-¡Ya está! -Anunció Draco, entrando en la habitación y sacándose la capa de invisibilidad. Afortunadamente para él, su parte Slytherin hizo que se agachara justo antes de ser brutalmente aplastado por el peso de veintitrés extremadamente agresivos pastelitos.

-¡Baja! -Le gritó Harry desde donde estaba agachado detrás de una mesa. Estaban en una de las cocinas que la profesora McGonagall había puesto para que los Slytherins practicaran antes de la venta de pasteles, aunque en el momento parecía el campo de batalla de la Épica Guerra de la Harina y el Glaseado de Chocolate.

-¿Qué cara...? -Draco se agachó ante otro grupo de pastelitos, y entonces saltó hasta donde estaba Harry, detrás de la mesa. Era, notó Harry, sorprendentemente ágil cuando lo necesitaba.- ¿Qué demonios hiciste esta vez, Potter?

-No pasa nada, -le aseguró Harry.- Lo tengo bajo control.

-Podrías haberme engañado.

-Está bien, -se corrigió Harry.- La torta de chocolate lo tiene bajo control.

La mirada que le dio mostraba perfectamente lo que creía de la cordura de Harry.-

-No, en serio. Mira, debajo de ese armario. -Señaló al pequeño espacio que quedaba del otro lado de la habitación, entonces miró cómo las pálidas cejas de Draco se juntaban mientras trataba de ver.-

-No veo... ¡Por Merlín! ¿Qué mierda es eso?

Harry sonrió.- Esa es mi pièce de résistance. Estoy pensando en llamarlo Geoffrey.

Desde abajo del armario, la más reciente creación de Harry empezó a emerger. Se movía con el mismo tipo de fluidez que un caracol, dejando un rastro de migas detrás. Aunque escencialmente era una gran torta circular con más glaseado de lo que es sano para el sistema digestivo de un humano, seguía teniendo una actitud amenazante. El glaseado formaba un ceño fruncido. Una lengua del color del cacao salía del relleno de crema y se lamía, como un gato al ver un ratón encima de una lata de atún.

Draco quedó con la boca abierta, olvidando, por un momento, quedarse detrás de la cubierta de la mesa. Al ver la cabeza rubia salir de atrás del escudo protector, los malignos pastelitos dieron un giro desde donde habían estado chocando con el vidrio de la ventana, como abejorros transfigurados, y volvieron hacia él para el tercer ataque.

Draco chilló y se volvió a agachar, pero no tendría que haberse preocupado. Cuando pasaron, la torta de chocolate saltó, con el relleno abierto como una boca y atrapó a dos de las madalenas más bajas.-

-Esa cosa es una bestia, -dijo Sirius reverentemente.-

-Por Mordred y Morgana, Potter, ¿de dónde sacaste esa receta? ¿De Voldemort?

Harry se rió.- Creí que habías dicho que nunca había andado por tu casa con un delantal mientras preparaba pastelitos.

-Dije que nunca lo hacerlo.

-Bueno, -contestó Harry, mirando apenas por encima de la mesa.- No creo que tengamos que preocuparnos de todas formas. Geoffrey lidiará con ellos.

-¡Geoffrey! -Draco lo miró, su cara mostraba total desesperación.- ¿Y quién, me pregunto, lidiará con Geoffey? Esa cosa se ve rabiosa.

-Nos salvó.

-Es un malévolo pastel de chocolate. ¿Qué vas a hacer, quedártelo como mascota?

-Tiene razón, cariño, -le dijo Lily.

Harry deliberadamente evitó mirarlo, limpiándose el azúcar de abajo de las uñas.-

-¡En el nombre de Salazar, Potter, no hablas en serio! Si quieres una mascota podríamos conseguirte una maldita rana o algo. ¿Qué demonios te hizo querer encantar los pasteles, de entre todas las cosas?

-No las encanté, -se defendió Harry indignado.- Pasó cuando terminé el glaseado. No sé qué hice mal. -Las tortas de su tía Petunia nunca se habían despertado y atacado a nadie, con la pequeña excepción de ese pudín en su segundo año. Pero eso había sido culpa de Dobby.

Draco frunció mientras miraba a Geoffrey. El pastel, en el momento, estaba masticando en uno de los últimos pastelitos que quedaban.-

-¿De dónde sacaste los ingredientes? -Le preguntó-

-Ahhh... -dijeron James, Sirius y Remus al mismo tiempo.-

-Bueno, eso lo explica.

-¿Explica qué? -Preguntó Harry-

-Potter, hazme el gran favor de tratar de que lo que dices tenga sentido cuando hablas con las personas normales. -Le dijo Draco- ¿Quieres que te encierren en San Mungo?

Harry frunció, pero no pudo pensar una respuesta decente.- Me los dieron los elfos domésticos, -explicó en su lugar.- Les pedí sus mejores ingredientes. Los mejores. Les dí dinero para que me los compraran.

-Claro que sí, -Draco giró los ojos.- Sabes, considerando que eres el héroe más famoso e ícono del mundo mágico, siguen sin saber muchas cosas de él.

-¿A qué te refieres? -Preguntó Harry, frunciendo.-

-Les pediste los mejores ingredientes, -explicó Remus.- En el mundo mágico, lo más caro es lo que ha sido encantado por razones específicas. Generalmente, se usa un ingrediente encantado por cada plato. Lo que hiciste fue mezclar muchos, como una poción. Supongo que este es el resultado.

-¿Alguno te está explicando tu idiotez? -Preguntó Draco de brazos cruzados y frunciendo.-

-Cállate. ¿Cómo iba a saber? Nadie nunca me lo dijo.

