¡Hola! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé el fanfic, sinceramente me desanimé al ver que casi no tenía reviews, supuse que la historia no fue del agrado de muchos o porque simplemente no les gustó. En fin, consideré seriamente en abandonar el fanfic y por eso ya no había actualizado, pero les tengo cariño a los personajes y aquí estoy de nuevo c:
La mayoría de los personasjes no son míos, le pertenecen a Masami Kuramada y a Shiori Teshirogi.
Capítulo XXI
Peligro
─ ¡Ahí estás! ─ dijo el pequeño Albafica─. Te he buscado por todos lados, no puedes irte sin avisarme, Afrodita.
El heredero de Piscis había encontrado a su hermano menor en uno de los jardines del palacio, acompañado de otro niño de cabello azulado y corto; también había un hombre de larga melena.
El mayor le hizo una reverencia, tomando la mano del infante desconocido. El menor se despidió con la mano del par y corrió hacia el otro príncipe, mientras los otros se perdían entre los grandes arbustos.
─ Death Mask─ susurró Manigoldo, aunque su pareja no podía escucharlo.
El pez permanecía recargado en una puerta cerrada, con su oreja pegada en ésta, pudo observar a un hombre acercarse, lo conocía, lo había visto semanas antes con su hermano.
─ Su Majestad, rey Phior─ se escuchaba dentro de la habitación─. Ha llegado a mis oídos un terrible rumor sobre el reino guardián de las almas... Parece ser que el rey Tagmine está haciendo mal uso de ellas.
El peliceleste vio a Kanon sonreír, parecía entender algo que él no, el hombre le hizo una seña para que no hablara.
─ ¿Estás seguro, Yulan? Es una acusación muy seria─ habló su padre.
─ La persona que me ha proporcionado la información también me brindó esto─ hubo una pausa─. Parece ser que hay otras seis regadas.
─ Reúne a los generales─ pidió el rey, su voz sonaba molesta y ligeramente alarmada, Albafica oyó el sonido de una silla al ser corrida.
Rápidamente, fue agarrado de su brazo por el hombre peliazul y atraído hacia él para ocultarlo en la esquina donde yacía. El pez no pudo más que sorprenderse por su osadía.
─ ¿Qué has hecho? ─ le preguntó con espanto evidente en su voz.
─ No te preocupes, todo estará bien─ aseguró el sujeto antes de perderse en el oscuro pasillo.
─ Y a mí me costó tanto poder tocarlo─ reprochó Manigoldo, ante la mirada desaprobatoria del acuariano─. Incluso tutearlo, el cabrón le habló formal a Kardia todo el tiempo pero no a Albafica.
─ Deberías investigar a fondo el asunto─ sugirió Kardia, bromeando con su amigo.
─ Cállense, por favor─ dijo Acuario, le faltaban ganas de escuchar al par─. Sólo tenía nueve.
─ Ese no es un argumento válido, querido Dégel─ aseguró el escorpión.
─ ¿Por...?
─ Puedo decirte lo que yo hacía a esa edad y verás─ interrumpió el de Cáncer.
Estaba rodeado por hombres de ropas oscuras, no había nadie de su reino, su conocimiento geográfico de esas tierras era nulo, simplemente, no tenía escapatoria. Algunos sujetos comenzaron a acercarse a él, sus armas yacían esparcidas en el suelo, aparentemente, no serían requeridas en ese momento. Los rostros lascivos de los soldados, le obligaron a cerrar sus humedecidos ojos...
─ ¡Explosión de Galaxias!
El grito lo hizo volver a su realidad, el hombre de cabello azul, que había conocido hace unas semanas, le tomó por la muñeca y comenzó a guiarlo a través del bosque. La mayor parte del cuerpo ajeno permanecía oculto bajo una capa negruzca que, al ser iluminada, revelaba su grisáceo color.
Un soldado rival apareció, Kanon soltó su extremidad y robó la espada de un cadáver para protegerlos del ataque, dejando caer un objeto plateado que Albafica recogió, se trataba de un cofre pequeño hecho de plata, adornado en el centro con un rubí y un zafiro en forma de sol y luna, respectivamente. El peliazul no tardó en arrebatarlo de sus manos y conducirlo hasta la raíz de un gran árbol.
