Habían pasado apenas 2 semanas desde que habíamos decidido ser una pareja de verdad y aunque no era fácil, siempre había algo que hacía que valiera la pena, como la sonrisa que me daba Quinn antes de dormir, o la felicidad en los ojos de Beth cuando estábamos las 3 juntas.

Había arreglado las cosas en el colegio de Beth, al final de cuentas termine por convencer a la mesa directiva completa de que mis preferencias no me hacían mejor ni peor ser humano, al principio estuvieron un poco renuentes, pero terminaron cediendo al hacerles ver que a más de uno de los presentes les había salvado el trasero.

-Bueno- conteste mi teléfono en medio de la noche.

-Rachel- escuche mi nombre de una voz agitada que no pude reconocer al momento.

-¿Quién habla?- fue lo más lógico de decir.

-Soy Britt-me dijo sollozando.

-Britt, ¿qué paso?, ¿qué tienes?- al reconocer su voz me levante inmediatamente de la cama.

-No fue mi culpa Rachel, no lo vi venir- me dijo llorando.

-No entiendo nada, ¿dónde estás?- le pregunte buscando ya mi ropa.

-En el hospital Harlem-me dijo sin dejar de llorar.

-Voy para allá- le dije y le colgué.

Salí de la recamara en dónde me quedaba y prácticamente corrí hasta la de Quinn.

-Quinn- le susurre al oído -Quinn- repetí al ver que no se movía.

-¿Qué pasa?- pregunto cuándo reacciono.

-Voy a salir, cuida de Beth- le di un beso en la mejilla y salí de la recamara y del departamento.

Corrí al estacionamiento y cuando llegue me di cuenta de que aún estaba oscuro, con las prisas ni me había fijado de la hora, voltee hacia u enorme reloj que había en medio del estacionamiento y vi que marcaba las 2:42 de la mañana l que hizo que me preocupara aún más, que diablos tenía que hacer Britt a las 2 de la mañana en Nueva York.

-Bueno- escuche que me contestaron con una voz adormilada.

-¿Dónde estás?- le pregunte rápidamente.

-Durmiendo en un hotel, ¿qué quieres?- pregunto un poco molesta.

-¿Dónde está Britt?- le pregunte esperando que ella supiera algo.

-Con su perfecto novio supongo, viajo es noche- me dijo con el mismo tono.

-Acaba de llamarme, dice que está en un hospital- le informe.

-¿Que le paso?- me pregunto y su tono era más de preocupación que de molestia.

-No tengo idea, no me dijo- le grite, y es que estaba perdiendo la paciencia.

-Voy para allá- fue lo último que escuche y me colgó.

El camino al hospital se me hizo eterno, no tenía idea con lo que me iba a encontrar, pero sabía que el hecho de que Britt me llamara en ese estado era un mal presagio.

Entre al hospital sin tener ubicación alguna, así que me acerque al módulo que estaba justo en la entrada.

-Buenos días- le dije a la señorita que estaba detrás del escritorio.

-Buenos días- me saludo cordialmente.

-Estoy buscando a una chica rubia, alta, de ojos azules- le trataba de explicar con mis manos.

-¿Es paciente?- pregunto tranquila.

-No lo sé, solo me llamo y dijo q estaba aquí- le explique.

-Rachel- sentí como me abrazaban por la espalda.

-¿Britt que paso?- le pregunte al tiempo en que volteaba.

-No lo vi y todo fue muy rápido- hablaba sin sentido.

No quería llenarla de preguntas, que sabía de antemano que no me contestaría aunque quisiera, la vi sangrando y dolerse cuando trate de abrazarla.

-No ha dejado que ningún médico la revise- me informo la misma chica de antes.

-Puede llamar a un doctor, por favor- le pedí amablemente a la señorita.

La vi sonreírme y caminar por el pasillo.

Cuando regrese mi mirada a Britt, me di cuenta de que un policía estaba detrás de ella y miraba atento la escena que teníamos.

-¿Les puedo ayudar en algo?- le pregunte poniendo a Britt a mis espaldas.

-Estamos esperando a que la señorita se calme para tomarle su declaración- me dijo uno de ellos acercándose a nosotras.

-Puede que eso tarde un poco- di un paso hacia delante para que no llegara a Britt.

-Soy el oficial Harker- me dijo sonriendo y estirando su mano.

-Rachel Berry, licenciada- le correspondí el saludo.

-¿Abogada de la señorita?- me pregunto señalando a Britt.

-Claro- le respondí.

Lo vi con la intención de volver a decir algo, pero en ese momento llego el doctor que iba a atender a Britt.

-Buenos días- saludo amable.

-Buenos días- todos los presentes a excepción de Britt, respondimos.

-Me permite- le dijo a Britt, señalando una silla de ruedas que llevaba la misma señorita que nos atendió.

-Todo va a estar bien- la tome de la mano y la lleve a sentarse.

Le sonreí un poco, pero ella no me respondió de la misma manera, aunque el llanto había cesado y eso ya era un avance.

-¿Es usted familiar?- me pregunto el doctor

-No, pero yo me hago responsable- le dije tranquila.

-Bien, y ¿del otro chico?- me pregunto.

-¿Que otro chico?- le pregunte un poco confundida.

-Artie Abrams- reviso una carpeta.

-¿Él está aquí?- le pregunte sorprendida.

-Sí, entro con la señorita- me explico tranquilamente.

-¿Como esta?- le pregunte preocupada, comenzaba a entender el estado de Britt.

-¿Es usted familiar?- volvió a preguntar.

-No, pero también me hago responsable- le dije lo más tranquila que pude.

-No sé cómo esta, se, que entro con un daño severo en sus piernas, pero justo ahora lo están operando- me dijo mientras revisaba unos papeles -pero en cuanto se sepa algo le avisaran- cerro la carpeta y me sonrió.

Lo vi caminar por el mismo camino en que se habían llevado a Britt.

-¿Me podría explicar que sucedió?- le pregunte al oficial en cuanto el doctor salió de mi vista.

-Nosotros solo recibimos una llamada por un atropello, pero en realidad no saben que paso, mi compañero- me señalo a otro oficial -está esperando a que salga del quirófano quien iba manejando- me dijo y logro hacerme enojar.