-Tienes razón, Harry. -le dijo James, sonando arrepentido.- Tengo que ser honesto, nunca se me cruzó por la cabeza. Nunca supe cocinar muy bien. Ninguno de nosotros. Hasta Lily sólo lo hacía cuando tenía que hacerlo.

-Y ninguno de ustedes comía lo que salía, -Agregó Lily-

-Nunca entendimos cómo era tan buena en pociones.

-Acabó con los pastelitos, -anunció Draco, mirando al pastel que, de haber sido una persona, se habría estado lamiendo los labios.- ¿Crees que empezará a comer gente?

-Claro que no, -se quejó, indignado.- Nos salvó.

-Acaba de devorar treinta y tres pastelitos mutantes en cinco minutos.

-Vamos, déjalo tranquilo. Mira esa carita. -Salió desde atrás de la mesa y miró a su creación. Sus cejas hechas de glaseado se levantaron en su dirección.- Siempre quise una mascota, -comentó sin pensar.- Solía tener un ciempiés llamado Puff. Lo tenía en mi armario, pero la tía Petunia lo encontró y lo hirvió.

-¿Lo hirvió?

-En una olla. Para darme una lección. Me hizo tirarlo dentro. Qué bueno que no era un gatito, ¿eh? -Se dio vuelta sólo para encontrarse al otro chico mirándolo con ojos grandes y una expresión ilegible en su cara. Harry parpadeó, confundido.- ¿Lo siento? ¿Te gustan los ciempiés? Si hubiera sabido no habría dicho nada.

-¿Tu tía te hizo tirar a tu mascota en una olla de agua hirviendo?

-Bueno, cuando lo dices así suena...

-Y le pusiste Puff. -Draco se veía terriblemente perturbado.- ¿Cuántos años tenías?

-No sé. Como cinco, o algo. ¿Por qué te molesta tanto? Era sólo un ciempiés. De verdad que no tiré ningún gatito al agua hirviendo, sabes.

-¡Ayúdenme! -Le pidió a su familia.- Estoy en algún tipo de dimensión desconocida donde Draco Malfoy es un amante de los ciempiés.

-¡Ay, Harry! -Lloró mentalmente Lily y lo abrazó.-

-En serio, ¿qué le pasa a todo el mundo? -Hizo un esfuerzo por liberarse de las garras mentales de su madre.- ¿Hay algún tipo de conexión sagrada entre los mágicos y los ciempiés de la que nadie me dijo?

Draco lo miró con grandes ojos grises.- ¡Nos quedaremos con el pastel! -Declaró.-

-Eh... bueno. -Harry se retorció incómodo.- Aunque tendrías que saber que va a comerse tus cordones.

La cara de Draco hizo una horrible mueca mientras trataba de liberar su pie del agarre de la torta sin tocarla.- Está bien, -dijo valientemente, aunque su voz sonaba más aguda de lo normal.- De todas formas nunca me gustaron. Sólo hay que entrenarlo.

-¿Ah, sí? ¿Alguna idea de cómo entrenar una torta de chocolate?

-Lo resolveremos, -le dijo James amablemente.- No te preocupes.

-Claro. -Sentía la necesidad de aire fresco y posiblemente salir a corer. Cualquier cosa que tuviera sentido de forma Muggle.- Entonces eso haremos.


-¿Y entonces, por qué te metiste en mi sesión de cocina? -Preguntó Harry mientras él y Draco caían frente al fuego de la sala. Geoffrey parecía estar digiriendo su gran banquete mientras dormía en una vieja caja bajo el escritorio. Había sido difícil meterlo en su sala mientras Draco seguía siendo invisible. Los dos estaban bastante manchados con chocolate.-

-¡Ah, claro! -Draco se enderezó, aperentemente olvidando su cansancio.- Terminé la poción para mi madre. Ahora todo lo que hay que hacer es entrar en el Ministerio, conventirla en Hamster, cambiarla por un elfo doméstico y listo.

Harry parpadeó.- ¿Un Hamster? Creí que la poción la convertiría en hurón.

-Necesitas escencia del animal en que te conviertes. No tenía escencia de hurón, pero uno de los Hufflepuffs de primero tenía un hamster. No importa, ¿cierto? Mientras sea pequeño.

-¿Dejaste pelado el hamster de un pobre niño? ¿Por qué no hiciste que Hermione o yo te convirtiéramos en un hurón para que pudieras usar tu propia "escencia"?

-¿No aprendiste nada en las últimas horas? -Draco levantó sus manos exasperado.- No sé de cuántas formas puedo decírtelo, Potter.. ¡No mezcles ingredientes mágicos a menos que sepas lo que estás haciendo! -Señaló hacia la torta durmiente.- Soy un hurón mágico. Y además, no lo "dejé pelado". Sólo le quité un poco de pelo.

-Pero...

-¡Pero nada! Ahora, ¿cuándo vamos a sacarla? No quiero esperar más. Ha estado ahí sola con Bobsy por meses. Tiemblo de pensar cómo la está pensando.

Harry gruñó.- ¿No sabes cuántas cosas hago en el momento?

-¡Lo prometiste!

-Sé que sí. Lo sé. Es sólo que... -Harry se refregó la frente, aunque no ayudó mucho a aliviar el dolor que había tomado residencia en su cabeza.- Necesitamos otro elfo doméstico.

-Hecho.

Harry lo miró con los ojos entrecerrados.- Uno pequeño. Kreacher dijo que Bobsy era el más pequeño, y hasta él apenas pudo entrar entre las barras de la celda.