─ Te garantizo que ningún enemigo podrá verte─ aseguró el geminiano, limpiando del níveo rostro el rastro de unas lágrimas─. Regresaré pronto, quédate aquí.
Las manos de Piscis quisieron detenerlo pero no lo lograron, contrajo su cuerpo abrazándose a sí mismo, manteniéndose así por horas sin rastro del hombre. Tal vez... ¿y si había muerto? Hundió su frente en las rodillas.
─ Albafica─ lo llamaron.
Alzó su rostro y lo encontró, el peliazul había vuelto y parecía traer algo o, más bien, a alguien cubierto con su capa. Puso una rodilla en tierra, dejando a sus pies el bulto con el que había cargado.
─ Perdóname por esto─ susurró, colocando sus yemas entre las cejas del menor.
El pez miró hacia abajo, hallando el cuerpo sin vida de su hermano. Sus ojos se abrieron y las lágrimas se volvieron fugitivas, sollozos y gritos que llevaban el nombre del pequeño se le escaparon.
─ Algún día, todo valdrá la pena─ aseguró antes de levantarse.
─ No te vayas─ pidió el peliceleste entre su llanto, asustado.
─ No puedo quedarme─ dijo el mayor─. Me encargaré de que tu gente te encuentre─ el otro asintió.
─ ¿Podrías decirme... tu nombre? ─ preguntó, fallando en contener sus sollozos.
─ Soy Kanon, Kanon de Géminis─ respondió antes de desaparecer.
Albafica miró hacia el cuerpo entre sus brazos, lo abrazó contra su pecho deseando que no fuera cierto.
La imagen del vórtice comenzó a resplandecer y pequeñas chispas surgieron, como si se tratase de un cable haciendo corto circuito. El trío fue cegado por breves segundos, después la imagen del niño que sostenía Albafica había cambiado por completo, el cadáver no era el de Afrodita... Había sido una ilusión.
...
─ Sadalsuud no iniciaría una guerra basándose en sólo un rumor, necesitaba pruebas en caso que los justos pidieran sus motivos.
─ Es cierto─ concordó─. Me fue sumamente sencillo robar una de las cartas de Adhara, mandada por Sargas por supuesto, y entregársela al rey.
─ Tampoco podías saber lo que ocurriría con el padre de Aioria─ comentó el rubio─. Que fue la principal razón de iniciar nuestra amistad.
─ El destino del rey Lay no era morir en esa guerra, pero si no lo hacía Denébola no tendría otro hijo y ocupaba a Regulus. Ya no podía utilizar el mismo truco que en los pimeros para mantenerlos con vida porque ya no había almas que utilizar─ Shaka frunció el entrecejo al entender lo que significaban esas palabras─. Además, Sargas sólo ordenó atacar el reino de los hielos eternos cuando se enteró de la muerte de su hermano a manos de las tropas mandadas por Sadalsuud.
─ ¿Lo asesinaste?─ cuestionó, conociendo la respuesta.
─ Fue necesario.
─ Murieron cientos de personas─ reclamó el rubio─. Incluso, pusiste en riesgo a aquellos que buscabas, ¿sabes? a la familia real se le lleva a la guerra para tener protección directa de los soldados ya que el palacio siempre será el primer blanco. Lo viste en la guerra que provocaste entre Piscis y Cáncer.
─ Lo sé, sin embargo, ellos nunca corrieron peligro porque yo estaba y estoy para protegerlos.
...
Caminaba sobre la alfombra azul, ignorando las armaduras y cuadros a su alrededor, su único interés yacía sentado en el trono, colocado al final del sendero.
─ Me enteré de lo acontecido en el bosque─ habló el rey, su corona brillando en lo alto de su cabeza, mientras sus manos estaban entrelazadas sobre sus piernas.
─ Ha sido una falsa alarma, su Majestad─ informó Saga, una de sus rodillas ya tocaba el piso.
─ ¿Y te demoró tanto tiempo?─ cuestionó Sadalsuud─. ¿Pensante en que pudo haber sido una trampa? En tu rato de holgazán pudieron atacar el palacio.
─ Le ofrezco una disculpa, su Majestad.
─ ¿De qué me sirve eso? Fuiste entrenado toda tu vida para este puesto pero no dudaré en sustituirte si resultas ser un incompetente─ dijo, poniéndose de pie─. Retírate.