-¿Hay algún familiar?- pregunte seria.

-Sí, su mujer- me señalo a una mujer de edad media.

Estaba por acercarme a reclamarle pero en su rostro vi la preocupación reflejada y opte por calmarme y esperar noticias de alguno de los 2.

-Familiares del Artie Abrams- pregunto un doctor.

-¿Como esta?- le pregunte cuando llegue a su lado.

-Bien, fuera de peligro, pero tenemos que esperar a que despierte para ver cómo reaccionan sus piernas, pero por ahora está estable- me explicaba mientras caminábamos por los pasillos.

-¿Puedo verlo?- le pregunte ya más tranquila.

-Sí, pero esta sedado, así que usted decide- me sonrió.

-Espero entonces- le di la mano y camine rumbo a la habitación que le habían asignado a Britt.

La encontré dormida y ya limpia, tenía un labio roto, al igual que la ceja y una venda que le cubría la muñeca y mano izquierda.

-Bueno- conteste mi celular.

-¿Dónde estás?- escuche la voz de Quinn.

-Britt tuvo un accidente y estoy en el hospital- le explique susurrando puesto que no quería que se despertara.

-¿Como esta?, ¿porque no me avisaste?- me dijo rápidamente.

-Está bien, y te dije que tenía que salir- le explique.

-No recuerdo, pero bueno ¿en qué hospital están?- me pregunto.

-En el Harlem- le conteste.

-¿Como esta?- entro Santana abriendo abruptamente la puerta.

-Quinn te llamo luego- y colgué -te puedes calmar- la tome del brazo y la saque de la habitación.

-Suéltame- me aventó

-Cálmate, que llevo aquí más de 6 horas y lo último que quiero es pelear- le dije seria.

-Lo siento, es que viaje las mismas horas en un avión- se disculpó.

-Aún no sé qué ha pasado, los oficiales me hablaron de un atropellamiento, y bueno Britt solo tiene unos golpes, el que está mal es Artie- nos sentamos en unos sillones que había cerca.

-¿Que tan mal?- me pregunto sin verme a lacara.

-Temen por el movimiento de sus piernas, y bueno no hace mucho terminaron de operarlo- le explique poniendo mi mano en su hombro -¿qué hacía aquí?- le pregunte.

-No sé, me pidió el fin de semana libre y le dije que no, comenzamos a discutir y se vino sin decirme nada- la escuche sollozar.

-Tranquila, todo va a estar bien- la pegué mi cuerpo y la abrace.

-Quiero estar con ella- me dijo limpiándose las lágrimas.

Nos levantamos y caminamos rumbo a la habitación de Britt.

-Hey, como está la bailarina más hermosa del mundo- le dije a Britt cuando abrió los ojos.

-Me duele- me dijo tranquila -¿cómo está Artie?- me pregunto.

-Salió bien, está fuera de peligro, cuando despierte lo podemos ver- le sonreí y ella me respondió de la misma manera.

-Hola- le dijo Santana acercándose a nosotras.

-San, perdóname- le dijo soltándose a llorar.

Santana no lo soporto mucho y también comenzó a llorar con ella, las vi abrazarse y llorar más intensamente, no pude esperar mucho tiempo y me les uní.

-Tía Britt- escuche después de un momento de estar abrazadas.

-Pequeña princesa- le dijo Britt mientras yo me ponía a un lado de Quinn.

-¿Cómo estás?- le pregunto Beth, tocándole los golpes que tenía.

-Bien, solo me duele un poquito- le sonrió y se abrazaron.

-¿Y para la tía San no hay abrazo?- pregunto fingiendo indignación.

-Claro que si- le dijo Beth y salto hacia ella.

-¿Qué hacen aquí?- le pregunte a Quinn mientras ellas se saludaban.

-No pensaras que te iba a dejar sola verdad- me dijo tomando mi mano entre la suya y sonriéndome.

No le conteste nada, pero le sonreí de igual menara y me acerque a darle un pequeño beso en sus labios, cosa que no pasó desapercibida para mis amigas, que en cuanto me separe de Quinn note como se nos quedaron viendo.

-Ven Beth, vamos a buscar algo de desayunar para tus tías- le dijo Quinn.

-Sí, claro, ahora vuelvo- me dijo y después me dio un beso en la mejilla.

No pude evitar soltar un suspiro cuando las vi salir de la habitación, y es que aunque no les hubiera pedido que fueran me hacía feliz que estuvieran conmigo en esos momentos.

-Ese beso fue porque la niña estaba aquí, ¿cierto?- me pregunto Santana con una mirada de esas que intimidan.

-La verdad lo estamos intentando- les dije con una pequeña sonrisa.

-¿Intentándolo de verdad?- me pregunto Britt.

-Si de verdad- le sonreí más ampliamente y me senté a los pies de la cama.

Las vi sonreírse entre ellas y después a mí, lo que provoco que termináramos riéndonos a carcajadas.

-No quiero que nada le pase a Artie- dijo Britt de la nada y comenzó a llorar nuevamente.

-¿Qué paso?- le pregunte, ganándome una mirada de reproche por parte de Santana.

-No creo que sea el momento- me dijo abrazando a Britt mas fuerte.

-Está bien, San- le dijo correspondiendo su abrazo –Artie me dijo que quería presentarme con su familia, este fin de semana- la escuchamos sollozar y al voltear a vernos, Santana y yo, supimos que el corazón de las 2 se nos estaba partiendo –tome el último vuelo de ayer, y antes de despegar le llame para que supiera a qué hora llegaba, cuando aterrice él ya estaba esperándome, caminábamos hacia el estacionamiento y de pronto yo me vi en el suelo, un auto estampado contra un muro, y Artie estaba tirado en otro extremo- se pegó al pecho de Santana y esta solo la abrazo.

En el momento en que termino de relatar lo que había sucedido lejos de romper mi corazón como lo había hecho anteriormente me enoje, y es que yo podía ser paciente, o tan fría como para no dejar que cualquier situación me alterara, pero ver lastimada a ese grado a un miembro de mi familia me pudo y salí de ahí con ganas de golpear algo.

-Tenemos que encontrar a ese imbécil- escuche a Santana ponerse a mi lado.