-Tengo de vuelta a Althie. -Explicó Draco.- Es pequeña. Se la prestamos a mi tía abuela Grizolda cuando intercambió sus ojos. Le daré otro por mientras. Nunca lo notará, vieja bruja.

-¿Intercambió sus ojos? ¿Qué demonios le dieron a cambio que fue tan buen trato?

-Confía en mí, -le dio un escalofrío- No quieres saberlo.

-Bueno, tenemos un elfo, -habló Harry pensando.- ¿Qué más?

-Necesitarás más de la poción multijugos de George, -sugirió Lily- Para ambos, el elfo nuevo y las reservas de Bobsy. El Ministerio claramente está haciendo lento el asunto de liberar sospechosos, así que quién sabe por uánto tiempo estarán ahí.

-Y podrás saber si de verdad está viendo el espíritu de Fred, -Agregó Remus.- Y si podemos de alguna forma ayudarlo a conseguir un cuerpo.

-Poción de transfiguración animal, poción multijugos, capa de invisibilidad, elfo doméstico, -murmuró Harry, contándolas con los dedos.- Qué bueno qué ya sé el hechizo para entrar en las celdas desde la última vez.

-Tienes que estar bromeando.

-¿Qué?

-No lo harás.

-¿Por qué? -Preguntó Harry ofendido.- ¿Fue lo suficientemente bueno para tí, pero no para tu madre?

-Pasaste casi toda la mañana de ayer convencido de que eras un psicótico exconvicto al que le gustaban los viejos hombres lobo.

-¡Hey! -se quejó Sirius.- Te dejaré saber que lo encontraba igualmente atractivo cuando era jóven.

-Eso no ayuda, Canuto.

-Tuve que hacer que Granger te atara a una silla y te amordazada, sólo para evitar que te volvieras loco y salieras a traer la caída de todos los Slytherins y que te reúnas con tu "heróico ahijado" y el antes mencionado hombre lobo. ¿Te suena?

-Bueno, ¿qué sugieres que haga?

-Has que uno de tus seguidores lo haga.

-¿Quieres que envíe a uno de mis dos mejores amigos a las garras del Ministerio en un momento en el que todos los Aurores están en alerta a rescatar a la madre del idiota que hizo sus vidas miserables desde que se conocieron? -Se rió.-

-¿Tienes un mejor plan?

Harry abrió la boca, y la volvió a cerrar. Frunció.-

-No la comadreja, -agregó, acercándose para tirar más leña al fuego.- Granger ya sabe el hechizo, y es mucho menos posible que lo arruine todo horriblemente.

-¿Cómo te atreves a...?

-Dime que me equivoco.

-A veces, quiero convertirte en hurón y darte de comer a los thestrals.

-Lo sé. -Draco sonrió.- Terrible, ¿no?


-¡Harry! -Exclamó George, su cara se iluminó al abrir la puerta del frente del departamento lleno de espejos.- ¿A qué debo el honor de tener la visita de El-Que-Tendría-Que-Estar-Salvando-El-Mundo-De-Nuev o-En-Vez-De-Llenarlo-De-Terribles-Slytherins?

Harry hizo una mueca.- ¿Supongo que leíste El Profeta esta mañana?

-Difícil no hacerlo, amigo. Sólo el título ocupó dos páginas. Pasa. Mamá acaba de irse. Hay suficiente comida como para alimentar un ejército.

Lo siguió hasta la sala, dándole miradas al reflejo del otro hombre en los muchos espejos mientras caminaban. Nada parecía fuera de lo normal. Se sentaron en los sillones verde lima con un par de botellas y un plato de pudin.

-¿Y? -Preguntó George, acercándose.- Supongo que no es una visita social dado que hay clases y sé que tienes las manos llenas.

-No, -admitió Harry.- En realidad necesito más de esa poción multijugos para elfos domésticos.

George miró a su reflejo en uno de los muchos espejos de la habitación.- ¿Planeas otro escape de prisión?

-Eh.. ¿sí?

George apretó los labios.- Escucha, amigo. Sabes que nosotros siempre estamos dispuestos a pasarnos un poco de la raya y romper un par de reglas, pero.. -frunció, luciendo lo más serio que lo había visto en su vida.- Es la segunda vez que me pides que te ayude a sacar a uno de los sospechosos de apoyar a Voldemort de una de las celdas del Ministerio. No estoy seguro de estar muy cómodo haciéndolo hasta que me des más información.

-Vamos, George. Draco no es exactamente una malvada mente maestra. La cosa más malvada que hizo esta semana fue comerse toda la mermelada y poner el frasco de vuelta sin cambiarlo.

-¿Draco? -Los ojos de George se agrandaron tremendamente.- ¿Y qué quieres decir con "se comió la mermelada"? ¿Vives con él?

Harry podría haber jurado que el reflejo de George apoyó pesadamente en la silla por la sorpresa un par de segundos antes que el George de verdad. Lo hizo sentir algo en la cabeza que era mucho más rara que las sensaciones a las que estaba acostumbrado.-

-Bueno, -trató de explicar.- Supongo, técnicamente.

-¡Por Merlín! -Exclamó repentinamente George.- Por eso no volvías con Ginny, ¿verdad? Fred siempre dijo que ustedes estaban un poco demasiado obsesionados con el otro como para ser normal. Ay, amigo, con razón siempre te puso tan incómodo el asunto de tu vida amorosa. Si esto saliera en El Profeta, te matarían.

-¿Qué? ¡No! ¿Por qué todos asumen que Malfoy es mi amigo de habitación?

Hubo un silencio incómodo.-

-¿Amigo de habitación? -Repitió George, claramente tratando de no reírse.-

-Cállate.

