Pequeños Snippets de Tracy Elisabeth Anderson Hummel:

0 años: Su pequeño milagro

El día en que Tracy nació, el mundo de Kurt se iluminó. Era un día radiante y todo relucía. Cuando la enfermera le avisó que podía entrar a ver a su hija recién nacida, Kurt no cabía en si de la emoción. Abrazó a Rachel y le dio las gracias por todo lo que había hecho por ellos y corrió a ver a Tracy.

Cuando la tuvo en brazos por primera vez, la contempló extasiado. Ella era la bebé más preciosa del mundo. Tenía rizos castaños. No muchos, pero los pocos que tenía, eran igualitos a los de Blaine. El castaño la sostuvo y el tiempo se paró. Supuso que pasaron segundos y minutos, pero allí con su hija nada más importaba. Entonces, Tracy abrió los ojos y el mundo de Kurt pareció brillar aún más. Ella tenía los ojos igual de azules que los suyos. Era imposible.

Horas más tarde, cuando se lo comentaron, el doctor dijo que era un milagro. ¿Cómo era posible que ella hubiera heredado cosas de ambos padres? Técnicamente, solo uno podía ser el padre biológico de la niña… Nadie lo sabía y por ello, desde entonces, sus padres comenzaron a llamar a Tracy su pequeño milagro.

2 años: bebé escapista

Tracy tenía dos años. Blaine no podía creerlo. Su pequeña hija estaba a punto de dejar de ser un bebé neonato… ¿Cómo había pasado el tiempo tan rápido? Pensarlo le provocaba a Blaine nostalgia y emoción al mismo tiempo. A ese paso, pronto verían a Tracy entrar al colegio. Ella era cada día más preciosa. El pequeño tesoro de Kurt y Blaine. La luz de sus vidas. Y también la causa de su estrés. Todo había comenzado hacía una semana. Kurt estaba ensayando a diarios muchísimas horas para un nuevo espectáculo en Broadway. Él restaba en casa cuidando de Tracy y escribiendo partituras en sus ratos libres. Entonces, aquello había comenzado a ocurrir. Tracy había comenzado a escaparse de la cuna. Ella restaba allí, supuestamente dormida, Blaine se descuidaba un momento y al volver, su hija ya no estaba. Eso ponía de los nervios a Blaine. O su hija era una especie de niña con poderes mágicos (como cierto niño de las películas favoritas de Blaine con una cicatriz en la frente) o él era demasiado descuidado. Esperaba que fuera la primera.

El día anterior, Blaine casi se desmaya, cuando encontró a su niña pequeña, prácticamente en el jardín sola. Hacía tan solo unos minutos que había ido a la cocina a buscar el biberón de la pequeña y al volver… No estaba.

Blaine no podía más. Debía hacer algo. Salió de la habitación de puntillas y aguardó vigilante en la puerta. Hizo creer a Tracy que estaba sola y, entonces, con cuidado de no ser descubierto, espió a la niña desde el marco de la puerta lo que hacía para lograr escapar. Lo que vio lo dejó atónito: Tracy escalaba como Spiderman por los barrotes de la cuna y luego, al estar arriba del todo, bajaba agarrada a los mismos barrotes desde el suelo. Aquella niña era demasiado lista… (N. A. Aunque pueda parecer mentira, algunos bebés pueden hacer esto. Yo misma cuando era una cría era especialista en esta técnica. Mi madre tenía verdaderos quebraderos de cabeza por mi culpa…)

Blaine no tuvo más remedio que rescatar a su hija y llamar inmediatamente a su marido para explicarle la situación. Al cabo de dos días, compraron una cuna más alta para Tracy y reforzaron los barrotes y la seguridad de forma que no pudiera escapar. Su pequeño milagro era también algo traviesa…

4 años: padres e hijos

Kurt no podía creerlo. Su hija de cuatro años había vuelto con heridas en los brazos y las piernas y un castigo tremendo por meterse en una pelea en el parvulario.

Su bebé. Su pequeña cosita. Su niñita. Su muñeca. La cosita más preciada de Kurt y Blaine, había dejado un ojo morado a un niño dos veces mayor que ella en una pelea.