-El imbécil está aquí- le dije sin mirarla.

Ella se detuvo y casi por inercia lo hice yo también.

-Yolo lo mato- dijo y emprendió sin rumbo fijo, pero unos pocos metros adelante tropezó con un hombre de bata blanca.

-Disculpe- dijo el doctor.

-¿Alguna novedad?- pregunte al ver que Santana no respondería.

-El paciente ha despertado- me informo sonriendo.

-¿Está bien?- le pregunte.

-Sí, bueno dentro de lo que cabe si- me respondí logrando confundirme.

-¿Dentro de lo que cabe?- le pregunte.

-Si, la operación ha salido como deseamos, pero el daño en sus piernas ha provocado la inmovilidad de estas- explico tristemente.

-¿Esta invalido?- intervino Santana por primera vez.

-No, bueno, el daño no es permanente, con rehabilitación y mucha paciencia se pondrá bien- explico volviendo a sonreír -¿quieren verlo?- pregunto a las 2.

-Sí, claro- le dije y sin más comenzamos a caminar detrás de él.

El camino que había que recorrer a la habitación de Artie, era relativamente corto, pero en esos momentos se me hizo eterno, y es que, que se supone que le dices a alguien que no volverá a caminar, estaba tan nerviosa que pude sentir el sudor de mis manos.

-Aquí estamos, cualquier cosa no duden en llamarme- nos dijo el doctor y volvió a sonreír.

Respire profundo con la mano en la perilla y con un gran esfuerzo abrí la puerta.

-Licenciada- me dijo Artie un poco sorprendido.

-Hola, licenciado ¿cómo se siente?- al instante me arrepentí de lo que le había preguntado.

-Como si me hubieran atropellado- bromeo conmigo, lo que me hizo suponer que no estaba al tanto de su situación.

-Hola- lo saludo Santana acercándose un poco.

-Hola, San- le dijo el sonriendo.

La habitación de pronto se tornó silenciosa e incomoda a la vez.

-Supongo entonces que el doctor ha hablado con ustedes- nos dijo un poco triste –ahora tienes el camino libre- le dijo a Santana –les deseo lo mejor- dijo dejándonos muy confundidas.

-Tú no vas a dejar a Britt- le dijo seriamente Santana.

-No la voy a condenar a vivir a mi lado por lastima- dijo serio.

-Quiero que me prometas algo- le dijo Santana acercándose más a él –prométeme, que no la vas a dejar, que dejaras que te acompañe en tu proceso de recuperación y que pondrás todo de tu parte para que pronto estés caminando de vuelta- le dijo al borde del llanto.

-¿Porque?- pregunto él.

-Porque es lo que ella quiere- le respondió rápidamente –y por mi parte tienes mi palabra de que no me acercare a ella de ninguna otra forma que no sea amistosa, y que no me involucrare en su relación nunca- le dijo ya más tranquila.

-No es mi intensión ofenderte, pero tu palabra según los comentarios que he escuchado no vale mucho- le dijo él no muy convencido.

-Mi palabra respalda la suya- le dije antes de que Santana peleara con él.

-Usted no es de dar su palabra a nadie.- me dijo un poco confundido.

-Lo sé, pero te la estoy dando- le dije seriamente.

-Es un trato entonces- le dijo a Santana y estrecharon sus manos.

Después de eso platicamos unas cuantas palabras y más y decidimos que era tiempo de volver a ver a Britt, os despedimos con la promesa de regresar a verlo y salimos de la habitación.

-Señorita por favor- sentí algo aferrándose a mis piernas –por lo que más quiera no denuncie a mi marido- más tarde yo en reaccionar que lo que tardo Santana en levantar a la señora por el brazo y azotarla contra la pared.

-Santana contrólate- la tome del brazo y trate de separarla de la mujer.

-Pero-.

-Por favor- le dije casi suplicando.

La vi soltarla poco a poco y yo me aferre más a su brazo y la hice hacia atrás.

-Por favor señorita, tenemos familia- seguía suplicando la señora.

Mi cabeza se mantuvo fría en todo momento, así que estaba consciente de que estaba en un lugar público y que no armaría ningún escándalo, por lo que tome a Santana y caminamos rumbo a la habitación de Britt.

-Por favor- volví a sentir como se pegaba a mi brazo.

-Suélteme- le dije deteniéndome, pero no la mire.

-Es que no puede hacernos esto, tenemos familia- me dijo apretándome más.

-Suélteme- le volví a pedir, pero ya más firme.

-No sea injusta- me dijo casi llorando.

-Suélteme- le repetí, ya perdiendo un poco la paciencia

-Por lo que más quiera- y con eso basto para hacerme enojar.

-Lo que más quiero- le dije molesta volteando a verla –es mi familia, y ahí adentro- señale la habitación de Britt –está mi hermana golpeada, y estoy a punto de avisarle que su novio perdió toda movilidad en las piernas, porque un imbécil le paso por encima- me acerque a ella de manera intimidatoria –quiere justicia, la tendrá- le dije regresando a mi lugar.

-Apiádese de mí, tengo 2 hijos-.

-No me importa nada de lo que usted pueda decirme- la interrumpí.

-Rachel- escuche a Quinn y al voltear la vi parada junto a Beth y el oficial Harker.

-Beth, acompaña al oficial Harker a la habitación de tu tía Britt, que quiere hacerle unas preguntitas—le dije ya más tranquila.

-Si mami, me acompaña oficial- le dijo educadamente.

Espere a que entraran a la habitación de Britt para proseguir con lo que estaba haciendo, pero al voltear encontré a la señora con la que minutos antes discutía en brazos de Quinn y llorando desconsoladamente.

-¿Qué hace?- me pregunto Santana tan confundida como yo.

-No tengo idea- le dije viendo la escena.

No quise seguir viéndolas y camine del brazo de Santana hacia la habitación de Britt, ya adentro esperamos a que terminara de relatarle lo sucedido al oficial, mientras agradecí que Beth ni se inmutara, de hecho creo que ni siquiera estaba poniendo atención.

-¿Quiere ser mi amigo, oficial?- le pregunto Beth cuando salíamos de la habitación.

-Por supuesto, será un honor ser amigo de alguien tan educada- le dijo el oficial sonriendo.

