Mirándote adivino lo que piensas estamos solos sentimientos se despiertan

y la noche espera besándonos la aventura ya comienza

nuestros latidos se desbocan como el viento

y nuestras almas pecan, ¡Ay deseo!


Era el día cuatro de septiembre, fecha señalada para su matrimonio con Draco Malfoy, y ella daba vueltas en la habitación, mirando una y otra vez el vestido que reposaba sobre la cama. Eran las nueve de la mañana y la ceremonia estaba programada para las cinco de la tarde en la mansión de Draco, quien la había llamado infinidades de veces durante el día anterior, pero ella ninguna llamada quiso contestar. No obstante, sí leyó todos los mensajes que él había enviado y en todos preguntaba si se iba a presentar al matrimonio, si no, para cancelarlo. Pero ella no respondía, porque no sabía realmente qué responder.

Nunca antes en su vida había estado más indecisa que ahora. Siempre había sido una mujer segura tanto, que en ocasiones no analizaba mayormente su proceder cuando ya tenía el asunto concluido. Pero ahora… este episodio de su vida la tenía complemente desorientada. Sabía que amaba a Draco, que lo deseaba con todo el corazón, pero no estaba dispuesta a soportar sus infidelidades. No, eso nunca.

Una parte de sí ansiaba casarse con él, volver a besarlo, a sentir sus caricias y a hacer el amor con él, pero otra, aquella que se llamaba conciencia y coherencia, la hacían decir que no… que no debía casarse con ese hombre que había sido capaz de serle infiel mientras estaban de novios, ¿qué le esperaba entonces para más adelante? No, ella no se debía casar con un hombre así y como dice el dicho «mejor sola que mal acompañada», pues entonces debía estar sola.

Sin embargo esa decisión a cada rato recibía detractores: Bruno, que le decía que Malfoy estaba «bien bueno» y que no iba a encontrar un espécimen de ese tipo, pues estaban en franca extinción; Giovanni, hacía énfasis en que se notaba que Malfoy la amaba aunque no fuera tan explícito; Luna, le decía que Draco era de buenos sentimientos... ¡Ja, buenos sentimientos! ¡Bueno para ser infiel! Para eso era bueno el hurón cretino y mentiroso. Para nada más.

Luego sus padres… ambos veían en Draco al caballero de la fuerte armadura o al príncipe azul de los cuentos de hadas. Ninguno de los dos sabía quién era en realidad Draco Malfoy, ni como éste se había portado con ella durante su época estudiantil. Bueno, sus padres no mucho sabían de aquella época, ella misma se había encargado de mantenerlos al margen de la realidad que vivía en aquellos años a fin de protegerlos.

Pero ahora lo que menos quería era que le dijeran que Draco era el amor de su vida… porque… ¡sí lo era! Estaba perdida y estúpidamente enamorada de él, pero su orgullo, aquel que la obligaba a tener el carácter dominante y avasallador que la caracterizaba, le impedía dar rienda suelta a sus sentimientos y a demostrar emociones; de gritar al mundo que nunca antes se sintió así… verdaderamente plena y mujer en los brazos de un hombre.

Era ahora cuando se cuestionaba si realmente había amado a Harry… Pues, sí, claro que lo amó, pero no con la pasión desenfrenada que sentía por Draco, ni con ese furioso deseo carnal de sentirse mujer con cada una de sus caricias, con cada beso y palabra de ese hombre que revolucionaba su vida, su realidad y su ser entero.

¡Ay deseo! Quería tenerlo con ella todo el día, amar cada centímetro de ese generoso y hermoso cuerpo… tan hombre, que de solo recordarlo, sentía un leve malestar en sus órganos internos, era como si estos pensaran por sí solos y dieran órdenes a su cuerpo para ser poseída. ¡Sí, por lo más preciado! Su cuerpo añoraba sus caricias y sus besos…

Y estaba el contrato prenupcial, en la carpeta esperando ser firmado por ella.

Esa famosa cláusula de las treinta y un sesiones daba vueltas en su cabeza, y la hacía pensar a cada minuto en lo sensual, atrevido y lujurioso que podrían llegar a ser esas deseadas sesiones. Sí, y cada una de cuatro horas… Mordía su labio inferior mientras se acariciaba el cuello y deslizaba una mano hasta la entrepierna… el deseo se hacía cada más fuerte… su respiración entrecortada, le alertaba de que quería sentir un orgasmo… quería extasiarse de pasión y deseo, así fuera con ella misma…

Sí, odiaba auto complacerse, teniendo la solución tan cerca, pero el deseo era mayor y las ansias de estar con él la estaban llevando al límite… sus ganas de tener a Draco a su lado, iban en aumento y la temperatura de su cuerpo también.

