¡Último capítulo! Creo que es uno de los más largos que he escrito, espero no aburrirlos y que lo disfruten :)
Capítulo XXI: FINAL
-Bueno… ¿Ven el rayo que cae al árbol cada hora?-señaló Beetee algo agitado por su idea.
Ambos asentimos.
-Los cables serán conectados desde el árbol hasta el lago, utilizaremos todos los metros de alambre para esparcirlos por la arena… Una descarga eléctrica y todo aquel que este en la costa, se electrocutará… Y cuando digo todos, me refiero a los profesionales…
-¿Y nosotros dónde estaremos?-preguntó Finnick frunciendo el ceño.
-Lo suficientemente lejos de los cables…-contestó.
-Pero, las descargas que lanza ese rayo, son pequeñas…-sentencié sin creer que la electricidad se esparciría por los alambres hasta llegar al lago.
-Pero, tú no has visto la descarga a medianoche… -me respondió con una sonrisa irónica.- A medianoche, la descarga es más potente que todas las que lanza durante el día…
-¿Cómo lo sabes?-le preguntó nuevamente Finnick como si aún no confiara en ese plan.
Pero, en esta ocasión, no fue Beetee, quien le respondió, fue Johanna.
-Antes de ingresar al castillo, pasamos la primera noche en el bosque y casi terminamos electrocutados con la enorme descarga a media noche…-contestó sin muchas ganas.- La electricidad se esparció por casi todo el bosque… El tributo de mi distrito, murió sin poder alcanzarnos… -dijo ella dándole la razón a Beetee.-Tiene que ser a medianoche…
-Entonces, así será…-sentenció Finnick.
-Bueno, ahora sólo queda ir por los cables…-agregó Johanna con cierto sarcasmo.
Llevé una mano a mi broche de sinsajo y lo oprimí.
-Yo iré…-les dije.
-¿Estás loca?-me increpó Scorpius.-Estás embarazada, no puedes correr ningún riesgo…
Oh, el bebé, pensé recordando la mentira.
El rubio, me lanzó una mirada cómplice.
Aún teníamos que dar credibilidad a nuestras palabras.
La audiencia aún tenía que creer que esperaba un hijo.
Sería muy raro, que nadie se preocupara por ese asunto, así que asentí agradecida porque Scorpius se haya acordado de eso.
-Yo iré.-comentó Finnick.-Scorpius, tiene razón…. Además, yo sería el único que lograría vencer a esa criatura submarina y no ahogarme en el intento…
-No seas pesimista, Finnick… -le respondió Johanna sonriendo.-No veo a esa cosa por ningún lado, así que creo que estarás a salvo… Mientras tanto, nosotros nos encargaremos de hacer fuego y cocinar lo que has pescado…
Todos sonreímos satisfechos, mientras el tributo del distrito cuatro ingresaba al lago y nadaba como todo un profesional hasta llegar a la cornucopia.
Rápidamente, Finnick consiguió dos carretes que contenían varios metros de alambres y sin mucho esfuerzo, llegó sin daño alguno a la costa.
-Bien hecho, Finnick…-se apresuró a decirle Beetee examinando los cables.
-¿Cómo estás tan seguro que esos cables resistirán?-le cuestionó Johanna dejándome a cargo del fuego que recién habíamos logrado avivar.
-Porque, yo los creé…-sentenció.-Se quemarán un poco, pero resistirán todo el recorrido…
Luego de eso, Beetee quiso inspeccionar el árbol para saber por dónde pasarían los cables, y Finnick fue con él.
Mientras que yo, quise sacarme una duda, y probar si estaba en lo cierto.
Ágilmente, subí hasta la copa del árbol más cercano, llevando mi arco y flechas conmigo.
Obviamente, hice oídos sordos a las advertencias de Scorpius, y me alegró que él no supiera trepar árboles como yo lo hacía, pues no pudo seguirme.
Cuando estuve lo suficientemente alto como para tener una vista panorámica de la arena, apunté una flecha contra el cielo y está estalló contra lo que aparentaban ser la nubes.
Todo el cielo era artificial.