-Está bien, ¿Cómo te llamas?- le pregunto Beth sonriendo.

-Soy Jonathan Harker, y ¿tu?- le pregunto sentándose en un sillón.

-Yo soy Beth Puckerman Berry-Fabray- le contesto dejándome un poco confundida.

-Bien Beth, es un gusto que seamos amigos, pero ahora tengo que irme a trabajar- le explico levantándose.

-Entiendo, si no trabaja no come- le dijo como si nada.

-Beth- le dije seria –eso no se dice- termine de decir.

-Lo siento, el tío Finn lo dice todo el tiempo- se acercó a mí con cara de pena.

-Disculpe- le dije al oficial.

-No hay problema- me sonrió –Beth, nos estamos viendo, y pórtate bien- le dijo dándole un beso en la cabeza.

-Yo siempre- le dijo Beth y lo vimos salir por la puerta.

Estaban por dar las 4 de la tarde, cuando el doctor nos informó que no le daría el alta a Britt hasta el día siguiente, quería estar seguro que no había nada de qué preocuparse, Santana insistió en que ella se quedaría y me mando a mi casa junto con Quinn y Beth.

-¿Puedo pasar?- escuche detrás de la puerta de mi despacho.

-Claro- le dije acomodando los papeles que tenía en el escritorio.

-¿Podemos hablar?- me pregunto cuando ya estaba sentada frente a mí.

-Tú dirás- le dije cerrando la laptop.

-Quiero hablar contigo de la esposa del señor que causo el accidente- dijo firmemente.

-No hay nada que hablar, acerca de eso, no voy a retirar los cargos- le dije igual de firme.

-Tienen hijos, y deudas, están por quitarles la casa- me explicaba ya perdiendo la paciencia.

-Ese no es problema nuestro, él debió de pensar en eso antes de ponerse a manejar en estado de ebriedad- le dije sin inmutarme.

-No tienen ni para pagar el hospital- me dijo al borde del llanto.

-Te repito que no es problema nuestro- le dije volviendo a abrir la laptop.

-Odio esta versión de ti- me grito levantándose de golpe de la silla.

-Pues acostúmbrate, porque esto es lo soy- me levante también.

Se me quedo viendo y a pesar de que las lágrimas inundaban sus ojos jamás dejo de hacer contacto visual conmigo, después de unos minutos de estar así, la vi irse azotando mi puerta.

Sus palabras no me dolieron, y no porque no me importaran, sino porque estaba consciente de que cuando las personas nos enojamos decimos cosas que no sentimos, y Quinn era de la que se excedían cuando se enojaban, así que había aprendido a no tomarle importancia a sus palabras cuando estaba molesta, pero yo no era tan mala como parecía, o tal vez sí, pero algún día me había prometido a mí misma que el día que tuviera familia no dejaría que nadie los lastimara, y menos yo, y si eso implicaba que cambiara mis hábitos lo haría, sin pensarlo.

-¿Quién?- preguntaron detrás de la puerta

-Busco a la señora Morris- dije volteando a mis lados y es que ese lugar no me daba nada de confianza.

-Es usted- me dijo impresionada.

-Rachel Berry- me presente y le extendí la mano.

-Pase por favor- me dio quitándose de la puerta.

Entre al pequeño departamento e inmediatamente pude ver un espacio que suponía era la cocina, del otro lado había unas sillas, y al fondo una mesa plegable.

-En que puedo servirle- me dijo limpiándose las manos frenéticamente con una toalla.

-Esa pregunta se la hago yo a usted- yo estaba en la mayor disposición de ayudarla, pero el lugar simplemente no me agradaba.

-Llegamos- escuche el grito de una joven.

-¿Quién es ella?- pregunto un niño como de la edad de Beth.

-Mi futura esposa- dijo el mismo que los anuncio sínicamente.

-Bernard, contrólate- le dijo la señora dándole un golpe.

-Rachel Berry- les di la mano a los 2.

Salí de ese departamento horas después de escuchar una verdadera historia de esas que utilizan para hacerlas dramas de televisión o películas, repetiría lo que me dijeron pero nunca me ha gustado hablar de las demás personas en ningún sentido.

-Quinn- le llame cuando llegue esa noche.

Estaba consciente de que era bastante tarde y lo más seguro era que estuviera ya durmiendo, pero necesitaba hablar con ella, después de lo que había pasado en mi despacho me había retirado el habla completamente, justo había pasado una semana, y no podíamos seguir en esa situación, o al menos yo no.

Subí las escaleras y camine hacia la recamara de Beth, la encontré ya dormida y solo le di un beso de buenas noches, camine a la siguiente y encontré a Britt durmiendo de la misma manera, después del accidente Santana le dijo que se quedara con Artie el tiempo que fuera necesario, y que volviera cuando quisiera, así que ella se fue y Britt se quedó conmigo, cerré la puerta y camine a la recamara de Quinn, la encontré acostada dándole la espalda a la puerta, pero ella no dormía como Britt y Beth, ella simplemente me ignoraba como siempre últimamente.

-Sé que no estás dormida- le dije y la vi moverse un poco, pero no me hizo caso –bien, solo quería que tuvieras esto- le deje un sobre a un lado y salí de allí.

Me fui a acostar con Britt y deje que las cosas fluyeran por si mismas.

-Buenos días- escuche la voz de Quinn y al abrir los ojos la encontré frente a mí.

-Buenos días- le respondí con una sonrisa.

-Gracias- me dijo y me dio un beso en la boca.

-¿Perdón?- le pregunte y es que tal vez seguía un poco dormida.

-He visto los papeles que me diste, gracias- ahora entendía lo que había pasado.

-De nada- le sonreí más ampliamente.

-Vístete, que he preparado el desayuno, y solo faltas tú- me dijo levantándose del suelo y dejo otro beso sobre mis labios.

Le hice caso y me arregle, después de una semana, volvía a sentirme completa, sin la sensación de que algo me faltaba.

Los meses pasaron y las cosas entre las 2 fueron avanzando y se hicieron mejores, de hecho me di cuenta de que había cambiado bastante, incluso mi humor era bastante diferente, deje de ser callada y reservada y comencé a abrirme más con las personas a mí alrededor.

