Los personajes de Twilight no me pertenecen, y la historia tampoco, es de Cella Ella; solo me adjudico la traducción, la cual la hago con el respectivo permiso de la autora.
En medio del capítulo van a aparecer unos numeritos, los cuales corresponden a una canción. A continuación le dejo los link (agreguen el al inicio).
(1) Tiago Iorc ― My Girl: /watch?v=DppBhl4_fJc
(2) Norah Jones ― Thinking about you: /watch?v=wE4lnC25fnU
Capítulo 21 ― El presente
Edward's POV
Los días que siguieron a aquel en el que Bella y yo tuvimos nuestra pequeña discusión pasaron agitados, caóticos sería la palabra más apropiada para describirlos. Todos en la ciudad terminaron sabiendo de mi admisión a Harvard, y venían a felicitarme por la buena nueva; mis tíos estaban eufóricos, no veían la hora de verme estudiando en un sitio en el que siempre soñé estar.
También estaba feliz, pero no totalmente. Bella aún me preocupaba, estaba cada vez más distante. Nuestro noviazgo continuaba firme, pero sentía que estábamos perdiendo algo, y yo no quería perderlo. Quería a Bella a mi lado.
Fue por eso que tomé la decisión más importante de mi vida. Y contaba con una aliada más que especial para ayudarme en esa ardua tarea: Alice.
―Bella, ¿qué quieres de cumpleaños? ¡Es pasado mañana! ―Alice murmuró, moviendo la cadera. Estábamos en la cafetería, al lado de Ángela y Mike.
Cath, por algún motivo extraño que no sabía cuál era, se había apartado de Alice, y ahora se sentaba con Jessica y los populares de la escuela. Era extraño pensar que hace casi un año atrás yo andaba con esas personas. ¿Cómo logré hacer eso? ¿Cómo conseguí soportar tremenda frivolidad? Qué bien que había descubierto a Bella.
Bella. Ella ahora rolaba los ojos, llena de irritación apenas oía a alguien preguntar sobre su cumpleaños.
―¡No, Mike, ya dije que no quiero fiesta! ―renegó casi con rabia, y suspiró profundo antes de beber un gran trago de jugo.
―¡Ay, Bella, para de arruinar nuestros planes! Deja que conmemoremos tu cumpleaños. ¡No todos los días alguien cumple 18 años! ―Mike insistió, y vi a Bella bufar de odio, claramente disgustada con esa charla.
―Voy a repetir por última vez lo que vengo diciendo desde hace días: ¡NO quiero conmemorar ninguna mierda de cumpleaños! ¡No tengo motivos para eso! ―gritó, asustando a todo el mundo.
Bella andaba demasiado nerviosa, y gran parte de su nerviosismo se debía al hecho de que nuestra graduación era dentro de un mes. Eso también estaba malhumorándome.
―Wow, ¡Cálmate, Bella! Sólo pensé que…
―Está bien, Newton, Bella sabe que no querías hacerla enojar ―sisee y pasé los brazos alrededor de los hombros de Bella, obligándola a encararme. Sus ojos chocolate me miraban con una puntada de culpa, al mismo tiempo que sus dientes apretaban sus rosados labios, en una señal obvia de nerviosismo.
―Sí… discúlpame, Mike ―Bella murmuró sin mucha convicción.
―Está bien, Bella, olvídalo. Si no quieres fiesta, te entendemos ―dijo Mike y soltó una risita sin humor, visiblemente incómodo. Ese nerd se moría de miedo al ver a Bella perder la paciencia y tirarse encima de él.
―Bien, aunque no quieras una fiesta vas a tener que contentarte con tener una. Edward…
―¡Alice! ―grité con furia apenas oí a la fina voz de la pulga infernal, que llamaba hermana, hacerse eco por la cafetería. Alice tenía la boca demasiado grande y se le había acabado de aflojar la lengua.
Bella se giró lentamente para mirarme y después preguntó:
―¿Edward, que estás planeando?
Sonreí sin humor y vi que todos en la mesa nos miraban con atención. Bella estaba con el rostro rojo de rabia.
―Nada, Bella, son idioteces de Alice.
―Sí, Bella, soy una idiota ―mi hermana dijo muy nerviosa.
―Ah, ¡pero de eso ya estaba segura! Ustedes creen que me engañan, ¿verdad? ¡Se les nota en la cara que los dos están tramando algo! ¡Edward, es mejor que me digas ya lo que estás planeando, o te juro que no respondo por mí! ―Bella ordenó y me miró de una manera que oscilaba entre la curiosidad y la rabia.
―¡Edward está organizando una cena romántica para ustedes, para conmemorar el día de tu cumpleaños, Bella! ―Alice soltó de borbotón y la fusilé con la mirada.
―¡Maldito pedazo de gente, nunca más confío en ti! ―gruñí, girándome hacia Alice.
―Discúlpame, Edward, pero Bella te iba a sacar la verdad de cualquier manera. Y por la cara con la que te estaba mirando, era capaz de darte un puñetazo ―Alice se burló y la miré a la cara, enojado.
―¡Ay, qué lindo! ¿Me vas a decir que no te gustó saber que vas a tener una cena romántica, Bella? ―Ángela preguntó, haciendo que todos la miráramos. Ángela era la más callada del grupo, lo opuesto de Alice. De vez en cuando hasta me olvidaba de como era su voz, eran grandes los periodos que se quedaba sin pronunciar una sola frase.
Bella me miró por algunos segundos ―ignorando a Ángela― que volvió a concentrarse en su almuerzo.
―¿Eso es verdad, Edward? ¿O es solo una forma de despistarme de lo que en realidad están armando contra mí? ―Bella desconfiaba hasta de su propia sombra.
―Es eso, amor. Estaba pensando en hacer una cena en el jardín de mi casa, solo para nosotros dos ―sisee rendido, sabiendo que no había opción de mantener una sorpresa cuando se tenía a una hermana tan lengüilarga como Alice.
La sonrisa que salió de los labios llenos de Bella me hizo mirarla sorprendido.
―¿Qué pasó? ―pregunté y su sonrisa se ensanchó, casi al punto de rasgar su rostro en forma de corazón.
―Adoré la sorpresa ―murmuró, abrazándome con cariño.
Miré a Alice con sorpresa, y todo lo que recibí de mi hermana fue un guiño.
―Gracias, amor. Solo por causa de esa cena voy a poder celebrar el día de mi cumpleaños ―dijo Bella, besándome con cariño en los labios.
Aún estaba sorprendido por el hecho de que había dado en el clavo.
―Y entonces, ¿también estamos invitados a esa cena? ―Mike soltó, e inmediatamente recibió una mirada furiosa de Bella.
―Lo lamento, Newton, pero esa cena es solo para dos ―murmuré, haciendo que Alice soltara una carcajada alta.