-¿Qué viste?-inquirió Johanna al verme pensativa.
-El cielo es falso… Una de mis flechas rebotó…-dije bajando el arco.
-No me sorprende…
-Sabía que las ruinas del castillo y todo lo demás, sólo eran una réplica del verdadero…-dije quitándome la duda de encima.-De todos modos, sólo era una duda…
Al cabo de un rato, nos quedamos friendo las cosas que Finnick había pescado e intenté concentrarme en lo que hacía.
-Eh, mira lo que encontré…-soltó Scorpius llamando mi atención mientras habría una ostra con uno de los cuchillos.
-Es una perla…-respondí al ver como brillaba en su mano.
-Y es para ti…-contestó extendiéndomela.
La tomé y la observé por unos breves minutos, para luego guardarla en un pequeño bolsillo de mi traje.
-Gracias…-respondí sin muchas ganas.- ¿Por qué se demoran tanto?
-Ya no deben tardar…-me contestó Johanna observando el crepúsculo.
En menos de una hora, Finnick y Beetee, se aparecieron y se dispusieron a comer algo de lo que habíamos cocinado.
No todo sabía bien, de hecho, sabía horrible.
Lo único que nos llenaba el estómago, además de lo pescado por Finnick, eran el pan y el agua, que nos habían enviado los patrocinadores otra vez.
Al parecer, lo del falso bebé, los había conmovido.
Cuando, la noche ganó terreno, hicimos una fogata más grande para iluminarnos, pero siempre nos mantuvimos en estado de alerta ante cualquier amenaza, ya sea por parte de los profesionales o por parte de los vigilantes, pero creo que no lanzarían ningún truco, pues seguro estaban ansiosos por ver si el plan de Beetee funcionaba.
Pero, si funcionaba. Hasta ahí llegaría nuestra alianza y cada quien tomaría su rumbo.
O al menos, eso es lo que tenía planeado hacer con Scorpius. Nos iríamos, apenas el plan estuviera culminado.
Me quedé mirando el fuego y pensando, si en verdad sería capaz de asesinar a cualquiera de ellos tres.
¿Sería capaz?
No quise saber la respuesta.
Pero, sabía que esto iba a ser así desde un principio.
Esta alianza no iba a durar para siempre, solo era temporal.
-Vaya, alguien cuéntese algo, o moriré del aburrimiento.-intervino Johanna rompiendo la tensión y haciéndome sonreír.
Había veces en las que ella me hacía recordar a mi primo Louis por ser tan bromista y lanzar chistes hasta en los peores momentos, pero que te levantaban el ánimo.
-Entonces, empezaré yo…-contestó Beetee con buen ánimo.
Uno por uno, comenzamos a contar anécdotas o datos curiosos sobre nuestros distritos, haciendo que la noche se pasara rápida y no morir de aburrimiento como Johanna había dicho.
Sin embargo, al cabo de un par de horas, casi a las diez, el himno del capitolio interrumpió la historia de Finnick.
Dejamos la charla de lado y nos dispusimos a llevar el plan a cabo.
-Ustedes dos irán juntas…-nos ordenó Beetee mientras revelaba más sobre su plan.
Rápidamente, nos dio uno de los carretes que llevaríamos por gran parte de la arena rodeando el lago.
-¿Por qué no puedo ir con ellas?-enfatizo Scorpius de forma sospechosa.
-Te necesito conmigo. Ustedes dos…-dijo señalando al rubio y a Finnick. – Me protegerán por si algo no sale bien… Soy el único que puede hacer que este plan funcione…
-Está bien. Tiene razón, Scorpius…-le respondí mirándolo.-Nos encontraremos luego de eso… No te preocupes, puedo cuidarme sola…
-Regresaré por ti. Lo prometo.-contestó dándome un largo beso que hizo carraspear a Beetee.
-No podemos demorarnos…-nos exigió.
Al rubio, le costó separarse de mí, pero finalmente lo hizo.
-Ve…-dije mientras él y los demás, se perdían entre la oscuridad.
Di la vuelta y Johanna me sonrió de costado.
-¿Si que están enamorados, no es así?-me preguntó avanzando y llevando el carrete.