Beth por su parte no dejaba de presionar con el asunto de la boda, y no es que no quisiéramos, pero ahora era diferente, ya existía una relación entre nosotras, y aunque ya estuviéramos casadas no dejaba de sentirse extraño.

Las cosas con mi familia estuvieron lo mejor posible, de vez en cuando hablábamos, al menos yo con ellos, porque al parecer Quinn y Beth si los frecuentaban más.

-¿Cuántas personas piensan invitar?- nos preguntaba Beth mientras se aventaba a la cama en donde estábamos acostadas.

-No lo sé Beth- le dije un tanto fastidiada.

-¿Ya no se van a casar?- abrió los ojos más de lo normal.

-Si Beth, pero justo ahora no es el momento para eso- le respondía Quinn cubriéndose con las cobijas.

-Rachel tengo que darte algo- me dijo al oído.

-Ahora no Beth- le conteste sin abrir los ojos.

-Es importante por favor- me volvió a decir al oído.

-Está bien- me quite las cobijas de encima y me levante sin abrir los ojos.

Beth me tomo de la mano y me jalo con todas sus fuerzas, yo iba más dormida que despierta y termine de abrir bien los ojos cuando escuche que revolvía sus cajones.

-¿Que buscas?- le pregunte recargándome en el marco de la puerta.

-Esto- me dijo enseñándome el anillo que le había dado a Quinn cuando estuvimos en mi casa.

-¿De dónde sacaste esto?- prácticamente se lo arrebate.

-Estaba en uno de tus cajones- me explico tranquilamente -y mira- me lo quito y me mostro una inscripción que tenía al interior.

"Siempre tuya. Rachel".

-¿Cómo hiciste esto?- le pregunte un poco anonadada.

-La tía San me ayudo, ella me acompaño al centro comercial y ahí lo grabamos- me explico como si fuera la cosa más normal del mundo.

-¿Y cómo lo pagaste?- le pregunte sin saber bien que decir.

-La tía San dijo que no me preocupara por eso- levanto los hombros y me lo entrego.

-Supongo que le agradeceré después- le dije viendo detenidamente el anillo.

-Sí, ahora es tu deber pensar como se lo vas a dar- y diciendo esto cerró la puerta en mis narices.

Yo me quede ahí unos minutos, no sé si muchos o pocos, pero me quede ahí, primero viendo la puerta, y después al anillo, que se suponía que debía hacer, todo era más complicado ahora que la relación era seria, como me le declaraba a alguien completamente nuevo para mí.

Regrese a la recamara y encontré a Quinn en la misma posición en la que la había dejado, guarde el anillo en un cajón y me acosté junto a ella.

-¿Siempre obtiene lo que quiere?- me pregunto con los ojos cerrados.

-Siempre- le susurre tratando de volver a dormir.

No volvió a decir nada y yo tampoco al parecer teníamos la misma idea de volver a dormir.

-No puede ser- dijo Quinn fastidiada cuando escucho mi celular sonar.

-Bueno- conteste adormilada.

-Rachel- escuche una voz conocida.

-¿Señora López?- pregunte un poco incrédula.

-Al menos no me has olvidado- la escuche sonreír.

-No podría hacerlo nunca- le respondí levantándome para no molestar a Quinn.

-Disculpa la pregunta pero estas con tu nueva pareja- me pregunto un tanto apenada.

-Si- voltee a ver a Quinn quien estaba pendiente de mí.

-Puedes ponerme en altavoz por favor- me pidió y fruncí el ceño.

-Claro- me acerque nuevamente a la cama y me senté frente a Quinn.

Ella me hizo un gesto preguntándome que era lo pasaba y yo solo levante los hombros mientras ponía en altavoz.

-¿Ya está Rachel?- me pregunto.

-Si señora ya está- le dije mientras veía a Quinn acomodarse en la cama.

-Hola, hola- dijo después de un largo silencio.

-Hola- dijo Quinn con algo de temor.

-Pensé que se había cortado- explico aliviada.

-No señora, aquí seguimos- le conteste todavía un poco confundida.

-Cuando dejaras de decirme señora, aparte de que me haces sentir vieja, creo que he ganado que me hables con más cariño- me dijo alegremente.

-Está bien Maribel, a que debemos el honor de tu llamada- le dije más tranquila.

-Pues primero para reclamarte, porque si yo no llamo tu ni te acuerdas- la escuche sonreír -y después para presentarme, aunque sea por teléfono- dijo logrando sonrojar a Quinn.

-Mucho gusto, Quinn Fabray- le dijo después de un pequeño silencio.

-Mucho gusto, Maribel López- le dijo.

-¿López?- pregunto confusa.

-Supongo por el tono de tu voz que reconoces mi apellido- le aseguro.

-Me suena de algo para serle sincera- le dijo sonriendo.

-Soy la madre de Santana- le dijo rápidamente.

-Santana- dijo Quinn lentamente.

-Me disculpo por cualquier cosa que te haya hecho- Quinn abrió los ojos al escuchar eso -conozco a mi hija y sé que seguro te hizo algo- termino de decir.

-No hay problema- le dijo Quinn sin quitar su sonrisa.

-Bueno, a lo que voy, ¿ya tienen planes para navidad?- pregunto tranquilamente.

-En realidad no lo hemos pensado- le dije viendo a Quinn.

-Bueno ya sabes que aquí siempre hacemos una cena íntima- solté la carcajada y vi en la cara de Quinn un poco de confusión.

-Maribel, en esas cenas siempre hay más de 50 personas, lo último que es, es intima- explique el motivo de mi risa.

-A lo que me refería era a que es algo familiar- también se rio conmigo.

-Pues no sé si Quinn quisiera estar con su familia o en otro lugar- le explique mientras Quinn se mantenía al margen.

-Quinn- le hablo directamente.

-Si- le contesto secamente.

-¿Vas a ir con tu familia?- le pregunto.

-Mi familia es Rachel, y Beth, así que usted sugiera- le dijo viéndome a mi directamente.

-Bien, entonces las espero a partir del 22, y se quedan todo lo que quieran, si no tienen planes para año nuevo, pues se quedan también- término de decir.