―¡Déjalo, nerd! Deja de querer ser el metiche en cuanta conmemoración haya. ―Mike la miró con rabia y eso solo hizo que todo el mundo en la mesa riera, inclusive Ángela, la más callada.
―Disculpa, Mike, pero en esta conmemoración vas a quedar fuera. ―Bella sonrió y recostó la cabeza contra mi hombro―. Gracias una vez más, amor ―susurró en mi oído, cuando todo mundo estaba concentrado en molestar a Mike.
―No necesitas agradecer nada. Me hace feliz que te haya gustado ―sisee y besé el tope de su cabeza, haciéndola suspirar contra la piel expuesta de mi cuello.
―¿A quién no le gustaría?
―Hum… es verdad, ¿a quién no le gustaría? ―concordé y no contuve la risa al verla rolar los ojos.
―¡Creído!
Apreté la punta de su nariz y ella intentó morder mi mano; en cada lado de sus mejillas suaves había dos grandes bolitas rojas que dejaban a su rostro de corazón aún más adorable.
―Admítelo Bella Swan, ¡soy el mejor novio del mundo! ―Hizo una mueca que le arrugó la nariz de botón, pero después rió.
―Eres el mejor novio mío del mundo.
Mi carcajada se hizo eco por la cafetería, haciendo que todos se voltearan hacia nuestra mesa.
―Te amo, creído ―murmuró y cubrió a mis labios con un beso tierno.
―También te amo, sexy. ―Fue su turno de carcajearse.
―Ey, ustedes dos, ¿Qué tal si comparten la broma con nosotros? También quiero reírme un poco ―dijo Alice, llamando nuestra atención.
―¡Para que necesitas de bromas si tienes a Newton frente a ti! ―contesté y todo el mundo volvió a reír, con excepción de Mike.
―Me lo merezco. Ahora voy a tener que aguantar las bromas de un playboy como Cullen ―Mike siseó, rolando los ojos.
―No hagas drama, Mike. Sabes que te amamos, ¿lo sabes? ―Alice sonrió, pellizcando la mejilla de él, quién gimió de dolor.
―¡Te amamos, Mike! ―Bella repitió en medio de una carcajada que hizo que el nerd rubio se sonrojara con fuerza.
Como era de bueno oír a Bella riéndose; me harían falta esos momentos a su lado. Me haría falta su risa, la manera como me mira, dejando al descubierto cada sentimiento que había dentro de ella.
Y era por eso que había tomado mi decisión.
Solo iría a Harvard con Bella a mi lado. Y no estaba dispuesto a retroceder en aquella decisión.
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Bella's POV
Quería y no que mi cumpleaños llegara.
Lo quería por la cena que Edward estaba organizando, realmente deseaba tener un momento a solas con él, estar a su lado lo máximo que pudiera, ya que en poco todo estaría acabado. No quería que mi cumpleaños llegara por el simple hecho de que odiaba estar de cumpleaños, detestaba que todo el mundo me adulara, revoloteara a mí alrededor…, eso era demasiado aburrido.
Estaba acostada en mi cama, mirando hacia el techo, teniendo claro que al día siguiente estaría un año más vieja. Era increíble pensar en las cosas que habían pasado en ese año que estaba casi acabando.
Mis peleas con Edward mágicamente se transformaron en una atracción mutua, lo cual nos llevó a una pasión arrebatadora que ahora se había convertido en amor. Tan rápido y abrumador que a veces me asustaba.
Sonreí al pensar en todo lo que vivimos en esos pocos meses de convivencia. Al comienzo de la relación, las peleas que envolvían a Jessica, el accidente del carro, nuestra primera noche, nuestro primer viaje…
Muchas cosas habían pasado, pero muchas cosas aún podían pasar, si no fuera por el hecho de que, en más o menos dos meses, Edward se mudaría a otro estado para estudiar derecho.
Solté un largo suspiro y me senté en la cama, demasiado abatida con esos pensamientos. Miré el reloj que estaba sobre el buró al lado de mi cama, y me llevé un susto al fijarme en la hora: 3:30 de la mañana.
¡Dios Mío, necesitaba dormir, tenía que estar de pie a no más tardar las ocho! Me pasé las manos por el cabello, recordando el día que besé a Edward por primera vez, después del estúpido rumor sobre mi sexualidad. Mirar al pasado tan distante solo aumentaba la certeza de que lo amaría por el resto de mi vida, aunque nunca más nos viéramos.
Aunque me casara con otro hombre, que tuviera hijos con ese hombre, que pasara la vida entera con él, sería siempre Edward a quien amaría. Era extraño pensar en eso, ya que era muy nueva en los asuntos del corazón.
Sabía que eso podría cambiar de la noche a la mañana, me podría enamorar locamente de otra persona, en un solo parpadeo todo estaría acabado. Pero algo dentro de mí me decía que mi sentimiento por Edward nunca cambiaría, y eso me dejaba aún más triste. Era en momentos como estos que quería que ese sentimiento dentro de mí fuera solo deseo y nada más.
Me levanté de la cama y miré hacia la lluvia fina que caía en Forks. Abrí la ventana del cuarto y dejé que el frío habitual de la ciudad invadiera mí cuarto, pegándome con un brisa de aire muy helada en el rostro, solté una carcajada al sentir las gotas de agua tocar mis mejillas. Miré hacia la calle y me quedé un buen rato pensando en el cambio que mi vida sufriría a partir del momento en que Edward se mudara de Forks.
Edward representó el cambio más drástico en mi vida, él me había cambiado en varios sentidos, me había hecho ver las cosas de una forma diferente. Ya lograba demostrar lo que sentía con más naturalidad, ya lograba llorar en frente de las personas sin parecer débil o incapaz de luchar.
Y lo iba a perder así, tan repentinamente.
Solo me di cuenta que estaba llorando cuando sentí el sabor salado invadir mis labios. Sonreí un poco asombrada y después me enjuagué los ojos, limpiándome también las mejillas que estaban mojadas de agua lluvia. Cerré la ventana y me recosté de nuevo en la cama, sin conseguir dormir nuevamente.
Un deseo incontrolable me invadió y tomé mi celular de al lado de la cama, marcando con ansiedad el número que ya conocía de memoria. El teléfono timbró algunas veces, y ya estaba comenzando a perder la esperanza cuando oí la voz que tanto ansiaba escuchar.
―¿Bella? ―El timbre ronco estaba aún más acentuado por culpa del sueño, e inmediatamente me sentí mal por despertarlo.
―Discúlpame por despertarte así, Edward…
―¿Pasó alguna cosa, amor? ―preguntó súbitamente, muy inquieto. La forma cómo se preocupaba por mí me hizo sonreír encantada, y también morderme los labios para controlar una nueva ola de llanto que intentaba liberarse en lo alto de mi garganta.
―No pasó nada, amor, discúlpame, pero necesitaba decirte una cosa… ―murmuré, soltando en seguida un suspiro largo y pesado que cortó a la mitad de camino el resto de la frase.