-Sí.-respondí cargando mis flechas.
-Debo confesar, que siempre pensé que era falso…-suspiró quitándose el desordenado cabello que caía por su rostro.-Que lo habían arreglado para llamar la atención de la audiencia y de los patrocinadores… No te culparía, en los juegos se usa cualquier artimaña con tal de sobrevivir… La que use para los míos, no fue tan buena después de todo…
-¿No fue tan buena?...Pero, si ganaste.-murmuré sin entender porque se quejaba.
-Créeme que preferiría haber muerto si sabía lo que se venía después…-dijo con cierta rabia en sus palabras.-Aunque, esa es otra historia…
Se quedó en silencio por un breve instante.
-…No puedo creer que el día de mi cumpleaños, estaría haciendo esto…-murmuró de pronto para cambiar de tema.
-¿Tu cumpleaños?-repetí sin entender.- ¿Hoy es tu cumpleaños?
-Sí…-contestó de forma aburrida y con sarcasmo.-Hoy cumplo veinte años, y míranos, juntas en el Vasallaje… ¿Qué más podría pedir?
Luego de eso, no se por cuánto tiempo más seguimos caminando, sólo estaba preocupada por si no éramos lo suficientemente ágiles y el truco de Beetee se activaba con nosotras en medio de los alambres.
-Avancemos rápido, Rose…-me pidió Johanna como si adivinara mis pensamientos.-Ya quiero que esto termine.
-Yo también…-contesté dándole la razón.
El plan tiene que funcionar, pensé muy optimista al respecto.
-¡CRACK!
De repente, creí oír ruidos a nuestro alrededor. Como si unas ramas se hubiesen quebrado.
-Espera, Johanna…-le dije deteniéndome y dejando caer el carrete en el suelo.-Creo que alguien nos está siguiendo.
Rápidamente, alzó su hacha y observó a los alrededores.
-También los oigo.-enfatizó.
Sin dejar mis flechas de lado, entrecerré los ojos al ver que unos arbustos se movían a lo lejos.
-Allá.-señalé de inmediato mientras Johanna cogía el carrete.-Creo que…
Demasiado tarde.
Algo había golpeado mi cabeza y me había lanzado al suelo por la confusión.
Abrí los ojos con un gesto de dolor, y sólo fue para encontrar a Johanna encima de mí.
-¡Silencio!-me espetó cogiendo mi brazo derecho.
-¿Johanna, qué haces?-pregunté con esfuerzo sintiendo que todo me daba vueltas.
Aún estaba confundida.
¿Había sido ella?
-¡Ahhh…!-aullé de dolor mientras sentía que rasgaba mi antebrazo.
-¡Shhh….!-insistió esparciendo mi sangre hasta mi cuello.-Quédate abajo…
Alguien estaba con nosotras.
Ágilmente, Johanna cogió su hacha y la lanzó hacia ese alguien.
Sin importarle que yo estaba media herida, se puso de pie y se fue a toda prisa.
¿Qué ha pasado?
¿Se rompió la alianza?
¿Pero, por qué no me mató?
-Ahh…-gemí intentando incorporarme.
Me puse de pie, y llevé mis flechas conmigo.
-Demonios….-murmuré sintiendo que la sangre aún chorreaba de mi antebrazo.
-¡Johanna!-gritó alguien haciendo que me escondiera entre unos arbustos.-¡¿Johanna, dónde estás?
Finnick. Esa era la voz de Finnick.
Eso es, pensé.
Johanna y Finnick habían creado su propia alianza, mientras nosotros habíamos confiado en ellos.
Lo sabía, me dije.
Ellos nunca fueron de confiar. Eran gente astuta y que tenía más experiencia que nosotros.
Nuestros juegos, no fueron nada, comparados a los que ellos tuvieron.
Una amistad previa los unía, y quién sabe, qué más.
-Scorpius…-susurré temiendo lo peor.
¿Qué le habían hecho?
Cuando, Finnick se alejó lo suficiente, salí de mi escondite y corrí en medio del bosque.
Busqué entre la oscuridad de la noche, pero un olor a carne chamuscada, me hizo girar y volver por mi camino.