Pero un golpe en la puerta de la habitación, la hizo saltar del sofá en donde se había acomodado, tanto que casi cae de este. Arregló su bata de dormir y anudó el lazo que hacía unos segundos había soltado…

Dio un respiro, se arregló la ropa y el cabello para luego hablar.

—Adelante.

—Señorita Grennett —se trataba de una de las empleadas de la casa—. En la sala hay una señorita que la espera.

—¿Ginny Potter? —preguntó de inmediato porque no se imaginaba quién pudiera ir a verla justo el día de su matrimonio, solo Luna iba en las tardes, pero ese día tampoco la esperaba, ya que estaba dentro de la lista de invitados a la boda.

—No, señorita Grennett, dice llamarse Pansy Zabini.

—¿Pansy Zabini? ¿Aquí?

—Así es.

—Bien, bajaré luego de cambiarme. Por favor, que me espere unos minutos.

—Debo también informar que la enfermera ha avisado que, como hoy es su matrimonio, vendrá el médico de cabecera en un momento más a chequearla completamente.

—Que venga a cualquier hora… total no me voy a casar.

—¿Va dejar a su apuesto novio plantado en el altar? Yo que usted no lo suelto —dijo la mujer con rostro sonriente—. Bien iré a avisar a la señora Zabini que usted ya la atenderá.

—Gracias.

Al cabo de unos diez minutos, Hermione bajó a la sala y al abrirse la puerta del ascensor se encontró con su antigua compañera de escuela, Pansy Parkinson quien la estaba esperando. La pregunta era qué querría con ella.

En los recuerdos de Hermione no figuraba haber tenido algún tipo de relación o alguna conversación con Parkinson. Lo único que se le venía la mente, eran sus risas y burlas a raíz de los insultos de Draco.

Por su parte Pansy quedó asombrada con la Hermione Granger que tenía en frente. Era una mujer elegante y bellísima, con una panza que la hacía totalmente adorable. Si hubiesen sido amigas, de seguro la habría abrazado, pero nunca lo fueron. Al contrario, eran verdaderas enemigas y ella la odiaba en secreto, pues en más de alguna oportunidad sorprendió entre las cosas de Draco cartas dirigidas a ella, lo que nunca tuvo claro era si esas cartas en alguna oportunidad llegaron a manos de Granger o si se escribían en secreto. Bueno, al verla ahora con un embarazo, podría asegurar que entre ellos siempre existió algún tipo de relación y el hecho de que ella esperara un hijo de él, simplemente obedecía a una relación que se había gestado en sus años escolares… otro fundamento más para la historia que estaba creando su mente. Así que pronto pondría a trabajar a su pluma.

—Pansy Parkinson, buenos días.

—Buenos días señora Malfoy.

Hermione sonrió. Ahora entendía a qué se debía la visita de Pansy, debía de ir a enrostrarle su impureza y que Draco no debía casarse con ella. Pues bien, estaba lista y dispuesta para defenderse. Total, ella no se iba a casar y que si tanto interés tenía, ahí estaba Draco disponible, ella no lo necesitaba.

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Draco se encontraba en la biblioteca de su casa, mirando por la ventana a través del visillo a la gran cantidad de gente que estaba en el patio. Faltaban diez minutos para que comenzara la ceremonia y ni rastro de Hermione. Al final se había cansado de llamarla porque nunca respondía. También había hablado a Bruno y a Giovanni, pero ambos estaban entre los invitados a la boda además ninguno había la visto durante el día y tampoco a ellos les había respondido sus llamados.

A ratos pensaba seriamente que ella se había ido del país y de ser así, tendría todo perdido. ¿Por qué no le dijo lo que realmente sentía? Debió decirle que la amaba; que ella y el niño que venía en camino eran su motivo de vivir. Pero calló y ahora solo estaba pagando las consecuencias de su omisión.

