Cuando la puerta se abre Jon tiene un único pensamiento, fugaz pero certero, de que colarse en la torre de edificios donde vive Damián, es la parte más sencilla de todo su descabellado plan sin pies ni cabeza, pero así como el pensamiento llega se desvanece, dejándolo sin ideas frente a quien le recibe.

Del otro lado de la puerta, hay un hombre inmenso, no solo alto, sino imponente que hace que la puerta luzca infranqueable, le observa con sus ojos azules como hielo y una ceja alzada intimidandolo.

Jon nunca lo ha visto antes y tartamudea ante su sola presencia, sonrojándose ante su estupidez. -¿Se encuentra Damián?- pregunta, sintiéndose como un chiquillo buscando a su amigo para salir a jugar.

-¿Quién eres tú?- el acento del extraño no pertenece a ningún lugar y su voz es ronca y masculina.

-Soy amigo de Damián-le dice Jon quien no puede dejar de mirar la cicatriz que atraviesa su ojo dándole un aspecto peligroso.

-¿Su amigo?- musita el adulto con curiosidad y le evalúa de arriba abajo, cuando su recorrido termina una sonrisa extraña le cruza el rostro y le invita a pasar.

Jon duda un segundo antes de entrar, pero decide llevar las cosas hasta el final, y con eso en mente se adentra a la casa siguiéndolo, esta silencioso y al parecer solo están ellos dos.

-Soy Slade, el padrastro de Damián- le dice el adulto presentándose y sentándose en el sillón, Jon lo imita mirando a cualquier lugar excepto a aquellos ojos fríos que no le pierden de vista.

-¿Va a tardar mucho en regresar Damián?- le pregunta nervioso.

-Salió con sus padres a comer, debían despedirse y pasar un tiempo en familia antes de que nos marchemos – le dijo haciendo palabras los miedos de Jon.

-¿Va a marcharse? ¡Damián no puede irse! – le dijo negando a aquello, con los ojos muy abiertos incapaz de creer la verdad.

Slade sonríe cortés, parece incluso disfrutar del exabrupto del adolescente.

-Su madre desea estar con él y va a llevárselo, no hay nada que hacer –dice práctico encogiéndose de hombros.

-Damián no quiere irse, desea quedarse aquí, terminar el año escolar y continuar su vida normal ¿Por qué nadie lo escucha?- le reclama Jon, su voz suena desesperada, y sabe que si no se calma nadie le tomara enserio, pero es tan difícil controlar sus emociones, para Slade solo está haciendo una rabieta.

La voz del adulto se vuelve tranquila, como si quisiera razonar con él -Esto no se trata de lo que Damián quiera, sino de lo que es mejor para él, sigue siendo un niño, no puede quedarse solo y su padre ha admitido que no tiene tiempo para cuidarlo estará mejor en Agra- le asegura.

Jon odia su voz afable y modulada, el tipo de voz que usan los adultos para explicar cosas a los niños, las palabras de Slade aunque lógicas, suenan despiadadas a sus oídos y logran romperle el corazón.

Pensar en Damián marchándose a la India, parece surreal, ni siquiera puede imaginar la distancia ni el huso horario que utilizan allá, si él se marcha será el fin de todo, tan lejos como si se hubiera marchado a la Luna.

Un nudo se afianza en su garganta y siente las pestañas húmedas de lágrimas que no quiere dejar salir, le avergüenza llorar frente a ese extraño que no siente ninguna simpatía por él y que está de acuerdo en llevarse a Damián lejos.

-Damián nunca tuvo un amigo, él siempre ha sido como un pequeño adulto, receloso de los demás y desconfiado, me impresiona mucho que lograra trabar amistad con alguien, tú debes ser especial para él- menciona analizandole.

-¿Cómo te llamas?- pregunta curioso, sus ojos despiadados perforan los azules como el cielo de Jon.

-Jonathan Kent, señor- murmura.

Slade sonríe de medio lado a la información -No estés triste Jonathan- dice y sigilosamente se pone de pie y se sienta con él, la mano del adulto comienza a acariciarle la espalda, frotando suavemente de arriba abajo en círculos, Jon se siente incomodo al sentir los dedos grandes y calidos, no tiene tiempo de decir nada, pues la puerta se abre, revelando tres figuras.

Por una fracción de segundo el rostro de Damián muestra sorpresa antes de avanzar hasta ellos y musitar en árabe algo que debe de ser un insulto por la forma en que escupe las palabras.

-¿Qué haces aquí?- le espeta a Jon, y con una mano le jala por la camisa alejándolo del contacto ajeno llevándolo con él.

Jon está demasiado asombrado para decir nada y camina tras los pasos del otro adolescente alejándose de las risas de Slade y la conversación de adultos.

Damián lo lleva hasta su cuarto, hay una maleta en una esquina y la habitación es aún más estéril sin las pocas cosas que adornaban.

Hay un torrente de cosas que quiere decir, pero Damián le abraza dejándolo inmóvil e indefenso.

-Qué bueno que estas bien- le dice con alivio antes de separarse de él.

-¿Qué te ha dicho Wilson?- le pregunta exigente, con el ceño fruncido y los ojos verdes llenos de furia, Jon no sabe que ha hecho mal, pero responde al interrogatorio de su amigo, el súbito regaño de Damián ha hecho que olvide su misión inicial.

-Eres un imprudente- le reprende, negando con la cabeza –Te dije por mensaje que estaba bien, ¿no es cierto?, no tenías que venir hasta aquí -

-¿Cómo podía conformarme con eso? ¿Sabes lo preocupado que he estado por ti?, ¿Es cierto que vas a irte?- le pregunta sin poder evitar el tono traicionado en su voz.

Damián lo mira con grandes ojos verdes llenos de desolación, no dice nada, pero tampoco niega a sus palabras, en cambio se sienta en la cama y Jon lo sigue.

-Vas a volver ¿verdad?- le pregunta dándole un golpecito a su rodilla con la suya.

Damián asiente –Voy a hacer todo lo que pueda- le promete –Ahora mismo es imposible que me quede, pero pronto regresaré- le asegura.

-Tienes que hacerlo, sino...sino te odiaré de verdad- murmura, porque desea no estar resentido y frustrado, pero no puede.

-Me voy en unas cuantas horas- menciona Damián mirando su celular.

-¿Qué? ¿Ya? ¿Ahora mismo? Le diré a mi papá que me lleve a despedirte- dice buscando su propio celular para realizar la llamada, pero Damián lo toma impidiéndoselo.

-No, es mejor así créeme- sus ojos son serios, Damián no tiene esos arranques de enojo y frustración como él, Slade tenía razón es un pequeño adulto.

-Debemos despedirnos ahora, es el único momento que tendremos- le dice mirando la puerta cerrada y las voces ligeras que llegan de sus padres, Jon quiere protestar pero la mano de Damián toma su mejilla y su corazón pega un brinco, sus ojos quieren salirse de sus cuencas se inclina hacia él y lo besa, un contacto cálido y firme, de labios suaves y delgados.

-Adiós Jon- murmura sobre sus labios antes de ir por más y besarlo colándose en su boca.