Don't you remember
Capítulo 21 a:
Sebastian se despertó con el zumbido del portero automático. Hace solo tres semanas, él habría simplemente rodado sobre su costado, poner su pierna encima de las caderas de Kurt y volver a dormirse pero el miedo que se había instalado en él desde el accidente le hizo levantarse. Eso no quiere decir que no le había puesto de mal humor por tener que dejar la comodidad de su cama. Él caminó tropezando hasta el portero automático, maldiciendo todo el camino con sus ojos aún medio cerrado y cuando finalmente encontró el botón y lo presionó, todo lo que dijo fue:
-¿Quién demonios eres ti y qué quieres a estas horas?
-¿Es así como le das la bienvenida a todos tus invitados?
-Rachel – dijo Sebastian entre dientes, intentando mantener su voz calmada – Son las siete de la mañana, del domingo.
- He traído bagels, café y magdalenas de arándanos.
Sebastian suspiró, dejando caer su cabeza contra la puerta. Ella sabía que le tenía con eso.
-Sube.
De todos los amigos de Kurt, llegar a tener a Rachel de su lado fue lo más difícil. Cuando Kurt y él empezaron a salir, ella había estado empeñada en la idea de que Sebastian estaba intentado corromper a Kurt y que estaba secretamente reuniendo material de chantaje que inevitablemente destruiría su carrera y su vida. Suponía que su dificultad para confiar en sus intenciones venía del momento en el que él había hecho photoshop con una foto de su prometido en el instituto, pero… él se había disculpado por eso. Rachel y Finn ni siquiera seguían juntos. Había un momento en el que tienes que dejar ir el pasado y moverte hacia delante.
Kurt, quien la escuchaba dejando sus palabras entrarle por un oído y salir por el otro poniendo los ojos en blanco, muy amablemente señaló cómo Sebastian seguía siendo un capullo en lo que a ella se refería como lo había sido en el instituto así que no tenía realmente ninguna razón para dejar el pasado atrás. Y, vale, tal vez Sebastian se burlaba de su carrera, mucho. En ese punto, no se había realmente resuelto nada y el tema en sí era demasiado sentible para hacer ningún comentario, ni siquiera Sebastian pero a él le gustaba molestarla a veces más que incluso a Kurt. Al contrario que él, todo lo que Rachel hacía eran olas y enfadarse hasta el punto de explotar.
Fue solo después de que Kurt y él empezaran a salir en serio que ella hizo el intento de poner sus prejuicios a un lado.
-Mira Sebastian, Kurt significa mucho para mí ¿vale? Ha estado a mi lado en todas mis relaciones pasadas…
-Fallidas relaciones quieres decir.
-… Y si ha elegido dejarte amarle…
-Para el carro Straisand, no hay amor involucrado…
-… Entonces es mi deber como su amigo intentar apoyarle en sus relaciones, incluso si sé que ellas van a llevarle inevitablemente a un corazón roto. Y te aseguro, que cuando eso pase, voy a estar sentada a su lado con un gran cubo de helado y poniendo a su disposición un hombro donde llorar. Pero hasta ese momento, he decidido darte una pequeña oportunidad.
En algún momento, ellos habían terminado siendo amigos, tal y como Sebastian había terminado enamorándose de Kurt.
Rachel le dio una pequeña sonrisa cuando abrió la puerta. Ella sonaba demasiado fresca y alegre para alguien en ese momento del día, siendo domingo. Sebastian levantó las cejas, cogiendo la caja de magdalenas que llevaba en las manos.
-No estás perdonada todavía.
-Buenos días a ti también, Sebastian – dijo, entrando al apartamento - ¿Dónde está Kurt?
-Durmiendo – dijo, abriendo la caja e inhalando el aroma de magdalenas recién horneadas.
-Voy a ir a despertarlo – dijo Rachel, caminando hacia el dormitorio.
-Oh no, no vas a hacerlo – dijo Sebastian, cogiéndola por el brazo y empujándola gentilmente hacia la cocina – Tuvo un largo día ayer. Tú tal vez me has jodido la mañana. Pero no estás jodiendo la suya.
-Has aceptado el soborno, no puedes seguir molesto conmigo – dijo, señalando la magdalena que estaba devorando en ese momento.
Sebastian puso los ojos en blanco y se inclinó sobre el mostrador mientras Rachel cogía una magdalena para ella.
- Me siento mal por no poder venir antes pero tú sabes con todos esos ensayos para estar listos para la semana que viene. Pero de cualquier manera… detalles. ¿Cómo está llevándolo? ¿Qué habéis estado haciendo?