Su cabeza estaba llena con las risas de los merodeadores. Lily le dio una palmadita mental que irradiaba simpatía maternal.

-Pero, en serio, ¿de eso se trata todo? No te juzgaré, sabes.

-¡No! -Harry se refregó la cabeza para tratar de calmar el dolor.- Escucha. Sólo necesito sacar a Narcissa Malfoy. Y listo. Fin de mi vida de crimen.

-¡Narcissa Malfoy!

-Sí te das cuenta de que eso no te ayuda, ¿verdad? -Preguntó James.-

-No es lo que crees, -aclaró rápidamente.- Mira... -Tomó un sorbo de su ceveza de mantequilla y se recostó en la silla.- Empecé mal. Hay algo que tengo que decirte. Es una historia muy, muy larga, y necesito que confíes en mí.

-Por tí, Harry, no tenemos nada más que tiempo, -le dijo George, dándole una mirada a su reflejo.-

-Bueno. Aquí voy. -Y explicó su historia, describiendo, lo más claramente posible, todo. Desde su muerte y su encuentro con Dumbledore, hasta cuando se dio cuenta de que su familia estaba en su cabeza, y todo lo que había pasado en el medio.

George escuchó en silencio y con atención, aunque sus ojos se ponían más y más grandes mientras la historia seguía y sus dedos, aparentemente sin querer, se habían ido al espejo más cercano y se apoyaban en él.-

-...así que ahora terminó la poción para convertir a su madre en un hamster y Hermione va a ir al Ministerio a rescatarla. Y Snape ayudará con la poción de Amo de la Muerte, y Alex y Daniel son los otros descendientes Peverell y necesitamos meterlos en una iglesia en Londres para la ceremonia sin que nadie lo note, y estoy tratando de organizar una venta de pasteles y todos creen que también tendría que estar tratando de derrotar a Crouch Junior y su armada de Dementores.

Harry se recostó contra la silla, cansado, y se tomó lo que quedaba en la botella.

George parpadeó dos veces y entonces miró a su reflejo. Nuevamente, Harry podría haber jurado que las expresiones en sus caras se movian ligeramente fuera de tiempo. Después de un largo momento, miró a Harry.- Bueno, sabes lo que significa.

-Eh... ¿qué?

-Por fin podemos escuchar el fin de la historia de la vieja bruja, el duende y Herbert Biggleswozzle.

-¿Qué cosa?

-Sirius había prometido terminarla la próxima ver que lo viéramos y entonces se terminó muriendo antes de poder hacerlo.

-Está buscando pruebas, -le explicó Remus.-

-Deja que lo haga, -le dijo Sirius.-

Por una vez, estuvo agradecido de darle el control.-

-Es bueno saber que los gemelos Weasley saben qué es lo más importante, -dijo Sirius a través de la boca de Harry, hablando claramente con su acento aristocrático. Harry sintió que su cuerpo iba de cansado a apoyarse arrogantemente con un par de cambios en los músculos.

George se tensó alarmado, su varita apareció inmediatamente en su mano.

La familiar risa como ladrido de Sirius salió de la boca de Harry, y su propia varita cayó a su mano desde el agarrador de varita que James había insistido que usara. Aparentemene Moody no era el único mago con paranoia de accidentalmente quedarse sin cachetes. Sirius movió la varita de una forma que sólo puede hacerlo alguien que ha crecido con su varita en la mano.

Los ojos de George siguieron el movimiento, una pequeña arruga apareció entre sus cejas.- Nunca vi que Harry hiciera eso.

-Harry no puede, -Sirius levantó los hombros.- Para ser tan buen buscador, sigue siendo totalmente inepto manejando la varita.

-Ciertamente suenas como Sirius, -admitió George.- Ni siquiera puedo empezar a explicarte cuan perturbador es.

-Como si pudieras opinar, -le dijo Sirius, asintiendo hacia las paredes llenas de espejos.-

-Tienes razón.

-Bueno, -Sirius se enderezó, una sonrisa merodeadora apareciendo en la cara de Harry.- Siguiendo donde nos quedamos, el duende está enojado por todo ese asunto de la armadura robada y la propuesta de matrimonio accidental, y decide vengarse.

George se sentó callado. A veces olvidaba cuan inteligente era. Los gemelos siempre habían escondido eso tras humor absurdo, pelo naranja y pecas, pero en el momento era imposible no ver la inteligencia en sus ojos azules.-

-Se pone de acuerdo con la vieja y hacen un plan usando poción enredadera, la escoba y el arpa encantada.

George repentinamente parecía tener nauseas.- Por favor dime que esto no va donde creo.

Otra risa como ladrido.- Va exactamente donde crees que va. Entonces, esa noche, la vieja entra a la cocina y le hecha la poción al vino, se pone el casco de la armadura con el visor abajo, y espera a que Herbert Biggleswozzle termine de comer, entonces entra con el arpa para...

-¡Está bien, detente! ¡Detente! -George se había relajado y, para asombro de Harry, habían dos brillantes puntos de rubor en sus mejillas.- En serio. No lo describas. Nunca podré mirar la salsa de manzana o escuchar música de arpa de nuevo sin que me de asco si sigues.

Harry decidió que nunca jamás quería escuchar el principio de esa historia. Si podía hacer a uno de los gemelos Weasley ruborizarse, seguramente lo dejaría traumado de por vida.-

-¿Nos crees? -Preguntó Sirius.-

-Lo hacía desde el principio. No ha habido nada demasiado extraño para nuestro Harry, ¿no, amigo? Pero siempre es bueno asegurarse. Además, ha sido mucho más comprensivo sobre mi situación los demás. No hace preguntas. Es justo que le devuelva el favor.

