Capítulo XXI
Mi amiga la hormiga
Sorry por la demora! Esto va a ser muy breve (continua abajo).. Sírvanse de dejar una review amigable a la amiga hormiga. Más abajo, la explicación.
"Ese hombre que está ahí…"
"Si, se me hace muy conocido…"
"Su cabello es como el de…"
"Se parece mucho a…"
"Si, yo también lo he visto en…"
"Que acaso no es…"
"¿El que sale en la TV?"
"No me digas que…"
"No puede ser…"
"¿Acaso es…?"
"El… el… ¿el soltero más codiciado?"
"¿El cantante?"
"Ya-Yamato I-Ishida?"
"Esto… no debía pasar" susurró Yamato con asombro al observar como todas las miradas cayeron sobre él. De un instante para otro todas las conversaciones, las risas y los gritos cesaron, convirtiendo al lugar, en un templo del silencio. Extrañamente, hasta la música de fondo se había detenido. Parecía ser que el encargado también estaba pegado en alguna parte viendo la escena…"¡Si, es Yamato!
"Pero…"
"Ese tipo que está ahí…"
"¿Le pegó a Yamato?"
"¡Lo golpeó en la cara!"
"¡Mira está sangrando!"
"Maldición…" murmuró entre dientes dejando salir un largo y ahogado suspiro. Desde donde estaba sentado en el piso, podía sentir con certeza como esas miles de miradas penetrantes atravesaban su espalda como filosas dagas que buscaban saber a toda costa la verdad. Pero no, no podían enterarse de que él estaba ahí… y con Mimi. Si bien le daba exactamente lo mismo que lo descubrieran o no, temía por ella y por lo que le pudieran hacer. Así que sin pensarlo mucho, llevó una mano hacia su ojo y lo usó como excusa para cubrirse el rostro mientras de reojo observaba como Mimi lo miraba atónita.
Un par de segundos fue todo lo necesario para que la situación se revirtiera… temporalmente. Una risa chillona, fuerte y bastante desagradable estremeció sus oídos alertándolo de que aún no se había zafado de la situación. Sin necesidad de levantar su cabeza para ver, supo de inmediato que Mimi era quien había quebrado el intenso e incómodo silencio con una risa digna de alabar.
Y le pareció gracioso.
Una sonrisa se pintó en sus labios a medida que recordaba dónde había escuchado esa estrepitosa y escandalosa forma de reír.
"¡No lo puedo creer!" Exclamó Mimi con ambos brazos sobre su cintura mirándolo hacia abajo.
"Mimi, cállate" le susurró entre dientes pero al parecer ella no lo escuchó o se hizo la que no escuchó…
"¡Por Dios, Tamayo, estoy impresionada!"
"¿Tamayo?"
"Ahora si que te creo"
"¿De qué hablas?"
"Vas a tener que darme el número de ese cirujano… de verdad que es bueno"
"¿Cirujano?"
"Y ustedes los mirones… ¿De verdad creen que eso que está ahí es Yamato?"
"…"
"A todas las mujeres siento mucho decirles esto, pero él no es más que mi primo lejano-"
"¿Primo lejano?"
"-que era tan feo que se hizo la cirugía plástica para parecerse a Yamato Ishida…"
"…"
"¿No es… Yamato Ishida?"
"…Pero si es igual…"
"¡Nunca pensé que quedaras tan bien al punto en que la gente lo confundiera con el verdadero!"
"Mi.mi… es.tás a.rrui.nan.do mi i.má.gen…" murmuró entre dientes apretados tratando, con gran esfuerzo, de mantener la sonrisa en el rostro pero… fue totalmente inútil.
"Ja-ja-ja-ja. El implante de pelo te quedó de lo más… ¡wow! y ahora que lo veo bien ¡hasta tus ojos se ven lindos con esos lentes de contacto!"
"Al parecer se llama Tamayo…"
"Y yo que pensaba que era Yamato"
"Vaya… que decepción…"
"Mejor vamonos"
De un segundo para otro –y bajo la incrédula mirada de Yamato- todas las personas que se habían juntado a ver si es que el tipo que estaba tirado en el piso era o no el verdadero Yamato Ishida, volvieron a retomar su camino siguiendo de largo como si nada hubiera pasado, ignorándolo por completo.
Pasado ya un minuto, todo el centro comercial había vuelto a la más completa normalidad tras el confuso incidente mientras que Yamato seguía en el piso. Con una cara de 'me las vas a pagar' miró a la bella rubia que tenía enfrente y sonrió con malicia. Aunque moralmente su imagen andaba por el suelo, en el fondo estaba contento de que Mimi pudo quitarle a todas esas mujeres de encima… esas locas que no dudarían en lanzarse del segundo y tercer piso para abrazarlo, si su intervención hubiese tardado más de tres segundos.
"Preciosa, ven con nosotros ¿para que andar con un fracasado si tienes tres caballeros 100 por ciento naturales a tu entera disposición?" Sonrió el hombre dejando entre ver un bien definido diente de oro.
Como si le hubiesen prendido fuego, la sangre de Yamato comenzó rápidamente su etapa de hervor, sin saber si la causa era el diente de oro que brillaba con la claridad del lugar o, el hecho de ver que su propiedad estaba siendo amenazada.
Dejando aquellos pensamientos para luego y dando paso al análisis del momento, sacudió su cabeza y miró nuevamente a Mimi… pero ella ya no se encontraba parada ahí.