-Está mejor que la última vez que lo viste, por lo menos – dijo Sebastian, mojando su magdalena en el café.
-¿Y cómo son las cosas entre vosotros dos? – peguntó con una voz más suave.
Capítulo 21 b:
-Bien. Quiero decir, no está llevando la alianza ni nada de eso, pero ha aceptado que estamos casados. Está intentándolo con todas sus fuerzas, tengo que reconocerlo. Nosotros incluso fuimos capaces de ir a una cita ayer y… - fue cortado por un gritito excitado. Él puso los ojos en blanco y continuó – En serio, Rachel. Eres tan infantil, a veces.
-Cállate – dijo, inclinándose sobre el mostrador y dándole un codazo – Dime más sobre esa cita.
- Nosotros solo caminamos alrededor de Central Park y nos tomamos un café antes de encontrarnos con Burt para cenar – dijo Sebastian como si no fuera la gran cosa. Como si su corazón no se hubiera acelerado con cada una de las sonrisas, cada uno de los pequeños toques que había compartido con Kurt esa noche.
-Así que ¿ha recordado Kurt alguna cosa? – preguntó Rachel, bebiendo un trago de su café – Sé que puedo ser un poco optimista pero tengo que preguntarlo.
-Ojeamos algunas de las fotos de su Facebook, ayer – dijo Sebastian, discutiendo con si mismo sobre si contarle sobre el flashback o no. Decidió no hacerlo – Estamos trabajando en ello.
Rachel le dio una pequeña sonrisa.
-Todo a su tiempo – cogió otra magdalena, mirando pensativa – Oh, por cierto, he hablado con Blaine…
Sebastian se tensó al oír ese nombre pero Rachel no lo notó.
-… Dice que no habéis estado en contacto mucho últimamente.
-¿Te dijo por qué? – preguntó Sebastian, tomando otro sorbo de su café y dejando que el agridulce sabor impregnara su boca durante un momento antes de tragar.
-Aparentemente él lo había, y cito textualmente, jodido todo – ella fijó sus ojos en él exigiendo una explicación – Sonaba bastante triste pero no quiso decirme nada más.
El sonido de una puerta abriéndose interrumpió la contestación de Sebastian y Rachel, olvidando toda mención de Blaine, estaba de pié antes incluso de que Kurt hubiera entrado. Ella se lanzó contra él con tanta fuerza que le hizo dar un paso atrás, pero no eso no evitó la sonrisa que se extendió por su cara.
Excepto… algo hizo que Sebastian frunciera el ceño. Los ojos de Kurt estaba rojos y él sabía que no podía ser solo por falta de sueño.
-¿Te ha despertado Rachel? – preguntó mientras se estos se acercaban a la cocina de nuevo.
Rachel le miró fijamente pero Kurt negó con la cabeza y dijo:
-Ya estaba despierto.
-¿Has dormido bien? – el tono de la voz de Sebastian le indicó que no le creería si intentaba mentirle.
-No realmente.
-Kurt, si estás cansado, puedes volver a la cama – dijo Rachel, cogiéndole de la mano – La única razón por la que he venido tan pronto…
-Oh, ¿así que en realidad hay una razón? Yo creía que era un hábito tuyo aparecer en las puertas de la gente al amanecer y así arruinar el resto de su día.
Rachel miró fijamente a Sebastian durante un largo momento.
-Soborno – le recordó antes de girarse de nuevo hacia Kurt.
-Hoy es el único día que yo no tengo ensayo y yo me aseguré de no tener nada que hacer para poder pasar el día entero contigo. Ha sido realmente duro conseguir algo de tiempo libre últimamente y yo he estado siendo el peor amigo en la historia. Yo realmente debería haber venido antes pero…
-Rachel – Kurt la detuvo, cerró los ojos y masajeó sus templos con sus dedos – Está bien. Solo… puedes hablar un poco más bajito ¿por favor?
-¿Estás bien? – preguntó Sebastian, mirando a Kurt preocupado.
-Sí – dijo asintiendo con la cabeza.
Sebastian había presionado para obtener más detalles pero Kurt le miró prometiéndole con su mirada que le contaría lo que le pasaba más tarde. Si hubiera sido por Sebastian, habría encerrado a Rachel en el baño y no la hubiera dejado salir hasta que Kurt se lo hubiera contado todo, pero este parecía estar verdaderamente contento de verla, incluso si su sonrisa hacía que su rostro pareciera más cansado que alegre.
Así que Sebastian les dejó hablar, enfocando su atención en las magdalenas en su lugar (¿Y qué?, eran deliciosas). Fue solo cuando el móvil de Rachel y ella se excusó para contestarlo que este se giró para mirar a Kurt y lo encontró levantándose del taburete y rodeando la encimera de la cocina hasta llegar a su lado.