El geminiano asintió y se marchó, ¿quién se creía ese hombre para hablarle así? Sí, era el rey pero no tenía el derecho, simplemente, no lo podía permitir.
...
─ Su Majestad, he venido a hablarle sobre un asunto delicado─ escuchó el niño peliverde, con su oreja pegada en la puerta que resguardaba la estancia donde, usualmente, su padre sostenía reuniones con la guardia. La voz llegaba a él un poco distorsionada.
─ Continúa─ ordenó Sadalsuud.
─ Se rumorea que la reina Adhara sostiene cierto contacto con el rey Sargas─ Dégel se sorprendió al enterarse que alguien más conocía el secreto de su madre.
─ El que acuses a mi esposa es algo muy serio, debes tener pruebas para hacerlo.
─ Lamentablemente, su Majestad, carezco de ellas.
─ Eres mi amigo, Kanon, pero no puedo permitir que la difames─ habló seriamente, aún cuando él ya tenía la sospecha desde hace tiempo─. Si ella hubiese cometido adulterio, los justos ya la hubieran castigado por su atrevimiento.
─ Por supuesto─ concordó el hombre─. Creí en estas palabras ya que usted me comento que la reina no lo buscó tras la muerte de su único hermano, el rey Phior.
─ No quiero oír más del asunto, vete─ ordenó su padre.
Dégel corrió a esconderse detrás de una armadura, viendo salir a un hombre cubierto por una capa, dejando sólo al descubierto parte de su melena azulada.
Kardia observó a Dégel, sus amatistas estaban pérdidas en alguna memoria, se preguntó si así se había enterado el acuariano de la relación entre sus padres, fue algo que nunca le preguntó en todos los años juntos. Tal vez, buscaría más tarde una respuesta.
─ ¿Y bien?
─ Hoy, en el reino de las tierras vivas, vi a la reina dando un paseo en el pueblo junto al rey Sargas─ de nuevo ese sujeto se hallaba con su padre, esa era la segunda ocasión que espiaba sus reuniones e ignoraba si habían sostenido otras.
Su padre no dijo nada, el peliverde esperaba que su progenitor no sospechara debido a que, durante la tarde, su madre se ausentó en el reino durante la tarde con la excusa de visitar a su tío.
─ De seguro su sobrino está solapando esta osadía─ comentó molesto─. Necesito pruebas, Kanon, por si tengo que justificar algo ante los justos.
Dégel salió corriendo antes de que el par saliera, debía advertirle a su mamá sobre la sospecha de su padre.
─ ¿Lo hiciste?─ le preguntó Kardia a Albafica.
─ No incubrí ningún delito─ respondió el peliceleste─. No es considerado adulterio si el par no sostiene relaciones íntimas─ defendió. Escorpio sonrió satisfecho.
─ Si el rumor es cierto, no importa lo que haga no puede exigir el divorcio─ dijo Sadalsuud.
Para el pequeño Acuario era la tercera vez que espiaba a su padre y a ese hombre encapuchado pero, al parecer, había llegado un poco tarde para la primicia.
─ Siempre hay algún modo de conseguir lo deseado─ comentó la otra voz─. Si usted muriese...
─ ¿Qué estás diciendo?
─ La reina no lo podría hacer pero el rey Sargas...
Hubo un gran silencio, su progenitor al parecer parecía considerar las palabras del otro. Después, la puerta se abrió de golpe, su padre estaba hecho una bestia.
─ ¡¿Dónde está tu madre?!
Dégel permaneció estático, incapaz de pronunciar palabra debido al miedo que invadía su pequeño cuerpo. El rey gritó frustrado y se alejó por el pasillo, el peliverde sólo deseaba que no fuera a golpear otra vez a su madre.
El hombre salió y otra vez sólo las puntas azules se asomaron, antes de que siguiera caminando en dirección contraria a la del soberano.
─ Imbécil─ susurró Kardia, tras ver cómo el enemigo de su padre le gritaba al de Acuario.
─ ¿Quién es? ─ preguntó el geminiano, Dégel viró rápidamente.
El peliverde había permanecido escondido tras un enorme árbol, su vista se había perdido en un chico nadando en la laguna a varios metros de él.
