a un diseñador, que ella no conocía, para ver si iba a enviar su colección de otoño a la revista para que Rachel le diera su opinión.

Todo el mundo sabía que a Rachel no le solían gustar las colecciones de ese diseñador, pero por el bien de su firma debía presentar todas sus colecciones, pues le daban reconocimiento. Si tu colección llevaba la aprobación de Rachel Duncan, seguro que ibas a vender más que cualquier otro.

Rachel tiró su abrigo y su bolso sobre la mesa de Katja. Esta ni se inmutó, como si lo estuviera esperando.

–Buenos días, Rachel –dijo Katja con su mejor sonrisa.

-Delphine, cúbrete ese chupetón antes de que lo vea algún crítico –dijo Rachel sin mirarla, acto seguido entró en su despacho y cerró la puerta.

A Delphine casi se le cayó el mundo encima. Sacó un espejo de mano de su cajón y observó el chupetón en su cuello. "Dios, Cosima" pensó.

-Tápatelo con un poco de base –le aconsejó Katja mientras evitaba soltar una carcajada.

-Me va a despedir. Estoy segura –se aplicó la base, nerviosa.

-No, mujer, tranquila. Todas hemos tenido una noche loca alguna vez. Además era algo así como "tu noche de bodas" –hizo las comillas con los dedos.

El chupetón estaba bastante oscuro. Le tendría que decir a Cosima que aplacase sus ansias se sangre. Cuando terminó de tapárselo, tuvo que lavarse las manos porque iba a dejar huellas por todos los lados. Como no tenía permitido abandonar su mesa, sacó una toallita desmaquillante del cajón. Ese cajón parecía el bolso de Mary Poppins, lo tenía todo.

Terminó de escribir el e-mail y lo mandó. Como no tenía nada más pendiente por hacer, se puso a aprenderse la revista DYAD de ese mes. Cada día aprendía algo nuevo sobre moda y eso se dejaba ver en los modelitos que iba pensando ponerse. Ya no era tan "vaquero-camisa" sino que ahora se ponía una falda, jerseys o camisas que veía en la revista.

A las 12, Rachel abrió su puerta y ambas se sentaron correctamente de golpe.

-Elena, necesito que vayas a la pastelería de la calle Morissette y compres una tarta de cumpleaños para mis sobrinas –dicho esto se volvió a meter en el despacho.

-¿Quién es Elena? –le preguntó Delphine a Rachel- Si aquí solo estamos nosotras.

-Elena eres tú –dijo Katja dándole su abrigo y bolso- Rachel no se aprende los nombres de sus asintentes porque apenas duran una semana. Entonces, llama a todas Elena, y todo más fácil.

-¿Y por qué tengo que comprarle la tarta de cumpleaños a sus sobrinas? –Katja la empujaba a la puerta.

-No vuelvas a poner en duda algo que dice Rachel. Mejor que nadie te oiga –ya estaban casi en la puerta- Vas a la Pastelería de la calle Morissette, creo que se llama "Sweetest Blue" o algo así. Compras la tarta más grande que haya y vuelves antes de media hora. Que se note que acatas las órdenes muy rápido.

Delphine no podía reaccionar. ¿En menos de media hora? Mejor que corriera.

Buscó la calle en Maps. Se alegró al ver que estaba a solo 5 minutos de donde ella estaba.

Entró en la tienda. Una señora se limpiaba las manos llenas de harina en el delantal.

-Buenos días, joven, ¿en qué puedo ayudarla?

-Hola, quería la tarta de cumpleaños más grande que tenga –dijo sin titubear.

-Oh, me temo que la tendríamos que hornear.

-¿Y cuánto tardarían? –Delphine empezaba a impacientarse.

-Bueno, creo que más de una hora.

-¡¿Más de una hora?! –no pretendía gritarle a la señora- Perdone, es que mi jefa la quiere para dentro de media hora -se disculpó.

-¿Tú trabajas para la revista DYAD?

-Emm… Sí, mi jefa es Rachel Duncan.

-Ya veo –la mujer pareció entenderlo en seguida, como si conociese a Rachel- Voy a llamar a un amigo, que me debe un favor y le pediré que me traiga una de sus tartas.

-Muchas gracias, es usted muy amable -la señora se puso a hablar por teléfono. Mientras Delphine aprovechó para llamar a Cosima, la echaba de menos.

-Bonjour, Cosima.

-Dios, Delphine, incluso tu voz es sexy –sonrió por el cumplido.

-¿Qué estás haciendo?

-Pensar en ti… -le dolía no poder estar con ella.

-Cariño, sabes que tengo que estar aquí…

-Claro que lo sé. Pero estaba pensando en lo de anoche y en las ganas que tengo de que llegues a casa…

Delphine pudo notar su tono pícaro.

-Estoy deseando llegar a casa –salió a la calle para que la mujer no la oyera- y besar cada parte de tu cuerpo… Morder tu cuello… -oyó el suspiro de Cosima- Saborear tus labios…

-Mmmm… -Cosima no podía articular palabra.

-Acariciar tu vientre… -notó su corazón latir fuertemente- Arañar tu espalda… Chupar tu…

-Señorita, la tarta está de camino –le interrumpió la señora de la pastelería.

Delphine se mordió los labios deseando que no haya oído. Cosima soltó una carcajada.

-Te espero en casa, mi amor -colgó Cosima.