Capitulo 20: Kuchizuke (Kiss)
Ahí estabas, de pie frente a ese hombre del que solo veías esa silueta ensombrecida de bordes carcomidos.
Las palmas de tus manos, así como tus pasos temblorosos se retrajeron buscando repegarse con el poste telefónico que se encontraba a tus espaldas actuando cual presa acorralada, en clara señal de miedo. Querías huir, pero no te atrevías a darle la espalda. Era demasiado peligroso.
Extrañamente aquella silueta se detuvo sin haber siquiera llegado a estar próximo a ti. El último paso dado lo colocó en una pose de total equilibrio y confianza, con las piernas semi abiertas y la cadera recargada levemente hacia su costado derecho. Entonces guardó la diestra en el bolsillo y ladeó la cabeza casi pegando su mejilla con su hombro mientras su tórax se inflaba llenando de aire sus pulmones y luego decrecía vaciándolos, como si un enorme suspiro inaudible para ti, hubiese sido expelido por aquella indescifrable humanidad.
Te miraba. Sabías que te miraba con un gesto ¿Divertido, tal vez? ¿Enternecido de tu imagen? Solo sentías su atención fija en tu persona. Probablemente se deleitaba en tu miedo; en la manera en como tus ojos se entrecerraban evitando ser aún más lastimados por sus poderosos faros; en la manera en que tu piel se encrespaba producto del frío y del temor; en mirar tu cabello húmedo y escurrido que delineaba las facciones tu rostro que al igual que el resto de tu piel, brillaba por efecto de las gotas de lluvia helada. O Quizás sólo le dabas lástima.
Nadie decía una palabra, nadie movió ni un músculo durante algunos tensos y expectantes momentos en los que sentiste una serenidad inusual. La serenidad de la resignación.
Un relámpago súbito recorrió el cielo con estruendoso redoble. Su luz, que iluminó el entorno por un breve instante, iluminó también la imagen de quién se encontraba frente a ti en ese momento. Sus jeans negros a juego con una chaqueta de cuero del mismo color, sus botas gastadas y mojadas de charcos de lluvia, su tono, su altura... pero más que nada reconociste sus facciones; ese hermoso cabello que enmarcaba una tez pálida de rasgos ligeramente orientales, sus labios,su mentón, su nariz pero sobre todo sus ojos...esos ojos que por breves instantes pudiste contemplar y que tímidos, en efecto se habían clavado en tu efigie todo este tiempo. Su pose no era de confianza como te la imaginaste al verla en sobras, sino mas bien triste, pensativa, temerosa. Tus reacciones y tu sentir era desconocidos para él y sin embargo ahí estaba sosteniendo aquel bulto negro en mano que ya no te atemorizaba porque pudiste notar en el escaneo breve que hiciste de su persona que era un abrigo. Tu abrigo.
-Hyde…-Musitaste dejando que tu corazón se llenara de esperanza.
El músico no respondió. Solo te miró tímido y apenado, no sabía exactamente como reaccionarías ante su presencia.
La breve luz del relampago se esfumó y de nuevo Hyde quedo en sombras. Sin embargo, perfectamente podía mirarte, reflectada bajo los poderosos faros de su auto. Se percató de tu expresión de vergüenza, de arrepentimiento, tus ojos entrecerrados, lastimados por la intensa luz se clavaban en el como diciendo "perdóname" y tus labios temblaban queriendo decir algo que no alcanzabas a proyectar. Tu cuerpo encorvado como si llevaras en hombros una gran carga, emocional, estaba congelado.
Después de todo lo que le dijiste, después de que lo habías rechazado cruel y tajantemente, después de haberle abandonado, él seguía siendo aquel caballero. Tus desdenes no habían hecho mella en aquella personalidad tan hermosa que caracterizaba a Hyde. Él era quien era por el simple hecho de ser él y eso no podías cambiarlo, ni tu, ni tus desdenes, ni nadie. Simplemente, el era perfecto.
Tu corazón se sintió oprimido ¿Como no amarle? ¿Cómo pedirle perdón? ¿Cómo liberar aquel sentimiento reprimido por varios meses? Suspiraste, lo miraste con sumo dolor y pesar por tus acciones anteriores. Lentamente te erguiste en toda tu altura y mordiendo tu labio inferior, insegura de tus acciones siguientes, obedeciste a un impulso subconsiente. Tu cuerpo se movió por si mismo, negaste un par de veces con la cabeza suavemente y con ímpetu corriste hacia el como si pensaras que de un momento a otro su figura pudiera desvanecerse; cuando la distancia entre ustedes se hizo nula, le abrazaste con fuerza arrojándote a sus brazos y te abalanzaste sobre sus labios con desesperación. Él abrió los brazos para recibirte y los ojos se agrandaron con sorpresa al sentir como tus labios ansiosos se apoderaron de los suyos.
Lentamente fue dejando sus brazos cerrarse sobre tu cuerpo ejerciendo cierta presión como muestra de la necesidad que tenía de ti. Sus mirada, al igual que sus brazos se fueron cerrando despacio, disfrutando al máximo el rose, el toque, la respiración, la suavidad. Pronto sus pupilas quedaron ocultas bajo finos párpados y con sumo anhelo correspondió tu dulce beso. El primero, el más esperado, aquel que era capaz de salvar el corazón roto de dos amantes negados hasta hoy. Los labios de ambos se entreabrieron para profundizar el beso y el sentimiento, probaron su muto sabor y ambos les resulto delicioso, lo que ocasionó que el beso se intensificara y rastros de pasión se sumaran al acto de aquella vehemente muestra cariño.
La lluvia acrecentó un poco más, solo lo suficiente para adornar tan bella escena. El sintió tus brazos fríos y sin dejar de besarte te hundió aún más en su abrazo y movió sus manos en forma ascendente y descendente, acariciaándote con el único fin de proporcionarte algo de calor. Tu subiste las manos a su cuello y luego hasta su cabello donde le propiciaste dulces caricias, una sensación de paz y de afecto, tal cual lo había soñado desde hacía varias noches. Una ráfaga de viento hizo danzar los cabellos de ambos pero también hizo que tu piel se erizara de frio, así que Hyde, caballeroso como siempre, con una sutileza envidiable fue separando el beso lento…lento…
Cuando se separaron tu aún tenías los ojos cerrados y los fuiste abriendo poco a poco hasta poder mirar el rostro de Hyde, que te contemplaba con una tímida sonrisa. Le sonreíste también, sumamente avergonzada.
Sin decir palabra te colocó el abrigo que traía en las manos. De inmediato sentiste reconfortante calor. Él te vistió y te acomodó el abrigo cual si fueras una niña pequeña. Cuando hubo terminado, sacó tu cabello que había quedado aprisionado del abrigo y aprovecho para tomar tu rostro y depositar ahí otro tierno y breve beso.
-Hyde…yo…- comenzaste a decirle con la mirada baja
Hyde colocó el dedo índice sobre tus labios y sonrió.
-Shhhh… Vamos a casa…-
Bueno, bueno, ya era mucho sufrir del pobre Hyde y de la protagonista no?. He aquí el primer respiro! ¿Me tardé mucho?
Espero les haya gustado.
Cuando actualizo? Pues la verdad no tengo días fijos. Escribo cuando puedo y cada que un capítulo queda listo lo posteo.
Gracias por leer y dejen sus reviews que como ya dije, de eso vivimos los escritores de Fics