-Necesito ver algunas cosas de la oficina, pero en cuanto sepa algo te confirmo- le dije.

-Está bien- me dijo un poco decepcionada.

-Te llamamos luego- le dije y colgué.

Nos quedamos un momento en silencio y la vi relajarse mientras me veía, lo que me hizo sonreír y relajarme también.

-¿Quieres ir?- le pregunte.

-¿Quieres ir con tu familia?- me contesto con otra pregunta.

-No nos han invitado- le dije acostándome en sus piernas.

-Si lo hicieron- me dijo acariciando mi cabello.

-¿Tú no quieres ir con Russel?- le pregunte volteando hacia ella.

-¿En serio?-me pregunto incrédula.

-Yo pensé- le dije levantando los hombros.

-¿Cuánto tiempo llevas yendo con la señora López?- me pregunto.

-Desde que iba en la universidad- le dije normalmente.

-Ahí está, razón de más para que vallamos- me sonrió y se acercó a besarme.

-Está bien, tu ganas, vamos a cenar con la familia López- le dije regresándole en beso.

Nos acostamos en posición de "cucharita" y así nos quedamos un momento más.

Los días que siguieron a ese no podía sacarme de la cabeza la manera de darle el anillo y siendo completamente honestos tampoco es que tuviera muchas ideas.

-Quinn- toque la puerta de su cuarto oscuro.

-Permíteme un momento- me grito.

Ese día era sábado, ni Beth ni Britt estaban, se habían ido juntas con la familia de Artie a un fin de semana fuera de la cuidad, así que solo estábamos nosotras.

-Lo siento estaba, terminando- salió con una sonrisa y vestida con un pequeño short, una playera sin mangas y descalza como siempre.

-No te preocupes, solo era para avisarte que esta tarde iremos a un lugar, y bueno voy a entregar estos papeles al juzgado y regreso por ti- le sonreí al ver la cara que hacía.

-Como quieras- me dijo y sin más me acerque a darle un beso en los labios de esos que cuando se acaban te dejan sin palabras y lo único que sale de tu boca es un suspiro.

Lo que tenía que hacer lo hice en un tiempo record, y en menos de hora estaba de vuelta en casa.

Cuando llegue me encontré con Quinn leyendo un libro de lleyes, de los que tenía en mi despacho, y estaba tan concentrada que no se dio ni cuenta de que había llegado.

-No querrás quitarme el trabajo ¿verdad?- le dije al oído.

-No, para nada, solo me informo por si me piensas dejar sin nada en el divorcio- me sonrió y me beso.

-Entonces estaré preparada- le dije pegando su frente con la mía.

-¿A dónde vamos?- me pregunto ya en el auto.

-No seas impaciente, prometo que pronto lo sabrás- y fue lo último que dije.

Al cabo de 1:30 de trayecto comencé a ver como reconocía las calles por las que pasábamos, y no es que estuviera muy lejos el lugar, o, lo que paso fue que yo en mi vida había ido a esa parte de la ciudad y me perdí.

-¿Qué hacemos aquí?- me pregunto conmovida.

-Necesito hacer algo aquí- le respondí rápidamente.

-Aquí a la derecha y es la segunda casa de la izquierda- me dijo con su vista al frente.

Yo seguí sus indicaciones y la verdad las agradeció, puesto que no tenía ni idea de donde era y nos salvó de perdernos otra hora.

Al estacionarnos pude ver a una mujer de color en la entrada de la casa viendo fijamente hacia nosotras, Quinn al sentir que el auto estaba totalmente parado salió disparada hacia la mujer, cosa que me causo hasta cierto punto ternura. Baje del auto y camine hacia donde se desarrollaba la escena anterior.

-Estas más hermosa que nunca- le decía la mujer a Quinn.

-Ha pasado tanto tiempo- le decía Quinn con lágrimas en la cara.

-Solo el suficiente- le decía la mujer tranquila –supongo que tú eres Rachel- se dirigió a mí.

-Mucho gusto- le extendí la mano sonriendo, pero ella se limitó a sonreírme.

-El gusto es mío, muchas gracias- me dijo sinceramente.

-Nana, ella no es como lo pensamos- le dijo Quinn sonriéndole.

-Lo sé, pero eso no quita que la respete- le respondió seria –ahora, adelante, que ya casi esta la comida- y dicho eso entro a la casa.

-¿Cómo lo pensamos?- le pregunte haciendo referencia a lo que acababa de decir.

-Vamos- me sonrió y me tomo de la mano para entrar sin contestarme.

Entramos a la casa y era una casa pequeña, sin ningún lujo, pero con todas las cosas en su lugar, Quinn parecía con más confianza que en el loft, entraba y salía de las habitaciones como si nada, mientras, yo me quede sentada en el sillón sin hacer o decir nada.

-Es verdad lo que me dijo por teléfono- me pregunto la señora entrando a la sala con una jarra de agua y vasos.

-No tiene por qué dudarlo- me levante y la ayude.

-Las personas como usted no se casan con gente como mi niña Quinn- me dijo sentándose a un lado de mi.

-¿Personas como yo?- le pregunte un tanto confundida.
-No sé si Quinn no se acuerda o si solo lo está dejando pasar- dijo sirviendo los vasos de agua.

-No entiendo de lo que habla- le dije tomando una pose seria.
-Hace un tiempo atrás, varios años, tú eras una niña, pero eso no te impidió poder despedir a media planilla de una vieja fábrica textil, y casualmente todos eran negros- me dijo con algo de recelo.

-¿Como sabe usted eso?- le pregunte sorprendida, aquello pocas personas lo sabían.

-Algunos de los afectados eran familiares míos, y otros tantos conocidos- me dijo extendiéndome un vaso con agua.

-¿Quinn sabe de esto?- le pregunte recordando lo que acababa de decir.
-Claro, ella estaba con ellos apoyándolos cuando usted llego a terminar con la marcha que habían armado- me dijo seria -pero tranquila, que es normal que usted no recordara a un montón de negros peleando por sus derechos- dijo sarcásticamente.

-Le diría que lo siento, pero la verdad es que lo hice porque pensé que era lo mejor- le dije tranquila.