Al llegar a casa, llamó a Blaine. El moreno estaba igual de atónito que él. ¿Qué su hija había hecho qué?

Blaine se había reunido con un ejecutivo musical que pretendía utilizar algunas de sus canciones en la banda sonora de una nueva película y por eso no estaba en casa. Cosa que dejaba a Kurt a solas con su pequeña vándalo.

-¿Qué te hemos dicho papá y yo siempre de la violencia, Tracy?- le preguntó a su hija cuando ambos estaban sentados cada uno en un sillón de la sala mirándose.

-No está bien pegar a la gente…-Contestó Tracy con una expresión culpable mientras miraba hacia el suelo y movía las piernecitas nerviosa.

-Muy bien. Entonces, ¿podrías explicarle a papi por qué has pegado a Brandon?

La niña tardó un minuto en contestar.

-¡Ha empezado él!- Se excusó.

-Yo no te he preguntado eso y lo sabes. ¿Por qué le has pegado, Tracy?

-Brandon es malo. Carrie y yo estábamos jugando en el tobogán y él quería jugar allí solo. Carrie dijo que jugáramos todos. Brandon empujó a Carrie. Yo pegué a Brandon. Brandon me pegó y yo le pegué otra vez. Entonces vino la señorita.

Kurt se había quedado pensativo. Por una parte quería decirle a su hija que estaba bien querer defender a sus amigas pero que no debía pegarle nunca a otra persona…

-De acuerdo. Entiendo que quisieras defender a Carrie, Trace, pero deberías habérselo dicho a la señorita Thomas en vez de pegarle a Brandon. Lo que has hecho está mal y por ello, hoy no habrá televisión ni mañana tampoco.

Tracy agachó la cabeza de nuevo pero asintió. Si algo era Tracy, era una niña lista.

-Vale. Pero yo solamente hice como en el cuento. Carrie era una princesa, yo la salvé del monstruo.

6 años: princesa busca princesa

Todo ocurrió una noche cuando Tracy acababa de cumplir seis años. La niña permanecía acurrucada bajo las mantas y sus padres permanecían a su lado leyéndole un cuento. A todos les encantaba esa pequeña rutina. Kurt y Blaine, como buenos actores que eran, les encantaba representar los cuentos que contaban a su hija. Modulaban la voz y a veces hasta representaban las escenas. El cuento favorito de Tracy era la Bella y la Bestia, quizá porque como Bella, ella también era amante de los libros. Esa noche, Kurt era Bella (entre otros personajes) y Blaine era la Bestia. La noche anterior, Blaine había tenido que hacer de Blancanieves y Kurt de su príncipe encantador… Estaban acostumbrados. Tracy aplaudió al final, cuando ambos compartieron un beso y se rompió el encantamiento que mantenía a la bestia transformado en monstruo. Entonces, antes de que sus padres la pudieran mandar a dormir, Tracy preguntó:

-Papá, papi, ¿por qué en todos los cuentos que tenemos, los que salvan a las princesas son los príncipes? ¿Por qué no tenemos ninguno en que sean dos princesas? ¿O dos príncipes? ¡Pero mejor dos princesas! Me gustaría más…

Kurt y Blaine se miraron sorprendidos y compartieron una sonrisa. Podía ser que…

-Supongo que tu padre y yo no habíamos reparado en ello. Estos son los cuentos clásicos que teníamos cuando éramos pequeños. Pero tu padre y yo conocemos varias librerías muy especiales donde seguro que encontraremos cuentos con dos princesas o dos príncipes. También de príncipes que se convierten en princesas y al revés.

Los ojos de la pequeña Tracy brillaron de emoción.

-¿Podemos ir mañana?-preguntó emocionada.

Kurt y Blaine se miraron y rieron. El día siguiente era sábado.

-¿Por qué no?- Exclamó Blaine y la niña comenzó a dar palmadas.- Vayamos a buscar algún cuento donde una princesa busque princesa.

8 años: la llegada.

Tracy Anderson- Hummel tenía ocho años, y hacía un mes que tenía un nuevo hermanito.