─ Ya veo─ dijo el peliazul, reconociendo a lo lejos al muchacho─. El príncipe Kardia.
─ ¿Qué deseas, soldado?─ le cuestionó, al hombre que vestía el uniforme de la guardia real de su reino.
─ El rey Sadalsuud lo busca, su Majestad.
El de Acuario asintió, dejando atrás al sujeto mandado por su padre.
Podría ser que, la sonrisa en los labios de Escorpio, halla aparecido por autosatisfacción o, posiblemente, porque se imaginaba a su ex pareja luchar contra su sexualidad a esa temprana edad.
Era diciembre, el acuariano dormía pacíficamente en brazos de su madre, ella se había quedado en la habitación del pequeño para que éste pudiera conciliar el sueño. Sin embargo, su descanso se vio interrumpido cuando la puerta se abrió fuertemente dándole paso a su padre y a un sujeto portando una túnica violeta negruzco. El rey lo agarró de un brazo y lo apartó bruscamente de los brazos de la mujer.
─ ¡¿Qué pasa contigo?! ─ gritó la reina, levantándose a prisa de la cama─. ¿Qué hace usted aquí? ─ le cuestionó al encapuchado.
─ Vino a entregarme esto─ respondió, arrugando un papel entre sus manos─. ¡¿Creíste que nunca descubriría tu amorío con el idiota de Sargas?!
─ Padre, por favor─ dijo el peliverde. El susodicho levantó su mano contra él, detenido por el otro sujeto.
─ No es lo correcto, su Majestad.
El rey se apartó con brusquedad y fue a estrellar su palma en el rostro de la mujer, para después tomarla por el cuello.
─ ¡Suéltala!─ gritó el menor.
─ Suéltala─ susurró Dégel, Kardia lo miró y apretó su mano.
─ Debiste tener más cuidado con tus cartas, cariño─ comentó, arrojando el papel y derribando a la reina sobre la cama─. Te demostraré que Sargas no es más hombre que yo─ aseguró, rompiendo el camisón de la fémina.
─ ¡Detente, Sadalsuud! ─ pidió Adhara, ganando otro golpe en su rostro.
─ ¡Suéltala! ─ exclamó el niño, siendo llevado hacia la salida por el encapuchado.
─ Suéltala─ murmuró Acuario, sus ojos aún en trance comenzaron a tornarse de celeste, mientras la temperatura de su piel descendía considerablemente.
─ Dégel─ nombró el escorpión, pero el otro no podía escucharlo.
Cerró la puerta, dejando a sus padres adentro. Odiaba a ese hombre, ¡lo odiaba! Trató de evitar que las manos ajenas cubrieran sus orejas pero le fue imposible, el sujeto quedó a su altura viendo de nuevo las hebras azules. Pasaron ahí un rato, hasta que su progenitor salió acomodando su ropa y se marchó sin dirigirle palabra.
El peliazul cerró la puerta de su habitación, advirtiéndole de no entrar antes de perderse en el pasillo.
Asmita arrugó el entrecejo, el rostro de Albafica evidenciaba la molestia de lo ocurrido con su tía Adhara. No era posible que "los justos" hallan permitido tal aberración.
─ ¡Dégel!─ lo llamaron, era el soldado de hebras azules que lo había encontrado en el bosque en una ocasión.
El aludido permanecía de rodillas sobre la blanca escarcha, hace un instante había salvado al hijo mayor del rey Sargas del poderoso ataque de su madre. Pero su devastado estado se debía a que sabía lo que hallaría al regresar al palacio.
─ Estás a salvo─ dijo, aliviado.
Una deslumbrante luz recorrió el suelo, el peliverde lo reconoció como lo último del poder de la reina Adhara, el cual parecía haber permanecido oculto con el único propósito de impactar al sujeto.
─ ¡Cuidado!─ gritó el menor, pero ya era tarde.
Le aturdió el hecho de que la víctima aún viviera, sin embargo, las heridas en su pecho eran considerables. Comenzó a dirigirse hacia su dirección, siendo prontamente denetido... Alguien lo sujetó por su hombro.
Sus orbes se abrieron espantadas, no sólo apareció el hombre que lo frenó sino que habían arribado otros cinco, vestidos con una túnica violeta negruzco que protegía sus identidades.