―¿Qué quieres decirme?
―Que te amo y que aunque pases cien años lejos de mí voy a estar aquí, esperándote. ―Las palabras salieron rápidas de mis labios y jadee cuando al fin logré completar lo que pensaba.
Oí un suspiro del otro lado de la línea y después todo se quedó en silencio. Perdí la respiración, esperando por una respuesta que se demoró algunos segundos ―segundos que más parecieron años―.
―También te amo, Bella. Y no te preocupes, no sería lo bastante loco como para pasar cien años lejos de ti ―murmuró en una voz extremadamente gentil, y eso solo sirvió para desatar el llanto que luchaba por contener en mi pecho.
―¿P-por qué… por qué tiene que ser así, E-Edward? ―pregunté en palabras quebradas por los sollozos que emergían sin control.
Él respiro con fuerza contra el celular y después habló muy calmadamente:
―Confía en mí, amor. Te prometo que voy a resolver esta situación. ―Me pasé las manos por el cabello, intentando controlar las lágrimas que insistían en escapar de mis ojos.
―¿Qué piensas hacer?
―Solo confía en mí, Bella. Confías en mí, ¿verdad?
―Sabes que sí.
La carcajada que escapó de sus labios generó un calor agradable que recorrió todo mi cuerpo. Sentí unas ganas enormes de abrazarlo en ese momento.
―Entonces dame un tiempo. Prometo pronto resolverlo todo ―siseó y cerré los ojos, respirando largamente.
―Te amo ―era todo lo que quería decir. Por mí me quedaría repitiendo esa frase por el resto de mis días, sin importarme en lo más mínimo si eso me hacía parecer una boba e idiota. Era una boba, idiota, e irremediablemente enamorada de ese hombre.
―También te amo. Mucho. Ahora descasa, mañana será un día agitado para ti.
―Está bien. Buenas noches, amor. ―Sonreí bobamente, sintiéndome leve como una pluma.
―Buenas noches, Bella. Descansa ―dijo y en seguida colgó el celular, sintiendo la tensión que masacraba a mis músculos desaparecer poco a poco. La voz de Edward servía como un calmante para mí.
Apenas coloqué la cabeza en la almohada el sueño me dominó con fuerza, y después me perdí en la oscuridad, llevada por las imágenes de un chico irritante que con solo una mirada me desconcentraba y me tenía enteramente a sus pies.
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El día amaneció muy oscuro, con nubes grises cargadas de lluvia cubriendo por entero al cielo de Forks.
Me levanté con calma y me fui hacia el baño, sin muchas ganas de salir de cama. El día lo podría muy bien pasarlo rápidamente y solo pararlo en la noche, cuando estuviera al lado de Edward.
Odiaba tener cumpleaños, y aún más odiaba cundo esa fecha caía en un fin de semana. Sí, mi cumpleaños había caído en un sábado. Realmente no merecía todo eso.
Salí del baño y me paré en medio del cuarto al ver un paquete encima de la cama, todo envuelto con lazos y cintas coloridas. A esa hora de la mañana la sorpresa solo podía ser obra de una persona: Charlie. Mi papá sabía que odiaba tener regalos de cumpleaños, pero siempre encontraba una manera de hacer que los aceptara.
Cogí el paquete y lo abrí lentamente, intentando enmascarar la curiosidad que brillaba en mis ojos. Sonreí al ver lo que estaba bajo el envoltorio: era mi foto preferida al lado de papá cuando era aún una niña. Estaba en el regazo de Charlie y él me sonreía. Mi sonrisa era amplia y mis ojos brillaban intensamente.
La sonrisa pegada a mis labios se volvió aún mayor al contemplar la foto, y contornee con dedos temblorosos la montura trabajada del portarretratos.
―Sé que esa es tu foto favorita, por eso mandé a colocarle un marco nuevo. El antiguo ya estaba muy desgastado ―la voz de Charlie invadió mi cuarto e hizo que mi corazón saltara de felicidad.
Me giré hacia él y sonreí, agradecida.
―Muchas gracias, papá. No necesitaba…
―¡Ya, Bells, es tu cumpleaños! ¿Crees que lo iba a dejar pasar en blanco? ―Charlie preguntó, abrazándome tiernamente
―Hum, eh, gracias, papá.
―¡De nada, querida! ¿Lista para el desayuno? ¡Hice waffles! ―papá informo en una voz alegre, y no contuve la carcajada que escapo de mis labios. Waffles era la único que Charlie sabía hacer en la cocina.
―¿Waffles? ¡Eso es un golpe bajo, papá! ―sisee, colocando el portarretratos encima de mi cama mientras abría mi guardarropa.
―La ocasión lo merece ―respondió, ya caminando hacia la puerta del cuarto―. Voy a dejar que te arregles.
―Bajo en cinco minutos.
―Sin prisa. ―Charlie me sonrió antes de salir del cuarto. Me cambié de ropa rápidamente, y cuando iba a salir del cuarto oí el timbre estridente de mi celular, anunciando que había recibido un mensaje.
¿Todo listo para la noche? ¡Alice pasará por tu casa en un rato para entregarte tu regalo! Quiero que esté todo perfecto para nuestra cena.
Te amo. E.
Me carcajee como una idiota y role los ojos cuando terminé de leer el mensaje. Poco después recibí otro mensaje que me hizo carcajear con más fuerza.
¡Qué idiotez la mía! Me olvidé desearte un feliz cumpleaños. Bien, ¡feliz cumpleaños! ¿Ya dije que te amo? Te amo. Mucho. Hasta la noche.
Te amo, sé que ya lo dije, pero nada me cuesta repetirlo. Te amo.
Cerré el celular sonriendo como una niña que acaba de recibir la visita de Papá Noel, y después salí del cuarto, aún con una sonrisa en los labios, reflejo puro de las actitudes de Edward.
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Edward's POV
―Alice, ¿estás segura que eso no es demasiado exagerado? ―pregunté mientras observaba a mi hermana arreglando el jardín con pequeñas luces que se asemejaban a esas de tipo asiático.
―¡Quédate quieto, Edward! No sabes nada ―Alice refunfuñó mientras se colgaba en un árbol, exhibiendo una sonrisa amplia y un tanto petulante.
El pequeño ser de cabellos revueltos estaba ahora de cabeza y amarraba las luces en las puntas de los árboles poco frondosos. Sus movimientos eran ágiles y de vez en cuando me lanzaba miradas triunfantes y guiños, que solo me hacía reír en respuesta.
―¡Alice, querida, ten cuidado! ―Esme gritó desde la puerta de la casa, apenas se dio cuenta de las pericias de Alice.
―¡No se preocupe, tía! ¡Estoy bien! ―la pequeña respondió y saludó a nuestra tía, sonriéndole ampliamente. Esme soltó un suspiro de preocupación y siguió a Alice con la mirada, asustada al ver a mi hermana equilibrándose por entre los tallos de los árboles del jardín.