Harry sintió una puñalada de culpa. No había aceptado la situación de George tan bien como él creía.- De eso queríamos hablarte. -Le dijo, tomando de nuevo el control.

George parpadeó.- ¿Harry?

-Sí. Escucha, George. ¿Cuán posible es que podamos sacar a Fred de, ya sabes, tu reflejo y lo pongamos en mi cabeza en su lugar?

El momento se hizo largo, lleno de potencial.-

-¿Harías eso? -Susurró George eventualmente.-

-Claro que sí, -contestó inmediatamente.- Es Fred.

-Pero... dijiste que apenas podías soportarlo ahora. Siempre te duele la cabeza. Tu cerebro se está rompiendo. Y mentalmente te conviertes en un hombre lobo cada mes. Estás olvidando quién eres.

-Es sólo por un poco más de tiempo, -señaló Harry.- Y es Fred.

George se quedó sin aliento. Harry movió su cabeza hacia el reflejo gemelo que había hecho un gesto en dirección de George. Pero cuando sus ojos se quedaron clavados en él, lucía sólo como un reflejo.

-¿Me disculparías por un momento, Harry? -Pidió George, con voz baja y llena de algúna emoción indefinible.-

-Sí. Claro, sí.

George se paró y entró a la cocina. Cerró la puerta detrás de él.-

-Así que... salió bien, creo, -opinó James animadamente.

Nadie más comentó, toda la atención se dirigió a la puerta.

Harry no podría decir cuánto tiempo se fue. Podían haber sido cinco minutos, o veinte. Eventualmente, George apareció. Su cara estaba totalmente blanca, y las pecas le resaltaban contra la piel como si fueran gotas de sangre. Su expresión, por el otro lado, era decidida.-

-¿Y? -Preguntó, el corazón le latía fuertemene.-

-No.

-¿Cómo?

-No. No lo haremos.

-¿Por qué?

-Bueno. Primero, no creo que pueda. Fred está unido a mí mediante algún tipo de... de... lazo gemelo. Siempre lo tuvimos y no se fue cuando él murió. Pero no creo que realmente esté aquí. No de la misma forma que tu familia. La razon por la que lo siento a través de los espejos y reflejos, en vez de en mi cabeza, es porque está en otro plano de la existencia. Un tipo de existencia paralela. -George caminó alrededor, mientras trataba de hacerce entender.- Está conmigo, pero como en otra dimensión. Detrás del velo. Nadie más puede verlo además de mí porque tengo esa conexión con él.

-Yo lo veo a veces, -le dijo Harry.- De reojo. Lo ví guiñar. Y a veces se mueve a diferente ritmo que tú.

-Sí, bueno. Tú eres el Amo de la Muerte, ¿no? Tienes todo ese potencial alrededor tuyo.

-Hasta Ron dijo que a veces se preguntaba si era cierto.

-Bueno, él también es de la familia, ¿no? También tiene algún tipo de conexión. No como la mía, pero sí.

Harry sintió una ola de tristeza, y se paró para hacer que George dejara de caminar por la habitación.- Pero eso no importa, -le dijo. Puso su mano en el hombro de George, justo abajo de su oreja faltante.- Tienes razón. Estoy destinado a volverme Amo de la Muerte. Si lo pensamos bien, estoy seguro de que podemos sacar provecho a tu conexión y arrastrarlo hasta nuestra dimensión, o algo. No importa lo que tengamos que hacer.

George no lo miró a los ojos, viendo hacia la ventana, enmarcada por cortinas amarillas.- Estoy seguro de que podrías, Harry. No creo que hay algo que no puedas hacer. Pero no. No quiero que lo hagas.

-¿Pero por qué no?

-Porque si algo sale mal, podría perderlo para siempre. Podríamos deshacer nuestra conexión y no creo que podría sobrevivirlo. Es mi gemelo. No creo que pueda estar completo sin él. Y no te haríamos eso, amigo.

George levantó su mano para tapar la de Harry.- Te vemos, sabes. Estás muy flaco y tus ojos están hinchados. Obviamente te duele terriblemente la cabeza. Apenas puedes seguir las conversaciones. -Tomó una de sus mangas y la arremangó para revelar los rasguños que cruzaban sus brazos desde la última luna llena.- Apenas puedes soportarlo.

-Estoy bien, -le dijo, sacando su mano y tomando un paso hacia atrás.-

-Harry. -George sacudió la cabeza.- Levanta tu mano.

-¿Qué?

-Hazlo.

Dudó, entonces lentamente levantó su mano. Estaba temblando, no notablemente, pero no paraba de hacerlo, cada uno de sus músculos y tendones se contraían y tensaban por el esfuerzo.

-La única vez que paró fue cuando Sirius tomó el control de tu cuerpo.

Harry miró a su mano. ¿Cómo no lo había notado? ¿Siempre estaba temblando?

-No vamos a sumarnos a eso. Fred y yo, -levantó los hombros.- Nos acostumbramos a esto. Seguimos discutiendo cosas. Seguimos bromeando. Seguimos siendo gemelos. Sí, es una cagada que no esté su cuerpo, y que todos estén bastante convencidos de que estoy loco, pero para nosotros está bien. Tú, amigo. Tú sí que necesitas toda la ayuda que puedas.

Metió sus manos de vuelta en sus bolsillos.- ¿Entonces me ayudarás?

George inclinó su cabeza y sonrió.- Seguiremos en donde lo deje Malfoy.

Harry quedó con la boca abierta. No había visto venir eso.- ¿Eh? ¿Malfoy? Te dije, George, no somos...