La tierra se escapó de la capa que lo cubría y se aferró a los pies del hombre ensangrentado, pequeños relámpagos comenzaron a cubrir su cuerpo y un humo negro inundó las cavidades de su cabeza... El peliazul se ahogaba.
─ No lo asesinen, necesitamos encontrar el cofre─ recordó uno de ellos─. Hay que encerrarlo.
─ Deberías encargarte de él─ sugirió otro, el acuariano sabía que se referían a su persona, por lo que empezó a luchar contra el agarre que representaba su atadura.
Los cinco encapuchados desaparecieron llevándose al peliazul consigo, dejándolo en las manos del sexto.
Asmita inhaló profundo, estaba cansado después de revisar en la mente de los cuatro. Se halló bajo los confundidos ojos del trío y al ver a Dégel entendió el porqué... Se había quedado atorado en su recuerdo.
Todo se volvió negro, no lograba ver absolutamente nada, el aire comenzó a escasear y su cuerpo inició a dolerle a un nivel indescriptible. Los gritos escaparon de su boca, el miedo lo invadió. Una presión surgió en su pecho, regresándole su visión pero lo veía todo en color celeste, el justo retrocedió un par de pasos confundido.
─ ¡Despiértalo!─ exigió Kardia, los cuatro habían roto el enlace y se hallaban de pie observando a Acuario, alarmados.
Las hebras verdes iniciaron a levitar y de ellas pequeños rayos azules surgieron. La temperatura del ambiente disminuyó en picada.
─ ¡¿Qué le ocurre?!─ preguntó Albafica, preocupado por la vida de su primo.
El escorpión reconoció aquel poder, sabía que no debía únicamente alarmarse por el acuariano sino por ellos mismos si no le detenían. Para él sólo había una sola manera... Cinco orificios diminutos aparecieron en el cuerpo de Dégel debido a su aguja escarlata, el pez lo vio como si no pudiera creer su atrevimiento. No le importó porque había funcionado, el peliverde se encontraba inconsciente en el piso.
...
Pasaba el jabón con suavidad sobre su piel, disfrutando del contraste entre lo cálido del ambiente con lo frío del material. Tal vez, darse un buen baño sin tener que temblar hasta terminar, sería la unica cosa que extrañaría de ese reino.
─ Seraphina─ aludió, su hermano mayor acababa de aparecer en el cuarto. La joven se cubrió con lo primero que agarró─. No te preocupes, no tienes absolutamente nada de mi agrado.
─ ¿Qué deseas?─ cuestionó molesta.
─ Quiero que visites al hijo menor de Sadalsuud─ contestó, la mujer elevó una ceja─. Y lleva a Saga contigo, invéntale cualquier excusa al rey─ la presencia vibro.
─ Su Majestad─ llamó al geminiano antes de que desapareciera─. Sobre la fecha...
─ Me es indiferente, dale la que a ti te convenga─ dijo, posteriormente, abandonó a la fémina.
La joven no comprendía la solicitud del mayor pero debía obedecerla, en el menor tiempo posible.
...
Después de lo ocurrido, trasladaron a Dégel a su habitación, Albafica les había hecho jurar silencio a todos los sirvientes con los que se habían topado, esperando evitar la creación de un rumor que terminara en oídos de su tío.
Lo habían despojado de su saco, su rostro se ocultaba bajo una capa de sudor y era evidente que se le dificultaba respirar. Asmita colocó un trapo húmedo en la frente del enfermo.
─ Creo que te excediste─ comentó Manigoldo.
─ Ya ha pasado por esto─ dijo Kardia, su mirada permanecía atenta a las reacciones del inconsciente. Sabía que los otros dos compartían la opinión del cangrejo pero ellos ni siquiera podían suponer lo que hubiese ocurrido si no lo hubiera hecho.
─ Aquellas veces no lo atacaste directamente─ recordó el rubio.
─ ¿No recuerdas los ingredientes del antídoto?─ preguntó el pez.
El escorpión exhaló fastidiado, había perdido la cuenta de cuántas veces le había preguntado lo mismo. Simplemente, no existía tal cosa.
─ Tal vez, lo mejor es que lo lleves a tu reino─ sugirió el de Piscis─. Ahí ya saben lo que se debe usar.