Sonreí ante el comportamiento de Alice, estaba mucho más conmovida de lo que la misma Bella, con certeza, estaría cuando viera lo que estaba reservando para esa noche. Metí la mano al bolsillo y toqué la cajita de terciopelo que estaba dentro, cerciorándome que aún estaba ahí. Suspiré y me giré para mirar los malabarismos de la pulguita que saltaba por los árboles en esa tarde gris.
―Bella va a adorar toda esa sorpresa, querido ―Esme siseó a mi lado y sonreí al oírla.
―Sí, se lo merece ―murmuré observando a Alice, que ahora corría de un lado para otro, probando las luces que acababa de instalar.
Mi hermana odiaba que alguien intentara entrometerse en aquello que planeaba, adoraba hacerlo todo a su manera, y odiaba contar con la ayuda de cualquier persona, fuese quien fuese.
―Gracias por dejar que haga esta cena aquí, en el jardín ―agradecí, girándome hacia mi tía.
―Edward, no necesitas agradecerme. La casa es tuya también, tienes derecho a usarla ―Esme respondió, envolviendo mis manos entre la suyas―. Solo estoy preocupada por la lluvia. ―Sus ojos se alejaron de los míos y miraron al cielo lleno de nubes cargadas.
―No se preocupe, tía. Alice ya pensó en eso ―sisee y apunté hacia la tienda que había sido instalada al fondo de la casa, una precaución de Alice en caso de que la lluvia apareciera e intentara arruinar la noche.
―Alice es muy brillante. ―Esme sonrió y volvió su atención a mi hermana ―que en ese momento parecía certeramente una pulga, brincando animadamente por el jardín―.
―Lo sé.
―¿Edward, a qué hora quieres que vaya a entregarle el regalo a Bella? ―Alice gritó mientras arreglaba la mesa de la cena que estaba estratégicamente instalada en el centro del jardín, cerca de dos grandes rosales cargados de flores.
―No lo sé, Alice, a las seis sería lo ideal ―respondí y la vi dar una rápida mirada al reloj que rodeaba a su pulso delgado.
―Buena hora. ―Caminó hasta donde estaba yo, sin perder la sonrisa de los labios.
La tarde ya estaba cayendo, y pronto el cielo estaría completamente negro. Realmente esperaba que la lluvia diera una tregua por esta noche, que deseaba fuera perfecta.
―¿Y entonces, quieres ver cómo quedó? ―Alice preguntó, volteando sus ojos hacia Esme y yo.
―¡Hazlo ya, Alice! ―sisee impaciente, y ella roló los ojos antes de apretar un botón del control remoto que tenía entre sus pequeñas manos.
El dispositivo accionó todas las luces que estaban dispersas por todo el jardín, que de pronto pareció cobrar vida. La iluminación privilegiaba la parte central y daba un color más brillante a las grandiosas rosas. Esme soltó un suspiro de sorpresa y sonreí, girándome hacia Alice.
―¡Pulguita eres maravillosa! ―Envolví su cuerpo pequeño y la alcé en brazos, arrancando una carcajada de Esme, que observaba la escena llena de orgullo.
―¡Bájame, Edward! ―Alice refunfuñó al mismo tiempo que distribuía palmaditas en mis hombros.
―No sin antes cubrirte de besos. ―Me llevé unos golpecitos más mientras trazaba sus mejillas rosadas con los labios. Esme se carcajeó con entusiasmo mientras Alice dejaba los gruñidos de lado para soltar grititos de alegría.
―Gracias, Alice ―sisee apenas la coloqué de vuelta en el suelo.
―No fue nada, hermanito. ¿Y entonces, me vas a contar el resto de la sorpresa?
―No. ―Alice roló los ojos y después me lanzó una mirada de súplica.
―Eso no es justo. ―Arrugó su rostro delicado, y sonreí mientras tironeaba una mecha de su cabello corto, lo que la hizo bufar de rabia.
―Secreto es secreto, pulguita. ―Le guiñé y ella hizo una mueca que más parecía pertenecer a una niña mimada.
―Ya, ya, sé que solo estoy perdiendo mi tiempo con eso. Me voy a la casa de Bella.
―Hasta pronto, Alice ―me despedí al verla caminar rumbo al carro de Emmett; adoraba manejar la máquina del primo, aunque el carro fuera demasiado grande para ella.
―Conduce con cuidado, querida ―Esme previno al ver como Alice sacaba el carro del garaje.
―Tranquila, tía ―Alice se despidió antes de salir rumbo a la casa de Bella.
―¿Y a mí no me vas a contar el secreto? ―Esme preguntó apenas nos quedamos solos en el jardín.
―Lo siento mucho, tía Esme, pero secreto es secreto y no lo revelaré ni bajo tortura.
―¡Estás siendo muy malo, Edward! ―me lanzó una mirada con falso enojo, y en seguida me haló hacia un abrazo cariñoso, como una madre haría, como lo que era Esme para mí: mi mamá.
―Las mujeres de la familia Cullen están volviéndose muy curiosas ―comenté mientras caminábamos hacia el interior de la casa.
―Y los hombres de la familia Cullen están volviéndose muy misteriosos ―Esme completó, haciéndome carcajear.
―Es necesario, tía. Eso es necesario.
Ese secreto solo sería revelado en el momento correcto, para la persona correcta.
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Bella's POV
Estaba recostada al lado de Charlie mirando la TV cuando oí el ruido de un carro siendo estacionado en frente de mi casa. Ya sabía quién era.
―¿Vas a salir, Bells? ―Charlie preguntó al ver que me levantaba del sofá.
―Sí, papá, Edward va a hacer una cena para los dos ―murmuré mientras caminaba en dirección a la puerta.
―¿Cena? ¿Solo ustedes dos? ―inquirió y alzó una ceja llena de desconfianza. Me controlé para no rolar los ojos en aburrimiento.
―Sí, pero antes de que piense alguna cosa sobre eso le voy avisando que la cena será en la casa de Edward. Por lo tanto, no hay motivos para preocuparse ―sisee y abrí la puerta en el exacto momento en que Alice se preparaba para tocar el timbre.
―¡Felicidades, amiga! ―gritó, bastante animada y empujó una enorme caja color rosa contra mi pecho. Quise acompañar las acciones aceleradas de mi amiga, pero fue en vano. Suspiré alto y me dejé abrazar por los brazos delgados y extremadamente delicados de Alice.
―Ese es el regalo de Edward. El mío está en casa, te lo entrego cuando lleguemos allá ―explicó cuando bajé los ojos para mirar el paquete demasiado rosa para mi gusto. Alice mostró una amplia sonrisa cuando fruncí la nariz, un poco disgustada y claramente enojada con la situación.