-Amigos de habitación, lo sé, -dijo George, girando los ojos.- Pero por lo que escuché de tu historia suena como que está haciendo bastante para que no te vuelvas loco. Son amigos, amigos de verdad, ya sea que quieras o no admitirlo. Dios sabrá por qué, pero te ayuda mucho más de lo que tenía que hacerlo según su trato. Piénsalo, Harry.

Lo pensó. Pensó en Draco poniendo el agua en la bañera, o ayudándolo a meter de vuelta a Geoffrey en la habitación, o recordándole su deber con los Slytherins cuando se le olvidó, o molestándolo para que dejara de estar tan deprimido. Pensó hasta en el par de veces que Draco lo había defendido contra Ron o Hermione cuando le hacían la contra.- Huh.

-Sí.

-Sigue siendo un idiota, el muy creído.

George se rió.- Sé honesto, no te gustaría que fuera distinto.

-Cállate.


La tarde de Febrero era fría y estaba cubierta con escarcha. El bosque prohibido era un nudo sombrío de árboles y maleza que llegaba hasta el horizonte por un lado, y pasto desde las grandes puertas del castillo hasta el color negro tinta del lago por el otro. El castillo se veía amenazante contra el cielo gris, cubierto de cuadraditos amarillos por la luz que salía de las ventanas.

Una de esas ventanas, en el ala oeste del castillo, daba a una pequeña, pero cómoda sala que le pertenecía a la actual profesora de Tranfiguraciones de Hogwarts, Hermione Granger. En ese momento, estaba parada contra la ventana, de brazos cruzados y su pie se movía con el molesto y persistente ritmo de una mujer frustrada. Los tres hombres alrededor de la mesita la miraban con precaución.

-Sólo quiero dejar claro que estoy terriblemente infelíz con este plan, -aclaró Hermione.-

-¿Pero por qué? -Preguntó Harry.- Ya lo hicimos una vez.

-¡Exacto! Es la segunda vez que me harán encerrar una criatura inocente en una celda para que suplante un humano que merece mucho más estar ahí.

-Mi madre es inocente, -la defendió Draco enojado.- No tienen derecho a tenerla ahí. Además, a los elfos domésticos no les molesta. No se pueden aburrir.

-Odio decirlo, Hermione, pero le prometimos al pequeño hurón que sacaríamos a su mamá, -le dijo Ron, mirándola con cuidado.

Hermione suspiró, entonces caminó hacia la mesa y tomó su lugar.- Supongo. Pero creo que tenemos que sacarlos tan pronto como sea posible. No es justo para ellos.

-Lo haremos, -le aseguró Harry- Una misión a la vez.

Ron le sirvió una taza de té de la vieja tetera en la mesa. Ella la tomó agradecida, y le puso un poco de leche. Quiso agarrar un biscocho de chocolate, y frunció cuando encontró el plato vacío.- ¿Dónde están?

Hubo un ruidoso eructo desde abajo de la mesa.-

-Geoffrey tenía hambre, -le explicó Harry.-

-Fueron un regalo de navidad de mi tía, -le dijo Hermione, frunciendo.- ¡Eran de Harrods!

-Tiene buen gusto.

Hermione se rindió y tomó su té.- ¿Y dónde está ese elfo doméstico que tengo que llevar conmigo? Tenemos que enseñarle a ser tu madre, Malfoy.

-Espera un segundo. ¡Althie!

Harry, Ron y Hermione saltaron cuando una pequeña elfina doméstica con orejas enormemente desproporcionadas a su cuerpo apareció en la mesa, vestida con una funda de almohada que tenía el escudo de los Malfoy en ella.-

-Sí, amo, -chilló.-

-Te dije antes lo que quiero que hagas. ¿Has practicado?

-Sí, amo. Althie está siendo mejor que Bobsy, amo, ¡ya lo ve!

-Veamos, entonces.

Althie cerró los ojos y pareció transformarse frente a sus ojos. La habitual postura agachada que era común en los elfos domésticos desapareció. Sus hombros se enderezaron, su pera se levantó y su pequeña, puntiaguda naríz se dirigió lentamente hacia el techo. Sus pequeñas manos se sostuvieron en frente suyo, de la misma forma que una mujer de clase. Abrió sus ojos.-

-Dime, querido Draco, ¿qué estás haciendo, asociándote con este montón de mestizos? ¡Cuántas veces tengo que decirte! Tienes sangre pura en tus venas, sangre Black. Trata de comportarte como si te importara. Y limpia esa túnica, mi dragón. ¡Eres una desgracia!

Hubieron un par de segundos de silencio sorprendido y Harry se dio cuenta de que tenía la boca abierta.-

-Bueno, -habló eventualmente Ron.- Tenía razón. Le ganó a Bobsy. Si el Ministerio no hubiera hecho muchas pruebas para comprobar que tu madre no es un demonio, hurón, podría haber jurado que la estaba poseyendo.

Althie se veía terriblemente complacida.- Althie le dijo que podía hacerlo, amo. Y la túnica del amo es una desgracia, señor.

Draco frunció.- Silencio, pequeño monstruo, o haré que te plenches las manos.

-Oh no, amo. No puede hacerle eso a Althie. Althie necesita las dos manos para ser la madre del amo.

-Oh por Salazar, sólo vete de aquí. Te llamaré cuando te necesite.

-Sí, amo. Lave su túnica, amo.

-¡Vete!

Desapareció con una risita y un pop. Harry estaba temblando con el esfuerzo por contener, no sólo su propia risa, si no la de los otros merodeadores también. Ron no era tan considerado y demostró cuan gracioso le parecía a todo volúmen.-

-¡Malfoy! Te tiene de hijo.