Más allá, distinguí a un cuerpo de espaldas en medio del suelo.
-Beetee…-sentencié al verlo con quemaduras graves y desmayado.
Aún estaba vivo, se podía ver que aún respiraba, pero con dificultad.
Entre sus manos, sostenía el cable que conectaría con el rayo.
Avancé un par de metros más allá, y frente a mí, estaba dicho árbol.
-¡Gong!
Un cañonazo.
-¡Scorpius!-grité desesperada.- ¡Scorpius!
Todo parecía un laberinto, pensé corriendo hasta donde estaba más despejado y seguí llamándolo.
-¡Scorpius!-exclamé casi sin voz.
El sonido de unas pisadas, me hicieron prepararme con el arco y las flechas.
Alguien se acercaba.
-¿¡Rose, dónde estás?!-gritó Finnick.
Nuevamente, era él.
Mi respiración se detuvo.
¿Dispararle o no dispararle?
No podía dudar ahora.
¡Maldita sea!
¿Por qué le tenía compasión de un momento a otro?
Él podía haber asesinado a Scorpius.
De pronto, percibió que lo estaba mirando y apuntando.
-Rose…-murmuró con la voz quebrada.-No lo hagas… Recuerda quién es el verdadero enemigo.
"Recuerda quién es el verdadero enemigo", la frase resonó en mi cabeza y noté que eran las mismas palabras que Haytmich me había dicho antes del Vasallaje.
El verdadero enemigo…, pensé bajando el arco, El verdadero enemigo no es Finnick. El verdadero enemigo, es el Capitolio.
Voldemort debía estar viendo esto. Seguro que esperaba que matara a Finnick y me convierta en el ser más repudiado del Capitolio.
Se equivocó.
No quedaría como la asesina en esta historia, al menos, no como la asesina de Finnick Odair.
-Está bien…Buscaremos a Scorpius…-me dijo el castaño con algo de alivio en su cara.
Podía estarme diciendo la verdad o podía estarme mintiendo.
Pero, dejé de observarlo al escuchar que el falso cielo crujía.
Ya casi era medianoche.
La descarga caería dentro de pocos segundos.
Ambos miramos hacia arriba y notamos que las nubes comenzaban a formar un remolino.
-¡Rose, aléjate del árbol!-me advirtió Finnick.
No le hice caso.
El plan se tenía que llevar a cabo, pero de una forma mejor.
Sin dudarlo, cogí el cable que Beetee tenía entre sus manos, y lo amarré a una de mis flechas.
-¡Rose! ¡Aléjate de ahí!-intentó decirme.
Respiré agitadamente, temiendo que esto no saliera como quería, temiendo que podría morir en el intento.
Perdóname, Scorpius, pensé con la esperanza de que él aún seguía vivo.
Si uno de los dos tiene que vivir, ese eres tú.
Tú eres mucho mejor que los dos.
-¡No, Rose!-volvió a decir Finnick.
Apunté al cielo, y disparé directo al rayo que venía con furia hacia la tierra.
La flecha, recargada de electricidad se clavó en el cielo y este explotó a los pocos segundos.
Lancé un grito, al sentir que salía volando por en medio de los aires.
Todo comenzaba a destruirse e incendiarse.
Y mi caída fue dolorosa, muy dolorosa. Bien podía haberme quebrado un hueso o llenarme de heridas en el trayecto.
No podía moverme.
Mi visión comenzaba a ponerse borrosa, pero aún podía notar como caían los pedazos de la arena a mis alrededores.
Con esto, se acabaría todo.
Mi familia pagaría las consecuencias.
Scorpius, se quedaría sin mí.
¿Lo harían?
Comenzaba a delirar, mientras creía escuchar el motor de un aerodeslizador.
No me importó lo que fuera, sólo cerré los ojos y me dejé llevar.
Era un sueño o una pesadilla.
Pero, podía verlos. Podía ver a toda mi familia. Mis primos y tías.
No sólo estaban ellos, también estaban mis padres ahí.
¿Todos habíamos muerto?
Quise decirles algo, pero no parecían oírme.