Alfredo Anderson- Hummel era un bebé con una mata de pelo castaño claro sobre la cabeza y unos ojos del color de la miel penetrantes. Otro pequeño milagro para la familia Anderson- Hummel. Su madre, Quinn Puckerman- Fabray, se había puesto de parto dos días después de que Tracy cumpliera ocho años y el acontecimiento marcaría la vida de la pequeña niña para siempre.

Ella siempre había querido un hermanito y por fin tenía uno. Cada vez que sus padres cogían al pequeño en brazos, ella se acercaba para verlo de cerca. Le hacía caras, le daba besitos por toda la cara y lo hacía reír. No podía esperar al día en que el pequeño hablara por fin.

Ese día, pasó algo que dejó a Tracy muy feliz. Sentada en el sofá, sus padres le dejaron por primera vez coger a su hermano en brazos. Cuando el pequeño Alfredo restó en los brazos de su hermana, ella no tenía ojos para otra cosa que la pequeña criaturita. Era adorable, sus grandes ojos la miraban curiosos y su hermana mayor no podía despegar la vista de ellos. Entonces, la pequeña criatura, comenzó a llorar. Sin perder la calma, Tracy lo comenzó a mecer como había visto a sus padres hacerlo y pronto el bebé se calmó.

-Tranquilo, bebé. No te pasará nunca nada malo. Soy tu hermana mayor y te protegeré siempre.

El pequeño se quedó mirando a su hermana y, por primera vez, le sonrió.

10 años: Miedo a ser diferente

Tracy tenía miedo. Tenía diez años y sabía que era diferente. Lo había sabido desde hacía mucho tiempo, pero ahora acababa de ser consciente de ello. Se encontraba sola en el pasillo del colegio, era la hora de la comida. Sus amigos estarían en la cafetería. Ella había salido tarde de clase y tenía que ir allí sola. Hacía unos días que unas niñas mayores que ella la molestaban. Sabía lo que les había pasado a sus padres cuando eran jóvenes y no quería llegar a eso. Quería pararlo pero no podía.

De repente, sus peores pesadillas aparecieron. Comenzaron a meterse con ella y ella se quedó paralizada, como siempre le pasaba. No podía responder. Ella, tan hábil con las palabras, se quedaba sin ellas cada vez que aquellas chicas la atacaban.

Sabía que los tiempos habían cambiado. Por suerte, las cosas eran mejores que cuando sus padres estudiaban. Tracy intentaba contentarse. Solo eran unas niñas tontas. Eran pocas y el mundo ahora era más tolerante. Sabía que si reunía valor suficiente para contarlo podría pararles los pies enseguida pero no podía.

Entonces, ocurrió algo magnífico. Su mejor amigo Alan, alertado por las burlas y, seguramente, buscando a Tracy por los pasillos, había llegado a donde las chicas estaban acosándola y lo había oído todo. Inmediatamente, había envuelto a Tracy en sus brazos y la había protegido. Ella siempre se sentía segura con Alan. Era el primero, a parte de sus padres y su hermano, que había sabido que ella era diferente y siempre la había apoyado. Él era el prototipo de chico perfecto: alto, musculoso, capitán del equipo de futbol, castaño y popular. Todo el mundo quería ser su amigo, pero Alan era muy cuidadoso con los amigos que escogía. Había sido el primero en hablarle a Tracy al llegar a ese colegio y ella sabía que siempre estaría con ella.

La señorita Ramírez cruzó en ese momento el pasillo y Alan la llamó. Sin miedo, explicó de lo que había sido testigo. La señorita Ramírez le hizo unas cuantas preguntas a Tracy y reprendió a las chicas mayores. Las castigó y ellas no volvieron a molestarla más.

Ese día Tracy aprendió que en realidad el mundo si que había cambiado. Aún habían personas que pretendían hacer daño a todo aquello que era diferente (probablemente siempre las habría), pero por lo menos lo diferente era ya mucho más fuerte.