-Claro que no.

-Claro que sí.

-Siempre fue problemática, -admitió Draco.- Por eso se la enviamos a mi tía en primer lugar. Pensamos que se merecían entre sí.

Harry no pudo evitar una risa y Draco lo miró gruñendo.- ¡No es gracioso!

-Claro que lo es. ¿No, Hermione?

Pero Hermione, para sorpresa de Harry, no se veía divertida. De hecho, miraba a Draco con la misma expresión que solía tener cuando trataba de entender un complicado problema de Aritmancia.- Sabes, -le dijo- Cuando trabajé con PEDDO, pasamos mucho tiempo tratando de convencerlos de que se rebelaran. Teníamos psicólogos de criaturas en el tema y docenas de voluntarios tratando de persuadirlos para que se defendieran. ¿Y sabes qué? Ninguno tuvo efecto. No convencimos ni a un elfo. Por eso, al final, nos rendimos. Y aquí estás tú, un hombre cuya familia ha tenido elfos por generaciones, y no tienes uno, sino tres elfos domésticos que se rebelaron ante la más mínima provocación. -Sacudió la cabeza.- Quiero decir, ¡pensé que Dobby era una excepción! Pero después de ver también a Bobsy y Althie...

Se le acercó, sus ojos brillaban maníacamente. Draco se alejó, mirando a Harry con pánico.-

-¿Cuál es tu secreto?

-No sé, Granger. Supongo que los tratamos como a todo el mundo.

Ella frunció.- Claro que no. Eres malo, no te importan sus sentimientos, y frío.

-Como dije, -Draco levantó los hombros, sin parecer arrepentido.- Como tratamos a todo el mundo.


-Si la atrapan haciendo esto, voy a arrancarte todo el pelo teñido de la cabeza, convertirlo en una cuerda y extrangularte con él, -le dijo Ron placenteramente el día siguiente, mientras esperaban impacientes en la sala de Harry a que Hermione volviera.-

-Es natural, bruto de pelo de zanahoria, -le contestó Draco-

-¿No te encanta cómo siempre se ofende por la razón equivocada? -le preguntó Lily-

-Basta, Ron, -le pidió Harry cansadamente.- Sabes tan bien como yo que este era el trato desde el principio. Draco cumplió su parte. Así que tenemos que hacer lo mismo.

Ron gruñó.- De haber sabido que Hermione iba a tener que sacarla, no hubiera aceptado.

-¿No? -Harry se sintió irracionalmente herido ante eso. Era tonto porque sabía que Ron sólo estaba terriblemente preocupado por la mujer que amaba.

Ron lo miró, haciendo una pausa en frente del fuego. Su expresión cambió cuando se dio cuenta de lo que había implicado.- No, amigo, no me refería a eso. Es que... quisiera poder haber aprendido el maldito hechizo. Traté pero... bueno, los movimientos de varita tan complicados nunca fueron mi fuerte.

-Hermione estará bien, -le dijo, tratando de convencerlo tanto como a sí mismo.- Entrará, sacará a Narcissa, la dejará en Grimmauld Place, y volverá. No hay problema. De hecho, han pasado un par de horas. Debe estar terminando.

-Sigo sin ver por qué mi madre no puede venir aquí, -se quejó Draco.-

-Porque ya estoy compartiendo habitación con un Malfoy, -le explicó Harry.- Dos me matarían. Además, Kreacher la cuidará bien. Casi explotó de felicidad cuando escuchó que una Black iba a volver a vivir en la casa.

-Ya no es una Black.

-Una vez que eres un Black, nunca dejas de serlo, -dijo Sirius por la boca de Harry antes de que pudiera detenerlo.- No puedes evitarlo, créeme. Lo intenté. Tú también tienes sangre Black en tus venas, Malfoy. La sangre te gana. Sólo esperemos que hayas sacado la parte de Andrómeda/Alphard/Nymphadora. -Parpadeó, repentinamente todo se puso borroso.-

-¿Qué estaba diciendo? -Sirius entrecerró los ojos para ver al hombre en frente suyo.- ¿Malfoy? ¿Lucius Malfoy? Por Godric, ¿cuándo te volviste tan puntiagudo? ¿Acaso estar casado con mi horrible prima te está cansando mucho?

-¡Cállate! -Le dijo el hombre, con los ojos encendidos. Ojos grises. Los típicos ojos Black, no Malfoy. Ese no era Lucius Malfoy. Sirius frunció, sacando su varita desde donde la sintió guardada en su manga. Se sentía rara en su mano. Toda su mano se sentía rara.- ¿Qué carajo...?

Sintió un fuerte dolor en la pera.

Harry dejó caer su varita para taparse con la mano y mirar a Ron, sintiéndose traicionado.- ¡Me pegaste!

-Perdón, amigo, -le dijo Ron. Sacudía su mano por el dolor.- Pero funcionó, ¿no? Lo pensé antes, cuando escuché a uno de los clientes en la tienda de George diciendo que iba a tener que pegarle a su amigo para ver si recobraba el sentido. Pensé, si tu cuerpo es golpeado, seguramente vuelve a tí, ¿no? Como un elástico. Tú eres su dueño original, así que también eres como su forma original. Como sea, si te sirve de consuelo, creo que me quebré por lo menos un dedo. Tu mandíbula es muy dura.

Harry quiso poder encontrar una falla en su lógica, pero no podía negar los resultados.- No tenías que hacerlo tan fuerte.

-Lo sé. Perdón, en serio, es que estoy nervioso, sabes. -Ron estiró la mano y la puso en su hombro como disculpa.