-¿Mamá? ¿Papá?-empecé.- ¿Qué ocurre? ¿Hugo? ¿James? ¿Lily?
Todos miraban a su alrededor, mientras yo también lo hacía.
El lugar, se me hacía muy conocido. Demasiado conocido.
Un bosque con neblina, un lago a lo lejos…
-Estamos en los juegos, Rose…-repuso Victorie con su pequeña niña en brazos.-Voldemort nos envió a terminar los juegos…
-¿¡Qué dices, Victorie?!- jadeé mientras todos comenzaban a desvanecerse en la neblina sin dejar de decirme lo mismo.-¡Basta…!-exclamé mientras el vacío me succionaba
Incapaz de poder hacer algo más, sólo intenté moverme.
-¡No!-grité despertando de la horrible pesadilla.
Mis ojos se abrieron como dos resortes.
Tenía algo en la cara y me molestaba demasiado.
Me quité lo que tenía encima, al parecer, una máscara de oxígeno.
¿Dónde estaba?
Miré a mi lado, y ahí se encontraba Beetee en un camilla, también con una máscara, pero inconsciente.
Nos habían capturado.
Deduje, al notar que estábamos en aerodeslizador médico.
¿El Capitolio nos había capturado?
Rápidamente, me incorporé con esfuerzo, mientras mi abundante cabello pelirrojo caía en cascada por mi espalda.
-Ahh…-gemí.
Todo me dolía.
Debía tener algo luxado o fracturado en el cuerpo, pues sentía que a cada paso que daba, algo se clavaba en mi abdomen y demás extremidades.
A la derecha, había una caja llena de jeringas.
Cogí una como si fuera un arma.
Sin embargo, se me formó una mueca de auténtico dolor en el rostro.
Aún tenía la herida abierta que Johanna me había hecho en el antebrazo.
¡Demonios!, pensé apretando los labios.
Pero, unas voces, me hicieron volver a la realidad.
Había personas, detrás de ese fino cristal que estaba frente a mí y nos separaba.
-Sin el chico, ella no cooperará…-sentenció alguien.
-Tiene que hacerlo…-musitó otra.
No me importó, y con imprudencia, me adentré a donde estaban.
Y en cuanto lo hice, creí que estaba en medio de otra pesadilla.
No podía ser cierto.
-Vemos que ya despertaste…-comenzó a decir Haytmich.
-¿Haytmich?... ¡¿Qué es esto?! ¿¡Qué haces con ellos?!-grité al notar que no estaba solo, tenía la compañía de Neville Longbottom y Finnick Oddair.- ¡Ustedes!
Alcé mi inofensiva arma, mientras mi mentor parecía burlarse de mi altanería.
-Cálmate…-insistió Finnick haciendo un ademán y queriendo que bajara la jeringa.-Hay que decirle… Sólo escucha.
-¡¿Decirme, qué?!-grité otra vez desesperada.
-No podíamos contártelo, era muy arriesgado…-contestó Haytmich.-Era mejor que no supieras nada en ese entonces.
-¡Scorpius!-exclamé de pronto dispuesta a buscarlo por toda la nave.- ¡¿Dónde está Scorpius?!
-Rose…-habló finalmente Neville Longbottom, que hasta ese momento, sólo se limitaba a observarme.-Tú eras el objetivo desde el principio… Todos los tributos lo sabían, y también sabían que teníamos que sacarte de ahí a como dé lugar…
¿De qué estaba hablando?
¿Sacarme?
¿Qué es todo esto?
-Bienvenida a la rebelión…-sentenció como si fuera lo más normal del mundo.-La nueva guerra ha empezado y tú serás el sinsajo… Ahora mismo, estamos yendo al distrito trece.
-¿Distrito trece?... ¡Eso no existe!-grité perdiendo la poca paciencia que me quedaba.
-Sí, si existe.-afirmó con serenidad.
-¿¡Dónde está Scorpius?!-grite otra vez exasperada.
No me contestó, y se siguió de largo, pasando delante de mí.
-Aún tiene el rastreador en el brazo… Johanna logró quitarte el tuyo…-me explicó Haytmich.