12 años: Papás, ya sé lo que quiero ser de mayor

Hacía cuatro años que Tracy había comenzado a escribir. Los días que había pasado en el hospital o en casa esperando la llegada de su hermanito, habían sido días libres en los que poder perder el tiempo horas y horas sin interrupción. La abuela Carole le había regalado una pequeña libreta con dibujos de unicornios que había enamorado a Tracy desde la primera vez que la había visto. Jamás había escrito por el simple placer de hacerlo hasta entonces. Se tiró en la alfombra del salón con un lápiz y su libreta y comenzó a escribir. Al principio, solo escribía sobre su vida. Escribió sobre cuando nació su hermanito, sobre cuando los abuelos la llevaron al parque de atracciones de Coney Island la primera vez, sobre cuando habían adoptado a su pequeño perro llamado Rex… Poco después, la pequeña se acostumbró a escribir y comenzó a inventar pequeñas historias. Había una que no dejaba de vagarle por la cabeza, pero siempre que intentaba escribirla completa, nuevas ideas surgían y no podía terminarla. Dos años más tarde, Tracy empezó a plantearse que quizá aquella historia, tenía que ser más larga que las demás. Quizá aquella historia se podría convertir en un libro real. Hablaba sobre la vida de Tracy, pero no todo era sobre ella. También contaba cosas sobre sus padres y su vida, sus carreras y todos sus logros. Hablaba también de su tía Rachel, de todos los tías y tíos que tenía repartidos por el mundo… Tracy acababa de decidir que quería ser escritora. Pero aún no se lo había contado a sus padres.

Tenía miedo de decepcionarlos. Sabía que probablemente fuera una tonta por pensar eso, pero algo dentro suyo estaba aterrado de que sus padres no aceptaran que no quisiera dedicarse a la música como ellos. O como su hermano, quien, con apenas cuatro años, acababa de comenzar a estudiar piano con su padre Blaine y con la habilidad nata que había demostrado con los instrumentos, Tracy estaba segura que acabaría convirtiéndose en músico profesional como su padre Blaine. Tracy, en cambio, era fatal con los instrumentos pero era un as con las letras. Fluían de su mente como una estela de magia infinita. Creaba historias fantásticas y tenía la capacidad de llegar a los corazones de la gente como sus padres con su música. Tracy quería hacer eso todos los días.

Un día en que sus padres estaban en casa, después del colegio, ella los reunió en la sala.

-Tengo que deciros algo.- Exclamó. Y lo confesó todo.

Cuando hubo acabado, sus padres la miraron con una enorme sonrisa en el rostro y la abrazaron. Tracy quería llorar de alivio.

-El arte es arte y siempre será arte, Trace.-Contestó Kurt con una enorme sonrisa.- Y estoy seguro de que serás una brillante escritora.

14 años: el tío Finn

Antes de los catorce años Tracy había oído hablar del tío Finn. Claro que sí. Sabía bastantes cosas de él, pero nunca se había interesado por el tema. Quizá era pequeña para comprender la gravedad de la muerte o simplemente, como en su casa nunca habían existido los tabús, estaba acostumbrada a oír de él y no hacerse preguntas. Lo mismo con su abuela fallecida. La abuela Elisabeth. Entonces, ella había cumplido catorce años y había hecho a sus padres contarle a ella y a su hermano todo sobre su tío Finn. Aunque Alfredo aún fuera pequeño, era muy listo para su edad, osea que también estaba interesado en conocer la historia del hombre del cual había heredado el nombre. Por algo Alfredo se llamaba Alfredo Finnian Anderson-Hummel. Al acabar de escuchar la historia, Tracy tenía clara una cosa: quería conocer a su tío Finn.

-Quiero conocer al tío Finn.-Pidió a sus padres.-Llevarme a visitarlo.

Era por ello, que semanas más tarde (durante las vacaciones de primavera), los Anderson-Hummel habían viajado hasta Lima para hacer una visita al Cementerio Municipal.

Tracy llevaba la camiseta de fútbol de su tío puesta. Will Schuester se la había regalado a Alfredo al nacer, pero él aún era demasiado pequeño para llevarla. También llevaba un ramo de flores en la mano izquierda.

Avanzaron entre las tumbas hasta llegar a la correcta.