-¿Eso quiere decir que puedo golpearte cuando quiera, Potter? -Preguntó Draco.

Afortunadamente para su salud, el fuego se volvió verde antes de que cualquiera pudiera reaccionar a su pregunta. Hermione salió, con el pelo más enmarañado de lo que había sido desde primer año, con una mancha negra en su cara y humo saliendo ligeramente de su túnica.-

-¡Hermione! -Ron saltó hacia adelante y la tomó en sus brazos. Hermione se recostó ante él-

-¿Estás herida? -Preguntó Harry preocupadamente, acercándose para tratar de examinarla alrededor del abrazo.-

-Todo bien, -murmuró Hermione contra el pecho de Ron.- Aunque eso puede cambiar si Ron me asfixia.

Ron se rió débilmente y la soltó más.- Perdón, amor.

-¿Qué pasó? -Preguntó Draco, sacando a Harry del camino para agarrarle el brazo a Hermione.- ¿Ella está bien?

-Está bien, Malfoy. ¿Sabes que insultó mi herencia sanguínea tres veces en los primeros cinco minutos sin decir sangre sucia, sangre, herencia o Muggle? Fue tan sutíl, que al principio no me dí cuenta de que lo estaba haciendo.

-Mi mamá ha refinado el arte de insultar sutílmente a la perfección, -comentó Draco, sonando orgulloso.- Puede insultar el linage, la personalidad, la familia, la casa y la ropa de una persona mientras les ofrece amablemente una taza de té. Otras familias de sangre pura solían llevarle a sus hijas para que les enseñara etiqueta.

-¿Podría tu familia ser más extraña? -Preguntó Harry, aunque no podía evitar estar ligeramente fascinado por la visión desde dentro de cómo funcionaban las familias de sangre pura de la clase alta.-

-¿Y tú me lo preguntas? -Preguntó Draco irritado.-

-¿Por qué estás media quemada? -Le preguntó Ron a Hermione, atrayendo la atención de Harry de nuevo a sus amigos.-

-Tuvimos un pequeño problema al salir, -explicó Hermione, alejándose de él y sentándose en una de las sillas con un suspiro.- Tenía a Narcissa el hamster en mi bolsillo, y estaba por entrar al ascensor cuando ese auror, el amigo de Andrómeda, apareció.

-¿Ogborn? -Preguntó Harry alarmado.-

-Sí. Vio a los guardias que yo había hecho dormir, y empezó a ordenar que cerraran todo. Lo desmayé y le borré la memoria. Pero los guardias ya estaban viniendo y tuve que salir corriendo, no fue fácil usando la capa, te lo aseguro. Los Aurores empezaron a entrar en las celdas, apenas pude entrar al ascensor antes de que cerraran todo. Salí corriendo hasta las chimeneas y salté en el fuego antes de que se pusiera totalmente verde. Por eso el humo.

-¿Así que ahora saben que alguien salió? -Preguntó Draco con los ojos grandes.

Hermione sacudió la cabeza.- Todos estarán allí, ¿no? Althie tomó la poción para cambiar a Narcissa, Bobsy seguía ahí, luciendo terriblemente contento, si consideramos el lugar en el que estaba. Escondimos toda la poción en la manta. Nadie lo sabrá.

-Seguramente creen que fue Crouch tratando de entrar y rescatar a sus seguidores, -dijo Ron- Lo que quiere decir que tomará más tiempo para que los liberen. -Asintió hacia Draco- Parece que te estarás escondiendo por más tiempo, hurón.

Draco asintió sombríamente, ni siquiera enojándose por ser llamado "hurón".- ¿Supongo que pedir que tengan un plan para que nos liberen es demasiado?

-Hay un par de cosas más importantes, -estuvo de acuerdo Harry.- Mi cordura, por ejemplo.

-Bien. ¿Qué tan si acepto hacer todo lo posible para ayudarlos con el asunto de Amo de la Muerte, y prometen ayudar a que salgamos, después?

-Aceptamos. -Extrañamente, fue Hermione la que contestó.

Ron la miró traicionado.- ¡Hermione! Entiendo que Harry haya sido infectado por la Slytherinidad del hurón, pero esperaba más de tí.

-Era una buena poción, -se defendió ella.- La que usamos para transformar a su mamá. Hasta funcionó mejor que dijo el libro.

-Le hice algunos cambios.

-Lo necesitamos si queremos que la poción de Harry salga bien. Estaba planeando empezar mañana.

-Mientras más pronto, mejor, -concordó Harry, refregándose donde Ron lo había golpeado.-

-Sigo dando clases, -explicó Hermione.- No podré pasar tanto tiempo preparando la poción. Malfoy tendrá que hacer la mayoría, con el retrato de Snape guiándolo.

-Entonces estamos de acuerdo. Te ayudaré a empezar mañana, Granger. Tenemos los ingredientes que necesitamos por ahora, y ya terminaste la traducción, ¿no?

Ella asintió.- Aunque habrán algunas cosas que vamos a necesitar para después.

-¿Quién eres? -Le preguntó James a la mujer en frente suyo, cubierta de ceniza.- ¿Y quién es el maricón idiota del pelo rubio? Por Dios, Malfoy, ¿eres tú? ¿Acaso Narcissa te hechó por no darle lo que quiere en la habitación?

-Y eso, -habló el idiota maricón, señalando a James sin mirarlo.- Es algo que me está cansando. Puedo soportar las ofensivas comparaciones con mi padre, entiendo que no me veo tan bien como siempre, pero si un miembro más de la familia Potter insinua que, no sólo estoy durmiendo con mi madre, si no que lo estoy haciendo mal, tendré que hacer algo drástico.