-¿Dónde está Scorpius?-repetí.
-En el Capitolio.-contestó sin más rodeos.-Él y Johanna, fueron capturados.
-¡Tú lo sabías!-Lancé endemoniada.- ¡Siempre supiste del plan y no me lo dijiste! ¡Debiste habérmelo dicho para no separarme de Scorpius en la arena! ¡Tú lo sabías!
-¡No podíamos correr el riesgo!-me gritó.
-¡Me importa una mierda el riesgo!-jadeé lanzándole la jeringa, pero fallando en el intento.- ¡Tú lo sabías, maldito desgraciado! ¡Debiste habérnoslo dicho!
Ambos, forcejemos, sin que me interesara lo que pudiera llegar a hacer.
Pero, todo fue rápido, pues sentí que algo se clavaba en mi espalda.
Un pinchazo, que me debilitó de inmediato.
-¡No!-grité poniendo resistencia.- ¡Debiste decírmelo!….
Longbottom, me había colocado un sedante, pues mis ojos comenzaron a cerrarse con lentitud.
Y nuevamente me adentré a esa horrible oscuridad que me parecía eterna. Esa oscuridad, llena de pesadillas.
Nuevamente, con la angustia de saber que, ahora, Scorpius, estaba secuestrado por el Capitolio.
Lo matarían.
Estaba segura de eso.
Él moriría.
Nuestros sueños de matrimonio se quedarían así, como sueños que jamás se cumplirían.
Nunca lo volvería a ver.
¿Y yo? Yo me encargaría de vengarlo.
¿Pero, qué después de eso?
Todo parecía una eternidad.
Los juegos, el vasallaje, todo venía a mi mente.
Parecía un círculo vicioso que jamás terminaría.
Scorpius, los juegos, mi familia, el Capitolio, Voldemort.
Entreabrí mis ojos por segunda vez.
Alguien estaba conmigo.
-Rose…-murmuró una voz que conocía muy bien.
Sentí que esa persona acariciaba mi cabello mientras comenzaba a despertarme.
-¿Estás bien?-me preguntó sin dejar de hacer lo que hacía.
-James…-murmuré al ver a mi primo con una afligida sonrisa.
-Has estado dormida por un par de días…-susurró.
-¿Días?-pregunté aún media confundida.- ¿Ya llegamos a casa?-seguí diciéndole mientras recuperaba el conocimiento.
Pero, su silencio, llamó mi atención y me preocupó.
-¿Estamos en casa?-inquirí.
Abrí bien los ojos, y noté que James tenía pequeños cortes en la cara; como si hubiese estado en medio de una batalla.
No me contestaba.
Su sonrisa se desvaneció.
-¿James?-pregunté comenzando a percibir la preocupación y que algo malo había ocurrido.- ¿Dónde están todos…?
-Están vivos…-respondió.-Toda nuestra familia está a salvo… Lily, Hugo, Albus, mi madre, Louis, Dominique…. Todos logramos salir con vida.
Mis ojos empezaron a empañarse.
-¿Salir con vida?-pregunté sintiendo un nudo en la garganta.
Miró al vacío por un breve momento.
-Después de los juegos…-comenzó a relatarme con dificultad.-Vinieron varios aviones del Capitolio y lanzaron bombas en todo el distrito….
-¿Lanzaron bombas, aquí?... ¿En el distrito… doce?... -repetí sin poder creerlo y sintiendo que la voz se me quebraba.
-Rose, el distrito doce, ya no existe…-sentenció.
-No…-murmuré mientras las lágrimas se resbalaban por mis mejillas.-Es una mentira… Dime que es una mentira, James…
Rápidamente, me consoló abrazándome contra él.
-Dime, qué pasó…-le ordené.
Sería difícil, pero escucharía que había ocurrido realmente en nuestro distrito.
- Un día antes, el Capitolio suspendió la electricidad… Sabíamos que algo iba a pasar, y estábamos en lo cierto, porque al amanecer del día siguiente, comenzó el bombardeo… Destruyeron todo, Rose… Casi todo el distrito, falleció… Muchos de nuestros conocidos, no lograron escapar… -me describió secando mis lágrimas.- Louis, y yo, guiamos a los sobrevivientes hasta los bosques… como lo ordenaste…. Fue fácil pasar la valla sin electricidad… Vimos la destrucción desde el lago… ¿Recuerdas el lago?