¿Por qué el orgullo le ganaba a los sentimientos? ¿Cómo otra vez la sangre Malfoy que corría por sus venas había herido a lo más preciado? Sabía que ese contrato prenupcial, lejos de unirlos, los había separado definitivamente, porque en efecto era una cláusula machista y retrógrada en donde la dejaba a ella como un mero objeto sexual, no dando espacio para nada más que no fuera el deseo físico. Pero a pesar de aquello, no debía negarlo. El deseo de tenerla con él era infinito, pero más lo eran las ganas de sentirla cercana, de conversar, de reírse, de pensar en el futuro de Scorpius… el sexo venía de añadidura. Era importante y esencial en la relación, pero lo que él sentía por Hermione iba más allá de lo físico… eso que se les daba tan bien a ambos…

Pero no podía negarlo, el mejor sexo del mundo lo había tenido con ella aquella noche en Australia y todas las otras veces que estuvo con Hermione, con su panza hermosa, habían sido las más sensuales y que lo llenaban por completo. Con ella, daba gracias al Creador por haberlo hecho hombre y disfrutar cada parte del cuerpo de esa castaña que desde los once años que revolucionaba sus hormonas y que ahora, tenía algo dentro de ella que era de él: un hijo… fruto de ese deseo infinito que ambos sentían.

Dio una bocanada a su cigarrillo (era el cuarto que se fumaba en menos de media hora) y volvió a mirar por la ventana. Olió su ropa y se dio cuenta de que tendría que utilizar magia para eliminar ese olor a tabaco (y de seguro hasta en sus poros) para así poder atender a los invitados y decirles que se cancelaba todo.

Tomó oro sorbo de licor y miró otra vez hora: seis y veinte. Bien, unos minutos más y daría por cancelado el matrimonio.

No. ¡Tenía que esperar por lo menos una hora más! ¡Las novias siempre se retrasan!

¡Demonios! No era capaz de despedir a todos los invitados. Había visto a Luna Lovegood entre los presentes, con un extraño vestido verde musgo con pompones en los hombros, no era feo ni ridículo, era extraño y era obvio que no era una creación de Hermione… Esa chica podría ayudarlo a avisar a la gente de que el matrimonio se suspendía.

Dejó el vaso sobre el escritorio, sacó de una gaveta la varita y eliminó cualquier residuo de cigarro tanto de su cuerpo, ropa y ambiente. Pero apenas se sentó en el sillón, su madre llegó, cerrando tras ella la puerta y cargando una carpeta oscura, a la cual Draco no le dio importancia.

—¿Qué haces aquí? Deberías estar con los invitados. ¡Tu padre está enojadísimo! Cómo es posible que…

—¡Que de él la cara entonces! No voy a quedar en ridículo delante de medio Londres… ¿Tenías que invitar a tanta gente madre mía? Por favor llama a Lovegood, ella me ayudará a hacer un comunicado.

—Un comunicado de qué, Draco. ¿De qué hablas?

—De que se cancela la boda, obvio —Narcisa lo miró sonriente.

—Toma, abre esto —dijo entregando a su hijo la carpeta que cargaba. Draco sin entender la abrió. De inmediato se dio cuenta de que se trataba del contrato y que estaba firmado por Hermione.

—Pero, entonces… —agregó sin entender mirando a su madre.

—Hijo, tu novia te espera en el altar. No es común que la novia espere al novio… pero ustedes son un caso aparte.

La sonrisa natural y sincera iluminó el rostro de Draco, y se apresuró a mirar por la ventana y pudo darse cuenta de que toda la gente se encontraba ya en el sector en donde se había instalado el sector para la ceremonia.

Revisó su bolsillo, allí estaba la cajita con las argollas matrimoniales, otra vez sentía que tenía alma y la sonrisa no la podía borrar del rostro. Narcisa se sentía alegre y satisfecha, pues hacía muchos años que no veía a su hijo irradiar felicidad como lo estaba haciendo en ese instante.

Le acomodó la pajarita en el cuello, ya que era el mismo traje que Hermione le había elegido para el famoso desfile, al cual él no había llegado y que ahora como homenaje a su amada, había optado por usar.

—Hijo, tu abogado está afuera, le diré que tienes listo el contrato, para que lo haga efectivo de inmediato, antes de que te cases —Draco miró la carpeta y rió de felicidad.

—¡Ay, madre! Si leyeras ese contrato, te desmayarías…

—Pero, ¿de qué se trata?

—Idioteces mías a las cuales Hermione termina accediendo… ¡Andando madre, una novia me espera!