―Sabes que no necesitas…
―Sabes que necesito, entonces es mejor que te quedes callada. No tengo tiempo de estar escuchando esos lamentos sobre como odias que te regalen cosas y bla, bla, bla ―siseó mirándome fijamente―. Ahora anda, vamos pronto a tu cuarto porque necesito dejarte impecable y tengo poco tiempo para eso.
―¿Cómo es eso? ―Fruncí la frente en confusión.
Alice ignoró mi pregunta arrastrándome puerta adentro, y solo se detuvo para saludar a Charlie, que nos miró con una cara llena de confusión y sorpresa.
―Alice, ¿me quieres explicar qué está pasando? ―cuestioné apenas llegamos a mi cuarto. Tiré el regalo de Edward encima de la cama y bufé irritada cuando no obtuve respuesta.
―¡Abre el regalo, Bella!
Dejé que mis ojos rolaran de exasperación para entonces coger el paquete rosa. Deshice el gran pomposo lazo que lo envolvía y quité la tapa, tomando un gran suspiro al deparar en el impecable vestido arreglado sobre una alfombra de papel de seda carmín.
Era simplemente el vestido más lindo que había visto en toda mi vida. El modelo era perfecto, sencillo y tenía un escote profundo en la espalda. El tejido era suave y fino, y tenía la sensación de que cualquier mujer al colocárselo se sentiría la más bella de las diosas. El color era azul, y sabía el motivo por el que Edward había escogido justamente esa tonalidad: era su preferida.
Miré a Alice boquiabierta, y ella solo me sonrió.
―Alice, yo…
―Sabía que no me equivocaba, le dije a Edward que ese vestido era el tipo correcto para ti. ¡Ahora, por favor, Bella, quieres hacerme el favor de ir a tomar un baño! ―murmuró y quitó la ropa de mis manos―. ¡Tienes quince minutos!
La miré asustada, aun con mis ojos en el vestido que estaba encima de la cama.
―Alice…
―¡Al baño, Bella! ―ordenó e hice una mueca contrariada. Bufé de frustración y caminé hacia el baño, dejando a Alice en mi cuarto, revolviendo en mi escaso maquillaje.
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―Espera un poco, Bella, ya casi termino ―Alice siseó en una voz aburrida mientras terminaba de aplicar una capa de rímel en mis ojos. Era la tercera vez que hacía eso.
―¿Para qué es todo eso, Alice? ―pregunté y alejé el rostro cuando acercó el pincel hacia mis ojos, intentando aplicar una cuarta capa.
―¿Quieres quedarte quieta y dejarme terminar el servicio? Tus ojos aún no están realzados como deben, Bella, espera solo un poquito más, ya estoy terminando ―siseó enojada y me dio una palmadita en mi mano, haciéndome soltar un suspiro en resignación.
―¿Dolió, Bella? ¡¿Te costó tanto quedarte quieta por unos momentos?! ―Alice me reprendió cinco minutos después, ahora concentrando su atención en el nido de pájaros que era mi cabello.
―No sé para qué es todo esto.
―Todo esto es por el simple hecho de que quiero que estés impecable para esa cena. Edward va a morir cuando te vea ―gritó animada y solté aire sonoramente, llena de aburrimiento.
―¿Me puedo mirar al espejo? ―levanté los ojos en dirección a la pequeña chiquilla frente a mí, sintiéndome extremadamente cansada por estar sirviendo de Barbie viva de Alice.
―Será un honor ―respondió, conduciéndome hasta el espejo.
Casi tuve un shock cuando me topé con la imagen que surgió. ¿Quién era esa chica que me miraba con grandes ojos color chocolate, que estaban más chocolate que nunca?
Me giré hacia Alice, boquiabierta, e intenté murmurar algo coherente, pero el cerebro se había atascado en el camino. La pequeña saltó graciosamente y mostró una amplia sonrisa de triunfo al verme tan desconcertada.
―Eso mismo, Bella. Edward quedará exactamente así cuando te vea. Sabes imitarlo muy bien. ―Me dio una palmadita en los hombros y se carcajeó.
―Alice, no sé qué decir… ―dije, alternando la mirada entre la chica extraña que me miraba a través del espejo y mi amiga, que exhalaba felicidad y ahora brincaba por el cuarto.
―Entonces no digas nada. Deja los agradecimientos para después, no tenemos tiempo ahora. Vamos, colócate tu abrigo, que es casi la hora de la cena ―dijo Alice, entregándome el abrigo que sostenía en las manos.
―E-está bien.
―¡Vamos, Bella, ahora! ―me apresuró al ver mi lucha ridícula con el cierre del pesado abrigo.
―¡Calma, Alice! ―grité, temblando de miedo al equilibrarme en los tacones finísimos de los zapatos que usaba. Me llevó una eternidad bajar los pocos escalones estrechos de la escalera, y necesité controlarme para no comenzar a hiperventilar por causa de los nervios.
―¡Dios Mío! ―La voz de Charlie me tomó por sorpresa mientras aún luchaba para cerrar el maldito cierre del abrigo.
―¿Qué pasó, papá, no te gustó? ―me mordí un lado del labio interior, súper agitada; miré a Alice quién me estaba sonriendo antes de quitarme la mano, como si fuera mi mamá, para darle fin a la terrible batalla de mis dedos temblorosos y cerrar el abrigo.
―Pero claro que a tu papá le gustó, Bella, ¡solo mira como está con la boca abierta! ―Alice siseó, haciéndome encarar a Charlie.
―Estás linda, Bells ―mi papá murmuró y sonrió, un poco abrumado.
―Gracias, papá, Alice hizo todo el mérito. ―Tenía casi la seguridad de que mis mejillas estaban en llamas en ese momento.
―Deja de ser modesta, Bella ―Alice comentó, ya en la puerta de la casa―. La modelo ayudó, y mucho, Charlie.
―Estoy obligado a estar de acuerdo contigo, Alice ―Charlie murmuró sin deshacer la sonrisa que pintaba en sus labios―. Que tengas una buena cena, querida. ―Se despidió desde la puerta, mientras Alice y yo caminábamos en dirección al jeep estacionado en la acera.
―Gracias papá ―grité, ya entrando en el carro, instantáneamente con más nervios. Estaba ansiosa por encontrarme con Edward.
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Edward's POV
―¿Será que le va a gustar esto, tía? ―pregunté por la millonésima ves, girándome hacia Esme que estaba a mi lado, junto con Carlisle.
―Calma, Edward, claro que a Bella le va a gustar todo esto. Es su regalo, además de toda esa cena que organizaste. ―Esme sonrió y pasó las manos sobre mis hombros, en la tentativa de calmarme. Ni el gesto cariñoso de mi tía fue capaz de aliviar la tensión instalada en mis músculos.
―Contrólate, hijo, va a salir todo bien. ―Carlisle sonrió tranquilo, y concordé vehementemente con un asentimiento de cabeza, sintiéndome un tremendo idiota.