Capítulo 21 c:
-¿Para cuándo vas a pedir la cita para ir a ver a la Doctora Kendricks? – preguntó en voz baja.
-Uh.
La pregunta sorprendió a Sebastian y la mirada aterrada que mostraba el rostro de Kurt estaba poniéndole muy nervioso.
– Iba a pedir cita para mañana desde que no estoy seguro de que trabaje los domingos. Pero… - añadió rápidamente – Si quieres puedo mover un par de hilos y hacer que te vea hoy.
-No, supongo que mañana está bien – dijo Kurt moviendo la cabeza.
-¿Qué pasa? – preguntó Sebastian, moviendo la mano hasta tocar las marcas de cansancio en el rostro de Kurt.
Kurt suspiró y cerró los ojos, a penas dejando reposar su cara contra el toque.
-No se detienen – susurró – las pesadillas… flashbacks, ni siquiera soy capaz de diferenciarlos ya. No se detienen. Creo que he conseguido dormir poco más de dos horas desde anoche.
-Joder, Kurt. ¿Por qué no me despertaste? – preguntó Sebastian, moviendo su mano hasta acunar el rostro de Kurt con firmeza.
-¿Qué podrías haber hecho tú si lo hubiera hecho? No valía la pena.
-Déjame decidir a mí si vale la pena o no la próxima vez ¿vale? – dijo Sebastian, acariciando con su pulgar el pómulo de Kurt. – Dios, te ves horrible.
Kurt frunció el ceño y apartó la mano de Sebastian de su rostro.
-Gracias. Eso era exactamente lo que quería oír en este momento.
Sebastian no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en su cara mientras Kurt se dio la vuelta para inspeccionar la comida que Rachel había comprado. Antes de que pudiera detenerse a sí mismo, él dio un paso acercándose y presionó todo su cuerpo contra la espalda de Kurt, sin perderse la brusca inhalación de este y un golpe seco que debía haber sido Kurt dejando caer el bagel que había cogido. Tomándose el hecho de que no había sido empujado lejos como un buen signo, Sebastian movió sus brazos hasta rodear la cintura de Kurt.
-No importa lo horrible que te veas – dijo, presionando su boca suavemente contra el templo de Kurt – Tú siempre serás mi Kurt y yo siempre te amaré.
Movió el dedo anular en el que llevaba la alianza contra el estómago de Kurt para que este fuera capaz de sentir la firmeza del anillo como promesa.
-Viejos y arrugados es algo así cómo yo veo el final de nuestro "acuerdo".
Kurt seguía muy tenso y por un segundo, a Sebastian le preocupaba haberse sobrepasado. Kurt había empezado a estar más relajado a su alrededor en lo que a comodidad física se refiere pero esto podía haber sido un poco demasiado directo. Justo cuando estaba a punto de alejarse y disculparse, Kurt puso su mano sobre la suya, entrelazando sus dedos con los suyos.
-A veces – susurró – tú…
-Lo siento por eso – dijo Rachel, caminando hacia ellos.
Kurt salió de entre los brazos de Sebastian y se alejó de él.
La mano de Sebastian se mantuvo en el aire por un momento antes de que la apretara en un puño y la dejara caer contra su lado. Quería golpear algo. Duro. ¿Por qué la estúpida llamada de Rachel no había durado un par de segundos más? Solo hasta que Kurt hubiera dicho lo que fuera que iba a decir.
Rachel se sentó y dejo en móvil en la encimera, radiante.
-Era mi novio.
-¿Tienes novio? – preguntó Kurt, su voz una octava más aguda de lo que había sido antes.
La sonrisa de Rachel se volvió triste y Sebastian sintió toda su frustración convertirse en simpatía. Él pudo ver la comprensión de que algo estaba mal (no, nada estaba mal con Kurt) de que algo había cambiado en Kurt.
-Sí – dijo suavemente – Su nombre es Eric. Te gusta.
Sebastian podría decir que Kurt estaba dándole vueltas al nombre en su boca, intentado ver si este sonaba familiar, pero cuando nada le vino a la mente, él forzó una sonrisa y dijo:
-Tenemos mucho para ponernos al día.
-Eso es por lo que estamos hiendo a dar un paseo – dijo Rachel, enjuagándose la lágrima que había empezado a rodar por la esquina de su ojo con un nudillo.
-¿Un paseo? – repitió Kurt, levantando sus cejas.
-Sí. Así que mejor terminas de comer y vas a cambiarte en algo fabuloso.
CONTINUARÁ