—Pero, ¿y el contrato?

—Nada de contrato, madre.

—Draco hijo, espera. ¿Realmente seguirás adelante con esto? Ya le fuiste infiel, ahora se casarán, y tú seguirás en lo mismo… Me molestaría mucho que ella sufriera y también tu hijo.

—Madre, escúchame una vez en tu vida. A la única mujer que le he sido fiel en mi vida ha sido a Hermione Granger. ¿Y sabes por qué, Narcisa Malfoy? —ella se encogió de hombros—. Pues entonces, te dejo tarea. Intúyelo o adivínalo.

Le dio un beso en la frente a Narcisa, se acomodó el cabello y salió erguido hacia el encuentro de Hermione.

Se veía seguro y feliz, pero su corazón latía a mil por segundo, sentía que las manos le temblaban y que ni siquiera sabía qué le iba a decir al momento de tenerla en frente. No habían ensayado nada, no se habían visto desde el día de la reunión por el peculiar contrato prenupcial, así que dada esa situación lo más probable es que el bullado matrimonio terminara en un caos. Eso era lo que menos le importaba. Se casaría y lo haría con la mujer que amaba.

Su madre casi corría detrás de él, si algo tenía claro Narcisa Malfoy, era que su hijo debía de ingresar del brazo de su madre, así que se apresuró y tomó a Draco.

—Tu novia está bellísima.

—No lo dudo.

—Tú también te ves bien, hijo.

—Eso espero.

Caminaron juntos, Draco pudo ver a algunos conocidos, incluso estaba presente el mismísimo Ministro de Magia, algunos personeros del ministerio, varios ejecutivos de su empresa, amigos de la familia y unos cuantos parientes, sin contar a los empleados de Hermione y a Ginny Weasley junto a Potter. Era obvio que él estaba allí solamente por su esposa. ¡Descarado!

Los familiares, tanto de Hermione como de él, no eran muchos. Por su lado se trataba de un número reducido, ya que cuando ocurrió la guerra muchos renegaron del parentesco con Lucius y su grupo familiar, tema a que estas alturas a Draco era lo que menos le importaba, ya que su visión se cerraba en una figura femenina que estaba al costado de la mesa que el oficial del ministerio muggle había dispuesto para el matrimonio, junto a su padre, y a su madre. Esa figura era su hermosa Hermione, quien lucía un vestido rosa pálido y que estaba sentada, pues por su estado, debía adivinar que no podía estar mucho rato de pie.

En ese momento ella lo vio llegar y de inmediato advirtió que Draco lucía el traje que ella misma había elegido para el desfile. Le encantó el detalle, si bien no era un traje para novio, nadie notaría la diferencia, total era un Armani elegante y único, hecho especialmente para él por su colega diseñador.

Ambos sentían que sus corazones estaban bombeando sangre al por mayor y que el tiempo para los dos transcurría en forma lenta. El trayecto de Draco desde la entrada hacia el altar era de unos diez metros, pero para Hermione eran kilómetros. Sonreía y con los nervios no lograba saber si esa sonrisa era correspondida. Estaba alegre, pues se iba a casar con el hombre que amaba, aquel que ella creyó infiel y que nunca lo había sido.

Su cabeza giró un poco y se encontró con la sonrisa de Pansy Parkinson… hoy Pansy Zabini, quien estaba sentada en la tercera fila. Si no fuera por Pansy, ella no estaría allí. ¿Por qué tuvo que aparecer una tercera persona para que pudiera creer en Draco? Simplemente porque el historial de él no lo favorecía mucho que digamos, si hasta su mismo padre habría jurado que andaba por ahí revolcándose con cualquiera. Nadie habría imaginado que el sofisticado y apetecido Draco Malfoy había sido víctima de una muchacha en busca de aventura: la prima de Zabini, quien, viéndose relegada no encontró mejor forma de desquite que manchar la camisa de Draco e inundarlo de su perfume.

Esa vil jugarreta de adolescente, bastó para que ella, como una leona territorial, de inmediato dudara de la fidelidad de él y pusiera en jaque su felicidad… su matrimonio y hasta la misma felicidad de su hijo, a quien estuvo a punto de negarle el derecho a vivir con su padre.

Draco llegó a su lado y le dio la mano, ella de inmediato se la tomó para apoyarse y ponerse de pie. Sintió como él la apretaba suavemente, regalándole una sonrisa.