-¿Porque se quiere casar con la niña Quinn?- volvió a preguntar.
-Ni usted ni yo nos conocemos, pero por lo visto Quinn nos quiere en su vida a las 2, así que supongo que no queda de otra más que aceptarnos mutuamente, y no lo digo porque usted no me caiga bien ni mucho menos, pero creo que tiene una idea equivocada de mi, y a mi sinceramente no me interesa defenderme ni excusarme, así que lo siento- me levante del sillón y salí de la casa hacia el auto.

Mi intención nunca fue la de incomodar a la nana de Quinn, pero jamás imagine que supieran lo que había pasado años atrás, y para ser sinceros no recordaba haber visto a Quinn en esa ocasión, aunque bueno, no hubiera reconocido a nadie.

Abrí el auto y de la guantera saque una pequeña caja de piel que contenía en anillo, lo observe, respire profundo olvidando lo que acababa de pasar y camine de regreso a la casa.

-¿Hey dónde estabas?- pregunto Quinn sonriendo y abrazándome.

-Tenía que hacer una llamada y bueno salí- le explique abrazándola también.

-La comida esta lista- grito desde la cocina la nana de Quinn.
-Vamos- me soltó, tomo mi mano y prácticamente me arrastro a la mesa.
Comimos entre una buena platica y anécdotas de la niñez de Quinn, la nana, cambio su actitud hacia mí, e incluso me incluyo en las platicas más de una vez.

-No quisiera, pero ya es noche, y si esta señorita se perdió en el día, no quiero llegar mañana a la casa- le dijo levantándose de la mesa.

-Está bien, pero prometan que volverán- dijo la nana sonriente.

-Téngalo por seguro- me levante también y le extendí mi mano a manera de despido.

Estaba preparada para que no me respondiera, pero igual lo hice, ella se me quedo viendo, y después de unos segundos la tomo y me sonrió ampliamente.

-Quinn- la llame cuando estaba por salir -antes de irnos quisiera decirte algo- me acerque a ella y respire profundo -te traje el día de hoy aquí, porque obviamente quería que vieras a tu nana- voltee a ver a la nana y estaba parada en el mismo lugar de antes -pero también porque supuse que era la única persona a quien debía de pedirle permiso para esto- volví a respirar profundo y saque de mi saco la pequeña caja de piel negra -¿te quieres casar conmigo?- le pregunte con la voz entrecortada, y es que a decir verdad estaba nerviosa.

-¿Es en serio?- pregunto con su mano en el pecho.

-Sí, claro- le sonreí y la vi acercarse a tomar el anillo, lo saco y lo reviso sonriendo ampliamente al ver la inscripción.

-Por supuesto que sí- se lo puso y se me aventó besándome.

-Muchas felicidades- se acercó su nana y la abrazo.

Espere a que Quinn se despidiera y salimos de ahí tomadas de la mano, subimos al auto, y maneje de regreso al loft en silencio y es que no tenia palabras y supongo que Quinn tampoco.

El regreso fue mucho más rápido que la ida, y en nuestras caras se reflejaba una sonrisa enorme, aunque la mía tenía nombre y apellido.

Quinn Fabray.

-No sé como agradecerte- me dijo cuando entrabamos al edificio.

-Tu sonrisa sola lo hace- entramos al elevador y volvió a besarme.

-Nos vamos a casar- me dijo con una sonrisa y pegada a mi frente.

-Ya estamos casadas- le dije sonriendo.

-Ahora será de verdad-me abrazo y comenzó a besar mi cuello.

-Quinn no hagas eso- le dije separándome un poco.

-¿Porque?- me pregunto.

-Porque no me gusta quedarme con las ganas- le dije sonriendo y saliendo del elevador.

-Y porque tendrías que quedarte con las ganas- me abrazo por la espalda y me dijo al oído justo cuando abría la puerta del loft.

Entramos y no se separo de mi, al contrario, se pegó mas a mi cuerpo y comenzó a dejar besos en mi cuello, paso sus manos por mi vientre y logró prenderme, me di la vuelta sobre mi propio eje y la bese, la abrace también por la cintura y la pegue lo mas que pude a mi cuerpo.

-No creo que sea una buena idea- le dije separándome un poco.
-¿No quieres?- me pregunto un poco confundida.
-Si, pero no quiero que te sientas presionada ni nada por el estilo- le dije dándole un pequeño beso en los labios.

Trate de separarme, pero tomo mi nuca entre sus manos e intensifico el beso, no lo soporte mucho y puse mis manos en su trasero, sentí como sonrió por mi acción y apretó mas mi cuello, nos separamos y vi en su mirada la seguridad suficiente como para proseguir, subimos las escaleras tomadas de la mano, entramos a la recamara y nos quedamos un momento viéndonos frente a frente.

Acaricie su cara y su cabello, me acerque poco a poco hasta quedar pegada a sus labios, pero no la bese, sentí su respiración sobre mis labios y la aspire profundo, sentí sus manos quitándome el saco, me lo termino de quitar y lo puso en la cama, me sonrió y ella se quito el suéter que traía, se volvió a acercar a mí y me beso, le seguí el beso y metí mis manos en su playera, tocándole el abdomen, sintiendo los músculos que se le marcaban, levante la playera y se la quite, dejándola solo con la parte superior de la ropa interior, me le quede viendo y le sonreí quitándome mi blusa, ella entendió el juego y me sonrió, la tome de la mano y la lleve al borde de la cama, comencé a besarle el cuello mientras ella luchaba con el cierre de mi falda, lo que me causo un poco de gracia y sonreí, seguí con los besos en el cuello y puse mis manos en su pantalón, le abrí el botón y baje el cierre, sentí como dejo por la paz la falda y tomo mi cara para besarme intensamente, sentí su lengua rozar con la mía y le correspondí.

-Auch- le dije cuando sentí que me mordió el labio.

-Siempre quise hacerlo- me dijo besando mi cuello.