Su corazón se detuvo… y vio lo que jamás imaginó ver en su vida… Mimi se sacó los zapatos y caminó… sensualmente hacia el tipo del diente de oro…
"…"
Su garganta instantáneamente se secó a medida que la temperatura al interior de sus orejas comenzaba a subir hasta el punto en que podía sentir los latidos de su corazón. El mundo alrededor de ellos se detuvo de golpe jurando -si no fuera por la punzada que tenía en la cabeza a causa del golpe- que ella iba a seducirlo.
Cuando estuvo a pocos centímetros de él, la sangre en todo su cuerpo comenzó a correr aceleradamente, llenándolo con una sensación de rabia incontrolable.
Era cosa de segundos para que el volcán llamado 'Matt Ishida' estallara y destrozara todo a su paso… pero Mimi, no estaba al tanto del ataque de celos que consumía silenciosamente al hombre que yacía tras ella…
Sonriendo tiernamente, se detuvo frente a él y lo cogió suavemente de los hombros…
Y ahí se provocó el detonante para la erupción…
"¡MIMI, QUÉ CREES QUE…!" alcanzó a exclamar pero fue demasiado tarde…
¡ZAM!
…
Cuando volvió abrir sus ojos, estos se llenaron de horror. Su cuerpo era un mar de escalofríos.
Era terrible... su cuerpo se descompuso de dolor...
Por primera vez sintió un poco de empatía por el hombre… que no duró más de dos segundos…
"Ouch…" fue lo que único que pudo decir al ver como la rodilla de Mimi se había incrustado en la entrepierna del hombre…
"Eso… fue por tocarme la pierna y esto…" le dijo mostrándole los anillos con piedrecillas que tenía en las manos, "es por golpear a Yamato."
¡ZAM!
Los ojos de Yamato permanecieron fijos al ver como en un perfecto ángulo, el brazo de Mimi se echa hacia atrás para terminar estrellándose contra la ceja del hombre, rompiéndole seguramente, todos los vasos sanguíneos…
"¿Qué acaso ella no es?..."
"¡SI!"
"¡Es ella!"
"¡¡Es MIMI TACHIKAWA!!"
"¡La del reality!"
"Eso significa que…"
"El tipo que está…"
"… ahí detrás es…"
"Dios Mío"
"¡¡Es YAMATO ISHIDA!!"
"¡Siempre fue él!"
"¡Yamato, te amo!"
"¿Qué?" Al oír que su nombre era llamado, inevitablemente giró y vio que toda la multitud de gente estaba nuevamente mirando el espectáculo. "¿Pero cómo?" no dudó en preguntarse mirando nuevamente a Mimi quien observaba de cerca al segundo hombre.
Y ahí un rayo lo golpeo.
Con el golpe, la peluca de Mimi se había caído sin que se diera cuenta…
El manto de la noche se acercaba y los últimos rayos del sol alumbraban escasamente desde el horizonte. Dos personas sentadas en la arena miraban como muy pronto la noche iba a consumir sus identidades, dejándolas en el más remoto misterio.
Yamato Ishida, el rockstar, y Mimi Tachikawa, la chica reality, veían el atardecer mientras comían y bebían con gran entusiasmo un sándwich que habían adquirido en una estación de servicio.
"Maldición… Si hubiera sabido que tu vida era tan complicada, jamás, óyeme bien, jamás, hubiera aceptado formar parte de este reality."
"Pero igual lo hiciste princesa"
"Lo sé."
"¿Y te arrepientes?"
"Pues… nunca había pensado en eso..."
"Ya… y ahora que lo puedes pensar ¿te arrepientes?"
"No lo sé"
"Vamos Mimi, no te cuesta nada decir que 'no'…"
"¿Y por qué debería decir que no? Más que mal, por tu culpa tengo que soportar a Fumiko y por tu culpa ¡tuve que correr una maratón dentro del mall!"
"¡Eso era!"
"¿Qué cosa?" le pregunta extrañada
"Tu risa princesa… con razón se me hacía familiar…"
Mirándolo a los ojos, una sonrisa de triunfo se posa en sus labios antes de pegarle una última mordida al pan que había en su mano. "Ah si, me salió igual ¿no crees?"
"Desde luego que si" contesta mordiendo, al igual que ella, su último pedazo de pan. "Oh, princesa… tienes algo ahí"
"¿Dónde?"
"Aquí" responde Yamato apuntándose en su propia mejilla. "Parece que es un bicho… quizás una hormiga de arena…"
"¿¡Qué!?... ¡Sácala, sácala!"
"Ok… pero cierra… los ojos," susurra mientras se acerca y posa frente a ella, "…que no querrás verla"
"¿Son muy feas?"
"Horribles" contesta Yamato mientras estira su brazo para coger…
"¡AHHH!"
"¡Mimi no grites que entrará en tu boca!"
"Lo siento" susurra apretando fuertemente sus ojos y sus labios.
"Princesa, relájate… o sino caerá donde no me dejarás meter la mano para sacarla…"
"Yamato Ishida, levanta tu vista de ahí inmediatamente…"
"Shhh… aquí viene…"
Y sin más aviso, coge su mejilla en su mano… y la besa suavemente en los labios…
¿Qué les pareció? Últimamente ni neurona de 'descripción de ambiente' está mal así que, perdonen por lo poco x)
Agradecería infinitamente los comentarios que pudieran mandarme.
Una última cosa... publiqué una nueva historia: 'Las horas de la princesa'... si tienen tiempo, leanla y me dicen qué les parecio, ya?
Jane!
