Capitulo 20: Nada

La muerte de Angel había dejado un gran shock en la joven población estudiantil del colegio. Hasta dónde eran orillados a llegar para escapar de un destino que no querían, un destino elegido por otros y no por ellos mismos. Angel apenas tenía 17 años, su vida estaba empezando y había estado tan desesperado que había decidido no vivir más en lugar de tener que casarse con un hombre al que no amaba y habían elegido sus padres. Esa semana el colegio se vistió de luto y desde los estudiantes de primer año hasta los de último año y profesores vistieron de negro en respeto a la vida de un confundido joven que se había apagado para siempre.

-Esa no era la solución-le susurró Joey, distraídamente sentado en el patio de la escuela, a sus amigos.

-No, no la era, pero todos lo hemos pensado alguna vez-admitió Alask lo que ninguno había querido admitir, ni siquiera para sí mismo.

-De pensarlo a hacerlo es un gran trecho-susurró Ryu.

-Lo puedo entender-dijo Tristan, mirando hacia el cielo- No quiero esta vida para mí, menos para mis hijos. No quiero tener un doncel, un hermafrodita, que tenga que vivir esto-suspiró.

-¿Por qué nadie nos defiende?-preguntó Joey.- ¿Por qué nadie aboga por un trato más justo para nosotros?-quiso saber el de ojos dorados- Ni siquiera mi padre Gozaburo, que ama a mi pa', trata de promover alguna ley o algo que nos de igualdad de derechos-dijo Joey con tristeza.

-Porque los varones también tienen miedo-dijo Alask- Tienen miedo de perder el poder, el control y el dominio sobre nosotros-dijo amargamente.

-o-o-o-

-Ane-llamó su atención Antul, desde el suicidio del joven Angel, todos los amigos de Anecuze trataban de estar alrededor del moreno en uno u otro momento.

Anecuze suspiró sintiéndose algo sofocado.

-Chicos, ya basta, yo no me voy a suicidar-aseguró -Eso es un gusto que no le voy a dar a Alistar Yohanes-les aseguró con firmeza-y tendrás que disculparme Antul-añadió recordando que Alistar era hermano de Antul.

-No tienes que disculparte, se de que pata cojea mi hermano-negó Antul, un poco mas aliviado, al escuchar las palabras de Ane.

-Todos te queremos Ane-se disculpó Marik por la exhaustiva vigilada que tenían sobre el castaño-Todos te queremos y queremos que estés aquí, vivo, cuando llegue el cambio-aseguro Marik.

-Esa, Marik, es una bonita ilusión- sonrió Anecuze amargamente.- Lo más a lo que podemos aspirar es a envenenarlos desde adentro-aseguró el moreno.

-Eso no es cierto, nosotros podemos hacer la diferencia de acuerdo a como criemos a nuestros hijos; miren a mi esposo, él no es como todos los varones-aseguró Noah.

-Tu esposo es una rara excepción de este mundo, Noah, no te ilusiones, porque uno sirve no significa que los demás lo hacen-aseguró Anecuze.

Noah los miró con tristeza, sus amigos estaban tan amargados, pero ¿cómo no estarlo después de todo lo que tenían que vivir y soportar desde la cuna? ¿Era mucho pedir un poco de felicidad e igualdad? ¿Un poco de amor verdadero sin ese obsesivo control que los varones querían mantener sobre ellos? Sí, al parecer sí, pero Noah creía realmente en lo que decía, podían lograr cambiar el mundo, dependiendo de cómo criaran a sus hijos, podían hacer una nueva generación de varones que si se preocuparan por los donceles y abogaran por sus derechos. Tal vez era inocente al creerlo, pero lo creía.

-o-o-o-

Noah dejó su mochila junto a la puerta nada más entrar a la casa de Thomas, hoy le tocaba quedarse en su casa, era necesario para que el consejo no sospechara nada raro. Se dirigió a la cocina sin preocuparse por su "esposo", sabía que a esa hora por lo normal Thomas estaba en su despacho escribiendo de su último trabajo. Se sirvió un vaso de leche y se sentó en la isleta que quedaba en el medio de la cocina, tomó un plato de galletas y miro por las ventanas de cristal hacia el mar pensativo. Tomó un poco de leche distraído preguntándose, tantas cosas en su mentecita, una lágrima rodó por sus mejillas antes de que el mismo Noah la notara.

-¿Estás bien?-la voz de Thomas sobresaltó a Noah, que le miró con los ojos confundidos, pues no le había esperado.

-Sí, si claro-se limpió el rostro.

Thomas lucía algo despeinado, lo cual era usual dado que se pasaba mucho las manos sobre el cabello cuando estaba escribiendo, despeinándoselo todo. Noah lo había notado.

-No lo estas-aseguró Thomas acercándose a él y con una servilleta limpiándole los ojos con delicadeza- ¿Qué te hizo llorar?-le preguntó de inmediato.

-No es nada, es solo lo de Angel-susurró.

Thomas asintió, entendiéndolo. Su hermanito también había sido joven como Angel cuando se suicidó.

-Lo siento mucho Noah, de verdad que lo siento-le abrazó Thomas, frotándole los brazos confortablemente.

-¿Por qué nadie hace algo por nosotros Thomas? ¿Por qué nadie nos defiende? –sollozó- ¿Por qué a nadie le preocupan nuestros derechos, el que seamos tratados como seres humanos y no como pedazos de carne, por qué nadie protesta por esas leyes inhumanas contra nosotros y aboga por derechos justos para nosotros?-sollozó Noah abrazándose a él y Thomas lo sintió como una bofetada, porque aunque Noah no le reclamaba a él, aunque solo estaba haciendo preguntas, a Thomas le cayó y muy bien puesto el sello.

A él no le gustaba como trataban a los donceles, opinaba que por culpa de esas estúpidas leyes su hermanito se había suicidado, opinaba que esas leyes eran retrogradas e inmorales, pero… ¿Qué había hecho para cambiarlas? Nada.

Continuará…