Sus padres se acercaron y Tracy y su hermano se mantuvieron al margen hasta que estos volvieron. Entonces fue el turno de Tracy. Soltó la mano de su hermano, que restó con sus padres en un banco cercano y se acercó. Depositó las flores sobre la tumba de su tío y se arrodilló. La tumba tenía una foto de Finn sonriendo. También había flores, cartas y de todo que los amigos y familiares del fallecido quarterback habían dejado en el lugar.

-Hola, tío Finn.- Le susurró Tracy al sepulcro.- Me llamo Tracy. Soy tu sobrina y estoy muy emocionada de conocerte por fin. Hace mucho que se de ti, pero nunca me había interesado tanto por tu historia hasta hace poco. Debo añadir que nadie de la familia te ha olvidado. Ni papá, ni papi, ni la abuela, ni el abuelo, ni la tía Rachel. Ninguno de ellos. Aún eres parte de la familia. No llegué a conocerte y eso me pone triste. Pero he escuchado muchas historias sobre ti. Sé que eras el pegamento que unía el Glee Club al que papá y papi pertenecían. También sé que eras un gran hombre y un gran hermano para papá. Ha pasado mucho tiempo, pero sé que él tampoco te ha olvidado y que aunque a veces el corazón le duela un poco al pensar en ti, te recuerda como el mejor hermano del mundo. Estoy muy orgullosa de que mi propio hermano lleve tu nombre. Te prometo que nunca te olvidaré. ¿Sabes una cosa? Voy a ser escritora. De hecho, llevo prácticamente toda mi vida escribiendo un libro y hace poco que añadí tu historia en él. Cuando sea mayor lo publicaré y así todo el mundo conocerá tu historia. Así siempre habrá alguien que te recuerde. Siempre.

Tracy dejó de hablar y le lanzó un beso a la foto de su tío a modo de despedida. Se dirigió hasta donde estaban sus padres y, ellos junto a su hermano, se fundieron en un abrazo grupal. Tras eso se dirigieron a la tumba de la abuela Elisabeth. A ella también tenía tantas cosas que decirle…

16 años: Jane

Tracy conoció a Jane en el lugar más inesperado: su librería favorita. Estaba agarrando un libro que quería comprar de unas de las estanterías, cuando otra mano intentó agarrarlo también. Ella se dio la vuelta y se encontró a la chica más hermosa que había visto jamás. Ella era pelirroja, con la cara espolvoreada de pecas y ojos iguales que los suyos. Compartieron una mirada y eso fue todo. Quedarían conectadas para siempre.

-Para ti.-Cedió Tracy.- Lo he leído millones de veces. Solamente lo quería comprar para tenerlo en casa. Pero puede esperar.

Jane le sonrió. Al final Tracy acabó pagando el libro y regalándoselo a Jane. Jane, por su parte la invitó a café. Siguieron intercambiado tardes de cafés, paseos por el parque y tardes de compras con la escusa de que se debían favores la una a la otra. En realidad, las dos sabían que eran escusas para verse. Habían compartido información, números de teléfono y correos. Y entonces un día, en una escapada a la misma librería donde se habían conocido, Jane besó a Tracy. Ese fue el principio de una hermosa relación. Jane quería ser periodista, pero compartía el gusto por la lectura que Tracy. Siguieron haciendo lo mismo que hacían: salir a pasear, quedar en la cafetería… Pero a partir de entonces podían llamarle a eso que hacían citas. De repente un día, cuando llevaban un mes, Jane le propuso conocer a sus padres. Kurt y Blaine intuían que su hija estaba saliendo con alguien, pero no sabían nada. Tracy accedió a ir a casa de Jane a cenar, si días más tarde la pelirroja iba a la suya. Hicieron un pacto y Tracy conoció a sus suegros. No fueron groseros con ella, pero eran demasiado serios y regios para el gusto de Tracy. No le quedó del todo claro si aprobaban del todo que su única hija saliera con otra chica, pero no le importó. Eso le ayudó a relajarse. En comparación con eso, la velada en su casa sería genial.