Antares lo pensó varios segundos, lo que menos quería era ocasionarle más conflictos a Dégel y, si el rey Sadalsuud se enteraba, los problemas estaba garantizados. Sin embargo, al ver al peliverde en esa condición, asintió.
...
─ Admito que me alarmé con el ataque de Adhara porque creí que había sido Dégel quien lo lanzó. Eso hizo que me descuidara, el último rastro del poder de la reina fue dejado especialmente para mí y me hirió. ¿Recuerdas cuando me trajeron? ¿Lo herido que estaba? Fue a causa de su ataque, agregándole el de Sísifo, Shura y Shion.
─ Pero no estás aquí, no pudieron haberte hecho tanto daño.
─ Ese poder de Acuario fue otorgado por Zeus, es algo divino, capaz de herir mi cuerpo a través de mi proyección, siguiendo la conexión que me une con él, las técnicas de los otros tres fueron guiados por la de ella.
─ ¿Por qué no te mataron? Tuvieron la oportunidad.
─ Sólo ellos pueden responderte pero supongo que el miedo los detuvo─ dijo─. Si recuperaba algo de fuerza y los atacaba hubiera sido su perdición... Viste lo que les puedo hacer.
─ ¿Cómo los derroto?─ Kanon alargó sus comisuras.
─ ¿Qué harás después de decirtelo? ¿Buscarlos? Si es así, te lo advierto, solo no podrás lograrlo.
─ No puedes saberlo─ dijo el virginiano, poniéndose de pie─ Responde.
─ Lo haré cuando me asegures que has dejado tu tendencia suicida.
─ Entonces no tengo porqué seguir escuchando tus locuras─ comentó, saliendo de la prisión.
El peliazul volvió a su asiento y a sus ataduras, el rubio selló la puerta bajo la atenta mirada de Kanon.
...
Se encontraba en el jacuzzi, tratando de despejar su mente del pensamiento que lo invadía y es que, al recordar las sensaciones surgidas al tener los labios de Milo sobre su cuello, había caído al recurrir al agua fría, en esos momentos, helada gracias a su cosmos. Sin embargo, no era de mucha utilidad, el hecho de verlo encima de su cuerpo devorando su epidermis, le hizo conducir su mano hasta su entrepierna.
Recargó su cabeza en el borde, cerrando sus ojos, dejándose llevar por su fantasía ya que, durante la noche, cada célula de su ser había exigido ser recorrida por la boca ajena, pero no ocurrió y no pensaba perdile algo a su pareja en ese estado. Un jadeo se escapó de su garganta.
Si bien, al despertar se halló completamente confundido, en ese instante sólo sabía que su cuerpo lo necesitaba. Otro sonido fue emitido por su boca. Una mano tocó su cara, no hubo necesidad de abrir sus párpados, la reconocía. Recargó su mejilla en ésta, sintiendo cómo el fuego se apoderaba de su rostro.
─ Permíteme ayudarte con eso─ dijo el peliazul. ¿Cuándo había entrado? Camus simplemente lo ignoraba.
Lo escuchó introducirse en el agua, su cuerpo automáticamente le hizo espacio. Sus labios se encontraron, dejando de lado la sutileza de la noche anterior, los dedos de Acuario se enredaron en los cabellos azules mientras su cavidad era completamente invadida. Su nívea piel fue recorrida por las yemas impropias, erizándola, reconociéndola, satisfaciendo el deseo surgido en el escorpión años atrás.
Milo alcanzó la hombría acuariana, sintiéndolo arder ante su toque. Camus se vio forzado a liberar sus gemidos cuando la boca del otro se posó en su cuello, degustándolo. Las caricias de Escorpio hacía arder cada parte de su cuerpo y esas manos expertas no tardaron en hacerlo correrse.
Al abrir sus orbes, se halló con un par de turquesas oscurecidas con lujuria, mientras sus zafiros estaban llenos de deseo oculto.
Aquí termina el capítulo. Recuerden que este fanfic está relacionado con "Memorable", el cofre que aparece en las memorias de Albafica es el mismo con el que encierran a la villana de ese fanfic.
Si leyeron "Memorable" tal vez recuerden la descripción del sujeto que captura a la mala cuando era niña en el cofre, encapuchado y capaz de viajar en el tiempo, y sí, esa persona es la misma que aparece aquí, o sea Kanon.
Muchas gracias por leer :3