No estaba nervioso por culpa de la cena, la cuestión venía después de ella. Una vez más toqué la cajita que estaba dentro de mi bolsillo, siempre asegurándome que no me había olvidado o ―la peor de las hipótesis― perdido.
Carlisle y Esme no sospechaban que esa noche le pediría matrimonio a la mujer de mi vida. Y esa expectativa me estaba matando por dentro.
Me llevé un susto cuando vi al carro de Emmett adentrarse en el amplio jardín de la casa. Esme me sonrió y pasó sus pequeñas manos por mis brazos, súbitamente agitada.
―Llegó, querido.
Sonreí nervioso mientras miraba a Alice saltar del gran Jeep y correr a la puerta del copiloto para ayudar a Bella ―en sus zapatos altos― a bajar del carro. Bella traía en su rostro un rojo escarlata que pintaba sus labios llenos, y las mejillas enmarcadas, y la sonrisa tímida que mandó en dirección a mi hermana me hizo tener ganas de abrazarla y garantizarle que todo estaría bien.
El hecho de que estaba simplemente gloriosa me dejó aún más agitado. Mis ojos estaban clavados en el cuerpo esbelto perfectamente cubierto por el vestido que la hacía parecer un ángel flotando sobre la tierra. Un ángel absolutamente lindo, pero igualmente desastroso; Alice tuvo que sostenerla de los codos para que Bella no tropezara mientras caminaban por el camino de piedritas del jardín.
Las iris de chocolate al fin capturaron las mías, y eso solo sirvió para dejar aún más acentuado el tono rosado que envolvía a su rostro de corazón; el cabello castaño había sido recogido en una trenza floja que dejaba escapar algunos hilos sedosos. Y me sentía el hombre más suertudo e idiota de los hombres por no conseguir desviar los ojos ni un segundo siquiera de esa chica, que hacía a mi corazón desbocarse con cada milésima de atención que colocaba en mí.
Cuando Bella y Alice se acercaron finalmente logré parpadear, y entonces noté la sonrisa triunfante que mi hermana tenía en su minúsculo rostro. Desvié los ojos y voltee a mirar a la mujer deslumbrante parada frente a mí; ella me lanzó una sonrisa amplia mientras todo lo que logré hacer fue contemplarla, completamente embobado.
―¿Lo viste, Bella? ―Alice rompió el silencio―. La cara de Edward responde tu pregunta.
―B-buenas noches ―Bella saludó a mis tíos en una voz insegura.
―Hola, querida, buenas noches ―Esme contestó al envolverla en un abrazo cariñoso.
―Buenas noches, Bella, estás hermosa ―Carlisle elogió y la vi intentar esconder su rostro colorado entre el cabello, pero para su desventaja ―y mi absoluta suerte― los hilos estaba presos y dejaban a sus mejillas sonrosadas expuestas para mi entera admiración.
―G-gracias ―suspiró y finamente volvió a posar los ojos brillantes en mí―. Hola ―siseó, jadeando ligeramente.
―Hermosa ―fue todo lo que logré decir, aún muy afectado con su presencia. Todos se carcajearon al darse cuenta como estaba hipnotizado y Bella me miró desconcertada.
―Edward, tu… Dios Mío, ¿hiciste todo eso? ¡Está todo tan… tan perfecto! ―siseó, exhibiendo una sonrisa encantadora.
―¿No te dije que le iba a gustar, querido? ―Esme comentó al acercarse para darme un beso en la mejilla.
―Vámonos, gente, ahora la noche es solo de Edward y Bella ―Carlisle siseó.
―Nos vemos más tarde, Bella ―dijo Alice mientras abrazaba cariñosamente a su amiga―. Feliz cumpleaños.
―Gracias, Alice.
―¡Felicidades, Bella! ―Carlisle y Esme dijeron cuando ya estaban caminando hacia la casa.
―¡Gracias!
Medio minuto después estábamos solos.
―Estás maravillosa, ¿lo sabías? ―pregunté, estrechándola en un abrazo cariñoso.
―Edward, no sé cómo agradecerte. Está todo tan perfecto. ¡Gracias! ―Bella siseó, mirándome intensamente.
―Lo mereces, amor ―murmuré y la conduje hacia el centro del jardín, donde estaba la meza arreglada para nuestra cena.
―¿Qué estás haciendo? ―preguntó cuándo le impedí sentarse en la silla.
―¿Bailamos primero? ―La sostuve de la cintura antes de besarla tiernamente en el rostro, haciéndola sonrojar.
Sonrió y sostuvo mi mano con fuerza mientras la llevaba hasta el pequeño escenario de madera, que había sido especialmente colocado en el centro del jardín para que Bella y yo bailáramos. Una obra más, genialidad de Alice.
―¡También estás impecable, Edward! ―murmuró mientras caminábamos hasta el escenario.
―Me arreglé para ti ―guiñé y ella rió alto, un sonido dulce que llegó a mis oídos y agitó mi corazón.
―Hm… gracias. ―Envolvió mi cuello en sus brazos delgados apenas la música invadió el ambiente. (1)
―El placer es mío ―susurré y pasé mis brazos alrededor su fina cintura, trayendo el cuerpo delgado junto al mío. Bella suspiró y dejó la cabeza recostada contra la curva de mi clavícula, respirando profundo y exhalando lentamente el aire cálido en la piel de mi cuello, lo que me hizo sonreír y plantar un beso rápido en su cabello.
―¿Ya te dije que te amo? ―soltó en medio de un suspiro y alzó lentamente los ojos marrones brillantes para mirarme de forma lánguida. Aproveché para besar despacio su rosado labio superior y sentí a su pequeño cuerpo temblar levemente contra mi pecho.
―Todavía no ―murmuré bajito al subir los labios hasta la curva de su oreja expuesta. Sus manos fueron a parar a mi rostro, acariciando animadamente la curva de mi quijada mientras me miraba con determinación.
―Te amo. ―Sonreí y besé la palma de su mano.
―Yo también, mi chica.
Bella sonrió y recostó su cabeza en mi pecho para, en seguida, suspirar sonoramente mientras bailábamos. Dejé un beso más en su cabello, y solo entonces me permití guiarla atreves de la noche, sorprendentemente seca, de Forks.
La seguridad de esa declaración solo me dio más fuerza para lo que iba a hacer enseguida. Sabía que Bella iba a aceptar mi petición, solo necesitaba actuar con calma y esperar el momento indicado.
Y el momento indicado estaba más cerca que nunca.
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Bella's POV
Apenas terminé de comer el postre de chocolate coloqué el tenedor sobre el plato y miré a Edward, sonriendo serenamente.
―Aún no tengo palabras para expresar cuánto significa esto para mí, Edward. Muchas gracias por esta cena ―sisee, tomando un poco de agua, ya había tomado mi cuota de vino por una noche.