—Viniste.

—¿Lo dudaste? —él asintió—. Vine y te traje el contrato… firmado… ¿crees que podrás?

—No —respondió riendo.

—Ni yo, pero de todas formas lo firmé —Draco volvió a reír y le besó la mano.

—¿Empecemos?

—A eso vine.

La ceremonia dio inicio con el discurso del ministro y con las palabras aprendidas de siempre.

Sin embargo, tanto Draco como Hermione, lejos de escuchar cada palabra y cada compromiso a los que estarían ligados por el resto de sus vidas, se dedicaron a mirarse, a sonreír y a acariciarse suavemente las manos que tenían tomadas, pues sabían que ese lazo que hoy los unía era fiel reflejo de lo que una noche de pasión había desencadenado…

Al cabo de varios minutos de lectura de decretos, imposiciones y reglas del matrimonio, vino la pregunta para Draco:

—Señor Draco Lucius Malfoy Black, ¿acepta usted a Hermione Jean Granger Grennett como su esposa, y promete amarla y respetarla hasta que la muerte los separe?

—Sí, acepto ―respondió Draco y de inmediato le colocó la argolla matrimonial a Hermione, a quien le temblaban las manos. Draco se dio cuenta y para tranquilizarla, luego de poner la argolla en el dedo anular de la mano izquierda, le guiñó un ojo. Hermione sonrió.

Y ahora venía la pregunta para Hermione:

—Señorita Hermione Jean Granger Grennett, ¿acepta usted a Draco Lucius Malfoy Black como su esposo, y promete amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?

—Sí, acepto.

—Entonces por favor los invito a firmar la respectiva acta matrimonial.

Draco recibió el lápiz por parte del Ministro para firmar, realizando su tradicional signatura de arabescos y puntos, para luego entregárselo a Hermione, quien firmó como era habitual, con su nombre completo. Luego ella volvió a sentarse.

Instantes después el hombre oficiante del matrimonio, solicitó que pasaran los testigos de ambas partes, también a firmar el acta. Por parte de Draco firmó Narcisa y su amigo Blaise, y por Hermione, lo hicieron sus padres.

Luego de ese pequeño desorden entre firmantes, (Draco lo único que hacía era apretar la mano de Hermione y ésta le respondía) al fin tomó la palabra el ministro.

—Y bien, habiendo firmado las partes y sus testigos y, por el poder que me otorga el Estado Ingles, los procedo a declarar como Señor y Señora Malfoy. Felicidades. Pueden besarse… si lo desean.

Draco dio la mano a Hermione y esta se puso de pie. Estaban todos expectantes porque si se besaban ahí, las especulaciones de que era un matrimonio armado para encubrir un embarazo no deseado y también de las supuestas infidelidades de ambos, quedaría por el suelo.

Ella lo miró a los ojos y sonrió. Draco respondió acercando su boca a la de ella y Hermione solo esperó ese ansiado contacto. Un beso suave y delicado de solo un par de segundos. Luego se separaron y se volvieron a mirar. Hermione estaba dispuesta a decirlo, esa sería su manera de resarcir sus dudas.

—Draco… te amo ―él sonrió como niño, la abrazó con fuerza, y le dijo al oído.

—Yo también te amo, mi sangre sucia…

—Mi hurón desteñido.

Y ahora ambos buscaron sus bocas con ganas y deseos fundiéndose un beso fuerte, entregado a la verdad que por fin ambos se habían dicho. Tuvieron tantas oportunidades para hacerlo, y solo en el momento de su matrimonio lo habían reconocido.

Unos fuertes aplausos se escucharon y los flashes de las cámaras no se hicieron esperar. Al fin casados, confirmando su amor delante de todos.

No obstante, atrás Harry Potter se puso silenciosamente de pie y se alejó de la ceremonia. Ginny lo miró sin entender, sin embargo no lo iba a seguir, pues quería felicitar a su amiga. Ya tendría tiempo para que su esposo le aclarara algunas sospechas…


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NOTA DE LA AUTORA:

Coincidencias... locuras... el destino.. ¿quién sabe? pero hoy he actualizado dos fics y en ambos terminé con matrimonios... No obstante, cada uno en diferente contexto... sí, realmente creo que son locuras de Ginger.

Gracias amigas y amigos por sus comentarios. Les deseo lo mejor en este año que se inicia.

Abrazos, Gin.