El día llegó. Picaron a la puerta y Kurt y Tracy fueron a abrir. Blaine estaba en la cocina preparando la cena y Alfredo arriba con su guitarra. Al abrir la puerta se encontraron con Jane que llevaba un vestido parecido al de Tracy pero de color aguamarina. La invitaron a pasar. Tracy le presentó su novia a su padre:

-Papi Kurt, esta es Jane Matthews. Mi novia.

Contrariamente a lo que Tracy esperaba, Kurt envolvió a Jane en un caluroso abrazo. La chica se lo devolvió sonriendo.

-Jane, bienvenida a la familia.- Dijo Kurt después de separarse. Y a continuación gritó.- ¡Blaine, Alfredo, bajad! ¡Hay alguien a quien debéis conocer!

Tanto su hermano como su padre, imitaron el saludo de Kurt. Y cuando los cinco se sentaron a la mesa, compartiendo historias y risas, Tracy agradeció al mundo por tener a los dos mejores padres del mundo.

18 años: la historia de Tracy Elisabeth Anderson-Hummel

El año en que Tracy Anderson-Hummel cumplió dieciocho años fue importante por varias razones. No solo entró a la Universidad que quería y le pidió a Jane que se fueran a vivir juntas (su novia aceptó), si no que, por fin, después de años de duro trabajo, publicó su primer libro.

El día de la presentación de dicho libro, fue uno de los mejores días en la vida de Tracy. Dicho acto se celebró el día del cumpleaños de Kurt en una de las librerías de Little, Brown en Nueva York. Cuando Tracy subió a la tarima desde donde presentaría el libro por primera vez en público y contempló a los asistentes en sus asientos, no pudo sentirse más orgullosa. En primera fila se encontraban sus padres, elegantemente vestidos junto a su hermano. Un preadolescente muy bien vestido de ojos penetrantes y pelo sedoso. Tracy sabía que en el futuro, su hermano sería muy popular entre chicos y chicas. También estaba su novia, con una sonrisa orgullosa en el rostro y más hermosa que nunca, sentada junto a su mejor amigo Alan. Vislumbró a sus abuelos, tías y tíos (que habían venido desde todos los rincones del mundo para presenciar ese momento), a sus suegros, sus amigos… Y gente a la que no conocía y había venido atraída por la buena prensa que había cosechado el libro. Tracy no cabía en si de gozo y sabía que su vida no acababa más que de empezar. Era feliz y se sentía completa. Entonces llegó su turno para hablar:

-Bienvenidos a todos a este acontecimiento tan importante para mí. No puedo agradeceros suficiente vuestra presencia hoy aquí. Este restara en mi memoria como uno de los mejores días de mi vida. El libro que hoy presento es más que un libro para mí. En él se recogen las historias de muchas de las personas que me rodean. Gente que ha hecho historia, y gente que pretende hacerla en un futuro. Quise compartir lo que más me apasiona con el mundo desde hace mucho tiempo. La escritura y las palabras, y la gente que me rodea. No tengo mucho más que decir. Me llamo Tracy Elisabeth Anderson- Hummel y esta es mi historia.

N. A. Hola, chicos y chicas. No puedo explicar con palabras lo mucho que he disfrutado escribiendo esta pequeña colección de snippets de los Anderson-Hummel. Este es el fic más largo que he escrito en mi colección de one-shots hasta ahora y me siento muy orgullosa de él. Creo que ha quedado bastante bien. ¿Qué pensáis? Bueno, me gustaría dedicarlo a la chica que me pidió hacerlo. Gracias . Me lo he pasado en grande escribiéndolo. Nunca me había planteado convertir en una historia ninguno de mis one-shots, pero si tuviera que elegir uno, sin duda sería este. La historia de Tracy Anderson ha salido de mi por sorpresa y me ha encantado… ¿Alguien estaría dispuesto a leerlo si me atreviera a hacer esa locura? Quizá escribir el libro que Tracy presenta o dedicarle a cada uno de sus años de vida un capítulo completo… Son ideas de futuro que no sé si algún día realizaré… Quizá si la propuesta triunfara. Bueno, el mes que viene volveré con otro fanfic. Esta vez de: . Dedicado a . Espero vuestros votos y comentarios.

Besos,

Anna

Klaine_is_my_life_forever