Edward sonrió y extendió la mano sobre la meza, envolviendo la mía con cariño.
―Te lo mereces, amor ―murmuró, mirándome intensamente.
El azul de sus pupilas estaba en una tonalidad diferente, debido a la iluminación del ambiente; estaba más oscuro, yéndose hacia el azul royal, pero continuaba siendo el color más lindo que había visto. Combinaba perfectamente con el tono de mi vestido.
―¿Cómo pensaste en todo esto? ―pregunté al pasar los ojos una vez más por el jardín hermosamente decorado.
Edward bebió un poco de su vino y después me miró, sonriéndome de forma tranquila.
―Alice me ayudó. ―Siempre Alice.
Sabía que en todo aquello mi mejor amiga había metido la mano.
De pronto una música suave comenzó a sonar, haciéndome soltar un largo suspiro. Quería que esa noche nunca terminara. Deseaba quedarme ahí, mirando a Edward, nuestros ojos en total sintonía, perdidos en un mundo que solo nosotros conocíamos.
Sabía que esa cena sería la última oportunidad que tendría de verlo de esa manera. Y pensar en eso hizo que mi frente se frunciera, preguntándome a mí misma cuándo volvería a tener un momento como ese a su lado.
Me pasé las manos por el cabello, exasperada, intentando apartar de mi mente esos pensamientos desagradables.
Necesitaba pensar en el ahora, mañana era mañana.
Edward se dio cuenta de mi cambio de ánimo y me miró con confusión.
―¿Pasó algo? ―preguntó, volviendo a tomar mi mano entre la suya.
Balancee la cabeza en negación y murmuré:
―Nada de lo que te puedas preocupar. ―No se creyó mi discurso, necesitaba cambiar de táctica―. ¿Podemos bailar una vez más?
Me miró por unos momentos, intrigado con mi comportamiento, pero después de algunos segundos deshizo la mueca de preocupación y se levantó, extendiendo su mano para mí.
―Sus deseos son órdenes, señorita ―siseó y sonreí, dejando que mis dedos se entrelazaran con los de él. Su mano cálida envió una onda de la más pura electricidad y temblé con fuerza, ya acostumbrada con ese tipo de reacción involuntaria de mi cuerpo.
Edward me condujo hasta la pista de baile, y me llevó junto a su cuerpo cálido mientras pasaba las manos por mi espalda desnuda, provocándome estremecimientos por donde las deslizaba. Bajé el rostro hasta la curva de su cuello, y aproveché para inhalar, una vez más, el perfume irresistible que hacía siempre a mi corazón saltarse algunos latidos. Cerré los ojos cuando sus dedos firmes pasaban por la piel de mi nuca, en un delicioso masaje. (2)
De pronto la música cambió, y solté un largo suspiro al poner mi atención en la letra:
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"My cold hands needed a warm, warm touch
And I was thinking about you…"
"Mis manos frías necesitan calidez, un cálido toque
Y estaba pensando en ti…"
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Sin pensar atraje la mano de Edward cerca de mi rostro, y besé lentamente la palma de su mano mientras él me miraba de manera intensa. Sonreí mientras me sostenía solo por la cintura, balanceándonos al ritmo de la canción, de nuestra canción.
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"You hold my hand, but do you really need me
I guess it's time for me to let you go
But I'll be thinking about you
I'll be thinking about you…"
"Sostienes mi mano, ¿pero realmente me necesitas?
Creo que este es el momento de dejarte ir.
Pero estaré pensando en ti,
Estaré pensando en ti…"
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Solo me di cuenta que estaba llorando cuando Edward alzó mi rostro para besar mis mejillas lentamente, mientras sentía que mi corazón latía descompasado dentro de mi pecho. Cerré nuevamente los ojos y dejé que la música nos guiara. La única cosa que quería en ese momento era que el tiempo se congelara para poder quedarme siempre en los brazos del hombre que amaba.
―¿Por qué… por qué tiene que tener un fin, Edward? ―pregunté en medio de un sofocado sollozo.
Pasó los labios sobre los míos y sentí que mi cuerpo entero se ablandaba. Dios, como iba a hacerme falta eso.
Mi boca se apoderó de la de él en un beso desesperado, mis manos halaron su cabello con fuerza, intentando prolongar lo máximo posible el contacto de mis labios con los de él.
Edward aumentó la presión de sus dedos en mi nuca, al mismo tiempo que nos guiaba entre suspiros y gemidos, que eran rápidamente acallados por la suavidad de nuestras lenguas sedientas.
Después de algunos minutos se apartó jadeante, mirándome mientras jadeaba tanto como él.
―No necesita tener un fin, Bella ―murmuró al llevarme de regreso a la mesa. Lo miré confusa cuando me hizo sentar en una silla. Parpadee sin entender lo que estaba pasando; ¿qué es lo que intentaba finalmente decir?
―Edward, qué…
Mi voz falló cuando lo vi arrodillarse frente a mí, sin desviar sus ojos ―ahora claros e increíblemente brillantes― de los míos.
―Bella ―pronunció mi nombre con una formalidad poco común, y lo vi meter la mano en uno de sus bolsillos. ¡Dios Mío, oh Dios Mío!―. Creo que tengo la solución para nuestro problema.
Parpadee varias veces para asegurarme de que no estaba soñando.
Él no estaba pensando hacer lo que yo pensaba que haría, ¿no es cierto?
―Bella, te amo. Y no quiero tener que separarme de ti justamente en el momento más feliz de mi vida. No logro vivir sin ti, amor. Es por eso que tomé una decisión ―Edward siseó al respirar profundo, como si necesitara coraje para colocar fuera lo que acababa de decir. Miré la mano que estaba escondida en el bolsillo de su pantalón oscuro y sacó algo del fondo.
¡Oh. Dios. Mío!
Perdí la respiración cuando Edward abrió la linda cajita de terciopelo, revelando el más perfecto anillo. Era una alianza.
Me voltee para mirarlo, sin condición de murmurar una coma si quiera, y él mostró esa sonrisa torcida que hacía que mi cuerpo temblara.
―Bella Swan, ¿te quieres casar con este idiota que esta miserablemente enamorado de ti?
―¡Dios Mío! ―una voz se hizo eco en el silencio de la noche, y Edward se volteó hacia mí, bastante confundido.
―¿Qué pasó, no quieres? ―rápidamente se apartó, como si le hubiera dado un potente. Miré su rostro, ahora muy tenso, y abrí la boca para formular una respuesta, pero ningún sonido salió de mi garganta.
Carraspee y recomencé el proceso de intentar decir algo, pero la misma voz de fino timbre dominó el silencio de la noche.
―¡No lo puedo creer!
Edward me miró, finalmente dándose cuenta de todo, sonreí sin humor.
―¡Alice! ―dijimos al mismo tiempo.