Asentí sin dejar de llorar.
-Fue peor de lo que imaginé…-musitó recordando lo que había visto, pues podía ver, que en sus ojos verdes, se reflejaba toda la tragedia.-…Pero, sólo duró un par de horas… Cuando anocheció…llegaron unos aerodeslizadores de rescate…
-¿Aerodeslizadores de rescate?-pregunté sin entender.
De pronto, recordé lo que Neville Longbottom me había dicho.
-¿Dónde estamos?-reformulé mi pregunta observando a mis alrededores.
Hasta el momento, no había percibido que estábamos en lo que parecía ser una habitación de hospital o algo similar.
-Los aerodeslizadores provenían del distrito trece…-dijo en voz baja.-Estamos en el distrito trece…
-¿Distrito trece?-repuse.
Longbottom tenía razón.
-¡Suficiente!-lanzó una voz desconocida y enérgica.
De inmediato, la puerta de mi habitación, se abrió lanzando un rechinido.
Ambos volteamos a ver a quien pertenecía dicha voz, aunque James, ya parecía conocerla.
Una mujer de aspecto marchitado, y de largo cabello rubio, ingresó sonriendo de una forma que no me gusto y que bastó para que supiera que no era de confiar.
-Suficiente, James…-le ordenó a mi primo intentando sonar amable, pero no le salió bien.-No agobies a Rose con todo eso…
-¿Quién es usted?-pregunté con un tono insolente y nada confiable.
¿Quién era esa mujer que se atrevía a interrumpirnos?, ¿Por qué me daba tanta desconfianza?
¿Por qué me parecía haberla visto en antiguas fotografías con mis padres y al lado de tía Ginny?
-Oh, Rose…-arrastró las palabras como si se viera obligada a hacer esto, como si odiara hacer esto.-Se lo que estás pensando… ¿Quién es está extraña? ¿Qué hace aquí?... ¿No es así?
Me quedé callada dirigiéndole una mirada a mi primo.
Parecía que él tampoco soportaba a esta mujer.
A ninguno de los dos, nos daba buena espina.
-Tenemos mucho de qué hablar…-sentenció observándome a través de sus pálidos ojos azules como si tuviera malas intenciones.-Y ante todo, quiero que sepas que soy una aliada, y que conozco a toda tu familia desde hace bastante tiempo, así que no tienes por qué desconfiar de mí….
¿Se había dado cuenta?
-¿Quién es usted?-repetí sin bajar el tono de mi voz y alzando la mirada, en un claro ejemplo rebelde.
Ella, lo notó, y con ello, supe que ambas nos habíamos declarado la guerra mentalmente.
Solo habían bastado, un par de palabras, para saber que jamás confiaría en esa mujer.
La rubia, sonrió de forma sarcástica por la manera en que me había atrevido a hablarle, y aclarándose la voz, se resignó a responderme.
CONTINUARÁ...
¿Y quién es? ¿Acaso es la presidenta del distrito trece? ¿Y si es así, qué personaje de Harry Potter es?
Mientras esperan por Sinsajo, intenten adivinar quién es este nuevo personaje.
Bueno, y antes que nada, sólo me queda agradecerles una vez más por agregarme a favoritos, por comentar, por leer. ¡Muchas gracias, sobre todo a Lady Lyuva Sol, por comentar todos los capis :D ! Debo admitir, que nunca pensé que llegaría a terminar esta historia, pero aquí me tienen, publicando el final.
Sólo queda esperar por la tercera parte y les puedo asegurar que aparecerán más personajes de Harry Potter.
P.D.: Búsquenme en Potterfics con mi mismo nombre de usuario, por que ahí tengo un pequeño resumen de lo que será Sinsajo, por Rose Weasley :)
Muchos Saludos, y no olviden leer mi otro fic :)
¡Nos vemos en Sinsajo!