Sentí sus manos volver a mi falda y decidí ayudarla, me desabroche y me pareció escuchar un suspiro de alivio, metí mis manos entre su piel y el pantalón y logro hacer que gimiera, lo que me incito a que siguiera con lo que hacía, saque mis manos y la acosté en la cama mientras la besaba, al sentir que su espalda estaba contra el colchón, deje de besar su boca y pase a su mandíbula, después su cuello y su pecho, mientras dejaba pequeños besos en su clavícula, subí mi mano por su cadera, hasta su pecho, pasando y deteniéndome, en cada costilla que se le marcaba, puse mi mano sobre su pecho y comencé a delinear el borde de la copa del sujetador, acariciando ligeramente su piel, la volví a escuchar gemir y volví a besar sus labios, ella puso sus manos en mi trasero y me apretó contra su cuerpo, quite mi mano de su pecho y comencé a bajar nuevamente con los besos, llegue a su abdomen y pase nuevamente mis dedos por donde dejaba los besos, me levante y comencé a quitar su pantalón tratando de no verla, quería hacerlo, pero en ropa interior, cuando la deje en esa situación la observe desde las piernas hasta su cara la cual reflejaba un poco de sonrojo, y al mismo tiempo una sonrisa hermosa, le respondí la sonrisa y comencé a quitarme la falda, que hasta ese momento seguía en su lugar y la vi verme de la misma manera en que lo había hecho yo anteriormente, le estire mi mano para que la tomara y así lo hizo, la jale hacia mí y quedo parada a centímetros de mí, le di un beso en la mejilla y la voltee para que quedara dándome la espalda, ya así, tome su cabello y lo pase por encima de su hombro derecho dejando al descubierto su nuca y espalda, comencé a darle besos en el cuello, la nuca, el hombro y en la espalda, con mucho cuidado y sin prisa le baje uno por uno los tirantes del sujetador, dando besos por esa parte de la espalda igualmente.

La piel de Quinn era blanca y delicada, suave y tersa, y de ella emana un perfume propio de ella, en el momento en que me di cuenta de que podía percibir todo eso supe que la pasión con la que había comenzado aquello había pasado a un término secundario, al igual que mis deseos de satisfacción, ahora, no era la lujuria la que me motivaba, sino las ganas de conocer cada centímetro de la piel de Quinn y hacerla sentir amada, y en cuanto a mi satisfacción propia, no diré que la olvide y que le escena que estábamos viviendo no me excitaba, no, porque sería mentirme a mí misma, pero me sentía plena por el simple hecho de hacer que Quinn suspirara.

Llegue al broche del sujetador y lo quite de la misma manera que los tirantes, sin prisa, Quinn hizo el amago de querer quitárselo ella misma, pero la detuve rápidamente, esa primera vez, seria mía en todo sentido, seguí dejando besos por su espalda, toda la espalda, hasta que llegue a la espalda baja y me topé con el pequeño bóxer que tenía a juego con el sujetador, la posición en la que me encontraba me dejaba a la altura de su trasero, y es que me había puesto de rodillas para poder seguir con mi camino de besos, poco a poco fui bajándolos hasta que se los quite completamente, me levante y me pegue a su cuerpo poniendo mis manos sobre su vientre.

-Me encantas- le dije al oído dejando un pequeño beso en él.

-Te quiero- fue su respuesta inmediata.

Para ser sinceros, no me esperaba esa contestación, pero igual lo deje pasar, después de todo era consciente de que en la situación en la que estábamos era común que se dijeran cosas como esa

La voltee de frente a mí y le sonreí, quitándole el sujetador, tome con mis manos sus mejillas y me acerque a ella para besarla, después de unos momentos de estarnos besando sentí como el broche de mi sujetador se desprendió, lo que me hizo reaccionar y dejar el beso para poder quitármelo también, volví hacia Quinn, pero en vez de tomar sus labios bese su cuello, que era embriagador, ella por su parte comenzó a pasar sus manos por toda mi espalda, la empuje ligeramente sobre la cama y la acosté sobre ella sin separarme de su cuello, la recamara estaba siendo ambientada por sus suspiros y gemidos, cosa que me hacía disfrutar más, deje su cuello y pase a sus pechos, uno lo tome con mi mano y al otro le iba dejando besos cortos, sus pezones me indicaron el nivel de excitación que tenía en esos momentos, y me encanto saber que mis besos eran capaces de hacer eso, los besos que dejaba en su pecho casa vez eran más intensos, al grado que incluso lo mordí logrando un grito agudo de su parte, levante mi cabeza para cerciorarme que todo estaba bien, y ella me esperaba con una gran sonrisa en su rostro, le sonreí también y repetí la acción, pero en el otro pecho, al sentir que había terminado de estimularla todo lo que podía, deje lo que hacía y me le quede viendo fijamente a los ojos, sin moverme de esa posición, baje mi mano hacia su vagina, la cual estaba completamente empapada, ella trato de voltearse cuando sintió mi mano, pero se lo impedí moviendo la cabeza de una manera negativa, comencé con una exploración con mi mano sin dejar de mirarla, y lo que vi fue completamente indescriptible, en su cara había un contraste entre el deseo, la pasión y la lujuria, en contra de la vergüenza, que estaba sintiendo porque la estaba viendo, la vi cerrar los ojos cuando introduje mi dedo medio en ella y soltar un suspiro al detener cualquier movimiento de mi mano, después de pasados unos segundos abrió los ojos y en su mirada ya no había vergüenza alguna, no, ahora todo era deseo, y pasión, lo que entendí perfecto.

-Haz algo- me dijo un poco agitada.

No le di respuesta hablada, pero mi mano instintivamente comenzó a moverse dentro de ella, por su parte Quinn comenzó a soltar gemidos más fuertes, la vi dejarse llevar por el placer que estaba provocando y supe que podía aguantar más, así que decidí meter otro dedo, solo un pequeño grito al sentirlo, pero se le olvido al instante siguiente, con el pulgar comencé a estimular su clítoris y con mi boca detrás de su oreja, había descubierto que era un lugar sensible para ella, el momento y la escena era bastante placentera, incluso para mí que no estaba recibiendo ningún tipo de estimulación, aparte claro está de los gemidos y gritos que soltaba Quinn.

-Rachel- la escuche gemir de la manera más sexi que jamás había oído.

Y a los pocos segundo sentí sus piernas apretar mi mano, sus uñas aferrarse a mi espalda, y su boca mordiendo mi hombro.


Siento la demora semana de exámenes :(

Espero les guste.

Grax por darse el tiempo de leer