Alice salió de detrás de un árbol, saltando como una palomita de maíz, y se acercó a donde estábamos.
―Edward, eres un idiota, ¿Cómo puedes esconder eso de tu hermana, después de que siempre estuve a favor de que ustedes estén juntos? ―disparó, al mismo tiempo que apuntaba con el dedo pequeño la punta de la nariz de su hermano.
Edward se levantó y pasó las manos por su cabello naturalmente desordenado, soltando un irritado suspiro.
―¡Alice, mierda, dañaste el momento! ―reprendió a su hermana, extremadamente ofuscado.
Me giré hacia los dos, aún atónita con la petición de Edward.
¿Propuesta de matrimonio? Dios Mío, eso era demasiado serio. No sabía si estaba preparada para tomar una decisión tan importante.
Intenté levantarme para juntarme a la conversación de los dos hermanos, pero Alice me lo impidió, empujándome de vuelta a la silla.
―¡Tú te quedas sentada! ¡Edward aún no ha terminado de hablar! ―Me miró, sonriendo ampliamente―. Hermanito, es toda tuya. ―Alice se giró hacia su hermano y él roló los ojos, exasperado.
―Desaparece de aquí, pulguita ―gruñó, visiblemente contrariado.
―Solo lo haré cuando vea esa alianza en el dedo de Bella ―Alice decretó, mirándolo con determinación.
Edward bufó de rabia y después se giró hacia mí, muy nervioso.
―Bella…
―Edward, creo que eso no es una buena idea…
Pero una vez más se apartó bruscamente de mí, y vi dos pares de ojos, uno azul y otro castaño claro, mirarme atentamente.
―¿No te quieres casar conmigo, Bella?
―No es eso...
―¿Ya no te gusta mi Hermano? ―Alice interrumpió.
Intenté decir alguna cosa, pero Edward me lo impidió, cerrando la cajita de terciopelo que tenía en las manos, para entonces apartarse definitivamente de mí. Sentí que mi corazón palpitaba violentamente contra el pecho y en mi estómago se formaba un nudo.
―Pensé que te iba a gustar la idea de vivir conmigo en Massachusetts ―Me levanté y me acerqué a él, obligándolo a mirarme. Intenté ignorar la mirada resentida que me brindó.
―Edward, el matrimonio es una decisión muy seria. ¿Estás seguro de que quieres hacer eso?
―Te amo, Bella. Y no me quiero separar ahora ―siseó, lleno de determinación.
―También te amo, pero…
―Pero no es suficiente para casarte conmigo, ¿verdad? Está bien, lo entendí. ―Nuevamente lo vi crear una distancia considerable entre nuestros cuerpos.
Lo miré por algunos segundos y reflexioné sobre lo que él había acabado de decir. ¿Por cuántos años soñé con este momento? ¿Cuántas veces imaginé el día en que el chico más lindo de la ciudad me pidiera matrimonio? ¿Y por qué ahora que el sueño se había vuelto realidad quería huir?
La verdad es que era una completa cobarde cuando se trataba de asuntos del corazón.
Edward balanceó la cabeza, soltó una risa desanimada y después me miró.
―Está bien, Bella. No voy a insistir con eso. ―Me giré para mirarlo y nos quedamos así por un buen tiempo.
De pronto oí un largo suspiro atrás de mí y me di cuenta que Alice aún estaba ahí, observándonos.
―¡Espera, Edward! ―grité cuando me di cuenta que iba a guardar la cajita con el anillo dentro del bolsillo.
Me giré para mirarlo y le quité la cajita de las manos.
―Creo que esto no te pertenece… ―susurré, y no pude dejar de jadear ante la sonrisa que me ofreció. No podía vivir tanto tiempo con esa sonrisa lejos de mí.
Abrí la cajita y Edward sacó el anillo, cogiendo mi mano derecha.
―¿Estás segura de esto? ―preguntó seriamente; sonreí y balancee la cabeza afirmativamente.
―Nunca tuve tanta seguridad con alguna cosa en mi vida.
Edward deslizó el anillo por mi dedo y oí un largo sollozo escapar de la garganta de Alice. Sonreí, y solo entonces me di cuenta que también estaba sollozando.
―Me van a matar cualquiera de estos días ―Alice siseó, acerándose a Edward y a mí. Me carcajee con ganas y encajé mi cuerpo contra el pecho fuerte del hombre a mi lado. Mi hombre.
―¡Estoy tan feliz! ―Alice murmuró y se tiró a los brazos de su hermano, quién la besó con cariño en el delicado rostro.
―Puedes creerlo, pulguita, no hay persona más feliz que yo en este momento ―siseó y desvió los ojos a mi dirección.
―Puedo entrar en contradicción en cuanto a eso ―dije en medio de la mezcla de sollozos y risitas fáciles.
―Okey, somos las personas más felices, ¿mejor?
―Quedó perfecto. ―Me alcé en la punta de los pies y lo besé levemente en los labios.
Alice nos haló para un abrazo de tres y rompí en un descontrolado llanto, las lágrimas se mezclaban con la risa mientras miraba a las dos criaturas que amaba con una intensidad fuera de lo común. Esos dos serían para siempre mis amores.
―¡Quiero un beso de ustedes dos, ahora! ―Alice exigió y comenzó a saltar alrededor de su hermano y de mí.
Sonreí y envolví el cuello ―del ahora, mi prometido― con mis brazos, acerqué mi boca a la suya mientras él me miraba lánguidamente.
―Te amo.
La boca de Edward respondió a mi declaración sin necesitar palabras para hacerlo.
―Bienvenida a la familia, Bella Swan ―Alice murmuró, mirándome con una linda sonrisa en el rostro, la misma sonrisa que ahora salía de los labios de Edward.
Él beso el tope de mi cabeza y susurró un "te amo", casi inaudiblemente, lo que hizo que mi corazón brincara en la más genuina felicidad; sonreí, sintiendo que las lágrimas escapaban una vez más de mis ojos.
Ese era el regalo más maravilloso que pude haber obtenido en el día de mi cumpleaños: una familia.
Cella Ella, MUITO MUITO MUITO OBRIGADA. :3
Hasta aquí llego, por hoy :D ¿Se lo esperaban? ¿Se esperaban esta propuesta? NO ME MIENTAN, ¿verdad que no? Jajaja es tan hermosamente impulsivo este Edward. Y Alice siempre de chismosa jajajaja ¡PULGA LOCA! Espero sus opiniones con ansias.
Gracias infinitas por los favoritos, alertas, reviews, son un pago maravillosamente genial.
Aprovecho el espacio para invitarlas e invitarlos a leer una nueva, y primera, adaptación que estoy haciendo, se llama: "LA MUJER DEL VIAJERO EN EL TIEMPO"
Recuerden que nos faltan 3 capítulos para el final u.u … cuenta regresiva. Nos leemos pronto.
Gracias por leer
Beijos
Merce
